Nota: ninguno de los personajes me pertenecen, todos son obra de Kurumada, yo sólo escribo absurdas historias de sus personajes sin recibir beneficio. Esto de corregir fics viejos da más trabajo que escribir uno nuevo.

El Mediodía

Después de las amenazas de la malvada Saori, según el pensamiento de más de un caballero, los chicos dorados no tuvieron más remedio que obedecer, porque ninguno de ellos quería terminar como Aldebaran, condenado a barrer todas las gradas del Santuario.

Por su parte los chicos de bronce tampoco parecían contentos, aunque aceptaban mejor las órdenes dadas y con paciencia intentaban limpiar el templo de Saori.

—Ya puedes conectarla Ikki —dijo Seiya tratando de operar una enorme aspiradora industrial. El fénix hizo caso y puso el conector en el tomacorriente sin darse cuenta de que el Pegaso tenía dificultades grandes.

—¡Idiota —espetó Hyoga —, pusiste la aspiradora en reversa! —le gritó al ver que de la máquina salía mucha tierra.

—No sabía que estas cosas tenían reversa —respondió a modo de disculpa —¡Ikki, desconéctala!

—¿Qué dices? —gritó el Fénix — ¡No te escucho, esta máquina hace mucho ruido!

El cisne no podía diferenciar si el Fénix realmente no podía oírles o si simplemente se hacía el gracioso. Por si las moscas decidió desconectar él mismo la máquina inmediatamente y al correr hacia el aparato y debido a la nube de polvo que dificultaba su visión, tropezó con la escalera sobre la que se encontraba Shun intentando limpiar las lámparas. Por la inercia, Andrómeda cayó sobre Shiryu, para fortuna del joven caballero, no así para el caballero Dragón que fue a dar de cara sobre el balde donde remojaba el trapeador para limpiar el piso.

—¡Esto es un desastre! —dijo el dragón con el cabello mojado y enredado —. Si sigo así voy a tener que hacerme un masaje capilar por la noche.

Cualquiera podría pensar que los caballeros de bronce avanzaron muy poco durante esas horas de largo trabajo, sin embargo no eran los únicos.

—Crema para noche, crema para día, protector solar, gel de aloe vera, máscara exfoliadora, crema para las manos, crema para los pies, cera para depilar —decía Afrodita en medio de una pila de botes de toda índole —. Y estos son sólo los artículos para la piel, todavía me faltan los de cuidado del cabello.

Piscis creía que no avanzaba, al contrario de Acuario que tenía más optimismo. Satisfecho Camus terminó de limpiar su casa.

—Milo, ya puedes empezar a llevar las cosas adentro —dijo el caballero dorado.

—¿Cuáles cosas? —preguntó sin darse cuenta todavía el caballero de Escorpión — ¿Te refieres a tus cosas?

—Sí, mis cosas —le respondió saliendo de la casa —¿dónde las pusiste?

—Justo aquí —le indicó Milo —, en la entrada de tu casa, pero ya no están.

Camus se asomó para descubrir que todas sus cosas rodaron escaleras abajo hasta la casa de Shura.

—¡Milo, eres un inútil! —le gritó el santo de Acuario

Un grito que hubiese llamado la atención de Shura, pero él tenía sus propios problemas. Ignoraba completamente que tendría trabajo extra al momento de descubrir los muebles astillados de Acuario en la puerta trasera de su casa. No, el chico de Capricornio ya tenía suficiente tiene con su alfombra o lo que quedaba de ella

—Era un recuerdo de mi abuelita —dijo en medio de un sollozo, pensando en no darse por vencido tan fácilmente —. Esto lo arreglo yo enseguida, veamos donde puse mis palillos para tejer.

El tejido a palillo podía ser una tarea aburrida para observar, pero eso fue una mejor idea avanzar a hasta la novena casa, Sagitario, donde Aioros tampoco hizo mucho avance. Claro, luego de pasar la mañana entera con los videojuegos, que de no haber sido por algo productivo habría hecho, pero no era tarde, según Sagitario. Por eso tomó una escoba y se puso a barrer hasta que cerca de la cocina encontró una familia de ratones.

