Aún seguía atontada cuando desperté. Creía que iba a encontrarme en el frío césped del jardín de Zoro. Pero estaba equivocada. Aún sin abrir los ojos sabía que estaba en un coche porque recordaba la sensación de cuando me tumbaba en el coche de mi padre. Me clavaba el cinturón en las costillas, y desde hacía unos años me daba con la puerta en la cabeza. Olía a carne y a ambientador barato, una mezcla horrible.
Sentía la luz de las farolas cada vez que pasábamos cerca de una y los rebotes de los amortiguadores del coche por las irregularidades del terreno.
Abrí los ojos con el último bache cuando me di con la puerta en la cabeza con un sonoro golpe. Y dirigí mi mirada al conductor, él también me miraba.
-No me lo puedo creer.- las palabras salieron antes de que me diera cuenta. Y el volvió a mirar al frente.
- Que sepas que roncas, y mucho.- dijo sin apartar la mirada de la carretera. La luz intermitente de las farolas me dejó entrever su sonrisa.
- ¿Qué hago en tu coche? Pensé que habías huido. Sin mí.- encaré ceñuda.- Además, yo no ronco.
- Lo que tú digas. Ah sí, estás en mi coche para continuar con nuestra conversación. Ibas por lo de "me he enamorado perdidamente de ti."- dijo sonriendo. Este chico es idiota.
- Ah sí, ya...Iba justo antes de decirte que me gusta más mi perro. Es un bóxer, y es menos baboso que tú.
- Oh por favor, cállate ya, me irritas demasiado.
- Lo tomaré como un "has ganado esta vez."- miré mis manos y mis pies atados con bridas blancas. Era imposible que me deshiciese de ellas. Bufé frustrada. En realidad me había ganado él. Y junto a él la Compañía.
Sentí cómo el coche disminuía la velocidad y oí cómo se abría un portón. Me esperaba lo peor. Me había llevado a la sede de la Compañía. El coche siguió su camino y yo cerré los ojos con fuerza. No iba a poder escapar de allí de todas formas, ¿para que intentar recordar el sitio al que me habían llevado?.
El coche paró y escuché como el pelinegro se bajaba del coche, daba un portazo y se dirigía a la puerta donde estaba mi cabeza. Abrí los ojos cuando el la abrió e intenté sentarme erguida. Bajé del coche cabizbaja. Estaba en un garaje oscuro, había bastantes coches en él.
- ¿Sabes qué? Aunque ha sido el peor día de mi vida por tu culpa, y probablemente vaya morir pronto, me gustaría saber tu nombre. - Me encontraba triste y sola, y en aquel edificio solo me esperaba gente que me odiaba a mí y a mi padre. Necesitaba aferrarme a alguna compañía y aquel chico no parecía tan malo.
- Me llamo Monkey D. Luffy. Y no vas a morir hoy, no sé que te hace pensar eso.- Luffy, me llevó a una puerta y la abrió. Era un ascensor, nos metimos en él y pulsó el número 2, nos dirigíamos al 2o piso. No pude evitar mirarnos al espejo, ambos vestidos completamente de negro y yo con unas ojas enredadas en mi trenza. Una pareja desastrosa.- Estamos yendo a casa de un amigo para saber que hago contigo y con esto.- Levantó frente a mis ojos mi mochila, que contenía el baúl y su bolsa de gimnasio, que realmente no tenía nada de valor dentro.
- ¿No voy a morir? ¿No me vas a llevar a la compañía? Porque si me llevas ante ellos estarás cometiendo homicidio, me quieren muerta desde el año pasado.
- La compañía no comete asesinatos de menores de edad, bueno, ni de mayores, solo quería recalcar lo pequeña que eres.
- Tengo 18 años, para tu información. Y no me puedo creer que de verdad te creas que la compañía son un grupo de altruistas amantes del arte, si me dejas puedo enseñarte montones de pruebas recogidas durante los últimos 15 años de todas sus actividades delictivas.
El ascensor paró con un golpe seco y las puertas se abrieron con un sonido común. El pasillo ante mí era luminoso y muy ancho. Luffy me agarro del brazo y tiró de mí hacía la izquierda. Paró cuando llegamos a la puerta justo al final del pasillo. De su chaqueta sacó unas llaves y abrió la puerta de la supuesta casa de su amigo. Entramos y me llevó al sofá donde me dejé caer. Me dejó sola allí el tiempo que le tomó revisar la casa, supongo que buscando al dueño de esta.
