Café
-2-
Observaba la humeante taza de café instantáneo en la mesa, cerca de la cocina y no paraba de observar a la puerta esperando ver a alguien en especial entrar por la misma, pero ¿A quién quería engañar? Sabía que no vendría, no después de todo lo ocurrido y todo lo que se dijeron. Suspiro y dirigió su mirada de nuevo a la taza, se santa agotada y podía sentirlo. Tomo el teléfono celular entre sus manos y busco por instinto el número de teléfono de él, pero ¿Qué podría decirle? Siempre que lo llamaba, terminaban discutiendo. Más aun le sorprendió saber que había ido a ese apartamento a retirar un par de cambios de ropa y volver a irse. No habían podido hablar en persona y eso, ponía la situación aún más tensa. Nuevamente ¿Qué podría decirle? Hace ya un par de semanas, todo había sido claro como el cristal, una parte de ella le decía que lo había hecho a propósito y otra se negaba a creerlo porque aun sentía o tenía sentimientos por su marido, pero ella ya no podía retroceder el tiempo y pedir disculpas por anticipo de pensar que algo así ocurriría.
De hecho, no pensaba que ocurriría.
Mentiras.
Una parte de ella sabía que eso podría ocurrir. Vio la foto de fondo de pantalla en su celular y su memoria le permitió regresar al pasado. Siempre habían sido ellos 3, una compañía llena de excelentes memorias. Toda su juventud estuvo juntos, fue cuando finalizaban su último año de carrera, que la situación empezó a cambiar. Ella aun no sabía que quería hacer con su vida, y aquellos dos hombres que siempre estuvieron presentes tenían ya una idea clara de que hacer: uno deseaba ser embajador, alegando que Japón debía crecer y no podían permanecer muy cerrados a lo tradicionalista, el cambio estaba bien y él quería ser el puente que causará dicho cambio; el otro deseaba el espacio, decía que solo podría apreciar la vida estando desde allá arriba y que nunca, nunca se sintió conectado con el mundo más que por ese proceso. Fue en ese momento que también empezó a ver, otras nuevas facetas de cada uno y ver lo mucho que habían crecido, la motivo a buscar también su propio camino.
Desde ese punto, cada uno tomo su rumbo: su esposo ingeniería, física y demás materias que lo llevarán a su meta, él leyes, entendimiento burocrático y demás y ella; moda, tan simple como eso. Poco se veían, pero no basto tiempo para reencontrarse con uno de ellos. El amante de las estrellas, cuando era joven recordaba a este mismo hombre escribir música, cantarla con el alma a un punto donde ella creyó que ese, realmente era su futuro. Le sorprendió verlo, porque el mejor sitio para estudiar era Rusia o Estados Unidos, este solo le sonrió y le dijo que debía tener estudios de todo y una buena base antes de poder aplicar a alguno de esos dos países. Así fue como sin darse cuenta, su relación empezó. Con pequeñas salidas, las emociones de ambos empezaban a aflorar y no puso tiempo a pensar si en todo ese tempo él se sentía así por ella, o fue cosa de ver a la mujer que era ella ahora. Su relación es… Fue hermosa, se entendían en espacio y privacidad, así como en público y sociedad. Él no era muy afectuoso, pero sabía que intentaba serlo con ella, así que ella se armaba de paciencia para evitar sucumbir al deseo de querer tener más de su afecto, puesto ella también tenía que intentarlo.
Luego vino su partida, al principio fue estruendoso y ambos habían tomado la posibilidad de separarse por la distancia, pero fue él quien tomo la iniciativa de no hacerlo, porque en él solo había una persona y era ella. Ella, así lo creyó. Sobre todo porque nunca se había expresado así de esa manera. Y no falto el tiempo y la sorpresa, para que luego, minutos antes de su partida; frente a un gran público él se declarara y le pediría su mano. Ella no dudo, acepto.
Tomo marchaba bien, ella empezaba a ganar mucha fama en Japón con sus diseños y él, ya había entrado en el programa espacial que tanto deseaba. Todo parecía marchar bien. Hasta que lo volvió a ver. Su moreno de la infancia, ese que era la tercera rueda de su amistad inquebrantable. Se le veía maduro, confiado y con un aire tan nuevo, que casi desconocía que aquel chico que ella recordaba amante del futbol, estuviera aquí para visitarla.
-Supe de tu último lanzamiento, y sabía que tenía que verte. Haz crecido mucho Sora, estoy realmente feliz que encontrarás lo que deseabas.
El reencuentro fue cálido, hablaron del pasado y del presente, así como parcial del futuro. Donde ella le informo a él que pronto estaría a casarse con Yamato, y eso aunque sorprendió al moreno. Les deseo lo mejor, aun así se preguntaba hoy en día ¿Por qué no le comento a Yamato sobre su encuentro con Taichi? Suspiro y recordó el por qué, claramente una emoción antigua que sentía por el moreno que se desvaneció al ver que quizás intentar algo podría arruinar la amistad con los dos, y por eso no lo hizo. Pensar en que quizás aún podía albergar emociones por Taichi, hicieron que muy sutil o casi directo le dijera a Yamato adelantar la boda, no quería que esas pequeñas dudas arruinarán lo que ella sentía por su prometido; él acepto diciendo ¿Por qué no? Si, ¿Por qué no? Había elegido a Yamato después de todo.
Desde ese instante ella debió reconocer que todo se volvería una tormenta, pero no lo hizo. Yamato se fue al espacio, luego de su regreso tomarían su luna de miel y unas pequeñas vacaciones. Aun con ese pensamiento y planes, ella de manera pública pero con el secreto de nunca haberle dicho a su esposo, se veía con Taichi. Claro, como simples amigos. Porque eso era lo que eran, aun así no podía evitar sentir que había algo más. El moreno, solo la veía como una amiga, siempre preguntaba por Yamato cuando tenía oportunidad y nunca se propaso con ella, ciertamente el moreno siempre fue cariñoso pero, la madurez y su imagen pública quizás lo habían hecho cambiar y ya esos afectos eran controlados. Además, Taichi estaba ahí por relaciones públicas como embajador, pero eso no debía tomar mucho tiempo ¿o sí? Así que como amiga, le pregunto cuál era el motivo de alargar su estadía.
