Capítulo II: 31 de julio
Dumbledore había salido hacía tan solo unos minutos de la casa, quizá para darles privacidad, Harry se sentó en un sillón. Hermione y Ron le siguieron, sentándose cada uno a un costado de él.
-¿Dónde están Fred y George?-preguntó Harry, luego de un largo silencio.
-están buscando locales para expander su negocio-respondió Ron. Harry alzó una ceja-verás, ellos tienen una tienda en el Callejón Diagon, la compraron hace un mes… creo-dijo Ron más para sí-pero como les ha ido tan bien, están abriendo nuevas sedes y contratando personal, realmente están amasando una fortuna con ese negocio-Harry sonrió al pensarlo.
Los gemelos Weasley siempre fueron buenos para las bromas, dedicaban mucho tiempo a ellas y era obvio que algún día iban a dar frutos todos sus esfuerzos.
-así que les ha ido de maravilla ¿no?-Ron asintió fervientemente.
-y no sabes cuánto…-
-solo espero que no hagan algo tonto-habló Hermione con el ceño fruncido-me refiero a que no se les ocurra hacer una ridiculez que pueda causar problemas, ya saben-dijo ella.
-no creo que lo hagan… saben que puede ser riesgoso-musitó Harry.
-estamos hablando de Fred y George, mis hermanos, los bromistas del año que hicieron aparecer un pantano en Hogwarts ¿recuerdan?-Ron se cruzó de brazos-a esos dos no les importa, les gusta llamar la atención-refunfuñó.
-¡Ron!-exclamó Hermione en tono molesto.
-es cierto-contestó el pelirrojo con ligereza.
-si, pero ahora es diferente… tus hermanos no se arriesgarían a cometer tamaña estupidez-acotó ella.
-no lo sé…-admitió Ron mientras se encogía de hombros.
-pero están todos bien ¿verdad?-preguntó Harry.
-ha habido diecinueve desapariciones estas tres últimas semanas y otras seis muertes, dos muggles entre ellos-dijo Hermione, estremeciéndose luego-afortunadamente, de la Orden no ha mue…-y cayó abruptamente. Harry sabía que Hermione no quería recordarle lo sucedido en el ministerio hace unos meses. Le sonrió para reconfortarla.
-no ha muerto nadie desde Sirius-terminó la frase él.
-¿Harry, estás bien?-preguntó Ron.
-aún no logro asumirlo, es todo… es normal-dijo él.
-sabes que estamos aquí para ti, Harry… para cualquier cosa-dijo Hermione con suavidad.
-lo sé-respondió. Y el temor volvió a embargarlo. Rápidamente, buscó un tema al qué referirse-tengo que hablar con ustedes sobre Lis Elfwand-
- ¿la chica hada?-preguntó Ron. Harry asintió-mi madre nos dijo todo ayer-
-Oh-musitó Harry.
-la verdad es bastante extraño, quiero decir, es que las hadas parecen tan… y los libros dicen…-Hermione enrojeció levemente-pensar que todos creen que las hadas tienen poderes insignificantes y que solo sirven para decoración-decía ella aún más cohibida.
-Hermione, no te pongas roja-dijo Ron.
-además, lo prefieren así ¿no?-dijo Harry. Hermione asintió levemente, pero su sonrojo no disminuía.
-es que… es difícil tener a un hada frente a ti… como una humana, es decir, todo lo que nos enseñaron sobre ellas te viene a la cabeza y luego lo comparas con la realidad, es inevitable que uno se sorprenda o que se sienta avergonzado-prosiguió mientras comenzaba a inhalar y exhalar con profundidad.
-créeme que yo también me sorprendí-dijo Harry, pasando una mano por su desordenado cabello negro-nunca en mi vida he visto un círculo de hadas, casi hice el ridículo-
-¡no me digas que casi te integras al baile!-exclamó Ron. Harry sintió sus mejillas arder mientras su amigo contenía una risa.
-Ron, no te burles-frunció el ceño, Hermione-yo te hubiera querido ver allí, seguro que hubieras terminado bailando como condenado-Ron hizo una mueca.
-el señor Weasley dijo que era normal…-
-lo es para los que no han visto nunca un círculo de hadas-respondió Hermione.
Se escucharon pasos, la madera de la escalera crujir bajo el peso de cuatro personas. Harry, Hermione y Ron se levantaron con rapidez y se dirigieron al pie de la escala.
La señora Weasley tomaba de los hombros suavemente a Lis, vestida apropiadamente, y detrás le seguían la hermana pequeña de Ron; Ginny, y el señor Weasley.
-hola, Harry-saludó Ginny con un gesto de mano mientras bajaba las escaleras.
-hola, Ginny-respondió Harry.
-le ha quedado mejor tu ropa, Hermione-comentó la señora Weasley al estar abajo.
-mi ropa le quedaba muy ajustada y los pantalones le quedaban cortos-comentó Ginny, divertida, mientras dejaba el paso a su padre para que terminara de llegar a la primera planta.
-¡Ginny, no seas indiscreta!-le regañó la señora Weasley.
-lo siento, mamá-Ginny se acercó a Hermione con una sonrisa traviesa en su rostro.
-gracias por la ropa-musitó Lis a Hermione.
