Disclaimer: personajes de JK.


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II

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-Su atención, por favor- habla el profesor Lupin –Permítanme presentar al nuevo miembro de la Orden-

Cuando Draco Malfoy entra a la habitación, el silencio corta el aire.

Ojos se abren expectativos, furiosos, desconcertados, y las quejas no se hacen esperar.

Hermione no reacciona. No está segura si debería. Por si las dudas, se queda quieta y espera que algo más pase.

Harry ya lo sabía, su calma lo revela. Los miembros más antiguos no parecen sorprendidos. Son los jóvenes, como Neville o Ron son los que protestan.

Pero Draco Malfoy, al parecer, ha sido un espía muy útil, según Lupin, y es un elemento de gran importancia.

Hermione no reacciona.

Draco Malfoy tampoco. Él está impávido, inamovible, sin expresión que delate lo que está pasando por su cabeza.

La reunión termina y muchos miembros (la mayoría Weasley) salen hechos furia.

Ella no ha reaccionado.

Cuando el rubio pasa a su lado, en su camino a la salida, le dirige una mirada intensa –Gusto en volver a verte, Granger- le dice.

Parpadea rápido, sin saber cómo responder.

Para cuando su boca se abre, el rubio ya ha salido por la puerta.

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Ella entra a su habitación cuando la noche ha caído. El frío se cuela por la ventana, pero no le importa.

Un olor a cigarro la desconcierta y recuerda que cuando salió esa tarde, la ventana estaba cerrada.

De inmediato saca la varita y agudiza la mirada.

Nota una figura sentada en la silla de su escritorio y aún en la oscuridad es capaz de reconocerlo.

Draco Malfoy.

Resoplando, cierra la puerta tras de ella y se quita los zapatos. Lo ha evitado todo el día, pero al parecer el rubio también va a quedarse en Grimmuld Place.

-No has regresado- le dice.

Su voz es igual a como ella la recuerda. Grave. Ronca. Fría.

-No has regresado- le repite.

-Te escuché la primera vez- resopla, cerrando la ventana, ignorando el olor masculino que despide y que ahora invade toda su habitación –Dije que tal vez, Malfoy-

Por fin lo mira a los ojos y el cabrón tiene esa sonrisa lasciva que le robaría el corazón a cualquiera.

Él se queda en silencio por un rato.

Lo puede sentir mirarla mientras ella se mueve por todo el cuarto, limpiando y recogiendo el desastre que dejó por la mañana.

Ignora el calor en su pecho y la sacudida en sus nervios cada vez que lo ve por su periferia.

Ella no habla y él tampoco. La atmósfera se vuelve tensa.

-¿Qué quieres Malfoy?- pregunta enojada. Cabreada. Nerviosa. Impaciente.

El maldito luce extrañamente complacido consigo mismo. Al parecer ha logrado el efecto que quería, y la irrita descomunalmente, no está de humor para juegos. Y Draco Malfoy no va a jugar con ella.

Pero sus palabras salen cuando ya no la mira –Sacarte de mi maldita mente- le responde. La sonrisa regresa, predadora, pero su expresión lo dice todo.

Está hablando en serio.

Ahora ella se detiene. Ya no pretende estar tendiendo la cama o cerrando un cajón –De todas las mujeres con las que te has acostado, ¿porqué tendría yo que estar en tu mente?-

-Honestamente- bufa –No tengo la más mínima idea- se levanta de la silla y se acerca –Pero voy a hacerlo- sisea.

Ella roda los ojos –Por mí, haz lo que quieras-

Draco sonríe –Yo que tú, procuraría no darme tanta libertad-

Ella suspira -¿Qué quieres?- y está frenética. Con cada oración, él se ha acercado y tendría que ser una idiota farsante para negar que no se siente desconcertada.

Los recuerdos la bombardean. Piel desnuda. Besos húmedos. Gemidos. Dientes. Labios.

-Te lo dije ya- responde, agachando la cabeza porque él es demasiado alto –Sacarte de mi mente- le susurra contra los labios -¿Tú qué quieres?-

-Sentir…- suelta sin pensarlo. Y es la verdad, la cruel, patética, mísera verdad –Quiero sentir-

Él se queda callado. La estudia. Ella lo estudia a él.

-Sentir…- habla él, levantando la mano y pasándola sobre su mejilla -Quieres sentir- el significado de sus palabras caen con la fuerza de un abismo.

Pregunta. Respuesta. Deseo. Repulsión.

Y ella se aturde en gris.

Lo entiende. Por fin lo entiende.

Él es su escape. Su vía de cordura.

No más Ron. No más llorar por las noches. No más verlo por los pasillos de la casa, anhelando su toque, mordiendo sus labios, aguantando cada lágrima que quiere salir.

No más Hermione. No más mártir. No más santa.

No más mentiras. No más te amo pero no es suficiente. No más decepción. Porque esto no significa nada, y lo que no significa nada, no puede lastimarla.

Draco Malfoy es su válvula a una libertad irreal pero igual de estrepitosa.

El silencio se alarga.

Sacude sus hombros, dándose cuenta que todo este tiempo sus manos han estando temblando.

Lo mira a los ojos. Negros. Grises. Oscuros. Profundos. Repletos de un misterio que no quiere desmantelar.

-Sin mentiras- le susurra –Sin implicaciones que no son verdaderas- y ahora es ella la que acerca sus labios a él –Quiero que seas real conmigo-

Él escucha.

-Puedes tenerme, todo lo que quieras, hasta que me saques de tu mente- la resolución aumenta, sus latidos enfurecen y la vida parece adquirir un nuevo sentido –Pero si me deseas, más te vale que yo lo sienta-

Él sonríe.

-Si estás furioso, quiero tu furia. Si quieres tocarme, sentirme, quiero que nunca me mientas-

Él la examina.

Cada palabra. Gesto. Matiz en su voz.

-Te prometo- le susurra –Que conmigo tendrás la completa y no censurada versión, Granger- la apresa entre sus brazos –No prometo que vaya a gustarte-

Ella aleja un poco la cabeza –A ti tampoco te va a gustar-

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Quien fuera hermione caray...

Sari