Capítulo 1: Familia

El tener a sus compañeros a su lado de vuelta, el regresar a las expediciones y, más que nada, recuperar la emoción del combate; todo eso para ella era un sueño lejano hecho realidad. Realmente extrañaba el poder hacer este tipo de cosas, sonrió al hecho de retomar esta emoción ya algo perdida. No lo crean mal, amaba a sus hijos, realmente daría lo que fuera por tenerlos a su lado a cada momento, incluso ahora, pero eso no cambia el hecho de que le agradaba retomar su vocación. También estaba el hecho de que no podía abusar de Stoick, ella también tenía que poner de su parte para el bienestar de sus hijos.

El trabajo que les fue otorgado fue el de ir de reconocimiento a una zona al sur, una zona aún no explorada por ellos. Hace unos días, les había llegado una historia sobre Valkirias en las nubes, tales avistamientos solo se habían realizado en cierta zona más allá de la bruma. El encargo era investigar si tales avistamientos eran ciertos o, eran solo cuentos de navegantes perdidos y embriagados. Vaya que fue una proeza este viaje, jamás se habían aventurado tanto a las afueras de la bruma. Los cambios de clima, las mareas fuertes y el bravo mar de un lugar desconocido los tomo con la guardia baja. Sin mapas de mareas, tierras o estrellas, sin nada de estas herramientas, les fue necesario comenzar de cero para su expedición.

Engla resulto ser una gran ayuda en cuanto a la creación de un nuevo mapa, apenas les dijeron que era zona inexplorada, ella comenzó a crear un mapa rápido para el regreso, al menos así no se perderían. Vieron un par de islas cercanas de donde salieron. Pensaron que se perdería un poco por la tormenta que se generó al pasar la bruma, pero no fue así. Como si fuera una cartógrafa con experiencia, ella inmediatamente supo cómo referenciarse con el cielo, las nubes y el mar, para no perder el rumbo que tenían; dicho mapa les sirvió para el regreso. Durante su expedición a esas tierras vieron nuevos dragones, especies jamás vistas por ellos.

Estas incluían las ya conocidas, tales como Changewing, Gronckle, Nadder y Nightmare, todos en convivencia y en varias islas, pero lo que más destacaban eran algunos dragones en específico. Un dragón que, con su melodioso rugido, atraía a otros dragones para apresarlos en una resina que el mismo lanzaba de sus fauces y así devorarlos; un dragón completamente metálico de cuatro patas, su cola podía cortar cualquier cosa o lanzar espinas como si un Nadder fuera; un dragón acorazado, el cual se podía hacer esfera y con su peso lanzarse como si de ariete fuera. Estos fueron algunos de los destacables, aunque, a su consideración, hubo uno al cual no pudieron ver, pero estaban seguros de que este era de temer.

En una parte del mar, debajo del Buza se creó un enorme torbellino, el cual casi los traga de no ser por Bjørn. Rápidamente tomo el timón del navío, ordeno soltar las velas y mandar remar para obtener la mayor ventaja posible sobre ese torbellino; mientras se alejaban pudieron divisar como una enorme sombra se alejaba de ellos, estaban seguros de que eso era un dragón.

Claro está, no podían regresar con las manos vacías. Gracias a un cazador de dragones que se encontraron en el camino, lograron atrapar a cinco dragones diferentes, necesitaban entrenar a la nueva generación de cazadores de dragones, entre ellos sus hijos. Escucho a Sigurd y Grunilda discutir sobre como calmar a uno de los dragones que tenían, vaya que ese par era único, parecían completamente nuevos en ese sentido.

- Ya, yo me encargo. – Ambos la vieron acercarse.

- Te lo agradezco Astrid, cierta señorita es más terca que un Jack.

- ¿Cómo me dijiste?

- Ya me escuchaste Grunilda. – Ambos realmente no se soportaban, al menos cuando no estaban en combate.

- Ya, paren los dos. Si quisiera escuchar quejas y berrinches, estaría con mis hijos a la hora de la cena en este momento.

Ambos la vieron con una mano en la frente y una mirada seria, ese era un detalle único de Astrid, el cual solo lo obtuvo ella al convertirse en madre, paciencia y autoridad mezclados en uno solo. No pudieron reprocharle nada, solo Grunilda cruzo de brazos y se apartó, Sigurd le permitió pasar. Dio un vistazo rápido al dragón, no parecía haber problema alguno con sus amarres, ni con el bozal, la mirada de enojo en su rostro era la esperada. Entendió cuál era el problema, la droga estaba perdiendo efecto en él, necesitaba darle un nuevo tranquilizante.