Cuando volvió al salón miró su reloj y se sentó en un sillón en frente del sofá. Estaba nervioso. Se quedó en silencio mientras me observaba, y yo no aguanté ni el silencio ni su mirada continua.
- ¿No vas a ofrecerme un vaso de agua? - le sonreí para que se relajase. Después de todo me tenía atada y parecía aún más nervioso que yo. Genzo siempre me dice lo buena que soy leyendo a las personas, y al final me lo he acabado creyendo. Siento que Luffy es de fiar.
-Si es lo que quieres... - Luffy se levantó no sin mirar antes su reloj. Y salió del salón.
Cuando volvió traía un vaso de agua consigo. Lo dejó delante de mí, en una pequeña mesita. Me acerqué a coger el vaso pero las bridas lo complicaban.
Le miré y el me miró. Miré mis manos, y el lo entendió. Sacó una navaja de su bolsillo trasero del pantalón y cortó las bridas con mucho cuidado. Él, al igual que yo, sabía que eran innecesarias. No iba a escapar, sabía que me atraparía en segundos.
- No sé si te has percatado ya, pero estaremos aquí hasta que llegue mi eh... amigo. Y entonces hablaremos y sabré que hacer y podrás dormir en tu casa, supongo. No voy a cometer homicidio, ¿Vale?
-Bien. Esperaremos.-Bebí el último sorbo de agua y lo deje en la mesa. Empezaba a tener sueño, pero no podía dormir.
Luffy se dejó caer en el sofá a mi lado. Cogió el mando de la tele y la encendió, si tenía suerte le gustaría Juego de Tronos y podría ver el final del capítulo. Aunque pensándolo bien no quería verlo a la mitad. Al final Luffy puso una serie de policías después de haber pasado el capítulo de Juego de Tronos. Creo que se ha debatido si dejarlo o no, una cosa en común, quitando lo del robo y todo eso. Pero aún no me cae bien. Llevábamos vistos 4 capítulos de una maratón interminable de Castle cuando recosté mi cabeza en un cojín del sofá y me sentí dejarme dormir. Me desperté con el sonido del timbre. Su amigo había llegado.
-¿He roncado?.-Intenté sonar divertida, pero hasta yo había sentido el miedo en mi voz.
-Oh, te aseguro que has roncado. El vecino de arriba puede corroborarlo. De hecho seguramente sea él que viene a quejarsas.-Ah, claro, el amigo no llamaría al timbre. Entraría usando sus llaves.
Adam fue a la puerta y habló con lo que parecía un repartidor de pizza. Que suerte, me moría de hambre. Las trajo a la mesa y no tardé nada en servirme un gran trozo de pizza. Se carcajeó de mí cuando me quejé de la quemazón de mi lengua. Demasiado rápido Nami.
- Bueno, además de que roncas y que eres demasiado impulsiva. ¿Hay algo más que deba saber sobre ti? ¿Algo como tu nombre?- Intentaba reponerme de mi dolor cuando le miré avergonzada.
- Normalmente no digo mi nombre durante los trabajos. Pero todo el día de hoy es raro, estoy comiendo pizza con uno de la Compañia. Siento no haberte dicho mi nombre aún cuando pregunté por el tuyo Luffy, Me llamo Naranja Nami, pero por favor, nunca me llames Naranja.
- ¿Te llamas Naranja? Naranja, como en... ¿El color de tú pelo? Porque le diré algo a tus padres si es por eso. Cuando te he visto en la oscuridad parecías castaña, cuando he encencido la luz por un momento pareciste pelirroja y es ahora cuando aprecio el naranja.
- Pues sí, así me pusieron y sí, fue por mi cabello.
- Sigo sin creerte. Si de verdad te llamas Naranja quiero ver tu DNI.
Bufé indignada. Mi DNI no era algo que me gustara enseñar, salía realmente mal en la foto.
- Está en mi bolsa, dejámela y te lo enseño. - Luffydejó su trozo de pizza en el cartón y me pasó mi bolsa.
Yo había cambiado desde que me había hecho esa foto, y mucho además. En la foto del DNI salía con el pelo por encima de los hombros, tan naranja y rizado como ahora, y llevaba gafas. Como me gustaba pasar desapercibida por aquella época eran realmente grandes y ocupaban casi todo mi cara. Y era algo dificil porque tenía una cara redonda. Llevaba un aparato dental, ante eso solo diré que fueron los peores 18 meses de mi vida. En cambio ahora... era realmente guapa. Tenía el pelo casi por la cintura, tenía que trenzarmelo cada vez que quería robar porque era una molestia, pero adoraba mi extraño color naranja. No tenía gafas, había conseguido superar las ganas de esconderme y ahora mostraba mis ojos a todo el mundo. Además tenía una sonrisa perfecta. Soy toda una rompecorazones, yay.
