Debo confesarles que este capítulo es el que más trabajo me costó en adaptar dado al sinfín de revisiones que le hice para que los personajes se sintieran más o menos... orgánicos, por así decirlo. Eso sin contar las distracciones que tuve a lo largo de este tiempo.

Tan sólo espero que el resultado final sea de su agrado.

NOTA: La chica de esta historia oficialmente es conocida como "Girl Jordan" ("Chica Jordan" o "Jordan Chica"), pero este personaje funge como una proyección física de la fisonomía de la artista de storyboard, Jordan Rosato. Por ello, decidí ponerle su apellido a esta figura diegética.


The Loud House y los personajes representados son propiedad intelectual de sus respectivos autores.

Historia original de Just4FunFiction.

Traducida y adaptada por mí.


CAPÍTULO II

Todos tenemos claro que aunque el tiempo se desplace a sesenta minutos por hora, la percepción que tenemos de él es muy relativa, dependiendo de la situación que estemos viviendo en cada momento.

Somos meros observadores y sufridores del paso del tiempo pero aun así pensamos, siendo fieles a nuestro absurdo egocentrismo universal, que nos pertenece acuñando frases curiosas como "no tengo tiempo para nada", "si tengo trabajo, el tiempo pasa más rápido" o "tuve un problema que me robó el tiempo que tenía".

Si nos sentamos a analizarlas las sentiremos incluso graciosas, pero estamos tan acostumbrados a ellas que nos dedicamos a crear de nuevas. Y al final, como siempre, todo es consecuencia de darnos cuenta, de forma inconsciente pero real, que no tenemos nada de universales y que nuestro egocentrismo es ridículo cuando vemos que somos meros seres de paso.

Quizá esa sería una buena manera de describir la situación por la que pasaba Jordan Rosato.

Por culpa de una tormenta bastante pesada, se vio obligada a pedir asilo temporal en una casa ajena. En un principio, esperaba que los anfitriones simplemente le proporcionaran una pequeña estadía en su hogar para luego irse una vez que la tormenta se aligerase.

No obstante, la chica no sólo se llevó una sorpresa cuando fue Lincoln Loud quien la acogió en su hogar curiosamente desolado, sino que también se vio envuelta en un panorama muy distinto al que anticipaba.

La atención que ese singular chico de cabello blanco le proporcionaba era, si bien excesiva, algo placentera... Su compañero escolar atendía cada cosa posible por más minúscula que esta fuese y... para su extrañeza, las cosas parecían volverse más lentas para ella.

...La sensación que experimentaba era más que apacible...

Ella no sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero, alrededor de media hora después, estaba terminando con el tazón de sopa de pollo caliente que él le trajo, junto con una pequeña hogaza como sazón, algunas pastillas para el resfriado y la gripe, y algo de té de limón.

Tras comer la última cucharada de sopa, volvió a colocar la cuchara en el recipiente.

‒ ¡Esto estuvo delicioso! ‒ dijo ella, con su voz más compuesta y sonriéndole con cierta viveza. ‒ ¿Estás seguro de que no lo hiciste tú mismo?

Lincoln se rió entre dientes.

‒ Lo juro, está sopa la saqué de una lata ‒ insistió, mientras que Jordan tomaba la taza caliente para soplarle un poco y darle un ligero sorbo. ‒ Nunca antes he hecho mi propia sopa. Mi papá sí, y lo he ayudado, pero nunca lo he hecho por mi cuenta.

‒ ¿Y qué hay del té de limón? ‒ preguntó, tomando otro sorbo del líquido cálido y agrio, pero dulce para que llenara su estómago. ‒ No puedes esperar que crea que esto lo compraste de una tienda.

‒ En realidad, ese sí lo preparé por mi cuenta. Es una receta que me enseñó mi hermana Luna, es... algo británico, creo. He tenido que hacerlo varias veces cuando mis hermanas se enfermaron.

‒ Puedo imaginarme que eso pasa mucho en una familia tan grande como la tuya.

En eso, Jordan le guiñó el ojo, dando a entender que asimilaba su precaria ocupación como hermano. Sin dudas, un gesto que Lincoln tomó como algo espontáneo, haciendo que soltara un pequeña risa.

‒ Sí. No sólo ha pasado con mis hermanas, incluso ha habido momentos en los que tuve que hacer esto por mis padres.

‒ Bueno, ellos tienen suerte de tener un chico tan considerado.

Él se sonrojó ante el cumplido, causando que ella se riera.

La cuestión de que Lincoln se acomidiera por alguien más era una cualidad de la cual el chico se sentía orgulloso. Mas el hecho de que alguien ajeno a su familia, especialmente una chica bastante ignota para él pero muy primorosa como lo era Jordan, era más que suficiente para que se estuviera abochornado por la correspondencia que le atizaba.