-no hay de qué-le sonrió ésta.
Dumbledore se marchó luego de dedicarle otra charla a la pelirroja y una miradita significativa a Harry. Él deseaba que Harry les contara en breve lo de la profecía a sus amigos y el chico lo sabía, pero como el mismo Dumbledore había dicho, no lo presionaría… dejaría que él lo contara cuando estuviera listo.
La señora Weasley había preparado filete y arroz. Harry no pudo evitar que su boca salivara en exceso al oler y ver la comida. Su estómago reclamaba con fiereza el tan ansiado alimento, entonces el muchacho tomó el tenedor y el cuchillo y comenzó a cortar su gran pedazo de carne.
-Ginny, hija, pásame la salsa, por favor-la pelirroja hermanita de Ron le sonrió a su madre como respuesta y le alcanzó el tazón donde reposaba la salsa-gracias-respondió la señora Weasley.
-Hermione, Harry no pudo explicarme… ¿sabes cómo funcionan los timbres?-preguntaba el señor Weasley. Hermione pestañeó un par de veces mientras terminaba de tragar.
-Arthur…-bufó la señora Weasley.
-no lo sé muy bien, señor Weasley-confesó la de enmarañados cabellos-no me he dedicado mucho tiempo a leer libros de mecánica y física-
-¿Cómo?-hubo un largo silencio mientras las miradas, a excepción de Harry que sabía a lo que se refería su amiga, se fijaban en ella.
-física y mecánica son dos materias en el mundo Muggle-respondió-física te enseña… por ejemplo…-trataba de explicar-… cómo es que los aviones vuelan-
Harry divisó un brillo especial en los ojos del señor Weasley. Sonrió. Sabía que él deseaba con todas sus fuerzas saber cómo es que volaban los aviones.
-y la mecánica… creo que vendría a ver los motores y circuitos, ese tipo de cosas-prosiguió Hermione-y con respecto a los timbres… sé que se usan circuitos-
-¡¿Oh, en realidad la física enseña como los aviones vuelan?!-
-enseñan los principios básicos-contestó la muchacha.
-bueno, los muggles siempre se las han ingeniado para vivir sin magia, yo todavía no entiendo cómo funcionan los felétonos-comentó Ron antes de llevarse una gran porción de arroz a la boca.
-¿felétonos?-musitó Lis, que hasta entonces había estado en el más absoluto silencio.
-teléfonos-pronunció Harry, corrigiendo a los dos. Tomó un poco de zumo de naranja y luego prosiguió-en vez de cartas, se usan… unas máquinas para comunicarse a largas distancias-
-Oh-musitó la muchacha pelirroja mientras volvía a centrarse en su almuerzo.
Harry alzó una ceja, se preguntaba… ¿Cómo ganarse la confianza de un hada?
-te…fle…nof…o-pronunciaba Ron con la boca llena.
-¡Ronald, no se habla con la boca llena!-gruñó la señora Weasley. Ron hizo una mueca mientras tragaba.
Hermione movió negativamente la cabeza mientras tomaba su vaso.
-¡de todas formas, no deberíamos estar hablando de los aparatos muggles sino de sus TIMOs!-
Harry observó detenidamente las reacciones de sus amigos. Aunque Ron estaba visiblemente nervioso y sus manos temblaban, sus reacciones eran opacas frente a las de Hermione. Su amiga no solo había proferido un leve chillido sino que se había puesto pálida y sus manos se juntaron, sobándolas nerviosamente.
Y él, Harry; estaba nervioso, sentía como comenzaba a sudar… en realidad deseaba tener buenas calificaciones para convertirse en Auror. Sabía que en Defensa Contra las Artes Oscuras le había ido; sin presumir; excelente, pero temía los resultados de sus otras asignaturas… en especial pociones.
-¡ay, por Merlín, los resultados deberían haber llegado ya!-decía Hermione mientras jugaba con sus manos.
Harry llevó su vaso a su boca, tragando con el zumo lo último de su almuerzo. Su estómago se retorcía, pero ahora no era por hambre sino por los nervios.
-de seguro sacaste Extraordinario en todas las asignaturas, Hermione-le confortaba Ginny, mientras acariciaba su espalda.
-¡¿pero y si no?!-
-Hermione, estas rayando en la…-Hermione fulminó a Ron con una mirada antes de que éste terminara de formular la frase.
-de los tres tendrás las más altas calificaciones, Hermione-trató de sonar tranquilo, Harry.
-pero…-
-no era mi intención ponerte nerviosa, Hermione, querida-decía la señora Weasley en tono compungido.
-no… es normal-explicaba Hermione, bajando sus brazos de la mesa y ocultando su rostro con su melena desordenada.
-Hermione, respira hondo-apremió el señor Weasley quien se estaba poniendo pálido al ver el pequeño ataque de nervios de la chica.
-estoy bien…-decía la muchacha. Luego tomó el tenedor que había dejado a un lado hacía unos minutos y se centró en la comida que tenía en frente. Aunque Harry pudo notar que las manos de Hermione seguían tiritando.
-Hermione, cariño… ¿segura estás bien?-preguntó la señora Weasley, preocupada. Hermione asintió con la cabeza y se llevó un pedazo de carne a la boca.
