Nobody's home
Despertó de golpe una vez más mientras su cuarto yacía en el más profundo silencio de la noche, secó su frente bañada en sudor y abrazó sus piernas. 4 años separados, 4 años desde que dejó de saber dónde quedó su hermano, lo último que supo fue que una familia canadiense lo adoptó y lo llevaron para allá, allí fue donde todo se acabó. No habían más sonrisas en sus labios, ni más brillo en sus ojos, se vio obligada a superar sus miedos sola y a aprender lo que era enfrentar al mundo sin lo que le quedaba de familia ¿Odiar a la Directora Hill por separarlos? Por supuesto que sí, odiaba a todo el mundo, ya no se enfocaba en vivir sino en sobrevivir.
Las cuchillas se volvieron sus mejores amigas, silenciosas escuchaban sus lamentos y sollozos mientras la ayudaban a drenar todo el veneno que en sus venas corría pero no importaba cuánto lo hiciera, siempre necesitaba más.
Una dulce familia se fijó en ésa frágil criatura que la ha pasado mal y decidieron darle un hogar, como solía hacerlo, reprobó la entrevista pero a la pareja no le importó y la llevaron a algún lugar del campo en Estados Unidos donde los animalitos fueron una buena terapia pero no le devolvieron la felicidad que perdió.
Dejó la escuela, ya no quiso asistir más, fingir que le interesaba ser alguien exitosa en la vida la estaba llevando a la ruina emocional y de cualquier forma sus notas la correrían tarde o temprano. Lo sustituyó por trabajo en la granja familiar, eso la apaciguó un poco, los caballos son buenos consoladores y los conejos buenos confidentes pero al llegar la noche la dulzura de la naturaleza era cambiada por el dolor de los ríos color carmesí de sus muñecas ¿Y es que había algo que importara ahora? No, no la había
Su madrastra lloraba en la sala viendo cómo su hija menor se negaba a salir de la ciudad, no tenía amigos y sólo se la pasaba aseando el granero, eso era bueno porque era una chica trabajadora pero no todo en la vida es trabajo, le gustaría verla salir, conocer gente nueva, que tuviera amigos. Desde un principio la Directora le dijo que era una niña difícil, luego de que la separaron de su hermano gemelo se volvió problemática y violenta pero con el tiempo esa etapa cesó volviéndose prácticamente una planta que se movía con el viento pero que no hablaba.
Trató de llevarla a terapia y tampoco funcionó, toda la sesión se quedaba callada o decía frases que no ayudaban a dar un avance y se pensó incluso que sufría de algún trastorno mental. Depresión era seguro, perder a sus padres biológicos tan pequeña y luego ser separada de su gemelo fueron golpes duros que la señora creyó que su amor y una nueva familia podrían cambiar, fue un grave error.
Wanda la escuchaba pero no le importó ¿Qué sabían ellos de su pasado o de cómo se sentía? Les pidió ayuda para encontrar a Pietro y simplemente se la negaron así que amor para ellos, el amor se le terminó.
Una ocasión salió por la noche, algo que alivió a la familia Frank, todo parecía acomodarse como debía en la caótica vida de la castaña hasta que las llamadas provenientes de la estación de policía empezaron a llegar. Wanda se metía en todo tipo de problemas sola, no recibía la ayuda de nadie y eso inquietó a los señores Frank. Los problemas en casa aumentaron, la señora Madeline regañaba a Wanda por sus actos y ésta respondía, una vez harta, que ella no era su madre para estarla regañando y acto seguido salir corriendo a cualquier parte de la ciudad.
Una noche de otoño Wanda ya no pudo más, decidió simplemente largarse del lugar y no volver, problemas, demasiados problemas que no sabe a dónde ir.
La lluvia la capturó en medio de la carretera estatal por donde ya no pasaba el transporte pero luego de días de viajar y viajar sin rumbo el dinero se le terminó así que pedía que alguien la llevara pero ningún auto se detenía y comenzó a llorar, sus lágrimas se mezclaban con la lluvia sintiendo su corazón agonizar. Era 7 de Julio, sus cumpleaños y quiere ir a casa pero no hay nadie ahí, no hay lugar a dónde ir ni un lugar dónde acudir.