Sin embargo, para Jordan la situación comenzaba poniéndose incómoda. Si bien era fascinante y halagador que su compañero se preocupara tanto por ella, a tal punto que actuara como un si fuera un enfermero, era algo lamentable verlo en esa faceta, pues sentía que lo rebajaba a una ocupación penosa.

Para cuando se dio cuenta de que tanto Lincoln como ella no tenía nada más que decir, la niña decidió romper el hielo una vez que terminó la bebida caliente. En seguida, dejó la taza en la mesa del centro, miró el reloj de la sala ubicado en la repisa de la chimenea y pasó a otro asunto.

‒ Bien. Son sólo las seis y media. ‒ dijo ella, quien posteriormente se dirigió a su anfitrión. ‒ Así que... ¿qué quieres hacer ahora?

‒ Pero tú eres la invitada, Jordan... Así que tú debes elegir. ‒ estableció un Lincoln porfiado, provocando que ella lo viera con algo de animosidad y suspirara con cierta lasitud.

...Basta decir que la insistencia de Lincoln no hizo más que desesperarla...

‒ Lincoln... ‒ dijo ella, tratando de mantener la templanza en su habla. ‒ Ya has hecho mucho por mí y sería injusto si no te dejara elegir por lo menos una vez.

‒ No, Jordan... ‒ le dijo él, manteniéndose expletivo. ‒ Insisto. Eso no me importa. Lo que sea que quieras hacer, estaré dispuesto a hacerlo también.

"Rayos... Otra vez esos ojos tristes"

Ella puso los ojos en blanco y bajó la vista oficialmente derrotada.

Si, de por sí, ya era aflictivo verlo actuar como un esclavo, era engorroso el que usara esos ojos afligidos para que siguiera ejerciendo el mismo papel... pero vaya que si se veía adorable, como si fuera un cachorro pordiosero.

La mirada impasible de la chica se enfocó nuevamente en el chico, quien permanecía angustiado por su reacción anterior. No obstante, al saber que él haría cualquier cosa por ella, supo qué hacer para que se deslindara de sus "quehaceres". En consecuencia, la chica, con cierta sorna, sonrió para aplacar a su anfitrión y, en seguida, arremetió con una sugerencia con la que tal vez lograría convencerlo sin ningún problema.

‒ Bueno... En ese caso, ¿por qué no leemos algunos de tus cómics de Ace Savvy?

En eso, los ojos de Lincoln casi se iluminaron cuando ella dijo eso.

‒ ¡Vaya...! ¡Gracias! ‒ exclamó, absolutamente entusiasmado. ‒ Volveré pronto...

Acto seguido, el chico de cabello blanco se levantó del sofá y subió las escaleras, giró a la derecha en el descansillo y entró en su habitación. Después de eso, tomó algunos de los números más recientes de Ace Savvy, luego giró sobre sus talones y bajó las escaleras de vuelta a la sala.

...A veces, costaba trabajo comprender cómo es que este chico escuálido tuviera la habilidad de un velocista cada vez que sucedía algo en donde tuviese a Ace Savvy de por medio...

‒ Aquí están. ‒ dijo, colocando los cómics sobre la mesa.

Lamentablemente, a medida que se sentaba, se dio cuenta de algo que hacía que sus ojos se abrieran de par en par.

"Espera... ¡Ay, no! ¡¿Por qué tuve que aceptar hacer esto?! ¡Me verá ponerme incómodo y si le digo por qué, pensará que soy un bicho raro...!"

...Era obvio que Lincoln escogió un punto del que ya no podía regresar...

Mientras el muchacho comenzaba a intentar en la formulación de un plan de escape, Jordan fue contemplando con cierto la pila de cómics que su compañero había traído.

A decir verdad, ella nunca tuvo la iniciativa o el interés de leer una historieta, puesto que siempre las visualizaba como un medio de entretenimiento para los niños más chicos.

A pesar de eso, ella estaba al tanto de que a Lincoln le fascinaba esas cosas. Por ello, si quería mantenerlo alejado de acomedirse una vez más, aun cuando fuese por un rato, debía asegurarse de seguirle la corriente en uno de sus pasatiempos.

‒ Entonces, ¿cuál deberíamos leer primero? ‒ preguntó Jordan, sacando al peliblanco de sus pensamientos.

‒ Oh, ah... ¿qué tal...? ‒ exclamó él, quien se empeño a revisar el lote de historietas, para luego sacar y enseñarle un ejemplar en el proceso. ‒ ¿Qué tal este?

Aquí, Jordan pudo distinguir un cómic llamativo. La portada mostraba al personaje titular y a otro muy parecido a éste pero que poseía rasgos femeninos y un antifaz de color rojo. Ambos se miraban con acometividad y con el ceño ligeramente fruncido, mientras que en el fondo de la misma se mostraba a un as de corazones rasgado por la mitad de manera vertical.