Hermione, Ron y Harry estaban en la habitación anaranjada del pelirrojo. Hermione, con las manos aún temblorosas, leía un libro para distraerse mientras Ron, sentado en su cama, golpeaba el suelo con uno de sus pies cada tres segundos. Por su parte, Harry acariciaba las plumas del lomo de Hedwig en un burdo intento de alejar su mente de los temibles resultados de los TIMOs.
-¿Cómo estuvieron tus vacaciones, Hermione?-preguntó Harry, luego de dejar a Hedwig apoyada en el dosel de la cama de Ron.
Hermione alzó la vista y se le quedó mirando fijamente antes de responder.
-nada interesante-musitó la muchacha-lo único que quería era volver aquí-
-Oh-dijo Harry.
-el ambiente se vuelve más lúgubre cada día-comentó Ron. Su pie se quedó quieto unos segundos extras y volvió a tamborilear-esto no parece verano sino otoño-y dejó reposar su espalda contra el colchón.
-si… hace más frío de lo acostumbrado- acotó Harry al acercarse a la ventana. El sol comenzaba a bajar, señal de que el día terminaba.
-¿Qué haremos ahora?-Hermione dejó el libro a un lado. Ron alzó un poco la cabeza en dirección a su amigo.
-lo único que podemos hacer por ahora. Prepararnos-contestó Harry. Su vista seguía perdida en el exterior de la casa.
Era una sensación cálida y envolvente. Se sentía protegido y amado, era un sentimiento incomparable… reconfortante.
Una mano suave acariciaba su cabeza con delicadeza. ¿Quién era? Se preguntó.
-¿Cómo lo llamaremos?-era la voz más hermosa que había escuchado, musical.
-¿Qué nombre prefieres?-era la voz de un hombre. Harry se movió, quería abrir los ojos, pero no podía.
-¿Qué les parece Harry?-el susodicho dejó de respirar por unos segundos al reconocer aquella voz. Era Sirius, sin duda alguna.
-Canuto… se te ha ocurrido un buen nombre-habló James Potter. Su padre…
-me gusta. Harry. ¿Te gusta Harry, bebé?-le preguntó su madre con la dulzura plasmada en cada palabra.
Un suave zumbido llegó a sus oídos y la risa suave de su madre contrastada con unas más fuertes provenientes de su padre y su padrino.
-¿a ti también te gusta?-pronunció Lily Potter.
Luego, todo se volvió silencioso.
Cuando abrió los ojos tenía una sonrisa plasmada en el rostro. Su cuerpo tenía una ligereza incomparable y la sensación de libertad que lo embargaba había provocado el distanciamiento de sus fantasmas. Luego, se dio cuenta de que estaba solo en la habitación, seguramente Ron estaría desayunando.
Se vistió e hizo la cama con tranquilidad y frescura. Muchas cosas rondaban por su cabeza en esos momentos. La duda lo carcomía por dentro.
¿Había sido solo un sueño o un recuerdo reprimido por su corta edad?...
¿Realmente Sirius había escogido su nombre?...
Nunca se lo había mencionado, ¿Por qué? Hubiera sido bonito saber que él había escogido su nombre. Bueno, él tampoco había preguntado y poco interés había tenido por quién había escogido el nombre de Harry para él.
Pero lo cierto era que no podía fiarse de aquel sueño, pues cabía la posibilidad de que la perdida de su padrino lo llevara a idealizar situaciones que nunca habían ocurrido. Pero, siendo verdad o no, no sabía cómo agradecer a su subconsciente por esa noche tranquila y aquella sensación de libertad que rondaba por su cuerpo.
Dejó escapar un suspiro largo.
Libertad… esa sensación que le faltaba a su cuerpo y a su alma, algo que le estaba negado por una maldita profecía.
Y por primera vez hizo una pregunta tan… ¿de adolescente, tal vez?
Se preguntó: ¿Quién fue el tonto que ideó las profecías, es que acaso no podía meterse sólo con su vida?
Rió. Que pregunta tan ridícula.
-Harry, deja de reírte… me das miedo-su parloteo interno se detuvo. Rápido como el rayo se dio vuelta para ver a su amigo pelirrojo con una galleta en la mano y con una expresión indescifrable en su rostro.
-hola, Ron-saludó, tratando de tragarse la vergüenza del momento.
-hola, Harry… ¿Por qué te reías?-preguntó mientras caminaba hasta él. Harry le sonrió algo nervioso.
-tonterías-contestó él. Ron alzó una ceja y luego sonrió.
-bueno, Harry, muévete… te estamos esperando, cumpleañero-
Tardó unos momentos en procesar lo último que había dicho Ron, cumpleañero… ¡se había olvidado por completo de que hoy era su cumpleaños!... ¿Cómo había ocurrido eso? Hasta en la carta de Ron estaba escrito que lo esperarían con una torta para celebrar sus dieciséis años…
Definitivamente, debía dejar que su mente lo poseyera y mantener sus pies sobre la tierra a menos que quisiera obviar algunas cosas importantes de aquí en adelante.
Ron lo sacó a empujones de la habitación al ver que no se movía por su cuenta, tomándolo de los hombros y guiándolo hasta la cocina. Allí, el señor y la señora Weasley; Ginny, Hermione y Lis estaban esperándolo.
