¿Quién es el padre?

VII

Hanji observó con atención la mirada asesina que Levi le devolvió a Eren. Parecía cuestionar "¿qué le contaste a esta loca? ¿Y qué diablos se está inventando?". Vio a Eren negar con la cabeza y Levi cambió su mirada acusadora hacia ella.

—Explícate —exigió—. ¿Qué es eso de embarazado, loca de los disparates?

—Oh, ¿de verdad quieres saber? —cuestionó, insinuante—. Después de todo, esto tiene que ver mucho contigo.

Levi estrechó los ojos, amenazadores.

—Hanji —intervino Erwin—, ya es hora de que nos expliques qué sabes.

Hanji sonrió y se dispuso a contarle todo con detalles.

—Lo primero en lo que reparé fue que los síntomas iniciales de Eren eran consecuentes con las señales de un embarazo en sus primeras semanas.

—¿¡No era broma!? —cuestionó Petra, sorprendida.

—Al comienzo de un embarazo —continuó Hanji, poniéndose seria— pueden sentirse síntomas como un leve malestar. No necesariamente se siente como estar enfermo, pero sí te percibes diferente, como en el inicio de un resfriado o después de un día agotador, o al menos así lo describió Eren. Los responsables de este estado son otros ajustes en el cuerpo durante la gestación, ya que desde el principio mismo de la concepción, el cuerpo se da a la tarea de iniciar los cambios necesarios para sostener el embarazo. Estos ajustes corporales provocan una gran cuota de cansancio. En el caso de Eren que es hombre, trajo mucho más dolor de lo usual, ya que su cuerpo tenía que modificarse y adaptarse más que el de una mujer.

—¿Me sentía sin energías todo el tiempo porque mi cuerpo se estaba modificando? —cuestionó Eren y luego agregó alarmado— ¿¡Qué tanto voy a cambiar!?

—Espera, Eren —ordenó Levi— Deja que explique todo.

Eren lo miró como si no pudiera creer su tranquilidad al hablar.

—Prosigue, Hanji —pidió Erwin.

Ella cabeceó en acuerdo y se acomodó las gafas.

—Otros de los síntomas típicos de un embarazo son las náuseas. Lo que las hace particular para detectar un embarazo es que suelen ir acompañadas de leves mareos y generalmente se presentan en las mañanas. Pero lo que en definitiva me hizo sospechar sobre esta posibilidad fue el sentido del olfato sensible que Eren comenzó a experimentar.

Hizo una pausa. Nadie habló.

—Al estar en un embarazo —prosiguió—, a veces se perciben olores que antes pasaban desapercibidos, o aromas a los que se estaba acostumbrado, causan repulsión. Esto lo comprobé poniendo un ajo bajo su almohada por tres días. Eren despertaba sintiéndose como si lo hubiese masticado, pero eso se debía a su extrema sensibilidad en el olfato. Esa misma sensibilidad era la que le hacía vomitar al no poder soportar el aroma de los alimentos.

La segunda pausa que hizo fue para repasar en su cabeza todo lo importante que debía comunicar, ya que existían otros detalles que solo le pertenecían a ella como científica.

—Por supuesto, nada de eso era del todo concluyente, así que había comenzado previamente a medir su temperatura y pulso. Con ello pude comprobar otros tres síntomas típicos de embarazo: aumento de temperatura basal, elevado ritmo cardíaco y baja presión arterial —señaló, mirando a Eren—. Con basal me refiero a la temperatura del cuerpo descansado, como cuando te despiertas en la mañana. En una mujer, la temperatura basal ronda los 36 grados centígrados y cerca del momento de la ovulación puede aumentar medio grado. Eren estaba sobre los 40. ¿Sientes más calor de lo normal, no?

Eren asintió de inmediato y comentó:

—Pensé que era por el sobreesfuerzo de mi cuerpo.

—¿Con 40 grados no significa que tiene fiebre? —preguntó Gunta.

—Por supuesto —sonrió Hanji—, para cualquier ser humano eso sería tener fiebre, pero en el caso de Eren su temperatura normal es de 39 grados, debido a su condición de titán. En las mañanas llega a 40 por lo que acabo de explicar.

—Hanji, ¿es una certeza? —preguntó Erwin— ¿Eren de verdad está embarazado?

—Por la naturaleza anormal de él, no puedo tener certeza de nada —dijo Hanji— pero todos los síntomas son consistentes con un embarazo, incluyendo el vientre abultado, el color de la orina y sus malestares.

