Disclaimer: Este es un trabajo sin fines lucrativos, solo me divierto escribiendo las quimeras de mi cabeza. "Sing" y sus personajes le pertenecen a "Illumination Entertainment".
Capítulo 1
-Así que, ahora nada más quedan Gunter y Rosita, el que canta como Sinatra, el chico que está aprendiendo a tocar el piano y…- cerro levemente los ojos por la concentración-. ¿Ashley?
-Mejor dile Ash. No le gusta que le digan así. Dice que es muy de Barbie -le respondió honestamente a su abuela al terminar su desayuno. Su nieta había llegado más tarde de lo acostumbrado anoche, era normal que le pidieran las novedades del teatro. Omitió los planes locos de su jefe de robarle agua y luz a sus vecinos, estaba exhausta nada más de pensar en ello. Atribuyeron su cansancio a las constantes prácticas de canto.
- ¡Se fueron las chinas! ¡Qué bueno, uno menos! Caen como moscas –sonaba eufórico-. Mejor para ellos. Lo más probable es que lo hicieron apropósito para no pasar vergüenza –declaró cerrando los ojos con autosuficiencia. Era la estampa perfecta de certeza, al mantener los brazos cruzados entre sí. Los lentes redondos y el bastón apoyándose en un lateral de la mesa reflejaban su sabiduría adquirida por los años.
Meena se preguntaba muchas veces como luciría sin ellos, junto a sus arrugas, sus cabellos lechosos con algunos mechones rubios, las manchas oscuras de sus manos y dolores de lumbago. Por supuesto, había visto muchas fotos de su juventud, pero eran fotografías en sepia y desenfocadas. Su abuela le decía que era encantador y testarudo como una mula, por eso trabajo como abogado freelance por un tiempo. Lo dejo, aunque se las arreglaba bien. No tenía contactos, influencias ni muchos medios económicos. Sólo con sus argumentos bien fundamentados y pruebas cruciales ganaba juicios menores.
Pero su arma secreta era su seguridad arrolladora.
A esta edad parecía un niño con esa seguridad, que más bien, parecía ser fe ciega.
Una fe ciega basada en ella y su talento.
-¡Abuelo! No seas así y son japonesas, si no sabes la nacionalidad diles asiáticas –Meena contesto levantándose de la mesa adornada con un mantel da cuadros. Tenía que desviar el rumbo de la conversación. O huir con su plato a la cocina.
- ¡¿Asiáticas?! ¿Quién rayos dice eso? Mi niña, se dicen chinas. Chinas repite después de mí –le hablaba como si le estuviera enseñando respirar. Algo que ni pasa por la cabeza que se deba enseñar. Un pequeño grito ahogado le aviso desde la cocina que su abuela había intervenido- ¡¿Margaret?! Me dolió. Vete tú a pellizcar a tu madre.
Decidió emprender la retirada. Su abuela era muy susceptible con todo lo referente a su madre. Más si su esposo era propenso a los chistes de suegra.
Meena se fue a su cuarto a buscar su usual mochila, cerrando la puerta para callar los gritos de su abuelo asegurando que era una broma. Solo un par de semanas y ya dos concursantes se fueron. Faltaban otras dos para la presentación final, pero antes, les iban a hacer una exhibición a la gran cantante de ópera y estrella de teatro retirada, Nana Noodleman, dentro de un par de días.
Uno de los seleccionados se retiró por un accidente (¡que no era su culpa!), con los reflectores y el coro masculino se separaron por diferencias artísticas.
Y claro, las chinas.
También se retinaron por unas palabras que cruzaron con el Sr. Moon. El traductor de Google aún es muy rudimentario para vencer semejantes barreras culturales entre un grupo pop japonés amateur y el optimista Buster Moon, con su hojita de papel leyendo como pudiera la fonética extraña.
Cuando regreso ya totalmente alistada, habían muerto los debates polémicos, el "¡Nos dicen americanos nada más a nosotros y América es un continente Margaret!", la contestación de su abuela con "No me importa Lawrence. Eso es ser racista y xenofóbico. No quiero que dañes a Meena con tus ideas retrogradas" y las miradas retadoras.
Ahora estaban riéndose, acabándose el poco café del desayuno con algunas galletas. La mirada de su abuela estaba atenta a la charla de su esposo, mientras su vestido con volantes de modas pasadas revoloteaba al terminar de retirar la mesa, dando uno que otro sorbo a su bebida entre ratos. Eran Larry y Maggie, esa pareja de carácter con su eterna relación de tira y afloja.
Si Meena tenía alguna noción de amor de pareja eran por ellos dos. Su concepto actual era que a pesar de todas las diferencias tenían que buscar su punto medio para poder tomar café con galletas. Si su abuelo acababa con las galletas, entonces su abuela bebía litros de café con leche. A pesar que su médico le mando a tomar té en una revisión en la que arrastró a su esposo para chequear su estado de salud.
La ley de Murphy atacó.
Su idea era que lo mandaran a él a bajar el nivel de azúcar… Y la mandaban a ella a dejar su amado café. Termino la consulta y cambio de doctor a las dos semanas. Le dijo a su nuevo doctor que su anterior internista era un inútil que sacó su título de una caja de cereales. Su conyugue no había mencionado palabra alguna, pero tenía una sonrisa de oreja a oreja todo ese tiempo.
Su abuela casi se cae de la silla cuando el doctor le respondió que sí conocía a su anterior internista, aunque no sabía que su hermano había sacado de ahí el título. "Tal vez de una piñata, siempre le gustaron las fiestas mexicanas" termino con una sonrisa juguetona.
A su abuelo le dolió la barriga de tanto reír ese día.
Ahora no importaba la presión sanguínea de la mujer mayor o el riesgo de diabetes de su abuelo; solo su usual ritual de café con galletas.
No pudo evitar sonreír con ternura al verlos pendientes el uno del otro, como si no existiera nadie más. Le daba algo de vergüenza sacarlos de su burbuja de felicidad.
-Me voy. Ya es la hora de que llegue el autobús. –dos pares de ojos enseguida se fijaron en ella.
-Que te vaya bien cariño -su cabello oscuro presentaba tirabuzones perfectos esta mañana. Había dormido con rollos para dejárselo así. Quizás sí de verdad interrumpía algo importante hoy.
-¡Aplástalos! ¡Hazlos puré! –movió sus manos energéticamente, dando golpes al aire y chocando su puño derecho con la palma contraria abierta. Su abuela solo negaba con la cabeza, con las comisuras de sus labios arriba delatando diversión.
