¡Hola!
Bueno, he venido desde el inframundo para traerles el segundo capítulo, espero lo disfruten. Tenía ganas de subirlo antes, pero con todo eso del terremoto y que la luz va y viene, se me hizo algo difícil.
Gracias a las personas que comentaron, a Smithback, Mai y Chicamalfoy (Sí, ellos dos murieron), les agradezco aquí ya que no me dejaron sus correos.
Ahora, a leer.
- ¡Noooooooooooo! –.
Ése tétrico alarido, que se escuchó por todas las habitaciones, de seguro que despertó a más de uno en la casa, de seguro que asustó hasta el más valiente, y de seguro que no dejaría volver a dormir a nadie.
Hermione desgarraba su garganta, culpa de aquel alarido por una de sus interminables pesadillas, no le gustaba dormir, no sabiendo que despertaría en ésa situación. Su menudo cuerpo estaba bañado en sudor, perlándolo a la luz de la tenue y única vela de la estancia.
Abrió los ojos después de volver bruscamente a la realidad, se sentó en la cama, y abrigó sus desnudas piernas con sus brazos, tratando de engañarse a sí misma, de convencerse que todo era una broma de pésimo gusto. Su respiración entrecortada era dificultosa, extrañamente podía inhalar la correspondiente ración de aire necesario para mantenerse con vida.
En otros tiempos, Hermione estaría soñando con su vida a futuro, con Ronald a su lado, con muchos niños corriendo tras ella, siempre al lado de Harry, siempre al lado de Ginny. Pero el panorama que la vida le brindaba a sus ojos, era completamente diferente. Ya no sólo nunca podría volver a pelear con Ron, sino que sus interminables charlas con Ginny y Harry eran parte del pasado.
Su llanto la hizo presa de un estado de agonía; nuevamente, se convulsionó mientras sus escasas uñas se enterraban en la delicada piel de sus gemelos, dañándola, hiriéndola, pero siendo totalmente inconsciente del hecho.
Al separarla del cuerpo inerte de Harry, pensó egoístamente, que por lo menos, si Harry y Ron ya no estaban, que Ginny quedaría para poder pasar y digerir el dolor, gran sorpresa se llevó, cuando Ginny, no reaccionó.
Llevaba dos días dormida, sumida en un profundo letargo del cual ningún sanador podía predecir su despertar, no daba señales de mejoría, pero por lo menos, todas y cada una de sus heridas estaban completamente curadas. Su cuerpo; físicamente, estaba impecable, sin un rasguño, tenía su bronceada y pecosa piel intacta, sin imperfección alguna, tal y como antes.
Molly no deseaba dejarla en San Mungo, no mientras Ginny no sufriera una herida fatal, pero Hermione, creía con toda su alma, que tal herida, si existía.
Su amiga vio morir a Harry y a su hermano frente a ella, la impotencia en sus ojos todavía era vivida en la mente de la castaña, esa era una herida de la cual no podría sanar, por lo menos no por ahora. Era tan pronto, podía palpar la situación con sus manos, podía capturar el miedo latente del ambiente, podía recordar como sus piernas estaban congeladas.
Nunca se lo perdonaría.
Su inseguridad salió a relucir con un poder sorprendente, esa inseguridad que vivía dentro de ella las veinticuatro horas, la golpeó en el rostro de improviso, sin anunciarse, dejándola desarmada y sin poder defenderse, haciendo que su sentimiento de culpa incrementara todavía más.
Unas cálidas manos impidieron que siguiera lastimándose, la obligaron a soltarse de sí misma y la albergaron en un protector abrazo, sabía ella de antemano que él no se iba de ésa habitación, ni por mucho que le rogaran el atenderse él mismo, y Hermione lo agradecía, interiormente.
George comenzó a mecerla, entre enternecedoras canciones con estúpidos mensajes, canciones que podían hacerla hasta sonreír, pero nunca después de una pesadilla. Dos días llevaba encerrada en ésa habitación, siendo informada, voluntariamente, por George de los pormenores de la Mansión Black.
Todos los sobrevivientes de la lucha, habían ido a parar allí, para cuidar sus heridas o tan sólo por querer estar en compañía segura, ya nadie deseaba salir a las calles, nadie confiaba en otro alguien.