Cuando dijo "vientre abultado", todas las cabezas se volvieron a Eren, quien estaba envuelto en una manta sin ajustar a su cuerpo. Fue obvio para todos que él había intentado esconder ese detalle.

—Yo diría que estoy 60% segura —continuó Hanji.

—Un 60% no me parece suficiente para confirmar esta situación —estableció Erwin—. Debes lograr una confirmación por lo menos sobre el 90%. No podremos manejar esto frente a las autoridades de Sina sin saber precisamente a qué debemos atenernos.

—Le siento moverse.

Los ojos de cada uno de los presentes se abrieron de par en par con lo dicho por Eren.

La taza que Levi sostenía en su mano derecha, desde el borde superior, resbaló y se hizo añicos contra la mesa.

VIII

El primero en reaccionar fue Auruo:

—¿Pero cómo es posible? ¡Eren es un hombre!

—Sí, pero no es tan descabellado si tienes en cuenta que los titanes no tienen un sexo definido —explicó Hanji, satisfecha por la sorpresa evidente en todos. La mirada impactada que Levi mantenía desde la afirmación de Eren le parecía especialmente placentera—. En otras palabras, podríamos decir que contienen ambos sexos y en este caso fue usado el adn femenino. La otra mitad de Eren es la de un ser humano y en esta especie es un hombre quien penetra y fecunda. Si juntas ambos factores, no es imposible.

De pronto gritó emocionada.

—Sería interesante saber si puedes ser embarazado por una mujer, ¡es algo que tendremos que comprobar más adelante, Eren! Ahora te preñaste de Levi, pero después debemos que intentarlo con…

—¡Mayor! —exclamó Eren, viendo con terror a Levi, quien acababa de pasar de su mirada conmocionada a cerrar de plano los ojos.

—Es un hecho, entonces —afirmó Erwin, llamando la atención de Eren, quien volvió a mostrarse deprimido.

—Yo aún no lo puedo creer del todo, Comandante —dijo—, aunque le siento moverse, esta situación me parece... increíble.

—Ya te lo dije, Eren —intervino Hanji— No es más sorprendente que tu condición de titán.

Se quedaron en silencio. Erwin no tardó en retirarse de la sala con Mike, diciendo que crearía un plan de contingencia, ya que la situación podía volverse en contra de ellos si llegaba a oídos de Sina antes de que estuviesen preparados.

—¿Con el Capitán? —cuestionó Petra luego de unos minutos, quien se había quedado estancada en ese punto de la conversación.

Al escucharla, los presentes observaron a Levi, quien se puso de pie con la mirada oscurecida, fija en Eren. Casi al mismo tiempo todos lo imitaron con miedo y enfilaron su retirada hacia la puerta en franca huida, incluido el mismo Eren. El Capitán lucía aterrador en ese momento.

—Eren —dijo Levi con tono exigente.

El aludido se detuvo y tragó saliva.

—Suerte, Eren —deseó Hanji, antes de cerrar la puerta tras ella.

Eren le dio una mirada entre suplicante y enfadada antes de verle desaparecer por completo. «Siempre me dejan solo y lo único que hacen es desearme suerte», lamentó en su cabeza. Se removió incómodo, insistió en pasar saliva y se quedó allí de pie, de espaldas al Capitán. Difícilmente recordaba haber estado más asustado en su presencia. Apenas se atrevió a girar y quedar frente a él, pudo percatarse que su expresión era muy intensa, similar a la que tenía al estar decidido a eliminar un titán.

—Señor, ¡yo no le dije nada! —exclamó acobardado.

—Levántate la camisa —ordenó Levi.

—¿¡Qué!?

—Quiero verlo por mí mismo. Hazlo.

Como Eren no reaccionó y sólo continuó inmóvil, Levi perdió la paciencia y salvó la distancia entre ellos. Abrió la manta con la mano izquierda y elevó la camisa hasta su pecho con la otra. Sí, el vientre estaba abultado en una curva considerable, pero no fue hasta que posó su palma derecha en ella que algo pasó en su interior.

Le sintió moverse. Eren, que también lo había percibido, se quebró.

—No sé qué saldrá de mí —dijo con una voz rota que se resistía a soltar las ideas que tanto lo habían torturado en la intimidad de su habitación—. No sé si será un humano, un titán o algo peor.

Levi retiró la mano.

—No pienses en ello. No hay forma de saberlo —replicó.

—Si es un titán lo despreciará, ¿no es así?

La pregunta provocó que Levi entrecerrara los ojos y dijera su nombre con intención:

—Eren.

