Desorientación
Lo siguiente fue Murdoc y Stuart en una habitación rentada. El primero curando las lesiones del accidente del segundo, la sonrisa cínica de oreja a oreja no se le había desaparecido todavía.
—Cuando te levantaste fue absolutamente genial—volvió a decir, se lo había dicho varias veces ya, aun sin importarle que estuviera suturándole el rostro a su vez.
—Casi nos matas— replicó Stuart aguantándose el dolor.
—Estaba ebrio, lo siento.
Stuart exhaló con indignación.
—Pero mírate— agregó Murdoc con tono impotente
—¿Sin dientes y con hifemía en los ojos?— escupió rodando los ojos y haciendo una mueca
—Es un gran look, le va al cabello azul— reafirmo —Te terminará gustando.
—No sé, no creo.
Murdoc le paso el pañuelo.
—Los cambios exteriores pueden dar inicio a los cambios internos— lo animó —¿Y si tomarás esto como una oportunidad de cambiar?
—¿Crees que tengo que cambiar?— respondió confundido.
—Si— dijo sin pensarlo dos veces —Te hace falta algo de identidad Stu.
—¿Puedo tener algo de identidad sin tener que lastimarme?
Murdoc se burló.
—El dolor físico es superficial, y ayuda a provocar algo que no lo es— meditó con su consabida sabiduría peligrosa —Pero si puedes.
—¿Cómo?
—Arriésgate.
Stuart desconcertado se rascaba la oreja sin decir nada, Murdoc empezaba a entender su lenguaje corporal.
—¿Y si hicieras algo que jamás antes te hubieras atrevido a hacer?
—¿Cómo subirme a un auto contigo?
Murdoc puso los brazos en jarras.
—No— repuso ofendido
—¿Y entonces?— cuestionó casi decepcionado.
—Deja ese tonto trabajo de medio tiempo, no estudies leyes, y escribe tus propias canciones.
Stuart lo miró boquiabierto, Murdoc recuperó la postura inminentemente para continuar atendiendo las heridas.
—¿Cómo sabes esas cosas de mí?— musitó Stuart
—Hannah me contó— mintió con voz fría.
Stuart se conformó con esa explicación.
—¿Puedo saber yo algo de ti?
—Bien— aceptó Murdoc —Pero sin preguntas.
—De acuerdo.
Murdoc suspiró y rodó los ojos, pensativo —Soy médico clandestino… me he roto la nariz otras veces…—paró razonando su respuesta —tocó en bares, y escribo mi propia música.
—¿Quieres ser famoso?
Murdoc se quedó callado por un segundo —Te dije que no preguntarás nada.
Stuart levantó las palmas de las manos en seña de disculpa.
—¿Entonces, te arriesgarás?
Lo reflexionó —¿Y si no funciona?
—Eso es lo que significa arriesgarse— explicó Murdoc riéndose.
Stuart bajó la mirada, y se sintió temeroso, pero no por la idea de cambiar, si no por el hecho de que Murdoc lo había hecho hacerlo. Era como si aplicará una fuerza magnética en él y no tuviera otro remedio más que obedecer la física. Murdoc tenía ese poder, ese poder de atracción que lo hacían caer en todas sus meditaciones, lo hacía mirar cualquier dirección, confiar en lo desconfiable.
Otro de los efectos en él.
—Está bien, lo haré.
Murdoc le sonrió
—Bien hecho, 2-D
—¿2-D?
—Te dije que nos encargaríamos de tu apodo.
Stuart no le reveló a su familia la verdad sobre su accidente; inventó una historia que tomó base en su torpeza y su doble pie izquierdo. Jamás le había gustado distorsionar la verdad, pero la experiencia le hizo darse cuenta que mentir no era tan difícil como él imaginaba. Ni si quiera Hannah sospechó.
Murdoc relató una historia de él peleando en un callejón con un vago para salvar a una mujer indefensa, sentando con una pierna sobre otra; dramatizando sus gestos. Stuart sólo respondía con risas tontas cada que él exageraba su relato con detalles innecesarios como que el tipo era dos veces su tamaño o como había terminando indefenso en el suelo rogándole piedad. A pesar de eso, Hannah no se receló ni un segundo.