-Supongo que he decidido darme un par de días libres, después de todo siempre estuve trabajando sin parar.
Sin dudarlo, agradeció, aun si una parte de ella deseaba creer que se quedaba por ella por quien era y no por las circunstancias de sentirse sola. Tener a Yamato lejos, solo aumentaba su ansiedad y ahora con el moreno aquí, podría estar más calmada, como en los viejos tiempos. Así, el tiempo avanzo y Yamato regreso. Su luna de miel y las vacaciones que tuvieron fueron maravillosas, un sueño mágico podría decirse, pero por una razón no se sentía igual. El moreno tuvo que irse por asuntos diplomáticos, y pensó que tenía que al menos decirle a su rubio que había pasado en su ausencia.
Por alguna razón, no pudo hacerlo.
Nuevamente acallo y eso, solo produjo más ansiedad en ella.
Y quizás eso fue lo que llevo a tantas discusiones, él no preguntaba que ocurrió en su ausencia, por la misma razón que la naturaleza de Yamato siempre fue discreta y privada, él respetaba su privacidad y esto, ella lo aprovecho y no se dispuso a decirlo, más enojada se sentía por pensar que a él no le importaba ella. Más todavía, cuando él le dio la noticia que deseaba volver al espacio. Obviamente que ella se molestó, pero sus motivos eran muy diferentes a los que él creía, aun así no se armaba de valor para decirle que pasaba. Luego, la sorprendió con la mejor cena y los mejores detalles, que solo él sabía darle aun sí no estaba acostumbrado a hacerlo, después de mucho tiempo Sora volvió a recordar, lo que le había enamorado de él.
Pero, eso era lo que había sido: Lo fue había, no lo que aún le enamoraba.
Ella deseaba más, y como gota caída del cielo. El moreno regreso y el limbo en el que ella estaba, es el resultado de esa gota.
/
Siempre había mantenido su distancia a la hora de sus emociones, más por honor a su amistad que cualquier otra cosa, pero tras verla luego de muchos años. Esas emociones florecieron como una semilla esperando recibir agua. Y aquella pelirroja que hacía muchos años, le había enloquecido. Ahora, lo tenía bajo su hechizo. Si fuera más joven, mas descuidado no habría dudado en intentar aproximarse a ella y confesarle que aún no se olvidaba de ella, pero era un hombre diferente.
O así se creía.
Ver en las noticias, lo hermosa que estaba y el éxito que tenía, no pudo dudar en ir a verla. Usando la excusa de felicitarla por su éxito más que otra cosa. Desde siempre admitió sus sentimientos por ella, pero no se podía dejar llevar por no querer arruinar la amistad de 3, por si ella le rechazaba. Fue entonces que el recuerdo y la añoranza de volver a verla, lo dominaron y no perdió tiempo en verla. Apenas entro a ese estudio observo lo bien que se dominaba en el sitio, lo muy bien controlada y agraciada que se veía y no pudo evitar sentir como su corazón latía. Los años, no hicieron más que ayudar a hacer más raíces lo que él sentía por ella.
Sus estudios lo llevaron muy lejos, por eso nunca hubo nadie tan importante en su vida como Sora o Yamato, pero sobre todo ella. Era por ella, que él quería ser alguien más grande, donde no se viera limitado por las capacidades que todos creían que él poseía. Quizás con la esperanza de ella viera en él algo más que un mejor amigo, alguien capaz de ser considerado material de pareja. Ver que aún conservaba su apellido, le emociono pensando que ella quizás aún era soltera, que aun tenía esperanzas. Eso lo motivo más, pero como una cachetada o un golpe en la nuca, mientras más descubría de esta Sora, ella le informo que se encontraba comprometida. No nada más con alguien, sino con Yamato Ishida. El amigo de su infancia y juventud. El gusano de los celos, lo golpeaba susurrándole al oído, pero solo verla tan feliz le motivo a hacerlo a un lado. Intento no prestarle atención, y se permitió volver a retomar una amistad. Sería como en los viejos tiempos. Intentaría que así fuera.
Pero luego las excusas para verla se volvieron cada vez y cada vez más absurdas, él sabía que ella estaría pronto a casarse y aun así no podía evitar verla. Era quizás, un último intento de retomar lo que él nunca pudo tomar, pero no se atrevía a arruinar a dos personas, y menos dos amigos. Suspiro, ante el recuerdo cuando la vio ya casada. Habían adelantado la boda por el viaje de Yamato y eso solo hizo querer alejarse, pero por una extraña razón. No logro hacerlo. Entonces la perfecta oportunidad viéndola tan sola, se le presento y él usando una excusa pudo estar más tiempo con ella.
Saber que podía traerle esa tranquilidad a la pelirroja, era lo que hacía que él permaneciera ahí, con ella. Aun así, cuando se enteró que el rubio regresaría. Aun si él le preguntaba constantemente sobre el rubio, era burocracia. Simple parloteo diplomático para evitar levantar sospechas, pero realmente santa celos de lo que Yamato se perdía y lo que él no podía tener. Sabía que tenía que alejarse nuevamente y poniendo como excusa su carrera, lo hizo
-¿De verdad debes irte? ¿Volverás pronto?
Esas preguntas plagaron su mente durante un par de meses que estuvo lejos de ella, y como una adicción y admisión, se dijo a si mismo que regresaría porque es lo que deseaba, y pronto. Así sea como amigo, así sea como solamente un amigo.
Apenas la vio, su corazón volvió a latir y pareciera que con solo un par de meses la belleza florecía mas en ella y eso, lo estaba llevando a su límite. Tal cual, así ocurrió.
El primer encuentro fue casual, solamente compartieron un beso y cuando él iba a pedir disculpas por lo hecho, alegando cualquier excusa por la naturaleza de su estado. Ella se rio y tomo su rostro en manos, para volver a besarlo. Nunca estuvieron juntos de esa manera, nunca se atrevía a pasar más allá, y hacerla suya. Porque recordaba que ella era de él, de su amigo Yamato.