Al estar a medio camino de su jardín frontal se dio cuenta que se le olvido su celular al palmearse su bolsillo. Estuvo algo tentada a dejarlo estar, pero le encantaba perderse en los acordes de una buena canción en el trayecto del bus. Además, se había dado cuenta que la gente se alejaba, aunque sólo tuviese los cascos puestos. Regreso en silencio, abriendo delicadamente la puerta con llave. Lo encontró en el bol de la entrada, al lado del paragüero. Estaba acompañando unos lentes, una llave y un caramelo viejo. Ahora solo había que hacer una rápida caminata a la parada.
-…de Meena.
Paro en seco. Agudizó el oído a ver que más captaba, acercándose al comedor sin ser vista al recargarse en una pared adyacente al lado de un cuadro de flores. Si hablaban de ella no era espiar, ¿verdad?
-Yo siento lo mismo. Pero no deberías presionarla tanto -la voz de su abuela era apaciguadora.
-Oh, vamos, solo la aliento un poco –le respondió con ímpetu-. Ella debe aprender a defenderse y a tener valor. Sino cualquier imbécil que se le cruce podría arruinar su vida.
- ¡Larry! –protesto.
- ¿Qué? Vamos Maggie, tú piensas igual que yo. Debe ser fuerte y creer en sí misma. Antes no salía de casa sino era con nosotros, una panda de viejos arrugados o, con Hannah que se la pasa viendo los cupones en el periódico, sino trabaja como loca. ¿Has escuchado de alguna amiga o algo así? Yo tampoco. No es normal que no salga en verano. ¡Verano Maggie! A esa edad, en verano, no se me veía en casa por tres días -lo acompañan el sonido de pasos rápidos, siempre se movía para dar a entender algo con convicción. Viejos hábitos de tribunal.
- ¿Quieres que se pierda por tres días? –horror.
- ¡No tuerzas mi idea! Lo que quiero decir es que…-un resoplido. Cambio su tono a uno más tranquilo y accesible-. Esta diferente –se detuvieron los pasos. Apostaría que en ese instante veía a su abuela a los ojos-, y todo por ese teatro Moon. Nos habla de una Rosita que seguro no tenía televisión, de una chica teñida que odia las muñecas, de un loco alemán, de cómo el dueño del teatro camina en el techo, del "sr. Mike"-se filtraba una pequeña cantidad de burla-. Esa niña debería aprender a no dejarse llevar por las apariencias y no decirle señor sólo por el traje –fue una crítica cariñosa. El afecto bañaba su tono-. Por lo que nos dijo, debe ser un enano que sabe vestir.
-Se llama tener educación Larry. Cosa que no estas aportando mucho últimamente –lo dijo con dulzura. Ella también sentía lo mismo que su esposo y mejor amigo-. ¿Cuándo fue la última vez que la vimos tan feliz?
-Por eso quiero que gane -declaró-. Tu misma lo dijiste, es educada, lista, maravillosa… –cada vez revelaba mayor emoción su discurso-. Y tiene una voz perfecta. Aun no entiendo por qué práctica tanto en ese sitio –suspiro con sencillez-. Hasta se podría inscribir en una buena escuela de canto con el premio. El solfeo es importante -el tono masculino terminó con esperanza-. ¿Quién sabe? Juliard podría aceptarla.
Meena contrarrestaba con el ambiente cálido. Tenía los ojos llenos de lágrimas que se negaban a caer. Le dolía la barriga por los sentimientos encontrados.
No había cantado una sola vez. Mucho menos estaba concursado.
Cerró la puerta. Ya no quería escuchar más.
Veía el objeto que reposaba encima de la mesa con confusión. La tarjeta decía que era de un admirador secreto y el tipo del envió negó saber nada cuando la interrumpió a medio ensayo. "Es anónimo señorita. La privacidad en estos casos, es política severa de la empresa".
No entendía nada.
¿Sería de Ian? No, su hermanastro estaba en un torneo de surf en Australia. Se veía muy a gusto con su nuevo colgante de colmillo de tiburón arriba de su bronceado torso, junto a dos chicas en bikini, en el atardecer playero. Ya tenía como 742 likes en Facebook de la foto con uno que otro comentario malicioso y peticiones de los números telefónicos de las chicas. Si algo tenía su mente en estos momentos eran sus hormonas a millón, las altas olas que crecían alarmantemente por una tormenta pasajera que dejo algunas secuelas y quizás, a lo mejor si era optimista, un pensamiento corto dirigido a su familia en E.E.U.U.
Si tenía tal pensamiento, moría con su llamada semanal. La suya fue hace tres días. Ni sabía que ella ya no tenía con quien pelearse por las sabanas en las noches de frío.
Tom no dijo mucho sobre el tema. Solo un estoico: "Ya veo. Si quieres puedes venir a quedarte unos días". Y la pequeña Wendy se alegró mucho: "¡qué bueno que terminaste con ese imbécil! ¡Era un hijo de put...!" "¡Wendy!", la llamada de Skype concluyo con su padrastro dándole un pequeño coscorrón a su media hermana, la cual lucia para nada arrepentida de su comentario. Por supuesto que les rechazo la invitación. Volver era una derrota. Tomo su decisión cuando su consejero estudiantil le pregunto antes de graduarse: "¿Qué vas hacer? ¿Estudiar o trabajar?".
Odiaba todo lo relacionado con los libros y resultó que tocar la guitarra se consideraba un trabajo. Lo supo cuando le pagaron por cantar en un cumpleaños de una amiguita de su hermana. Extraño. Siempre creo que el trabajo era… trabajoso. Le daban dinero por hacer algo que era fácil y que amaba.
Empaco sus cosas y se fue a buscar suerte con su novio de preparatoria. Ese que toda su familia miraba mal. Pensó que eran celos y reservas normales por alejarse del nido con él.
Frunció el ceño y tecleo con furia el número que se sabía de memoria para iniciar la video-llamada.
Es que tenía que verle la cara al muy bastardo.
A los tres repiques apareció el rostro dudoso de un joven somnoliento.
-¿Ash? ¿Qué haces llamándome? –volteó su mirada rápidamente a un lado de la pantalla. Vigilaba si se aproximaba alguien- ¿paso algo?
-Lance –todo rastro de sueño desapareció del adormilado. Detectó su furia helada-. Te quería recordar algo que olvidaste en mi apartamento.
Ahora ni siquiera parpadeaba el de la pantalla. Le resultaba amenazante Ash usando ese tono de dominio.
Sonrió de costado. Se veía muy sensual al hacer ese gesto con su nuevo labial color rojo sangre. Listo para aniquilar a las alimañas.
