Descargo de responsabilidad: Sí, por más que lloro, imploro y pataleo Okane Ga Nai no me pertenece… pero si lo hiciera bueno, algo como esto es lo que pasaría:
.
Ayase se había levantado temprano, había asistido a la universidad (llegando tarde por culpa de Kanou) y había logrado pasar por todas sus clases sin incidentes de ningún tipo ni distracciones.
La tarde cayó sin embargo y Ayase sabía que debía darse prisa para regresar a casa, donde como siempre preparó la cena y esperó a que Kanou llegara, los dos cenaron uno junto al otro y Ayase sintió sus mejillas encenderse de gusto cuando Kanou alabó el sabor de las croquetas que había preparado. El sentimiento sin embargo no fue duradero pues una vez que el muchacho terminó de lavar los platos Kanou lo atrajo hacia sí y comenzó a besarlo y acariciarlo de una manera muy poco cuidadosa.
-Kanou-san – gimió Ayase – Kanou-san, basta ya ¡por favor detente!
No es que estuviese siendo remilgoso y tampoco era que esas caricias bruscas le desagradaran ya, pero tenía que hacer un cartel para exponerlo el día siguiente y si esa tarea realizada en sus cinco sentidos y sin interrupciones le tomaría gran parte de la noche, si hacía eso con Kanou no estaba seguro de que podría siquiera terminar su trabajo.
Ayase había compartido esas preocupaciones con el hombre mayor, pero como siempre Somuku Kanou ignoró las súplicas del muchacho y le arrancó la ropa prácticamente de un solo tirón.
-Kanou-san, no…
-Sabes que es inútil tratar de oponerte, Ayase. Además, no tiene sentido que protestes cuando sabes que disfrutas de esto tanto como yo.
-Pero…
En realidad no se trata de la sensación física, es sólo que no creo poder soportar – una imagen de los billetes cayendo sobre su cuerpo llegó a su mente – la razón por la que estamos haciendo esto.
Ninguna de esas palabras salió de sus labios. Los labios de Kanou habían llegado a la punta de su miembro y como siempre que eso sucedía su capacidad de expresar cualquier idea coherente se vio anulada por completo. Gemidos de placer dejaron su garganta y sus caderas trataron de levantarse buscando con desesperación liberarse por completo, no obstante Kanou fue fiel a su costumbre y una vez que Ayase eyaculó dentro de su boca volteo al chico sobre la cama y comenzó a prepararlo para la penetración.
Ayase gimió, gritó y hasta lloró de placer al sentir al prestamista dentro de él, pero conforme la bruma del orgasmo comenzó a disminuir fue consciente de los billetes que volaban sobre la cama y, tal cual era la costumbre, toda la dicha que su cuerpo había experimentado se vio opacada por el dolor de su triturada dignidad.
Por lo general el cansancio lo vencía antes que a Kanou, pero por segunda vez en la semana Kanou se quedó dormido junto al cuerpo de Ayase, por lo que el muchacho salió con cuidado de la cama y llegó hasta la sala donde su tarea escolar estaba sin empezar.
….
-¿Kuba-san? – se arriesgó una vez que estuvo a solas con Homare en el auto.
-¿Sí, Ayase-san?
-Yo… lo siento mucho.
-¿Por qué te disculpas?
-A últimas fechas Kanou-san te ha estado tratando con bastante rudeza ¿verdad? Yo… de no ser por mí ustedes estarían trabajando también como siempre, y quiero disculparme por eso.
A pesar de que sabía que se estaba jugando la vida, Homare se volvió en el auto y tocó con cuidado una de las manos que el chiquillo tenía apoyadas en su regazo; cuando Ayase notó el movimiento se sonrojó y trató de quitar sus manos pero el mayor de los gemelos no se lo permitió.
-Ayase-san, tú no tienes absolutamente nada de que disculparte.
-Pero… Kuba-san, yo agradezco todo lo que has hecho por mí, pero sobre eso… - no puedo acobardarme ahora, Kuba-san merece que sea sincero con él – es que yo no puedo… no puedo corresponder a…
-He sido consciente de eso desde el principio – sonrió de manera reconfortante – tranquilo, lo que menos quiero es complicarte la vida…
-Es que no me entiendes… yo no…
Pero sus palabras – lo mismo que el contacto de Homare – se cortaron cuando Somuku Kanou llegó al auto con el celular pegado al oído y la misma expresión que tenía siempre que estaba en medio de algún negocio.