Aun así, el cuerpo es débil y la mente lo es cuando no puedes controlar tus emociones, solo falto una simple caricia para desbocar todo eso, y fue ahí cuando por primera vez le hizo el acto del amor. Solo basto esa vez para romperle el corazón a su amigo, Yamato.
-¿Taichi? Pero, que… ¿Sora?... ¿Hace cuánto…?
No pudo modular más que eso, antes de darse la vuelta perpleja y salir de aquella habitación, la habitación que ellos compartían, donde ahora estaba ella en la cama y no era con su esposo, sino con su amigo. En ese momento, se sintió el bastardo más grande de la historia, si Yamato deseaba romperle el rostro lo entendía, aun así el rubio no pudo sino articular un par de palabras, un juego de llaves moverse y la puerta abrir y cerrarse. Ambos sabían lo que quería preguntar, hacer. Buscarlo y explicarle lo que había pasado pero ¿Qué habría que explicar? Tan solo con mirarla sabía que sus sentimientos no debían explicación, se había atrevido a no tocarla, por evitar romper esa relación que tenían.
Se sentía como un bastardo, pero solo verla le hacía sentir todo menos arrepentimiento.
Sora, lloro. Le pidió que no se fuera, que tampoco la dejará sola y entendió, que ella había estado sola aun si se había casado, mientras pasaba la noche, la conversación se tornó más profunda y lo que no se atrevían a hablar salió a relucir; le expreso aquellos sentimientos que por tantos largos años se había guardado, a lo que la pelirroja diseñadora le contesto que ella también tuvo emociones y que volver a verlo, trajo eso. No se arrepentía de nada, pero sabía que ese no era el camino correcto, ni la manera correcta. Se culpaba por haber llevado a Yamato a ese punto, en el momento en el que lo vio, ella debía haberle dicho al rubio sobre las emociones confusas que tenía y perderle tiempo, pero no se atrevió por miedo a admitir que amaba a otro hombre y no con él que decidió casarse. Tal como su madre había pasado, y el motivo por el que su matrimonio se quebró con el pasar de los años. Aun así, había cometido el mismo error.
Visitaba a Sora todos los días, preguntaba qué había ocurrido, pero ella siempre le respondía lo mismo. Que él aun no le hablaba de frente, pero si por teléfono y solo había venido a buscar unas cosas, para volver a marcharse. El moreno le pidió que le diera tiempo, y ella entendió porque también conocía al rubio y su naturaleza. Sabía que de eso, no iba a volver a haber un matrimonio, ya la petición de divorcio había sido procesada por Yamato, el rubio era un hombre muy orgulloso y cuando rompían su confianza era difícil volver a retomarla pero ambos debían resolver el error que ellos habían cometido para su persona en común. Aun si él no volvía a hablarles, debían dejar todo claro. No irían con mentiras, ni rodeos. Eran adultos y él como diplomático, debía buscar la manera de resolver todo a la mejor de los resultados.
Irónico es, que aun siendo embajador y la puerta de unión de muchas culturas, había sido la puerta que había separado una relación. No solo de amistad, sino de pareja.
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Estaba a punto de rabiar, tuvo que entrar a la cocina esa noche usando una burda excusa para casi lanzar todos los platos y demás utensilios a la pared. Porque así era ella, siempre que herían a las personas que quería, en este caso amaba su lado irracional casi parecía ponerse a la par de todo y volvía a ser la niña caprichosa e inmadura que deseaba que todo se moviera a su manera. Verlo ahí tan miserable, contándole como todo había ocurrido. Tuvo que controlarse pero penas entro a la cocina empezó a vociferar entre dientes y patalear para manejar su ira ¿Cómo pudieron haber hecho eso al rubio? Peor aún, él sospechaba que algo malo estaba ocurriendo, mas nunca creyó que era eso y ella, se sentía aun peor por haberle dado consejos de cómo arreglar su relación, una relación que quizás para empezar ya estaba quebrándose. Recordó respirar y pensar nuevamente, tanto Yamato como ella, no juzgaban tan directamente porque no sabían cuando tiempo o que, aun así no había mucho que pensar. Si él no lo hubiera encontrado ¿Ella le habría dicho que tenía una aventura? Eso, era lo que realmente la tenía cabezona. Indiferentemente, ella tenía que hacer algo por él. Así no fuera su lugar hacerlo.
-Bien, aquí tienes una copia para la puerta principal. Ya no tendrás que molestar al vigilante o esperar a que yo llegue- la castaña se rio, recordando como el rubio terminaba el trabajo y se sentaba en la mesa hasta que ella cerrara todo. Habían pasado un par de semanas, tras lo que el hombre le había contado y ya no podía sentir rabia por nadie, pero si pena por ambos. Recordaba las emociones que sintió aquella noche donde ella reclamaba en su mente como una mujer así podría serle infiel a un hombre así ¿La distancia? ¡Bah! Aun en la distancia, había parejas que se entendían mejor que nadie, era la distancia la que a veces afianzaba esa relación de manera inquebrantable ¿Soledad? Puede ser, pero nuevamente si te sientes sola ¿Por qué no decirlo? Ella siempre decía lo que le molestaba, porque le parecía incorrecto que el malestar que alguien más le causaba, le afectara de gran manera. Ella nunca se había casado, y si se casará deseará que fuera eterno, pero el mundo real cada día era diferente y esas emociones se fueron descartando. Matrimonio para ella, no era una opción. No porque ya no quisiera, sino porque no había garantía de que todo fuera eterno. Preferiría vivir en el momento y si se acababa, no habría mentira o atadura que detuviera. Todo sería más sencillo, mucho más sencillo; que pensar en los años por venir tras el pensamiento de que una vez casados todo sería perfecto, viviendo quizás una ilusión. Ni con sus padres, lo había sido y para ella, ellos eran la cúspide de un matrimonio perfecto, pero cuando uno crece se da cuenta de las peleas, del ritmo que llevaban y aun si se mantenían casados y era una decisión, pero el amor no era lo mismo. Claro, el caso de sus padres era por gustos, y que ya eran personas diferentes. Ellos decidieron llevar su matrimonio, pero en casos como estos donde la infidelidad: la confianza era la cúspide para ese matrimonio y pocos eran los que sobrevivían a ellos. Los que lo hacían, los consideraba conquistadores del mundo. Se dio cuenta que un anillo y un papel, no definiría tu relación. Así que aun cuando le dolió saber que aquel rubio que la enamoro sin darse cuenta se había casado, en su mente les daba las energías para que eso funcionará, pero tras ver lo que ocurrió y como se encontraba, deducía el resultado de esto. Dudaría mucho que volverían a conquistar al mundo, solo a ella le quedaba ayudarlo sin interferir o ser quien tome las decisiones, porque de esas también todo terminaba mal. Ese día el rubio, no se sentía ni con energías para levantarse, así que durmió en el café y ella no se despegó de él.