- Pasenme un dardo, se le está acabando el efecto del tranquilizante. – Sigurd no tardó en dárselo, al igual que le entregaba la cerbatana. – Gracias Sigurd.

Coloco el dardo en el tubo de madera, el dragón al notar esto no tardo en embestir la jaula. El impacto hizo retroceder a Sigurd y Grunilda, pero no a Astrid. Ella coloco el tubo frente a su rostro, tomo aire, coloco suavemente sus labios sobre el arma y con un soplido suave, pero fuerte, lanzo el dardo al punto blando del cuello de la criatura. El tranquilizante hizo efecto rápido, no tardo en desplomarse nuevamente. Le lanzo a Grunilda la cerbatana, luego se alejó para ver a los demás dragones, les señalo cuales eran los que necesitaban una nueva dosis. Observo como los dos aplicaban la sustancia y luego decidió ir a preguntar a Gerda si necesitaba ayuda con algo.

- Desde que es madre es más autoritaria y presuntuosa, realmente me saca de quicio.

- Eso dices tú, Grunilda. La verdad es que le tienes envidia.

- Si claro, lo que digas.

Sigurd observo como se alejaba, rumbo a Sigrid. Si algo habían notado todos, era que desde que Astrid se unió a ellos, Grunilda no soportaba a Astrid en ningún momento, menos ahora que era madre. Vaya hermana más problemática le había tocado tener.

Astrid observo el horizonte, la bruma estaba cerca, solo un par de días más y se encontraría en casa y vaya que quería regresar con sus hijos, solo esperaba que no se hayan metido en ningún problema en su ausencia. Estaba segura de que Gobber y Stocik lo tenían todo bajo control, no había nada de qué preocuparse.

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No tenían nada bajo control, eso era lo que tenían en su cabeza ambos hombres mientras observaban como la forja soltaba humo de las cenizas que quedaban de la misma ¿Cómo era posible que esos dos fueran más destructivos que los gemelos Thorston? Bueno, tal vez exageraban un poco, pero la verdad es que al ver el estado de la forja frente suyo, no podían pensar en otra cosa más. Nuevamente veía esa mirada de molestia en los habitantes, la misma que le dedicaban a su hijo cuando pasaba algo por un accidente.

Esto era a lo que temía, que se repitiera la historia. Observo a Gobber que solo dijo un "aquí vamos de nuevo" para pasar a reconstruir la forja. A lo que le explico Gobber, fue realmente un accidente, pero fue causado por la pelea de los hermanos, los cuales estaban con la mirada baja y sosteniendo sus brazos derechos con el izquierdo. Stoick se acercó a ellos, necesitaba une buena explicación de lo que acababa de ocurrir. Los niños al ver la sombra de su abuelo solo pudieron agachar más su rostro, después de todo era el jefe, como tal, estar frente a él significaba tener que aguantar la presión y presencia que este ejercía como tal. Fue Nuffink el que se atrevió a ver a su abuelo, ver el rostro severo no ayudo mucho.

- Ho…hola, abuelito.

- Hola.

- ¿Cómo va el día?

- Bueno, todo iba muy bien hace unos momentos, pero algo llamo mi atención.

- ¿Qué cosa abuelito? – La niña elevo su mirada, el rostro estaba cubierto de hollín, señal de que estaba jugando nuevamente cerca de la fragua o por el resultado del incendio.

- Si, verán, hubo un incendio. – Noto como se pusieron nerviosos en el acto. – Si, algo terrible, ya que nos quedamos sin lugar donde crear armas, utensilios y varias cosas más.

- Eso es malo. – Dijo Zephyr quien se atrevió ahora a decir algo, realmente estaba asustada de lo que fuera a decirles su abuelo.

- Si, lo es ¿Alguna idea de lo que ocurrió? – El silencio entre los niños era de esperarse, ninguno quería decir algo o evidenciarse. El problema era la mirada de su abuelo, severa, justa y firme.

- ¡Fue culpa de Nuffink!

- ¡No es cierto! ¡no es cierto! ¡Mil veces no es cierto!

Mientras discutían solo atino a soltar un suspiro y llevar su mano a la frente, intentaba quitarse una nueva migraña, realmente eran un caso esos dos. Gobber se le acercó para ver cómo estaba la situación, el ver a Stoick le dijo todo.

- Gobber, por favor, dime que ocurrió.

