¡HOLA! AQUÍ LES DEJO UN CAPITULO MÁS, ESPERO LES GUSTE.
GRACIAS POR SUS REVIEWS.
CAPITULO II
Toda persona tiene derecho a saber la verdad por más fuerte o triste que sea.
Londres, Inglaterra.
Tres años Después…
—No sé por qué se esmeran tanto en arreglar ese tonto árbol—musitó una rubia enfadada cruzándose de brazos. Sus dos hermanas rodaron los ojos, Maggie quien se encontraba dibujando cerca de la ventana le sacó la lengua.
—Una rabieta muy cliché para alguien de cuatrocientos años Margaret—susurró Tanya mientras miraba a la pequeña vampiresa pelirroja.
Ella sonrió y le sacó la lengua de nuevo. Se lo merecía por llamarle por su nombre completo. Además ella podía hacer lo que quisiera, después de todo era la consentida de Alejandro y de Edward, bien podía tener cuatrocientos años como decía Tanya pero apenas aparentaba los dieciséis, y gracias al maquillaje y trucos humanos quizás los diecisiete o cuando mucho dieciocho.
—No seas amargada Tanya—dijo Irina. —Es la única época del año que podemos estar todos juntos sin que sea por completo sospechoso.
Tanya rodó los ojos, y se giró para mirar por la ventana. Sí, la única época del año que podían estar todos juntos, pero ella no quería estar con nadie más que con Edward. Su hermoso cobrizo, que por alguna extraña razón parecía querer huir de su presencia. Eso era lo que le molestaba, ella era hermosa y lo sabía, a través de los siglos muchos mortales e inmortales le habían adorado. Entonces ¿Qué estaba mal con Edward? Kate le había dicho una vez que Edward no la podía querer por la sencilla y simple razón de que la odiaba secretamente por haberle transformado a lo que ella respondió que era una total estupidez, Edward no podía odiarla, ella le había salvado.
—Deja de pensar tanto—musitó la musical voz de Maggie. —Casi sale humo de tu cabeza—Tanya rodó los ojos, mientras la pelirroja sonrió con suficiencia. Le agradaba molestar a Tanya, así se cobraba un poco por su hermano Edward, al pobre cada vez le costaba más trabajo tratar de decirle amablemente a Tanya que sus atenciones no le interesaban. Ella se había ofrecido a decirle a Tanya donde podía meterse sus atenciones, pero Edward se rehusó diciéndole que una dama no cae en conflictos de terceros. —Vas a desgastar a mi hermano de tanto pensar en él—agregó Maggie un tanto maliciosa.
— ¡Él no es tu hermano!—espetó la rubia— ¡Edward esta más unido a mi de lo tú podrás estar con él alguna vez!
— ¡Qué lo hayas mordido para transfórmalo!—contestó Maggie dejando su cuaderno y lápiz a un lado— ¡No quiere decir que él tenga algún lazo contigo!
—Mira…
Antes de que cualquiera de ella pudiera entrar en algo más que palabras. Tres figuras cruzaron el umbral de la puerta. Carmen, Eleazar y Edward venían riendo pero se callaron al encontrar a Tanya y Maggie peligrosamente cerca.
— ¿Pasa algo?—preguntó Carmen actuando como una madre preocupada.
—Nada—dijo Maggie con una sonrisa—Tanya y yo sólo conversábamos—añadió dando una gran sonrisa.
Edward rodó los ojos y sonrió, bien se podía imaginar dónde y cómo hubiera terminado esa discusión si seguían, Maggie ya le había dicho que ella podía decirle a Tanya que él no estaba interesado. Pero se negó, ya conocía los métodos tan sutiles que utilizaría Maggie.
— ¿Te fue bien en la caza?—La voz de Tanya le hizo mirarla mientras ella se acercaba hasta él. Le colgó los brazos en el cuello, se paró de puntillas para darle un beso. Amablemente tomó sus muñecas y las quitó de su cuello.
—Estupendamente—respondió apartándose de ella un par de pasos.
Tanya fingió que no le importaba aunque se estuviera muriendo de la rabia por dentro. Edward caminó hacia Maggie saludándola con un beso en la frente, ella sonrió y le abrazó por la cintura para luego soltarlo y regresar a su lugar junto a la ventana.