—¿Qué?

—Cálmate.

Eren le dio la espalda. Se daba cuenta de las ganas que tenía de soltar todo. Guardarse para sí sus temores personales no era algo que funcionara frente a Levi. Siempre terminaba por manifestárselos de una u otra manera, como si su opinión bastara para hacerlo sentir en el rumbo correcto.

—No puedo, esto es algo totalmente distinto a mi transformación —dejó ir por fin y aunque se arrepintió de abrir la boca, no pudo parar—: Al menos eso puedo usarlo para conseguir mi objetivo de eliminar todos los titanes y hacer la humanidad libre, pero esto…

—¿Esto qué? —cuestionó Levi, luego de una larga pausa.

—Es una rareza —masculló—, algo que…

—Por supuesto que es una rareza —interrumpió Levi—. Tú mismo lo eres.

Eren inclinó la cabeza hacia adelante, herido.

—Tiene razón, aunque hay algo que necesito advertirle —se detuvo y lo observó por sobre su hombro; Levi le devolvió una mirada interrogante—. Lo he pensado mucho y no sé qué pasará ahora, pero no permitiré que nada le suceda, ¿entiende? A lo que sea que salga de mí, nadie le pondrá una mano encima. Nadie.

Levi hizo un sonido de interés.

—¿Qué te hace imaginar que yo no pienso lo mismo?

Eren lo miró con sorpresa y cuando percibió sus ojos humedecerse, se cubrió la cara con la palma derecha. El torrente de emociones que la respuesta de su superior había desatado era difícil de explicar.

Levi le puso una mano en el hombro y dijo:

—Somos fuertes, Eren. Nadie podrá tocarlo.

—¿Ni siquiera si se lo ordenan, Capitán?

IX

—Mayor Hanji, el Comandante Erwin quiere verla.

Hanji dejó de escuchar tras la puerta y le hizo un gesto de silencio al cabo. Volvió a apoyarse en la madera, pero no logró captar ninguna otra palabra. ¿Qué le habría respondido Levi? ¿De verdad sería capaz de sacrificar lo que saliera de Eren ante una orden?

Conociéndolo, era seguro que sí. Si se había atrevido a ponerle una mano encima a Eren, dudaba que fuera de forma desinteresada. Algo debía sentir por él, pero era un sujeto que había visto por varios años obedecer cada una de las órdenes de Erwin, ¿por qué tendría que ser distinto con esto, por muy implicado que estuviese?

Apretó más el oído, tratando de escuchar algo más. Entonces la puerta se abrió y ella soltó un sonido alarmado, ya que perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer hacia adentro.

—Muévete, loca de los fenómenos —ordenó Levi, observándola con su misma expresión de siempre, aunque había enojo en su voz.

—Fenómeno de la limpieza —devolvió, por pura costumbre—, ¿te harás cargo de tu responsabilidad?

Surgió un duelo de miradas entre ambos que solo fue interrumpido por la voz del soldado enviado por Erwin.

—Mayor —insistió el cabo.

—Espere un segundo —pidió y pasó por el lado de Levi como si no existiera, ignorando su siseo molesto, para asomarse al interior. Eren estaba sentado en la mesa, con el rostro enterrado en un brazo. Era obvio que estaba llorando.

—¡Eren! —exclamó preocupada.

—El Comandante la necesita —volvió a hablar el cabo, con menos paciencia en su voz.

Hanji apretó los dientes. En esas condiciones, no podría hablar con Eren en paz para decirle que ella estaba de su lado.

—Ya voy —repitió con resignación y, luego de darle un vistazo enojada a Levi, siguió al soldado por los pasillos hasta la planta superior donde se ubicaba el despacho de Erwin. Entró sin tocar y se cuadró ante su escritorio.

—¿Qué deseas? —cuestionó, ansiosa por terminar pronto para ir en apoyo del muchacho.

—Tu opinión —puntualizó Erwin con calma—. ¿Qué podemos esperar de esta situación?

—¿Por qué lo preguntas? —indagó sin comprender.

—Lo que requiero saber es qué crees que nacerá de Eren —explicó Erwin—. De eso depende cómo plantearé esto en Sina.

Hanji meditó su respuesta:

—Es imposible saberlo con certeza, pero mi hipótesis es que lo engendrado será como Eren —elucubró, consciente de que la opinión que entregara sería determinante para proteger el futuro de Eren—. Poseerá la capacidad de transformarse y tendrá forma e inteligencia humana. No creo que Sina deba considerarlo un peligro para la humanidad, menos con ellos como padres.

