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—No se veía así… —comentó tras varios meses de haber vuelto a la mansión.
Robin ya no salía a patrullar junto con él, ni Damian se dedicaba a entrenar. Pasaba gran parte de su tiempo pintando, tocando el violín y también recitando canciones con una voz profunda y etérea. Sufría, sin lugar a dudas lo hacía y saberlo le calaba los huesos y por supuesto, corazón.
Jason refirió que seguramente se trataba de una "etapa" no resultaba sencillo recordar que estuviste muerto y saber que te asesinó tu propia madre debía ser la mas grande de las putadas.
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Escucharlo hablar, le sentó como una cubetada de agua helada. Se había retraído tanto en los últimos días que honestamente, extrañaba el tono suave y jovial de su voz.
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—El amanecer en Nanda Parbat, era más rojizo y menos anaranjado. Tienes suerte de que cada despertar en Ciudad Gótica se sienta igual, padre.
—¿Igual, como? —preguntó acercándose a él que comentaba todo esto recostado en uno de los sillones largos de la estancia. Su libreta de dibujo sobre los muslos, los audífonos puestos, las ropas consistentes en una camiseta blanca con cuello en v y unos pantalones negros largos y ajustados.
—Cálido…—se quitó los audífonos y él alcanzó a percibir algunos acordes de Mozart. Lo miró a los ojos y mentiría si dijera que algo de eso no le dolió. Una expresión demasiado rota y adulta en los verdes ojos de su hijo. Anheló la antigua majadería y soberbia. ¡Su vida! pues esto que veía no era más que una sombra del que reconoció como hijo. —Creo comprender por fin, por qué no te has rendido con tu amada ciudad. Cada amanecer susurra junto con el viento que algún día todo lo malo terminará. —lo abrazó.
A sabiendas de que detestaba el contacto físico y sorprendentemente, no lo rechazó.
—Estoy ignorando mi sed de sangre, padre. Pero ese impulso pronto me vencerá…—susurró a su oído aferrándose a su cuello. Él lo presionó con mucho mayor fuerza ahora. Jason también le advirtió sobre eso. No es que quisieran, es que necesitaban hacerlo. El Pozo de Lázaro devolvía la vida pero reclamaba sacrificio en compensación.
Pensó en vidas, incontable cantidad de vidas que tanto él como sus hijos protegían pero que, de no entregar, los enloquecería y en el peor de los casos. Eliminaría.
Llamó a Red Hood para que se convirtiera en el nuevo guardián de su hijo menor. Nightwing estaba en contra de alimentar esos impulsos, también de dejarlo ir pues apenas si se estaban llevando mejor.
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—Las circunstancias cambiaron.—le recordó.
—¿De verdad? Porque creo recordar que hace cinco años, tú lo tenías por demente, desquiciado y maniaco.
—Luego se reformó y llegamos a un trato.
—¿Por eso ultimo te refieres a que no los asesinó a ti ni al Joker y que te conviene que mantenga sobre amenaza mortal a toda la escoria que se oculta en los muelles?
—Si
—¿Quieres que Little D, se convierta en eso?
—¿Lo llamas así?
—Se me acaba de ocurrir y no me has dicho que si.
—Damian necesita una guía que ni tú ni yo podemos darle. Además Hood tiene sus códigos. No le habría permitido quedarse si no fuera así.
—¿Matar a todo lo que se mueva menos mujeres y niños?
—Mata a los que son malos.
—¡Entonces matemos a todos y limpiemos la ciudad como quería R'as!
—Dick…
—Lamento interrumpir su amena charla, pero temo que el joven Todd, tuvo problemas con el chico. —Alfred les comunicó esto con la expresión neutra de siempre. Luego los condujo de la biblioteca al interior de la cueva.
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Su petirrojo estaba inconsciente, sobre la mesa de exploración y Jason en ausencia de máscara, con las prendas sucias y ligeramente impregnadas de sangre. Al verlos, levantó ambas manos en son de paz y se comenzó a disculpar.
—¡Yo no le hice eso! —Richard resopló dispuesto a "demostrar" quien de los dos pateaba mejor. Él carraspeó para advertirles que si se peleaban o se movían, les iba a acomodar una golpiza cien veces peor.