Al día siguiente, tras escucharlo, le dijo que lo mejor es que se dé un tiempo para pensar, que ninguna acción tomada con rabia, resentimiento y odio sacarían la mejor solución, y podría arrepentirse luego de ello. Este solo asintió, y tras excusarse y asearse un poco se fue a trabajar. Usando la misma ropa, y el semblante derrotado. No debe ser fácil, querer llegar de sorpresa a tu hogar para sorprender a la mujer que amas, y encontrar otra sorpresa en el camino.
Tras eso, apenas término el trabajo lo volvió a ver en la misma mesa, pero esta vez había una bebida diferente en sus manos.
-Mister Ishida, pidió algo con caramelo. Para mi es tan extraño como para ti, Boss… Realmente lo que ocurrió ayer, debió ser algo muy malo ¿Estará bien?
Ahí supo, que él no sabía ni tenia a donde ir. Podría quizás llamar a un colega, pero quizás la confianza no era lo mismo y él era japonés, ellos preguntarían que pasaba y siendo japonés, la privacidad lo es todo. Costearse un hotel sería lujoso, más si no sabías el tiempo que estarías analizando la situación. Así que sin dudarlo, se excusó ese día con sus trabajadoras y tirándolo del brazo, lo llevo a su pequeño departamento. Tenía una habitación extra, para cuando sus padres iban de visita, cruzaba dedos que no vinieran al menos hasta que él pudiera arreglar su dilema. El rubio obviamente se negó y casi gritando diciendo que no podía abusar de ella de esa manera.
-Eres una gran amiga Mimi-san, no podría abusar así de ti. Yo, yo buscaré donde quedarme. Quizás un colega me pueda recibir unos días… Quizás…
Ella de no ser por la situación, se habría reído muy fuertemente por la expresión que el hombre tenía, verlo embarazado era algo único y nuevo, pero no era hora de eso. Le lanzo una toalla y lo arrastro al baño, parecía un niño perdido, que recién fue adoptado. Prendió la ducha y lo dejo ahí encerrado, hasta que entendiera. Ella quizás, bueno no quizás. Era obvio para ella que podía sentir emociones por él, y era por eso que hacia esto, porque antes de darse cuenta que estaba enamorada, él se volvió un gran amigo y muchos que no tenía, porque su personalidad sencillamente los apartaba. Cuando termino su baño y se volvieron a encontrar en la sala, ella fue clara y a partir de ese momento, él rubio parecía poco a poco volver a una rutina extraña y poco lógica. Aun tenía mucho que pensar, de noche podía escucharlo a veces llorar, golpear alguna superficie dura, o discutir por celular quizás con la esposa. Ella siempre lo llamaba alrededor de la media noche, cuando creía que nadie escucharía. Había mucho de "la culpa es tuya" y poco de "también tengo algo de culpa" y sabía que así, ninguno llegaría a un acuerdo. Se sentía extraña a veces verlo esperar a que ella terminará su trabajo para irse juntos y que ahí, fuera el quien preparara la cena. Como motivo de agradecimiento.
Aun cuando ella se acostumbraba a la nueva presencia, sabía que no podía apegarse. Él tendría que rehacer su vida lejos de aqui, y quizás el sitio, su presencia y demás le traigan muchos recuerdos.
-¿Mimi-san?
-¿Uhm?
-Te estaba explicando que hare un mercado y preparare cena, así que entonces… Debes avisarme antes de que cierres para hacerla y este caliente a tu llegada- La castaña solo le sonrió, nuevamente ahí estaba. Se sentía culpable y solía hacer esto para aliviar la culpa por la hospitalidad.
-Sabes que no es necesario que te esfuerces por quedar bien conmigo, Yamato-san. No me debes nada. No tienes que ser alguien o hacer algo con tal de sentir que me estas pagando. No lo hago con esa intención. Lo único que si pido, es que no des más excusas al asunto, sé que lo que ocurrió no tiene reparo, pero si hay otras cosas que solo con las decisiones del hoy; el tiempo reparara. Debes reflexionar, ya basta de batallar por quien tuvo la culpa. El ahora no define el futuro, pero si te permite crear uno mejor- vio como respiro resignado y paso la mano por su cabello, signo de frustración, ella lo veía claramente- Quizás me esté sobrepasando ante el tema, pero siempre que veo algo que no me gusta lo digo. Sé que me he tomado muchas libertades, y casi te arrastre… Bueno, te arrastre a mi casa, pero no lo hago para que te sientas más presionado. No tengas miedo a sentirte liberado.
-Eres casi irreal… Realmente, eres una gran amiga… Mimi.
Era la primera vez que la llamaba sin honoríficos, y eso solo hizo que su corazón diera un giro de 180 grados. No sabía hasta qué punto podría mantenerse a raya, tendría dos opciones y las dos, alguien saldría lastimado.
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Realmente, pedir que aplazaran su propuesta para el programa espacial, había sido la decisión más y más difícil que alguien podía haber hecho, más si ese era tu sueño, pero el sabía que era lo correcto dada las circunstancias. Tenía mucho que arreglar en su vida, y ahora es que apenas empezar a gatear en ese camino.
