A la hora convenida, los miembros de la expedición estaban esperando delante del Stargate, hablando tranquilamente, incluso gastándose bromas. La misión no era difícil, nada que ver con otras mucho más peligrosas que habían tenido que llevar a cabo a lo largo de los años.

Sólo tenían que cruzar, ir al pueblo, comerciar con ellos, medicinas de las que disponían en abundancia en la ciudad, a cambio de sus conocimientos sobre la tecnología de los antiguos, que los habitantes del planeta, habían tenido tiempo de investigar a lo largo de las muchas generaciones que habían ido a vivir allí.

Todos estaban alegres de poder tener un día tranquilo en un planeta nuevo. "Tal vez también quieran compartir con nosotros algunas de sus delicias culinarias." Dijo un especialmente contento John Sheppard, pensando que podría disfrutar de lo más parecido a unas relajadas vacaciones.

Al fin y al cabo, él y Ronon, eran los únicos que no iban a investigar o comerciar con nadie, tenían todo el tiempo del mundo para descansar. Tal vez también pudiera tener la oportunidad de conocer a una de aquella mujeres que tanto había oído hablar, bellas cultas, atentas y encantadas de contribuir al conocimiento de los extranjeros amigables como ellos.

"¿Crees que sería prudente probar las extrañas comidas que nos pueda ofrecer esa gente? Tal vez se trata de comida envenenada o no se, tal vez nos den algún tipo de alucinógeno para ponernos a prueba, como los indios."

"Tu siempre tan optimista, ¿verdad Mckay? Creo que has visto demasiadas películas" Dijo Ronon, hasta que su mirada se desvió hacia otro sitio.

Jennifer había sido la última en llegar. Llevaba a su espalda, una pesada mochila, que aparentaba pesar el doble que la propia doctora. "Lo siento por haber llegado tarde, pero me he entretenido con un paciente. Bien, soy toda vuestra."

Ronon carraspeó al escuchar aquello, si tan sólo lo hubiera dicho literalmente, con que se lo hubiera dicho a él directamente, las cosas podrían ser muy distintas. Pero la doctora pareció no percatarse de nada y como si nada, fue donde estaba John para informarse como iba a ser exactamente la misión.

Ronon la siguió con la mirada. Nunca se hubiera imaginado que podría estar tan concentrado en alguien que no fuera su enemigo, alguien tan diminuto para él, alguien en quien, en otras circunstancias, en Sateda por ejemplo, jamás se hubiera fijado.

Que pudiera observar los pasos de otra persona como si el mundo a su alrededor desapareciera y no se tratara de alguien a quien tenía que matar, era algo que el guerrero no lograba comprender. ¿Cómo podía volverle tan completamente loco alguien tan diferente a él mismo?

"Bueno, muchachos, será mejor que nos vayamos. No debemos hacer esperar a nuestros nuevos amigos." John dio la señal para que la puerta fuera abierta por fin y un momento más tarde todos comenzaron a cruzar.

- o -

Para el final habían quedado Jennifer y Ronon, a pesar de haber cruzado hacia otros planetas anteriormente, la doctora Keller todavía no se sentía del todo segura con eso de desintegrar su cuerpo durante unas milésimas de segundo para volver a formarlo en el otro lado. No se trataba de miedo, sino más bien de precaución.

Por muchas veces que Rodney había intentado explicarle la forma en la que funcionaba el Stargate, nunca había conseguido llegar al final de la explicación sin perder completamente la concentración en sus palabras

"¿Ocurre algo?" Le dijo el guerrero.

"No, todo está bien, es sólo que… me da respeto, la puerta, me da respeto." Ronon sonrió, aunque afortunadamente para él, la chica estaba demasiado concentrada mirando a la puerta que no se dio cuenta de su gesto.

Le hacía gracia ver en la expedición de Atlantis alguien tan frágil como ella. No se trataba de verla suficientemente poco capacitada como para realizar su trabajo en la cuidad, ya la había visto hacer cosas increíbles, simplemente le gustaba saber que había alguien a quien poder proteger y que no se avergonzara de decir que algo le daba respeto o incluso miedo. Le gustaba que la chica fuera tan sincera delante de él.

"Es algo normal durante las primeras veces que cruzas la puerta." Jennifer se dio la vuelta hacia él.