Sacudí las migas de mis manos antes de sacar el baúl y dejarlo en la mesa. Busqué entre mis cosas hasta encontrar la cartera y sacar el DNI. Y tapando mi foto con el pulgar le enseñé el dichoso DNI con mi peculiar nombre.
- ¡No puede ser! De verdad te llamas Naranja. - Comenzó a reír, pero no era una risa ofensiva. Era una risa feliz, como si hubiera encontrado un Rubens o un Miró, como si hubiera robado un Da Vinci o un Picasso. Era tan suave y tan preciosa que acabó contagiándome y comencé a reírme con él. Tanto que se me olvidó tapar mi foto y el la vio. MI FOTO DEL DNI.
-¡Guau! ¿Llevaste aparatos? Madre mía, no he conocido a nadie a la que le quedara tan mal el flequillo como a tí.- Y volvió a reír. Y por primera vez, tras haber enseñado mi DNI no sentí vergüenza, y le seguí de nuevo en la risa. Por un momento se me olvidó que era un enemigo, aún cuando no me caía bien. No del todo.
- No es justo. Si tu ves mi foto yo tengo que ver la tuya. Son las reglas de la calle.- hablé entre susurros.
-¿En serio? ¿Las reglas de la calle? ¿Vas a enseñarme "la pipa" si no sigo "las reglas"?.- y de nuevo soltó su fantástica risa. Era tan contagiosa.
- Yo no pongo las reglas, solo las sigo.
-Sí, sí.- Buscó en su chaqueta y me enseñó lo que le había pedido.
Luffy. Había. Estado. REALMENTE GORDO. También tenía el pelo cortado de manera que parecía un champiñón, horroroso. Y vestía fatal, llevaba una camisa que podría ser de un granjero, y ¿no era eso que asomaba del bolsillo un trozo de carne?. Ahora el chico estaba mucho mejor. Seguramente fuera mayor que ella po años, y era un poco más alto. Además aun cuando se veía tan delgado cuando había luchado con él por el jarrón se había dado cuenta de que era mucho más fuerte y ágil que ella. Con una mandíbula bien tallada, una sonrisa preciosa y esos ojos negros tan risueños. Increíble lo que la pubertad consigue en algunas personas.
-La foto es de hace 5 años. No me juzgues.
-Estabas muy... redondito.
-Mi hermano decía que era de huesos anchos. Quería consolarme, pero no funcionaba. Lo único que me consolaba eran comer carne. Hasta que descubrí la natación. Y ahora soy el encantador cazatesoros que tienes sigo comiendo tanta carne como antes. Me dio una de sus sonrisas ¿matadoras? Es de verdad muy infantil, pero es que es tan gracioso. Peligro Nami, no puede ser tu amigo.
- Voy a sacarle una foto.- Me puse de pie y rodeé la mesa. Manteniéndome alejada de él.
-Ya lo creo que no.- Se levantó amenazándome con su smartphone, me acerqué para ver a qué se refería cuando me vi en la pantalla.
Tenía una foto... no, era un video de mí cuando había estado dormida en el coche. Ay dios, de verdad que roncaba, y roncaba mucho.
Grité avergonzada y me lancé hacía él para arrebatarle aquella cosa vergonzosa de lasmmanos. Pero tropecé con la mesa y caí al suelo patéticamente. Casi podía oír como mi dignidad corría lejos de mí. Me levanté en un movimiento brusco, intentando parecer guay o al menos, ágil. Misión imposible. Tiré el baúl en el absurdo movimiento.
Y ahí estaba la risa de Luffy de nuevo, pero la mía esta vez no apareció. Mi concentración estaba en el suelo, justo en el baúl. Parecía que al caerse se había abierto y su contenido estaba tirado.
- Galletita, deja de reírte y vamos a ver que hay en el baúl.- Cesó su risa en un momento y me miró divertido.- Después de todo ambos hemos robado esa casa. Aunque ese baúl es mío, lo que hay dentro de la bolsa de gimnasio es para ti.
- Vaya, que bien repartes el botín.
- Bueno, tu me dejaste tirada en la casa.
- Bueno, tu destruiste el jarrón que había ido a buscar.
- Va, no seas niño y ayudame.- Me agaché al lado del baúl y él inmediatamente después.
