La parte Ishida:

Habían pasado un par de días desde aquella conversación en la que Yamato decidió que nunca jamás Sora se volvería a encargar de hablar con Aiko de cosas importantes y Sora decidió ignorar a su esposo hasta que dejase a un lado sus paranoias y volviese a comportarse como un padre normal.

Desavenencias del matrimonio Ishida aparte, el cumpleaños de Aiko llegó y con él una macro fiesta con todos sus amigos, ya que con la excusa de que Aiko cumplía en vísperas de las festividades navideñas, casi todos sus amigos estaban ya de vacaciones y podían reunirse. En cualquier caso, esa reunión sería el lugar ideal para que Yamato encontrase al mal nacido que había osado deshonrar a su cielito.

En el lado completamente opuesto, Sora, con la mano en el pecho compungida, no podía dejar de contemplar lo guapa, elegante y mayor que estaba su primogénita con ese vestido que estrenaba hoy.

Eso sí, la devolvió a tierra firme otra niña que también iba con vestido nuevo y las manos llenas de canapés.

-Tsuki-chan, es para los invitados.- regañó.

La pequeña, ajena a todo, se sentó en medio del salón desparramando sus aperitivos.

-Yo soy invitada.- justificó, comiendo a zarpazos.

Sora giró los ojos, encontrándose con la carcajada contenida de la mayor.

-No te rías que tú eras igual.

-Yo nunca fui tan tragona.- defendió fingiendo indignación.

-Lo que te hacía más molesta, porque al menos cuando come, Tsukino está quieta, tú no parabas.- reprochó la mujer siguiendo el tono bromista.

Ella no siguió más el juego, observó el reloj de la entrada principal y resopló. Dentro de poco la casa estaría llena de gente y aunque quisiese ver a sus amigos, no le hacía especial ilusión esta fiesta.

-¿Por qué tengo que recibir yo a la gente?.- bufó con cansancio.

-Porque es tu fiesta y como anfitriona, debes recibirles.- respondió la mujer, arreglándose un poco mirándose al espejo del recibidor.

-Esta no es mi fiesta.- reprocho la rubia.- si fuese mi fiesta saldría con mis amigos a liarla.

La diseñadora la observó a través del espejo.

-Podéis liarla aquí.

-¿Con vosotros y todos vuestros amigos a dos metros?.- cuestionó con incredulidad.

-Estaremos a nuestro rollo, no te preocupes.

-Genial.- respondió ella, entrecerrando los ojos.

Sora examinó sus gestos, dándose cuenta de que ese desprecio por la fiesta no era el típico fingido para hacerse la guay, sino que en verdad algo la agobiaba enormemente, quizá la presencia de algún invitado.

Pero como no era su amiga, no podía preguntárselo y aunque se lo preguntase, no obtendría ninguna respuesta coherente.

-¿Y papá va a estar toda la noche controlándome como si fuese de la Gestapo?.- preguntó, indicando al hombre con la mirada.

Se encontraba apoyado en una esquina, en mutismo absoluto, con los brazos cruzados y sin apartar la vista de su hija en ningún segundo.

Sora negó.

-Ignórale, está en estado gruñón.

El mini hombrecito de la casa, también perfectamente arreglado, por fin apareció por el salón, asombrándose de que todavía no hubiese llegado nadie. Miró un segundo a la entrada, viendo que sus chicas estaban en una de esas soporíferas conversaciones femeninas, enseguida encontró a su otra chica, con la cual estuvo a punto de tropezar, llevándose un gruñido gutural por su parte. Por lo que Yuujou solo encontró una persona con la que estar en ese momento.

-¿Qué haces papi?.- invadió su campo visual con total descaro.

Ignorándole, Yamato alzó la cabeza para seguir contemplando a Aiko, bajando el cabezón de su hijo con la mano.

-Cuantas veces te he dicho que los Ishida se peinan.- masculló irritado por comprobar su desorden de pelo.

El niñito se pasó las manos por su cabellera, tratando de imitar el peinado de su padre, aunque no consiguió que su viciado pelo le hiciese caso, pareciendo así el Pájaro loco.

Seguidamente, se colocó al lado de su progenitor, imitando hasta sus gestos.

-¿Qué estamos mirando?

-A tu hermana.- sentenció el astronauta.

-¿A qué está muy guapa?.- preguntó sonriente.

A Yamato no le gustó esa ilusión del pequeño Ishida por su espectacular belleza, no era forma de ultra protegerla.

-No deberías alegrarte por eso.

-¿Por qué?.- cuestionó en tono desvalido.

-Porque cuanto más guapa sea, más chicos se querrán aprovechar de ella.

Evidentemente que el maleable Yuujou ya estaba siendo traumado.

-Yo no dejaría que nadie le hiciese daño.- aseguró con determinación, dándose un golpe en el pecho.

Ishida padre desvió un segundo la vista hasta el muchacho y esbozó la primera sonrisa del día.

-Eres un buen hermano.- le sacudió el pelo. Y entonces una idea surcó su mente. Sería mucho más fácil tener controlados a todos los chicos de la fiesta con dos ojos más.- ¿quieres ayudarme a proteger a tu hermana?

Sin ningún atisbo de duda, el pelirrojo asintió, convencido de su importante misión.

...

Por fin el timbre sonó empezando a llegar los invitados.

Aiko dibujó la sonrisa de cortesía que llevaba ensayando durante toda la tarde y se posicionó junto a su madre.

La mayor fue la que abrió la puerta por la que entraron los Yagami, que inexplicablemente habían sido los más puntuales.

-¡Felicidades Ai-chan!.- felicitó un moreno de su misma edad.

Ella correspondió con una sincera sonrisa.

Realmente sus encuentros no eran los más cómodos del mundo, pero ambos trataban de esforzarse por seguir manteniendo intacta su amistad.

-Gracias Tai-chan.- le hizo pasar la joven.

Yagami acercó su cara a la de ella, depositando un delicado beso en su mejilla, que la sonrojó notablemente.

-No seas baboso.- masculló con diversión.

Este sonrió con regocijo. Justo después, la educada hija de Taichi, Akari, tras dar su correspondiente felicitación, fue secuestrada por Tsukino para llevarla a su mundo de juegos.

Y antes de que Aiko pudiese recuperarse de ese inesperado contacto de su amigo, un clon de Taiyou, solo que con treinta años más, la achuchó.

-¡Felicidades ahijada!.- exclamó con su euforia habitual. La separó de su asfixiante abrazo y sacó un paquete.- quería regalarte una moto, pero tu madre me habría matado, así que te tendrás que conformar con esto.