En efecto, ella no sabía de qué trataba, pero el título era muy interesante:

Ace Savvy: Civil War

‒ Buena elección. ‒ dijo, evocando un tono de voz que rayaba entre la abulia y el estupor.

Lincoln, quien fluctuaba en su interior, le tendió el tebeo seleccionado a su huésped para posteriormente mover a las otras historietas a un lado de la mesa y sentarse a su lado. Por su parte, ella agarró el ejemplar y lo colocó en su regazo, pasando la primera página.

Cuando empezaron a leerlo, Lincoln pudo sentir la necesidad de retorcerse. Apartó sus ojos de las viñetas y trató de meditar para reprimir el impulso nervioso.

"Vamos, Lincoln... Simplemente no pienses en ello, y no será un problema..."

Se enfocó de vuelta en el cómic y... no lo logró.

"¡Excepto ahora, todo lo que puedo hacer es pensar en esto!"

Jordan terminó de leer el monólogo de apertura y se volvió hacia Lincoln, pero se sorprendió al ver cómo se contorsionaba su rostro.

‒ ¿Estás bien, Lincoln?

‒ ¿Eh? ¡Ah! ‒ dijo él, quien inmediatamente fingió secarse el ojo izquierdo. ‒ Sí, estoy bien, solo tengo algo en mi ojo.

‒ ¿Muy bien...? ‒ dijo una Jordan titubeante, arrugando un poco el entrecejo por la confusión en el acto.

...Obviamente algo sospechoso le ocurría a su amigo...

Pero como no quería verlo obliterado por darle un buen servicio, la chica de cabello claro simplemente aceptó su excusa y decidió optar por una actividad más, una que tal vez podría mantenerlo comedido.

‒ Oye, ¿qué te parece si lees los diálogos de Ace Saavy y yo los de Ruleta Rusa? ‒ estableció ella, con algo de vehemencia. ‒ Podría ser más divertido.

‒ Muy bien. ‒ dijo él, tratando de corresponderle con el mismo tono de voz.

Para este punto, Lincoln no tuvo otra alternativa que unirse a la sesión de lectura, obligándose a sí mismo a resistir el impulso de moverse por su desacomodo.

"Tan solo espero superarlo esta vez"


Transcurrió un rato en donde ambos niños iban leyendo las líneas de sus personajes respectivos, pero a la larga la tranquilidad no pudo imperar más en la mente del peliblanco, y ahí Jordan se dio cuenta de que algo estaba mal por lo mucho que Lincoln seguía moviéndose en su asiento.

‒ Oye, Lincoln... ‒ le habló con recelo, provocando que el chico se pusiera quieto de forma paulatina y voltease a verla. ‒ ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Porque no pareces estar cómodo ahorita.

‒ ¿Quién, yo? No es nada, es solo una... ligera picazón. ¡Sí! Por eso no quería... bueno, ya sabes... Así que tengo que aguantarme.

A pesar de sus intentos por sonar convincente, sobra decir que los evidentes balbuceos y el acento bullicioso de Lincoln no la convencieron de lo que le decía, por lo que cerró y puso la historieta en la mesa del centro y lo miró de manera seria.

‒ Lincoln... ¿Te sientes incómodo al sentarte a mi lado?

Lincoln podría haber jurado que el deje circunspecto en las palabras de Jordan rozaba en el achaque, pero no era más que un simple y traicionero espejismo por sentir que la estuviese decepcionando de su disposición. Aún así, el preocupado muchacho de cabello blanco se apresuró a rectificar las cosas.

‒ ¡No! ‒ exclamó totalmente exaltado, causando que amortiguara seguidamente su dicción tras ver a Jordan sobresaltándose un poco en su lugar. ‒ No, no eres tú. Lo juro... Es sólo que...

En ese instante, suspiró derrotado, bajando la cabeza y evitando mirarla por el rabillo del ojo.

‒ Yo... prefiero no decirlo... Es vergonzoso.

Por su lado, Jordan, al atestiguar un asunto delicado entre sus manos, procedió a suavizar su rostro y puso su mano izquierda en el hombro derecho de Lincoln.

‒ Vamos, Lincoln... ‒ dijo, con clemencia. ‒ Puedes decirme lo que te ocurre. Cualquier secreto que tengas, te prometo que no se lo contaré a nadie.

Fue ahí donde Lincoln, al devolverle la vista a su huésped, la vio darle una pequeña sonrisa y una mirada compasiva... una que rápidamente le recordó a otras que había visto a lo largo de su estadía en la casa Loud.