—Como tú dijiste, es imposible saberlo —destacó Erwin, entrelazando sus dedos y apoyando el mentón en ellos.

—Son Eren y Levi —recordó Hanji, vehemente.

—La naturaleza de Eren es impredecible —dijo Erwin, suavemente.

—Espera un momento, Erwin —atajó Hanji—, es innecesario asumir el peor escenario. Deberías tomarlo con calma.

—Eso no haría ningún bien. Sin duda la Policía Militar creerá que estamos trayendo un nuevo peligro para la humanidad.

Los ojos de Hanji se abrieron sorprendidos.

—¿¡No estarás pensando en sacrificarlo, verdad!?

—Espero que no sea necesario.

—¡Erwin! —elevó la voz, indignada por lo que acaba de escuchar— ¡No puedes estar hablando en serio!

—No soy capaz de prever cuáles serán las órdenes de Sina —argumentó Erwin—. Tanto si es un titán o un semi humano, le temerán igual o más que al mismo Eren.

—¿Te das cuenta de lo que estás diciendo? —cuestionó con saña— Eren jamás lo entregaría.

—¿Crees que pueda traicionarnos?

Hanji no se detuvo ni un segundo a pensar su respuesta:

—No, lo que creo es que nadie tiene derecho a arrebatarle lo que surgirá de él —dijo con convicción—. Es cierto que ignoramos con certeza cuál será su naturaleza, pero es un hijo de todas formas. Debe verse de ese modo.

—Será una situación difícil —concluyó Erwin.

—Tan difícil como tú lo quieras —señaló, recalcándole que la responsabilidad estaba directamente en sus manos—. Aunque si esa es la decisión que vas a tomar, puedo anticiparte que me perderás a mí y a Eren. Quizás también a Levi y todo su escuadrón.

Los ojos de Erwin se oscurecieron. Hanji consideró ese un buen momento para desaparecer de allí.

X

Eren continuaba con la cara enterrada entre sus brazos. No se había movido de la sala desde que Levi había pasado por su lado para irse, sin decirle nada. Sus esfuerzos por parar de llorar fueron en vano.

"—Somos fuertes, Eren. Nadie podrá tocarlo.

—¿Ni siquiera si se lo ordenan, Capitán?"

Le había hecho una pregunta demasiado directa, sin embargo, Levi se había quedado en silencio.

Y ese silencio dolía.

¿No podía ser cierto, verdad? Él no sería capaz de permitir que le arrebataran a lo que sea que estuviese anidado en su interior. Su carácter era fuerte, pero jamás había dado muestras de no tener en consideración sus sentimientos o los de cualquier otra persona que lo rodeara.

Lo que había pasado entre ellos era una muestra de su sensibilidad.

Comenzó a recordar cómo se dio todo. Poco después de llegar al Castillo, la Mayor Hanji pidió permiso para experimentar si era posible detener su transformación de titán de forma exitosa, cortándole brazos y piernas en el proceso. Para ello lo habían metido en un pozo donde debía transformarse a la señal, pero aunque vio la bengala elevarse en el cielo, no logró hacerlo por más que mordió sus manos. Después de esa prueba fallida, estaba tomando un té junto al escuadrón de Levi en el instante en que una cuchara resbaló de sus dedos —producto del dolor de sus heridas que no sanaban—. Nada más querer alcanzarla, su brazo se transformó en titán, sin que él deseara hacerlo. Se preguntó desesperado en ese momento «¿Por qué ahora? ¿Por qué no en el pozo?»

Lo peor fue darse cuenta que todo el escuadrón con el que había estado compartiendo una agradable taza de té, había estado dispuesto a matarlo en un segundo. Ese descubrimiento de la enorme desconfianza que le tenían lo golpeó muy fuerte, incluso teniendo en cuenta que el Capitán Levi le había explicado luego que esa era la forma en la que sobrevivía la elite de las Tropas de Exploración: tomando decisiones frías y rápidas, por más desagradables que pudiesen ser.

Sin embargo, aunque comprendió sus palabras y la Mayor Hanji convenció al grupo sobre que su transformación había sido involuntaria, no logró sacarse de adentro la sensación de que se encontraba solo, que nunca nadie podría volver a confiar 100% en él porque era un monstruo. Lo único con lo que podía contar era con la fidelidad de Armin y Mikasa. Ellos eran los únicos que sí confiarían en él, pasara lo que pasara, ya que lo conocían desde antes que su naturaleza de titán se revelase.

