Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Kanon miró triunfante sus hot cakes, no tenía la costumbre de cocinar así que cuando lo hacía y le salía bien, sin duda era una gran victoria. Se sentó en la mesa y comenzó a comer tranquilo; era inicio de semana, lo que significaba que su padre trabajaría desde temprano y él tendría tiempo para dormir de más, eso explicaba por qué el reloj indicaba que ya casi era medio día.

Desde que se había levantado había tratado de comunicarse con alguno de sus amigos, pero hasta ese momento todos se habían negado a salir con él, alegando estar ocupados; Io en el trabajo, Baian en una junta de la empresa de su padre, Sorrento había salido con sus amigos de la academia, Kaysa, Krishna e Isaac habían ido a una conferencia de "quién sabe que", incluso Thetis se había negado a salir con él debido a que quería tomar clases de francés y ese día tenía su primera clase, y no quería defraudar a su nuevo maestro, o al menos eso le había dicho a Kanon. El único que realmente no se había negado a pasar un rato con él había sido Julián, pero le había dicho que sólo podía hasta las cinco ya que tenía negocios que atender.

Kanon se rascó la cabeza y continuó comiendo pensando en cómo debía de pasar esas cinco horas, generalmente rechazaría el que alguien lo dejara hasta las cinco, pero era Julián, y Kanon sabía que por lo general su amigo solían ser muy generoso con todo lo que pagaba para que sus amigos estuvieran bien. El sonido de la puerta alertó a Kanon, pero al ver que era su hermano se relajó y siguió comiendo.

- ¿Apenas te levantaste?

- Son vacaciones, no molestes - dijo Kanon antes de tomar un poco de su café.

- ¿Qué harás hoy?

- Lo que siempre hago en vacaciones... nada.

- Bien - Saga se sirvió un vaso con agua - voy a salir, no llegaré hasta la noche.

- ¿Y eso? - el gemelo menor se sorprendió, Saga no acostumbraba a salir por tanto tiempo, era más bien una persona hogareña - ¿Tienes algún extraño proyecto con Aioros sobre su carrera?

- No - dijo Saga antes de llevarse su vaso a la boca.

- ¿Vas a acompañar a Shura a comprar sus instrumentos de cocina?

- No, lo acompañará Aioros.

- ¿Vas a salir con Milo?

- No, él ya tiene planes - Saga sonrió al recordar que Milo ya tenía trabajo.

- ¿Entonces?

- Sólo voy a salir - Saga caminó a la entrada de la cocina - nos vemos en la noche, o mañana, no lo sé.

Una vez más solo, Kanon miró el vaso con agua que había dejado Saga; era una extraña costumbre que tenía su gemelo desde que eran niños, dejar vasos a la mitad por cualquier lado, y de las pocas cosas que Kanon no comprendía de Saga.

Todo eso de salir toda la tarde se le hacía levemente sospechoso; así que impulsado por su curiosidad y el no tener nada que hacer decidió seguir a Saga.

Dejó su plato en el fregadero y caminó hasta la puerta, a lado de esta, en una mesita con un plato arriba donde por lo general dejaban las llaves, Kanon revisó si Saga se había llevado el auto, no lo hizo, lo que indicaba que no iba a ir lejos. "Menos mal", pensó Kanon, no quería pedalear tanto.

Al dar un par de vueltas por las calles pudo distinguir el cabello de Saga entre la multitud; estaba esperando el camión en la parada, a dos cuadras de su casa.

Kanon miró con interés cuál transporte iba a tomar Saga y a donde se dirigía. Usualmente no hacía ese tipo de cosas pero suponía que los intentos de Saga por fortalecer más la relación entre ambos tenían algo que ver en su repentina interés en las actividades de su hermano. También estaba el que, aunque no lo admitiera, él quería fortalecer ese lazo que se había desgastado después de la muerte de su madre. A pesar de todo, Kanon no pensaba que esa separación fue debido a lo sucedido con su madre, sólo pensaba que todo lo malo que les había había pasado había nacido a raíz de eso.

Al salir de su meditación se dio cuenta de que Saga ya se había subido a un transporte y este ya estaba arrancando; miró la parte de arriba y se dio cuenta de que este se dirigía al centro comercial, Kanon pensó que podía llegar antes si cortaba el camino y pedaleaba rápido. Buscó en su celular alguna canción con un ritmo rápido y comenzó su viaje.