"¿A ti también te ocurrió también te daba miedo cruzarla por no poder llegar entero al otro lado?" Mentirle y decirle que si no tenía sincero, porque no estaba seguro de poder mentirle bien como para hacerla sentir mejor.

"En realidad no." Jennifer bajó la mirada, se sentía decepcionada consigo misma, por ser la única persona que le costaba cruzar, por ser una completa cobarde que no merecía estar allí.

Ronon se dio cuenta de ello y no podía soportar ver por más tiempo su aspecto abatido. "Pero he visto a otros que si, aunque el guerrero en Sateda está preparado para todo, el resto de la población no." Jennifer volvió a levantar la mirada hacia él.

"¿Lo dices en serio o sólo es para animarme?"

"Lo digo completamente en serio porque quiero animarte." La chica abrió la boca para contestar aquello, pero se dio cuenta que no podía, había sido un cumplido demasiado bonito como para estropearlo con alguna estúpida cuestión de orgullo. "Si quieres podemos hacerlo juntos."

"¿Hacer juntos, el que podemos hacer juntos?" Jennifer comenzó a notar que se sonrojaba como no lo había hecho nunca. Su subconsciente le acababa de jugar una pasada demasiado mala. "Lo siento, no te había entendido."

"Quería decir que si querías cruzaba la puerta contigo." Ronon alargó la mano, tratando de hacer caso omiso a la reacción de la chica.

En realidad le había gustado. Eso quería decir que la doctora Keller también se había dado cuenta que había algo entre ellos, aunque el guerrero no supiera muy bien que era lo que había o no había entre ellos todavía, o que al menos lo podía haber; de lo contrario no hubiera reaccionado así. Ella miró la mano de él y de una forma completamente involuntaria, puso la suya encima.

Miró a las dos manos, sorprendiéndose del gran tamaño de la mano de Ronon y como la suya desaparecía sobre la de él. "Cuando estés lista." Ella ya lo estaba; en el mismo momento en el que había tocado la piel de la palma de la mano de Ronon, Jennifer había estado preparada para lo que fuera. El miedo había desaparecido.

Jennifer asintió y ambos dieron un paso al frente casi al unísono. Tras otros cuatro pasos más, los dos habían cruzado por fin la puerta.

- o -

Un segundo después de haber cruzado al otro lado, ninguno de los dos fue capaz de explicar lo que estaba ocurriendo. Los ruidos llegaban por todos lados y los gritos los rodeaban como si de una jauría de lobos hambrientos se tratara.

"Ronon, saca a la doctora Keller de aquí." Escuchó que Sheppard le gritaba desde cerca, aunque todavía no era capaz de ver donde se encontraba su amigo.

Entonces escuchó el disparo procedente de una de las armas Wraith y un segundo después vio el haz de luz pasar a escasos milímetros de Jennifer, que parecía completamente paralizada.

Sin perder un momento, le agarró la mano a la doctora y estiró de ella corriendo, intentando no hacerlo con la violencia a la que estaba acostumbrado a moverse, no fuera a hacerle daño sin querer.

Vio unas rocas cercanas, si corrían durante unos pocos segundos más las alcanzarían. Se dio la vuelta, la chica lo miraba aterrada, no estaba gritando como había visto que hacían las mujeres terrestres en las películas malas de terror, simplemente había fijado los ojos en él, como si de esa forma todo lo que había a su alrededor, hubiera desaparecido por completo y corría, corrían más rápido de lo que lo había hecho nunca.

Sin embargo, no fue suficiente, cuando apenas les quedaban una veintena de pasos para poder guarecerse tras las grandes rocas, un nuevo haz de luz azulada apareció al lado de Jennifer e impacto en ella con fuerza.

Calló al suelo, soltándose de la seguridad que hasta un momento antes le ofrecía la mano de Ronon. Al perder el contacto con ella, el guerrero se dio la vuelta y la vio en el suelo. También vio el resto de la escena que estaba ocurriendo detrás de ellos y en la que no se había podido fijar cuando habían cruzado la puerta. Se trataba de media docena de Wraith, no había muchos más, pero estaban fuertemente armados.