Vivir en una familia dominada por mujeres le hizo adquirir rasgos típicamente femeninos, como la cocina, el conocimiento del concurso de belleza y las habilidades de costura. En ese mismo sentido, pudo desarrollar cualidades básicas de cualquier persona como lo son la amabilidad y la sensibilidad. Desafortunadamente, esos dos atributos resultaron convertirse en una completa desventaja para el hombre del plan conforme crecía, pues la mirada misericordiosa representaba un arma de doble filo cada vez que sus hermanas la aplicaban con él, todo con tal de obtener un favor de su parte.

Sin embargo, el chico no estaba lidiando con una de sus hermanas, sino con alguien ajeno a su familia quien apenas conocía. A pesar de que llegó a ser agresiva en algunas ocasiones durante las clases de gimnasia, hasta donde podía juzgarla, consideraba a Jordan como una niña simpática, elegante y decente... alguien que no se merece estar expuesta a una barbaridad por más nimia que sea.

Por esa razón, con un suspiro cansado le estableció:

‒ Quisiera decírtelo, Jordan... ‒ nuevamente, el chico apartó su vista de ella con algo de pesadumbre. ‒ Pero temo que puedas pensar que soy un fenómeno si te lo digo.

En eso, la chica procedió a realizar una táctica más pragmática. Apoyó sus rodillas y su palma izquierda en la superficie del sofá para inclinarse hacia él, colocó su mano derecha en la barbilla de su afligido anfitrión para hacerlo levantar su cabeza y que la mirara a la cara.

‒ Lincoln... ‒ dijo ella, con voz lacónica, posicionando su mano sobre su mejilla izquierda. ‒ Hasta ahora, me has demostrado que eres un buen chico... ¿Por qué creería que eres un fenómeno?

...Ahora, más que nunca, le costaba trabajo al peliblanco digerir el panorama completo...

No cabía en sí mismo del acreciente contexto, ni siquiera del factor influyente en su estado de ánimo actual, pero el alma de Lincoln se vio perforada por esos radiantes luceros color esmeralda, quedándose casi sin habla. Por si fuera poco, la niña adicionó su ademán con la sonrisa más conmovedora que jamás había presenciado e inclinó un poco su cabeza hacia la derecha.

‒ Vamos, Lincoln... ‒ imploró, con una voz suave, a la vez que acariciaba su mejilla con su pulgar. ‒ Confía en mí. Después de todo, somos amigos.

La realidad distaba mucho de eso. Ahora bien, el asunto aquí era que Jordan no dejaba de acariciarlo y... ciertas sacudidas en su sistema nervioso interno fueron inevitables para él, y cada vez era más perceptible un aumento de su ritmo cardíaco.

...A estas alturas, Lincoln no sabía describir con exactitud la situación...

No obstante, eso no le impedía entender que esta circunstancia se podría volver incómoda tarde o temprano, especialmente cuando sintió que sus mejillas empezaban a calentarse una vez más.

"Cielos... No puedo creer esto"

No tuvo más remedio que tragarse su orgullo.

Cerró sus ojos, respiró hondo y exhaló suavemente, a la par que desviaba sus ojos de los de esa ahora enigmática y encantadora chica.

‒ Esta bien... Te lo diré. ‒ exclamó con lasitud.

Tan pronto como Lincoln dijo eso, la muchacha retiró su mano y se posicionó de vuelta en el sofá; sus piernas adoptaron la padmasana, sus codos se apoyaron sobre sus rodillas y su barbilla se recostó sobre sus puños...

...Sobra decir que eso incluso fue algo infantil para el hombre de la casa. Pero igualmente fue tierno, sobre todo por esa sonrisa comedida y esos ojos titilantes impresos en la cara de su huésped... tal y como si estuviera lidiando con alguna de sus hermanas expectantes por una revelación en el Barco de los Sueños.

Tras soltar una risita entre dientes, el peliblanco se regresó a su postura cabizbaja para posteriormente agarrar aire y suspirar un poco más tranquilo y...

‒ Yo... ‒ emitió un tono de voz un tanto endeble, el cual rozaba en el nerviosismo. ‒ Usualmente me siento más cómodo leyendo cómics... en mi ropa interior.

Más que nada, Lincoln esperaba sentir algo de tranquilidad en su interior después de confesarse.

...Nada más alejado de la verdad...

El muchacho que se autodenominaba como el hombre con el plan estuvo atrapado en un incómodo silencio aparentemente interminable por la respuesta de una Jordan atónita, temiendo lo que sería su reacción anticipada.

En cambio, Jordan, tras la develación de su anfitrión, quedó completamente patidifusa a tal punto que sintió una caída libre en su interior y tuvo que sentarse correctamente en el sofá para asimilar lo que escuchó.

