De nuevo les recuerdo que nada es mío, los personajes son de Stephanie Meyer y autora de la historia es Payton79, yo solo traduzco.

Mi compañera de armas está presente una vez más en esta traducción, gracias a mi querida Beta Erica Castelo por corregir todos mis horrores.


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Capítulo 1 – La marcha de la vergüenza

BPOV

¡Oh joder! Incluso con los ojos cerrados, me sentía cegada por la luz que me rodeaba. Y provocó que la cabeza me punzara. No podía recordar haber tenido un dolor de cabeza tan horrible como este. Si no supiera que no es posible, diría que alguien estaba picando mi cerebro con un hierro al rojo vivo.

Al mismo tiempo, mi boca sabía como si algo peludo hubiese muerto ahí. ¡Asqueroso! ¿Cómo era posible que sintiera mi lengua como la alfombra de un cuarto de hotel?

Despacio y con cuidado, traté de mover cada una de mis extremidades, tomando inventario de cualquier otra cosa que estuviera mal. La evaluación salió inesperadamente bien. Ningún dolor intenso en otra parte además de mi cabeza palpitante.

Decidí que no podría evitar abrir mis ojos por mucho más tiempo, así que los abrí un poco, dejando que la luz entrara solo por las pequeñas rendijas.

¡Wow, muy brillante! Por un momento, estuve de verdad muy cegada para ver nada más que la luz del sol.

Gradualmente, mi visión se adaptó, y pude distinguir paredes de un gris pálido. Fue extraño ya que mi habitación estaba pintada de azul claro. Confundida, continué observando lo que me rodeaba. Frente a mí estaba una puerta. A ambos lados de ella había estanterías del piso al techo, abarrotadas con libros. La mayoría de ellos parecían ser manuales de algún tipo. En el estante superior estaban varios trofeos de deportes.

¡Oh. Dios. Mío! Es la habitación de un chico. ¿Cómo había llegado ahí? ¿De quién era esta habitación, de todos modos? Mi diatriba interna fue interrumpida por un gemido bajo. Me senté abruptamente, volviendo mi cabeza hacia mi izquierda. Mi mano voló a mi cabeza para estabilizarla, ya que el veloz movimiento había provocado que el dolor llegara a su punto máximo. Cerrando los ojos por un breve segundo para acostumbrarme a las punzadas, otro gemido hizo que los abriera de golpe una vez más.

Ahí, junto a mí, al otro lado de la cama tamaño queen, estaba un chico con un desordenado cabello color bronce, sus puños frotando sus ojos. La sábana estaba arriba hasta su barbilla y estaba bostezando con fuerza.

Cuando dejó caer sus manos y abrió sus ojos, eran de un increíble tono de verde que nunca había visto. Me mantuvieron prisionera, congelada en mi lugar al mirarlos fijamente mientras empezaban a enfocarme poco a poco. Su expresión fue una de sorpresa combinada con una pequeña sonrisa tímida.

"Oh, hola," dijo con voz ronca. Apoyándose sobre sus codos, la sábana se deslizó, dejando expuesto su pecho desnudo bien definido.

Di un grito ahogado por la conmoción porque, justo en ese momento, me di cuenta que estaba completamente desnuda debajo de la sábana que aferraba a mí. ¿Quién era este tipo? ¿Por qué estaba en la cama con él? ¿Por qué estaba desnuda? Y lo más importante, ¿por qué no podía recordar nada? Lo que único que recordaba con certeza era ir a ese bar con Rosalie después de que le conté lo que ese cretino me había dicho… No, este no era el momento ni el lugar para pensar en eso.

Sujetando la sábana con todas mis fuerzas, salí de un salto de la cama, envolviéndola a mi alrededor, dejando descubierto a un muy desnudo Ojos verdes. Esos ojos se abrieron como platos y, de prisa tiró del edredón, pero no lo bastante rápido como para evitar que le echara un perfecto vistazo al botín. Wow, era ardiente, pero ese no era mi problema por el momento.

Comencé a recoger mi ropa, que estaba esparcida por todo el piso. "¿Qué estás haciendo?" La voz, ahora un poco menos áspera, me preguntó desde la cama.

"¡Irme!" Respondí, mortificada por lo que probablemente había sucedido la noche anterior. Tener sexo con extraños no estaba en mi lista habitual de actividades. De hecho, era la primera vez para mí—algo que tampoco había planeado hacer algún día. Esta no era yo. La simple idea me tenía temblando.