Jugueteo con sus dedos, sacándose mugre inexistente de sus uñas negras. Tendría que recortarse las uñas izquierdas más tarde, para que no interfirieran al tocar.
Ni siquiera iba a ver la cara. Ella dominaba el arte del sadismo.
–Olvidaste una caja cuando tomaste por filosofía sentimental "un clavo saca a otro clavo". Creo que era una caja importante para ti. Decía… Decía… Mmm…-arrugo los labios mirando de soslayo el techo-. ¿Cómo era? Lo tenía en la punta de mi lengua –chasqueo sus dedos diestros-. ¡Ah, sí! Ya me acorde. Comics. Eso era.
Un jadeo de miedo emito el destinatario de su monólogo.
Eso Lance, tiembla. ¡Tiembla!
-Sí, ya. Esa caja súper importante a prueba de humedad -parecía que hablaba del clima-. Con comics de Spider-man, Wonder Woman y… -se relamió sus labios- Batman –saboreo la última palabra-. Tenía un ejemplar importante ¿cierto? -sarcasmo, puro sarcasmo venenoso-. La muerte de un Robin. Era ¿Jaime? ¿Jack?
-Jason Todd -murmuro quedo. Una gota de sudor fría bajo por su sien.
-Sí, eso. Y creo que había otro aparte, en un compartimiento especial. ¡Claro! era un… -hizo contacto visual. Era el arma final. Solo tenía que poner todo su tono cínico-. ¿Superman número uno?
-¿Qué quieres?-se preguntó que le vio a sus rastas. Le parecían de lo más tiernas cuando se las estiraban y regresaban como un resorte. Ahora las veía como un trapo viejo y asqueroso que empeoraban sin su coleta para controlarlas. Más que cabello le recordaba a una peluca de bruja, no concordaban con su seria expresión de preocupación.
-¿Qué quiero? Muchas cosas. La paz mundial es bonita, pero me conformaría si me dejaras en paz –ordeno con fuego en los ojos.
- ¿De qué hablas? –preguntó confuso.
-Tuvimos una bonita historia, me ayudaste a diferenciar un "do" de un "re", te servía el cereal en el desayuno, pagaste tú el primer alquiler, te cuide cuando te dio fiebre, me llevaste a mi primer concierto, conozco tus pies peludos de hobbit, conoces a mi familia, yo a la tuya... –suspiro-. Así que me dije "hey, mejor terminemos en paz, crecimos juntos y aprendimos el uno del otro. Que sea un lindo recuerdo". Olvidando, claro, tu actual luna de miel. Sin drama ni lagrimas –no tenía que saber que en su momento lloro como Magdalena hasta la madrugada en su, ahora inmenso, apartamento. Ni que como niña la contentaron con un dulce y una caricia materna que le recordaron a su madre-. Te la iba a mandar, pero… -bruscamente movió su celular a la causa de su enojo. La cámara enfoco una mesa pequeña y de patas largas en el salón de ensayo. Su atractivo radicaba en las preciosas flores envueltas en un papel de regalo con motivos de aves silvestres. Una explosión de colores cálidos conformaba el ramo. Rosa, naranja, rojo, amarillo… Tenían unas pequeñas gotas de roció dándoles brillo, terminando su coquetería con unas palmas verdes que las rodeaban. Como guardianes leales defendiendo a una dulce princesa. Volteo nuevamente el celular a su deformado rostro furioso-. Ahora voy a quemarlas página por página.
-Ash… –chocaron sus miradas oscuras-. Yo no te mande esas flores.
-Es que ni las pienso vender por Ebay. Capaz que las compres y...
- ¡Te lo digo en serio mujer! –Ash parpadeó. Se escuchaba sincero. Por lo menos lo debería ser al tratarse de sus comics de colección- Yo no te mande esas flores -juró.
- ¿Lance? ¿Con quién hablas? ¿De qué flores hablas? -una voz femenina intervino. El pelo fucsia era demasiado chillón para los ojos de Ash.
-Solo de unas hermosas flores que recibí –le respondió con una sonrisa alegre a la cara atónita de Becky. Corto la llamada dejando a un nervioso Lance con su novia pidiéndole explicaciones de por qué su ex le hablaba de unas flores y, por qué nunca le había mandado nada.
Una buena persona llamaría de vuelta y aclararía el asunto. Bueno, no importa, que Lance se las arreglará. Que sufriera un poco.
Dirigió su mirada a la mesa acercándose. No se resistió a tocarlas. Un pequeño pétalo se desprendió al darle una ligera caricia, quedándose en su mano. Su mirada se perdió en el delicado punto rojo que estaba en su mano. No solo a Becky no le habían mandado flores.
¿Quién se las envió? Quién sea pudo mandarlas en su apartamento o al trabajo. Pero… ¿el teatro Moon?
Unos toques cortos a la puerta anunciaron la entrada de alguien.
-Ash, el sr. Moon mando a…–la apagada voz hizo una pausa para elevarse drásticamente- ¡Que hermosas! ¡Mira, hasta tiene una dedicatoria! –la de mayor altura no había perdido el tiempo en agarrar el ramo. Más que sujetarlo lo abrazaba. Levanto la tarjeta amarilla al nivel de sus ojos-. "Para que sigas dando tu mejor esfuerzo. Recuerda que puedes brillar como un cometa. Tu Admirador Secreto" -leyó Meena animada-. ¿No sabes quién te las envió? -pregunto mirándola con precaución. Ash sabía a quién se refería.
-No fue Lance ni ningún familiar mío. Mis amistades están en su mayoría en mi ciudad natal y no creo que mi jefe le llegara un repentino amor por mi después de confundir un envío -se sentó tranquilamente en su silla. Ya podía relajarse sin la molestia de Lance-. Mi admirador secreto cumple bien su rol de secreto.
- ¿Y si es alguien del teatro? –dijo colocándose su flequillo derecho a su oreja. Enseguida volvió a su lugar original.
- ¿Quién? ¿la Sra. Crawley? -resopló incrédula levantando una ceja. Desde que se las depilaba mostraba mayor agudeza-. Rosita y Gunter son muy amables, pero no les veo dándome este –hizo mayor entonación a la última palabra, como si fuera algo peligroso. Dio una floritura con las manos a la carga de Meena- gran detalle. Con Johnny, nada más me he cruzado como dos frases con él. Y Mike… -dio un bufido-. Bueno, es Mike –aunque, pensándolo con detenimiento…-. Meena, ¿sabes si el señor Moon hizo esto?