La chica lo desenvolvió con celeridad, flipando al tenerla entre sus manos.

-Está chulísima, ¡muchas gracias titoichi!.- exclamó, colocándose esa cazadora motera, la cual llevaba deseando largos meses.

-Espero que sea sintética.- escuchó la voz de una de sus mejores amigas.

Como hizo con los Yagami, Sora se dedicó a dar la bienvenida y acomodar a los invitados que llegaban ahora: los Izumi.

La rubia trató de disimular ante esa idealista pelirroja portadora de la tenacidad, sin embargo Yagami no tuvo ningún problema en sacar la cara por su regalo.

-Las vacas mueren de todas formas, será mejor aprovechar su piel.

La hija de Koushiro se cruzó de brazos, mirando al adulto sin convencimiento. Todo hacía indicar que iba a dar comienzo a una charla de "ama a la naturaleza y todos los seres" por cortesía de Chikako.

-Si no nos las comiésemos, no habría que matarlas.

Aiko era conocedora de las ideas de su amiga, porque más de una vez había discutido con ella. En muchas cosas estaba de acuerdo, pero en otras no tanto y por eso ya prefería mantenerse al margen de sus charlas. Izumi podía ser muy pesada para convencer a los demás de que sus opiniones eran erróneas.

Encontró la evasiva perfecta en el niño que se cruzaba en ese momento por entre sus piernas inmerso en algún trasto que cacharreaba.

-Tenma, felicita a Aiko.- le interceptó su madre, obligándole a apartar la vista de su aparato.

A la compañera de Yokomon le pareció tremendamente graciosa la cara de despistado con la que miró para arriba.

-Felicidades.- le dijo a Sora, haciendo que la cumpleañera estallase a carcajadas.

Sin duda la nueva generación era cuanto menos divertida.

Por su parte, Mina lo disculpó con una sonrisa.

-… y el mundo estaría gobernado por las vacas y tendríamos que hablar mugiendo y no nos entenderíamos y sería un caos…- seguía Taichi con este inesperado debate con la hija de uno de sus mejores amigos.

Por supuesto que la pelirroja iba a replicar, pero su padre la tiró del brazo.

-Chikako, ya sabes que no me gusta que hables de política y mucho menos con adultos.- sentenció Koushiro, arrastrándola adentro.

-Pero si hablábamos de vacas…- excusó ella.- ¡coartas mi libertad Kou!

-Y llámame papá.- reprimió con cansancio.

-¡Por fin podemos pasar!.- expresó un joven de dieciocho años de edad, acompañado de una esbelta muchacha de larga melena castaña.

Y es que la única pareja confirmada de los hijos de los elegidos, es decir, la compuesta por Musuko y Shizuka, llevaba rato esperando a que Taichi y Chikako dejasen de bloquear la entrada con su inesperada discusión.

Entre ellos se coló un pequeño con una viejas y rotas goggles en la cabeza, pero que eran fácilmente reconocidas por todos.

-¿Está Yoshi?.- preguntó con descaro, aunque cuando vio la comida, a Taisuke le brillaron los ojos y empezó a salivar, olvidando por completo la dependencia que tenía de su mejor amigo.- ¡comida!

Mientras la encantadora pareja felicitaba a Aiko y excusaba la ausencia de sus progenitores, la familia que se sabía de su presencia a veinte kilómetros de llegar por sus inconfundibles gritos, ya estaba entrando en la propiedad privada de los Ishida.

Abriéndose pasó con desparpajo entre sus dos mejores amigos, la fashion victim de nombre Minako encaró a la cumpleañera.

-Felicidades Ai-chan.- dijo con una desconcertante sonrisa.- ¿dónde está el alcohol?

-¡Minako no vas a beber con nosotros presente!.- recriminó su madre.

La nueva portadora de la inocencia resopló mirando al cielo.

-Aiko no me vuelvas a invitar a otra fiesta en la que tengamos canguros.- dijo, echando una mirada fulminante a sus padres.

La homenajeado se encogió de hombros dando a entender que ella no podía hacer nada.

El siguiente en saludarla fue un joven de quince años, que iba absorto con su aparato electrónico.

-¿Sabías que en tu jardín se ha perdido la conexión?.- cuestionó Osamu, sin dejar de teclear y de maravillarse con su pantalla holográfica.- deberías revisar vuestra conexión o igual tenéis algún campo energético que la repele… alucinante.

Como todos los que fueron testigos de esas palabras, Aiko no supo que responder, sin duda era la felicitación más extraña que le habían hecho un su vida.

Takenouchi, que saludaba con una sonrisa a todos sus amigos, intercambiando algunas palabras y recogiendo sus abrigos, quedó desconcertaba al ver que el pequeño de los Ichijouji iba dejando un rastro de pétalos rojos a su paso.

Abrió los ojos aterrada al darse cuenta lo que era.

-¡Mis rosales!

-¡Yoshi!.- gritó por enésima vez en el día la histérica Miyako por culpa de la nueva trastada del portador del destino.

El resignado padre de la criatura se llevó la mano a la frente, sabiendo que su nuevo dolor de cabeza sería inevitable.

-Creo que nos iremos pronto.- advirtió Ken, mientras su esposa correteaba por toda la vivienda detrás de su pequeño demonio.

La fiesta se estaba animando y más cuando sin llegar a cerrar la puerta tras la llegada de los Ichijouji, un Hammer aparcó ante ellos.

-Me gustaba más el deportivo.- dijo Aiko viendo como los Kido salían de ese monstruoso coche.

En efecto, Jyou Kido se deshizo de su deportivo al darse cuenta de que no le rejuvenecía, sino que le hacía parecer ridículo, eso sí, lo sustituyó por ese gigante, para así dárselas de tipo duro.

El correcto Makoto saludó cortésmente a las damiselas. Aunque no pudo evitar enrojecer levemente por lo guapa que estaba la rubia. Al segundo sus padres se le unieron.

-Perdonad el retraso, pero es que aún no controlo muy bien mi nuevo coche.- dijo el médico, aprovechando la mínima para fanfarronear de auto.

-Es un monstruo Jyou, deshazte de él.- advirtió Momoe, dejando evidente que su paseo no había sido demasiado agradable.- ¿tú marido también empezó a hacer locuras a los cuarenta?.- preguntó a Sora, agotada por los más de cinco años que llevaba de disparates por cortesía de Jyou.

-Tuvimos una hija, ¿te parece poca locura?.- contestó Sora con diversión.