- Le di su primer martillo a Zephyr, últimamente he visto que se interesa mucho por la herrería.

- Se lo presumió a Nuffink, este le dijo que eso no era de niñas y la reto a hacer algo en la fragua ¿Verdad?

- Exacto, Zephyr es muy parecida a Hiccup, al menos en el detalle de crear cosas.

- ¿Qué hizo Zephyr para incendiar toda la herrería?

- ¿Zephyr? No, Stoick, fue realmente un accidente. Estaba arreglando un par de espadas, las acababa de sacar del fuego cuando estos dos comenzaron a pelear. Sin fijarme, puse una de las espadas sobre la mesa de madera, esta se incendió, también tenía algunos trapos y aceite. Para cuando me di cuenta, ya todo el lugar estaba en llamas.

- Ya veo, lo bueno es que nada les paso a ellos.

- Si, pobre de nosotros si Astrid se enteraba de que algo les paso a los niños.

- ¡Por Thor! ¡¿Qué paso aquí?! – Ese grito los hizo quedarse en sus lugares, las miradas en sus rostros indicaban que tan preocupados estaban. – Nuffink, Zephyr ¿Qué ocurrio?

- ¡No fue mi culpa! – Dijeron ambos niños al ver a su madre, realmente parecía estar un poco molesta.

- Nada de que "no fue mi culpa", quiero saber que ocurrió.

Realmente no sabían que decir o hacer, ambos estaban realmente preocupados. Vieron a su abuelo y tío, quienes solo optaron por comenzar a alejarse. Cosa que no les funciono, puesto que Astrid los tomo del hombro para hacerlos girar.

- Hay mamá, bueno Astrid, todo fue un accidente, te aseguro que nada malo ocurrió.

- Gobber, cuéntame ¿Qué ocurrió exactamente?

- Bueno, veras, fue un descuido mío.

- ¡¿Cómo?!

- ¡Tranquila! Le pudo ocurrir a cualquiera. – Stoick intento calmar las cosas, pésima idea.

- Pero les ocurrió a mis hijos, eso fue lo que ocurrió.

- Te aseguro que no ocurrirá nuevamente.

- Lo sé, porque de ahora en adelante, estos dos tienen prohibido entrar a la herrería una vez que este reconstruida.

- ¡¿Qué?! – el grito tanto de los niños, como de los dos adultos, la tomó por sorpresa.

- Vámonos niños, tengo que arreglarlos.

- Pero mamá, quiero seguir yendo a la herrería.

- Yo también mamá.

- Sin peros, a la casa ambos. – La mirada decidida de su madre fue suficiente, sabían que si continuaban les iría peor. Tristes y a regañadientes, ambos niños tomaron rumbo a su hogar.

- Astrid, hay algo más.

- ¿Algo más? – Se giró para encarar a Stoick, este no se mostraba ahora como un familiar, sino, como el jefe. – Lo siento, esto me saco de mis casillas.

- Lo sé, a mí también, pero aparte de esto hay un detalle que tenemos que discutir tú y yo.

- ¿Qué cosa?

- Entrenamiento.

Observo a Gobber, el cual se rascaba su cabeza con su mano bueno. Generalmente era él quien se encargaba de entrenar a los nuevos cazadores de dragones, ahora ya no había tantos como ahora y también estaba el hecho de que estaban regresando a sus antiguas costumbres de saqueos y comercios. Necesitaría mucha ayuda con esto, de eso estaba segura.

- ¿Cuándo comenzamos?

- La próxima semana, necesitas descansar de esta última campaña y los niños te extrañaron.

- ¿Aparte de lo de hoy? ¿Qué otras locuras hicieron?

- Astrid, son tus hijos y los de Hiccup, no se metieron en problemas. Hoy fue un caso aislado, nada que no se pueda arreglar… otra vez.

- Es justamente porque son los hijos de Hiccup que me preocupo. Él era completamente curioso de niño, le gustaba cuestionar todo, hacer cosas raras y quien sabe que más. Me preocupa que ellos hayan heredado esa parte de él, lo de hoy lo comprueba. – Dijo señalando la forja completamente incendiada, estaba preocupada, eso era lo que más temía, que la excesiva curiosidad de Hiccup también los afectara.

- Astrid, no ocurrirá ¿Sabes por qué? – Ella negó la respuesta. – Por qué, esta vez, a diferencia de Hiccup, tú los ayudaras a enfocar esa curiosidad. No cometerás mis errores, ayúdalos.