Un paño húmedo se abrió paso en su nuca, George limpiaba el sudor de su cuerpo, por enésima vez, Hermione insistía en permanecer en su cuadrado de protección; como ella le llamaba, ahí donde todo podía ser una fantasía, y podía jurarse que nunca nada de eso pasó.
Pero el gemelo restante y su presencia en el cuarto, era todo lo que Hermione necesitaba para caer de su nube y hundirse entre las aguas de la desesperación, George era el único, al que ella le permitía ingresar.
George estaba más pesimista que nunca, discutía cada poco con su madre fuera de la habitación, le decía que dejara de insistir en ver a la castaña, que ella no quería que la molestaran y tenía razón, pero el tono en el que sus peticiones eran dichas, dejaban mucho que desear.
Subía su tono de voz hasta decibeles insospechados, usaba malas palabras y por más que la gente insistía en ingresar para ver o examinar a Hermione, éste se ponía como loco y amenazaba con hechizarlos si se acercaban. Amenazas que una vez cumplió.
- Tranquila – susurró – todo estará bien.
- Odio que me mientas – se quejó Hermione – nada estará bien.
Se calló sin tener más que agregar, para aquello no había una respuesta lógica, para nada de lo que sucedía había alguna clara respuesta.
Hermione dejó que George se sentara tras ella, posicionándola entre sus piernas, la abrazó con fuerza, mientras hundía su cabellera roja en el cuello de Hermione. Su dulce olor lo embriagó y sonrió recordando algo, que había pasado meses atrás.
- ¿Qué es tan gracioso? – quiso saber Hermione sin interés.
- Tu olor – sonrió nuevamente – aunque no es precisamente gracioso.
- ¿Por qué? –.
- Porque Ronald me dijo hace un tiempo, que habían ocasiones en las que no podía siquiera hablarte, todo a causa de tu olor – informó – ahora lo entiendo.
- No sé de qué hablas – refunfuñó.
- Tienes un olor peculiar, a miel…pero hay algo más –
- Si, si, claro –
Un toque en la puerta, los sacó de su conversación, George se levantó y fue a ver de quién se trataba, al abrir la puerta, su sorpresa fue ver a Luna, con su típica sonrisa adornando su rostro. La muchacha se quedó en el umbral, sin querer ingresar sin el debido consentimiento, lo cual extrañó a los dos.
- ¿Puedo pasar? – preguntó la rubia con timidez.
- ¿Hermione? – dijo George.
- Déjala – sonrió la castaña – ella no es problema.
La rubia ingresó al cuarto un tanto confundida ¿No era un problema? ¿Qué no era un problema? No entendía a qué exactamente se refería con eso, pero no preguntó, si deseaban decirle, ellos mismo lo harían.
- ¿Cómo has estado? – preguntó sentándose a un lado ella.
- Viva – dijo con pesar – si es que eso sirve de algo.
- Claro que sirve Hermione – se extrañó la chica – es que si estás muerta, no podrás conversar conmigo.
Hermione sólo sonrió ante tal aseveración, tal vez en otra ocasión pudo haberse reído, haber soltado una gran carcajada y disfrutar de los desvaríos de Luna, pero no ahora, no tenía la entereza para hacerlo, mucho menos la fuerza que requería el acto.
- ¿Qué te trae por aquí, Luna? – indagó Hermione.
- Tú, Ginny, todos – sentenció con simpleza.
- ¿Ya supiste lo de Ginny? – preguntó Hermione, mientras veía como George ocupaba la silla habitual y se sumía en sus pensamientos.
- Si, una lastima realmente, tener tal grado de confusión –.
- Si – suspiró la castaña – Espera, ¡Un momento! ¿Cómo que tal grado de confusión? – exigió.
- Si, despertó hace una hora, pero está desorientada –.
George salió de sus ensoñaciones y levantándose bruscamente se disparó en dirección a las habitaciones menores. Hermione; sin preocuparse por estar medio desnuda, persiguió al gemelo a toda carrera, siendo consciente recién, del dolor que le ocasionaba el hacerlo, sus músculos le dolían, por haber estado en cama todo ese tiempo, pero no le importaba, no por ahora.
Luna suspiró cansinamente y parándose con lentitud los siguió, si tan sólo le hubieran dado unos segundos para explicar, tal vez no estarían ahora con el corazón en la mano, tal como ella quedó cuando le dieron la noticia.
