ATENCIÓN:

-Los personajes no me pertenecen. Son creaciones de Himaruya.

-Historia basada en los videos de HetaONI originados en Nico Nico Douga

-Agradezco a especialmente a Gemini Artemis por facilitarme las traducciones al idioma ingles los scripts de HetaONI y RomaHeta y ha Ankokutenjo por traducir todos los videos en el idioma español.


CAPÍTULO II

Sorpresa color rosa

[Japón]

La puerta abrió apenas toco el picaporte de bronce.

-Qué extraño. Estaba seguro que estaba cerrada -pensó incrédulo.

Fue el primero en entrar, luego lo siguió Prusia e Italia y, por último Alemania, quien parecía estar asustado lo cual lo sorprendió en sobremanera.

La casa resultó ser más espaciosa de lo que demostraba ser por fuera. Sus pisos eran de madera, la cual producía un fuerte rechinido cada vez que daban un paso y, ya en la entrada, se podía apreciar la enorme escalera que se dirigía al segundo piso. La casona no parecía abandonada ni mucho menos. Reinaba el orden y la limpieza, lo cual lo hizo sentir como un intruso.

Le pareció oportuno sacarse los zapatos en el hall para no arruinar el hermoso piso que brillaba como si solo hacía unos minutos lo hubieran encerado, pero Prusia lo detuvo y le recordó, carcajeándose, que esa costumbre suya era innecesaria. Accedió a regañadientes. Nunca entendería su cultura occidental.

-Está más limpia de lo que pensaba -indicó Italia mientras pasaba uno de sus dedos por la pared más cercana.

-Oigan ¿podemos irnos ya? -preguntó Alemania receloso apoyando su mano en el mango de su látigo.

-Kesesesesese! ¿Qué pasa, West? ¿Tienes miedo? -lo humilló el teutón.

-¡No tengo miedo! Solo pienso que deberíamos irnos. A ver... miren... no encontramos nada y... tal vez la casa sea de alguien... no tuvimos que haber entrado desde un principio.

Tras esas palabras, se dio cuenta que su compañero estaba entrando en un estado de pánico y sospechaba que trataba de poner excusas sin sentido para escapar del lugar. El japonés quedó muy sorprendido. No estaba acostumbrado a presenciar actos de cobardía por parte de su compañero, ya que Alemania siempre mostró ser una persona valiente y tranquila hasta en situaciones de extremo peligro.

-No se preocupe, Alemania. No hay nada sobrenatural en este lugar. No sé porque estas tan asust...

Antes de terminar su frase fue interrumpido por una fuerte ruido proveniente de la ala este de la mansión. Todos se sobresaltaron y miraron perplejos la dirección dónde provino el estruendo.

-¿Qué carajo fue eso? -chilló el teutón riéndose nerviosamente. Sus ojos reflejaban miedo y se había puesto más pálido de lo que ya era.

Largo un suspiro de impaciencia. Estaba irritado por el temor injustificable de sus compañeros

-Iré a ver cuál es el origen de ese ruido para poder terminar de una vez con todo esto -propuso. -Esperen aquí.

Japón optó sacar su katana para investigar; no por tener miedo a un ente sobrenatural, sino porque le preocupaba que hubiera un intruso violento. Se aventuró hacia un pasillo y se encontró con una puerta, pero esta estaba cerrada. Al fracasar su intento de abrirla, decidió ir a la habitación del fondo, la cual terminó siendo la cocina de la mansión.

Esta era enorme, con las paredes blancas y el piso de cerámicos grises. Por un lado se encontraba el amueblamiento de cocina de color negro y en forma de L revestido con piedra de granito. También habían varias alacenas del mismo color. En el medio de la habitación había una gran mesa con sus respectivas sillas y, en el otro extremo, tres sillones dobles color blanco y una TV moderna. También, había una puerta en el fondo. Trató de abrirla, pero, al igual que la anterior, estaba cerrada.

Pronto advirtió la presencia de un objeto tirado en el piso. Se acercó y vio un plato hecho añicos.

-Debo tener cuidado de no cortarme -dijo para sí mientras rodeaba los vidrios.

Aunque, ¿de donde había caído? Miró a sus lados. Nada estaba fuera de lugar, solo ese plato. ¿Alguien lo habría tirado? Trató de relajarse. Debía haber una explicación lógica aunque no la encontraba. El plato ni siquiera estaba cerca de una de las mesadas así que era imposible que este se cayera de una de ellas. Más bien, parecía que había sido arrojado.

Advirtió que era mejor irse de esa mansión. Sin guardar su katana fue en busca de sus colegas, pero, cuando llegó al sitio de reunión, estos habían desaparecido.