—He pensado que quizás pudiéramos ir a un Pub—murmuró Tanya. —Sé que esta un poco lejos pero no es como si necesitáramos auto o algo—rio tontamente tratando de sonar divertida.
—Me parece bien—dijo Eleazar—sólo no llamen demasiado la atención—agregó mirando significativamente a su hija.
—Claro padre— sonrió a su progenitor y luego dirigió una sonrisa radiante a Edward— ¿Vendrás Edward?—preguntó Tanya coquetamente mientras se inclinaba demasiado sobre un costado del sofá donde Edward se había sentado.
—No… Sabes que no me gustan esos lugares— respondió secamente.
— ¡Ni las fiestas!—refutó Tanya— ¡Ni nada que sea divertido! Apuesto que esa humana no sé queda llorando en casa por que no estas.
— ¡Tanya!—escuchó el tono reprochador en la voz de Carmen y vio a Maggie ponerse de pie para saltarle encima. Aunque una muy enojada Irina se le había adelantado.
— ¡Basta Tanya!—masculló su hermana molesta—Edward ya tiene suficiente con esto como para que le sumes más problemas.
—Yo—Dijo Tanya pero Edward la interrumpió poniéndose de pie.
—Yo no espero que "Isabella"—Edward hizo énfasis en el nombre de su ángel. Le dolía pronunciarlo pero de ninguna forma dejaría que Tanya ni nadie más se refiriera a ella como "la humana" y menos de la forma tan despectiva que lo hacía. —Se quede en casa llorando por que he muerto Tanya. Espero que ella sea feliz—murmuró y aunque lo último era verdad, su muerto corazón parecía partirse cada vez que la imaginaba con alguien más. Pensar en que ella pudiera tener un nuevo novio o tal vez un esposo e hijos. —Y te agradeceré que cuando te refieres a ella jamás vuelvas hacerlo como la humana—agregó antes de girarse y caminar afuera de la casa. La rubia apretó sus dientes hasta hacerlos rechinar, odiaba quedar como una bruja frente a Edward, ni siquiera pensó en lo que dijo, pero claro, él se molestó por que mencionó a su preciosa humana. Esa estúpida humana que él no podía olvidar.
Edward estuvo bastante tentado a volver y decirle un par de cosas más a Tanya cuando escucho sus últimos pensamientos. Estaba cansado de que ella no entendiera que él no la quería, que jamás podría querer a nadie más que no fuera su Bella.
— ¿Quieres compañía?—preguntó Maggie apareciendo a un par de pasos de él.
Ni siquiera notó cuando había comenzado a correr, sólo lo había hecho y la naturaleza se encargaba de lo demás, como una vez le había dicho Irina. Edward asintió y corrieron juntos hasta llegar al centro del bosque que se encontraba detrás de su pequeña finca a las afueras de Londres.
—Tanya es una perra—gruñó Maggie.
—Ese no es lenguaje para una señorita—murmuró Edward divertido.
— ¡Oh, cállate!—dijo Maggie cruzándose de hombros y sentándose sobre un tronco caído.—No empieces a actuar como papá— Edward rio y se sentó directamente sobre el suelo, no es como si la nieve fuera a enfermarlo o algo, a veces y sólo a veces deseaba que existiera algo que pudiera enfermarlo hasta la muerte.
—No hagas caso de lo que dijo Tanya—musitó Maggie— Sabes que sólo lo hace por molestar, yo no creo que Bella este con alguien.
—Pues debería—respondió —En verdad espero que ella haya encontrado a alguien que pueda hacerla feliz—agregó con voz neutra.
Pero Maggie lo conocía, a pesar de sólo tener un poco más de tres años de vivir con él. Ella sabía como se sentía Edward respecto a su novia. Eso era lo peor de ser un inmortal. Tus sentimientos se intensificaban, no importaba si era deseo, odio o amor, todos aumentaban a un nivel que era a veces intolerable.
— ¿Tu lo hubieses hecho?—preguntó Maggie, Edward no respondió.