La rubia bajó los escalones con parsimonia, antes de doblar el recodo para ir a en busca de Hermione, sus ojos oceánicos chocaron con unos color plata, Luna ladeó el rostro, aún más confundida, no entendía que hacían ellos allí.
Contra todo pronostico, la muchacha desvió su camino y se acercó a aquellos que miraban recelosos, con una elegancia inusitada, tomó asiento frente a Draco, que la miraba intrigado y muy desconfiado. Pansy y Theodore intercambiaron miradas llenas de preguntas, pero ninguno de ellos quiso abrir la boca, menos palabras, mejor.
- Hola – saludó Luna con una sonrisa.
- Hola – dijo Draco escéptico.
- ¿Puedo hacerte otra pregunta? – indagó con amabilidad.
Draco miró a Pansy, la vio encogerse de hombros, diciéndole con el gesto que no veía nada peligroso en ello, Theo por su parte, tenía una sonrisa en el rostro, y con un carraspeo llamó la atención de todos.
- ¿Tú eres Luna Lovegood, cierto? – intervino.
- Correcto – contestó ella, batiendo sus largas pestañas.
- Gracias, sólo quería saber eso -.
Luna asintió cortésmente y desvió su mirada para volver a posarla en Draco, esperó expectante, con la intriga reflejada en el rostro, sin abrir la boca, esperando que su pregunta fuera contestada.
- Claro – susurró Draco, sin interés.
- ¿Qué exactamente hacen aquí? – inquirió sin agresividad.
- Bueno…- titubeó.
- ¡Luna querida! – interrumpió Molly llegando a la sala, su cara era un completo horror, cada facción de su rostro, esa cansino y demacrado, como si en horas no hubiera dormido – Debes ayudarme con ellos, no quieren escuchar, por favor, ayúdame.
- Si, voy – se levantó – lamento la interrupción.
Se disculpó para salir rauda detrás de la señora Weasley, a decir verdad, sólo unos segundos antes que la mujer llegara, la muchacha escuchaba una clase de discusión en el segundo piso, pero no le prestó atención, ya que eso hubiera sido muy descortés al estar hablando con otras personas.
Cuando la rubia se perdió por los pasillos, Nott soltó una carcajada estridente, que asustó no sólo a Pansy, sino que también a Draco, los dos muchachos, lo miraban con el miedo en la cara, pensando cada uno exactamente lo mismo; ¡Se volvió completamente loco!
- ¿Theo, estás bien? – indagó Pansy.
- Si…si…- rió, sin poder detenerse.
- Creo que le dieron duro ésta vez – espetó Draco - ¿No?
- Si, algo malo tiene – apoyó la pelinegra – ¡Míralo!, se ríe como si fuera a morir.
Theo siguió en su risa personal, pasado unos segundos, comenzó a irritar a sus amigos, Pansy ahora traqueteaba sus dedos sobre la mesa, entre aburrida e impaciente, Draco parecía no prestar atención, sólo miraba sin realmente observar, como si sus ojos vieran la pared, en vez de al castaño que moría de la risa. Sin aguantarlo más, la pelinegra, golpeó a su amigo en la nuca, causando con eso, que Nott disminuyera considerablemente su risa y pudiera hablar.
- Anda, dinos, ¿Qué es tan gracioso? – exigió Draco.
- Esa chica, la tal Lovegood – gimió intentando no volver a reír.
- ¿Qué tiene de gracioso? – Intervino Pansy – es una lunática de primera, siempre anda en otro mundo, y los únicos amigos que tiene son sus criaturas inexistentes.
- Puede que tengas razón – concedió Theo – pero… ¿No te diste cuenta de sus preguntas?
- ¿A qué te refieres? – siseó Malfoy.
- Ay Draco, sí que eres tú el despistado – suspiró – si ella fuere tan despistada y lunática como se dice, entonces ¿Por qué te preguntó "Puedo hacerte otra pregunta"? – Puntualizó – la gente normal no se da cuenda de que ya está haciendo una y dicen "Puedo preguntarte algo", pero ella dijo "Otra".
- ¿Y? – Se mofó Pansy – eso no la hace menos loca.
- La segunda cosa, es su segunda pregunta "¿Qué exactamente hacen aquí?" – Dijo Theo ignorando a su amiga - ¿Qué le hubieras respondido, Draco?
- No lo pensé -.