-¡feliz cumpleaños, Harry!-exclamó Molly Weasley al verlo entrar.
Sonrió. Se acercó a aquellos a los que llamaba familia y se dejó abrazar por sus más cercanos.
Dieciséis años, se dijo, faltaba uno y sería un adulto con la libertad de hacer magia por doquier… eso sonaba bien.
-más tarde vendrán todos a celebrar-enfatizó el todos, el señor Weasley.
-gracias…- musitó algo cohibido mientras se sentaba junto a Ron y frente a Ginny.
-será una bonita fiesta de cumpleaños, la última como un menor de edad-musitaba la señora Weasley, su nariz se había puesto roja y sus ojos estaban cristalizados.
-que ventaja… a mi todavía me faltan dos años-bufó Ginny mientras ensartaba su tenedor en un pastelillo.
-no es para tanto, Ginny-le contestó Hermione con suma tranquilidad.
-tú cumplirás la mayoría de edad en un par de meses más-bufó la pelirroja.
-lo sé-afirmó-pero ser mayor de edad acarrea nuevas responsabilidades también-Harry observaba detenidamente a Hermione, ella era muy objetiva… muy racional. En su interior sonreía abiertamente, su amiga era como una hermana mayor para él; no podía hablar de Ron… ese era otro asunto, él sabía que sus amigos sentían algo más que simple amistad, pero ambos eran tan tercos que ninguno se animaba a dar el paso.
Mira quién lo dice… el más tímido de los tres.
-ser mayor de edad implica que tienes que asumir un rol más fuerte en la sociedad con sus altos y sus bajos-habló Lis por segunda vez en esa mañana, la primera fue cuando felicitó a Harry por su décimo sexto cumpleaños.
-disfruta de lo que te queda de infancia, Ginny-soltó Ron con media sonrisa en su rostro-después… tu existencia se complicará por completo-luego de un corto silencio, agregó-aunque lo prefiero así, al menos podré hacer lo que quiera-
Ginny sonrió a su hermano.
-Ronald, madura. La vida no es sólo un juego-dijo con severidad la señora Weasley.
Harry sintió que su corazón se estrujaba levemente ante ese comentario sencillo, pero tan cierto como que los unicornios tenían un solo cuerno.
-ya lo sé, madre-musitó.
El brillo jovial de su amigo desapareció y sus ojos azules se dirigieron a Harry con disimulo. Hermione se tensó, su tenedor tembló por la presión que ejercía su mano; y también observó disimuladamente a Harry.
Nada es simple, se dijo. Nada es fácil. Nada es justo…
La imagen de Voldemort cobró fuerza en su cabeza, lo veía claro y terrible como en su último encuentro hace unos cuantos meses. Tenía un deber, uno que podría costarle la vida y; realmente, no le importaba… con tal de que sus seres queridos estuvieran a salvo.
Complejo de héroe, sonrió con burla. Le habían impuesto una tarea y un cargo, no lo iba a dejar de lado. La vida es efímera, un simple sueño de los que son mortales… lo comprendía. Sus sueños e ideales eran solo eso… tan efímeros como su propia existencia.
-¿Harry?... ¿Harry?-sus ojos vagaron hasta el señor Weasley, quien lo observaba extrañado.
-dígame, señor-dijo él tras salir de su trance.
-¿te encuentras bien, Harry?-preguntó.
-sí, estoy bien-afirmó más fuerte y claro-solo pensaba en la carrera que voy a seguir-valla mentira.
-no nos han dicho lo que quieren estudiar-comentó la señora Weasley para destensar el ambiente-¿Hermione, que piensas estudiar?-
-bueno… no estoy tan segura, pero estudiaré para Auror-la señora Weasley se horrorizó, aunque disimuló bastante bien cuando le preguntó a Ron.
-lo mismo-respondió él con soltura.
-¿y tú, Harry?-
-Auror-Harry creyó que a la señora Weasley le daría un colapso nervioso. Ella era una mujer sobre protectora, quería a sus hijos a salvo y estaba seguro que; siendo la carrera de Auror una de las más prestigiosas y a la vez más peligrosa, ella estaba deseando que cambiaran de parecer lo antes posible.
-es una carrera bastante difícil, muchachos-musitó el señor Weasley.
-y peligrosa-escuchó susurrar a Molly Weasley.
-lo sabemos, señor Weasley-parecía que Hermione no había escuchado el comentario de la señora Weasley o lo había pasado por alto.
Harry no había visto a Molly Weasley tan preocupada, y quizá un poco histérica, desde el incidente con el padre de Ron el año pasado. Además de hacer los preparativos para su cumpleaños, la señora Weasley los buscaba cada media hora para; supuestamente, asegurarse de que todo estuviera bien… y de paso hablaba de algunas carreras que ella consideraba bastante interesantes y; por consiguiente, menos peligrosas que la carrera de Auror.
-¿Qué se supone que está intentando?-bufó Ron mientras dejaba una silla frente a la mesa.
-¿no es obvio, Ron?-Hermione apoyó sus manos en el respaldo de otra silla.
-¿Qué se supone que es obvio?-contestó él.