-Tendríamos que haber hecho lo mismo.- se lamentó Momoe, mirando una última vez ese odioso coche.

Apenas llevaban cinco minutos atendiendo a los invitado, cuando de nuevo el timbre sonó.

Esta vez solo fue Aiko a recibirlos y consciente de quien faltaba por llegar, le costó un poco más animarse a abrir. Solo podían ser ellos y dentro de ellos se encontraba él.

Respiró profundamente tratando de ordenar sus sentimientos, ya que si algo no debía permitir era mostrarse desanimada en su cumpleaños, tenía que ser una buena anfitriona con las personas que habían venido a compartir este día con ella.

Se esforzó por ofrecer la mejor de sus sonrisas y abrió la puerta. Automáticamente su sonrisa forzada se hizo real al encontrarse ante esa monada de niñito tendiéndole un paquete.

-Felicidades prima.

No se resistió a elevarlo en brazos para proporcionarle un dulce beso en la mejilla.

-Gracias Kazuki.

Ese niño ya había hecho que cualquier sentimiento de dolor o desesperanza se diluyese.

Casi al instante unos fuertes brazos les ahogó a ambos. Entre risas por parte de los tres, Aiko vio a su primo mayor como siempre haciendo el tonto.

-¿Cómo está mi dieciséisañera favorita?

Inmersa en ese abrazo por parte de sus primos, pudo ver a su tío Takeru pasando la mano por su cabellera y dedicándole una sonrisa y también a Hikari, diciéndole algunas palabras mientras se adentraba en la casa.

Su rostro se puso serio al no verle, aunque también era verdad que su alto primo Tenshi le tapaba cualquier tipo de visión.

-¿Ha venido?.- le susurró.

-Sí.- contestó él, dejándole ya un poco de espacio y tomando entre sus brazos al pequeño Kazuki, ya que daba por hecho que su prima querría intimidad para saludarle.

A unos metros sin llegar a cruzar el umbral, Aiko lo vio con ese aura de misterio que le envolvía siempre a la cual, quisiese o no, era tan adicta. Emanaba un poder atrayente hacia ella, como un hipnotizador, en realidad se debería al loco enamoramiento que sentía por él, y puede que él también hacia ella, pero eso era algo que no lo sabía y que ya estaba cansada de intentar averiguar.

Evitó mirarlo descaradamente, para que su pose de dureza pudiese ser efectiva.

-Pasa si quieres.- dijo secamente y sin darle ningún tipo de protagonismo mayor a su llegada, entró.

Kibou aguardó unos instantes en el porche, barajó en ese periodo de tiempo la posibilidad de irse y así evitar la incomodidad de la rubia en su día, pero supo que su marcha le causaría un dolor mayor al enfado de su presencia.

...

Ahora sí que la fiesta estaba en marcha, aunque la cara del padre de la criatura no reflejase esa diversión de la mayoría ni mucho menos. Seguía inmóvil en su esquina, desde donde tenía prácticamente visión de todo lo que sucedía en ese salón.

Había examinado al máximo a cada chico que había entrado, como habían saludado a su cielito, como la habían mirado, hasta como la habían sonreído. Sin embargo, el último cuarto de hora su vista estaba fija en el único chico que no había tenido un saludo cálido con ella y que curiosamente era el sospechoso número uno.

Por varias veces la mirada del callado y solitario Kibou se había cruzado con la penetrante de Yamato, conocedor de que no había dejado de observarle desde que había llegado. Enseguida apartaba la vista molesto y abrumado, sin saber donde meterse para dejar de ser el centro de atención de ese rubio paranoico. Claro que esa acción, perturbaba a Yamato seriamente, llegándose a preguntar si esa evidente distancia entre su cielito y él se debería a que se habían acostado y luego el muy cabrón se dedicaba a pasar de ella.

Gruñó tan fuerte que a punto estuvo de resquebrajarse los dientes. Si fuese así, lo mataría para sus próximas veinte reencarnaciones.

Pero entonces, de nuevo el timbre captó su atención, desviando nuevamente la vista a la puerta.

No esperaban ninguna visita más ya que el matrimonio Barton-Tachikawa y sus mellizos kawaii estaban en USA, por lo que el que estaba al otro lado de la puerta era un absoluto desconocido.

Las alarmas saltaron en Ishida, ¿y si fuese él?

Desde su ángulo no vio quien estaba al otro lado, pero sí el eufórico grito que dio Aiko al encontrárselo, lanzándose directamente a sus brazos.

El corazón del astronauta latió violentamente, sabedor de que muy pronto conocería su cara, sabría por fin quien era.

Sin embargo no era tan desconocido como pensaba ya que al instante reconoció su perfecto peinado, su ropa de marca y su sonrisa de anuncio.

-¿Mishi?

Tragó saliva, testigo de cómo Aiko lo adentraba agarrándole de la mano, conversaban divertidos y sonreían cómplices. Como estaba acostumbrado, el principito Tachikawa no tardó en ser el centro de atención de todos sus compañeros.

-Mira papá, Mishi ha venido desde su internado suizo, ¿crees que me habrá traído chocolate?.- invadió nuevamente el campo visual del legendario portador de la amistad su hijo varón.

Ishida le ignoró, siguiendo con la mirada cada movimiento del recién llegado, pero entonces se dio cuenta de que en ese saludo faltaba alguien, precisamente el sospechoso número uno. Giró la cabeza buscando que siguiese en su solitario rincón junto a su digimon y se desesperó al ver que ya había desaparecido.

Le había perdido el rastro.

De repente, todo le empezó a dar vueltas, porque todo se le estaba yendo de las manos. Demasiados chicos hablaban con Aiko, la tocaban e incluso bailaban con ella. Se estaba volviendo paranoico pero es que cualquiera de ellos podría ser él.

Debía salir de dudas ya y que mejor forma con interrogarlos uno a uno. Templando los nervios, sacó su Tablet, dispuesto a elaborar una nueva lista de sospechosos, encabezado en este caso por el recién llegado que no se separaba ni un segundo de su proclamada princesita.

...

Mishi:

Pros:

-Rico = braguetazo

Contras:

-Hijo de Mimi

-Nombre de gato

-Posibles nietos con nombre de gato

Su vista quedó presa en él e hizo un gesto con la cabeza a su hijo.

...

Un segundo que el primogénito de Mimi entró en la cocina, por supuesto en busca de azúcar, debido a que consideraba que los aperitivos no era lo suficientemente dulces, fue el momento aprovechado para que los Ishida le asaltasen.

-¿Qué tal Mister Ishida?.- saludó con su encantadora sonrisa el castaño de quince años, mientras comía cucharadas de azúcar.- ¿tenéis miel?