- Correcto, ésa pregunta está formulada para no poder salirse por la tangente, es directa, y muy poco usada – sonrió – esa chica no está tan loca, como todos dicen.
- Dí lo que quieras – siseó Pansy – es una loca, y lo seguirá siendo para mi.
Theo sonrió, mientras que Draco se levantaba de su asiento y hacía ingreso en la cocina, cuando supo que Draco no podría escucharlos, se volteó a ver a Pansy, que tenía su mentón apoyado en la palma, con un gesto de completo aburrimiento.
- ¿Celosa? – inquirió divertido, mientras el rostro de la muchacha se crispaba por el disgusto.
* * *
Hermione chocó con la espalda de George en el umbral de la habitación donde hubieren puesto a Ginny, la chica lo hizo a un lado, con mucha brusquedad, y se acercó a la cama que estaba completamente desocupada, exceptuando a la señora Weasley, que tomaba asiento en una silla muy cercana.
- Hermione – gimió la mujer en cuanto la vio – estás casi desnuda, ve a vestirte.
- No – se negó testarudamente - ¿Cómo está? – preguntó sin siquiera mirarla.
- Despertó – informó Arthur, tras ella – pero no recuerda nada.
- Es lógico – dijo Hermione con dulzura mientras acariciada el rostro de su amiga – fue una impresión muy fuerte, es más que obvio que querrá olvidar tal episodio.
Ese comentario, tal vez fuera el ultimo que Hermione diría con su aire de la sabelotodo natural, tal vez sería la ultima vez que diría algo a través de su cabeza, en vez de decirlo por su corazón, porque ella sabía, que si fuera tan fácil como olvidar lo sucedido, ella también lo habría hecho, pero ahí estaba, con la herida ardiéndole en el cuello, por que así se sentía, como si alguien estuviera intentando cortarle la yugular.
Nadie hizo comentario alguno, y Hermione despegó sus ojos del cuerpo de Ginny, para pasarla entre todos, ahora que bien se fijaba, había demasiada gente en la habitación, lo cual se le antojaba muy abrumador.
La señora Pomfrey, una de las que estaban allí, lloraba en silencio, mientras ordenaba compulsivamente todas las botellitas y pociones para curar, se le veía nerviosa y un tanto incomoda, se notaba a simple vista que no deseaba estar ahí pero que lo hacía porque su naturaleza de sanadora se lo imponía.
Hermione los interrogó con la mirada, siendo abruptamente desviada por todas la miradas, miradas de sus compañeros, de los padres de Ginny, hasta de George. Minerva, que estaba más lejos que todos los demás, se acercó a la chica y al poner una mano en su hombro le pidió que salieran para conversar. Accedió no de buen gusto, pero necesitaba alguna explicación para lo que acontecía en la habitación, ese silencio casi sepulcral, se le hacía demasiado familiar, como cuando todos aceptaron la muerte de sus dos mejores amigos.
Salió sólo hasta el pasillo, sin alejarse notoriamente de los demás, aún podían escucharles, lo sabía, pero más interesada estaba en saber de qué iba la cosa, tanto misterio no era bueno para ella, menos siendo tan curiosa como su sangre lo exigía.
- ¿Qué pasa directora? – indagó con su mirada quieta en Ginny.
- Señorita Granger, míreme – pidió con amabilidad – el estado de la señorita Weasley es grave, el sanador que vino anteriormente nos advirtió que su cuerpo no tenía daño aparente, pero eso era solamente un examen de rutina, algo corporal, lo que ahora pasa es algo que no previmos.
- ¿Qué cosa? – exigió.
- Ya hace unos momentos, le dijeron que Ginevra había despertado, para nuestra suerte, Pomfrey estaba aquí, para intentar examinarla a usted, así que aprovechamos de que la viera y nos diera un resultado más convincente, por la confianza de todos nuestros años conociéndola…
- Profesora, por favor – interrumpió.
- Cierto – suspiró – no contábamos nosotros, con que su diagnostico, fuera todavía peor…
Hermione escuchaba palabra por palabra, detenidamente, procesándolas y una vez hecho, las digería y almacenaba en su cerebro, cuando la profesora Mcgonagall terminó su explicación, todas aquellas palabras salidas de la boca de la mujer y que se encontraban guardadas en su cerebro, comenzaron a juntarse, formando frases, hasta formar una escalofriante realidad.
Ahora sí que estaba sola, completamente sola.