-tu completa falta de observación llega a sorprenderme a veces-Ron alzó una ceja y tomó la pose del chico ofendido- tu madre intenta que cambiemos de idea-suspiró.
-ya sabes cómo es tu madre, siempre se preocupa por nuestra seguridad-acotó Harry.
Harry observó las desproporcionadas cabezas de aquellas criaturas del porte de una regla. Parecían enojados ese día y miraban reticentemente la mesa. Parecía que no les agradaba mucho que almorzaran en el jardín.
-se nos olvidó algo-dijo Harry a sus amigos.
-¿Qué cosa?-preguntó Ron. Hermione ladeó un poco la cabeza.
-desgnomizar el jardín-contestó con simpleza.
-des… ¡Ay!-Hermione se dio vuelta y pateó con fiereza. Ron se hizo a un lado de un salto al ver que la patada se dirigía hacia él.
-¿¡pero qué intentabas!?-exclamó Ron en tono alarmado.
La criatura de desproporcional aspecto soltó una sarta de la palabrotas que no habían escuchado antes que dijeran, de hecho antes lo único que decían eran cosas incoherentes.
-lo siento, es que me mordió el tobillo-levantó un poco la tela sobre su tobillo izquierdo, allí sangrando estaba la herida que los dientes del gnomo habían hecho.
-estás sangrando-Harry se agachó para ver la herida.
Hermione subió la tela del pantalón de esa pierna hasta la rodilla para que no se manchara con la sangre y se dirigieron directo a la casa.
-¿Qué te pasó en la pierna?-preguntó Ginny al bajar las escaleras con unas guirnaldas color verde.
-un gnomo-respondió Hermione con simpleza.
-¿un gnomo?-apareció la hada humana con unos platos-¿Por qué te mordió?- frunció el ceño pronunciadamente.
-no lo sé, solo estaba parada y me mordió, quizá estaba sobre su madriguera-se encogió de hombros.
Lis alzó una ceja por la contestación.
-límpiala antes de que se infecte, no sabes que tan sucias tienen la mandíbula esas criaturas-los platos hicieron un pequeño sonido cuando Lis los apretó más con sus manos.
-Hermione, muéstrame tu pierna-la señora Weasley había aparecido con un tarrito de díctamo. Ron venía detrás de ella con una toalla.
La susodicha se sentó en el primer escalón de la escalera y dejó a plena disposición su pierna para que la madre de Ron la curara.
-voy a patearles el trasero a esos gnomos-gruñó el pelirrojo al dejar la toalla junto a la chica.
-voy contigo… quizá rompa el record-musitó el de anteojos.
-¡voy también!-la más pequeña de los Weasley enredó las guirnaldas en el pasamanos de la escalera, pero; antes de ir hasta su hermano y Harry; se volteó a ver a la otra pelirroja que había vuelto a su común mutismo-¿vienes a desgnomizar con nosotros, Lis?-la susodicha apretó los labios formando una línea con ellos y; luego de unos segundos, asintió.
-Hermione, mejor quédate a ayudarme en la cocina-
-quédate dentro, nosotros los haremos volar hasta el sol-en las palabras de Ron había un tono de malicia que no pudo ocultar.
-tengan cuidado de que no los muerdan-sonrió Hermione mientras se levantaba del escalón.
-no muerden sin motivos… se han puesto muy agresivos desde hace un par de semanas-la madre de Ron hablaba con Hermione desde la cocina y su conversación se escuchaba lejana mientras salía al jardín. Miró hacia atrás por unos segundos, sólo para darse cuenta de que Lis Elfwand se había detenido para escuchar también.
-¿pasa algo, Lis?-preguntó, la muchacha giró su rostro a él. Ella pareció dudar antes de contestarle afirmando con la cabeza.
-están agresivos por mi culpa-musitó ella. Harry alzó una ceja sin comprender a lo que se refería.
-¿Por qué deberían estarlo?-
-las hadas y los gnomos nunca se han llevado bien aunque seamos parientes-se encogió de hombros y luego volvió a su completo hermetismo.
-¿son parientes?-pregunta estúpida. Ella volvió a asentir y luego pasó por su lado, sin dirigirle la mirada, hasta llegar a Ginny y Ron. Así mismo hizo él.
-¿por dónde empezamos?-el pelirrojo observaba las desproporcionales cabezas de los gnomos asomar de la tierra y de las plantas del jardín-¿es mi imaginación o son más de los que recuerdo?-
-no me había fijado-bufó Ginny-yo voy por el corral-se arremangó las mangas de su camisa y comenzó su marcha.
-voy por el estanque-su amigo hizo tronar sus dedos y se relamió los labios, sus ojos chispeaban con una malicia 'especial'. A Ron le encantaba tirar a los gnomos…
-¿Cómo se desgnomiza?-preguntó Lis.
-es sencillo. Los tomas, los volteas; los giras hasta marearlos y luego los lanzas más allá de la cerca-explicó.
-entiendo. Voy por ese lado-señaló hacia los árboles.
Ron dejó escapar un gruñido cuando el gnomo que había lanzado Ginny había llegado más lejos que el suyo.
-¿vez, hermanito? Que sea mujer no significa que no sepa lanzar-se burló con toda libertad.