Como si jugasen al poli bueno y al poli malo, Yamato volteó una silla para sentarse, mientras Yuujou miraba obnubilado a uno de sus mejores amigos y chico favorito, el divertido e ingenioso Mishi.

-Siéntate.- ordenó el rubio, al mismo tiempo que ojeaba su Tablet.

Por supuesto que al chico seguía sin gustarle que le diesen ordenes, pero estaba demasiado contento con esta reunión como para enfadarse, además, tenía el presentimiento de que esto iba a ser muy divertido.

-¿Qué le pasa a tu daddy infante Yuu?.- cuestionó, tomando asiento.

-Estamos en misión Aiko.- dijo el pelirrojo con convencimiento.

-Tengo entendido que estudias en un internado suizo.- habló Yamato con tranquilidad.

-Ajá, ¿lo estás leyendo ahí?.- respondió el muchacho asomándose. Por supuesto que Ishida tapó su Tablet avergonzado, ya que no era cuestión de que todo el mundo leyese sus ridículas anotaciones.- ¿se puede saber entonces que te ha traído aquí?

-El cumple de Ai.- respondió el portador de los deseos como si fuese obvio.

-¡Ajá!.- saltó de la silla Ishida señalándole.- ¿por qué tienes tanto interés?

Pero evidentemente que Michale K. también se calentó, inclinándose sobre la mesa

-¿Quieres respuestas?

-¡Quiero la verdad!.- exclamó Yamato ya completamente rojo de furia.

-¡Tú no puedes encajar la verdad!.- exclamó el fantasioso muchacho, como si fuese Jack Nicholson.- vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. Tú no quieres la verdad porque en zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes me quieres en ese muro, me necesitas en ese muro….- siguió perdiéndose en su mundo, con su brillante interpretación.

-¿Pero que coño está diciendo?.- se desesperó Ishida incapaz de seguirle el rollo.

-No sé, pero mola.- contestó el compañero de Tsunomon sonriendo maravillado sin perder detalle de su esperpéntico amigo.

Al menos tras su absurda charla, Yamato, incapaz de aguantar por más tiempo a Mishi recitando diálogos celebres de películas, no tuvo más remedio que, por salud, descartarlo de su lista por el momento.

Pronto sus ojos encontraron a otro candidato, por supuesto que el mejor amigo de su hija y pretendiente oficial desde que tenía memoria.

...

Taiyou:

Pros:

-La quiere casi tanto como yo

Contras:

-Es un Yagami

-Posibles nietos con mata de pelo Yagami

...

En un descuido que el muchacho, como aspirante a yerno encantador, fue a sacar más zumo para la fiesta, los Ishida aprovecharon para acorralarlo.

-Siéntate.- ordenó Yamato con una desafiante mirada.

Taiyou buscó con la mirada a Yuujou para ver si le daba alguna respuesta a este comportamiento, pero el niño, tratando de imitar la seriedad de su padre, le hizo un gesto fulminante para que obedeciese.

Por supuesto que Yagami flipó.

-¿Es por qué Koromon ha vomitado en el sofá?.- preguntó con voz de niño bueno.

No obstante, la mente de Yamato hoy estaba puesta en su misión, no reparando así en esa acción que en otras circunstancias hubiese sido motivo de muerte.

-¿Qué relación mantienes con mi cielito?.- preguntó sin rodeos.- ¿la sigues acosando?, ¿cómo te dijo que no te aprovechaste de ella?, ¡metiste algo en su bebida!.- exclamó agarrándole de la camisa como un poseso.

El nuevo portador de la amistad supo por fin lo que era el miedo de verdad.

-¡No!, yo nunca le haría daño a mi Ai-chan, solo le he escrito una canción.- sacó un papel todo arrugado de su bolsillo.

Eso desconcertó al astronauta, que hizo que aflojase su agarre. Entusiasmado, el adolescente empezó a cantar a ritmo de la famosa canción "Iko, Iko"

-Mi papá y tu papá, mejores amigos son, tú yo también lo somos pero yo te quiero un montón, ¡sal conmigo!, ¡sal!, ¡porfi!, ¡sal!, Aiko, Aiko i love, nos casaremos, tendremos hijos y siempre que querré.

Y el gruñón Yamato se enterneció por primera vez desde que descubrió las andanzas de su hija. Sin duda ese niño era demasiado buenazo como para hacer algo así.

-Oh heredero.- suspiró agarrándole de la cabezota y dándole un beso en la coronilla.- no se lo digas a tu padre, pero tú eres mi favorito, siempre que te cortes el pelo.- recalcó, mirando con desagrado esa mata por la cual se perdía su mano.

Tachado de la lista el eterno enamorado de Aiko, sus alarmas volvieron a estallar viendo el sonrojamiento permanente del hijo de Jyou cada vez que Aiko le dirigía la palabra.

...

Makoto:

Pros:

-Emparentar con Jyou = poder conducir su Hammer

Contras:

-Feo

-Miedica

-Posibles nietos con gen cobarde Kido

...

Confiadamente, Makoto Kido había abandonado el grupo protector para adentrarse en el baño por motivos fisiológicos. Salpicó todo su alrededor del susto que se llevó cuando la puerta se abrió, entrando por ella los Ishida.

-¡Pon a chibi-Makoto donde no podamos verlo!.- pidió Yuujou, asqueado por esa escena.

El peliazul guardó su aparatito apurado, todavía jadeante por semejante susto.

-Lo siento, ¿este baño no se puede usar?

Cansado de excusas, Yamato lo agarró del cuello de la camisa empotrándolo contra la pared. Kido estuvo a punto de volver a orinarse y es que esa mirada de loco de Ishida acongojaría a cualquiera.

-Confiesa, ¿eres tú, verdad?

-Iba… a tirar ahora… de la cadena… lo prometo.- tartamudeó, muerto de miedo.

-¡No te hagas el tonto!, ¡sé lo que le has hecho a mi cielito!

Con lágrimas en los ojos, Makoto confesó:

-¡Sí!, ¡lo siento!, ¡una vez me toque pensando en Aiko!, ¡por favor no se lo digas a nadie!

Esa declaración le hacía ser un aspirante a morir en sus manos, pero no este día. Desagradado por lo que acaba de escuchar y sabiendo que jamás podría volver a mirar a ese chico sin que le entrasen ganas de abofetearlo, lo soltó.

Kido era demasiado pringado y por supuesto miedoso como para atreverse a cortejar a su nena.