No hubo tiempo de pararla, sólo fueron segundos en los cuales estaba parada frente a su profesora y al instante, se arrojaba a la cama de su amiga y la sacudía con dolor, intentando despertarla, tratando de escuchar siquiera una palabra suya.
Los más cercanos reaccionaron ante tal acción, intentaron sostenerla, pero ella contorsionaba su cuerpo tan ágilmente que les era imposible sostenerla por más de tres segundos, George intentó tomarle las piernas, pero en su vano intento sólo logró una fuerte patada en su rostro, algo que seguro dejaría su ojo morado.
Molly salió de la habitación con velocidad, para aparecer un tiempo después seguida de Luna, la chica miraba con dolor a Hermione, escuchaba sus suplicas, sus gritos intermitentes que pedían que la soltaran y otros que le rogaban a Ginny que abriera los ojos.
Vio como Molly comenzó a llorar y como era abrazada por su esposo, mientras que Hermione seguía encima de la pelirroja, exigiéndole alguna señal de vida, de lucidez, de consciencia.
Luna se acercó a la castaña, y cuando ésta intentó alejarla, de un "empujón" la envió al suelo. El cuerpo de Hermione cayó al suelo, al otro lado de la cama, Pomfrey se le acercó y verificó su simple desmayo, sonrió y pidió ayuda para levantarla.
- Bien hecho señorita Lovegood – le felicitó Minerva.
- De hecho, yo sólo quería tomarle las manos – dijo con tristeza, y su habitual inocencia.
- No te preocupes – se acercó Neville – aunque no fue intencionado, tuvo un buen resultado; detener a Hermione.
La rubia asintió y con el gesto, su platina cabellera osciló graciosamente, su inocencia calmó a más de uno allí, sobre todo a George, que miraba con recelo como su propio padre cogía a Hermione del suelo.
- ¿No te opondrás a que la examinemos, no? – indagó su padre.
- No tengo una respuesta para eso – dijo George – haz lo que creas mejor.
- ¿Cómo es que no tienes respuesta? – Chilló su madre – haz estado negándote a atenderla estos días, y ahora dices que no puedes responder.
- Me negaba por órdenes de ella, ahora que está inconsciente, no tengo decisión, por ende, puedes hacer lo que te plazca…madre – explicó con simpleza y aburrimiento, para luego desaparecer de la habitación.
Molly impotente, sólo guió a Arthur hasta la habitación contigua, era más rápido que subirla hasta la habitación en la cual ella estaba enclaustrada, por opción personal. Minerva, Molly, Arthur, Luna y Neville, esperaban fuera del cuarto con ansias, a que Pomfrey saliera con el resultado de su examen básico, cuando la misma salió, su cara estaba en blanco, haciendo que todos se pusieran nerviosos.
- No sé si estar feliz, o triste – murmuró la mujer, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas – No está deshidratada, pero se nota que no ha comido en estos días, podría estar peor, pero tiene un cuerpo resistente, ya saben o por lo menos tú lo sabes Minerva, que ella se controlaba cada año conmigo, a excepción del ultimo, lo más notorio que presenta, es su baja de peso.
- Entonces, ¿No hay de qué preocuparse? – preguntó Molly.
- Al contrario, querida – informó con pesar – la señorita Granger siempre tuvo sus kilos de más, no muchos, pero los realmente obvios para la vida que llevaba, sus horas de lectoras sumadas a su nula actividad física le hacían tener un peso mayor a lo adecuado, pero con el cual ella no se sentía mal.
- ¿Qué quieres decir con eso, Poppy? – espetó Minerva.
- Que todos esos kilos, y algunos más, han desaparecido, si sigue así, estará muy delgada y podría enfermar – concluyó.
- ¿Cómo podría ser eso algo para estar feliz? – escupió la señora Weasley.
- Porque estamos a tiempo para que no siga bajando de peso, podemos impedir que esto sea peor de lo que ya es – intervino Minerva.
- Exacto – apoyó Pomfrey – necesitamos idear algo.
- ¿Idear algo? – preguntó Luna.
- Sí, para que acepte comer y mantenerse bien – dijo Arthur.
- Pero ella lo hará, sin idear nada – informó la rubia con su mirada soñadora.
- ¿Cómo puedes saberlo? – intervino Neville.