-¡pero todavía no superas a Harry y tampoco he visto que Lis me supere!-
-eso no vale, Lis nunca había desgnomizado-
-en todo caso, no es tan importante-musitó Lis.
-déjalos, son sus rivalidades de hermanos-susurró Harry.
Como los dos hermanos Weasley parecían no ceder en sus posiciones, Harry decidió continuar con la preparación de las mesas; cuestión que le sugirió a Lis, quien parecía realmente incómoda en ese lugar. En realidad, ella siempre parecía incómoda.
No sabía qué decirle. ¿Cómo se suponía que se iba a ganar la confianza del hada si no tenía idea de qué hablarle? Él no era bueno para esto, era demasiado tímido como para enfrascarse en una conversación con una persona; o criatura en este caso, que ni siquiera conocía. Entonces se le ocurrió una pregunta de la cual ya tenía respuesta.
-¿tienes hermanos?-la hada levantó la vista hacia él y dejó de lado los servicios.
-¿de sangre?-preguntó en tono bajito. Harry alzó la ceja sin comprender. Al ver esto, Lis, agregó-sí, tres-
-y… ¿Cómo se llaman?-siguió preguntando.
-Carlín, Caillech y Branwen-sus ojos dirigieron su vista hacia la casa-¿tú… tienes hermanos, Harry Potter?-preguntó ella. Extrañamente, la muchacha apretó con tanta fuerza los utensilios que sus puños temblaban.
-soy hijo único-contestó. Y él que pensaba que todo el mundo sabía que era hijo único…
-Oh-
-¿tus…? ¿Hermanas, no?-preguntó antes de cometer un error de sexo. La muchacha asintió-¿tus hermanas han venido a este mundo?-
-Carlín fue la última… hace treinta años humanos-contestó ella-¿tu madre… la recuerdas?-pareció que ésta pregunta fue más difícil de formular que las anteriores porque, inmediatamente, Lis apretó la mandíbula como si estuviese recriminándose el hecho de haberle preguntado tal cosa.
-no… sólo un par de cosas-
-Oh-Harry desvió la mirada hacia Ron y Ginny que seguían desgnomizando el jardín y compitiendo por esto.
-¿y la tuya?-preguntó luego de un silencio.
-no tengo-respondió con tanta facilidad que a él le sorprendió.
-está…-
-no, las reinas…-dijo con cierto tono de burla-…de las estaciones no tienen madre, nacemos de los elementos a los que pertenecemos-
-Oh-
-¿Los Weasley… son tu familia, entonces?-
Harry sonrió instintivamente y observó a ambos hermanos Weasley como si fueran sus hermanos de verdad.
-si… ellos y la Orden son mi familia-contestó casi ido.
-es bueno que tengas una familia-musitó ella mientras volvía a tomar los utensilios y regresaba a su tarea.
Harry dio por finalizada la conversación cuando la chica hada volvió a centrar su atención en arreglar las mesas. A él no le importó mucho este hecho, la conversación fue demasiado forzada y ahora sentía que había sonsacado demasiada información para solo ser el segundo día de convivir en la misma casa.
Hermione apareció un rato después trayendo las guirnaldas que Ginny había dejado enredadas en el pasamano de la escalera. Haciendo gala de su magia colgó los adornos en los árboles.
-¿hablaste con ella?-se sorprendió la castaña cuando le contó de su pequeña conversación.
-si… ¿Ginny y tú no han hablado con ella?-preguntó cuando tomaba un tazón lleno de galletas de la encimera de la cocina.
-no es muy sociable, lo máximo que ha dicho es sí o no-contestó ella por lo bajo-Ginny le pone más empeño que yo, de hecho, a hacerse amiga de Lis. De todas formas, ella siempre ha tenido esa clase de actitud con la gente que no encaja-
A Harry le vino a la mente la imagen de Neville Longbottom y Luna Lovegood, el primero iba en su clase y lo consideraba casi como un hermano desde el día en que supo que la misma suerte que él corrió pudo haberla corrido Neville. Por otro lado estaba Luna, estrafalaria como ninguna otra chica que hubiese conocido, pero igual de especial que cualquiera de sus otros amigos.
-si, lo sé-contestó él-supongo que es esa necesidad de hacer que las personas se sientan a gusto con su entorno-Hermione sonrió y asintió.
-¿crees que se acostumbre?-preguntó Hermione-ya sabes… a nosotros, este es un mundo totalmente ajeno a ella, no tiene a nadie aquí-
-por eso Dumbledore la dejó aquí ¿no?-esperó a su amiga, quien traía la gran torta de cumpleaños con dieciséis velitas en su centro, en el umbral de la cocina-se supone que debe hacerse amiga nuestra y así el shock de llegar a Hogwarts no será tan terrible-
-sí, pero no creo que eso sea suficiente-contestó Hermione.
-¡Harry!-la señora Weasley se paró en los escalones fuera de la casa, justo enfrente de Harry-¿pero qué estás haciendo?-usó un tono reprobatorio.
-llevo algunas cosas, señora Weasley-contestó él.
-nada de eso, eres el cumpleañero. Ve y diviértete que yo me encargo de lo que falta-dijo y le arrancó el tazón de galletas de las manos.