-No me importan tus problemas personales – lo escucharon gritarle al teléfono – ¡si no tienes el dinero para mañana a primera hora vas a desear no haber sido un nadador tan talentoso como para haber logrado salir del río! ¿Está claro?
El jefe colgó la llamada y Kuba no pudo sino odiar como enfocó sus dos enormes ojos de depredador en el pequeño Ayase sonriéndole como si no acabara de amenazar de muerte a alguien.
-¿Kanou-san…?
-Tranquilo, sólo estoy terminando de arreglar un asusto pendiente. Kuba, llévanos al departamento de Ayase de inmediato.
-Enseguida, presidente.
-Pero… - Ayase intentó protestar pero los labios de Kanou atraparon a los suyos.
-Tu exposición es en la última clase ¿cierto? Ya que lograste terminar el cartel anoche bien que hoy podemos tomar el almuerzo en tu apartamento y disfrutar un rato antes de que tengas que estar en la escuela.
-Pero – Ayase trataba impotente de zafar el agarre que las manos de Kanou tenía sobre su piernas – no puedo… tengo clases antes de la exposición y además no hay nada de comida en el apartamento.
-Ese no es problema. Podemos mandar a Kuba por el almuerzo mientras te hago gritar un par de veces – respondió Kanou acariciando descaradamente el miembro del chico sobre la ropa.
Homare lo miró desde el espejo retrovisor sin ser capaz de ocultar todo el odio que en ese momento le tenía. Sabía porque estaba haciendo esto pero a pesar de que conocía a ese hombre desde hace años le tomaba aún mucho trabajo creer que fuera capaz de llegar a tal exhibicionismo sólo para reiterar la propiedad sobre Ayase… aunque viéndolo desde otra perspectiva tal vez el verdadero descaro ahí era que no le importaba el cómo se debía de sentir el pobre muchacho al ser tratado de una manera tan ruin.
¡Es un desconsiderado! De tener a Ayase, yo lo trataría con más cuidado y no permitiría que se sintiera incómodo.
-¡Ahí! – gritó entonces el rubio con el poco aliento que las caricias del presidente de habían dejado – podemos… ¡ah!... podemos comprar algo en ese autoservicio y aprovechar para surtir algunos ingredientes que me faltan en la casa de Kanou-san para cocinar los platillos que quiero.
Kuba estaba seguro de que el presidente se volvería a negar, pero para su sorpresa Kanou simplemente quitó sus manos de encima del rubio e hizo el gesto que hacía para indicar que quería que el vehículo se detuviera.
-Démonos prisa – ordenó con su voz áspera – o puede que cambie de opinión y decida cobrarte en los pasillos.
Ayase se sonrojó pero Kuba comprendió que el comportamiento de su jefe dependería en gran medida de que él mismo buscara cerrar la boca y comportarse de la manera correcta… cosa que no quería hacer pero que haría por el bien de Ayase.
Así Ayase y el presidente bajaron del auto aparcado frente al autoservicio y Kuba Homare estaba seguro de que no tardarían… el tiempo comenzó a pasar entonces y Kuba se extrañó de que no regresaran; por un momento siseó de enfado y de preocupación pensando que Somuku se había atrevido a cumplir su amenaza de humillar a Ayase en los pasillos de la tienda cuando las dos figuras del presidente y Ayase reaparecieron por la puerta del establecimiento llevando dos bolsas de compras y varias cajas de cartón adornadas con listones y moños como si de regalos se tratasen. Movido más bien por el instinto y la curiosidad bajó del vehículo para ayudar.
-No pensé que comprarían tanto – reconoció casi a regañadientes.
-En realidad compramos sólo unas cosas – explicó Ayase – pero parece ser que es el aniversario de la tienda y algunos de los artículos están premiados haciéndose el premio efectivo al momento de la compra.
-Ayase tuvo bastante suerte y la mitad de las cosas que escogió resultaron ganadoras – complementó Kanou de mala gana.
-Vaya que eso es algo digno de mención – aceptó Kuba.
Y después de eso los tres subieron nuevamente al auto.
En realidad no había habido una razón verdadera por la que ese día debió haber sido diferente de otros, es decir, aunque siempre estaba metido en líos no era raro ver que Ayase tenía buena suerte… pero la normalidad del día terminó cuando (después de una hora de vagar por los alrededores) Kuba llegó al departamento del chico para descubrir que Kanou y Ayase habían terminado ya de comer el improvisado almuerzo.
-Yo… es la hora de que vuelva a la universidad – una vez dicho esto Ayase bajó los ojos, preparado para que sus intenciones fueran descartadas. Pero para su sorpresa Kanou le sonrió con naturalidad.