- Porque querrá estar bien, para cuando sepa que los Aurores irán tras Lestrange – sentenció con una sonrisa.
Todos ellos, aún estando en el pasillo, le dieron la razón a la chica en su interior, para cuando Hermione se enterara de que la Orden del Fénix estaba reformándose, sin duda alguna, iba a insistir en volver a formar parte y para ello, debía de contar con buena salud.
* * *
Horas más tarde, Luna vestía pacientemente a Hermione, con una sonrisa en los labios, a pesar de que el momento no lo ameritaba, Luna no podía cambiar su actitud, no era sano en ella y aunque todos encontraban raro su natural comportamiento, agradecían que por lo menos una de todos ellos, mantuviera la "cordura".
Bajaron en completo silencio, y se encontraron con que todos estaban listos y esperándolos en el Lobby de la casa, intercambiaron algunas palabras que Hermione no escuchó o no quiso oír, y emprendieron marcha hacía la salida.
Antes de seguir la fila, Hermione miró a aquel trío que no combinaba con los muebles, a aquellos que desentonaban con el ambiente y que daban un aspecto extraño al lugar, más que nada por su completa rigidez. Los miró con intriga, pero sin hacerla notar en su rostro, los taladró con sus almendrados ojos, en busca de alguna razón para su permanencia en el lugar, pero nada descubrió.
Pansy se removió en su asiento, incomoda por la intensidad de aquella mirada, Draco en cambio desvió su mirada sin interés y se dedicó a contar las telarañas del techo, Theo, simplemente la veía con aburrimiento, esperando que salieran de la casa, para poder dejar de respirar tensión.
- Ya luego sabrás que hacen aquí – le informó Luna, empujándola con suavidad a la salida.
En cuanto llegaron a aquel prado, aquel cementerio que estaba cerca de la madriguera, se encontraron con muchas personas, algunas interesadas realmente en el asunto, otras, como Rita Skeeter, tratando de chismosear y de pasar desapercibidas.
Aurores rodeaban el lugar, preparados para cualquier ataque sorpresivo que se fuera a realizar, siempre atentos a cualquier movimiento sospechoso, rodeándolos a todos, e intercambiando información entre susurros que Hermione pensó ni ellos mismos podían escuchar.
Sarcófagos hechos de la mejor madera, estaban en el centro del circulo de personas, cuando la familia Weasley, lo que quedaba de ella, y los demás se acercaron, la gente les abrió paso, mientras le susurraban palabras de aliento, y uno que otro, inoportunamente, preguntaba por la salud de Ginevra.
Entre tanto murmullo, que Hermione decidió no escuchar, uno se hizo muy agudo e imposible de omitir, puso atención y sin siquiera mirar, descubrió a Rita y su Vuelapluma interrogando a la señora Weasley, mientras que era visualmente asesinada por todos.
Algunos Aurores se acercaron con la clara intención de detenerla, pero mucho antes de que pudieran siquiera advertirle, un rayo se impactó dolorosamente en su pecho, mandándola muchos metros lejos de todos y dejándola inconsciente.
Hermione miraba el cuerpo inmóvil de la mujer con un profundo asco, resistiendo las ganas de ir y patearle el trasero, jugó con la varita en su mano, en una lucha interna por decidir si seguir atacándola o si ya era suficiente, Luna, que la seguía como su sombra, le quitó la varita y la guardo en la chaqueta de la castaña.
- Ese hechizo fue suficiente – le susurró para luego acercarla a los ataúdes.
Molly, un tanto impactada con la reacción de la castaña, suspiró y con un hechizo de su cortesía, quemó el cuaderno y la Vuelapluma de Rita, para que ésta quedara sin artículo para imprimir.
El entierro comenzó sin que Hermione lo notase, sólo podía ver los rostros de sus otrora mejores amigos ahí, dentro de ese reducido espacio, tiesos, sin la libertad para moverse, movimiento que hubieren necesitado de estar con vida. Los sollozos de Molly, llegaron a sus oídos, paneó el lugar, siendo atacada por el lúgubre ambiente.
Todos lloraban a su alrededor, Neville, Lavender, Minerva, hasta la misma Luna lo hacía pero en un completo silencio. Una risita era lo único que desentonaba con el lugar, una risita de bebé que logró entibiar el corazón de Hermione por un momento, para luego enfriarlo y comprender, que cuando ese pequeño creciera, comprendería lo solo que había quedado en el mundo.
