¡Por fin! ¡Por fin, Santo Dios! No saben cómo he sufrido para terminar este capítulo. Y pensar que el primero sólo fluyó y ¡pum! de la nada lo tenía escrito. (ok, no fue así exactamente, pero ustedes me entienden, ¿no?) Como sea, perdón por la tardanza. Lo gracioso es que AÚN no tengo mi laptop, y eso que en un par de meses me mudo muy lejos y lajdlsdjflasdf ¡Quiero que me devuelvan a mi bebé! ¡Tengo fanfics ahí!
Bueno, al fic. Confieso que me he sentido tentada de escribir sobre la Guerra Iroquí, pero decidí que aquello, aunque aportaba sobre el lado más conflictivo de la relación Canadá-Francia, no era realmente en lo que me quería centrar, y por lo tanto sólo quedará como mención. Otra cosa es que le cambié el nombre a Mattie en el primer capi, ya que recordé que primero se llamaría Mathieu y recién más tarde Arthur lo rebautizaría a Matthew, así que lo corregí. Y nada más, espero que les guste :)
2.
1688 – 1689
Por un tiempo la fiebre de Mathieu, así como su tos, aminoró y hasta llegó a desaparecer por completo. Luego de unos años Francia incluso le permitió volver a salir, aunque hace mucho que el niño ya se escapaba cuando el galo se hallaba al otro lado del Atlántico. Era simplemente imposible mantener a Mathieu lejos de sí mismo. Él era aquella tierra cubierta de nieve cristalina, lagos congelados y árboles que llegaban más allá del cielo. Él era los bosques y las montañas, y los animales que rondaban por estos. Él era la gente, tanto los nativos de la Confederación Wabanaki como los Iroquíes y sus aliados. A veces dolía la división que había entre estos, pero Mathieu se decía que no importaba, que ya pasaría y que Francia encontraría una solución. O al menos eso deseaba...
Pero luego de un tiempo, la fiebre volvió, aunque a esas alturas ya no estaba seguro si "fiebre" era la palabra adecuada. Dolía mucho, mas la inconsciencia ya no parecía querer llevárselo. Era todavía sólo un niño, pero no era idiota como para no darse cuenta de que aquello ya no era una simple fiebre. Mathieu nunca fue un niño enfermizo, hasta donde su memoria le daba, no. Sin embargo, aquella primavera su salud entró en huelga y quedó postrado en cama por semanas. Cuando Francia vino de visita, sentándose al lado de su cama mientras le quitaba algunos mechones de la cara con cuidado, sintió calmarse un poco. Por fin.
-Creo que ya es hora de que te vuelvas a cortar el pelo, mon petit ange. Está totalmente descuidado...
Los susurros de Francia de alguna manera siempre lograban tranquilizarlo. Había algo en su voz, algo que no lograba comprender, que cuando susurraba sus miembros se relajaban y sus ojos se cerraban, dando paso a una especie de letargo relajante. Sentía como si flotase en agua fría.
Frío, necesitaba el frío. Necesitaba salir a donde la nieve nunca se derretía, necesitaba pedírselo a Francia, salir de Québec... Mas de sus labios solo asomó un débil "salut papa, comment c'est passé votre voyage?".
Francia sonrió, respondiendo algo que en realidad no logró captar bien, pero sí llegó a registrar la nota de alivio que se escondía en su voz. Y lo comprendió, porque Mathieu también estaba aliviado de que ya no hubiese rencor por la "pequeña" discusión que habían tenido el año pasado antes de que Francia se regresase a su casa. Su protector había estado sumamente molesto, y aunque Mathieu no sabía por qué, él también, al grado de terminar contradiciendo todo lo que Francia decía, dejando de hablarle cuando el mayor le quitó el postre y lo dejó encerrado en su habitación. Dos días después Francia se embarcó a Le Havre y su gobernador general, el marqués de Denonville (quien al parecer no tenía buena mano para con los niños) lo obligó a escribirle una carta de disculpas.