Cada vez con más presión y viendo la culpabilidad en todas las caras de esos chicos, Yamato siguió con su ruta, encontrando desconcertante que en ese momento Aiko estuviese sentada en el sofá entremedio de Shizuka y Musuko.

Enseguida su Tablet empezó a trabajar.

...

Musuko y Shizuka:

Pros:

-Fideos gratis

-Nuera ideal

Contras:

-Aiko = juguete sexual de pareja pervertida

-Posibles nietos Motomiya.

...

-¿Qué está pasando?.- le susurró Shizuka a su novio.

-No sé, ¿has robado algo?.- cuestionó Musuko. La portadora de la bondad negó rápidamente.- yo les he cogido uno de esos horribles patitos de cristal para regalárselo a mi madre en Navidad, pero pensé que no se habían dado cuenta.

-¡Musuko!.- recriminó la muchacha.

Un carraspeo les hizo callarse y tragar saliva atemorizados. Desconocían el por qué el padre de Aiko y el adorable Yuujou les habían, prácticamente secuestrado hasta la cocina. Era como un interrogatorio pero en plan cutre.

-Bien, no me voy a ir por las ramas.- anunció Yamato, dispuesto a abordar el tema de raíz.- ¿qué tipo de actividades sexuales realizáis?

La pareja palideció, sin llegar a asimilar que el señor Ishida les hubiese realizado semejante pregunta, Hasta Yuujou quedó boquiabierto por lo directo que había sido su padre.

-¿El señor Ishida es un pervertido?.- susurró Shizuka, agarrando fuertemente la mano de su novio.

El hijo de Daisuke intentó mostrar entereza y darle confianza a su avergonzaba novia.

-No diré nada si no está mi abogado presente.

Hida lo zarandeó indignada.

-¿Quieres traer también a mi padre?

-¿Eh?.- balbuceó Motomiya cardíaco solo por imaginarlo.- por favor señor Ishida, somos muy normales, no se los vayas a decir a nadie.- suplicó acelerado.

La castaña se llevó la mano a la cara queriendo desaparecer de ahí.

-Que bochorno.

-¿Entonces no obligáis a mi cielito a practicar un menage a trois?

La compañera de Upamon ya se fue deslizando bajo la mesa, sintiéndose incapaz de ser participe de esta conversación tan enfermiza. A su lado, Musuko puso una mueca de confusión.

-¿Mes truas?, ¿fuagrás?, ¿whatsapp?, ¿qué ha dicho?.- agitó la cabeza, demostrando una vez más su absoluta nulidad para los idiomas.

Ishida fue consciente de su locura, tachándolos del Tablet. Pero entonces sintió la curiosa mirada de su varoncito.

-Papá, ¿qué es eso?.- el compañero de Gabumon puso cara de circunstancias, pero Yuujou buscó la respuesta él solo.- suena a francés, seguro que entonces Tenshi sabe lo que es.

-Seguro que sí.- confirmó el padre, un tanto aliviado por pasarle semejante marrón a su sobrino.

Se desabrochó el cuarto botón de la camisa. Desde hace unas horas, o lo que es lo mismo, desde que empezó esta caza de brujas con los amigos de su hija, a cada segundo Yamato sentía un agobio mayor en el pecho, dando la impresión de que en cualquier segundo caería desplomado.

Pese a todo, seguía obcecado en su misión de más que encontrar, descartar posibles amantes de su hija.

Inquietantes luces rojas se le aparecieron viendo a Aiko bailar de una forma animada y bastante loca con…

...

Chikako:

Pros:

-Chica = sigo siendo el hombre más importante en la vida de mi cielito

-Genio = sabe programar un DVD

Contras:

-Hippy tarada

-Heterosexual

-Posibles nietos de donante de esperma desconocido.

...

-¿Qué hago aquí?.- cuestionó la pelirroja mirando alucinada como Yamato le ponía un foco de luz en la cara.

Solo entonces, cuando la tuvo delante y fue incapaz de responder y preguntar nada, Ishida fue consciente de que se estaba emparanoiando en exceso, rozando el ridículo más abismal.

Miró a su hijo para ver si este tenía alguna acusación que hacer, pero lo que se encontró fue su mirada confusa.

-Papá, ¿cómo tienen sexo dos chicas?

El astronauta tragó saliva en un vago intento de ganar tiempo y que a Yuujou ya se le hubiese olvidado esa comprometida pregunta. Sin embargo, los ojos rubí de su niño, que siempre desbordaban absoluta inocencia continuaron presos en él.

-Eh… uh… pregúntaselo a Tenshi.- despachó, a sabiendas de lo peligroso que resultaría dejar a Tenshi a cargo de la educación sexual de su pequeño. Sin embargo, hoy no tenía la mente en eso, hoy su mayor preocupación era el sexo sí, pero el de su primogénita.

Padre e hijo continuaron su patrulla, tomando notas hasta del más mínimo detalle que les resultase sospechoso, hasta que el descarte les llevó al pobre chico que había estado casi toda la fiesta inmerso en su laptop.

...

Osamu:

Pros:

-Genio = sabe arreglar una lavadora

-Pelo bonito y suave.

Contras:

-Madre loca

-Rarito

-Posibles nietos con el gen de la histeria Inoue

...

De nuevo los hombres de la casa dieron uso a su improvisado salón de interrogatorios, entrando de muy malas maneras al chico.

-Siéntate.- ordenó Yamato.

El nuevo portador del conocimiento, totalmente intimidado, tomó asiento agarrado fuertemente a su aparato electrónico.

-Llevas toda la fiesta sin dejar de teclear, ¿qué estás haciendo?, ¿has puesto alguna cámara en la habitación de mi cielito?, ¿o estás colgando vuestros videos guarros?.- masculló con la vena de la frente a punto de estallar.

Como todos sus compañeros, Osamu flipó.

-No, he estado creando una nueva clasificación de digimons basándome en la composición y distribución de sus datos en su digi-core.- explicó, mostrando tímidamente su pantalla.- ¿queréis que diga como quedaría la lista?- preguntó con un ápice de ilusión porque alguien prestase atención a sus investigaciones.

Padre e hijo compartieron una mirada de apuro.

-Eh… ah… bueno, es que… aún tengo que encontrar al cabrón que se acuesta con mi hija…- excusó Yamato levantándose disimuladamente.

-Y yo aún tengo que cavar un foso en el jardín para meterlo…- excusó el pelirrojo torpemente, antes de salir disparados de la cocina.

...