Si le hubieran salido tres cabezas, no hubiera mostrado más estupor.
-¡¿Qué?! No -abrió sus ojos como huevos fritos por la idea tan descabellada. No la podía concebir-. No.
Los cabellos de Ash se entrelazaban en un espectacular efecto psicodélico al carcajearse.
-Tranquila, veo al señor Moon como…-giró sus manos encogiéndose de hombros-. El señor Moon. Lo decía porque es una de las cosas que haría para animarnos –sus ojos con delineador brillaron con picardía-. Eres una mal pensada.
-¡Yo no…!
-Calma, calma, era un chiste –le interrumpió para bajarle los humos a la broma. Ver a Meena con su piel enrojecia por el bochorno era muy divertido-. Pero sigue el misterio.
-A mí me hubiera encantado recibir algo así –murmuro con nostalgia. Acunaba con cariño las flores cuando enterró un poco su cara para oler su perfume. Al separarse de ellas su tez brillaba con tierna placidez. Las recostó con cariño sobre la mesa. Parecía más bien una madre dejando a su hijo en la cama-. Sea quien sea, la persona que te las envió, lo hizo para que sonrías y te acuerdes que puedes lograr tus sueños –su voz estaba llena de convicción.
Observo con detenimiento el ramo. La verdad era muy bonito. Quizás demasiado precioso como para alguien tan tosca como ella. Lo tocaba y ya lo empezaba a arruinar. El pétalo que aún reposaba en su mano era una prueba viviente de ello. Es extraño. Cuando creía que eran de su ex-novio, le parecían una cursilería barata. Lo saca de la ecuación y, son un hermoso regalo lleno de cariño. A lo mejor la belleza dependía de los ojos de quién mirara.
-Tienes razón –Le dio la razón a la de mayor altura, mirándola minuciosamente. Ahora que se fijaba, Meena estaba muy extraña. Desde hace unos días manifestaba su personalidad inocente, amable, algo impertinente con jugueteos infantiles y madurez. Mucha madurez que se confundía con mojigatería. Tal vez, criarse con su mamá y sus abuelos le origino esa característica. Pero hoy, estaba afligida la expresión de su faz. Era como si le hubiera pasado algo terrible-. ¿Sucede algo? -La despertó de su ensueño hipnótico del ramo. Se había quedado Meena perdida en sus pensamientos.
-¿Qué?-parpadeo repetida veces para regresar a su conversación con Ash-. Nada. No pasa nada.
Nada.
Nada. Con ese tonito.
¿Cuántas veces uso esa palabra que englobaba un sinfín de problemas existenciales que tenía? Nada debería definirse en el diccionario como todo.
Se levantó dando un aplauso al abandonar su silla.
-Bien, tienes mi atención. ¿Puedo ayudarte en algo? –lo decía en serio. Le había adoptado cariño desde que decidió dejar las sombras de la timidez… a ratos.
-No sé de qué hablas -Volvía a su caparazón. Era exasperante cuando se ponía así. ¿Tenía cara de morder a la gente? Su nueva chaqueta de cuero rojo le parecía menos funesta que la negra.
-Está bien. Entonces ayúdame tu a mí -Sino le iba a decir ahora, lo soltaría con el tiempo-. El señor Moon dice que le gusta mi canción, pero aún no me decido. Es la primera vez que toco algo mío -le extendió la mano izquierda-. ¿Me prestas tu iPod? Soy algo ajena a los demás géneros musicales y podría conseguir algo que me guste para inspirarme.
-Heee… sí, claro -le entrego el aparato con su mano agitándose involuntariamente-. Me gusta todo un poco y… veo muchas películas de los años cincuenta, ya sabes, de Metro Goldwyn Meyer. La que tiene un logo de un león que rug…
Play en aleatorio. A ver de qué se ponía tan nerviosa.
A los quince segundos le entrego el reproductor como si quemara.
-¡¿Disney?! –el nombre de la empresa sonaba como blasfemia en sus labios-. En serio ¡¿Disney?! –ni su hermanita tenía eso en su IPod.
-¿No te gusta? –sus azulados ojos brillaron.
-Si… Sí, pero…-No podía rechazarla bruscamente. No cuando miraba como cachorrito abandonado. Mejor buscar otro enfoque-. ¿No te gustaría que te prestara algunos cds? Tengo a Imagine Dragons, Sex Pistols, Red Hot Chili Peppers, Foo Fighters, Dragonforce, Aerosmith… –Con cada nombre los labios de Meena se fruncían más. Se le quedaba viendo como hacía con las japonesas; con interés y confusión-. ¿No conoces a ninguno? -pregunto lo evidente. Un movimiento rápido de la cabeza de la mulata se lo confirmo-. Tú tienes que juntarte más conmigo.
-¿Sí? –el azul y el cacao se encontraron de manera diferente-. ¿De verdad quisieras?
Lo sintió como una aura acogedora y amigable. Algo estaba naciendo, era de esa clase de momento en los que marcan tu vida. Meena no era como su hermanita, pero le estaba pidiendo algo parecido a una hermandad con esa pregunta. La diferencia radical era que conllevaba una elección que no tenía nada que ver con su consanguineidad. Un "sí "o un "no" podía dictaminar Ash.
-Sí –respondió. Sellando su amistad-, me agradas –se ilumino la cara de su, ahora, amiga-. Y… ¿Cuántos años tienes? Conozco un nuevo local que no piden identificación si luces bien -no estaba acostumbraba a lidiar con tantos sentimientos dulces. No sino provenían de ella misma. Le llego su mensaje a la morena.
El género femenino comunicaba más, lo que callaba, que lo que hablaba.
-Dieciséis –respondió sencillamente. Sus cejas se doblaron con la mención de la identificación.
-¡¿Dieciséis?! –alzo la voz sin intención de sonar asustada-. Perdón, es que eres alta y creí que...- ¿cómo cuánto media? ¿1.80 y algo? y no tenía la redondez de la cara, típica de la adolescencia. Ash aún conservaba algo de esa redondez que disimulaba con maquillaje bien calculado. Le debería sacar partido a sus pómulos altos la trigueña-. No importa. Te pones un poco de maquillaje, un vestido, unos ta…-la cara de Meena era un poema trágico. Quizás si estaba volando muy alto-, o podemos tomar algo en mi casa. Creo que aún hay algunas cervezas.
- ¿Ya tienes veintiuno? –pregunto con leve sorpresa.
-Diecinueve –respondió algo frustrada, le incomodaba esa edad-, el último eslabón para salir de la cadena de la adolescencia.