—¿Qué sucedió?
—Fuimos a los muelles, traficantes de blancas tendrían una pequeña fiesta ahí y se me ocurrió que sería un buen entrenamiento para D, lo que pretendía enseñarle o explicarle. Es que no es "necesario" matar a nadie. Yo lo hago por satisfacción, pero en teoría, sólo basta con derramar sangre.
—¿Lo has intentado?—preguntó Dick, ligeramente esperanzado.
—Contrario de él, la perra de su madre me explicó como funcionaba esto de ser "resurrecto" el tributo a entregar son almas y sangre. Para lo primero hay que asesinar, pero para lo segundo, basta con lastimar. No sé que tanto se calmen sus ansias después de hacerlo. Honestamente, yo no tengo problemas con "entregar" el paquete completo.
—Pff…
—Tranquilo sexywing, D es joven. Ese es otro tema que podría convertir su cerebro en auténtica mierda, pero me salgo del tema y el punto es que le agradó la idea porque al parecer está convencido de que con eso se ganará su afecto. —él rechinó los dientes y apretó los músculos totalmente indignado porque Damian no tenía que demostrarle nada. Él lo quería, aunque ninguno de los presentes se lo creyera. Todd continuo narrando, mucho más relajado.
—Comenzamos a poner a los civiles a salvo, a dejar a los matones inconscientes con un perfecto K.O y de pronto el chico se puso intenso.
Un sujeto del doble de su tamaño lo derribó al piso, comenzó a amenazarlo con la cantaleta de siempre. El cuchillo en sus manos, rozando la yugular y bajando de ahí hasta su pecho. Yo estaba un poco ocupado pero a nada de ir a ayudarlo. El tipo con el cuchillo abrió su casaca, rasgó algunas prendas internas, yo terminé con lo que hacía y me sorprendí de que D, no se moviera. Es decir, el gorila era grande, pero he visto mil y una veces el video de cómo pateó y cortó con su espada a Nightwing.
—¡Hey! ¡Yo le gané!—enfatizó el primero de sus hijos.
—Te costó heridas profundas. Y ni siquiera lo venciste, lo tuviste que amarrar con una puñetera cuerda.
—¡Porque es un insolente…!
—¡SUFICIENTE! ¿Qué sucedió después? —preguntó interrumpiendo la pelea entre los dos.
—Le quité a Godzilla y Godzuki se quedó ahi tendido, preguntando si era yo, su asesino.
—¿Qué…?
—Lo mismo quise saber yo. Dijo cosas incoherentes sobre no ser nada, merecer su castigo, querer morir.
—¿Piensas que son…?—preguntó Dick, y él le dijo que sí. Más recuerdos de su pasado. Más cosas que Thalía le hizo y que por obvias razones olvidó.
Llamó a Red Robin y le pidió que trajera ese nuevo aparato en el que estaba trabajando. Un proyector de sueños. El cuerpo de Damian ya estaba poniéndose enfermo con todo esto y si querían ayudarlo, debían conocer lo que no les estaba diciendo.
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—Es una cruel intrusión a su intimidad. —Se quejó Dick, pero no se marchó. Damian, iba y volvía de la inconsciencia. Jason juró que simple y sencillamente se desmayó. Lo trajo a casa inmediatamente, no se golpeó ni causó ningún tipo de daño.
Timothy le colocó los electrodos y cada cosa en su lugar. Si funcionaba. El proyector debía hacer que vieran lo mismo que él, en una pantalla plana y a todo color.
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El sueño era oscuro, apenas iluminado por un débil rayo de luz que debía provenir de una lámpara de aceite u antorcha. El escenario describía un calabozo, piedra porosa, suelo de tierra. Su hijo estaba recostado ahí y sobre sus formas había una persona que le cortaba la respiración. Sólo se veía su rostro, excesivamente pálido, gruesas líneas de la edad y de batalla, era un guerrero, aunque por la crueldad que transmitían sus ojos grises y aterradores. Todos estaban seguros de su oficio asesino.
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—¿Quién eres?—preguntó a su hijo como quien pregunta, qué sabor de helado prefieres.