Mientras leía un documento, no pudo evitar mirar a la castaña que estaba sentada en el mueble pintando sus uñas y se preguntó ¿Cómo pudo conocer y hacerse amigo de alguien como ella? Ella siempre represento todo lo opuesto al tipo de personas que buscaba y aun cuando se parecía bastante en efusividad a Taichi, habían muchas diferencias que no podía poder el dedo sobre ellas. Desde el día en que la conoció, no pensó que ahora se encontrarán ahí compartiendo un apartamento; así sea temporalmente. Más que fuera ella la que lanzo la propuesta sin dudarlo, realmente tenía mucho que agradecerle y aun si desconocía el por qué es amigo de alguien como ella, agradecía tenerla. Era una persona que podría considerarse digna de confiar. Tanto así que recordaba lo mucho que le costó contarle a sus amigos que sus padres estaban separados, pero con ella apenas semanas de que ella había abierto un hogar para él, se lo comento ¿Será producto de la nostalgia? ¿El extrañar a Japón? ¿Que poseía tanta afinidad con ella? Todos los que conocía, sabían que, cuando, cuanto y donde hablar. Ella se tomaba libertades que para él serian consideradas aborrecibles porque terminarían colmando su paciencia, pero gracias a eso es que tenía un sitio, una amistad nueva y un nuevo camino que recorrer. Por primera vez no le molestaba que le dijeran lo que querían, lo que les gustaba y disgustaba. Realmente ella era todo menos japonesa, pero nuevamente lo era tanto. El choque cultural quizás.
Cuando piso Estados Unidos, le costó adaptarse a un ritmo tan diferente, todo era movido, abierto y nada conservador y eso, lo altero. A pesar de ello, entendió que también tenía que arriesgarse como ellos y no pensar tanto las cosas si quería llevar a cabo lo que quería en su vida, y así fue como logro entrar en el programa. No fueron nada mas sus cualidades calificativas, no sino además que fue directo y esa iniciativa fue lo que le gusto al delegado del programa ¿Quizás por eso permitió a alguien como ella en su vida? Nunca había sido aferrado a algo ¿Por qué ahora? Quizás ella ¿Le recordaba a vivir el momento y tomar más acciones? Volvió su vista al documento, oficialmente Sora y él ya estaban separados definitivamente.
Aun cuando aún había una vocecita en su cabeza que le decía que no lo hiciera, que la buscará y retomará lo que habían perdido, otra le decía que era lo correcto porque aun si él no lo admitía, ya algo había empezado mal en todo eso y descubrir que tus amigos desde hace años sentían algo el uno por él otro, hizo entender que aun si buscaba retomarlo, no habría manera de eliminar lo que había ocurrido ni las fuertes emociones que ahí estaban desarrollándose. Aún seguía molesto, pero tras reflexionarlo mucho, vio esos pequeños detalles que nunca había notado y el mismo miedo que los carcomía a todos fue lo que evito que en esa época se llevará a cabo lo que hoy pasará. Taichi siempre fue el pionero a hacer y probar todo, y viéndolo en retrospectiva se dio cuenta que hasta un cabeza hueca no tan hueca como él se detuvo para no destruir algo tan valioso como lo que tenían, por ende no lo buscaron. Por ende, no buscaron hacerle daño intencionalmente.
Estaba claro que, al final uno saldría lastimado. En este caso él fue, pero hubiera sido mejor si hubiera pasado antes y no donde un lazo de compromiso tan grande como el matrimonio, se viera desbaratado. Suspiro no derrotado, sino agotado por su pensamiento. Al final de todo, todo termino siendo sencillamente cosa del destino. Claro, no podía ser tan benevolente y entregar todo de primeras, recordando el único encuentro tras varias semanas que no llego a nada fue que comprobó que aun habían emociones que tenía que lidiar, tras uno golpes intercambiados entre ambos hombres, la gritadera por parte de Sora ante la situación y un regaño por parte de Mimi en cuanto lo vio ensangrentado, fue que todo empezó a fluir solo. Nuevamente ella, Mimi. La volvió a observar, ella le indico que podría quedarse ahí el tiempo que quisiera, luego de pensarlo dijo ¿Por qué no? En un país como esto que dos personas de diferente sexo convivan bajo un mismo techo, no estaba mal visto. Solo verla, recordó aquella emoción que sintió cuando se motivó a tomar riesgos y más acciones y lo llevaron por buen camino. Así que ¿Por qué no? Claro, él solo acepto con una condición, que le permitiera ayudar con los pagos del apartamento, ella se rio y acepto mientras le entregaba su usual café. La vio encender la televisión, esa era una rutina que casi no veía. Ella siempre solía ser muy activa, buscando que hacer, llena de energía pero, días como estos donde llegaba esa famosa visita mensual; decía que la hacían ser un poco más sedentaria de lo normal, escucho un gritito de emoción y este casi se sobresalta ante lo mismo, cuando se levanta para tener mejor visión de lo que pasaba, la observo sorprendida y feliz con algo que pasaban por el mismo, curioso noto a una versión más jovial de la castaña, explicar sobre un platillo. Enarco una ceja.
-¡¿Tenias un programa de cocina?!- Sabia que lo dijo casi gritando, esta solo se lanzó a reír y ponerle silencio a la tv.
-Sí, fue hace un par de años realmente, supongo que una cara bonita y que sepa cocinar era algo esencial para este tipo de cosas.
-¿Qué paso?- Realmente estaba curioso por el cambio ¿Cómo una persona estrella en la televisión probablemente, se volviera dueña de un pequeño café? Se sentó a su lado, mirando la imagen en la pantalla.
-No me sentía yo. No me tomes por tonta, amo la atención, las luces y las cámaras. Sobre todo lo mucho que te miman en sitios así, pero luego de un tiempo todo eso te irrita cuando no te dan libertades. No estaba cocinando lo que yo deseaba. Todo mundo decía, que mi comida no era lo mejor para la televisión y que debía cocinar lo que era mejor para el público.