Sólo se quedó mirando el horizonte mientras recordaba el rostro de su dulce ángel. Deseaba que ella fuera feliz, claro que si, o por lo menos eso creía él. Bella merecía una vida plena, llena de felicidad. Se preguntaba constantemente ¿Qué seria de ella?, después del último diciembre no regresó nunca mas a Forks, no tenía sentido alguno que lo hiciera, él quería que Bella sólo lo considerara un hermoso recuerdo y que siguiera con su vida, que se graduara, trabajara y algún día aunque odiara la idea, tuviera…. deseaba con todo su corazón que ella tuviera hijos, esos niños de los que tanto habían hablado los dos. Serían dos hijos, un niño y una niña.
—No creo que ella te haya olvidado—susurró Maggie mirando a su hermano.
—No quiero hablar de eso Maggie—respondió Edward esquivando su mirada.
—Yo…—dijo ella—sé que la quieres—agregó algo tímida—Yo no sé como sea eso por que jamás he amado a nadie—Edward se permitió ver a Maggie con cierta nostalgia. Ella era casi una niña cuando fue transformada. —Así que no sé como funciona eso del amor—agregó Maggie—Ni siquiera sé por qué te digo esto pero…no me gusta verte triste. Tal vez si la vez una vez más y…
—Imposible—dijo Edward algo exaltado, no, no soportaría ver a Bella una vez más. Verla y luego marcharse otra vez…—No—agregó, Maggie asintió.
—Como digas hermano, —sonrió—creo que mejor regreso a casa, al parecer necesitas un tiempo a solas—él asintió pero antes de que la pelirroja se echara a correr la llamo.
—Maggie—susurró. Ella se giro para verlo y el sonrió.
—Gracias—Esta vez la pelirroja sonrió—Eres la mejor hermana vampiro que pude desear—Edward trató de expresar cuanto significaba el apoyo de su hermana-vampiro para él. Maggie y Alejandro eran lo que lo mantenía cuerdo en esta nueva vida, ellos y el recuerdo perenne de su ángel.
—Lo sé—susurró ella y luego se echo a correr.
Edward sonrió. Maggie era lo más cercano a un hermana que tenía, en cierta forma le recordaba a la hiperactiva de Alice. Ambas compartían muchas cosas, la más sobresaliente de ellas quizás era su gusto por la moda. Por eso de vez en cuando Edward se dejaba arrastrar a los centros comerciales de Londres para consentir a Maggie. Se quedo un rato más sentado ahí sin hacer nada más que recordar, eso era lo único que le quedaba, a pesar de tener tantas cosas en esta vida inmortal extrañaba tanto las que perdió. Sobre todo a su Bella.
Extrañaba perderse en sus ojos después de hacer el amor, besarle la nariz al saludarla. Tumbarse con ella en el sofá de su habitación cuando llovía, lo cual sucedía con frecuencia en Forks. Tomarla de la mano y pasear con ella por su prado. Pero sobre todo extrañaba oír brotar de sus labios un "te amo".
…
Maggie sonrió al ver a su hermano por la ventana. Él y las dos hermanas menores Denali estaban jugando una pequeña guerra de nieve, no habían pasado muchas horas desde el amanecer. Le alegraba verlo sonreír. Eran raras las veces que Edward sonreía y ni hablar si alguna vez reía. A veces pasaban meses sin que pudiera sacarle una verdadera sonrisa. Él prefería fingir, fingir que estaba bien con esta vida y con estar lejos de su "Bella" como solía llamarla. Ella la había visto en el futuro de Edward cuando el decidió visitarla hace casi tres años. Era bonita, y se notaba todo el amor que ambos se profesaban, por eso aborrecía a Tanya, por condenar a Edward a esta vida que él no había elegido.
La vampiresa suspiró y siguió trabajando en el regalo de su hermano. Algo bueno de ser un vampiro es adquirir eso que llaman memoria fotográfica. Sonrió al imaginar lo alegre que se pondría Edward al tener un retrato de su Isabella. Él le había prohibido ver en su futuro cuando se enteró de que esa era su habilidad, pero no es como si ella lo hiciera intencionalmente, las visiones llegaban sin que se lo propusiera, sólo necesitaba tener una hoja en blanco enfrente suyo y enseguida esa hilera interminable de imágenes y momentos aun sin ocurrir se deslizaban en su mente. A ella a veces le gustaba y a veces no, le gustaba por que podía hacer cosas linda por Alejandro y Edward que eran su familia, pero también llegaban visiones que le asustaban.