Cuando la chica finalmente logró romper el silencio, fue con una suave risa que le hizo a Lincoln fruncir el ceño y se arrepintiera rápidamente de lo que hizo, ocultando su rostro detrás de sus palmas en el proceso.

"Oh, maldición... ¡Lo sabía! Aquí viene..."

‒ Lincoln, eso es...

"¿Patético? ¿Asqueroso? ¿Estúpido? ¿Escalofriante...?"

‒ ¡Adorable!

...Fue allí que el peliblanco miró directamente a la chica sentada a su lado, la cual inexplicablemente estaba sosteniendo una cara alegre y positiva...

‒ Espera... ¿Qué dijiste? ‒ preguntó, arqueando una de sus cejas.

‒ Lincoln, todos tienen un extraño hábito. ‒ Le explicó ella, tratando burdamente de mantenerse sobria. ‒ Eso no te convierte en un fenómeno.

Ella comenzó a reírse de nuevo.

‒ Sólo mírate... ¿Estás estresado por algo tan insignificante? ¡Es adorable!

Una vez más, el peliblanco comenzó a sonrojarse, no por sentirse conmovido por el cumplido, sino por sentirse tonto al prejuzgar las consecuencias del acontecimiento. Ahora, debido al bochorno que padecía ahora, le dio a Jordan una pequeña y tonta sonrisa, lo cual provocó que ella se riera de manera contingente.

Pasó otro rato en donde Lincoln, al igual que su compañera, intentaba recuperar su recato para seguidamente entrar en una nueva conversación:

‒ Vaya... Debo de admitir que estás tomando esto mejor de lo que esperaba, especialmente...

Fue ahí en donde el chico hizo una pausa por recordar un antecedente que la involucraba, haciendo que recayera en el encogimiento y esquivara miradas con su compañera nuevamente. Dado a que tenía que seguir aclarando su situación, el chico continúo:

‒...especialmente con lo que sucedió en tu fiesta en la piscina.

‒ Eso es porque no es algo de lo que debes de preocuparte. ‒ especificó una Jordan sensata, antes de pasar a un carácter más laxo. ‒ Después de todo, a falta de algo, hay que improvisar, ¿no?

En ese instante, el chico de cabello blanco, aún cabizbajo, se extrañó un poco al escuchar a su huésped decir eso. Hubo varias veces donde él dijo lo mismo durante un tiempo a todos sus compañeros de clase, pero jamás se imaginó que uno de ellos estuviese de acuerdo ante su lógica en esa clase de contexto... en especial, una persona supuestamente decorosa como ella.

‒ Supongo... ‒ exclamó, dubitativo, antes de continuar con un acento más taciturno. ‒ Aún así, simplemente no quería que me vieras en calzones.

‒ Y... ¿por qué no?

Esto hizo que Lincoln volviera a mirar a su acompañante, tratando de asegurarse de que la escuchara con cuidado.

‒ Lincoln, estás en tu casa... Si quieres estar en ropa interior, ¡adelante!

El rostro del muchacho ahora estaba positivamente rojo otra vez.

‒ P-p-pero... ‒ tartamudeó, sonando completamente ‒ ¿Estás completamente segura de que eso no sería un poco raro?

‒ Lincoln, eso está bien... ‒ explicó ella. ‒ En serio. Además...

En eso, las mejillas de Jordan empezaron a calentarse, a la par que desviaba sus ojos de los de él y una torpe sonrisa se impregnaba en su rostro.

‒ No... ‒ ella exhaló, con un esperado vigor cohibido. ‒ Realmente no me importó cuando te vi en ropa interior en mi fiesta.

A pesar de toda lógica, el rostro del chico se volvió aún más colorado.

‒ Lo… ¿Lo dices en serio? ‒ exclamó un Lincoln casi perplejo.

‒ S-s-sí... ‒ tartamudeó ella con un dejo de vergüenza, todo mientras se sobaba el brazo derecho y se encogía un poco entre sus hombros.

De manera reiterada, el chico tuvo que dejar de mirarla para meditar sobre esto al respecto.

...A estas alturas, el supuesto hombre con el plan apenas lograba entender el aforismo de Jordan...

Desde el principio, a pesar de ser testigo de la grandiosidad en los deportes, siempre sintió que ella era alguien bastante avezada a las cosas más habituales y a las costumbres más consabidas de una niña dado a su aspecto bien cuidado... cosa que ahora le resultaba difícil de concebir, considerando que teóricamente estaba siendo algo íntima con él en ese momento.

En comparación, a Jordan jamás se imaginó sentirse atrapada en una faceta de pesadumbre similar a la de Lincoln. Desgraciadamente, tras confesarle a Lincoln que nunca le dio importancia el hecho de verlo en calzoncillos, ya le daba un mal presagio a que él descubriera su integridad cuestionable...