—Ratones en mi casa —dijo poniendo a un lado la escoba —, tendré que llamar a Aioria para que se deshaga de ellos —añadió sin tomar en cuenta que el sensible gat… es decir caballero de Leo podría resultar ofendido por la comparación.

Por fortuna el ga… caballero Aioria estaba demasiado lejos para escuchar.

Mientras nos entretuvimos con estas reflexiones sobre el caballero de Leo, Aioros decidió que los ratones en realidad de veían muy tiernos y se puso a jugar con ellos. Aunque a lo mejor solamente se trataba de una estrategia para no hacer su trabajo. Nunca lo sabremos.

Como no había mucho que ver, lo mejor fue ir a la casa de Escorpión, pero ahí nadie ha movido una brizna de polvo, porque como sabemos Milo estaba en casa de Camus ayudándole a deshacerse de las cosas que ya no necesita, según su propia versión. Pero como una casa vacía podía resultar muy aburrida, lo mejor fue ir a la siguiente casa, libra.

Dokho finalmente descubrió la causa de la mugre en su piso y decidió dejar sus botas afuera, pero como el piso estaba todavía húmedo resbaló. Pero no crean por un segundo que Libra cayó sobre sus sabios y antiguos glúteos, no, las cosas no fueron así, porque el hábil caballero comenzó a patinar dentro de su templo y comienza a patinar dentro de su templo.

— ¡Qué divertido, weeee!

Dokho estaba muy entretenido patinando en calcetines sobre el piso de mármol de su casa. Daba vueltas y giros, hacía figuras y parecía todo un profesional. Le resultaba tan sencillo que tuvo la brillante idea de pasar con cera el piso para que sea más brillante. Un error, habrá pensado más de uno.

—¡Echen paja que voy cayendo!

Unos segundos más tarde se vio pasar a Dokho a gran velocidad e inmediatamente después, el caballero terminó estrellado contra uno de los pilares de su casa. El santo de la casa de Libra terminó inconsciente, por lo que ya no había nada que ver en su casa, motivo por el que fue mejor pasar a la siguiente casa, Virgo.

Shaka por fin se dio cuenta de que mediar no haría que el polvo y la suciedad desaparecieran. Bueno en realidad sucedió así. Shaka quiso dar un paso al frente pero tropezó con la escoba provocando su caída de bruces sobre el piso, ensuciando de esta manera su blanca túnica.

—Además de barrer tendré que lavar la ropa —se quejó con su típico tono de molestia. A pesar de ello su sabiduría le alcanzaba para saber que lo único que podía hacer era comenzar a barrer mientras rezongaba —. ¿Por qué no tendrá karma el polvo y la tierra? Así podría enviarlos directamente a uno de los infiernos y se acabarían mis problemas.

Pobre Shaka, la mugre y el polvo no tenían Karma. La única forma de deshacerse de ellos era con un trapo y una escoba. Fue lamentable pero tuvimos que dejar al santo de la virgen para que se las arregle solo, mientras fuimos a la casa de Leo.

Aioria terminó de revisar sus viejas revistas que no eran muchas, pues de lo contrario hubiese seguido perdiendo el tiempo.

—¿Dónde estará Marin para que me dé una mano? —se preguntaba el egocéntrico caballero —, aunque dudo que me quiera ayudarme con esto. Ya la estoy oyendo dándome sus sermones sobre que ella no es mi criada, que deje de portarme como un niño y luego me reprochará todo lo que hace por mí y que yo nunca la valoró, por eso no la saco nunca y cosas como esas que dicen las mujeres. No, mejor continuo yo solo.

Todo daba a indicar que a Leo tampoco le gustaba la misión de Saori y por eso fue mejor seguir a la siguiente casa.