Aclaró su garganta antes de hablar otra vez. "No tienes que hacerlo."

"Bueno, creo que sí. No te conozco. No puedo recordar nada de anoche." Estaba casi llorando al pensarlo. "Y nunca antes había hecho esto." Hice un ademán entre él y yo, agitando la ropa en mi mano de un lado a otro.

Dándole la espalda, traté de ponerme mis bragas sin darle mucho que ver.

"Um, mi nombre es Edward. Lo siento, pero yo tampoco recuerdo mucho." Cuando lo encaré de nuevo después de ponerme la blusa, lo vi rascarse la cabeza, sus cejas fruncidas.

Mordí mi labio, considerando algo. "¿Crees que nosotros, um, ya sabes…?" Dejé en el aire el final de la oración, sin saber cómo llamar a lo que imaginaba que había pasado. Pero los fluidos secos y el imperceptible dolor entre mis muslos dejaban muy claro que de hecho tuvimos…"

"Estoy casi seguro, sí," me dijo, dándome una sonrisa forzada.

"¡Oh Dios mío! ¡No!" El que confirmara mis sospechas lo hizo cien veces peor.

Mi sujetador no estaba por ningún lado, pero eso no importaba. Podía remplazarlo, a diferencia de mi dignidad. Subí mi falda y agarré mis zapatos y bolso, dirigiéndome hacia la puerta. "Esto no puede ser real. Tengo que irme." Tenía que huir de aquí, de él y todo lo que me recordara la noche de ayer.

Detrás de mí, escuché a Edward levantarse siguiéndome a la puerta principal. "Por favor, espera solo un momento. Me voy a vestir, entonces te llevaré a casa." Me miró suplicante, pero tenía que salir de aquí y alejarme de mi vergüenza tan pronto como pudiera.

"No es necesario. Mi amiga me recogerá. Adiós." Me apresuré a salir, cerrando la puerta detrás de mí. Después de bajar corriendo las escaleras, hui del edificio, dando vuelta a la izquierda, esperando que fuera el camino más corto a casa.

Mis manos temblorosas abrieron torpemente el cierre de mi bolso, tratando de sacar mi teléfono.

Al fin contestaron la llamada después del cuarto timbrazo. "Rose, por favor, tienes que venir por mí," le supliqué, tratando de controlar mi pánico.

"¿Bella?" Su voz estaba ronca por el sueño. "¿Qué pasó? ¿Dónde estás?"

"Por favor, Rose, ¿podrías solo venir a recogerme? Te contaré todo entonces. Estoy en—" Miré alrededor, desesperada por encontrar un letrero con el nombre de la calle por algún lado. "Estoy en la esquina de Avenida Sheffield y Belmont." Así que estaba en Lincoln Park. Después de seis años en Chicago, conocía el esquema básico de la ciudad. Le tomaría a Rose unos minutos llegar aquí desde su departamento en Lake View.

"Espera ahí. Voy en camino." Rose colgó, y miré alrededor, sintiéndome expuesta con mi falda corta y blusa apretada, los zapatos de tacón seguían en mi mano. Gracias a Dios era verano, de otra forma me hubiese muerto congelada antes de que Rosalie llegara.

De pie en la transitada acera, miré detenidamente a la gente a mi alrededor, aliviada de darme cuenta que no me estaban mirando, con mi ropa que era más que inapropiada para un sábado por la mañana. Por primera vez en mi vida, me vi forzada a hacer la marcha de la vergüenza.

Siempre he sido una buena chica. Siendo la hija del jefe de policía de un pueblo como Forks, Washington, me había mudado a la gran ciudad con mi novio de la secundaria, Riley, para asistir a la Universidad Northwestern. Había vivido una vida modelo: universidad, luego un buen trabajo, mudarme con mi novio—a fin de cuentas, íbamos directo al matrimonio y a iniciar una familia. Hasta que, hace un año, él volvió del trabajo, diciéndome que le habían dado la oportunidad perfecta para impulsar su carrera…

… "Amorcito, no creerás lo que me pasó hoy," gritó Riley después de cerrar la puerta.

"Aquí," respondí desde la cocina, donde estaba ocupada preparando la cena.

Entró por la puerta dando saltitos, saludándome con un beso en la mejilla, lo que se había convertido en una costumbre. De pie detrás de mí, me rodeó con sus brazos, descansando su barbilla sobre mi hombro para ver lo que estaba haciendo.

"Así que, ¿qué pasó?" Le pregunté, tratando de volver a lo que quería decir antes.