Se dice que las niñas maduran más rápido que los niños, pero Jordan no se sentía muy segura de jactarse de ese logro ahorita. Desde que cumplió once años, jamás creyó que estuviese atraída hacia los niños tras ver un video musical de una de esas bandas de chicos y, por si fuera poco, en ningún instante de su vida pensó que llegaría a fantasear a un niño usando únicamente su ropa interior.

De por sí, las circunstancias ya eran muy bochornosas, pero era aún más incómoda al ver que Lincoln no salía de su estado meditabundo. Por lo que, intentando recuperar un poco la compostura, dio un ligero suspiro y se atrevió a romper el silencio.

‒ ¿Sabes qué...? ‒ dijo ella, un tanto cabizbaja, llamando la atención de Lincoln en el acto. ‒ Si no quieres hacerlo, lo entiendo. Siempre podemos hacer otra cosa.

Lincoln no sabía si fue la decepción marcada tanto en la cara como en la labia de Jordan que lo motivó a hacer lo que hizo, o si plañó por no atreverse a hablar de una forma conspicua después de que ella se desembuchara... pero, tras un rato de titubeos, se excusó, se levantó del sofá y se dirigió rápidamente al comedor.

Por otra parte, Jordan simplemente se quedó extrañada ante ese acontecimiento. Si bien eso hizo que se olvidara de su sofoco, esto no le impidió concentrarse en la repentina actitud de Lincoln.

Hasta donde ella podía recordar, ese chico siempre tuvo una singular manera de lidiar con cada contratiempo y/o coyuntura insólita... o eso es lo que había escuchado a partir de las conversaciones que tuvo con sus amigas, ya que las barrabasadas que Lincoln cometía, y que algunas veces terminaban sonando en los pasillos de la escuela, siempre fueron dignas de contarse, dado a la constante persistencia de este niño por resolver problemas.

Prueba de eso, fue la ocasión en que él y Clyde intentaron juntar al entrenador Pacowski y a su maestra como una pareja, sólo para darle a ella y sus demás compañeros una experiencia más relajada durante a la clase de gimnasia. Los resultados fueron catastróficos, visto que unas sugestiones provocaron que una cita entre ellos terminara de manera nefasta.

Por fortuna, todo ese asunto se resolvió al final cuando el entrenador conoció a la enfermera Patti, gracias a un accidente en una pista de obstáculos que instaló una vez en el gimnasio de la escuela; en cuanto a su profesora, llegó a tener un gran avance con el conserje Norm, después de que Lincoln y Clyde intervinieron en ello con unas cartas de amor que ellos inventaron y se las enviaron para que se conocieran en el restaurante franco-mexicano Jean Juan.

Sin dudas, eso era un gran contraste en comparación a la aparente pusilanimidad con la que se retiró.

"Tan sólo espero equivocarme"

Y así fue... tras oír que alguien tocaba el marco del umbral por donde se fue su compañero, era obvio para ella su retorno a la sala... y fue en ese entonces que se sonrojó con más intensidad...

¡Lincoln no tenía nada puesto más que su ropa interior!

La fantasía más salvaje de la chica se había vuelto real, pero... jamás previno que le provocara una risa incontenible.

Para este punto, Jordan había perdido la visión general del chico normal que tenía enfrente. La cabeza de Lincoln se parecía más a un tomate fresco con sépalos blancos y su cuerpo asemejaba casi a un palo de arce blanco que empalaba esa fruta imaginaria. Literalmente, su sonrojo coincidía casi con el color de su trusa, lo cual no le impidió a Jordan formar una temblorosa sonrisa por lo tenso que se veía.

Lincoln dejó sus consabidas prendas en el brazo derecho del sillón y se sentó al lado de Jordan, y fue ahí que la continencia se volvió más inútil para ella; Jordan prácticamente tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para ahogar su risa contra sus palmas.

La presencia de esa acción de burla le pareció a Lincoln un suplicio. No sólo resultó en un sentimiento reminiscente para aquel suceso en la fiesta de la piscina, sino que también lo consideró como un acto descarado por parte de Jordan. El simple hecho de que esa niña le dijera hace rato que estaba bien estar cómodo en sus bragas sólo para contradecirse hizo que se lamentara una vez más de su decisión y volviera a su posición cabizbaja, a la vez que fruncía el entrecejo.

Para cuando Jordan terminó de carcajearse, su esencia alegre se vio alterada al observar el nuevo estado de su anfitrión...

...Fue ahí donde se dio cuenta que esa actitud era una posible consecuencia de su acto...

Temiendo eso, la chica se empeñó en comprobarlo e intentar acercarse otra vez a Lincoln mediante el diálogo.

‒ Ah, Lincoln... ¿Te pasa algo? ‒ preguntó ella, intentando ser más recatada.