- Stoick, tu no…

- Tú, Gobber, Gothi y yo sabemos que es cierto. Hiccup era diferente a los demás, a mí, no sabía cómo lidiar con eso. Al primer desastre ocurrido por su curiosidad, lo regañe y marque de tal manera que lo mando a una completa tristeza, ese fue mi error Astrid.

"En vez de apoyarlo, ver sus logros en la forja y ver lo listo que era por su curiosidad satisfecha. Lo compare con otros, no le creí en nada, no lo apoye en ningún sentido por mis propios escrúpulos. Yo lo debí proteger, alentarlo más, pero no lo hice. Astrid sigue el consejo de este viejo hombre, no los frenes, déjalos ser como son, pero guíalos.

- Es que no sé qué hacer con ellos. Zephyr se pasa buscando trolls, hadas y otras criaturas. Nuffink se la pasa molestándola a cada rato, realmente no sé qué hacer. – La risa discreta de Stoick llamo su atención, luego lo vio sonreírle en ese momento.

- Me acabas de recordar una charla con Gobber cuando Hiccup era niño, utilice casi las mismas palabras que tú. Solo que hice algo diferente a lo que, estoy seguro, tú harás.

- ¿Qué cosa?

- Me aleje. El verlo postrado en la cama, herido, casi muerto y las duras palabras de Gobber me derrotaron. – Miro a la joven guerrera, su mirada era de comprensión, cosa que lo agradecía. – Ve con tus niños, ahora necesitan a su madre, no a un viejo como yo.

- ¿Gobber?

- Él sabe que no estás enojada, aunque debes estar al pendiente de sus disculpas, hará lo que sea para compensar ese desliz.

- Lo sé, dile que no hay nada que perdonar, es solo que al ver a Zephyr llena de hollín y la herrería quemada, yo…. Me altere.

- Cómo toda madre haría, todo está bien, yo me encargo. Ve con ellos.

- Gracias.

Sin tardar, ni demorar, Astrid tomo camino a la casa. Stoick la vio alejarse, hace mucho que no tenía ese tipo de pláticas, solo esperaba que ahora estuviera haciendo lo correcto con su nueva familia. Se disponía a regresar con Gobber con calma, pero un nuevo escándalo llamo su atención, eran los gemelos quienes estaban molestando al herrero. Ahora se encontraban en el suelo, Gobber amenazando con el mazo que tenía por brazo izquierdo y a unos gemelos que no paraban de reír, este sería un largo día.

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Los niños parecían preocupados, apenas entro por esa puerta los niños la vieron, pero no fueron a recibirla como ella espera. La verdad no esperaba que fueran corriendo a abrazarla después de lo ocurrido, aun así, fue duro para ella el ver que no la recibían como esperaba. También los comprendía, tres meses sin ver a su madre y al llegar esta los regañaba, gran manera de decirles que los extrañó en todo ese tiempo.

Dejo sus cosas a un lado de la puerta, colgó su hacha en la pared, se encamino a la cocina y comenzó los preparativos para la cena. No era orgullo, sabía muy bien que ellos tuvieron parte de la culpa del incendio, no les diría nada, se veía claramente que ellos se sentían mal por lo ocurrido. Antes de que terminara escucho unos pequeños pasos, sabía que eran ellos.

Los pequeños brazos se cerraron a cada lado de su pierna, en ese momento dejo el cuchillo, se giró y se puso a sus alturas. Ellos rodearon su cuello en un abrazo, ocultaron sus rostros en su pecho y comenzaron a sacar esa pesada emoción que tenían en el pecho. Escucho los sollozos de ambos, su llorar y abrazando a ambos les sonrió. Escuchaba entre lágrimas y sollozos los "lo siento" de sus hijos, eso realmente demostraba que estaban arrepentidos por lo ocurrido.

Los separo un momento, para hacerlos ver su sonrisa, después de todo, para un niño, nada es más relajante, amoroso y cariñoso que la sonrisa de sus padres; al verla sonreírles ellos dejaron de llorar e intentaron limpiar las lágrimas de sus rostros. Ella con su mano, de manera delicada y amorosa, termino de limpiarlos.

- Mamí ¿Estás enojada con nosotros? – La pregunta de su hija la hizo ensanchar más su sonrisa.

- Claro que… a quien miento, un poco. – Esa era su madre, honesta hasta los huesos. Bajaron su mirada de manera entristecida, pero ella se las elevo de nuevo con su delicado toque, aquel que solo una madre puede dar. – Pero estaba más aterrada por pensar que algo malo les había ocurrido por sus discusiones.