Harry pasó por el lado de la señora Weasley agradeciendo a su paso por lo que hacía. A lo que ella respondía que era un gusto.
El jardín estaba repleto. La Orden junto a los Weasley. Bill y Charlie habían llegado hacía unos veinte minutos y se habían enfrascado en una especie de competencia con los gemelos. Por otra parte, Ginny hablaba animadamente con Tonks y Hagrid. Remus, el viejo amigo de su padre y su padrino, hablaba con los nuevos miembros y con Ojoloco Moddy, que parecía más huraño que de costumbre.
-¡Harry!-exclamó Tonks al divisarlo.
Él saludó con un gesto a la torpe y carismática Tonks. Hagrid se dio vuelta y en dos zancadas llegó a su lado para darle un par de palmadas que lo dejaron sin aire.
-dieciséis, no lo puedo creer-decía él-cuando te conocí eras tan pequeño-
-Hagrid, para ti siempre seré pequeño-dijo, aludiendo a la estatura del semi-gigante que sonrió en complicidad.
-Oh, claro que serás diminuto a mi lado, pero me refiero a la edad-Harry le sonrió de vuelta-Grawpie quiso hacerte un regalo, pero temo que cada vez que lo terminaba lo observaba y lo hacia añicos. Así que…-sacó un pedazo de metal con las huellas impresas del enorme medio hermano de Hagrid.
-Oh… pues dile que gracias-observó la masa metálica sin forma y pensó: Bueno, al menos hizo el intento.
-a Grawpie le gustará saber que te gustó su regalo-Harry dudó que el enorme medio hermano de Hagrid comprendiera aquello.
-¿Cómo está todo en Hogwarts?-preguntó.
-por ahora todo bien-fue la escueta respuesta del semi-gigante.
Quiso preguntar algo más, pero Hagrid lo enfrascó en una conversación sobre las criaturas que iban a estudiar ese año y el poco riesgo, según él, que tendrían al interactuar con ellos. Harry se estremeció un poco al pensar en lo horrorizados rostros de los alumnos que escogieran Cuidado de Criaturas Mágicas para ese año.
-¡oye, Harry, vamos a jugar Quidditch!-Fred y George gritaron al unísono, cortando la conversación que el pelinegro tenía con su viejo y gran amigo.
-de acuerdo-contestó con aparente tranquilidad. Harry se disculpó con una sonrisa con Hagrid.
-anda, Harry… diviértete-le sonrió el semi gigante.
-gracias, Hagrid-
El pelinegro corrió dentro de la casa en busca de la Saeta de Fuego que hace unos cuantos años atrás, Sirius, le había regalado cuando su Nimbus 2000 murió a manos del Sauce Boxeador. Salió con ropa más ligera y aerodinámica.
-¡ahora estamos todos!-exclamó George sosteniendo unas pelotas que harían de imitación a las pelotas de Quidditch originales.
-repartamos entonces-sonrió Bill, el mayor de los hermanos Weasley.
-¡hey, yo arbitro!-exclamó Tonks, de repente su cabello rosado chicle se tornó de un color amarillo centelleante.
-de acuerdo-dijo Charlie mientras le tiraba un silbato. Tonks lo tomó en el aire y buscó con sus la mejor posición para vigilar el partido.
-entonces… ¿repartimos?-preguntó Bill.
-¡Hermione, ven a jugar!-exclamó Ron desde su puesto junto a Harry. La susodicha dejó de tratar de hablar con Lis Elfwand y, con horrorizada mirada, negó con la cabeza-¡Oh, vamos!-ella volvió a negar.
-no pienso hacer el ridículo subida a una escoba-respondió mientras volteaba el rostro, sonrojada.
-nadie pensará eso… es un juego en familia-Bill se acercó a ella, tratando de persuadirla. Hermione frunció el ceño.
-Hermione… nos falta un jugador-acotó Ron mientras daba una mirada a los gemelos sin entender cómo no se habían dado cuenta de que eran un número impar.
-será sólo un juego-levantó Bill un dedo-sólo uno-insistió. Ella dirigió su vista a Ginny quien asintió fervientemente.
-de acuerdo… pero haré el ridículo, no soy buena montada en una escoba-musitó.
Los Weasley estallaron en vítores al doblarle el brazo a Hermione Granger.
-entonces, Charlie y yo seremos los capitanes-anunció Bill.
-repartamos ya-apresuró Charlie con una sonrisa mientras tenía puesta la vista en los gemelos.
Tonks era un buen árbitro, había dirigido a la perfección todo el mini partido de Quidditch que habían armado los Weasley, Hermione y él. Hermione tenía razón cuando dijo que era pésima montada en una escoba, hubo un par de ocasiones en que estuvo a punto de caerse y dejó que la imitación de Quaffle pasara por los arcos improvisados. Ron por su parte trataba de mantenerse alerta, pero estaba tan nervioso que a veces cualquier burla por parte de los gemelos lo hacía distraerse y dejar pasar a la pelota. Por otra parte, Ginny le había dado una gran pelea a Harry tratando de atrapar la imitación de snitch dorada que utilizaban para estas ocasiones mientras que el resto de los presentes se dividía y hacia de público.