Volvía a estar al principio, lo que significaba que había estado toda la fiesta dejando paso a sus desvaríos, olvidando por un momento al principal sospechoso. Después de sus interrogatorios y descartes, no había duda de que se trataba de él.

Cada vez se sentía más mareado y agobiado por el exceso de gente y también por el exceso de pensamientos a cada cual más inquietante.

Buscó con la mirada a Hayashiba, dispuesto a acabar una vez por todas con esta agonía. Hablaría con él de hombre a hombre.

Se enfureció, acelerando el ritmo de su corazón al no encontrarlo.

-Mierda Yuujou, ¿dónde está Kibou?

El niño se encogió de hombros haciendo un rápido escaneo del salón.

-No sé, pero a Kibou lo vigilabas tú, yo vigilaba a Ai-chan.- excusó.

-¿Y donde está Ai-chan?.- cuestionó, al límite de su paciencia.

El nuevo portador de la esperanza lo miró con cara desvalida.

-No sé.

-¡Genial!, encima van a tener el valor de hacerlo en mi cara.- despotricó, incapaz de contener más la ira.- que el foso sea para dos.

...

Puede que Yamato no estuviese tan equivocado, porque precisamente, dos jovenzuelos se habían escabullido de la fiesta guareciéndose en la habitación de la chica.

-Está guay la fiesta, ¿eh?.- preguntaba un animado rubio, estirándose.

De espaldas a él, enredando por su dichoso armario, otra rubia encogió los hombros carente de emoción.

-Lo único que mola es que nos hemos reunido otra vez.- dijo, mientras le tendía una camiseta del uniforme de béisbol de la secundaria.- sujeta.

El chico la reconoció al instante.

-¡Ey!, esta es la de Kibou, ¿qué haces tú con esto?.- cuestionó alzando las cejas con provocación.

Aiko la miró con la misma apatía con la que afrontaba todo lo referente a ese chico en el último tiempo.

-Cuando lo dejó, la quiso tirar a la basura y yo le dije que se la guardaría por si alguna vez quería volver al equipo.- explicó.- aunque no creo que eso pase ya nunca. No le interesa nada, ni siquiera yo.

Tenshi la escuchó, entendiéndola a la perfección, ya que junto con él era la persona que mejor conocía a su hermanastro. Se colocó la camiseta sobre el hombro, compartiendo ese silencio tan revelador.

-Tú sí le importas.- musitó.

Aiko lo miró con incredulidad, ¿encima iba a sacar la cara por él?

-No es cierto y si lo es, ¿de que me sirve si no lo demuestra?, estoy cansada de dar sin recibir nada a cambio.- explicó angustiada. Realmente necesitaba ahogarse y con su primo Tenshi era con la única persona con la que se permitía el lujo de hablar absolutamente de todo. Él no la juzgaba, solo la escuchaba, la comprendía e intentaba darle algún que otro consejo de hermano mayor, es decir, lo que necesitaba una chica como Aiko en estos momentos.- no sé que hay entre nosotros, en el caso de que haya algo, estoy harta de una relación así, yo quiero algo de verdad.

-Sabes que mi hermanito es complicado.- intentó excusar el oscuro comportamiento de Kibou.

-Dile hermanastro, si no me resulta todo muy raro.- pidió un tanto irritada. Hizo una pausa reflexionando sus palabras.- yo estaba convencida de que al amor puede hacer milagros y que con solo quererle, poco a poco dejaría atrás sus demonios y querría formar parte del lado luminoso de la vida, pero no es así. Prefiere seguir viviendo en tinieblas y atormentándose y eso a mí me duele.

A pesar de que intentó por todos los medios hacerse la fuerte y reprimir sus amargas lágrimas, estás ganaron la partida y rodaron por sus mejillas. No existían lágrimas más agónicas que cuando llorabas por tu amor.

-Venga primita, no llores porfi.- pidió Takaishi, empezándose a descomponer. Era incapaz de ver a su Aiko en esas condiciones.

No sabía como actuar, si darle un abrazo, una bofetada, o empezar a jugar con su guitarra para que se enfadase y pasase este amargo momento.

Sonrió por recordar para lo que habían subido a esa habitación y que por supuesto desviaría el tema completamente.

-¿Por qué no dejas de lloriquear y me das mis condones?.- ordenó con autoridad, inspeccionando ese armario.

A la compañera de Yokomon le costó reaccionar, pero enseguida entendió lo que pretendía su primo, y mostró su agradecimiento limpiando sus lágrimas y compartiendo su sonrisa de cachondeo.

-La última vez que te los guardo.- advirtió, recordando los problemas que le habían dado.

-¿Qué?, ni hablar, no puedes hacerme esto, como Kazuki me los vuelva a encontrar y los vuelva a llevar al jardín de infancia, papá me matará y a Hikari la despedirán por llevar esas cosas a los niños.

La rubia rió a carcajadas por revivir la bochornosa anécdota de su primo mayor.

-¿Y no te has parado a pensar lo que ocurrirá si me los encuentran a mí?.- cuestionó, entregándole la caja.

Tenshi leyó a la perfección en esos ojos tan iguales a los suyos.

-¿Te los han encontrado?.- ella asintió y conociendo a su tío, Tenshi se preguntó si lo que tenía enfrente era un fantasma.- ¿y sigues viva?

La chica esbozó una amplia sonrisa de superioridad, mirándole con esa complicidad con la cual solo le miraba a él.

-Le metí a mamá un rollo sobre confianza y esas cosas, la llevé por completo a mi terreno y no me va a volver a dar la brasa en la vida con este tema.

Su primo la escuchó embelesado, sin duda la aprendiz había ganado al maestro.

-Eres mi ídolo.- le chocó la mano.

-He tenido un buen maestro.

El nuevo portador de la luz asintió sin salir de su asombro, preguntándose si debería empezar a preocuparse porque la espabilada Ishida fuese a emplear sus poderes de convicción con él en un futuro. No quería llegar a imaginárselo, de momento, haría lo posible para que él siguiese siendo la máxima autoridad en esta fraternal relación.

Al examinar su dichosa cajita encontró la primera excusa para dejar claro que él seguía siendo el primo mayor y por tanto a quien debía obedecer.

-Falta uno.

Sin llegar a ruborizarse en exceso, la chica rió con picardía, mientras pasaba las manos tras su espalda.

-Dámelo.- exigió el mayor, poniendo la mano.

Ella dio un paso para atrás.

-Por si acaso.

Y solo entonces, al oír esa confiada y retadora respuesta, Tenshi explotó de su burbuja, descubriendo la aterradora verdad, en donde no tenía ninguna autoridad con esa chica.