Aún había cosas que no podía recordar del año anterior, no recordaba el asalto a ese señor o siquiera el como consiguió el arma, tampoco recordaba como era que llegaba a la playa, donde usualmente despertaba con una enorme resaca; lo que si recordaba era la expresión de Saga al verlo dentro de esa casa, tratando de llevarse la pantalla, y las lágrimas de su padre cuando lo arrestaron. Aún tenía rastro de esa vida de libertinaje, le costaba trabajo pedalear rápido.

Era difícil, aún tenía que ir a alcohólicos anónimos una vez a la semana y presentarse cada semana en el reclusorio para hacer su servicio comunitario; aunque no podía quejarse de eso, Aioros también tenía que hacerlo; y si no lo hacía tendría que regresar a la cárcel y cumplir el resto de su condena que, para su suerte, se había resuelto con el trabajo comunitario gracias a todo el dinero que desembolsó Julián para sacarlos de la cárcel.

Había perdido muchas cosas gracias a eso, pero lo que más le dolía, aunque no lo quisiera admitir, era que su relación con Saga se había fracturado terriblemente. No era que eso fuera el origen de todo y que después de eso él y Saga no se hablaran nunca más; de hecho esa crisis había ayudado a su relación en decadencia, pero aún así había demostrado que esa conexión de gemelos con la que molestaba a Saga de verdad no existía, o había desaparecido en el mar de indiferencia en el que se habían sumergido cinco o seis años antes de todo.

Sus cálculos no fallaron, llegó al centro comercial antes del camión, eso le dio tiempo de encadenar su bicicleta lejos de ahí para evitar que Saga la viera. Cuando caminó al centro vio que de un camión bajaba su hermano, Kanon se ocultó entre varias personas y siguió a Saga hasta la entrada y su caminata a través de este hasta llegar a la sección de comida.

- ¿Qué estás haciendo? - susurró Kanon viendo a su hermano.

Kanon abrió los ojos por la sorpresa al ver que Saga se reunía con Shaka, algo sin duda inesperado. Un pequeño tic apareció en su ojo izquierdo, estaba molesto y levemente celoso. Era verdad que Kanon no le había dicho nada a Saga sobre pasar el día juntos, pero, ¿era tan difícil decirle a dónde iba? ¿o por qué tanto misterio? ¿o qué era lo que iba a hacer con Shaka?

Meditándolo Kanon se dio cuenta de que Saga solía pasar mucho tiempo con el rubio, desde hace varios meses, incluso años. Su molestia sólo se hacía más grande en cuanto veía a los dos aludidos sentarse y hablar, Kanon lamentó no estar más cerca para escuchar que era lo que decían. Pasó varias horas ahí de pie, escondido detrás de una planta viendo como hablaban y hablaban.

- Asi que aquí estás - escuchó a sus espaldas.

Al voltear vio a Julián sonreírle.

- Lo siento, lo olvidé.

- Sí, lo noté cuando te estuve esperando cerca de una hora, pero mientras iba para mi casa vi tu bicicleta cerca de aquí e imaginé que estabas en el centro - Julián miró hacia donde estaba Saga - ¿Ese no es tu hermano?

- Sí.

- ¿Quieres ir a saludar o algo así?

- No - Kanon se volteó - mejor vámonos.

- ¿Estás bien? - le dijo Julián mientras lo seguía en dirección a la salida.

- Creo que sí - Kanon miró a su amigo - me siento reemplazado.

- Todo tiene una explicación - Julián entró a su auto después de Kanon - incluso esto, eres su gemelo, no es tan sencillo reemplazar eso.

- Sí, pero le hice daño.

- Y aún está contigo, ¿no? - Julián se abrochó su cinturón de seguridad y le dio una señal a su chófer para que arrancará el auto - te acompaña a tus sesiones de terapia y creo recordar que te reemplazo al menos dos veces en tu servicio comunitario cuanto te enfermaste, ¿eso lo hace alguien que ya no quiere tener algo que ver contigo?

- No... supongo.

- Ustedes tienen algo que nadie puede reemplazar o cambiar, ni siquiera ustedes mismos, y ahora deja de llorar y dime a dónde vamos, necesito relajarme.

Kanon río.

- ¿Desde cuándo eres motivador y das tan buenos consejos?

- Siempre lo he sido y los he dado, que ustedes no me hagan caso es otra cosa.

Un poco más tranquilo, feliz y motivado, Kanon le sugirió a Julián ir a comer; había estado de pie cerca de cuatro horas y su desayuno se había quedado a la mitad, tenía hambre, y sabía que era lo que tenía que hacer desde ese momento en adelante, confiar.