Harry se había dado cuenta de la ausencia de Kingsley, un hombre de color con un simpático aro en una de sus orejas, esto le extrañó de sobremanera y aunque intentó sonsacarle la información a alguno de sus cercanos estos no tenían idea de su paradero o no querían que lo supiera.
Lo embargó el miedo, algo que Hermione y Ron notaron sin mucho esfuerzo, pues su mente formaba imágenes siniestras de un Kingsley siendo emboscado por mortífagos y, finalmente, asesinado.
Su mente estaba en su contra, definitivamente.
Y, en el momento en que perdía la paciencia y comenzaban a domarlo los nervios, apareció Kingsley en medio del jardín sano y salvo.
-¡Kingsley!-pareció que el ambiente tenso comenzaba a distenderse. Los señores Weasley llegaron a recibirlo con el alivio plasmado en sus rostros.
-lamento llegar tan tarde-contestó él con una sonrisa.
-Kingsley-llamó Harry acercándose junto a Ron y Hermione.
-feliz cumpleaños, Harry-le saludó de vuelta con una sonrisa-les traigo un regalo especial-hurgó en su capa color verde. Tras unos segundos, él sacó tres sobres de color amarillento.
A Hermione se le fue el alma al suelo, su palidez era tal que parecía un fantasma y temblaba de pies a cabeza mientras Ron simplemente se quedaba observando los sobres como un zombi. Por su parte, él también estaba nervioso y le temblaban las manos.
-los resultados-articuló Hermione.
Un silencio sepulcral se cernió sobre todo el jardín, las miradas estaban puestas en ellos como si se trataran de algún bicho raro.
Harry avanzó un par de pasos y cogió los sobres con manos temblorosas. Sentía la misma sensación de cuando estaba esperando en la carpa para la primera prueba del Torneo de los Tres Magos con la diferencia que ahora él no estaba en peligro de ser quemado vivo. Tendió sus respectivas cartas a sus amigos que parecían autómatas.
Luego, sin más demora, abrió la carta descuidadamente y sacó su contenido; extendiéndolo rápidamente.
Leyó atropelladamente lo que el papel de pergamino tenía impreso, el color volvió a sus mejillas y sintió que un gran peso caía de sus hombros.
Sonrió y alzó el rostro para ver las expresiones de sus amigos, ambos sonreían aliviados.
-¿y bien?-la madre de Ron estaba tan nerviosa como ellos hacía unos segundos.
-oficialmente somos estudiantes de E.X.T.A.S.I.S-soltó Ron mostrándole con orgullo sus resultados.
-solo he fallado en Runas-comentó Hermione con alivio- nada de qué preocuparme-
-está todo listo, Snape no podrá negarse a hacernos clases-musitó mientras volvía a doblar el papel de pergamino y lo guardaba en el bolsillo derecho de sus vaqueros.
-no, pero tendremos que soportarlo por dos años más-Ron se cruzó de brazos.
-esto es fantástico, mañana volveremos a celebrar-la señora Weasley parecía orgullosa, hubo una ola de aplausos que terminó cohibiéndolos más de la cuenta. Pero no era para menos, cerraban una etapa definitivamente, ahora comenzaban una nueva y con más dificultades que la anterior.
-felicidades, muchachos, se lo merecen-les felicitó el padre de Ron.
-¡al menos tienes cerebro, Ronny!-gritaron a coro los gemelos que vitoreaban desde la mesa llena de dulces.
-felicidades por sus calificaciones, muchachos-Kingsley les sonrió y, tras una pausa, fijó su vista en el padre de su amigo-¿Arthur, dónde está la reina Grainé?-ahora asomaba la seriedad por sus facciones.
-¿Lis?-dijo el señor Weasley.
-aquí estoy-la muchacha venía acompañada de la hermana menor de Ron, quien fue directo a abrazar a Hermione, gesto que demostraba su felicidad ante los resultados de su amiga.
-buenos días, majestad-la muchacha hiso una mueca al escuchar a Kingsley.
-Lis-trató de no sonar cortante.
-el profesor Dumbledore me manda a darles este recado-dijo rápido-temo que para cursar sexto año tendrá que dar los TIMOs antes de que termine el verano-
Silencio.
-¿tendrá que dar los TIMOs?-preguntó Hermione al separarse de Ginny-¿Cómo va a dar los exámenes en verano? Nos queda un mes, no podrá darlos… quiero decir, será demasiada presión. ¡Por Merlín, si son años de estudio mágico!-
-no tiene otra opción, dentro de dos semanas vendrán a evaluarle y el treinta de agosto tendrá los resultados a la mano para que elija las materias que cursará este año-
-¿no hay manera de aplazarlo?-preguntó la señora Weasley-Lis ni siquiera tiene varita-
-no podemos aplazarlo, los exámenes le darán una mejor concepción de nuestra naturaleza-acotó Kingsley-¿no le incomoda?-preguntó a Lis.
-estoy en su mundo, tengo que acatar lo que digan-respondió ella.
-bien, pero deben saber que lamento traer noticias estresantes al cumpleaños de Harry-
-no importa, es algo que nos interesa-respondió Harry.
-mañana iremos al Callejón Diagon, no podemos perder ni un solo día-y lo que Molly Weasley dice se cumple.
Fin capítulo II
Próximo capítulo: Paso a paso.