Como esa visión que tuvo después de ver a Edward por primera vez. Esos hombres de capas negras cerniéndose sobre ellos mientras ella estaba detrás del cuerpo de Edward. Edward la protegía, a ella y alguien más. Pero todo era tan obscuro, tan obscuro. Por suerte sus visiones sólo predecían lo que podía pasar y si las decisiones cambiaban, también lo hacía el futuro. Así que no tenía que preocuparse de eso, Edward nunca haría nada malo para desatar la ira de los Vulturis. Pero no era momento de pensar en cosas tristes. Ellos también necesitaban un descanso de toda esa mierda de auto-compadecerse por ser un grupo de no muertos.
Hoy era 25 de diciembre y si se daba prisa terminaría el retrato de Isabella con tiempo de sobra para envolverlo, aun era temprano, para un inmortal el tiempo no importaba de mucho pero no quería que Edward pudiera descubrir su regalo, por eso sólo trabajaba en el en los momentos en que él estaba ocupado con alguien más. Así que esos momentos sólo habían sido desde hace una semana atrás cuando llegaron los Denali. Bufó al pensar en Tanya y sus vulgares intentos de atraer la atención de Edward, Tanya era la definición que encontrarías en el diccionario para Zorra-vampira. Trató de alejar esos pensamientos de su cabeza y regresó a su dibujo. Ella quería darle a Edward un regalo que lo alegrara en la cena de navidad, ella sabía que el extrañaba celebrar estas fechas con su familia humana y si ella podía darle algo que lo acercara un poco a la felicidad lo haría.
Estaba retocando los detalles de los ojos de Isabella, Edward siempre hablaba de lo especial que eran los ojos de Isabella. Ella sonrió y estaba por perfilar la nariz cuando esa visión la golpeo.
La chica caminaba en un callejón obscuro, observó que pasó cerca de un comedor que decía "La parrilla De Seattle" en grandes letras rojas de neón. Ella miró nerviosa su muñeca izquierda donde descansaba un sencillo reloj de pulso. Suspiró y se acurrucó más en su chaqueta. Apresuró el paso, a lo lejos un par de hombres la observaban.
—No—exclamó mientras las imágenes comenzaban a dispersarse—No—agregó un poco más fuerte mientras todo se volvía un borrón sin forma. Escuchó los gritos distorsionándose y las caras de esos hombres.
— ¿Qué te pasa Margaret?—preguntó Tanya acercándose a ella. El quejido de la pelirroja la había inquietado.
—Ella—dijo Maggie un tanto nerviosa mientras observaba su retrato.
Estaba arruinado. El cuello de bella tenía dibujado el obscuro callejón por donde caminaría, hasta el letrero de neón estaba ahí, los ojos de bella estaban más marcados ahora y de ellos se desprendía una solitaria lágrima.
— ¿Es ella verdad?—preguntó Tanya mirando el retrato. Maggie quiso esconderlo pero Tanya no la dejo. — ¿Ella morirá?—agregó un tanto emocionada. Maggie siseó. Maldita sea, Tanya se alegraba por lo que le pasaría a esa chica. — ¿Sera pronto?—añadió con curiosidad.
¿Qué será pronto?—agregó Edward entrando en el cuarto. Maggie dio gracias al hecho de que Edward hubiera aprendido a controlar un poco el introducirse en las mentes de los demás. Si viera lo que ella vio hace un par de minutos…enloquecería.
—Nada—susurró Maggie. Ella se lo diría, pero no enfrente de todos.
—Debes decirle—espetó Tanya con reproche. Sí, ella era una maldita perra, pensó Maggie.
— ¿Qué me estas ocultando Maggie?—preguntó Edward entrando por completo en la sala seguido por Irina y Kate que miraban extrañada a su hermana.
—Edward debemos hablar—respondió ella tratando de pensar en la mejor forma de decírselo sin dejarle ver el dibujo, estaba por completo arruinado y lleno de figuras y detalles que perturbarían a cualquiera.
—Dime—dijo él.
—Solos—agregó ella.
—Solo díselo y ya Margaret—musitó enojada Tanya.
—Basta Tanya—gruñó ella y Tanya aprovechó esa distracción para jalar su cuaderno de dibujo. —No—dijo Margaret pero Tanya ya le estaba dando el dibujo a Edward.
