Aquí va el segundo Capi, espero les guste ;)

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, ni mucho menos Toby Cavanaugh :(


2. Salvada por un extraño.

Mis ojos se abrieron de golpe. Tenía una extraña sensación en el pecho, algo parecido al miedo. Había tenido un sueño muy extraño pero, como me suele pasar muchas veces, no recordaba casi nada de él. Sólo un par de imágenes borrosas, colores y una emoción extraña que empezaba a crear un nudo en mi garganta.

Rayos. Me sentía frustrada, por más que trataba no podía recordar nada más. Era realmente exasperante.

Giré el cuerpo completo y me acurruqué en una posición diferente en mi almohada para intentar recuperar el sueño. Nada. Finalmente decidí que no tenía caso seguir intentando y me puse de pie para salir del cuarto.

Era sábado por la tarde, me había quedado dormida mientras leía el periódico. Más o menos ayer a esta hora, Tefa y yo habíamos estado corriendo por nuestras vidas luego de que se creara un caos inmenso por un par de sandalias.

Estaba a punto de salir de mi cuarto cuando mi estómago sonó recordándome que no había comido nada desde hace un buen rato. Me acerqué a mi cómoda y de mi escondite secreto saqué una moneda de dos soles para comprarme algo en la tienda, no perdería el tiempo buscando comida en el refrigerador, ya sabía yo que nada de lo que contenía dicho aparato era del agrado de mi paladar.

Cuando salí a la calle noté que el cielo estaba nublado. Era algo que para uno no podía pasar desapercibido pues estábamos enero y los días eran más largos. Usualmente a esta hora seguía estando el molesto sol en lo alto, fastidiando la vista con su luz excesiva y haciendo a uno sentir que estaba en un sauna portátil a cada paso.

Mi casa quedaba frente a un parque y en un punto en el que, fueras en la dirección que fueras, encontrarías una tienda. Pero por alguna extraña razón, dos de estas tiendas (las más cercanas: la de la esquina y la del callejón a la derecha) estaban cerradas, lo que disminuía mis posibilidades.

Armándome de paciencia y buen humor, decidí ir a la tienda que quedaba en la calle de atrás. Caminé y caminé, y ya estaba a punto de llegar cuando vi que la señora ya estaba empezando a cerrar. ¿Qué? ¿Tan temprano? ¡Pero si apenas eran las seis y media!

Me dio demasiada flojera regresarme a las otras tiendas, pues quedaban un poquito más lejos, y simplemente me dirigí a la siguiente tienda más cercana, la que quedaba una calle más atrás, frente a un parque también. Estaba cruzando un lugar en el que hay dos terrenos sin construir, y que si atraviesas prometen dejarte los pies totalmente arenados, cuando vi a una mancha de niños de entre nueve y diez años (la edad de mi hermanita) con globos de agua en la mano, esperando a su próxima presa.

Oh, rayos, por un momento se me había olvidado. Además de que no me gusta Enero por ser el primer mes del verano y a la vez el más caluroso, lo detesto también porque, en el barrio en donde vivo, los niños (A veces incluso chicos de mi edad) se adelantan un mes a carnavales (que se supone son en Febrero) y agarran de mojar a la primera persona del sexo femenino de entre 9 y 25 años que se les cruce en el camino.

Y en este mismo momento yo era una presa fácil: sola, de la edad requerida, a unos pocos metros de ellos y sin ninguna compañía masculina que me sirviera de protección.

-Mierda.- murmuré cuando el más pequeño de los niños me vió ahí, paralizada del miedo y sin saber qué hacer, y dio el grito de aviso a sus compañeros.

-¡Miren, ahí, una presa!- solté un grito (sí, lo sé, soy una escandalosa) y emprendí una carrera sin fijarme hacia donde iba, sólo sabía que quería ir lejos de ellos, no a dónde.

Me persiguieron por lo menos cuatro cuadras y ya íbamos por la quinta cuando, al rodear una esquina, me estampé de frente con un pared humana y estuve a punto de caer al suelo. Y digo "a punto" pues no caí, una mano me sostuvo del brazo antes de que me golpeara.

No me detuve a mirar con quien me había chocado, sólo grité una disculpa y seguí corriendo. Entonces, un globo pasó por mi lado, casi rozándome el hombro, y se estrelló contra el suelo a mi lado salpicándome los tobillos. Me resbalé con el reciente charco y una vez más la misma mano me salvó de romperme la nariz contra el cemento de la vereda. Grité otra vez pero sólo de la sorpresa.

En ese momento, los gritos de los niños llegaron a mis oídos y me sorprendió el descubrir que se alejaban. Sólo ahí giré la cabeza para mirar hacia atrás y, en efecto, los pequeños demonios ya se alejaban corriendo.