Esos pensamientos lo torturaron hasta la noche de ese mismo día, cuando Levi se acercó al sótano del castillo, donde se encontraba su habitación.

—¿Cómo te encuentras? —le había preguntado.

—Bien, señor.

—¿Sanaron las heridas de tus manos?

—Sí, Capitán.

—Muy bien —había aceptado Levi, girando para marcharse—. Prepárate bien. Pronto tendremos una misión en la que se comprobará tu utilidad.

Eren había asentido ausente. De pronto notó que el Capitán le miraba con atención. Se sintió expuesto, de igual modo como si todos sus pensamientos hubiesen sido leídos por él.

—¿Por qué tienes esa expresión, Eren?

—No, yo… —había titubeado. Su primera intención fue negar, pero se encontró a sí mismo diciéndole la verdad—: Sólo me preguntaba si usted alguna vez podrá confiar en mí.

—Eso no es necesario.

—¿Por qué? —preguntó con tono herido.

—El lema de la Tropa de Exploración es "Sólo la voluntad nos hará regresar con vida de una exploración" —recitó Levi—. Por eso te elegí. "Voy a matar a todos los titanes", ¿no fue eso lo que dijiste? —hizo una pausa— Me basta confiar en tu fuerza de voluntad.

Eren, que había mantenido la mirada en el suelo, la elevó al sentir la puerta cerrarse. Los pies del Capitán entraron en su campo visual, sobresaltándolo.

—Tu voluntad no puede ser detenida, ¿verdad, Eren?

En ese instante quiso decir «No, señor», pero estaba tan nervioso por la cercanía del otro que lo único que pudo hacer fue abrir más los ojos al sentir una mano en su mentón y su boca contra la suya. Ese simple acto había bastado para desatar toda su necesidad. Se había aferrado a sus ropas, impidiéndole que se separara y cuando sus ojos fieros dieron en su rostro, le suplicó con la mirada que no se detuviera.

Había terminado con él en la cama, desnudos, dejando que el Capitán entrara en su cuerpo como nunca imaginó que sería posible. La fuerza de su superior le otorgaba toda la seguridad que en ese momento anhelaba.

«Pero no había sido más que eso» pensó dejando de recordar «Él hizo eso para consolarme, ¿verdad? Por nada más».

Había sido un tonto por preguntarle si protegería al ser en su interior a toda costa, incluso por sobre las órdenes de Erwin o Sina. Levi era un hombre considerado, pero jamás pasaría a llevar la cadena de mando, a pesar de su aterradora fuerza que le permitía matar a dos titanes en cosa de segundos.

De pronto percibió un movimiento en su estómago y volvió sentirse tan lejano a la humanidad como cuando su naturaleza de titán había sido descubierta por todas las Tropas junto a los muros —y casi había sido asesinado por una bala de cañón—; igual de solo y apartado como luego de transformarse al coger la cuchara. Deseó con todas sus fuerzas que él viniera a calmarlo otra vez.

«Pero eso no va a suceder, ¿no es cierto, Capitán Levi?»

Lo que tenía dentro acomodándose le hacía recordar que era un fenómeno, un monstruo para todos los de la Legión. Incluso para el escuadrón de Levi, los que recién habían decidido darle una oportunidad afirmando que el futuro dependía de él, que lo protegerían; ¿cambiarían de opinión al pensar bien en las implicancias de su embarazo? Quizás debía estar preparado para que volviesen a intentar matarlo a la primera oportunidad en que algo saliese mal.

¿Armin y Mikasa le apoyarían? Sí, creía que aún podía confiar en ellos, pero no logró evitar que lo asaltarla el temor de que les resultara el colmo de lo inhumano por ser, además un titán, un bicho raro que ahora daría a luz quizás qué.

Sí, no podía saber qué iba a nacer de él. ¿Sería humano o titán? ¿O ambas cosas? ¿Sería algo diferente, inimaginable?

Apretó los dientes para contener las ganas de continuar llorando. Había pasado muchos días en cama, sin otra cosa que hacer que percibirlo allí. Y ese algo en su interior le hacía creer que le entendía y que reaccionaba a sus emociones. Le sentía moverse con fuerza, como haciéndole saber que ya estaba presente, a pesar de tener solo un mes de embarazo. No, el problema de la forma era lo de menos. Lo que tenía en su interior le comprendía, estaba seguro. Era un ser inteligente y con sentimientos.