—Tu humana morirá y ella no quería decírtelo—espetó.
Ella estaba feliz, no por que una persona muriera, pero es que si esa humana llamada Bella desaparecía Edward por fin podría fijarse en ella.
— ¿Qué?—preguntó Edward dejando caer al suelo el retrato. El dibujo cayó sobre el suelo y todos pudieron apreciarlo. — ¿Bella? —Edward nunca pensó que volvería a perder la respiración, pero por increíble que parezca lo hizo, su Bella. ¿Ella iba a morir?— ¿Cuándo?—preguntó. Si Maggie lo había visto hoy, quizás sería mañana u hoy mismo.
—Edward—susurro Maggie.
— ¿Cuándo?—exigió él.
—En navidad—susurró Maggie recordando ese letrero que colgaba de la venta mirando hacia fuera, feliz navidad decía y abajo un gran calendario tenía señalada la fecha del día y Bella mascullo algo de que pasaría esa noche como cualquier otra.
¿Hoy? Pensó.
—Puedo llegar antes de que pase si me doy prisa—dijo Edward armando todo en su cabeza. Calculó que entre América y Londres había como unas siete horas de diferencia y serían catorce horas de vuelo. Aquí eran las ocho de la mañana si se apresuraba y tomaba el vuelo en una hora, no una hora sería demasiado tarde quizás.
—No puedes hacerlo—dijo Tanya—No puedes intervenir en eso.
—Tú lo hiciste conmigo —gruñó él mirándola con algo parecido al rencor. Ella no respondió nada— ¡Así que no me digas que no puedo hacer nada!—gruñó dando la vuelta y marchándose escaleras arriba. Maggie corrió tras él.
— ¿Crees que lo pueda lograr?—preguntó mientras lanzaba una muda de ropa dentro de la maleta.
—Si—dijo Maggie—Iré contigo—añadió. Él era su hermano y la necesitaba, no podía abandonarlo.
—No—dijo el. Él no la metería en problemas con Alejandro. Su padre llegaría en un par horas y se molestaría si no encontraba a Maggie.
—Claro que lo haré—musitó ella—Aunque lo veas en mi cabeza no es lo mismo y…si algo se descontrola.
—Alejandro…
—Yo sé como controlar a papá—respondió ella—Además ya nos íbamos a mudar a América de todos modos.
—Maggie…
—No voy a dejarte Edward—dijo ella—Y sólo estamos perdiendo tiempo en esta tonta discusión—Edward apretó los puños y asintió.
—No tardes—susurró Edward y Maggie sonrió antes de salir. Una vez que todo estuvo dentro de la maleta Edward tomo su cartera y sacó la vieja foto que guardaba como un tesoro.
—Hola mi amor—susurró acariciando el rostro de Bella—No voy a dejar que nada malo te pase, lo prometo—agregó. El escozor en sus ojos estaba ahí, pero él no podía llorar. Otra cosa que odiaba. Besó el rostro de Bella en la fotografía y luego la guardo antes de salir. Maggie ya estaba en la sala con un pequeño bolso al hombro, y su cuaderno de dibujo en una mano.
—Es todo lo que necesito—dijo ella ante la extraña mirada de Edward.
—Esto es una estupidez—gruñó Tanya.
Ella se arrepentía de haberle dicho a Edward. Ojala llegara tarde y pasara lo que tenía que pasar. Esa era la única forma de que él alguna vez la viera a ella.
—Ve—dijo Carmen—Ten cuidado Edward.
—Gracias Carmen—respondió él. —Yo hablare con Alejandro cuando regrese.
—Estoy segura que él lo entenderá—susurró Kate—Suerte…
—Vamos—dijo él a Maggie y ella salió detrás.
Ambos se subieron al auto. Había sido un tanto complicado conseguir un vuelo, los humanos son muy apegado a sus festividades, nadie quería volar en navidad, pero por suerte un par de miles de dólares arreglaron eso.
—Tranquilo—dijo ella al ver que Edward aumentaba aun más la velocidad. No es que temiera morir, pero no necesitaban que un oficial los detuviera por ir a exceso de velocidad ahora que ya estaban dentro de la ciudad. —Lo lograremos—aseguró acariciando su mano tímidamente.