Pero ahora Francia había vuelto y ya no estaba molesto. Y ahora Mathieu realmente lo sentía.
-¿Te sientes mejor? -preguntó al día siguiente Francis cuando vino a traerle el desayuno.
-Oui, algo -murmuró Mathieu mientras el galo le ayudaba a sentarse en la cama, poniéndole una almohada detrás de la espalda.
Podía sentir la mirada de Francia sobre él, atenta a cualquier cosa que hiciese. Presentía que todavía no le creía del todo que estuviese arrepentido de lo que hizo y aquello lo hacía sentirse mal consigo mismo. Agachó la cabeza y rehuyó a su mirada, cosa que a Francis no le costó notar.
-¿Mathieu? ¿Está todo bien?
-S-sí, no te preocupes, Francis -balbuceó el niño al percibir que aquella mirada zafiro no lo abandonaba.
-Es que justamente me preocupo...
-¡Ya no lo voy a hacer! -chilló Nueva Francia y Acadia asustado, mas no sin sonar un poco irritado.
Francia parpadeó.
-Ah... Non, non! No hablaba de eso, garçon -suspiró y sonrió con algo de pesar-. Me preocupas no en el sentido que temo que hagas algo malo. Me preocupa que algo te pueda pasar a ti... Que alguien te haga algo malo.
Mathieu lo miró con grandes ojos, confundido.
-Quoi? ¿Pero quién me va a lastimar?
-Nadie -susurró Francia y Mathieu pudo ver que le costó esfuerzo mantener la sonrisa.
Mathieu asintió, terminando de comer en silencio.
Permaneció en cama una semana más, hasta sentirse completamente recuperado. Por un momento se creyó que nada así volvería a suceder, sin embargo Francis no era estúpido. Sabía que Arthur no paraba así porque sí, no lo haría.
...
Sería mentira si decía que Jean-Vincent d'Abbadie de Saint-Castin no fue un personaje que le impactó, aunque irónicamente lo que luego más recordaría Matthew de este personaje, sería su barba y no su admirable expedición militar.
Cuando el hombre llegó a Québec una noche de Agosto, Francis se encontraba nuevamente al lado de la cama de Mathieu, quitando y poniendo paños húmedos en la frente del pequeño.
-¿Quién dices que ha venido? -preguntó el niño con un hilo de voz.
-Un hombre trés admirable -respondió Francis en voz baja, queriendo en realidad que el pequeño se durmiese.
-¿Admirable? ¿Y lo puedo conocer?
-Claro que sí, en cuanto puedas lo harás -le aseguró el mayor cuando entonces tocaron la puerta-. Pase.
-Señor, la gente de la Confederación Wabanaki ya ha llegado.
-Bien, merci -asintió Francis-. Iré en un momento.
-¿Wabanaki? -dijo Mathieu ronco, iluminándose sus ojos por unos segundos-. ¿Puedo salir a saludarlos?
-No ahora, necesitas descansar -replicó Francia terminando de arroparlo y poniéndose de pie-. ¿Quieres que deje la vela prendida?
El niño negó, siguiéndolo con la mirada. Iba a decir algo, Francis lo vio, mas sus labios apenas se despegaron bruscamente y un ataque de tos aniquiló sus palabras.
-Bonne nuit -murmuró Francis y cerró la puerta.
...
Como ya se ha dicho, Castin fue alguien quien impactó mucho a Mathieu, y recibir a su gente en Québec fue otra alegría más para la colonia francesa. Francia sin embargo estaba demasiado callado como para aquella bella reunión y Mathieu no entendía por qué. De hecho, todos parecían especialmente serios, tanto el militar francés como los nativos norteamericanos, y la pesadumbre que andaba rondando en el ambiente, lo cual se empeoraba con el hecho de que nadie se arrodillase al lado del niño para explicarle la situación. Se hablaba de bastardos y ratas de mal gusto y Mathieu dedujo que se referían a los ingleses y a Cejotas. Así que eso era...