- ¿De dónde sacas el alcohol? –su mirada azul era un poco juiciosa.
- ¿Magia? -una mirada fulminante le hizo acordarse de la canción de Disney-. Yo te puedo mostrar, un fantástico muuundo.
No pudo evitar unirse a la risa contagiosa de Meena.
-Por cierto -comento la menor después de las risas-, el señor Moon me mando a decir que mañana viene la Sra. Noodleman a las diez y media. Lo adelantó por un compromiso la Sra. Noodleman –añadió en una sonrisa, secuela de las carcajadas.
-Entonces saldremos hoy –prometió.
-¡¿Qué?! Pero, ¿No debes ensayar? ¡Es mañana la presentación! –señaló borrando todo rastro de diversión-. ¡Mañana! –Ahí está. El lado maduro y responsable.
-El descanso también es importante. Si solo practicas terminaras agotada -explico. Lástima que nadie se lo dijo y lo tuvo que aprender por las malas. Gracias por andar en estado zombie en el trabajo, una caja de peines le llegó a un ingeniero calvo y furioso-. A las seis termino. Podríamos ir a algún lugar cercano hasta las diez y puedes quedarte en mi apartamento -las dudas saltaban a la vista con la de coletas-. Además, es sólo una presentación. No nos van a descalificar. Solo vamos a bailar. Ba-i-lar –lo deletreo con lentitud. Meena la miro fijamente-. Tu misma me dijiste que te gustaba la electrónica el otro día -seguía esa mirada-. No es él de la identificación –ahora arrugaba un poco los labios-. ¿O quieres ir a mi apartamento a iniciarte en las bebidas espirituosas? -propuso en tono socarrón. La verdad no planeaba beber nada, no era imbécil como para arruinar su debut como cantautora.
Meena miraba al piso meditando, tocándose de vez en cuando su cabello oscuro.
-Por favor no me hagas cantar la parte "ven princesa"-rogó.
-Sí. ¿Por qué no? -resolvió-. Ya ayude bastante al sr. Moon ayer con las luces y el agua -¿De qué hablaba? ¿Agua? ¿Qué tiene que ver un teatro con agua? Definitivamente tenía que salir más-. Y mi familia más bien me regañarían si se enterarán que no quise salir contigo.
-Suenan geniales –declaró.
-Lo son -aseguró.
Antes de que se fuera Meena a avisar a los demás del cambio de Nana, le entrego el origen de toda su conversación.
- "Para que sonrías y te acuerdes que puedes lograr tus sueños", o algo así, ¿no? –antes de que protestara, levanto su mano derecha con dureza. No iba a aceptar replicas-. No soy la clase de chica a quien le regalan flores. Además, yo no necesito ningún regalo para saber que puedo brillar como un cometa –agrego lo último a ver sus ojos vidriosos.
Que no llorara
Por favor, que no llorara
-Eres buena citando -solo pudo decir eso con voz apagada sin saber realmente que decir. No tenía palabras.
-Claro. Si algo tengo es memoria para acodarme de más de 20.000 canciones –la despachó con esa información inútil para cualquiera. Vital para una amiga.
-No puedo enseñar en ese estado el apartamento a los interesados en arrendarlo -mentirosa. ¿Quién en su sano juicio quisiera alquilar esa pocilga? Cierto. Él, versión pobre-. ¿No podría pasar un momento a recoger sus pertenencias? –pregunto con falsa cortesía. La bruja de Blancanieves hizo su transformación inversa a una hermosa reina. Todo gracias a la manzana mágica del dinero.
¿En que estaba pensando cuando salió cagando como un tornado dejando sus cosas tiradas hace unos días?
Una de sus características más resaltantes (y positivas), era ser cuidadoso…
Con sus cosas.
Cuando algo le pertenecía, hacia lo humanamente posible en mantenerlo cuidado y protegido. Eran sus cosas, por ende, una extensión suya. De ahí porque tenía el saxofón, que le regalo su tío de niño, como nuevo. O se negaba a botar el traje manchado. Las re-conchudas manchas de la chaqueta y la camisa aún no salían.
Frunció el ceño.
Pero aún quería intentar sacarlas. Y todas sus cosas tenían la misma importancia para él.
-Iré a buscarlas lo antes posible –terminó la llamada con un tono neutro. Mejor no enojarla, no vaya hacer que donará sus cosas a la iglesia. La mujer debería tomarse más de ese vinito para ser feliz. O dejar ser felices a los demás.
¿Por qué dejo sus cosas a semejante riesgo?
La imagen de Nancy, con ropa interior negra de satén, le refrescó la memoria.
Soltó, de forma poco elegante, aire por la nariz.
Le había comprado un collar, de esos que entre más difícil sea el nombre del diseñador, más números tiene la etiqueta del precio. El pibe tenía que ser hijo de un ruso y una china. Y ahora le salía Nancy con: "No pasas tiempo conmigo", "Aún no te conozco a fondo", "Deberíamos salir".
¿Salir? ¿Salir? Lo único que quería hacer con ella era quedarse en su cama a matar la re-calentura. ¿Y qué más a fondo le quería conocer? Ya sabía que le gustaba que le mordieran el lóbulo de la oreja y que le rompía las pelotas que se pusiera de graciosilla a jugar con sus tetillas dando risitas de colegiala.
¿Qué les pasaban a las mujeres? Las conocía, todas sonrisas. Después, ningún rastro de sus dientes o de voces cariñosas. ¿Es que se ponían de acuerdo para joderlo? ¿Cómo un aquelarre maligno?
De un tiempo para acá, estaba su antigua casera, Nancy, Tocino Frito…
-Señor Mike.
Error.
Dumbo, siempre había sido Dumbo. El club femenino con el objetivo de destruirlo no la reclutaría. Su torpeza la descalificaba.
Así que no eran todas.
- ¿Qué? –preguntó, con el fastidio usual. Si lo molestaba la chiquilla era por su naturaleza caótica. ¿Era eso lo que llamaban karma?
-El señor Moon quería informarle que…
- ¿Y esas flores? –la interrumpió. No pudo evitarlo. Era como un diamante en una pila de carbón.
Nunca hubiera esperado esa respuesta.
Los vio de pasada.
Sin real interés, sólo atraía su mirada a ellos por sus formas que contrarrestaban entre sí. Llamaba la atención ver a una joven al lado de un hombre que le llegaba a la nariz. La morena estaba charlando con el castaño con sombrero al lado del dispensador de agua. Bien, nada raro. Es normal que dos personas que se encuentren en el mismo sitio se saluden e inicien una esporádica charla cordial. Un hecho algo extravagante si se consideraba al de baja estatura, que tenía un carácter ególatra y odioso, no se veía dando muestras de egocentrismos u odiosos al hablar con la chica de piel canela. Sin embargo, estaba dentro de los estándares de normalidad.