Una semana después, Stuart presentó una carta de renuncia al emporio de teclados, abandonó la universidad y compuso una canción para el estribillo que antes Murdoc le había ayudado a atildar, la firmo con el seudónimo "2-D"
Murdoc eliminó el "prácticamente" de su estancia en la casa de la familia de su prometida y se mudó. A cada oportunidad se colaba a la habitación de 2-D para componer juntos, lo había convencido de aprender a cantar con un fundamento de que tenía la voz y la apariencia para ser un vocalista popular.
—¿Y si no les gusta?
—Que se jodan.
Octubre llegó, y la boda se aproximó. La habían programado para el último día del mes como prolijidad a Halloween. Cuando 2-D se enteró de la fecha, se obligó a delinear una sonrisa forzosa entre comentarios sin gracia sobre estar feliz con el compromiso. La experiencia le hizo darse cuenta de que mentir era todavía más difícil de lo que él se había imaginado.
—¿Cuándo te cases con Hannah no compondremos más?
—Claro que si ¿Por qué abríamos de parar por eso?
—No sé, Murdoc— musitó 2-D rascándose la oreja, lenguaje corporal que Murdoc sabía interpretar ya. —Pareciera como si lo mantuvieras en secreto.
—¿Qué quieres decir con eso?
Bajó la mirada, encogiéndose de hombros —Sólo vienes cuando Hannah no está, como si lo que hiciéramos fuera malo.
Murdoc exhaló con indignación cruzando los brazos en jarras, lenguaje corporal que 2-D sabía interpretar ya.
—Vengo todos los días y estoy horas aquí.
—¿Y por qué siempre cuando está ausente ella?
—Es una casualidad
2-D le dedicó una expresión incrédula.
—Si no me crees, te lo probaré— escupió Murdoc en tono de indignación
—De acuerdo— contestó 2-D levantando las cejas.
Hannah tardó poco menos de una hora en aparecer, llamó a Murdoc como ya estaba acostumbrada a hacer, pero él se quedó inmóvil en la habitación con 2-D; le hizo una sonrisa de suficiencia.
—¡Estoy en la habitación de Stuart!
2-D se quedó boquiabierto, su hermana entró a la habitación desconcertada.
—¿Qué haces aquí? — preguntó, Murdoc no dejó de sonreír a la vez que apuntaba con su dedo larguirucho a 2-D.
—Componemos juntos, ¿Te he contado que tu hermano y yo planeamos tener una banda?
Hannah arrugó la frente extrañada, era la primera vez que 2-D veía a su hermana recelosa de Murdoc.
—¿Una banda con Stuart?
—Si
—¿Por qué?
—Porque toca y puede cantar bien.
Hannah parecía querer decir algo más, pero sin estar completamente segura de qué.
—¿Yo seré parte de esto?— cuestionó con inminencia
Murdoc entrelazo los dedos y ladeo la cabeza hacia la izquierda – No, cariño.
Hannah frunció el ceño y se cruzó en jarras. Abrió la boca, pero no emitió ningún sonido. 2-D pensó que no la había visto así de indignada en tiempo.
—Yo también podría…— intento decir un segundo después.
—Esto. Es entre tu hermano y yo, ¿De acuerdo, cariño?— la tajeó Murdoc.
—¿Y por qué no puedo ser parte?
—Vamos cariño, no es como si tu hermanito fuera mi amante—restregó con desdén, su voz sonó irónica y burlona.
Ella hundió la barbilla, sumisa. Parecía no querer hacer una escena, dejo que su indignación pasará a resignación.
—Está bien— murmullo entre dientes —Vienes cuando termines— y se fue tan pronto como había llegado.
2-D estaba estupefacto. Observó a Murdoc sonreír y entonces volver la mirada.
—¿Ya estás mejor, solcito?
2-D le lanzó una almohada y se río tontamente —Ya, bien, te creo.
Murdoc le regresó el golpe con más fuerza, Stuart contrajo el rostro con dolor.
—¿Pero no fuiste demasiado duro?
—Ella debe darme mi espacio.