-Tienes razón. Pasaremos a dejarte a la puerta de la escuela y Kuba te recogerá al final del día.
¿Qué es lo que pretende? El presidente no suele ceder en lo que dice, aunque… tal vez esto tenga que ver con los preparativos del cumpleaños de Someya-san.
Sus pensamientos regresaron al presente cuando se dio cuenta de la forma tan descarada en que en Kanou volvía a tocar a Ayase casi obligándolo a recostarse en el asiento trasero y haciendo al chico sonrojarse y bajar la mirada…
Luce tan adorable… entiendo por qué es que Ayase tiene que soportar al presidente, pero lo que no logro comprender es qué el presidente sea capaz de aprovecharse así de su inocencia. Es tan despreciable…
Se dio cuenta de que no podría mantenerse bajo control si seguía mirándolos y por eso prestó más atención de la realmente necesaria al camino… a eso se debe que mientras se dirigían a la universidad Kuba no pudo dejar de notar que había una camioneta que los había seguido desde dos calles atrás.
Puede que no sea nada – pensó mirando de reojo por los laterales – pero hay algo que no me da buena espina.
Como si leyese sus pensamientos y notara que la oportunidad se escapaba, el conductor de la camioneta sospechosa aceleró y trató de impactar en el costado del auto. Kuba leyendo el movimiento movió el volante y aceleró para esquivarlo con lo que Kanou casi cayó del asiento.
-¡Idiota! – Escuchó que le gritaba - ¿quieres terminar tus días en la Bahía de Tokio?
-Presidente, Ayase-san; les recomiendo que abrochen sus cinturones…
Un segundo arranque respondido por Kuba a tiempo de salvar otra vez el auto del presidente (con todo y sus pasajeros) de daños y un acelerar a fondo del mayor de los gemelos que dio pie a que el otro auto también saliera disparado detrás de ellos. Una persecución que duró dos calles más antes de que el copiloto a bordo del vehículo acosador bajara la ventanilla y abriera fuego en contra del auto de Kanou con una pistola de alto calibre.
-¡Kanou-san! – Ayase chilló. A pesar de que los cristales blindados resistían el impacto Kanou arrojó a Ayase contra el asiento y recostándose sobre él para protegerlo de cualquier impacto intercambió una mirada con Homare.
Una vuelta violenta el volante mientras la ráfaga interminable de metralla asustaba o los demás conductores y amenazaba con traspasar el blindaje del auto.
Kuba apretó los dientes: antes había existido la posibilidad de que sus enemigos intentaran un robo o un secuestro, pero ahora quedaba caro que la intención de los atacantes era la de derramar sangre sobre el pavimento.
Una maniobra más con el volante los sacó del punto de mira por unos segundos, pero para entonces el cristal blindado tenía un aspecto frágil que indicaba que no soportaría muchas descargas más.
En otros tiempos, en una circunstancia similar, Kanou habría dado a Kuba la orden de dar media vuelta y tratar ellos de emboscar a los perseguidores al tiempo que alguno de los dos gritaba en el teléfono por refuerzos; en estos tiempos ambos hombres valoraban la vida de Ayase por sobre todo lo demás, por lo que cuando Kuba pisó el acelerador a fondo y consiguió dar algunas vueltas de alto riesgo y zigzagueos entre el tráfico para perder a los atacantes Kanou no hizo ni el más pequeño intento de protestar.
Justo antes de perder de vista al vehículo atacante una última bala fue capaz de traspasar el cristal trasero del auto de Kanou y se incrustó violentamente en el parabrisas.
….
Como siempre que llegaban al estacionamiento del departamento de Kanou, Ayase se sintió seguro.
Su cuerpo estaba temblando pero esa era una reacción esperada después de toda la adrenalina que había estado corriendo por su sistema, y es verdad que su cuerpo dolía porque a pesar de que los asientos del auto eran muy blandos Kanou lo había empujado con una fuerza excesiva y lo había aplastado un poco… a pesar de eso, ahora se sentía seguro.
-¿Necesitas que te revise un doctor? – Ayase volteó a ver a Kanou. Ese hombre lo había protegido y lo había envuelto entre sus brazos haciéndolo sentir seguro y, a pesar de que también él había estado en el tiroteo, Kanou no mostraba en su rostro una sola señal de agitación o de miedo, más que eso, su cabello estaba tan extrañamente ordenado como siempre lo veía Ayase cuando entraba en la oficina y encontraba a ese hombre sentado, leyendo reportes o firmando Dios sabe qué cosas.
