"El cementerio es un hermoso jardín de flores.
Que se viste de gala las noches de luna nueva,
Con las estrellas como sus parpadeantes luces.
Y el canto de los búhos como fondo.
¿Me permites esta danza, mi amor? "
Hécate.
Esperaron que las luces se apagaran en todas las habitaciones de la Mansión, cuando el silencio reino una sombra se movía por los pasillos hasta la habitación de ella. Toco la puerta tres veces y espero que se abriera.
-Seiya. –Reconoció entusiasmada, su cabello estaba recogido en una cola de caballo y su atuendo se trataba de una simple camisa negra y un mono azul oscuro, sus zapatos deportivos.
-Vamos. –Se metió a su cuarto acercándose hasta el balcón sintió la brisa de la noche en el rostro y se giro para tomar en brazos a la muchacha que no tardo en pasar sus brazos por su cuello. –Un solo brinco.
Saori no le diría lo mucho que estar en esa posición significaba para ella, ni que recordaba aquel día donde se dejaron en claro la fe que tenían en el otro, una fe ciega de entregarle su vida aun al borde de un abismo, físico y emocional, ni tampoco que intento besarlo por primera vez.
-Ven, es un poco más adelante. –Decía Seiya al tiempo que apartaba algunas ramas con la mano donde sostenía la linterna y con la otra sujetaba firmemente una de las de ella, guiándola a través de los terrenos de la Mansión.
-Voy. –Respondió la muchacha procurando pisar con cuidado para no caerse, le costaba un poco sentirse segura en el terreno irregular aun cuando Seiya lo iluminaba con la linterna. Su mirada se dirigió al cielo para observar las estrellas.
-Es aquí. –Anuncio Seiya al momento de llegar a un claro entre los frondosos árboles que los rodeaban. Se miraron antes de dirigirse al centro comunicándose con la mirada.
Saori respiraba agitada e irregularmente, sintiendo que sin importar que tanto lo intentaran sus pulmones no lograban llenarse del aire necesario, el sudor le resbalaba por el rostro hasta caer en la grama y la cola que sostenía su cabello había desaparecido al momento de tirarse dejando todas las hebras libres.
-Respira profundamente por la nariz y bótalo lentamente por la boca. –Le recomendó Seiya al sentarse a su lado y retirar los mechones que estaban pegados a sus mejillas. –Eso es. –La observo calmar paulatinamente su respiración.
-¿Por qué no estás igual que yo? –Cuestiono con reproche aun conociendo de antemano la respuesta.
-No puedes compararnos. –Contesto entre carcajadas que la hicieron fruncir el ceño. –Tienes solo un mes entrenando no puedes esperar tener el mismo nivel que yo, que tengo años de práctica. –Dijo orgulloso. –Pero lo has hecho muy bien, aguantas bastante. –Felicito acariciando su frente.
-Me gustaría que mi cuerpo supiera luchar por sí solo. –Murmuro –Porque en este momento siento como si el corazón fuera a salírseme del pecho. –Se quejo llevándose una mano al pecho que Seiya siguió disimuladamente, se sonrojo ligeramente al desviar la mirada.
-Es normal, al principio yo también me sentía así. –Conto al tiempo que buscaba la mochila que llevo con ellos.
-Creo que Kiki aguantaría más que yo. –Comento sintiendo el dolor de sus músculos.
-Fácilmente. –La muchacha le dirigió una fea mirada. –No me veas así, Kiki es el aprendiz de un Santo de Oro, su entrenamiento debe ser muy exigente. –Paso su mano bajo sus hombros para ayudarla a incorporar, le paso la botella de agua que tomo desesperadamente en sus manos. –Toma despacio porque te puede caer mal si te atragantas.
-Gracias. –Siguió su consejo de beber a pequeños tragos lentamente. –Está haciendo mucho fresco. –Justamente una brisa llego para estamparse contra sus pieles moviendo sus cabellos. –El bosque con luna nueva se ve más oscuro.
-Sí, por eso creo que ya hemos terminado por hoy, volvamos a la mansión antes que se dé la medianoche. –Se levanto de un brinco casi burlándose de su incapacidad para moverse por lo que la muchacha alargo su mano para detenerlo de la muñeca.
-¿Le tienes miedo a los fantasmas, Seiya? –Pregunto burlona.
-¡No! Claro que no. –Dijo bajando el tono de voz para evitar verse alterado, miro en otra dirección avergonzado, negando con la cabeza y sus manos. –No le tengo miedo a nada.
