Naruto no me pertenece. Es totalmente hecho por el gran Kishimoto Masashi (si fuera mío ya habría habido NaruSaku desde hace muuucho tiempo). Sólo uso sus personajes con fines creativos sin ánimo de lucro.

SUMMARY: Puedes verte como hombre; puedes oler como uno, puedes hablar como uno… pero nunca podrás enamorarte como uno.

La virgen jurada

Basada en la cultura de las vírgenes juradas de Albania

Capitulo 2:

One of these nights

-Vaya lío es ese tipo.

-Sí un poco-respondió Sakura tomando una toalla y su cantimplora con agua fría.

-Habrás traído una para mí ¿no?-comentó un rubio de estatura alta y ojos azules. Pasó su fuerte brazo por los hombros de su mejor amigo. Notoriamente más bajo que él y con una complexión nada varonil.

-Estás flipando hombre-le respondió zafándose rudamente de su agarre.

Ambos salieron de los casilleros con su ropa de práctica. "Entrenamiento de estrategia grupal" había dicho Anko Mitarashi. Un tipo de cabello de puercoespín que siempre llevaba un gabán de horrible color caqui.

Una horda de voluntariosos hombres con la testosterona hirviendo se estaba convirtiendo en un serio problema en las misiones. Godaime Hokage-sama había dado la orden explicita para la iniciación de algunos talleres de integración para limar una que otra deficiencia en todo lo relacionado con las palabras "trabajo en grupo". Así que ahora los dos amigos caminaban a lo qué sería un largo día.

-Oye ¿hablaste con Sasuke para lo de la reunión que vamos a hacer en la casa de Neji?-comentó el rubio a su amigo.

-Se lo dije pero no me contestó nada y realmente no es que interese hacerle de intenso-contestó la rosada.

-¡Hey cuidado!-gritó el más alto al más bajo esquivando una pesas que pasaban rodando por el suelo.

Sakura miró al rubio para mirar donde había puesto su mano.

-Perdóname Sakura-comentó el hombre quitando la mano de los senos de la chica baja. –Era para que no tropezaras-dijo rápidamente y un poco cohibido. A toda ofensa, ella sólo continúo su camino.

-Anda Naruto… qué se hace tarde-respondió nada molesta.

Naruto la divisó desde atrás un poco melancólico-"Claro, cómo te va importar si eres un hombre"-pensó mientras le daba alcancé.

Sakura caminaba a ritmo normal por los pasillos de la academia. Todos se saludaban y ella devolvía con un gesto descomplicado que hacía con su cabeza. En ella no estaba muy presente la risa. Nunca encontró algo por lo cual sonreír… desde aquella vez hace once años. Su mejor amigo lo sabía mejor que nadie. Su angustia, su ser completo, su personalidad… todo había muerto ese día. Todo…

-No estoy enojado-habló Sakura a Naruto, aun con mirada al frente.

El rubio la miró extrañado-Estás callado y pensativo. No me importa que me hayas tocado. Soy un tio igual que tú. ¿Por qué esa pensadera?-comentó Sakura por fin viéndole desde abajo. Era tan pequeña. Le llevaba medio hombro y toda la cabeza. Para Naruto, Sakura nunca pudo ser un hombre… jamás. Porque a pesar de los años compartidos, de las horribles situaciones y de la camaradería, él la amaba como un hombre ama a su mujer. Un sentimiento que tuvo que ocultar a través del tiempo y que le había otorgado a su vez, el don del disimulo. Ya con veintisiete años a cuestas, era una tarea aparentemente fácil.

-Pensaba en Sasuke-fue lo único que se le ocurrió.-"Buena Naruto… qué bien"-pensó abofeteándose mentalmente.

Sakura entrecerró los ojos formando una risilla pícara-¡Hay… que rico!-le soltó burlonamente para correr y huir de él.