-Gracias.- dije jadeando para recuperar el aliento y alzando la vista para ver por primera vez a mi salvador. Y vaya que me llevé una sorpresa.

Frente a mí se hallaba un chico altísimo (me llevaba casi dos cabezas), de pelo claro y lacio (ligeramente largo), y una piel demasiado blanca para pertenecer a un latino. Así que me había estampado contra un extranjero y encima ahora le debía la vida, o bueno, al menos mi nariz se la debía (De no ser por él ahora estaría rota de seguro).

Me miró con curiosidad y algo de timidez pero no respondió, sólo hizo un ligero movimiento de negación con la cabeza. Se me ocurrió que a lo mejor no me entendía, por eso de que era gringo, y entonces, tragándome mi vergüenza, le repetí lo mismo en inglés (sabía mucho de él pero vivía con miedo a equivocarme al pronunciarlo o confundir alguna palabra) y añadí una pregunta:

-¿Hablas español?-

-Muy poco.- su acento me provocó una risita. Vaya, la primera vez que hablo con un gringo y me río de él en su cara. Muy bien hecho, Clau. Me miró, confundido, y antes de que yo pudiera dar una explicación, una gota de agua cayó sobre mi mejilla, y luego otra y otra. En pocos segundos ya estaba lloviendo con fuerza. Oh, genial, tenía que regresar a casa antes de que me diera una pulmonía.

Analicé la expresión del chico que, en vez de decirme que tenía que irse a su casa o a su hotel o cualquier cosa, se apresuró a resguardarse de la lluvia bajo un techito de una casa. No me moví por un minuto, observando su siguiente movimiento y se me pasó por la cabeza la idea de que quizás el chico no tuviera a donde regresar. (Oh, vamos, Clau, eso es imposible. ¡No puede haber aparecido de la nada y ya!) Pero bueno, no iba a dejar que el chico se quedara ahí y pescara una gripe o algo, así que, sin pensar bien en lo que hacía, lo jalé del brazo y le pedí que me siguiera.

Mi plan era hacerlo entrar en mi casa y tenerlo en mi sala hasta que se secara, y si mi mamá preguntaba quién era le diría que era un amigo del ICPNA (el instituto de inglés en el que yo solía estudiar y el que ahora sólo visito para encontrarme con Tefa y unos amigos), es decir, ¡Era un gringo! ¡Tenía que creerme!

Sin embargo, no salió como lo planeaba. Al abrir la puerta de mi casa mi gata salió disparado a la calle, seguramente se había quedado afuera en el patio y ahora estaba asustada por la lluvia.

-¡Burbuja!- la llamé.- ¡Gata tonta, allá hay más agua!- pero no me obedeció y a estas alturas ya iba cruzando el parque.

Empujé al gringo bajo el techo que había sobre mi puerta para que no se siguiera mojando y salí corriendo detrás de mi mascota. Logré alcanzarla cuando llegamos al centro del parque (un círculo de cemento con una estatua en el centro y muchas bancas alrededor) y, en cuanto la cogí, me arañó.

-¡Ay!- me quejé. Genial, más arañazos a la lista. Ya había tenido suficientes con los de ayer y ahora esto.

Con Burbuja en brazos corrí de nuevo hacia la casa, una vez ahí se la di al gringo para que la sostuviera y abrí la puerta de adentro (Mi casa tenía tres puertas principales, dos que daban al patio, que eran de la cocina y de la sala, y una, en el patio, que daba a la calle). Empujé al gringo adentro con gato y todo y cerré la puerta de la calle, crucé el patio, entré a la sala y cerré también esa puerta.

Mi casa estaba sola, mi familia se había ido al cine a ver una película y yo me había negado a ir pues la que habían escogido me parecía muy infantil y estaba segura de que iba a terminar durmiendo en plena sala de cine si iba a verla.

Me tiré sobre el sofá sin importarme si lo mojaba (ya lo secaría después. Si me acordaba…) y el gringo tomó asiento en el sillón más grande, frente a mí. Nos quedamos en silencio unos minutos (Burbuja se había ido corriendo a la cocina quién sabe para qué) hasta que finalmente él rompió el silencio.

-¿Puedes decirme dónde estoy?- preguntó con la vista fija en sus pies.

-Piura, Perú, Sudamérica, el Planeta Tierra, la Vía Láctea…- respondí tratando de alivianar la tensión en el ambiente. Sonrió tímidamente pero luego su sonrisa se convirtió en una mueca de preocupación.

-Esto va a sonar loco…- comenzó a decir luego de un rato más de silencio.

-Me imagino.- murmuré.

-…pero… yo no soy de aquí. Es más… no creas que estoy loco pero… ni si quiera sé cómo llegué aquí.- mi corazón empezó a latir con fuerza cuando una loca idea se pasó por mi mente.