Lo que sí parecía salido de otra dimensión era que la muchacha acunaba un gran ramo de tulipanes, botones de oro, dalias, pensamientos, lirios y otras flores irreconocibles para ella, pero igual de preciosas. El del traje pin stripe, con rayas verticales para alargar la figura, aparentaba seguridad, pero el leve temblor de su mano izquierda mostraba nerviosismo. Por un segundo, si hubiera pestañado no lo ve, los pómulos del hombre se volvieron rojizos. Se recuperó al instante para volverle a comentar algo a su acompañante, que lucía radiante al centrar su atención al arcoíris de sus brazos.
Sus ojos casi se salen de sus cuencas. Literalmente con uno.
Sentía su cara caliente al presenciar esa escena. Recordaba cuando le entregaban a ella esa clase de regalos. Por un momento, sintió quebrantar una regla no escrita. Algo de prohibido tenía el ver ese intercambio que se producía a unos escasos metros. Debatió el irse, aunque la curiosidad le gano. Hace un par de días le gritaba y ahora le regalaba flores con un traje nuevo.
¡Es que no podía perderse esto por nada del mundo!
Se inclinó un poco más cerca de la columna que la ocultaba.
-Sra. Crawley ya conseguí la partitura, por favor volvamos porque dentro de un rato tengo que volver al tall…- le tapó la boca y lo miro con dureza con su ojo bueno. Con su mano libre hizo una seña de silencio con un "chsss" de sus labios. ¡Que no le arruinara su chisme! Lo soltó cuando se aseguró que estaría callado.
-Le regaló unas flores -murmuro bajito mirando de reojo a la pareja.
-¿Eh? – ¿Por qué era tan lento Johnny con estas cosas? ¿es que las ideas se le escapaban por el pelo en punta? Ya sabía ella que tanto gel para el cabello debería fundir el cerebro. Con razón prefería ir a bañarse de aceite de carro, que tocar el piano correctamente. A veces le provocaba pegarle con su gorra de plástico verde.
-Que el pequeño gruñón le está declarando su amor a la chica alta -declaro con obviedad. A ver si al fin le entraba a la cabeza y le dejaba espiar con tranquilidad.
- ¡¿QUÉ?! –ninguna de esas voces era el timbre juvenil de Johnny. Al seguir el origen de las voces a su espalda, vio a una mujer madura junto a un hombre robusto, con el cabello rojo corto. La boca de Rosita formaba una "o" perfecta por el espanto y Gunter sonreía de oreja a oreja mostrando sus hoyuelos, hasta le podía contar los dientes si quisiera.
Ni bien se reconocieron y salió como un rayo la rubia del grupo con dirección a la pareja.
-Aguafiestas- musitaron a unísono la secretaria y el de acento alemán. Hace años que no ocurre nada emocionante y los instintos maternos de Rosita acaban su diversión, y eso que Meena no era su hija. Pobres sus niños, estarían solteros hasta los cuarenta.
-…hermosas, ¿verdad?
Cuando se acercaron, Mike ya se había apartado un poco, refunfuñando sobre cómo no entendía por qué se sorprendía. Tragaba un poco de agua para refrescarse del ensayo y, los nervios imposibles de ocultar a su ojo, ahora atento. No por nada había presenciado cuatro administraciones y tres dueños del teatro. Cuando se lo proponía podía ser muy observadora.
-Sí, sí, claro, pero… esas flores…-Rosita movía los brazos exasperada al no encontrar las palabras adecuadas. Su actitud abrasadora tenía un límite con una hija ajena- quiero decir…
- ¿Te las dio él? ¿Son novios? -señaló con descaro al castaño la secretaria. Mejor ir directo al grano ya que estropearon el factor sorpresa. Gunter dio un gritito agudo con un saltito para dar a entender su emoción ante la posibilidad de un noviazgo. Ya eran dos alcahuetas.
Mike escupió el agua. Tosía agresivamente golpeándose el pecho ante el casi-ahogo. La chica se cayó de golpe, las piernas se le volvieron de espagueti. Soltaba una que otra palabrita chiquitiiiita. Parecía que rezaba en arameo.
Le quito todo el volumen a su aparato para escuchar. El argentino ya estaba volviendo a la normalidad. Su cara roja presagiaba sordera.
-¡NOOOOO! -juzgando las caras de los demás, ahora les zumbaban los oídos. Al ver que se quedó sin aire por el grito, le subió un poquito el sonido. Solo un poquito, los decibeles necesarios para oír y no perder definitivamente la audición si es que saliera otro estallido de Mike.
- ¿Y las flores son...? -Gunter fue listo al taparse los oídos.
Mike se limitó a dar un gesto hacia Meena que aún se encontraba en el piso. Guau, de verdad fue fuerte su negación para callarle la boca por un rato. Hasta se empezó a quitar la chaqueta, dando unos cuantos pasos mientras buscaba aire.
Meena se aclaró la garganta para responder.
-Un regalo de Ash después de que me invitara a salir.
Silencio.
Ahora entendía la reacción de Mike. Más bien era un ejemplo para ellos para aceptar la "modernidad". Por lo menos él no se quedaba viendo a Meena como un pez fuera del agua. No es que rompieran un paradigma, o le explotara el cerebro por la información. Trabajaba en un teatro, lugar donde las cosas más curiosas e interesantes ocurrían detrás del escenario, desde hace décadas.
Lo que alteraba la sinapsis eran las involucradas. ¡Quién lo diría! la chica que no salía de su casa y la rebelde que se forjaba un futuro por si misma. Aunque eran polos, tenía sentido, así que… Un segundo, ¿No tenía antes un novio? ¿Lo termino por ella? ¡¿tendrían algo desde antes?!
-Pues, pues… ¿felicidades? –Rosita le paró los engranases mentales. A su lado Gunter, que le temblaban los labios para reprimir la risa, le abanicaba la cara con la mano por miedo a que se desmayara. Estaba blanca como el papel.
-¿Eh? -ya se había olvidado de su alumno. El muchacho sí que era lento, ahora es que pronunciaba palabra para decir un "eh" de idiota.