Se encaminó hacia la puerta de entrada convencido de que sus compañeros se habían asustado y que estarían esperándolo en el jardín externo de la mansión, pero la puerta estaba cerrada. Hizo varios intentos para que esta abriera, pero esta no cedió y se dio por vencido.

Recordó su celular y lo buscó para llamarlos. Revisó todos sus bolsillos, pero este había desaparecido. Se negó a entrar en pánico. Seguramente se había caído y perdido en cualquier otro sitio y seguro que, la puerta cerrada, era la jugada de algún bromista. Todo podía tener una explicación lógica, se recordó a sí mismo. Nada sucede al azar.

La mansión era extremadamente grande y, por ende, debía tener más de una salida. Sería cuestión de encontrarla.

Decidió comenzar con el ala oeste de la casa. Esta era muy parecida a el ala este con la diferencia de que tenía forma de "L". Encontró una puerta cerrada, completamente negra, y luego se aventuró a la parte no visible del pasillo. Allí vio, por unos segundos, a un ser enorme con tez gris que desaparecía en la puerta del fondo.

-¿Qué fue eso? -se preguntó frotándose los ojos -Imposible... debo... debo estar cansado.

Su corazón comenzó a latir frenéticamente a causa de la adrenalina que apoderó de él y su curiosidad hizo que sus piernas se movieran contra su voluntad. Fue corriendo hacia donde había desaparecido ese ser sobrenatural, pero la puerta estaba cerrada. No podía estar más irritado. Esa mansión no tenía ningún cuarto abierto, ¿cómo iba a encontrar una salida así? Para colmo, estaba alucinando.

Intentó con la habitación de un costado que tenía su puerta abierta en par en par, pero, para su decepción, era un baño. Lo inspeccionó, pero no había nada. Este estaba dividido en dos habitaciones: la primera tenía el lavamanos y unas estanterías totalmente vacías y el segundo era más pequeño y tenía el inodoro.

No quiso perder más tiempo en la planta baja de la mansión. Volvió al hall principal y subió la enorme escalera. Esta vez comenzó por el ala oeste, que tenía dos puertas enfrentadas. Una no abrió, la otra sí.

Entró a un dormitorio juvenil. Sus paredes eran azules, esta tenía un alfombrado negro y los muebles en su totalidad blancos. Contenía una cama individual, un gran escritorio con varios estantes, una biblioteca pequeña y un sillón doble enfrentado a una televisión con pantalla semi plana.

Había algo sobre la cama de ese dormitorio, lo agarró y lo examinó. Lo reconoció de inmediato, era un látigo, era el arma de Alemania, pero ¿por qué estaba allí? ¿Sus compañeros habían quedado encerrados en la mansión como él?. En ese caso: ¿donde estaban? ¿quién fue él que les cerró la puerta de entrada? Inspeccionó el arma y un liquido carmesí mojó sus dedos.

-¿Sangre?

Soltó el látigo como si se tratara de una serpiente venenosa ¿Qué había sucedido en esos escasos minutos en el que él estaba en la cocina? Su prioridad ya no era buscar una salida sino la de encontrar a los demás países ¿Y si estaban heridos? Peor aún, ¿quién los había herido? Recordó a ese ser que había visto en el primer piso y le recorrió un escalofrió por la espalda.

-Tengo que ver las otras habitaciones. Acá parado no podré encontrar las respuestas que necesitó -se dijo para animarse e inducirse valor.

Recogió el arma del germano y se la enroscó en su cinturón ignorando la sangre que manchaba su blanco traje militar.

Marchó hacia el ala este del segundo piso. Percibió que había una puerta entreabierta, sacó de nuevo su katana y entró en ella sigilosamente.

Este era un dormitorio infantil de niña. Pintado de rosa claro, la alfombra con detalles del mismo color y los muebles de tonos violetas y blancos. La cama era de estilo princesa llena de peluches sobre ella, había una biblioteca con libros de niños, una mesita con sillitas con una tetera y pocillos de juguete y un gran baúl blanco con detalles en dorada lleno de muñecos y otros juegos y juguetes.

No vio nada inusual e intentó abrir la puerta del vestidor. Esta estaba abierta, pero alguien o algo empujaba desde adentro para que esta no cediera. Retrocedió y gritó:

-¡Quien sea, salga de ahí y no le haré daño! ¡Tiene mi palabra!

Esta abrió lentamente y escuchó que alguien decía su nombre tan bajo que apenas lo escuchó. Cuando esta estuvo abierta totalmente, reconoció la figura de uno de sus amigos.

-¿ALEMANIA?