-¡Oye idiota no imagines cosas que no son!-gritó Naruto a su amigo de cabellos rosas. Lástima que corría como gacela. Las ventajas de su baja estatura y poco peso.

Sakura apuró el paso. ¡Demonios! Cómo amaba correr. Desde siempre había sido su mayor fascinación. Era lo más cercano a volar… a desplegar sus alas y huir de todo. Estar por encima de la situación y aterrizar en el mejor momento. Amaba la sensación. Cómo cuando corría por las praderas entre las gramíneas sintiendo su textura pastosa mientras arrancaba a su paso pequeñas hierbas doncellas de color púrpura para poner en su cabello.

Le encantaba hacer eso al atardecer. Porque no era ni noche ni día. Era una transición de posibilidades que le excitaban los sentidos y la sonrisa en sus labios carnosos se formaba de la mano. Ahí vivía ella de niña. A las fueras de Konoha. Su padre mientras tanto en la pequeña casona, la miraba con felicidad… ya no podía recordar su rostro. Pero se acordaba de su olor. Olía a madera mojada y sus manos tenían ese olor a acero. Ella llegaba con maleza en su delantal para jugar a los pasteles y hacerle uno a su persona más importante. El fingiría gusto y actuaría cada bocado. Después se sentaría en el suelo frente a la chimenea y afilaría sus kunais y sus shurikens para sus misiones. Siempre era así.

-¿Te ayudo Otou-san?-preguntaba una pequeña Sakura desde el pasillo.

-No cielo mío. Tú eres una niña. Nunca debes coger estas cosas. Están impregnadas con la muerte-le contestó el hombre sin mirarla.

-Pero…

-Promételo Sakura-chan, jamás tocarás un arma. Júramelo… Sakura…

-Sakura ¡Sakura!-gritó Naruto a su lado sacando a su amigo de la ensoñación. La rosa se espabiló rápidamente para no causar curiosidad por parte del rubio.

-Dime-contestó arqueando una ceja. Esa expresión tan de ella para evidenciar lo obvio.

-Qué paraste sin razón y ya llegamos-comentó Naruto adelantándose al campo. Una planicie de prados finamente podados que daban la bienvenida al bosque.

-Vamos…-se dijo Sakura a sí misma para darse los ánimos que necesitaba.

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

La silla recibió la maleta que venía con las ropas deportivas y la botella de plástico vacía. Transpiraba como caballo en competencia. Fue directamente al refrigerador donde agarro el cartón de leche abierto para tomar directamente de él. Un hilillo blanco se derramó por su boca que finalmente manchó su camisa. Sakura dejo de beber para limpiarse la boca con el antebrazo.

-Porquería…-musitó del malgenio tomando un trapo grasiento que había en el fregadero para quitarse la mancha blanca que parecía pavonearse sobre la camisa negra. Refregó con fuerza pero sólo logró aumentar la mancha y hacerla un poco transparente.-Maldita sea… voy a parecer un intento de vaca.

La rosa pasó su mano sucia por el cabello el cual quedó peinado hacia atrás por el sudor. Tiró el embase de leche vacío al cuenco de la caneca que parecía vomitar la basura de lo lleno que estaba. Comenzaba a tener mal olor. Dormiría sólo diez minutos y se haría cargo de eso… junto con la cena… junto con la ropa sucia… doblaría la seca… colgaría la mojada… barrería… después trapearía… un bostezo dio por clausurado su máquina de ideas.

-Haruno-san murió en combate. Lamentamos ser nosotros los portadores de la noticia.-decía el jounin con chaleco verde y manchas de sangre en él. De seguro lo primero que habían hecho había sido ir allí a contarle la noticia. -Es por eso…-comenzó a hablar de nuevo.

-Déjalo así. Vendremos dentro de tres días. Y de nuevo lo siento mucho-comentó un chunnin esta vez. Cerraron las puertas tras de sí. Era de noche. Era la negra y basta noche. Se la había tragado por completo y sin masticarla.