Ted Lupin, se removía en los brazos de su abuela Andrómeda, intentando capturar con sus manitas el cabello de ella, con sólo un mes, era muy inquieto y a pesar de lo pequeño de su cuerpecito, podía removerse con libertad.
Hermione divisó a Hagrid entre la multitud, un poco apartado por culpa de su estructura, si hubiera estado delante de seguro que ocupaba una cuarta parte del lugar, lloraba sin tapujos y sonoramente, mientras intentaba infructuosamente de limpiar sus enormes lágrimas.
Luna recitaba unas palabras mientras que ella se acercó sin pudor a despedir a sus amigos, las lágrimas amenazaban con salir pero por alguna razón, decidieron quedarse dentro de su cuerpo, miró con tristeza en sus ojos a aquellas personas tan importantes para ella, y les esbozó su última sonrisa.
Podría haber jurado, que los labios de Fred, estaban curvados en una burlesca sonrisa, como diciéndoles lo idiotas que eran por llorar y por permitirse infringir tanto daño, pero eso nunca podría ser cierto, por más que lo quisiera, el gemelo Weasley nunca la volvería a hacer reír.
La cicatriz de Harry era más notoria que nunca, como un aviso para el mundo de que Voldemort había sido derrotado, a un alto costo, pero derrotado al fin, la serenidad de sus facciones era inquietante para Hermione, no entendía como aún después de muerto podía tener esa placidez tan natural.
Ron, él era más difícil de ver, sus labios estaban un tanto morados y su expresión de tranquilidad no ayudaba a que mantuviera la calma, era como si estuviera dormido, por tanto tiempo que sus labios hubieran adquirido ése color por la falta de la correcta llegada de aire a su cerebro, el corazón de Hermione dio un brusco apretón, y se quedó quieta mientras cerraban suavemente los ataúdes.
Con la ayuda de la magia, Molly y Arthur introdujeron a sus hijos y a los demás fallecidos, en los fosos previamente cavados, muchas tumbas había alrededor, pero la castaña estaba segura que ninguna dolía tanto como aquellas. Vio como la tierra los cubría y el pasto se regeneraba sobre la misma, las lapidas eran puestas en su lugar, con epitafios que prefirió no leer.
Pasaron unos minutos, o eso creyó ella, cuando la gente comenzó a marcharse, muchos intentaron acercársele para darle muestra de su apoyo, apoyo que rechazó sin siquiera mirarlos, sólo los más cercanos a la familia permanecieron allí, sin contar a los padres y familiares de los otros muertos.
George fue el primero en largarse, se le veía la incomodidad en cada poro de su piel, se fue sólo diciendo que regresaría a Grimmauld Place, y que los esperaría para la charla pertinente, para que aclararan el porqué podían seguir entrando en la Mansión.
Hermione hizo caso omiso cuando Luna le instó a regresar, se excusó diciendo que se quedaría un rato más, mas sin tener en cuenta su petición, Luna permaneció en el cementerio, a varios metros de ella, pero sin dejar de mantenerla en la mira. Luna nunca pensaría en que Hermione hiciera una locura, sólo bastaba que su intuición le dijera que necesitaba de espacio y ella no cuestionaría nada, sólo seguía su instinto.
Arthur se quedó atrás, mientras todos desaparecían y quedaban ellos tres, se acercó a Hermione, y se puso a su lado, sin mediar palabra, mientras dejaba que su debilidad se presentara frente a la castaña. El hombre lloró por al menos unos dos minutos, hasta que pudo controlarse a sí mismo.
- Hermione – carraspeó aclarándose la voz.
- Señor Weasley, ¿Por qué razón está Malfoy en casa de Sirius? – intervino cayendo en cuenta del hecho.
- Si no te hubieras encerrado en la habitación comprenderías el porqué -.
- No estoy de humor, si me lo permite – rugió.
- No, no te lo permito, te has comportado infantilmente, a todos nos duele Hermione, pero tratamos de no hundirnos en el dolor – espetó con agresividad.
- ¿Por qué le permite estar ahí? – Gritó colérica haciendo omisión de las palabras – su padre es un maldito Mortífago y él también, su padre ayudó a Lestrange a matar a Harry y a Ron, ¡Explíquese!