Ahí sin decir más, le vio hacer un puchero y lanzarse derrotada nuevamente en el mueble mientras cambio de canal quizás intentando apaciguar el amargo recuerdo. Realmente, si se ponía a pensar la comida de Mimi era diferente, extravagante y llena de excesiva creatividad, pero por ¡Kami! Tenía un poder de hacer que hasta personas antinaturales como él que odiaban lo dulce, cambiarán ligeramente de opinión. Y eso fue, porque nuevamente ella era mujer de acción y reacción. Tras ese extraño postre que ella preparo, él se atrevió a pedir un café que contuviera caramelo y no le resulto para nada malo. Ahora que caía en cuenta, no había atribuido nada de eso, de no ser por ella. Y por un momento sintió algo dejarlo con un poco sin aire, por un momento. No presto mucha atención, porque necesitaba saber más para calmar su curiosidad.
-¿Lo extrañas?
-¿Eh?
-Ese tipo de atención…
-No mucho ¿Por qué?
-¿Segura?
-Bueno, lo único que extrañaba era que no tenía que levantarme más temprano para maquillarme- rio abiertamente al comentario, y este no pudo evitar seguirle para luego hablar.
-Bien, porque no los necesitas. Si ellos decían que lo que cocinabas no era lo mejor para el público es porque no podían ver más allá. Lo que tú preparas, cambia a las personas Mimi. Sino, tómame de ejemplo, hiciste que un hombre amargado como yo, probará un dulce y realmente lo disfrutará ¡Tu experimento dio vida a un ser menos amargado!
Se quedó mirándolo perplejo, para luego ver como se sonrojaba y era la primera vez que la veía así, ciertamente eso llamo su atención aún más. La escucho murmurar algo y darse la vuelta para ponerse de pie olvidándose de que aun la pintura podría estar fresca y caminar en zancadas a su habitación y encerrarse. El rubio solo enarco una ceja pensando que si había dicho algo malo ¿o no? Quizás era efecto de esa visita, en eso siempre serian enigma las mujeres.
Negó con la cabeza y retrocedió los canales hasta donde estaba ella nuevamente. Podía ver como se manejaba de maravilla en la cocina, y como explicaba todo de la manera más sencilla, pero si podía notar en sus ojos que no era lo que deseaba ¿Por qué nunca le había contado algo de esto? Bueno, no es que se hubiera dado la oportunidad. Aun cuando la pastelera, hablará bastante casi todo se centraba en temas generales y nunca en ella, pero ella siempre preguntaba sobre él, y nunca centraba su atención en ella. Que de por si se podría ver que le gustaba y eso solo le hizo tener más curiosidad.
/
-Estoy algo nerviosa.
-¿Por qué?
-Bueno, han pasado ya un par de meses ¿Qué tal si aún no nos perdona por lo ocurrido?
El moreno, solo sonrió y tomo la mano con suavidad, ella solo lo miro preocupada. Es cierto que las cosas terminaron un poco extraño tras todo lo ocurrido, donde hubo golpes, insultos y personas heridas, pero aun así Yamato por cosas de la vida, algo había ocurrido que de un momento a otro no era el mismo rubio, acepto lo que estaba ocurriendo. Inclusive, su abogado le entrego aparte una carta dirigida a su persona luego de un par de semanas que fuera oficial el divorcio, donde expresaba y pedía cuidará de Sora como siempre lo había hecho, que no desperdiciará la relación que se le estaba dando y sobre todo, no se olvidará nunca más de ser honesto, aun si la verdad podía lastimar a alguien.
Por eso, tenía conocimiento que Yamato, había crecido y se preguntaba ¿Qué pudo haber pasado? Ninguno de los dos sabía a donde había ido, tras esos días o donde se encontraba ahora. Su abogado le indico que podía quedarse con el apartamento que compartían y que el resto de los bienes que tenían juntos serian divididos a la mitad, respetando los bienes que cada uno poseía por separado. Sora estaba entre avergonzada y agradecida al mismo tiempo, porque sabía lo mucho que le había costado abrir la sucursal en Estados Unidos y que Yamato, le permitiera conservarla, indicaba lo mucho que aun la amaba y realmente ella quería hacer las cosas bien. Por ende ella pidió vender el apartamento y darle la mitad que le correspondía a Yamato. Con la ayuda del moreno, ella no tardo en buscar un nuevo sitio donde quedarse. No con él, dijo que aun si todo esto era correcto, ella deseaba tomarse las cosas despacio y disfrutar cada momento. Sin remordimientos.
Taichi recordaba las peleas por teléfono que tuvieron, en donde él le reclamo el tiempo que tenían viéndose, cuando ella indico que tenían tiempo pero que nunca había ocurrido nada, eso solo lo hizo molestar aún más. Se pudo escuchar claramente el rubio reprochándola por mentirle de esa manera y permitir que llegará a ese punto, que si realmente se sentía sola o estaba confundida de emociones él lo entendería, pero aislarse y obviar cosas importantes solo terminan destruyendo todo. Y ahí, estaba de acuerdo con Yamato; mantuvo en secreto que se veía con Taichi aun si la intención inicial fue por mera amistad, pero ahí no podría reprocharle a ella eso. Ya el rubio se había encargado de ello, él solo se motivó en base a eso a hacerle prometer que le contaría todo, sin importar que tan horrible o vergonzoso fuera. Una relación honesta, traería una vida feliz. Sus padres siempre decían eso. Él a cambio, se encargaría de no ser objeto de ausencia como Yamato quizás lo fue, y ser una pareja presencial a Sora.
-Si fuera el Yamato que antes conocía, te diría que sí. Aun seguiría molesto y me partiría la cara nuevamente, pero este Yamato. Ya no es el que conocemos. No tienes que preocuparte.
Y tan claro como eso, la arruga en la frente de la pelirroja se desvaneció, se volvió a acomodar su abrigo y continuaron caminando al destino. Un pequeño café en una vereda, al acercarse a la vitrina observaron muchos postres bastante peculiares tanto en nombres como en ingredientes y Taichi se preguntó si este realmente era el sitio. Sora chequeo su celular y en efecto ese era el sitio. Yamato solía ser muy tradicionalista, este café tenía un aire japonés, pero los platillos exhibidos eran tan diferentes que no cuadraban la imagen. Entraron sin perder tiempo y rápidamente los ubicaron, ahí Taichi fue que lo vio luego de mucho tiempo, al rubio. Se encontraba leyendo en una pequeña mesa cerca de la ventana mientras en su mesa tenía un café y era acompañado de unas galletas. La pareja se miró y se extrañaron aún más, no tardaron en acercarse.