Sakura de unos tiernos nueve años cayó de rodillas al suelo. El grito que chilló se fundió con el rayo que desgarró el cielo y evaporó las nubes cercanas. Las lágrimas consumían su razón y la respiración parecía fallarle. Llevó sus manos a la cabeza negando como si con ello todo se fuera. Su única familia, la razón por la cual ella vivía… se había ido. La había dejado sola… sola… a una mujer… una mujer joven… a una niña. No podía dar crédito. Volvió a gritar con el poco aire que tenía en sus pulmones.

-¡Sakura-chan!- gritó un niño empapado por la lluvia. Había abierto la puerta principal de un manotón y ahora observaba angustiado a la chiquilla en el suelo.

-Naruto…-logró decir antes alzar sus brazos para que la abrazara. Él no lo dudo ni por un segundo. Corrió rápidamente y dejo que su cuerpo le sirviera de apoyo. No le dijo nada, sólo dejo que ella llorará lo que quisiera. Que manchará su ropa con todo lo que podía salir de ella. No le importaba.

-No quiero ser hombre Naruto-dijo por fin asustada. Con un temor asqueroso.- No quiero…

¿Qué decirle? No podía aliviarla con falsos consuelos. Sabía que ese destino estaba más trazado que lápiz sobre papel. La abrazó esta vez siendo él el angustiado. Comenzó a temblar cuando supo lo que el destino tendría preparado. Un rayo volvió a caer haciendo retumbar hasta los vasos del estante.

Sakura abrió los ojos asustada. Estaba congelada pues no llevaba ningún saco y la brisa se filtraba fácilmente por la sala. Se frotó los brazos rápidamente parándose para acostarse en su cama sin tender. Caminó lentamente mientras se quitaba la camisa manchada de leche rebelando la faja de tela que ocultaba lo que alguna vez llegó a ser. En la privacidad de su casa, pudo ir al baño donde prendió la luz y quitó la estorbosa prenda con alivio. Sus senos salieron al aire recibiendo un frio que los erizó pero que pareció alegrarles. Los masajeó un poco para quitar la tensión y luego se apoyó en el fregadero mirando a la loza blanca que tenía residuos de crema, saliva y mugre.

-Tengo que limpiar esto-musitó con el entrecejo fruncido. Abrió el grifo derecho para que el agua fría comenzara a fluir libremente. Metió sus manos para refregarlas rápidamente y luego se salpicó la cara. Una, dos, tres y cuatro veces. Lo suficiente para no sentir nada en sus mejillas. Sakura apretó los ojos con fuerza llevando su mano izquierda para sentir a tientas la toalla para secarse.

-Basta…-murmuró de mal genio secando su frente.-Ya basta…-volvió a decir.

Pero no logró acallar las memorias.-¡BASTA!-gritó irritada golpeando el espejo con su poderoso puño. Sakura cayó al piso de baldosa blanca como un domino. Enfocó su mano lastimada- El rojo luce bien en el baño…-musitó amargamente, cuando su sangre se fundió por los bordes de la loza.

-¿Lista?-preguntó el pequeño de trece años. Su melena rubia, despeinada como siempre, enmarcaba sus ojos azules.

Sakura negó con la cabeza cuando se levantó de su cama con un brinco.-Gracias por la ropa-dijo aguada debido a lágrimas intrusas que se escabullían hasta sus labios.

Ahí estaba ella. Con unos pantalones de dril cafés. Los llevaba remangados en los tobillos. Demasiados grandes para su nueva dueña. Demasiado pronto para arreglarlos. Una camisa de botones le hacía juego. Era de un tono gris añejado, debido a tantas lavadas. La sentía áspera en las mangas y por eso le picaban las muñecas.

-Te queda mejor a ti que a mí-contestó Naruto viendo a su amiga con el cabello largo y suelto. Tan tierna que le embobaba la razón. La rosa dio un paso pero el pantalón se le cayó de un lado. Con una pena salida de la nada, Sakura lo haló hacía arriba.