- Te diremos todo en cuanto lleguemos al número doce, se realizará una reunión en la cual creo que querrás participar, así que te aguantas – sentenció con dureza.
Hermione refunfuñó y se prometió a sí misma, que si no le daban la información que requería, haría lo mismo que hacía en Hogwarts; conseguirla por sus propios medios, no necesitaba que le dieran explicaciones, ella era autosuficiente y conseguiría lo que quería, sino, pues se lo sacaría al mismo Malfoy hijo, aunque tuviera que torturarlo.
- Sólo vine para entregarte esto – anunció el hombre rebuscando en su bolsillo – Ronald me lo mandó a guardar, cuando se separó de ustedes en plena búsqueda, creo que lo mandó a hacer a finales de sexto, no estoy seguro, cuando nos dijo lo que quería hacer con el, nos dejó a toda la familia muy sorprendidos, pero como siempre, dejó todo para el final.
El señor Weasley, tomó la mano de Hermione y dejó caer algo frío y liviano, cerró su mano y le besó la frente, para luego desaparecerse no sin antes advertirle de que estarían esperándolas para comenzar con la reunión.
Hermione sentía la delgada forma del anillo, lo apretaba en su mano, sin querer abrirla, en un arranque de furia, levantó su puño amenazadoramente, con toda la intención de arrojarlo muy, muy lejos, pero no pudo, algo en su corazón se lo impidió.
Abrió su mano, dejando ver lo que supuso que era, un anillo de plata delgado, con una pequeña piedra preciosa en el centro, de color roja, lo examinó con interés, era hermoso, no costoso pero eso no le quitaba la maravilles, dentro del circulo del anillo, rezaba un fina inscripción.
"Nunca es tarde".
Pero vaya que si lo era.
La chica dejó que la agonía la consumiera, sus lágrimas por fin pudieron salir en preocupantes espasmos, su pecho se convulsionaba mientras que mentalmente insultaba a Ron por su demora, era el anillo de compromiso más bello que pudo ver, y que nunca se podría utilizar.
Luna se acercó a ella, preocupada y alarmada, al ver el anillo, nuevas lágrimas salieron de sus hermosos ojos, miró a su amiga y vio como ésta, colocaba la alianza en su dedo anular de la mano izquierda, le calzaba perfecto, hecho exclusivamente para ella, la vio sonreír por unos segundos, tan fugazmente que creyó que alucinaba. Hermione siguió mirando su mano, antes tan vacía y ahora llena de promesas, pero que ninguna se cumpliría, siguió observando aquel objeto que parecía ya parte de su mano, sintiendo una mezcla de alegría y desazón.
- A Ginny le encantaría verlo – susurró Luna.
- Si, aunque no creo que entienda lo que significa – se lamentó la castaña.
- Vale la pena intentarlo – sonrió - ¿vamos?
- Vamos –
"- No contábamos nosotros, con que su diagnostico, fuera todavía peor…Hermione, Ginny no recuerda nada – gimió su profesora – al despertar preguntó por ti, creímos que estaba bien, que podría recuperarse, pero cuando Molly se acercó, ella comenzó a gritar que nos alejáramos, gritaba preguntas "¿Quiénes son ustedes? ¿Qué quieren de mí?, Pomfrey pudo examinarla antes de que comprendiéramos la situación en la que se encontraba, tan ensimismados estábamos en escuchar sus gritos que no prestamos atención a su mirada. Estaba perdida, no enfocaba a nadie, sólo susurraba tu nombre entre alaridos, cuando se calmó, quedó en un estado de sopor, no reaccionaba, no escuchaba, su mirada era aterradora, fue ahí cuando Poppy y Neville nos informaron qué pasaba.
- ¿Qué…qué pasaba? –
- Neville dijo con sus propias palabras – susurró – "Es la misma mirada que tienen mis padres, el mismo comportamiento" nuestros corazones dieron un vuelco horroroso, y la sentencia se dio por fin con las palabras de Pomfrey "Fue torturada por Lestrange, ella es conocida por enloquecer a sus victimas, así disfruta más".
- ¡No! -.
- La señorita Ginevra, no volverá a ser la misma -."
Tras recordar las estremecedoras palabras de su profesora, Hermione desapareció ayudando a Luna, para luego tener enfrente, esperándolas, a Molly y Minerva, muy preocupadas en el umbral del número doce de Grimmauld Place.
Espero que les guste.
Aniia.