-¿Escuchaste eso? –Inquirió mirando en varias direcciones logrando que Seiya también lo hiciera. –Me alegra saber que no le temes a nada porque son en noches como esta cuando la luna descansa que Hécate sale a recorrer el mundo, acompañada de los espíritus que gobierna. –Su postura de falsa seriedad le daba el toque que sus palabras necesitaban para asustar aun más a su caballero.
-¿La diosa de las encrucijadas? –Pregunto nervioso mientras un escalofrió le bajaba desde la nuca.
-También conocida como la Reina de los Fantasmas. Y diosa de la magia y la hechicería. –lo escucho tragar con dificultad y sin poder aguantarse lo jalo con todas sus fuerzas para que cayera contra su cuerpo y así abrazarlo. –No te asustes, a Hécate no le interesan las Guerras Santas, solo disfruta burlándose un poco del sano temor de los mortales por las energías del más allá. –Seiya levanto la mirada para observar su rostro teñido de diversión.
-Estoy muy agradecido de saber eso. –Confesó aliviado. –No quisiera imaginarme cono seria luchar contra ella.
-A mí tampoco. –Respaldo apoyando su mentón en la cabeza de su compañero.
Seiya caminaba lentamente vigilando muy bien el suelo para evitar en todo lo posible el tropezarse, no por el hecho de hacerse daño sino porque no quería que a Saori le pasara nada, esquivo piedras, palos y huecos malintencionados casi riéndose como un juego infantil. Saori que estaba subida a su espalda llevaba la mochila y con la linterna iluminaba el camino.
-Por cierto, tengo que decir que el cabello se te ve oscuro. –Dijo al detallar mejor las hebras que caían al frente. –Te queda bien así, sería curioso verlo en negro. –Comento sin percatarse de que era un anhelo nacido de su vida pasada, Saori por su parte se ruborizo escondiendo el rostro en su cuello. –Además, te ves muy linda cuando corres. –Ahora si los dos parecían una rosa roja de lo coloreado que estaban. –Saori dejo que su mano libre se aventurara en la cabellera de su santo para acariciarlo suavemente.
-Gracias. –Titubeo avergonzada. –Sabes siempre me has estado sosteniendo. –Al escuchar la duda en su santo procedió a explicarse. –Es decir, ya sean tus manos sosteniendo firmemente las mías para guiarme o tenerme entre tus brazos para protegerme, sin importar la circunstancia siempre estás ahí.
-Y seguiré estando para ti. –Aseguro.
Saori sonrió con sus palabras, no podía evitar sentirse casi ilegalmente feliz, en su espalda, juntos bajo un cielo estrellado, porque la bóveda celeste estaba especialmente brillante esa noche, seguramente sin la luna que las opacara las estrellas demostraban todo su resplandor.
-Saori. –Escucho la voz alarmada de Seiya y su mirada se enfoco en las pequeñas luces que empezaban a emanar del suelo, los árboles y todas las estructuras del bosque.
-Son los espíritus del bosque. –Informo maravillada del espectáculo que tenían la fortuna de observar –No son peligrosos. –Aclaro apretando su hombro para que continuara con su andar, si bien pensaba que sería divertido disfrutar del nerviosismo de Seiya quería con más ganas el llegar a casa para que sus adoloridas piernas pudieran descansar.
-Pareciera que bailaran en el bosque. –Comento Seiya maravillado al ver las esferas convertirse en animales que vibraban en una sinfonía sutil. Comprendió casi de inmediato el susurro de Saori de que esa era su forma de darle una ofrenda a la Diosa Hécate.
-Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que nos encontramos frente a frente. –Pensó.
Era una noche sin luna también.
-No te soltaré, puedes caerte. –Se detuvo al escuchar la voz del adolescente con una ceja arqueada, al girarse pudo constatar de que el joven Santo de Pegaso sostenía una de las manos de la diosa que lo miraba alegre. Sus compañeros de armas miraban con desaprobación la osadía de un santo de menor rango atreverse a gritarle y a tocar a la deidad.
Se dio la vuelta indiferente, conocía de sobra la falta de protocolo del chico por lo cual no valía la pena molestarse, se percato sin embargo que los santos de su mismo rango se mostraban incómodos mas no intervenían.
-No me voy a caer, Aimé. No mientras estén ustedes para ayudarme. –Dijo con tranquilidad la muchacha alegre y apretando suavemente la mano del chico en la suya. Le sonrío antes de empezar avanzar nuevamente por el estrecho camino que tenían por delante, de un lado la montaña se erguía amenazadora y por el otro un acantilado.