-A ver te ayudo- se precipitó Naruto quitándose su cinturón para ponérselo a Sakura. La atrajo hacía a él para deslizarlo por los ojales.

El chiquillo se le resbala el accesorio mientras intentaba colocarlo. Era todo. Era la situación, era su proximidad, era el hecho de haber visto la ropa interior de ella. Era de encajes en los bordes…era rosada. Olía tan bien, a pesar de no llevar perfume. Siempre había sido así. Tal vez había sido por pasar tanto tiempo en las praderas.

-Ya-dijo casi inaudible y agradecido de haber terminado. Dio unos pasos atrás para verla toda.

Sakura tomó su ropa para mirarla, sus ojos comenzaban a aguarse. El inevitable preludio del llanto- Estoy tan fea-dijo acongojada.

-No, no es verdad… es cuestión de encontrar tu estilo. Esto es algo de improviso. Cosa de un momentico. Luego compraremos ropa…-consoló rápidamente frotándole un brazo.

Sakura llevó sus manos a la cara y ahogó un gritico entre sus pequeñas manos. Pero levantó la mirada cuando sintió que tocaban a la puerta y una mujer entraba. Era tan hermosa… algo que ella nunca podría ser.

-Es hora Sakura-chan… Naruto-kun tú espera acá. Te aseguro que no nos demoramos.

-Si… Okaa-san-respondió el rubio obediente a su madre. Entonces fijó la mirada en su mejor amiga que temblaba hasta la médula. Quiso acompañarla pero no podía. Entonces cuando vio que la pequeña desaparecía por la puerta gritó-¡Valor Sakura-chan! No importa lo que pase, para mí, serás el niño más guapo y lindo de todos.

Ella sonrió quebradiza negando con su cabeza. Fue la última vez que la vio como mujer.

Se había limpiado la herida con un improvisado remiendo de una toalla mojada que olía bastante mal. Necesitaba lavar con urgencia. Tomó una camiseta holgada y de tiras que sólo usaba en casa para ponérsela de pijama. Resultó incomodo debido a su incapacitada mano derecha. Se subió a la cama quedando en una completa oscuridad mientras veía la lluvia caer sin clemencia. Pegaba con una rudeza tal, que los ventanales parecían vibrar de euforia. A ella nunca le había gustado la lluvia… y menos de noche.

El destino parecía jugar con ella, como se jugaba con una pelota nueva. Era su objeto favorito; pues en un lapso de tres días, no sólo había perdido a su padre, sino que ahora tendría que volverse otro para poder vivir. Iba de la mano de Kushina Uzumaki, la madre de Naruto. Podía sentir su olor a frutilla emanar de su piel. Que rico olía. Con su falda larga y camisa blanca… y ese cabello. ¡Oh! Ese cabello. Largo como se le antojaba y de un color fuego como su pasión.

Sakura miró al frente para ver que estaba en la sala de su casa. El ritual no iba a hacer ceremonioso ni mucho menos. No lo quería así de igual manera.

Sarutobi Hiruzen, el que había sido tercer Hokage se encontraba parado en la mitad. La rosa entró en pánico pero él la miró con ternura y puso su envejecida mano sobre la cabeza de ella.

-Estas a punto de convertirte en algo mayor a tu pensamiento Haruno Sakura-chan.

Ella no respondió, prefería fijar su mirada en las ropas del hombre. Vestía esa túnica blanca horrible… porque a pesar de ya no ejercer como líder de la villa, aun usaba la indumentaria. Tan absorta estaba que sólo sintió el sonido tajante de aquel que corta el viento, cuando el anciano de un tajo impecable trasquiló su larga melena. Sakura abrió sus ojos derramando las últimas lágrimas de mujer. Fijó su mirada en el suelo de madera y vio sus mechones danzar sobre sus pies. Años de inocencia regados como si hubiesen sido brutalmente violados.