Después de unas horas, Murdoc se arregló con Hannah, y su inconveniente se disolvió en una dosis de besos y manoseo en la sala. Sin embargo 2-D sentía enardecer su pecho cuando pensaba que Murdoc había optado por él antes que por Hannah en algo, que aunque mínimo, podía resultar magnificente en la vida de ambos. Quizá era incorrecto sonreír tontamente, pero era un lujo que no podrían disolverle con una dosis de besos y manoseos en la sala.
2-D no cambió con Murdoc a pesar de esto, se guardó esa escalada arriesgada de emoción para sí. Incluso cuando le resultaba difícil no mostrarle una sonrisa entusiasmada cada que se aparecía en su habitación aun con Hannah en la casa, fuera a ensayar o a veces no.
—Canta.
Él se tocó el cabello desinteresadamente —Murdoc, no sé.
—Hazlo.
—No porque me vea como un cantante significa que pueda ser uno.
Murdoc suspiró llevándose una mano a la cien —Puedes ser uno, 2-D; ya te lo había dicho.
2-D bajo la cabeza encogiéndose de hombros.
—Lo único que te falta es dejar de ser tan marica— reprimió Murdoc con la palma de la mano abierta.
—Yo…
—El fin de semana daremos una presentación— agregó interrumpiéndolo.
2-D se viró para mirarlo —¿Qué?
—Prepárate porque vas a cantar.
—¿Frente muchas personas?
Murdoc lo ignoró. —¿Vas a ensayar?
2-D hundió la barbilla, y entonces asintió brevemente.
—Pero vamos, deja de actuar así. Compórtate como hombre.
—¿Y si no lo logró?
Murdoc suspiró hastiado.
—Arriésgate.
2-D jugueteo nerviosamente con sus dedos. Él siempre decía eso.
—...Y ensaya, mañana vendré de nuevo— declaró abruptamente antes de cortar la sesión para irse.
—¡Espera!— 2-D lo tomó del brazo. Murdoc paró en seco y lo miró por el rabillo del ojo.
Era poco usual que hubiera contacto físico entre ellos, pero ninguno se oponía.
—¿Qué?
—Lo siento, voy a cantar, te lo juró.
Murdoc levantó las cejas —¿Lo harás?
—Hoy, y siempre— trató de que su voz no temblará. Murdoc sonrió mostrándole todos los dientes.
—Muy bien— aprobó antes de sostener con su otra mano la de 2-D para apartarla de su brazo; el contacto fue más extenso de lo necesario. Su mano, lenta, deslizando por el brazo de 2-D hasta acariciar suavemente sus dedos tampoco parecía algo necesario.
—Necesitas dejar de morderte las uñas, cariño.
A 2-D le temblaron las piernas, Murdoc no lo notó, pero se apartó instantáneamente riéndose bajito.
—Por cierto, no frente muchas personas— dijo antes de girarse para marcharse.
—¿Te irás?— su voz sonó más aguda de lo que le hubiera gustado.
—¿Puedes practicar solo? En realidad, se me quitaron todas las ganas de ensayar.
2-D sintió que se le secaban los labios —Está bien— musitó
Murdoc bajo la mirada con una sonrisa ladeada y se fue.
Ambos se quedaron mirándose las manos después de eso.
No volvieron a verse hasta hora de la cena donde no pararon de hacerlo. Murdoc hablaba altivamente, como de costumbre, pero siempre mirando con el rabillo del ojo a 2-D, como esperando cualquier mínima reacción. Él no decía nada, pero respondía positivo cruzándose de piernas a su vez que Murdoc, tocándose la mejilla cuando él lo hacía, o ladeando la cabeza junto con él.
Fenómeno de posturas congruentes, excepto por el labio inferior de 2-D que temblaba cada que Murdoc se dirigía a su hermana como cariño.
Al día siguiente Murdoc dejó un esmalte rosado para 2-D como burla, y 2-D robó un collar oscuro de Murdoc como tesoro.
Ambos lo notaron, y ambos tuvieron sensaciones extrañas en el cuerpo.
Murdoc lo dejó pasar, pensó que en tan poco no puede haber tanto. 2-D tiñó sus uñas rosas, pensó lo tanto que puede haber en tan poco.