—Nada…
—¿Nada?—refutó con burla y deleite. —Pensé que eras el heredero. Cuarto en la línea de sucesión.
—Ya no…—respondió con serenidad y lo que les pareció que era apenas un hilo de voz.
—¿No? Eso es bueno. Significa que sabes quien soy.
—Mi asesino...—la respuesta, los dejó fríos.
—¿Por qué?—inquirió prolongando su sádico juego. —¡Vamos! No cierres tus ojos, quiero escucharlo todo.
—Traté de escapar y fallé.
—¿En hacer que te maten o en el escape? —Damian y todos se sobresaltaron al escuchar eso. Su "asesino" sonrió. Dos hileras de dientes torcidos, algunos recubiertos de oro. —No me mientas, soy el verdugo. Tengo que escuchar tu final confesión. Sé que has intentado escapar antes, te rompiste los brazos, también las piernas, luego empezaste a tratar de matarte y yo quiero saber la razón.
—No quiero ser un arma. Madre ha dicho que el objetivo de mi existencia es convertirme en su espada. El soldado perfecto, futuro recipiente de R'as al Ghul.
—¿Y te da miedo?—el pequeño negó, aunque todos sabían que lo hacía por coacción.
—Por favor...mátame.
—Ah, pero este es el problema mi pequeño príncipe. Eres el único hijo de tu adorada madre. Todos los "demás" salen defectuosos. Sólo tú eres especial y luego de tantos intentos debiste aprender, que no te dejará morir.
—Las flechas…
—Sí, ¿cómo te va con eso? el dolor debe ser insoportable, pero creo también que te arrancaron la sensibilidad haciéndote caminar sobre carbón ardiente a la tierna edad de tres. ¿Cuantos tienes ahora?
—Siete.
—Mmmh…el "resurrecto" tenía casi el doble de tu edad.
—¡NO…! —los ojos del asesino refulgieron con verdadero gozo. Para esta parte del sueño, todos estaban convencidos de que sucedió, poco antes de ser arrojado a las aguas del Pozo de Lázaro.
—Lo siento, pero ya sabes lo que dicen, la tercera es la vencida. Además te harán un favor. Todo lo que está aquí…—mencionó tocando su frente con la punta del puñal. —Se borrará. No más sueños, esperanzas, ilusiones. Aquí entre nos, el peor error que cometió tu abuelo fue enseñarte a leer. Julio Verne, Los Viajes de Gulliver, Cuentos de los hermanos Grimm…pfff. Van a quemar todo eso.
—¡NO...! ¡NO QUIERO SER UN ARMA, NO QUIERO VOLVER! SÓLO MÁTAME, MÁTAME!
—¿Valió la pena? —preguntó ignorando sus súplicas. Mismas que ya habían hecho que Dick y Tim se abrazaran a si mismos y miraran hacia otro lado. —Escalaste alto esta vez ¿Dime, lo hizo? He oído relatos donde aseguran que lo último que viste, será lo primero que recuerdes al renacer. Concéntrate en algo bonito, no vayas guardar este viejo y feo rostro. Piensa en algo, lo más bonito, ¿Qué fue?
—Amanecía…—confesó y entonces él, sintió un nuevo estupor.
—¿Y qué más…?
—Nada más.
—Bien, como eres un chico verdaderamente bueno. Te diré un secreto que puede servirte en tu próximo intento. "Tienes un padre"
—¡Mientes! Ella me creo en su laboratorio como a Frankenstein.
—Te aseguro que es verdad, tiene tu mismo color de ojos y hasta comparte tu segundo nombre.
—¿Azules? ¿Los ojos de mi padre, son azules y se llama Bruce?
—Piensa en ello mientras te entierro esto...—el puñal entró en su pecho de una sola estocada, tan fuerte y profundo que obviamente. Lo despertó.
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Damian gritó y se retorció agónicamente como si una vez más estuviera siendo asesinado. Alfred tuvo que sedarlo para conseguir calmarlo y en cuanto a él y ellos. No lograban concebir la idea de que los ojos de su hijo fueran como los propios. Las aguas de Lázaro no blanquearon sus cabellos como sucedió con Jay, transformaron su alma noble, el color de sus ojos.
Su identidad.
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