-De mujer pasas a hombre. Una virgen jurada eres ahora Haruno Sakura-kun-finalizó la sentencia. Fría y ruda. Pero sin embargo para él fue como decir la mejor de las bendiciones, porque en parte eso era- Con ello, tienes la importante responsabilidad de heredar las artes místicas del ninja. La Academia te abre sus puertas.

Sakura lo miró desde abajo. Apretó sus puños y afirmó con la cabeza.

Tenía sus piernas desnudas. Una flexionada para apoyar su mano enferma. Podía sentir su rodilla tocar su seno derecho. Tenía miedo, estaba asustada, pero en la soledad de su vida prefería mantener la calma.

-Sal de ahí-musitó tranquila a la aparente nada.-Llevas rato escondido. Yo no muerdo.

-Me pillaste. Se nota que eres detector de chakra nato- bromeó el hombre saliendo de las sombras.

-Uzumaki Naruto lashabilidades ninja no se deben usar para introducirse a una casa ajena.-reprendió falsamente con la vista fija aun en la ventana.

-Perdó vio desde su rincón. Una diosa bañada en luz de luna. Sin preguntarle se sentó al filo de la cama y comenzó a curarle la herida. -Qué hermoso eres-. Lo había soltado sin la más mínima misericordia.

-Las vírgenes juradas no tenemos nada de hermosos. Somos hombres en la palabra, mujeres en el cuerpo… que jamás podrán sentir placer más allá del propio tacto.-contestó seria sin darle la satisfacción de verle. Estaba sucia, casi desnuda y con una mano incompetente para su trabajo.

-Pareces más hombre que yo, este lugar es un basurero.-comentó desviando la conversación.

Ella no dijo nada y ladeó la cabeza viendo a la ventana- ¿Por qué viniste? Pensé que estarías donde Neji con todos.

-Hay tormenta-respondió escueto.

Ella sonrió socarronamente haciendo eso mohín imperceptible.

-Siempre me haces esto en las noches de tormenta…

Naruto dejó la mano de Sakura libre y ella entendiendo las ganas de ambos, bajó la pierna y él se recostó sobre ellas. Sentía sus muslos fríos pero calientes cerca de su entrepierna. Sakura recostó su mano cortada sobre la cabeza de Naruto. Los cabellos monos actuaban como una almohadilla picosa pero suave. Sin pensarlo dos veces, llevó su mano izquierda y la posó sobre la derecha. El chakra verde se hizo presente emitiendo un zumbidillo que Naruto notó de inmediato.

-Gracias-comentó el hombre de rubios cabellos. Sus labios se frotaban contra la pierna de ella.

Ella no dijo nada hasta que curó su herida por completo. No habiendo tarea pendiente sumergió los dedos en los cabellos de su mejor amigo. La caricia no se hizo esperar.

-Me gusta que me cuides-respondió la rosada de cabellos cortos. Los golpes para ella no eran la gran cosa, menos una cortada ridícula, pero se malcriaba dándose el gusto del tacto ajeno de vez en cuando.

-Protegerte es lo que más me gusta hacer… Sakura-chan-musitó apenado con el rostro entre el pliegue de sus dos piernas. A pesar de que ella no lo viera sabía que estaba enrojecido por el romántico momento y la cursilería dicha.

-Naruto…-habló pasito para llamar la atención del él. Naruto se levantó con cuidado sosteniendo su peso en los brazos flexionados atrapando las piernas de la rosa.

Ella llevó sus manos sobre las mejillas de él, acercándose peligrosamente quedando frente al rostro del hombre con marcas de zorro.

-Estoy triste-musitó.

-Lo sé…-contestó él con una pasión tal que sus ojos se nublaban.

-No me odies por lo que soy por favor- habló con las lágrimas que parecían quedar entre sus ojos verdes como dos olivas en Martini.