-¿Gracias? –su mirada zafiro brillaba con extrañeza-. El Sr. Mike me dijo lo mismo. Estaba hablándome de algunos significados de las flores –ya regresaba a su dulce carácter normal al ir incorporándose del piso-. Debió esforzarse mucho el admirador secreto de Ash. Me da algo de lástima que terminara en mis manos.
- ¿Qué admirador? -la morena saco una tarjeta entre las flores y un manotazo se la arranco de las manos. Hay que ver que la ama de casa salía de su perplejidad cuando le convenía-. "Para que sigas dando tu mejor esfuerzo. Recuerda que puedes brillar como un cometa. Tu Admirador Secreto" –leyó. Su cara revelo entendimiento.
-Ash decía que no le interesaban, pero estoy segura que le gustaron mucho, tanto que se sentía avergonzada de que tuviera un regalo así. Por eso me las dio.
Oh.
Pero…
-Entonces…-miró a Mike, hablaba con alguien en su celular mientras cargaba su chaqueta en el brazo. No se le escapo el detalle. Después de aclarar el asuntito volvió a su actitud altanera. Aún le quedaba una pizca de inocencia al muchacho-. ¿No tienes nada con él?
-¡No!-un sonrojo furioso domino a la adolecente. Cuando termino de subir todo el volumen, escuchó a Gunter murmurar a Rosita, ya con color de ser viviente, un "ni que fuera tan feo". Se ganó un codazo fuerte de parte de su compañera.
- ¿Y ni idea de quién le dio las flores a la del pelo loco? –preguntó, ya sin mucho ánimo, la de mayor edad. Otra negación.
Que decepción.
Seguro fue su ex para reconciliarse con ella, o Buster Moon. Ella ya había recibido, incontables veces, flores de su jefe. Coincidiendo con su recorte de sueldo.
-Vámonos muchachón -volvió a su lento andar agarrando la mano del joven pianista. Ya se había acabado la emoción, ponía nuevamente su energía en reservas para algo importante en el futuro.
-¿Eh?-y a Johnny se le había rayado el disco para hablar.
-Que me cargues, me duelen las piernas -como un sirviente sumiso la obedeció elevándola al estilo princesa. Había que aprovechar el momentáneo retraso mental del chico.
Dio dos toques ligeros al pedazo de madera oscuro, con un poco de duda, al pedir permiso para entrar.
-Pase –le dijo una simpática voz, autorizando su entrada.
Abrió lentamente la puerta con un rechinido para nada silencioso. Nunca podrían entrar a robar por esa puerta sin que nadie se enterara.
La oficina contaba con archiveros, un escritorio grande, dos sillas sencillas con una siendo usada como perchero por una chaqueta azul, varias estanterías repletas de objetos diversos y la llamativa pared llena de marcos por todas las actuaciones estelares y logros del establecimiento. De forma rápida vio un poster de Hamilton con sus protagonistas cargando fusiles y espadas, una foto de bailaría dando un salto imposible, un recorte de un periódico dando buenas críticas a una versión moderna de Mucho Ruido y Pocas Nueces con una Beatriz neoyorquina mirando con odio a un Benedicto con la gorra de los Tigres de Detroit y a una pareja de cantantes que entonaban una canción alegre, si tomaba en cuenta la felicidad que trasmitían sus rostros en el cartel brillante.
Y, por supuesto, el asiento detrás del escritorio ocupado por su jefe, con amplio respaldar.
El hombre con nacientes canas estaba enterrado alrededor de un mar de papeles, estudiando una con particular atención. Arrugaba la frente un poco en señal de concentración. Distinguió algunas facturas por ser las mismas que recibían en su casa. Los logos de un bombillo, un pequeño mechero y una gota le resultaban exóticos en otro sitio que no fuera en la mesa de su cocina, con su mamá al lado de una calculadora y cuaderno de cuentas.
Eran tantas que, si las juntaba en un montón, tendría una pequeña torre que cubriría la vista de su jefe.
Como si lo hubiera invocado con su pensamiento, su superior alzo la mirada de su escritorio. Su rostro revelo sorpresa al subir sus cejas.
– ¡Meena! ¿Cómo estás? ¿Necesitas algo? -ese era el señor Buster Moon. Un hombre sonriente, de sueños plagados de fantasía, que siempre la recibía con cara afable a pesar de estar de lo más agotado por sus números rojos.
-Solo quería preguntarle sr. Moon…-agarró un flequillo suyo y lo puso detrás de su oreja-. ¿Aún hay plazas libres para cantar? -preguntó en voz baja pero decidida, mirándolo a los ojos con firmeza.
No huiría más de las oportunidades. Mucho menos si estaban vestidas con una pajarita color cereza, camisa blanca remangada hasta los codos y pantalón azul marino.
Ese color resaltaba, sin duda, sus ojos risueños de océano profundo. Esos que tenían como objetivo la luna y, si fallaba la puntería, quedaba en una estrella.
-Un, dos, tres. Y uno, dos tres. ¡Vamos! Tienes que mover las caderas -dio un movimiento fluido de pelvis para dar ejemplo-. Solo hazlo siguiendo la música. Recuerda que debes imaginar que haces un infinito con tus caderas, no balancearte.
Resoplo- ¡Estoy agotada! ¿no podemos descansar un poco? –Pregunto esperanzada.
Se llevó una mano a la barbilla con un gesto pensativo
–Mmm, depende… -entrecerró los ojos mirándola de soslayo-. ¿Cómo me vas a convencer? -un brillo pícaro alumbro su mirada inclinándose un poco.
-¿Tengo barras de granola? -un dardo al aire. Ni ella misma sonaba convencida. Seguía imperturbable su pareja-. ¿Ayuda si te digo que tiene pedazos de manzana con miel?
Negó Gunter con su cabeza, alargando un poco sus brazos a sus costados-Nein. No es suficiente para comprarme –La señalo con un dedo a su rostro cansado-. Ahora, quiero verte hacer ese infinito -sonrío juguetonamente.
Ahogo un grito de frustración mientras el otro bailarín reía y empezaba a poner desde el principio la canción de su rutina en el reproductor. Otra vez.
Rosita quería dar a relucir todo su potencial. No solo podía cantar canciones de cuna, que arrullaban a sus pequeños, o demostrar que podía quedar como finalista en un concurso de canto, donde adicionaron cerca de ciento cincuenta personas. También podía sintonizar su cuerpo con la música. Ya no albergaba ninguna duda de su capacidad bailando. Ya se dejaba poseer con el ritmo marcado de agudos y graves.