John y los demás se estaban defendiendo bien, pero ya habían tenido alguna baja, que yacía en el suelo aturdido. Ronon fue hasta Jennifer; John le había dado una orden y aunque no se la hubiera dado, también estaría protegiendo a la doctora. No iba a permitir que le ocurriera nada malo y mucho menos de que sabía o creía saber lo que podía sentir por ella

No le costó nada cogerla en brazos, era liviana, apenas notaba su peso. La miró un segundo allí, inconsciente en sus brazos y mucho más dulce y frágil de lo que había creído verla nunca.

Echó a correr hacía las rocas, estaba muy cerca, estaba seguro que lo conseguiría, pero entonces apareció el dardo wraith y gracias a la rapidez de sus reflejos no consiguió absorberlos, de lo contrario estarían perdidos.

Ronon se lanzó al suelo, haciendo que Jennifer cayera de sus brazos. Se volvió a levantar rápidamente, pero entonces se dio cuenta de su error. Había estado tan preocupado por la chica, que no se había dado cuenta del acantilado que tenía delante y al que se había echado a correr sin pensar.

Un ruido llegó a su espalda y con otro rápido movimiento impidió que el nuevo Wraith, que había aparecido consiguiera acertarle con su arma. La bestia, como el siempre había tratado a los wraith, volvió a apuntarle con el arma.

Ronon sabía que no tenía ninguna oportunidad de salir bien parado de aquella pelea. No quería dejar a un lado a Jennifer, no mientras estuviera inconsciente e indefensa, podía aparecer cualquier otro wraith mientras él se enfrentaba a aquel y podría hacerle daño. Se había prometido protegerla y eso es lo que iba hacer.

Pensó que lo siguiente que viera sería el fogonazo del arma y se preparó para que lo dejara inconsciente, pero en lugar de eso, un terrible temblor de tierra, hizo que todos los disparos se detuvieran en seco. Todos miraron a su alrededor, pero nadie vio de donde podía provenir.

Cada vez se estaba haciendo más intenso y el suelo se movía también con mayor violencia. El wraith que estaba a punto de acatarle, salió corriendo, siempre habían sido criaturas muy cobardes.

Ronon suspiró y dio un paso adelante, pero poco a poco se le fue haciendo más difícil caminar sin tambalearse, con el creciente movimiento del suelo. Cayó de rodillas, ya no podía mantenerse en pie, pero en ningún momento soltó el cuerpo de la chica, se intentó levantar, aunque le era muy difícil.

Entonces llegó la última agitación, la más terrible y la que le hizo perder el equilibrio. De haberse encontrado en un terreno llano, no hubiera ocurrido nada, simplemente hubiera caído al suelo. Pero no ese no fue el caso, debido al acantilado que tenía detrás. No era demasiado profundo, pero si lo suficiente para dar un buen susto si no se caía bien al suelo.

En un segundo, Ronon perdió el suelo debajo de sus pies y se precipitó por el acantilado. Cayó por fin al suelo, en lo que sólo fueron unos segundos, le dolía la espalda, pero estaba seguro que no había nada roto, había tenido caídas mucho peores que aquella. Se incorporó con cierta dificultad, no había sido demasiado duro el golpe, pero aún así le dolía todo el cuerpo.

Entonces se dio cuenta, miró a su alrededor, pero el costó más de lo que esperaba encontrarla. Jennifer estaba allí, en el suelo a su lado y todavía estaba inconsciente, la cogió con cuidado, como si se fuera a romper, no estaba seguro que ella no tuviera algo roto y no quería hacerle más daño todavía.

"Doctora Keller ¿puede oírme?" La chica no dijo nada. "¿Jennifer?" Sujetó a la chica con cuidado y entonces se dio cuenta que arriba, los sonidos de disparos habían dejado de escucharse por completo. "¡Sheppard!" Gritó con fuerza.

No le gustaba hacerlo, tal vez hubiera algún wraith todavía y pudiera descubrirle, pero no le importaba, no mientras Jennifer continuara inconsciente, en sus brazos y sin saber si estaba realmente herida y necesitaba asistencia médica.

"¡Sheppard!" Cuando nadie contestó en ese momento, su desesperación comenzó a crecer. No conocía el planeta, estaba sólo al parecer, ya que nadie contestaba allí arriba y en sus brazos tenía al ser más indefenso que había visto en toda su vida.