- ¿Como sabes lo de galletita?.- Susurró en mi oído. El movimiento de mis rizos sobre mi oreja hizo que un cosquilleo recorriera todo mi cuerpo e institivamente me aparté de él.
- Shhh. Estamos a punto de encontrar algo grande, lo presiento. Además, que me toquen no es algo que me agrade. El contacto humano en general, para ser sincera.
- Lo tendré en cuenta. - Dijo, de nuevo sobre mi oído. Demasiado cerca.
Luffy levantó el baúl y pudimos ver lo que había dentro de él. Una gran cantidad de cartas, una foto antigua, de los años 80 (a juzgar por la vestimenta de las personas que había en ella), una baraja de póker, un collar muy extraño y una pluma vieja y estropeada. Y, sobre las cartas, lo que parecía ser una cuerda de guitarra. Basura.
- Algo grande sí hemos encontrado. Mira, aquí en el fondo está tu orgullo de ladrona destruido. Menuda basura has robado.- No le dije nada, tenía razón. Menuda mierda. Casi que prefería el jarrón destruido.
- Hey, ¿cambiamos?.- Le miré divertida esperando su negativa.
-Un jarrón hecho añicos por unas cartas viejas...No, gracias. Prefiero el jarrón hecho añicos. Si lo pego con cola seguro que es más valioso que todo esto.- Trajo la bolsa y la puso justo encima de todas las cartas. La abrió delante de mí y me pasó uno de los trozos más grande que había encontrado.- ¿Conoces a alguien que pueda decirme cuál es el valor real del jarrón?
- Yo te lo puedo decir. Nada.
- Me refiero a cuando estaba entero, genia.
- Lo digo de verdad, este jarrón es falso. Puedes verlo por el color de la tinta, es un azul conseguido con técnicas nuevas. Y si te fijas en las betas de la cerámica verás que no es artesanal.- Luffy se quedó mirando en la bolsa. Frío por la información que le había dado.- ¿Pero entonces para que te pedirían que robases este jarrón?
- Supongo que lo que querían era lo que estaba dentro.- Me acerqué a Luffy y miré hacía donde me señalaba y lo que ví me quedó embobada. Entre lo que restos del jarrón había un curioso reloj de la misma forma que un reloj de arena normal solo que en vez de arena tenía lo que parecía ser polvo de piedras preciosas. El cristal tenía un extraño brillo, casi mágico. Y podía asegurar que jamás había visto una madera tallada con tanta belleza como la que rodeaba el reloj.- Seguro que ahora te arrepientes de como has repartido el botín. Nami, mira. Aquí en la madera hay 4 piedras incrustadas, más pequeñas que una uña y el hueco de una más. Y aquí abajo hay un hueco aún más grande. Cabe algo redondo, más grande que una que maneda.
- Completo debe ser precioso.- Estaba mirando el reloj embobada cuando escuché como alguien abría la puerta principal. Miré a Luffy espantada, y él tenía el mismo aspecto. Metió todas las cosas en la bolsa, el reloj, las cartas, el baúl y todo lo que habíamos encontrado aquella noche y me tiró al sofá para que quedáramos sentados.
Nota de la Autora: Hola a todos los que han decidido leer esta historia. Llevo mucho tiempo en fanfiction y he leído muchas historias. Pero no es hasta ahora que me atrevo a subir alguna mía. Quiero comentarios! Opiniones! Lo que queráis, la ayuda siempre es bien recibida.
Como ya sabéis One Piece no me pertenece pero esta historia si que es mía.
Sobre los personajes... a ver, Luffy voy a intentar que siga siendo infantil y tontorrón como nos encanta que sea, pero en el papel que le toca en mi historia tiene algo más de madurez y sabe hacer cosas en silencio. Le cuesta, pero lo consigue.
Y por el comentario sobre el primer capítulo me gustaría spoilear: Zoro está siendo algo diferente a como os lo imagináis, pero es porque lo necesitaba así en esta historia. Además Luffy es mayor que Nami, y Zoro es mucho mayor que Nami y Luffy.
Leí hace tiempo una historia que ponía a Nami y Luffy como cazatesoros, era una historia increíble que dejó de subirse. No sé si alguno ha pensado que intentaba plagiar o algo así, pero me gustaría decir que Nami y Luffy siendo ladrones es como la punta del iceberg de la historia. En este capítulo ya se ve por donde va a seguir la historia aunque no todos os percatéis.
GRACIAS POR LEER! Y si seguís, nos vemos en el siguiente capítulo.