Me soltó, se alejó unos cuantos pasos y abrió un gabinete para sacar un vaso.

"Ya sabes que mi jefe, el señor Smith, vino a verme hoy. Me felicitó por el trabajo que he hecho hasta ahora para la compañía y me ofreció una promoción" Sus ojos brillaban con orgullo, y no pude evitar sonreírle con la misma satisfacción.

Lo abracé para mostrarle mi reconocimiento. "Cariño, eso es genial. ¿Cuál va a ser la nueva posición?"

Se apartó un poco para mirarme antes de comenzar a explicar. "Bueno, estaré trabajando en una sucursal de la compañía." Se detuvo por un momento, mirándome de forma extraña, algo inseguro de mi reacción.

"Está bien," respondí titubeante, sintiendo que había algo más por venir y, a juzgar por su expresión, no todo iba a ser bueno.

"Um, también tendré mi propia oficina." Aún sonaba como si una importante pieza de información estaba siendo omitida hasta ahora. Le hice un gesto con mi cabeza, invitándolo a que continuara. "La oficina va a estar en Londres."

De repente, la habitación se quedó en completo silencio mientras los dos conteníamos el aliento. Tragué con fuerza, tratando de comprender lo que estaba diciendo. "¿Con Londres, te refieres a Londres, Inglaterra?" No era una pregunta en realidad, sino más bien una declaración, aunque mis cejas levantadas lo estaban desafiando a contradecirme.

Riley me dio una sonrisa incómoda, rascando la parte de atrás de su cuello. "La misma, sí."

Le di la espalda en shock. Hace diez meses que nos mudamos a nuestro departamento y aquí me sentía en casa. Me gustaba mi trabajo. Mi mejor amiga también estaba en Chicago. No estaba lista para mudarme fuera del país, aunque siempre había visto mi futuro con Riley.

"Amor, solo será por un año. Luego volveré a Chicago y conseguiré un trabajo mucho mejor. Oye, ganaré lo suficiente para que compremos una casa."

Sus brazos rodearon mi cintura, y atrajo hacia él. Me di cuenta que no estaba planeando que nos mudáramos a Londres. Solo se trataba de él. Se supone que me quedaría en Chicago esperando por él. No estaba segura de qué pensar. No quería mudarme, pero tampoco planeé tener una relación de larga distancia.

Me di la vuelta en sus brazos para mirarlo a los ojos. Su expresión era optimista y entusiasmada. "Podemos hacerlo, ¿sabes? Solo imagínanos viviendo en una casa en los suburbios con un patio trasero enorme. Un año no es tanto. Podemos hablar por teléfono, podemos usar el Skype. Será un cambio, para variar. Podría ser emocionante, una aventura."

Sentí sus palabras como una patada en el estómago, pero de alguna forma sabía lo que quería decir. Llevábamos años enamorados, lo nuestro era estable. Si nosotros no podíamos lograrlo, ¿quién podría? ¿Qué era un año si nos acercaba más a lo que queríamos en la vida?

"Si eso es lo que quieres…" Le respondí y en seguida me apretó contra su pecho mientras me agradecía profusamente.

Bueno, lo lograríamos, ¿verdad?...

… Fui traída al presente por un claxon cuando el Ford Fiesta color rojo de Rose se detuvo junto a mí. Me subí lo más rápido posible, apremiándola a que se pusiera en marcha.

No perdió el tiempo en irse al grano. "Bueno, no te ves muy sexy. ¿Qué pasó?"

Queriendo saber a qué se refería, bajé el parasol del coche y en seguida fruncí el ceño al ver las manchas negras rodeando mis ojos. Con esa apariencia, estoy segura que Edward estaba contento de que me hubiese marchado rápidamente.

"Desperté en una cama extraña con un hombre junto a mí. Creo que tuvimos sexo, pero no puedo recordar nada. Tampoco él, o al menos eso fue lo que dijo. ¿Me puedes decir por favor que sucedió?" La miré expectante.

Me sonrió con suficiencia, echándome un vistazo mientras cambiaba de carril. "¿Te refieres a Edward? Bueno, anoche estaban muy pegaditos en el bar."

Al menos, no fui lo bastante zorra como para estar con más de un hombre en una noche. Eso fue un pequeño alivio. "¿A qué te refieres con pegaditos?" Necesitaba más detalles que eso.