‒ Oh, nada... ‒ respondió un Lincoln sarcástico, con un tono casi rozando en el fastidio. ‒ Sólo veo que esto fue demasiado incómodo para ti, ¿verdad?

Sobra decir que eso fue más que evidente por lo que estaba presintiendo desde un inicio, en especial cuando Lincoln se volteó por un instante con una mirada desdeñosa. Jordan no pudo evitar sentirse más que desencantada consigo misma. No sólo por la forma en cómo él se expresó, sino porque entendía claramente la razón por la cual el chico expuso su disconformidad.

Rápidamente tuvo que enmendarse y recuperar la estabilidad de la situación.

‒ Perdóname, Lincoln. Es que... ‒ titubeó, antes de dilucidar en la resolución de este problema. ‒ Es que te veías adorable.

‒ Sí, claro. ‒ espetó Lincoln, dando un tono más cáustico. ‒ ¿Dónde he escuchado eso antes?

‒ ¡No! ¡Lo digo en serio, Lincoln! ‒ objetó ella, apretando la mano derecha de Lincoln y consiguiendo consigo llamar su atención. ‒ No me burlaba de ti. Es que...

En un inicio, Jordan intentó buscar una excusa para no afectarlo más de lo debido, puesto que la mirada tajante del chico hacía efecto en sus ánimos. No obstante, entendiendo que al final las cosas no tomarían un curso normal si no fuera honesta con él, tuvo que conformarse con ello.

Después de dar un suspiro, la chica continuó:

‒ Lo que pasa es que jamás pensé que te vería en ropa interior... ‒ nuevamente, la chica tuvo que apartar su mirada de la de Lincoln, dado a que sentía cómo su cara se calentaba. ‒...y más, cuando me lo he imaginado más de una vez.

‒ ¿Qué? ‒ exclamó un Lincoln confundido, quien no se había esperado ese comentario.

En ese instante, lo que inició como una simple confesión, lentamente se transformó en una conversación en donde Jordan le contaba a Lincoln sus razones otrora privadas por las que le daba poca importancia al hecho de que estuviera en calzones y por la que se rió de su más reciente faceta, a la par de que el chico sólo la interrumpía por momentos para hacerle una que otra pregunta ocasional.

Huelga decir que muchas emociones se subieron a la montaña rusa y ambos se encontraron con un contexto plenamente comprometido tras el ultimátum que padeció aquella plática. La revelación de la chica no hizo más que traer un nuevo silencio incómodo entre los dos, siendo sólo las gotas de lluvia del exterior que se hacían escuchar a su alrededor. Mientras que una Jordan acomplejada (y oculta tras los muslos de sus piernas apoyadas en la superficie del sofá) estaba absolutamente limitada a la espera de una respuesta, un Lincoln catatónico reflexionaba sobre esto en una posición similar a la de Le Penseur.

El nuevo panorama que Jordan le ofreció de su persona fue realmente inesperado y muy difícil de asimilar para él y, al darse de la nueva postura que ella adoptaba, dudó mucho si debía hablar con ella tras todo lo que escuchó...

...Sin embargo, no podía reservarse ese lujo...

El mero asunto de haber compartido y lidiado con los secretos del otro los llevó a este resultado. Además, al ser el anfitrión temporal de la casa, Lincoln sentía la obligación de apelar por la comodidad de su compañera.

"Después de todo, para eso están los amigos"

En consecuencia, el chico de cabello blanco acercó lentamente su mano derecha a la espalda de la chica y con cuidado la acarició, provocando que Jordan levantara su cabeza y que ambos volvieran a reconectar sus miradas. Tras ese movimiento, el chico colocó en su cara lo que podría describir como la sonrisa más torpe y sentimental que jamás haya podido replicar. Pero como no sabía qué más proporcionarle a ella con tal de que se sintiera segura, la improvisación era un recurso que no podía dejar atrás.

...Afortunadamente, ese visaje fue suficiente para que Jordan le respondiera de la misma forma...

Razón idónea para que Lincoln retirara su mano y, con algo de sensatez, le dijera algo al respecto:

‒ Bueno... Parece que esta vez aprendimos cosas nuevas, ¿no?

‒ Supongo que sí... ‒ respondió de la misma manera una Jordan parcialmente nerviosa, quien bajó sus pies de vuelta al piso.

Sin dudas, esa sugestión fue muy atrevida por parte de Lincoln, pero el chico no podía dejar todo el lugar en otro silencio turbio entre Jordan y él. Afortunadamente, la chica, aunque un poco alterada, logró digerir su insinuación de manera desenvuelta.

A pesar de ello, Lincoln tuvo que aclarar un asunto que, si bien sería algo repetitivo, también tenía que sacarlo a colación para evitar más dudas. Por ello, el peliblanco, con algo de desazón en su entidad, procedió a preguntarle, a la par de suavizar su nuca con su mano izquierda.