Nuevamente su cuerpo era uno de sus mayores aliados. El espejo le mostro a una mujer radiante con leotardo negro con lentejuelas y piedras de fantasía, la elasticidad de la tela levantaba su mediano busto, acentuaba la curvatura de sus caderas y mostraba su cintura más pequeña por el color ónix. Su cara centraba la atención al eliminar el cabello bajo una capucha con dos picos integrada a su vestuario. Nunca pensó que sus pecas relucieran tanto ni que sus ojos olivas fueran tan atrayentes sin un mechón rubio.
Pensaba que uno de sus mayores atractivos era su tono amarillento. Y eso que aún le faltaba agregar una media falda del mismo material para que fuera el imán directo hacia sus piernas con medias panty. La costurera decía que tenían que sacarle partido a su hermoso cuerpo de pera.
Pero eso no quería decir que quería morir en manos de un hombre, con más energía que tres de sus hijos juntos.
-Creí que querías ganar –ya se había acostumbrado a la extranjera forma de poner la entonación. Le costó en un inicio entenderlo cuando se emocionaba. Con la "r" pronunciada en la garganta junto a sus cortantes y secas palabras sacadas del paladar. Escucharlo casi todos los días, desde que lo conoció, ayudo mucho. Aprendió que muchas palabras del idioma alemán eran afines con el inglés.
- ¿Todos los alemanes son así de dictadores? -preguntó. Solo para salir de dudas. Y reposar un rato. Los pies le dolían horrores.
-¿Me comparas con Hitler? –no estaba molesto. Más bien dejo de lado el reproductor, interesado-. Ya te eliminé los tacones, no te quejes. Y te informo que…
-Hitler era un austriaco y frustrado pintor que no llego a nada en el mundo artístico, poniendo de cabeza al mundo por ser un fracasado –sonrió, siguiendo con su dejo maternal-. Nunca te podría poner al mismo nivel que ese hombre.
La expresión juguetona de Gunter cambio a una de duda.
-¿Estas segura? –era increíble como cambiaba su estado de ánimo con su cuerpo. Hasta su pelo rubí le pareció más negro que rojo. Sabia a que se refería.
-Ya hablamos de esto –aunque tuviera que repetírselo mil veces estaba segura-. Yo gano y tú ganas. Yo ya lo hice, ahora faltas tú. Para eso somos un equipo –le guiño con complicidad.
Gunter se había quedado quieto por un momento. Sus ojos titilaban con una alegría. Abrió la boca para comentar algo, pero se arrepintió al segundo. La volvió a abrir cambiando su idioma corporal a uno más juerguista.
-Eres una manipuladora. Nada más me dijiste eso para dejarte libre –le agradaba más así. Alegre, dando brincos con su lycra a juego con su cabello.
-Por supuesto que sé de manipular con los sentimientos. Soy mamá –respondió con simpleza dulce.
- ¿Me estás diciendo que para ser buen padre hay que maquinar la vida de tus hijos a sus espaldas y hacer que parezca que fue idea suya? –fingida incredulidad bañaba su voz cuando se tocó el corazón con dramatismo-. Me acabas de decir que apestaría como padre –volvió a centrar su atención al aparato de música, oprimiendo una serie de botones. Aumento el volumen. Sonaba un repetitivo ritmo pop-. Mejor vete antes de que te empiece a dudar de tus buenas intenciones conmigo. Yo seguiré practicando porque…-dio un giro sobre si mismo cayendo de medio lado con teatralidad, una mano reposaba en su cintura y la otra hacía de almohada a su cabeza. Sus labios siguieron la estrofa de la canción con una sincronización perfecta-. I'm sexy and I know it.
Rosita estallo en risas.
Antes de salir de su salón para llamar a casa, y asegurarse que no habían incendiado nada los que no tenían escuela de verano o algún club, volteó bruscamente. Algo le molesta de ese intercambio de chistes.
-Te equivocas. No apestarías como padre. Ash se alegró mucho cuando tú le consolaste. -le interrumpió una cabriola.
-¿Te qué hablas? Si yo lo que hice fue hablar mal del patán de su ex –se encogió los hombros.
-Cierto. Y también le compraste flores señor Admirador Secreto –se estudiaron mutuamente.
Él la miraba.
Ella lo miraba.
Él la miraba.
Ella a lo miraba.
-¿Cómo…? –se dio un pequeño golpe en la cabeza-. ¡Ah, claro! Eres mamá y de ocho querubines. ¿Cómo se me paso por la cabeza que te podía ocultar algo así? Eres muy profesional para mí.
-Fue tu "d" curva. Es la misma que pones en tus cds. Deberías usar un pendrive –sugirió-. Así me hubieras ganado. No te preocupes, que no creo que Ash sea de las que se fijan en eso.
Gunter arrugo la nariz mientras inflaba las mejillas.
-Hubiera sido perfecto. Hasta dos pájaros de un tiro sin querer –junto sus manos a modo de rezo-. Me hubiera gustado ser cupido de esos dos. Si hubiera sido el causante de su flechazo, les hubieran puesto mi nombre a sus hijos. Gunter jr, Gunterín, Gunther, Gun…
-No juegues con eso –cerro la puerta dando un portazo que retumbo los espejos. No le quitaría el sueño no saber las variantes de Gunter en femenino.
N/A: Aquí les presento la actualización.
Espero que les haya dado un par de risas. No hubo mucho romance porque quería profundizar algunas relaciones de los miembros de Sing.
Me tarde un poco porque estaba de vacaciones y muchos inconvenientes se aparecieron, desde estar sin internet hasta quedarme sin gasolina.
Por surrealista que suene, es en serio.
Por eso lo compensé con lo prolongado del capítulo. A penas redacte bien el siguiente lo publicaré. Perdonen los errores ortográficos. ¡Se esconden!
Guest: muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho que te gustará. Eso me motivo mucho a seguir. De verdad evitare atrasarme tanto en las actualizaciones como dices, no tienes idea como me alaga el que podrías esperar tres meses ¡Tres meses! ¡Vaya! Me subes los colores a la cara, pero, evitare eso para no alejar a las musas. No quiero distraerme con otra cosa y dejar en pausa este fanfic que me divierte mucho. Le he cogido mucho cariño. En el próximo si habla mucha interacción de estos dos. Quizás demasiada.
Oh, y Johnny no es idiota. Solo está pensando en cosas sin importancia que lo tienen un poco distraído. Cosas sin importancia como, por ejemplo, robar cien mil dólares.
Muchas gracias a los favs, follow y lectores anónimos. Que estoy segura que me desean lo mejor para hacer un lindo proyecto.
Se aceptan toda clase de review, no muerdo.
Mil Bendiciones,
Miss Perchman