Partieron luego de unos días y Mathieu no pudo evitar sentirse bastante inquieto durante la ausencia de los guerreros. Creyó que Francis partiría con ellos, pero extrañamente se quedó.
-¿Cómo te sientes? –le preguntó unas semanas más tarde.
-Bien, me siento muchísimo mejor –respondió Mathieu algo confundido, pero Francis parecía contento, en especial porque efectivamente, el niño ya estaba otra vez en pie y casi completamente sano.
Excepto por el pequeño detalle de que durante las noches seguía tosiendo.
-Pero no es nada –le aseguraba el pequeño con una sonrisa y luego añadía-. ¿Vas a venir conmigo hoy a jugar afuera?
Francia asentía, sonriendo satisfecho.
…
Se sentía mal, muy mal. Pésimo. Había estado seguro que todo estaría bien, que nada podía salir mal, porque así era él, confiado, seguro, decidido. Tres perfectos sinónimos que lo llevaron a esto. Benjamin Church había estado de acuerdo con él: ya habían defendido su territorio, y aunque no lograron avanzar mucho más y los franchutes los habían hecho retroceder fuera de sus colonias, podían decir que se habían tenido éxito. ¿Por qué no volver a casa? El pequeño Alfred podía valerse por sí solo.
Grave error.
Tuvo que volver, mas su desempeño se limitó a enterrar los cadáveres de su gente con la ayuda del mayor. Que Dios esté con aquellos que fueron tomados cautivos.
Francis lo lamentaría.
Pero eso no era lo que más le preocupaba. Lo que le preocupaba era que ya no sentía el dolor de aquellas muertes como debería. Simplemente sentía una honda tristeza por la pérdida de aquellos hombres, sus hombres, y sin embargo no lograba sentir nada más allá de eso, nada físico. Dónde debería haber un ardor incomparable que no le permitiría dormir, en lugar de aquel tormento que lo persigue con cada fallecimiento prematuro de su pueblo, estaba sólo aquel vacío, como si nada hubiese ocurrido. Y eso era lo que lo preocupaba de verdad: el que sentía el dolor de muerte, era Alfred.
1688 – 1689
Castin's War
No, hoy no fue una batalla, hoy les resumí una guerra dentro de una guerra. (?) O al menos así lo llamo yo xD
Bien, dicho esto, ¡me toca anunciarles el tema de turno! Hoy Arthur anda hinchando de nuevo, aprovechando que Alfred crece más rápido que Mathieu, ya que una parte de este todavía se pelea con Francia y porque las condiciones que tenían las colonias inglesas situadas al sur de las francesas les eran mucho más favorables. Comenzó la llamada King William's War, la cual es la parte de la Guerra de los Nueve Años que se llevó a cabo en Norteamérica. Resaltarán dos personajes: el primero, Jean-Vincent d'Abbadie de Saint-Castin, del lado francés y con el apoyo de la Confederación Wabanaki, que para ponerlo de manera simple, eran los nativos "canadienses" (entre comillas porque Canadá como tal aún no existía) que no estaban en pleito con Francia. Del otro lado tenemos a Benjamin Church (sobre él leí menos, tengo que confesar jeje), inglés obviamente. No hay mucho que decir, sólo que los ingleses atacaron y los franceses y los nativos los hicieron retroceder. Hubieron masacres de ingleses y los que fueron tomados cautivos fueron torturados y humillados por los nativos, quienes al parecer no pensaban muy bien de los ingleses. ¿Entonces por qué al principio Mathieu está enfermo? Como les dije, los primeros en atacar fueron los ingleses, quienes nunca se han quedado atrás en la guerra.
Espero que les haya gustado, procuraré no tardarme demasiados meses para traerles un nuevo capítulo. (aunque tengo mucho que leer... suerte que ya tengo el tema del siguiente capítulo jo~)