- Perdón, no lo volveremos a hacer. – Dijeron ambos al mismo tiempo, acaricio sus mejillas y los vio detenidamente con una mirada comprensiva en su rostro.

- Ustedes son lo mejor que me ha pasado desde su padre, me dolería mucho, es más me moriría si algo les ocurriera. Lo mismo ocurre con su abuelo y su tío, así que, por favor, ya no discutan de esa manera ¿Me lo pueden prometer?

- Lo prometemos.

- Eso es, abrazo de dragón.

- ¡No!

Antes de que lograran escapar, su madre ya los tenía entre brazos para comenzar a repartir cosquillas a diestra y siniestra. Las risas inundaron la casa nuevamente, así al momento en que se abrió la puerta y por ella entraron tanto su tío como su abuelo, estos corrieron a recibirlos.

Los pequeños pidieron disculpas a su tío, al igual que este se las pidió a Astrid, la cual le dijo que entendía todo. Después de que los niños jugaran un poco con su tío, este decidió darles la noticia.

- A partir de la siguiente semana ustedes se prepararán para entrenar.

- ¿Entrenar? – Dijeron al mismo tiempo entrados en la curiosidad ¿Para que los querían entrenar?

- Así es, a su edad se les empieza a enseñar algo de combate. Esto es por lo general como ayuda para el reto del dragón.

- ¿Nos enseñaran a casar Dragones? – Nuffink realmente se veía motivado por las palabras de Gobber.

- Así es hijo, pero también para que se sepan defender por su cuenta. – Les dijo su madre quien le pasaba a Zephyr un plato lleno de comida. – Yo comencé el entrenamiento cuando tenía su edad, sus a…, digo Ragnar y Bertha me enseñaron.

- ¡Quiero ser un gran guerrero! – Dijo con emoción el niño, demostrándolo al elevar los brazos y con una sonrisa en el rostro, cosa que saco una carcajada a su abuelo.

- Claro que sí, serás el mejor.

Abuelo y nieto comenzaron a platicar del tema de manera alegre, pero Gobber y Astrid notaron algo diferente con Zephyr, parecía un tanto decaída. Se vieron unos momentos, recordando el tema del regalo de Gobber, por lo visto ella no quería pelear ¿Tal vez incluso era como Hiccup? ¿Tal vez no se le diera el combate?

- ¿Pa…? ¿Papá también entreno? – La pregunta de la niña acallo la animada conversación de abuelo y nieto, al igual que llamo la atención de todos, esa era la pregunta más importante del momento.

Stoick soltó aire y le sonrió, esa pregunta se la esperaba, solo que no sabía cómo responderla ¿Cómo decirle a una pequeña niña que su padre no era bueno en combate sino en otros oficios? Para su sorpresa, le fue fácil responderle.

- No, no era bueno en combate, de hecho, no podía ni levantar una espada, al menos no una grande. – Recordó cuando creo las armas de Astrid, ligeras y fuertes. – Sus habilidades no eran para combate, eran para otra cosa, eran para crear.

- ¿Crear? – Zephyr estaba interesada. - ¿Qué cosas creaba?

- Bueno, me ayudo con mi brazo prostético a su edad. – Les dijo Gobber mostrando su mano falsa. – También fue muy bueno creando espadas, escudos, utensilios, etc. ¿Sabían que la espada de su madre y su hacha las hizo su padre?

- ¡¿Enserio?! – La admiración y la sorpresa los hicieron ver a su madre, la cual les asintió y ella miro sus armas, las cuales descansaban en la pared, cerca de la puerta para la hora de partir a sus encomiendas.

- Sí, su padre era increíble en eso, nadie le podía igualar.

- Pero no en combate ¿Verdad? – A Nuffink aún le daba curiosidad esa parte. - ¿Cómo podía manejar las herramientas de la forja si no podía levantar ni una espada?

- Bueno, una vez se me acerco con un pedido. Me pidió que le hiciera un mazo, pinzas y martillo ligeros, pero resistentes. Esas fueron sus herramientas hasta que pudo utilizar las normales. – La respuesta de Gobber hizo que la pequeña viera su martillo ¿Sería posible que fuera el de su padre?

- La respuesta a esa pregunta en tu cabecita es sí, ese martillo le pertenecía a tu padre. Pense que era hora de dártelo.