Rose soltó un resoplido como si la respuesta fuera obvia. "Ustedes dos jugaron hockey con sus amígdalas como todos unos profesionales. Simplemente no dejabas de meter tu lengua por su garganta mientras él te manoseaba. De modo que les di algo de privacidad. Cuando fui a decirte que me iba con Garrett, los dos se habían ido." ¿Garrett? Debe ser su sabor de la semana. Rosalie era mucho más liberada sexualmente que yo. Pero para ser sinceros, yo había estado en una relación por los últimos siete años. Este definitivamente no es el momento para pensar en Riley Biers.

"¿Dejaste que me fuera con un extraño, así nada más?" Grité, indignada por su declaración. "En este momento podría estar muerta, o violada o lo que sea. Tal vez lo fui." Fruncí mis cejas, tratando de asociar mi impresión de Edward con mis ideas de un violador. Luego sacudí mi cabeza. No, definitivamente no era el típico criminal—más del tipo estudiante de postgrado, agradable y sexy.

"No." La mujer que consideraba mi mejor amiga desde el primer año de universidad me ignoró. "Él no es así. Cuando estaba preocupada por ti, el amigo alto y bocón de Edward, creo que su nombre era Emmett o algo así, me dijo que se fueron juntos. Me prometió que Edward era un buen tipo y que llegarías a casa a salvo. Me pareció de confianza. Pensándolo bien, no me dijo a la casa de quién, pero bueno, estás bien. Tal vez un poco más relajada ahora que recibiste una saludable dosis de polla. Después de todo, ha pasado algo de tiempo, ¿cierto?" La hermosa rubia levantó su inquisitiva ceja.

Cansada, me hice otro inventario. "Más bien adolorida. Y conmocionada. Nunca había tenido una aventura de una noche, y nunca quiero volver a hacerlo. Fue embarazoso."

"Puedes verlo otra vez. Entonces no será una sola vez," sugirió Rose, pero la callé de inmediato.

"¡No, no lo haré! Debe pensar que soy una zorra por irme así a casa con él. Y además, no tengo su número y él no tiene el mío." Se suponía que esa sería la última palabra sobre el tema, pero debía haber sabido que Rose no lo dejaría así.

"Cariño, ya no estamos en los cincuenta. En estos días, la mujer satisface sus necesidades sin ser considerada una zorra. Eres joven y soltera. ¡No pasó nada!" Luego suspiró con fuerza. "Qué lástima. Era realmente lindo."

Unas fascinantes orbes verdes aparecieron en mi mente, y la imagen sorprendentemente me hizo sentir un poco trise, al darme cuenta que nunca volvería a verlas. Pero era lo mejor. Solo había sido sexo, y yo no era así.

"Sí, lindo—" y obviamente un mujeriego. ¿Por qué otra razón me llevaría a casa después de unas horas? "Pero suficiente de eso." Traté de terminar nuestra conversación cuando Rose se detuvo en mi edificio de apartamentos. "Gracias, Rose, por recogerme. Te debo una." Me acerqué para abrazarla.

"De nada, cariño. Después de todo, tú has hecho lo mismo por mí más veces de las que puedo contar."

Nos sonreímos entre nosotras, y abrí la puerta para salir. "Hablaré contigo más tarde, Rose. Adiós."

"Adiós, Bells." Cerré la puerta otra vez y caminé lentamente hacia mi edificio, ansiosa por tomar una ducha y esperando poder olvidarme de lo que había hecho.

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Pobre Bella, ni siquiera recuerda lo que sucedió entre ellos. Y tan apenada como estaba por ser su primera aventura de una noche, ni siquiera le pidió su teléfono. ¿Quién creen que era Riley Biers y qué le haría a Bella? Espero que hayan disfrutado del capítulo y me encantaría que me lo dijeran con un review. Recuerden que es lo único que recibo por compartir estás historias con ustedes.

Gracias a quienes dejaron su review en el capi anterior: cary, Leah De Call, YessyVl13, patymdn, Merce, Hanna D.L, Dess Cullen, Tata XOXO, freedom2604, peyci cullen, Rosible, Ericastelo, Day Aguilar, Manligrez, Mafer, Marie Sellory, Antonia, kdaniela, soledadcullen, JeniZuluCullenM, Chayley Costa, jacke94, xelatwi, rosy canul, Bertlin, Sully YM; Gabriela Cullen, tulgarita, glow0718, Tsuruga Lia1412, Adriana Molina, shamyx, Carmenc03, eliana vasquez y algunos anónimos. Espero que me sigan escribiendo ;) Saludos y nos leemos en el próximo capítulo.