-Mister Ishida, sus invitados han llegado.
-Muchas gracias- No dudo en mirarlos fijamente con semblante serio, se puso de pie para indicarles se sentarán y la pareja casi como piedra, se sentaron frente a él. La joven les hizo entrega del menú y se excusó. La pelirroja no podía mirar al rubio frente a ella y bajo su mirada al menú. Taichi fue quien se aventuró, su estado de embajador se activó.
-¿Vienes mucho aquí?
-Desde hace ya más de un año, creo yo. Antes de que Sora y yo nos casáramos, de hecho- hablo con una naturalidad tan asombrosa, que el moreno casi podía sentirse desencajado. No había ironía o sarcasmo en las palabras, solo simple conversación.
-No te creía adepto a estos gustos- tomo una galleta, sin pedir permiso y apenas la mordió, noto que era algo salada y tenía un toque picante- ¿Qué es esto? No es para nada dulce.
-Esa las hace la dueña del lugar, sabe que mis gustos no son lo dulce y no se dio por vencida de preparar algo que pudiera gustarme. Son muy populares aquí, de hecho muchos compran paquetes por docena y hay muchos pedidos para fiestas. Dicen que es lo mejor para fiestas donde hay bebida- La pelirroja subió la mirada al ver lo hablador que estuvo el rubio, y el moreno también lo noto. Algo perplejo, continúo comiendo la galleta y sabía que tenía razón todo lo que dijo, luego se percató de algo. Mirando el lugar, realmente estaba bastante habituado de personas y el personal se veía feliz y en su ambiente, se preguntó quién sería la dueña. Mejor dicho ¿Por qué él conocía a la dueña?
-¿Conoces a la dueña?
-Bueno…
-Venía a ver como estaba todo por acá y ver si pedirían algo o podría hacerles algo especial antes que mande a desocupar la cocina- la pareja subió la mirada creyendo que era la mesera que les atendió, pero el moreno casi se atraganta cuando vio a la castaña, tenía una presencia casi irreal que no evitaba que pudieras dejar de mirarla, además por el hecho de lo que dijo y se notaba a leguas que esta podría ser la jefa, casi suelta lo último que tenia de galleta al ver que en un simple movimiento, aparto un lado al rubio, este a pesar de que se quejó un poco; no parecía molesto con la presencia y se sentó como si nada, mientras apoyaba sus codos en la mesa y sonreía. Miro al rubio nuevamente, nunca Yamato en sus años de juventud permitía ser tratado así y más aún, alguien como ella se pudiera sentar así a su lado, ni sus más grandes fans lograban tanto- Ustedes deben ser los amigos de Yamato.
-Taichi Yagami y ella es Sora Takenouchi- Casi se muerde la lengua al ver lo mucho que había tardado en responder, hablo con suavidad el hombre al ver que la pelirroja no decía nada al ver a la mujer frente a ella.
-Yamato me ha contado mucho de tus diseños Takenouchi-san, muero de ganas poder verlos un día. Antes en mi juventud solía estar siempre a la moda, no es tarde para continuar estándolo- Le sonrió aún más abierta y esto parecía intimidar a Sora, así que Taichi tomo el mando y tomo con suavidad la mano que se escondía de la morena, para calmarla mientras atraía la atención hacia él.
-¿Y qué hay de mí?
-Uhm, que para ser un cabeza hueca llegaste muy lejos.
El rubio reprimió una risa ante lo mordaz de las palabras de Mimi, y Taichi solo podía mirar sorprendido para luego reírse abiertamente. Solo falto un momento para captar la verdadera intención del insulto. Entendió con rapidez el juego que la castaña quería hacer, y le pareció la mejor idea del mundo.
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Sora estaba que estallaba de la ansiedad, Taichi ¡Taichi la había dejado sola! La había dejado sola con Yamato. La castaña lo jalo apenas tuvo la oportunidad y este se dejó llevar tan fácilmente, dijo que con la intención de ver un disque postre que ella estaba experimentando y necesitaba de su aprobación. El descaro ¡El descaro por ese par! Casi podía sentir celos de la cercanía con la que trataba al moreno. Una risa de Yamato la trajo de vuelta, mientras se hundía en su asiento y la empleada traía un simple café, aromatizado. Sora no podía mirar al rubio.
-Nunca espere que te comportarás celosa con Taichi, bueno. Nunca lo hiciste conmigo para ser sincero- ahí la morena subió la mirada.
-¿Qué?
-No hay nada por lo que debas tener celos, se nota que Taichi te quiere. Aun así, te pido no te enojes por lo que Mimi hizo. Si hay alguien con quien debes molestarte es conmigo.
-¿Eh?
-Le pedí que lo hiciera, para así poder hablar tu y yo- tomo un sorbo de la bebida con una elegancia que Sora nunca había notado en él- Tu y yo tenemos cosas que hablar, al menos te debo eso pero, con Taichi alrededor no podrías hablarme o yo no podría hablarte con toda la sinceridad que deseaba. Sabía que si Taichi, se diera cuenta o no, ella lo lograría arrastrar a donde sea. Suele, hacer eso.
-Entonces… Querías hablar conmigo.
-Quiero disculparme Sora.
-¿Por qué?
Y realmente era un porque honesto, había sido ella la infiel. La que había roto a los sagrados lazos del matrimonio, aun si él había fallado en presencia, cuando estaba no fallaba y ella en cambio, no dudo ni un momento cuando vio al moreno, ni siquiera se atrevió a decirle que había visto al moreno en ausencia de su esposo, ahora ex esposo.
-Hay cosas que nunca admití contigo y creo que esos son la gran causa de que estemos en este punto ahora.
-Yama…
-Tenía miedo de que si estaba en el exterior, o mejor dicho en el espacio- Lo escucho reír un poco, y eso calmo un poco a Sora, se dio cuenta que no había rencor- Alguien te podría arrebatar de mí, así que cuando me propusiste adelantar la boda de manera tan abrupta, no pare a pensar en que quizás desde un inicio eso fue un indicio para que todo terminará como es ahora.