Dicho acantilado era por donde terminaría de caer la chica que sin querer tropezó con una piedra que la hizo resbalar en dirección a las profundidades si no la hubiera detenido la mano veloz y firme de su santo de Pegaso, por supuesto del susto se gano una serie de reproches sobre su torpeza de su parte que escandalizaron a sus demás santos. Lo comprendía, la complicidad que tenia con este muchacho era diferente a la que nunca llego a tener con ninguno otro, y sabía que eso molestaba a más de uno.
-Prefiero sostenerte. –Agrego al avanzar unos cuantos pasos mirándola con seriedad, ella asintió dando su aprobación al tiempo que se fijaba con mayor concentración en cada paso que daba, su vestido anteriormente blanco se encontraba lleno de polvo, algunas rasgaduras y un poco de sangre, sacudírselo no lograría nada por lo que simplemente lo dejo así.
Senén de Capricornio es un hombre maduro, el mayor de su generación y quien debe dar el ejemplo, siempre velando por la seguridad de sus compañeros con la meta de llevarlos a la victoria con las mínimas perdidas, ha vivido más de lo que esperaba al aceptar su destino y se siente agradecido por eso, su preocupación más grande es su falta de heredero, sus hermanos de armas ya tenían sucesores si bien no los dejarían participar en la guerra su legado estaba asegurado.
Había visto muchas cosas durante su vida por lo que una relación de convivencia entre la diosa que debían proteger y un santo que la cuidaba no le parecía nada malo, además la hacía feliz y su sonrisa valía más que cualquier tesoro.
-Ágape, pisa bien. –Recomendaba con seriedad Pegaso al vigilar cada uno de sus pasos.
-No considero apropiado que nombres de esa forma a la Señora Athena. –Reprendió Anxo de Piscis con el ceño fruncido esperando ser apoyado por sus compañeros pero estos simplemente guardaron silencio. El aludido solo se encogió de hombros restándole importancia al asunto.
-No tiene importancia, Anxo. Aimé siempre me ha llamado de esta forma y no me molesta. –Sonrió dulcemente para quitarse la seriedad al asunto pero su Santo solo miro al frente aun con una expresión molesta. Aimé sonrío en parte arrogante por saber que Ágape lo defendería.
Senén observo de nueva cuenta al chico, Aimé de Pegaso tenía la misma edad que la diosa, compartían el día de nacimiento y los ojos claros, las sonrisas también eran frecuentes cuando se juntaban. Leonidas de Aries llego un día al Santuario con un pequeño de escasos dos años que encontró en las ruinas de una ciudad destruida, estaba seguro de que las estrellas lo llamaban porque lo podía ver en sus ojos verdes, al llegar su mirada se encontró con la de la diosa y desde ese momento se volvieron inseparables.
Senén los vio crecer hombro con hombro, cómplices y cercanos, el Patriarca se mostraba complacido de que el joven destinado a ser el Santo de Pegaso se encargara de mantener feliz a la princesa, sus regalos, sus tardes de pintar juntos y las flores mantenían una constante sonrisa en la niña. Estas acciones solían molestar a los otros aprendices y algunos santos, pero él sabía que la niña los amaba a todos pero ese impertinente chico era el único que se atrevía a tratarla como una igual y se lo agradecía.
-¿Falta mucho? –Pregunto Aimé al aire.
-No, debemos estar cerca. –Respondió Ágape indicando con la mano que sostenía a Niké lo que parecía el final del estrecho camino que se abría en una planicie rodeada de arboles.
-¿Deberíamos prepararnos para un enfrentamiento? –Cuestiono la Amazona de Aries con tranquilidad.
-Creo que lo mejor es estar alerta, Areta. Pero si podemos evitar una confrontación innecesaria sería lo mejor que podemos hacer. No hemos venido con una actitud hostil sino simplemente a pedir un favor de su parte. –Le dedico una mirada amable al Santo de Cáncer que le dedico una sonrisa con un gesto infantil sin que nadie más que ella lo viera.
-Si me permite, dudo mucho que la Señora Hécate acceda a su demanda fácilmente sin pedir nada a cambio. –Anxo cruzo los brazos en una pose pensativa.