En cuanto el auto entró al aeropuerto Edward se tensó un poco, él era el más nuevo en eso de estar en contacto con humanos, su autocontrol era formidable y envidiable, aun no sabía como pudo estar con Bella sin matarla. Las ansias de sangre estaban ahí y el palpitar constante de los corazones no le dejaban olvidarlo.
—No pasara nada—dijo Maggie mientras caminaba a su lado hacia la pista privada. —Ponte esto—extendió un par de lentes de color negro a Edward quien se los puso sin dudarlo.
— ¿Los Masen?—preguntó el piloto que se encontraba ya aun lado del avión. Ella asintió, el piloto sonrió mientras les indicaba que subieran por las escaleras. Maggie sonrió en respuesta y entregó los papeles a la azafata que se encontraba a un costado del piloto. Edward entró con todo y su maleta y se sentaron los dos juntos.
—Lo haces muy bien—alabó su hermana y el asintió. Sí, era una suerte no haber matado aun a ningún humano. Y no quería hacerlo, pero si alguien se atrevía a tocar un sólo cabello de Bella…
—Estamos por despegar—anunció la azafata inclinándose un poco más sobre el asiento de Edward. Maggie carraspeó y le dijo que podía retirarse, cosa que Edward agradeció. No estaba para lidiar con coqueteos.
El avión despegó rápidamente. Y Él le pidió a Dios por Isabella. Hace tanto tiempo que no se atrevía a pedir nada, ya no tenía derecho, era un ser impuro, un condenado, pero no estaba pidiendo por él. Lo único que quería es que Bella estuviera bien, que Dios le ayudara a llegar a tiempo para evitar cualquier cosa mala que pudiera pasarle.
—Por favor Señor—pidió—No dejes que nada malo le pase, permite que llegue a tiempo—suplicó mirando el cielo por la ventana. Era una mañana nublada como casi siempre en Londres. Suspiró y se tuvo que resignar a esperar y confiar en que Dios le ayudaría…
UNA DISCULPA POR NO HABER ACTUALIZADO AYER PERO FF NO ESTABA FUNCIONANDO AL 100 Y NO ME DEJO HACERLO.
HOLA HERMOSAS Y HERMOSOS SI ES QUE HAY ALGUNO CHICO POR AHÍ. BUENO SÉ QUE A LO MEJOR ESTA UN POKITIN ENREDADA LA SITUACION POR QUE APARECEN NUEVOS PERSONAJES EN ESCENA PERO QUERIA CREAR ALGO ASI COMO UNA FAMILIA PARA EDWARD EN SU NUEVA VIDA VAMPIRO, DIGO LOS CULLEN SI ESTAN EN ESTA HISTORIA PERO ESTA VEZ ELLOS SON HUMANOS. NO LES DIGO MÁS PARA NO ENREDARLAS JAJA SI NO ES QUE YA LO HICE.
OJALA LES GUSTE Y VERAN COMO SE IRAN ACLARANDO LAS COSAS AL TRANSCURRIR LOS DEMAS CAPITULOS.
GRACIAS POR LOS REVIEWS. SON LAS MEJORES
Caresme: me alegra tenerte nuevamente en esta historia. Besos.
Victoria: hola Vicky me encanta tenerte por aquí una vez más. Me alegra que te gustara el one shot y si, me animé a continuar la historia espero que la disfrutes.
Anita Cullen: Si yo creo que muchas ya odian a Tanya. Pero veremos que pasa con ella.
Yanet: Que bueno que te gusto, espero que sea de tu agrado este nuevo capitulo.
Karenov17: Hola nena que bueno que te haya gustado tanto el one shot de verdad, es un gusto tenerte por aquí leyendo el long fic.
Vanne: Pues si vanne, veremos si logran estar juntos. Besos.
UN BESOTE Y UN ABRAZO A MI BETA QUERIDA DYANE MONTERO POR APOYARME CON LA HISTORIA.
NOS LEEMOS EN LA PROXIMA.
PROXIMA ACTUALIZACION: ESPERO SEA EL DIA MIERCOLES 15 DE FEBRERO POR QUE ME ATRASE UN POCO EN ALGUNAS COSAS. BESOS