La pequeña corrió a tomar su herramienta, se regresó con esta a la mesa y al sentarse no dejaba de abrazarla. Tener algo de su padre en sus manos la alegraba en demasía. Nuffink al contrario, se encamino a ver las armas de su madre, pero no las de la pared. Se encamino a la sala, sobre la chimenea estaban las armas de cuando era niña. La espada que gano en la prueba del dragón y su primera hacha.

Su madre se acercó por detrás, tomo ambas en sus manos y se las entregó a su hijo. Al igual que con su hermana, este se sentía alegre de tener algo de su padre, en específico algo que había creado para su madre. Sintió el peso de ambas, admiro los filos y la belleza del trabajo en ambas. Su padre, por lo que veía, era alguien detallista en su trabajo. Miro a su madre y ambos se sentaron de vuelta a la mesa, pero a Nuffink le carcomía una duda sobre este tema.

- Si no podía utilizar armas o herramientas convencionales ¿En que arma era bueno entonces? ¿Cuchillos? ¿Escudo? ¿Arco? ¿Boleadoras? – Las palabras de Nuffink los hizo preguntarse lo mismo, jamás se habían preguntado en que otras armas podían probar a Hiccup.

- La verdad es que nunca buscamos otras opciones.

- ¿Por qué abuelito?

- Bueno, entre nosotros es más común utilizar espada, mazo, hacha y el escudo ni se hable. Pero jamás nos preguntamos en que otras armas era bueno.

- Ahora que lo pienso, una vez vi que dibujaba un bosquejo algo alocado, algo parecido a un arco. – Gobber intentaba recordar que era ese diseño, pero termino viendo el escudo de Stoick, el cual también estaba al lado de la puerta. El escudo, de alguna manera, le decía que estaba relacionado con ese diseño.

- ¿Un arco? ¿Diseño un arco?

- Stoick, ese muchacho tenía una imaginación y creatividad tremendas, cualquier cosa alocada pudo salir de esa cabeza suya. Lo buscare más tarde, aún tengo sus notas.

- Pues sea cual sea el objeto con lo que él era bueno, estamos seguros de que para el combate no era bueno. – Todos asintieron. – Además de que también era bueno en algo.

- ¿En qué cosa? – Preguntaron los niños. – En valía.

- ¿Valía?

- Si, su padre era el hombre más valiente, cabeza dura y honorable que haya existido. Aprendan de eso ¿De acuerdo?

- ¡Sí!

- Perfecto, ahora, a la cama, que ya es tarde.

Las quejas no tardaron en llegar, después de todo querían seguir escuchando cosas sobre su padre. Entre Stoick y Astrid, tomaron a los pequeños para prepararlos para dormir. Entre risas, correteos y batallas para poner los pijamas, los pequeños se fueron a dormir, dejando a los tres adultos a solas.

Gobber se encargó de lavar los platos, su mano postiza la cambio por un palo con una escobeta. Al terminar se acercó con un par de tarros llenos de vino caliente, los cuales se los dio a Astrid y Stoick. Una vez sentados frente a la chimenea, los tres se dejaron relajar y soltar un respiro.

- Esos dos son todo un caso, tendrás mucho que lidiar con ellos Astrid.

- Ni que lo digas, Gobber. Toma por ejemplo lo ocurrido hoy, ya quiero ver en que se convertirán esos dos.

- En un tornado viviente, ni los gemelos los aguantan.

- ¿Enserio?

- ¡Claro! Los pusieron en su lugar cuando se vengaron de la broma que les hicieron.

- ¡Por Odín! ¿Qué le hicieron esos dos a mis pequeños?

- Cambiaron sus bebidas en el gran salón por vinagre, algo inocente. A tus pequeños dragoncitos no les gusto la broma, así que se vengaron.

- ¿Qué les hicieron?

- Mañana que los veas caminar los notaras un tanto encorvados. Su venganza tuvo como objetos soga, palos, piedras y una cabra.

- ¿Fue idea de quién?

- De Zephyr, esa niña es como su padre. Sabe pensar las cosas antes de actuar.

Después de ese comentario no tardaron ellos también en reír, Stoick en ese momento se sentía lleno, alegre y completo. Miro al fuego unos momentos y sonrió ante una idea, un pensamiento pasajero. Se imaginó por unos momentos a su hijo, sentado entre ellos como ahora y platicando cosas sobre sus hijos. Se guardó ese momento para sí mismo, lo atesoraría para toda su vida. Observo a Astrid y su amigo, luego, en secreto, dijo una plegaría. Qué su hijo, en donde quiera que se encontrara, que fuera feliz y, qué si era posible, conociera a sus dos retoños.