-Para eso es que vinieron ellos. –Señalo con un gesto de su cabeza a los Santos de Plata que caminaban a su lado, estos que se mostraban tranquilos y silenciosos no pudieron evitar que una expresión de susto atravesara sus rostros antes de controlarse y quedarse imperturbables. –Los entregaremos como sacrificios.
-¡¿Cómo te atreves?! –Exclamo colérico Aimé al intentar darle alcance al Santo de Cáncer que caminaba unos pasos atrás. Siendo convenientemente detenido por la mano que permanecía unida a la chica.
-No olvides cuál es tu lugar. –Anxo se atravesó cuan alto obligándolo a retroceder. –No puedes dirigirte de esa forma a un superior… -Aimé se mostro claramente intimidado al colocarse a un lado de su amiga.
-¡Anxo! –Y si algo frustraba con seguridad al hombre era que su diosa defendiera a capa y espada al muchacho además de que ni Adara de Aries, ni Senén de Capricornio lo apoyaran. –Sinhué solo estaba bromeando, Aimé, no lo decía en serio. –Explico la diosa para dirigirse a los dos hombres que la observaban con tranquilidad. –No existe forma alguna en que yo los entregue. Erik y Ro, son importantes para mí.
-Es hermoso escuchar su preocupación por nosotros. –Dijo Ro de Sagitta con una inclinación de cabeza.
-Pero si fuera necesario nuestro sacrificio para obtener un beneficio para usted, sería un honor dar nuestras vidas sin dudar. –Hablo Erik de Lacerta firme y serio. Anxo asintió conforme con la respuesta al nivel de lo que se esperaría.
-Lacerta, Sagitta. –Adara de Aries se detuvo para con voz autoritaria demandar la atención de los santos. –Vamos a explorar el terreno. –El trío se adelanto a buena velocidad mientras ellos se quedaban retrasados para ver la señal de que era seguro seguir avanzando.
-Mira, mira. –Exclamo con voz aniñada el menor de todos, un adorable niño de cabellos y ojos dorados de apenas once años. Su nombre era Lionel de Andrómeda y estaba fascinado con las diversas luces que empezaban a flotar a su alrededor.
-Son fantasmas. –Explico Senén con calma ante el asombro del trío de jóvenes que le quedaba a su cuidado. –Asumo que esto implica lo cerca que nos encontramos de nuestro destino.
-Pero no hay nada de qué preocuparse, Lionel. –Sinhué elevo su cosmos ligeramente para alejar a los espíritus que se quejaron tristemente. Ágape le dirigió una mirada orgullosa mezclada con un poco de nostalgia.
Una vez que el equipo de Aries regreso reiniciaron su marcha, incluso en el momento de entrar al bosque la mano de diosa y santo no se soltaron para aumentar la frustración de Anxo, Senén pensaba decirle que se calmara y dejara la situación por la paz pero seguramente Piscis se sentiría ofendido y se pondría ofuscado. Al profundizar un poco más se encontraron con un castillo fantasmagórico en medio de tres caminos.
Aimé trago grueso para ocultar el creciente nerviosismo que le producía ese lugar, miro disimuladamente a los demás, Senén permanecía tan imperturbable como siempre, Anxo dedicaba mas emociones a su enojo con él que con el resto de las cosas, y Sinhué estaba emocionado.
-Este lugar es escalofriante. –Comento Lionel haciendo eco de sus pensamientos, Erik y Ro lo miraron con un poco de desaprobación, los santos guardianes no deben demostrar miedo en ninguna circunstancia. – Podríamos atravesarlo ¿No? –Pregunto con curiosidad.
-No. Este es el hogar de Hécate. –Anunció la diosa –Aunque intentaras pasar no lo lograrías si no cuentas con su aprobación.
-¿Entonces…? –
-Tocaremos. –Sinhué asintió ante la petición silenciosa que le decían los ojos de su diosa, se acerco hasta la puerta concentrando su cosmos en su puño con el que golpeo tres veces la puerta de madera.
Nota: Para hacer la lectura ligera en dos partes.
Termine subiendo el fic invertido, ya que "Selene" era la última parte, en todo caso.
Los significados de los nombres:
Senén: La punta de hierro de la flecha o lanza.
Lionel: Diminuto de León. Hebreo.
Aimé: Es un nombre unisex significa "amada o amado" de origen francés.
Areta: Virgen. Griego
Ágape: Amor. Griego.
Anxo: Ángel. Gallego.
Erik: Poderoso.
Ro: Pelirrojo.
Sinhué: Canto por la paz. Egipcio.