-Vale, se acabó lo de ser hermano mayor guay, ahora voy a ser hermano mayor Ishida.- sentenció buscando con las manos lo que escondía tras su espalda.

Ella comenzó a revolverse divertida.

-Venga primo, ya tengo un padre paranoico y ultra protector y Yuujou tiene toda la pinta de seguir sus pasos, no necesito otro guardaespaldas más. Tú tienes que seguir siendo mi hermano mayor permisivo y molón al que le cuento todo.

Sin hacer el menor caso a sus palabras, Takaishi continuó con el forcejeo, inmovilizando sus manos, buscando el dichosos condón.

-Noticias nuevas: ¡no quiero saber ciertas cosas!

-¡Oh venga!.- rió Ishida, por las cosquillas que le provocaba su primo en la mano.

Siguió andando para atrás sin ceder, hasta que notó que chocaba con algo a la altura de sus rodillas. Cayó sobre el colchón con Tenshi encima.

-¡Dámelo ya!

-¡No!

Y evidentemente que ser protagonistas de una escena tan comprometida no tenía gracia si el padre celoso y ultra protector con sed de sangre no entrase en ese momento a la habitación.

Las alarmas sonaron esta vez de una forma que casi le dejaron sordo, y sin necesidad de Tablet, su cerebro procesó lo que estaba presenciando.

...

Tenshi:

Pros:

-Guapo

-Es un Ishida

Contras:

-Es el hijo de mi hermano = es mi sobrino = es el primo de mi cielito = misma sangre = ¿qué degeneración están viendo mis ojos?

...

-Pero que es… pero…- ni le salían las palabras.

Notó el sudor frío recorrer todo su cuerpo, que el agobió que llevaba sintiendo durante los últimos días, en especial en esta fiesta se incrementaba por cien, su respiración empezaba a ser dificultosa, veía borroso y sentía un dolor intenso en el pecho.

-Que este no es primastro… este sí es pri… pri…

Los agónicos balbuceos de Yamato se colaron por entre las risas de los primos, alertándolos.

-¿Qué pasa?.- se volteó primero Tenshi. Era tan inesperado lo que vio que quedó paralizado, sin capacidad de reacción.

Al ver la cara tan pálida de su modelo a seguir, Aiko apresuró a alzar el tronco, encogiéndosele el corazón al instante por lo que vio. Su padre, su héroe, su verdadero ídolo, el hombre al que más amaba y probablemente amaría nunca estaba encorvado, de rodillas en el suelo, con la mano sujetándose el pecho de tal forma que parecía que quería arrancarse el corazón.

Por un momento una imagen de hace seis años y que había tratado de borrar toda su vida nubló su mente. Cuando él la salvó de su compañero, cuando quedó en el suelo inerte, cuando su corazón dejó de latir.

-Papi…- musitó aterrorizada.- ¡papá!.- gritó exaltada abalanzándose hacia él.

Esta vez no se quedaría sin reaccionar.

...

-¡No se puede correr aquí!.- recriminó una enfermera por enésima vez desde que había llegado.

Taiyou ralentizó sus pasos hasta alcanzar el siguiente doble del pasillo, donde una vez más comenzó a trotar sin descanso.

Abría con descaro todas las puertas que se encontraba, desde consultas, hasta baños, pasando por las salas de descanso del servicio hospitalario, llevándose así varias reprimendas. Sin embargo no cesaba en su empeño. Debía encontrarla ya, porque sabía que estaba sufriendo y él podía calmar ese sufrimiento en un instante.

Agotado, se llevó las manos a las rodillas jadeante, intentando recuperar un poco la respiración. Se estiró nuevamente sujetándose la espalda y observó el camino que se abría ante él.

Estaba muy oscuro, solo un par de luces muy tenues a cada lado del pasillo proporcionaban algo de luz, desembocando en el cartel más luminoso que indicaba una de las salidas de emergencia.

Caminó más despacio, pensando que ese sería un lugar ideal para esconderse, pronto notó una silueta sentada en la repisa del ventanal que le hizo sobresaltarse. Se acercó con cautela.

-¿Ai-chan?

Tan sigiloso como un gato, sus piernas bajaron al suelo, el compañero de Koromon las reconoció, pero no como las de su amiga. Alzó la vista conforme él daba cortos pasos hasta posicionarse donde esa frágil luz pudiese iluminarle el rostro.

-Hola primo.

Como casi siempre en el último tiempo, Kibou desvió la mirada. Yagami se entristeció por ese hecho y por lo incómoda que resultaba esta relación.

-La buscaba para decirle que tío Yamato está muy bien, ha sufrido un amago de infarto, pero los médicos han dicho que no reviste de gravedad y que se va poner bien.

Hayashiba lo escuchó y su casi siempre inexpresivo, el cual esta vez reflejaba tensión mostró un gran alivio.

Dio un paso para atrás y le señaló una puerta con la cabeza.

-Está ahí.

El moreno asintió, no veía el momento de decirle las buenas noticias a su mejor amiga y que esta se abrazase a él y llorase de alegría entre sus brazos. Fue al pensar eso cuando detuvo la mano en el pomo, mirando a su querido primo.

-Creo que a ella le hará más ilusión que se lo digas tú.- musitó dolido.

No era fácil ver a la chica que amabas enamorada de tu primo mayor que siempre fue tu ídolo, pero tampoco era fácil ver a tu primo inmerso entre las sombras perdiendo toda su humanidad

Si Aiko era capaz de proporcionarle aunque solo fuese un poco de luz, dejaría libre su camino para que Kibou pudiese verla. Era lo que le dictaba el corazón, era parte de tener un emblema tan emocional.

Kibou se sorprendió por esa proposición, pero dejó fluir su apatía natural.

-No creo, díselo tú, todo esto ha sido por mi culpa.- dijo haciéndose a un lado con pesadumbre.

Y el hijo de Taichi fue incapaz de contener su furia. No permitiría que esta desgracia fuese un tormento más en la culpabilizada alma del portador de la oscuridad.

Concentrando toda su rabia por todo le que había pasado en los últimos años en su apretado puño, la descargó en la mejilla de Kibou.

El golpe fue tan fuerte que el mayor cayó al suelo y de su labio se escurrió un hilillo de sangre.

Hacía tiempo que no notaba el sabor de la sangre en su paladar, pero esa clase de sensaciones nunca se olvidaban. Era una tortura para todo su ser volver a sentirla tan caliente y salada como la tenía grabada en sus recuerdos, en esos que le consumían cada noche, esos que no le dejaban olvidar su pasado, olvidar el demonio que fue.