Sin alternativa caminó 3 kilómetros hasta que un alma bondadosa la llevó a la ciudad más cercana. Bajó de la camioneta y vio a dónde había llegado, su estómago exigía comida pero no tenía dinero para comprar, se metió a un callejón y esperó asaltando a la primer víctima bien vestida que encontró robándole la cartera y el celular. Su aspecto aún no era deplorable y lo aprovechó para comprar ropa, cambiarla antes de que la denunciaran y comprar algo urgente de comer. Nunca los hot dogs le habían sabido a gloria, pidió tres y los devoró sin importarle cómo la veían los demás compradores, al terminar se fue a buscar un lugar dónde dormir.
Encontró un albergue para mujeres y niños en situación de calle y fue ahí, le dieron una cena caliente, una cama suave y cobijas para el frío, se tapó con ellas dando la cara a la pared, cuando sintió que todos estaban dormidos sacó su conejito y lo abrazó con fuerza al tiempo que las lágrimas nuevamente empezaban a brotar.
El tiempo no se detenía ni tenía clemencia con ella, tirada en el suelo se drogaba con una chica que encontró afuera de un centro comercial de donde robó unos tenis y comenzaron a platicar, luego llegó un chico más que traía una guitarra trayéndole recuerdos de su querida infancia. La pidió prestada, con sus yemas rozó las cuerdas del instrumento y comenzó a tocarlo, su melodía era suave, fina pero llena de melancolía, era su corazón hablando y gritándole que abriera los ojos y observara su alrededor.
Los otros chicos escuchaban en silencio y sin juzgar, ser callejero es tener en la espalda una trágica historia, era una regla. En sus orbes se fueron agolpando las lágrimas mientras asimilaba su realidad, sabía a la perfección por qué perdió el camino, la respuesta siempre era y sería Pietro pero debía aceptar lo que era. Sucia, drogada y siendo despreciada por el resto, no era más que otra hija de la calle a la cual trataban mal, su mente pedía que fuera fuerte, resiste le gritaba pero su corazón no podía más. Su cabeza era un caos total que no sabía arreglar, no sabía a dónde ir ni a dónde acudir.
Sin avisar, se levantó de golpe dejando la guitarra a un lado y se fue corriendo al baño del centro comercial, se encerró y se vio al espejo, sus lágrimas caían torrenciales y su aspecto era deplorable. Pietro estaría decepcionado de ella, pero el problema radicaba en eso, Pietro no estaba, a Pietro se lo llevaron y no volvió a verlo nunca más. Ella deseaba ir a casa pero no había nadie, se mentía cuando decía que algún día se reuniría con él y eso la fue matando por dentro, su alma se iba rompiendo, se encuentraba destruida por dentro, ya no había animalitos con los cuales llorar sólo calles por donde caminar esperando tener suerte de no ser violada o asesinada.
Soltó un grito desgarrador que llevaba guardado hace 4 años atrás estrellando al mismo tiempo su mano contra el espejo, la sangre no tardó ni un minuto en salir, decenas de vidrios clavados en su puño, dedos y nudillos la hacían sentir mejor. Abrió sus ojos y entendió su realidad, sólo vivía conteniendo su dolor, perdida en la telaraña que su mente tejió haciéndola colapsar, ya no sabe qué hacer, perdió toda la fe y destruyéndose está.
Agarró uno de los trozos de espejo y con rabia cortó su muñeca, estaba harta de sufrir, de vagar sin sentido y sentirse devastada, con vendas que tenía en su mochila cubrió la herida de sus nudillos y la otra la dejó sangrar volviendo con sus amigos a la acera deseosa de saber cuál sería su destino. Si en verdad existía un Dios, ella viviría y si no es que también existía pero Wanda no era de su favoritas.
Con una sonrisa que bailaba entre lo enfermo y lo débil retomó su lugar en las piernas de su amiga, se estiró y cerró los ojos sintiéndose mucho más liviana de lo normal, la sangre se dejó notar y ella sólo rió, rió como maníaca, rió como si nada le importara y después de calmarse sólo se perdió.
Listo Rosie-lu de mi corazón, aquí está el fic completo. Espero que lo hayas disfrutado así como yo disfruté escribirlo especialmente por tu cumpleaños. Sin más qué decir nos estamos leyendo :3