-¿Ayase?
-¿Eh? – Se sonrojó – ¡No! Yo estoy bien. Y tú ¿no estás herido, Kanou-san?
-¿Yo?
-La bala que se impactó en el parabrisas…
-No estoy herido. Ven, después de lo sucedido hoy no creo que sea una buena idea que regreses a la universidad.
Ayase gimió por lo bajo. Kanou tenía razón pero él se sentía frustrado, es decir, después de todo el trabajo que le había costado terminar su cartel…
El sonido de la puerta del piloto que se abría hizo que Ayase se olvidara de todo lo demás y recordara que él y Kanou no habían sido los únicos tripulantes del auto.
-¡Kuba-san! – ahora el muchacho estaba espantado, pues de la cabeza del mayor de los gemelos la sangre había chorreado hasta empapar la camisa blanca que ese día vestía Homare con su traje color gris obscuro.
-Tranquilo, Ayase-san. No estoy herido – la réplica de Kuba llegó con una sonrisa.
-¿Qué? Pero… pero… estás sangrando.
-Mmm… mira, la bala me pasó rozando y debió de romper algunos vasos capilares, pero no se trata de nada grave.
-Pero…
-Kuba tiene razón – casi escupió Kanou ahora bastante serio – vamos, te llevaré a la habitación. Y tú – añadió mirando amenazadoramente a un Kuba que tenía en su rostro una gran sonrisa presumida – llama a un médico que te revise.
-Comprendido, presidente.
Ayase se sintió frustrado al no poder quedarse a preguntar más a Kuba acerca de cómo estaba… pero no se atrevió a contradecir a Kanou.
En realidad si lo que quería era la introspección lo primero que debía hacer era reconocer que unos cuantos meses atrás jamás habría dejado de lado a una persona herida, pero por otro lado él ya no era la misma persona que había sido tiempo atrás, sin embargo ¿quién era entonces? ¿Era el "pequeño" patético al que el mundo entero había olvidado cuándo su abuela falleció? ¿Era el muchacho ingenuo al que Tetsuo había vendido a cambio de su vida? ¿Era la propiedad que el excéntrico prestamista había comprado en la subasta? ¿Era el que perdió algo que ni siquiera se había dado cuenta que tenía de forma abrupta, dolorosa y violenta en los brazos del que después había jurado que lo protegería? ¿Era el estudiante que en los últimos tiempos lograba a duras penas sobrevivir en la escuela sin reprobar o meterse en líos con sus compañeros? Independientemente a las respuestas de las preguntas anteriores Ayase sabía que él era alguien… alguien que…
Sus reflexiones se interrumpieron cuando el sonido del ascensor indicó que finalmente habían llegado a su destino.
Las puertas se abrieron, pero mientras que el plan original de Ayase era sentarse a estudiar para rogar a los profesores que le permitieran reponer su exposición Kanou demostró que tenía intenciones muy diferentes capturando entre los suyos los labios del hombre más joven.
-Kanou-san… – su intento de protestar ahogado por las manos demandantes del otro presionando los lugares más privados de su cuerpo y buscando rasgar la ropa que lo cubría.
Cuarenta y cinco minutos más tarde Kanou rehacía el nudo de su corbata mientras Ayase se quedaba tumbado desnudo sobre la cama con el cuerpo adolorido después de la rudeza con la que el otro hombre lo había cabalgado. En un movimiento casi imperceptible Ayase llevó sus finos dedos a su cuello, donde a juzgar por el dolor que sentía debían de haber marcas visibles aún a pesar del cuello de sus camisas.
Este hombre, con sus manos que todo lo rompen, incluidos mi orgullo y mi dignidad…
-No vendré a cenar – le informó el prestamista – voy a quedarme para investigar sobre los que nos atacaron hoy.
-Sí. Yo…
-¿Qué pasa? ¿Necesitas algo?
-No. Yo sólo… tengo que llamar a la universidad y…
-Nos ocuparemos de eso más tarde. Ahora sólo quédate a descansar ¿queda claro?
-Sí.
Con esa respuesta Somuko Kanou se marchó sin darse cuenta de las lágrimas que comenzaban a escurrir de los ojos azules de Ayase. Sin sospechar que ese al que él consideraba algo así como su ángel se sentía roto en pedazos y confundido… sin sospechar que el mismo Ayase que se había sentido seguro entre sus brazos durante el tiroteo se sentía ahora asustado de lo que él decidiera hacer con su destino.