Taiyou le agarró de la camisa, haciendo desaparecer sus reflexiones.

-Eres un idiota.- dijo al borde del llanto. Sus lágrimas conmovieron su interior, rozaron su corazón otorgándole un poco de calidez.- me da igual que tu creas que no te mereces ser feliz, pero los que estamos a tu alrededor si nos lo merecemos y no podemos serlo si tú estás mal.

Desearía ser como él, tener esa capacidad de llorar, de golpear, de reaccionar… en definitiva, esas ganas de vivir, pero era incapaz de lograrlo. Su alma todavía estaba demasiado despedazada, el demonio hizo muy bien su trabajo.

-Lo siento.- fue lo único que pudo decir apartando la mirada.

-Sé que puedes lograrlo.- anunció Yagami con convencimiento, tendiéndole la mano para que se levantase.- volverás a vivir en la luz.

Dicho esto, el nuevo portador de la amistad regresó sobre sus pasos, dejando libre el camino para que esa noche, otro pedacito de alma de Kibou volviese a regenerarse.

El castaño cerró los ojos al mismo tiempo que su mano acariciaba el pomo, tratando de hacer eso que tantas veces le solía decir Aiko: "escuchar a tu corazón".

Desde hace demasiado tiempo venía auto convenciéndose de que carecía de corazón, además de una forma elegida. Él eligió desprenderse de su corazón humano y adoptar a la maldad. Pero el amor la desterró y la luz lo iluminó. Lo tenía escondido por miedo a que volviese a caer al lado de la oscuridad, pero si se concentraba, todavía lo oía latir, incluso de una forma un poco más acelerada a tan solo unos metros de la chica que le amaba. ¿Sonaría así un corazón enamorado?

Sin darse cuente ya había abierto la puerta y su oídos captaron rápidamente un gimoteo, un llanto agónico que le provocó un punzante y agudo dolor en el pecho. Si carecía de humanidad, ¿por qué le dolían este tipo de cosas?

Encontró a la dueña de esas lágrimas, provocándole un malestar que no recordaba haber sentido nunca.

Excepto en las últimas semanas en los que la rubia le había dado una especie de ultimátum, cuando estaba a su lado, Aiko siempre tenía una sonrisa en su cara, una anécdota divertida que contar, unas palabras bonitas que dedicarle, un abrazo para darle o incluso un beso. En cierta manera ya estaba acostumbrado a todo eso y hasta le agradaba, por eso su frialdad de los últimos días había sido inaguantable para él. Cierto era que la entendía y sabía que sería lo mejor que ella se alejase de él cuanto antes, pero era incapaz de renunciar a ella, si lo hacía, sabía que jamás podría volver a ser humano, que su vida estaría gobernada por las tinieblas para siempre.

Ella había estado siempre que la necesitaba, ahora sería el turno de que él demostrase algo.

Ishida sacó la cara de entre sus rodillas al notar una mano en su hombro.

-Yamato está bien.

Su melodiosa voz le cautivó y al instante le tranquilizó.

-¿De verdad?.- cuestionó, atreviéndose a girar la cara para mirarlo.

La chica pudo apreciar eso que recargaba de amor y esperanzas su corazón, la difícil de ver sonrisa de Kibou.

Sin más, se abrazó con fuerza a su pecho y Kibou correspondió el abrazo, dejando que de nuevo que la calidez de la rubia le envolviese, recreándose en esa agradable sensación, convenciéndose de que podría ser digno de sentirla.

-Estoy a tu lado Aiko, eres muy importante para mí.

Y tras escuchar esa declaración que tanto necesitaba, la rubia volvió a sonreír y a pensar, que el amor sería capaz de seguir haciendo milagros.

...

Los parpados le pesaban pero se sentía bien, como si hubiese dormido durante un día entero, seguramente consecuencia de los medicamentos que le habían dado. Sentía un peso en su pecho, pero en nada tenía que ver a la presión que había acumulado durante los últimos días explotando en el cumpleaños de su hijita, este era agradable, igual que esas cosquillitas que sentía en su cuello. No necesitaba verlo para reconocer los finos cabellos de su hija en esa sensación.

Estiró los brazos abarcándola contra sí.

-Cuando eras pequeña también solías echarte la siesta encima de mí.- susurró el hombre en tono somnoliento.

La muchacha miró hacia arriba para encontrarse con esa sonrisa de satisfacción.

-Me gustaba escuchar tu corazón. Siempre suena muy rítmico.- dijo.

Yamato pasó la mano por la cara de su hija, quitando esas lágrimas que no dejaban de salir.

-Tiene intención de latir mucho tiempo más cielito.

Incapaz de afrontar esto, la rubia volvió a clavar su frente contra el pecho de su padre, notando este la humedad en su camisa.

-Es mi culpa.

Compungido por el desgarrador llanto de su hija, Yamato se reincorporó un poco, tomándole la cara con ambas manos, obligándola a que le mirase. Aiko quedó presa como siempre de la mirada de determinación de su progenitor, cuando le miraba de esa forma, se sentía más segura que en ningún sitio.

-No quiero que vuelvas a pensar eso nunca más en la vida, ¿lo oyes?

Pero ella bajó la cabeza descompuesta.

-Pero es que siempre te doy disgustos y sé que hago cosas que no te gustan, pero si no las hiciese…

-No seguirías a tu corazón.- siguió el padre, acariciándola tiernamente.- y siempre debes seguir a tu corazón.

Yamato la volvió a abrazar, tratando de calmar su llanto. Una vez que la sintió más sosegada, la volvió a despegar de su pecho.

-En realidad es mi culpa cielito, porque me niego a que crezcas y te sigo viendo como esa canija que siempre comía en mis rodillas y me daba esos achuchones que me dejaban sin aliento.

Con la cara totalmente empapada en lágrimas, a la chica se le escapó una nostálgica risa por recordarlo.

El padre le tocó la naricita tiernamente como cuando era bebé.

-Sé que no hago las cosas bien, que tu debes crecer, vivir, sentir alegría y también dolor, porque eso es la vida, pero me resulta muy difícil dejarte volar, porque quiero protegerte siempre, evitarte sufrimientos, quiero que nunca tengas que sentir ese agónico dolor en el pecho que te impide respirar.

-Eso ya lo he sentido.- contestó la chica angustiada.- cuando te he visto desplomarte en mi habitación.

Esa imagen la acompañaría siempre en sus pesadillas.

-Mi cielito.- trató de tranquilizarla el padre abrazándola.- me tienes aquí, siempre voy a estar a tu lado.