-¿Qué?- pregunté. Luego se me ocurrió una pregunta un poco más inteligente.- ¿De dónde eres?-

-De Estados unidos, de…-

-¿Cómo te llamas?- le interrumpí. El corazón me latía tan rápido que iba a darme un paro cardiaco en cualquier momento. Una vocecita empezó a repetir en mi mente una súplica incesante: Por favor no digas lo que creo, por favor no digas lo que creo.

-Toby Cavanaugh.-

-Oh, por el amor de Dios…-


Tu…. Tu… tu….

-¡Alócate!- respondió Tefa animadamente pensando seguro que la llamaba para alguna de las locuras para las que siempre la llamaba.

-Mana…-

-¿Qué paso?- preguntó preocupada al detectar el tono extraño de mi voz. Tragué saliva e intenté disimular un poco el miedo y evitar que la voz me temblara.

-¿Te acuerdas del chico ese que me dijiste ayer… ese que te gustaba?- fingí no recordar para evitar decir el nombre de la persona que en este momento se hallaba parada a tres metros de distancia de mí ojeando los adornos de mi mamá que ella había acomodado en un mueble alto que estaba pegado a la pared de mi sala.

Yo me encontraba en la puerta de la cocina, vigilando cada movimiento de mi invitado y dando vueltas sin parar.

-¿Toby?- preguntó, divertida, pensando que si el asunto tenía que ver con su personaje ficticio favorito de seguro no era nada serio.

Y bueno, comprendía ese razonamiento suyo. Es decir, ¿Qué podía tener de seria la cosa si el tema era una persona ficticia en la conversación de dos adolescentes? A menos, claro, que esa persona, supuestamente inexistente, estuviera ahora parada en medio de tu sala ojeando ositos de porcelana. Porque yo estaba casi cien por ciento segura de que no estaba soñando, de que ese chico no era una invención de mi imaginación y que era realmente de carne y hueso.

Pero es que, Dios, era tan imposible.

-Sí, ese. Dime, ¿Cómo luce?-

-¿Cómo que cómo luce? ¡Es Toby!-

-Me refiero a la apariencia.- dije entre dientes.

-Ya lo sé, ya lo sé. Haber… es… complicado. Espera para buscar una foto de él.- y oí el sonidito del mouse al hacer click. Puse los ojos en blanco.

-Ay, no, estás en la Compu.-

-No te preocupes, si te voy a hacer caso. Haber… es alto, altísimo.- Sí, por lo menos dos cabezas más alto que yo.

-Ok…- la insté a que continuara.

-Es blanco, un poquito pálido pero no como vampiro. Tiene el cabello lacio, oscuro y un poquito largo.- sí… era el mismo peinado.

-¡Tiene un hoyuelito en la barbilla! Nariz recta… como la de Robert Pattinson. Y los ojos…-

-Azules.- murmuré.

-Sí, ¿Cómo lo sabes?- no escuché lo que decía, seguí perdida en mis pensamientos.

-Misterioso… una mezcla de Sam y Jasper…-

-¿Mana?- preguntó extrañada.

Iba a responderle pero justo en ese momento Toby se volteó y luciendo un poco avergonzado me preguntó:

-¿Podrías prestarme tu baño?-

-Eh… sí. Esa puerta de ahí.- dije señalando una puerta a mitad del pasadizo que llevaba tanto a la Oficina como al cuarto de servicio y al baño.

-Gracias.- dijo y se fue hacia donde le había señalado.

-¿Con quién hablas?- me preguntó mi amiga en un tono que demostraba que estaba confundida y no sabía que pensar.

-Eh… Mana, hay algo que tengo que contarte pero te advierto que va a ser muy difícil de creer.-

-¿Qué cosa, mujer? Me estás asustando.- bueno, yo también lo estaba.

-¿Puedes venir a mi casa?-

-Mana, ¡Está lloviendo!- respondió hablando como si en vez de mí se tratara de un niño pequeño al que hay que repetirle las cosas para que entienda. No me molesté por su tono. Comprendía perfectamente lo raro de la situación.

-Créeme, es muy importante.- insistí.

-De acuerdo, intentaré que mi madre me de permiso.-

-Ok.- y dicho esto, corté.

Mi vista se quedó fija en el charco que se había hecho en el piso, frente al mueble, al escurrirse el agua de la camisa del chico creando una especie de prueba de que esto no era un sueño. Entonces pensé, dirigiendo mi vista a la puerta del baño cerrada y a la luz encendida que indicaban que estaba ocupado.

Si tú estás aquí… entonces, ¿Dónde están ellos?


Reviews? :) xD Al próximo capi aparecen los Merodeadores :)

Gracias por leer.

MariBlackL