¿Qué iba a suceder ahora con él? No lo sabía, pero en ese momento la única certeza que tenía es que lucharía. Lucharía contra los titanes con la misma determinación con la que protegería a su hijo.

«Mi hijo», repitió en su mente.

—Te lo prometo. Te cuidaré —dijo en voz alta.

Se sobresaltó al sentir que su abdomen era pateado desde el interior. Tanto que le costó reaccionar luego de recibir un manotazo en la espalda.

—¡Así se habla! Ese es el Eren que yo conozco —lo felicitó Hanji, feliz—. Ahora volvamos a tu habitación y deja de lagrimear. No tienes nada de qué preocuparte. El loco de la limpieza no te decepcionará.

Hanji lo decía con conocimiento de causa, porque aparte de que Eren tenía todo su apoyo, asimismo podía contar con el de Levi. Hanji se lo había cruzado luego de salir del despacho de Erwin. Él estaba apoyado en la muralla, con un pie en ella y dijo una sola frase al pasar por su lado, antes de entrar:

—Asumiré la responsabilidad, loca de las gafas.

XI

Levi permanecía en silencio mientras Erwin revisaba unos papeles recién llegados de Sina, sin darse por aludido por su presencia. No le había mirado ni una sola vez.

Desde que había entrado bajo su servicio, varios años ya desde eso, era la primera ocasión en que lo hacía enojar. Podía verlo con claridad en sus facciones, más duras de lo normal.

—¿Cómo sucedió esto? —interrogó Erwin de pronto.

Levi soltó un sonido de irritación.

—Los detalles son innecesarios.

Erwin dejó los documentos sobre la mesa y juntó ambas manos en un puño.

—¿No crees que esto compromete tu responsabilidad? —cuestionó— Tú sabes el plan que tenemos por delante, es necesario descubrir al traidor entre nuestras filas.

—Por supuesto. Esto no afecta en nada nuestros planes —afirmó Levi estoico—. Lo que haremos en ese bosque será proteger a Eren con nuestra vida. No es distinto a lo que deseo hacer.

—¿Y si en un futuro fuese necesario exterminarlo? Si por ejemplo, se saliera de control sin retorno.

—Erwin —interrumpió Levi.

—Es algo que podría suceder.

Levi le mantuvo la mirada:

—Sé muy bien que Eren será usado como arma de la humanidad. E incluso si yo me opusiera a ese fin, el mocoso no lo permitiría —señaló—. No dejaría de luchar. Su motivación para exterminar titanes es muy fuerte.

—¿Entonces? ¿Qué harás si sale un peligro superior de su vientre?

La pregunta de Erwin no lo tomó por sorpresa. Había comprendido con claridad cuál era su punto.

—No me importa lo que salga de él, lo controlaré —declaró, respondiendo directamente a la cuestión—. Pero si te sirve como arma, no lo tendrás.

Erwin cerró los ojos y dijo:

—Eso pensé.

—Tú conoces mi pasado —continuó—. Ya he sacrificado demasiado por la causa. Mi engendro es mi límite.

—No puedo prometerte que estará a salvo, Levi. Esto no debió suceder.

Levi se acercó más al escritorio tras las palabras acusadoras de Erwin.

—Si lo que deseas es que admita que cometí un error tocando a Eren, eso tendrás: fue un error que no pensaba repetir —admitió, con voz dura—. Ese error tuvo una inesperada consecuencia de la que debo hacerme cargo. Y si quieres que sea sincero, mis sentimientos por ese mocoso no son los que debería tener un oficial de mi rango, pero estaba dispuesto a sacrificar lo que sentía por el bien de la misión.

—¿Y ahora? —presionó Erwin.

—Ya te lo he dicho, mi engendro es mi límite.

Luego de su reiteración, se midieron en silencio. Erwin fue el primero en volver a hablar:

—¿Qué sugieres que haga?

—Maneja esto lo mejor que puedas con Sina —recomendó Levi, instantáneamente y continuó—: A cambio Eren y yo lucharemos con todo lo que tenemos. No cambiaremos los planes, solo el tiempo en que los ejecutaremos. Podrás apoyarte en nosotros.

—No puedo creer que la situación pueda ser vista de la misma forma —rechazó Erwin—. Esto cambia todo.

Levi le dio la espalda y abrió la puerta.

—Lo único que cambiará es que tendremos una razón más fuerte para vencer.

Erwin asintió y Levi sonrió levemente luego de cerrar la puerta tras sí.

Había ganado.

Ahora lo único que tenía por delante era una conversación muy seria con Eren.

Continuará…

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