-Pero…
-Sé que tú no te arrepientes de nada de eso, lo sé. Yo tampoco. Aun así, yo debo disculparme porque no fui buen esposo y no te tome en consideración, porque solo pensaba en lo que yo quería. Te quite la oportunidad de quizás encontrar a la persona con quien mereces estar por mi miedo a que no fueras mía que luego ya al creer que eras mía, no tendría que hacer más nada. No tenía idea, de lo sola que te sentías Sora.
Ella no supo que decir, ni como sentirse en ese momento. Nunca antes había escuchado hablar con tanta fluidez a Yamato, y este realmente era el mismo Yamato que no era sentimentalista, ni afectuoso. Ahora, se mostraba empático y relajado. Sintió sus ojos arder.
-Admito que al principio me costó aceptar lo de tu y Taichi, pero algo en mi me decía que era lo mejor. Quizás por lo mismo que mis padres pasaron en donde las peleas eran el pan de cada día y yo, no podría ponerte en eso. Si tu camino te puso a Taichi, es porque yo no podía darte esa felicidad. Prefiero tenerte como amiga, que perder a dos amigos en el proceso por mantenerme obtuso a algo.
-Yo, yo hubiera luchado. Si me lo hubieras pedido, Yama.
-Pero, no es lo justo y lo sabes- agarro una de las galletas y ahí la pelirroja aprovecho para darle un sorbo a su café, realmente estaba exquisito. Los cafés americanos suelen ser algo insípidos y sin apreciación de lo que un buen café podía ser. Ahora podía entender porque Yamato se sentía más a gusto en ese sitio y también lo podía notar por cómo se desenvolvía hablando- Hay algo más que yo nunca te dije, y es que sabía de los sentimientos de Taichi por ti. Era algo obvio realmente, habría que ser bruto para no darse cuenta- la pelirroja se rio, ante el rostro exagerado de la revelación- Tu no te diste cuenta, a pesar de y que nunca lo dijera para evitar arruinar nuestra amistad me mantuvo también a raya de hacer lo mismo, pero luego. Cuando te vi tras esos años y que Taichi no estuviera a tu lado, fue una carrera que yo deseaba ganar y pensé que tendría una oportunidad.
-Entonces…
-Sí, desde hace tiempo también me gustabas Sora, y quizás fuiste mi primer amor… Por ende, fui egoísta y no pensé más que en mí en ese momento, ahora pienso en ti y en él.
-¿No estas molesto?
-Pues, te mentiría si dijera que no lo estoy. Me fuiste infiel, eso no lo quita nadie; me costó perdonarlos al principio pero tal como una persona me dijo "El ahora no define el futuro, pero si te permite crear uno mejor" y aun cuando yo este molesto en este momento, no quiere decir que voy a arrebatarte tu futuro y tu felicidad, por ello los he perdonado. Deseo que tengas una buena vida.
Sora no se dio cuenta cuando empezó a llorar, pero ahí estaba llorando por las palabras de su actual ex esposo, y nuevamente se preguntaba ¿Dónde quedo ese Yamato que conocía? No es que se arrepentía ahora que veía a este Yamato, sino que se sentía culpable que quizás ella también pudo haberle dado el mejor futuro si hubiera sido honesta desde un inicio y ambos no estarían ahí para empezar. Ella sabía ahora que no era la soledad, o la ausencia del rubio lo que afecto su relación. Eran sentimientos confundidos e inconclusos que nublaron lo que ambos estaban pasando. Ella quizás acepto salir con él derrotada de que no podría tener a Taichi en su vida, o quizás era otra cosa. Nunca lo sabría, pero al menos el rubio estuvo en su vida un periodo y ella aun si todo termino como termino, no se arrepentía. Realmente Yamato había cambiado, y crecido a ser una mejor persona y se preguntaba nuevamente ¿Cómo había ocurrido? ¿Quién sería esa persona que causo ese cambio? ¿Él se daba cuenta de ese cambio? Aun sin saber esto, y sabiendo eso poco, sabía que el futuro y vida de Yamato, traería cosas buenas. Tan solo esperaba que el de ella fuera igual, con Taichi a su lado. Sintió la mano del rubio y le sonrió solo como él sabía hacerlo y esto calmo a Sora. Quien le sonrió, limpiando sus lágrimas
-Yo también debo ser honesta contigo Yama.
-Lo sé, pero no es necesario. Más bien, no quiero oírlo. No podría oírlo realmente, tan solo me conformo con saber que quizás ahora si tendrás la felicidad que tanto buscabas, Sora.
-Yama…- Realmente aun si limpiaba las lágrimas, ellas volvían ante las palabras del rubio y por primera vez en mucho tiempo, sintió como un gran peso se elevaba de ella y pudo verlo de la manera más sincera para darle las palabras más honestas y la verdad que ella deseaba, desde el fondo de su corazón- Yo también deseo que tengas un buen futuro, Yama… Sea aquí, o en el espacio. Donde está tu sueño.
Taichi tenía razón, no había nada de qué preocuparse de ahora en adelante.
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Capitulo 2 esta aquí, y bueno aunque se centro mucho en Sora y Taichi, creo que era lo mejor para poder finalizar con el siguiente episodio que si se centrara en la pareja principal.
En lo personal, perdonar una infidelidad es muy difícil, no muchos tienen el valor de poder ver más alla y quizás retomar y perdonar a su pareja para volver a intentarlo, desde cero. Cuando hay otras que lo vetan y se olvidan de esa persona para toda la vida. Yo prefiero perdonar, para poder pasar la pagina, sea con o sin esa persona. Porque lo importante es vivir el momento para poder disfrutar de la vida, no amargarse por lo ocurrido. Quizas por eso, este Yama hizo lo mismo (se influencio de mi opinión hahahaha)
Espero les haya gustado, nos vemos con el próximo cap.
Muchas gracias a los reviews y las personas que siguen esta historia. Espero el capitulo les haya gustado, no olviden dejar el siguiente Review. Me motivan!