‒ Así que... ¿No te importa que ande en calzoncillos?

De ahí, Jordan, quien hasta este momento estaba retozando con cierta cavilación en su mente, tuvo que reprimir un respingo y se puso de enfrente a Lincoln con mucha asertividad.

‒ Vamos, Lincoln. Ya te lo dije... Puedes relajarte como quieras. Además...

Jordan hizo una pausa y posó su mano izquierda sobre la mano libre de su anfitrión para agarrarla con templanza.

‒ Además, sólo estamos tú y yo, nadie nos verá y nadie tomará una foto esta vez. Te prometo que no le diré esto a nadie, ¿está bien?

...De alguna manera, ella pudo tranquilizarlo con estas palabras...


Conforme iban leyendo cada uno de los globos de diálogo del cómic, más se olvidaban de lo incómodos que se sentían en un principio. Tras terminar de leer la tira cómica, Jordan cerró la página final y le preguntó:

‒ Bueno... ¿Qué quieres hacer ahora? ¿Leer otro cómic o prefieres hacer otra cosa?

‒ ¿Qué tal si vemos una película?

‒ ¡Suena genial!

‒ ¡Perfecto! ‒ dijo él, levantándose del sofá. ‒ Bueno... Escucha, hay un montón de discos en el cajón debajo del televisor. Tú elige uno mientras yo veo cómo le está yendo a tu ropa en la lavadora.

Luego, el chico miró hacia abajo.

‒...Aparte, aprovecharé para ponerme mi pijama.

Ella dio una leve risa al respecto, la cual llamó la atención de Lincoln.

‒ ¿Estás seguro? ‒ preguntó una jocosa Jordan, quien lo miró con ojos cerrados a la mitad. ‒ ¿No necesitas también estar en ropa interior para ver una película?

Jordan resaltó ese último cuestionamiento con un batido de sus cejas. Algo que orilló a Lincoln a mostrar el mismo gesto en su cara.

‒ No... ‒ respondió con cierta malicia, antes de arremeter con la misma mueca que ella. ‒ Y tú, ¿no quieres escuchar de nuevo a Why Don't We?

...De más está decir que eso provocó que ambos se rieran en conjunto...

Una vez tranquilizados, Lincoln volvió a tomar la palabra.

‒ Muy bien... Volveré en unos minutos, ¿sale?

‒ Entendido.

Fue así que Lincoln, con mucho esmero y ligereza, agarró sus prendas y emprendió su camino a su cuarto sólo para salir con sus pijamas puestas. De ahí, el chico del cabello blanco bajó al sótano y reparó en las prendas de Jordan.

Sin más rodeos, colocó la ropa de su compañera en la secadora y la echó a andar. Después, se dejó encima de la lavadora las prendas que él traía puestas anteriormente. Si bien, el chico sabía de antemano cómo lavar la ropa, no tenía problemas en dejarle esa labor a alguien más, ya sea a uno de sus padres o a su hermana Lori, quien siempre se jactó de tener esa labor como un privilegio...

"Y pensar que ya había tenido suficiente con que ella puede manejar a Vanzilla sólo porque tiene licencia de conducir", pensó con cierto nivel de hiel.

Por su parte, Jordan se levantó y caminó hacia el televisor, arrodillándose para abrir el cajón del mueble. Al ir revisando la variedad de películas disponibles, pudo ver la gran variedad de musicales, comedias, películas de animales, películas de horror, documentales, dibujos animados, películas de superhéroes y películas de princesas que su familia poseía. Se sorprendió cuando vio allí una película sobre ponis mágicos... pero simplemente se encogió de hombros, dado que Lincoln tiene diez hermanas y puede que esa le pertenecía a una de ellas.

Después de un rato, los ojos de la chica aterrizaron en una película muy peculiar. Sacándolo del cajón, su mirada se iluminó cuando vio que era su película favorita: una película de anime sobre dos personas que intercambian cuerpos y tratan de encontrarse entre sí.

‒ Muy bien... ‒ dijo Lincoln cuando regresó, completamente vestido en sus pijamas. ‒...tu ropa ya está en la secadora. Creo que debería estar lista mañana en la mañana.

Se volvió hacia el niño, tendiéndole el empaque del DVD a la vista.

‒ ¡Lincoln, tenemos que ver esto! ‒ exclamó, entusiasmada. ‒ ¡Esta es mi película favorita!

Sus ojos se ensancharon.

‒ ¡¿En serio?! ¡Increíble! ¡A mí también me encanta esta película! ¡Pensé que era la única persona en nuestra escuela!

‒ ¡Yo también!

‒ Bueno, ¿qué estamos esperando? ¡Vamos a verla!


FIN DEL CAPÍTULO II