Se encontraron en la sala, Murdoc en una dosis de manoseos y besos con Hannah. 2-D quería decir algo, pero lo olvido totalmente apenas se incorporó a la escena. Los novios estaban lejos de su realidad, inundados en pasión, tocándose con ese frenesí que los había unido en primer lugar.
Encontrarlos perdidos entre ellos le hizo pensar que quizá lo que estaba ocurriendo dentro de él no era correcto, ni si quiera en una moral inusual, como la de Murdoc.
Quizá estaba malinterpretando todo y dejándose llevar por sentimientos impulsivos, sentimientos que no terminaba de entender, abruptos, tontos, e imposibles. Efectos secundarios.
No debía doler. Es el prometido una década mayor de su hermana.
Se llevó la mano a la cara para frotarse los ojos, y apenas las retiró encontró a Murdoc despierto de su hipnosis lujuriosa. Lo escudriñaba desde el sillón, pies a cabeza, fijándose dubitativamente en sus manos, teñidas con esmalte rosado. Su esmalte rosado.
2-D se quedó boquiabierto, como pretendiendo decir algo, pero cuando Murdoc se lo negó con la cabeza decidió guardar silencio.
Hannah besaba lánguidamente el cuello de Murdoc aun con él examinando de arriba a abajo a su hermano recargado en la pared. 2-D se sintió desnudo, sin embargo no se apartó. Un acenso de exaltación se le acumulaba en el pecho a su vez que Murdoc le pasaba los ojos por encima.
No supo que estaba haciendo en ese momento, pero inconscientemente se tocó los hombros con la palma abierta, desluciendo sus manos largas, Murdoc lo notó y entonces mordió a Hannah en el hombro, ella jadeó y 2-D se mordió el labio con la punta de lengua.
Murdoc respiró como si le hubieran robado aire, y 2-D rebajo los ojos tímidamente. Hannah entonces le acarició la espalda mientras 2-D se pasaba las uñas por el brazo, los dedos de ella lo tocaban, él miraba los de 2-D tocándose.
2-D no comprendía del todo porque lo hacían, parecía surrealista, estimulo; todo físico, sin analizarse. Murdoc creyó que era lo más lascivo que había vivido, aún con todo lo lascivo que alguien como él había vivido.
Jaló a Hannah vehemente del cabello cuando 2-D paso su cabeza por la pared despeinándose. La besó violentamente, ella se aferró más a él, 2-D hizo un circulo de su mejilla a sus labios.
Murdoc a pesar de tener a su prometida sobre él, con las piernas abiertas tocándolo directamente estaba lejos de esa realidad, inundado en pasión de la sola tentación. 2-D temblaba, y su rostro se había sonrojado demasiado. El roce de la piel de Hannah le hizo pensar en como las piernas de 2-D tiritaban escurriéndose de nervio.
—Vámonos a la habitación— sugirió Hannah entre exhalaciones e inhalaciones. Murdoc se giró abruptamente para mirarla asintiendo tontamente con la mirada. Ella se río bajo, y lo tomó de la mano para llevárselo.
Él y 2-D se miraron hasta que se hubo marchado, y a penas lo vio diluirse sonrió suave; como él solía hacerlo. Tocándose la mejilla con las uñas pintadas de rosado.
Por la noche ambos se masturbaron reapareciendo la misma escena. Ese encuentro que no fue un encuentro y que de alguna forma los tocó, y de alguna otra los acerco más al otro.
No tuvieron precisamente la imagen de ellos copulando violentamente. Más bien se imaginaban escudriñándose sin pena, como leyéndose las almas, las penas, las dolencias y las pasiones.
Para 2-D era palpitante, casi compulsivo, jamás antes se había tocado imaginándose con Murdoc, o con ningún otro hombre, como tampoco había tenido antes una alucinación a esa intensidad.
Para Murdoc era extraño, no encontraba raro sentir atracción a lo amoral, pero el hecho de sentirse seducido, y sin exagerar hipnotizado por una mirada era algo retorcido hasta para él.
La mejor forma de definirlo era así, retorcido.