-Eso no puede pasar.-contestó con afán negando con la cabeza. Pudo sentir como ella refregaba su frente contra la de él.

-No debimos hacerlo. No debimos-hablaba afanada.-Yo soy un hombre igual que tú… igual que tú… Dios… igual que tú.

Naruto se separó de ella rápidamente para sentarse a su lado y acunarla en su regazo.-Tú eres Sakura-chan...antes, ahora y para siempre.

La lluvia no paraba y ahora ella se encontraba en la soledad de su sala. Estaba sentada en la mitad sintiendo como mil demonios la observaban para matarla. Ella aun era pequeña y la oscuridad nunca le había terminado de gustar. Posó sus manos sobre el suelo para tomar sus cabellos pero se le resbalaban entre los dedos como mantequilla en pan caliente.

-Sakura-chan…-musitó Naruto detrás de ella.

-¿Me veo…bien?... ¿así?

-Cómo te lo dije hace un rato… para mí eres el niño más hermoso del mundo-dijo con lágrimas en los ojos

-¿No te daría asco abrazar a un hombre?-preguntó con una seriedad a punto de esfumarse.

-Nunca-dijo rápidamente antes de abrazarla. Ella le lloró hasta mojar la camisa que tenía puesta.

La tomó por la barbilla lamiendo las lágrimas que pasaban por su paso. Llegando a sus labios donde los retorció junto a los suyos hasta ponerlos blandos y dispuestos. Sakura se acostó sobre las cobijas destendidas y él sobre ella, comenzó a meter su mano por la entrepierna tibia. Echando la cabeza rosa hacía atrás, Naruto pudo lamerle el cuello a su antojo. Sakura sólo podía acariciar la espalda morena, que rígida le excitaba los sentidos. Era un hombre perfecto, con sus músculos duros pero armoniosos a su cintura y sus manos. No era enorme, no era pequeño, era a su medida y eso a ella le encantaba.

Con él… ella era mujer. Se lo reafirmaba en las caricias, en la camaradería de lo cotidiano, en sus besos empalagosos de cariño, en la amistad de años y en el amor que ocultaban del resto. Una unión aberrante que de saberse sería el final para ambos. Pero en la oscuridad de la habitación, nadando en los aromas tóxicos de las sabanas sucias, dejaban que su secreto corriera furioso entre los roces.

-Te amo aun más… en las noches de tormenta-murmuró Naruto besando su mejilla a lo que ella sonrió por fin, abrazándolo con sus piernas y brazos.

-Una de estas noches debemos parar-dijo la chica entre beso y caricia ansiosa.

-Sí… una de estas noches- repitió la falsa promesa de ambos.

Mientras tanto la lluvia caía dejando sordos los gritos que Sakura que sólo en noches como esa podía emitir. El día traería después su fachada pero mientras tanto se debía disfrutar de la mentira.

Continuará:

Sandeces RANDOM:

-Contestando la pregunta del millón de nakus: NO XD, no me va a dejar de gustar el NS (eso es como si me dijeran "oye no respires"). Sólo dejo de escribir fics porque me voy a otros rumbos de la fuerza del fanfiction (como HanaYori Dango, Sky High, Moe Kare, entre otros).

-Ya no tengo brackets xD ahhhh :3. No sé, los que han tenido me comprenderán. Mi sonrisa es como la de mi amado Gai Sensei.

-¡Feliz BICENTENARIO COLOMBIA BONITA! :3 (oficial es el 20 de Julio, pero le regalo este capítulo a mi patria querida que la quiero aunque tenga las patas frías xD)

-El nombre del capítulo "One of these nights" (Una de estas noches), es la segunda canción del OST Tsuikohen/Rurouni Kenshin (a.k.a mi manga y anime favorito).

REVIEWS:

Gracias a Fani, Sango, Klan-Destino y leo por pasarse por acá.

Miyuki Uchiha

Escuchando: Time to pretend - Mgmt