Máscara de la Muerte, cuando terminó de quitar las telarañas con un enorme plumero se dio a la tarea de hacer una enorme madeja de telaraña y para variar fue uno más de la larga lista de caballeros que refunfuñaban mientras trabajaba.

—Esta no es tarea para un caballero dorado —rezongaba —, ¿por qué nos obligan, no pueden contratar a alguien para que haga este trabajo? No me gusta limpiar, los odio a todos, ya verán, me vengaré un día, quiero a mi mamá —Máscara de la Muerte se enjugó la lágrima con el dorso de su mano.

Pobre caballero de cáncer, aunque habría que decir que é se lo tenía merecido por no barrer por lo menos una vez al año. Aunque a decir verdad, parecía que no todo era culpa suya, porque parecía que los anteriores santos del cangrejo tampoco eran muy dados a las labores de casa, y esto a razón de que esas telarañas debieron tener más años que Dokho, quien por cierto seguía inconsciente en su casa

Mientras Saga y Kanon terminaron con la limpieza de su casa, de hecho estaba reluciente, y es que entre dos se avanzaron más rápido.

—Ya terminamos —dijo Saga limpiándose el sudor de la frente —, ¿qué hora es?

—Creo que es la hora del almuerzo —respondió Kanon.

—Entonces ve a preparar la comida.

—¿Qué, y por qué no vas tú?

—Yo no, después de todo el trabajo estoy muy cansado.

—Pues yo también.

—Yo no pienso cocinar hoy

—Ni yo —ambos se cruzaron de brazos.

—¿Alguna idea? —preguntó finalmente Saga.

—Vamos al pueblo a comer algo.

—Bien.

Y los gemelos salieron de su casa de forma muy cordial, algo impensado para dos personas que solían pelear casi todo el día.

Sin mucho ver en esa casa limpia, lo mejor fue ir a ver lo que Aldebaran hacía. Nada diferente de continuar con la horrenda tarea de barrer las gradas. Parecía que no acabaría nunca a no ser que un milagro sucediera, pero eso no pasaría, porque los dioses griegos no eran conocidos por hacer favores a los humanos. De hecho eran los que metían a la gente en este tipo de embrollos. Pero como parecía que Saori estaba escuchando mejor fue marchar a la casa de Mu a ver que es lo que hacía.

—Finalmente las paredes quedaron limpias —dijo Mu —, menos mal que son de mármol sino tendría que mandarlas a pintar de nuevo y el presupuesto no me alcanza. Donde vea de nuevo a Kiki comiendo chocolate lo teletransporto al Everest.

Y hablando del rey de Roma.

—Hola maestro Mu —Kiki se materializó frente al caballero de la primera casa —, ¿qué hace?

—Limpiando —Dijo Mu con los ojitos birllosos —, y si tienes un poco de consideración con tu maestro será mejor que agarres una escoba y comiences a barrer la entrada de la casa.

—¿Por qué maestro Mu, tendremos una fiesta? —preguntó el alumno del carnero dorado.

—¿Harás una fiesta Mu? —Shion también se materializó en la primera casa.

—Maestro Shion, ¿dónde estaba? —Se quejó Mu — Si supiera lo que Saori nos hace hacer —las lágrimas bajaron los agraciadas mejillas del caballero de Aries.

—Calma Mu, no es para tanto —dijo el patriarca alcanzándole un pañuelo —, seca esas lágrimas y dime que es lo ocurre, tal vez pueda ayudarte.

Mu le contó a Shion la difícil situación por la que atraviesan los caballeros y de cómo se les va acabando el tiempo.

—¡Eso es terrible! —dijo sorprendido.

—¡Ayúdenos maestro Shion!

—Pero no sé pueda hacer al respecto.

—Puede comenzar sacudiendo los muebles —Kiki le extendió la mano con plumero.

—¡Qué! Nada de eso —Shion retrocedió —, además me acordé que todavía tengo una semana más de vacaciones —fue lo dijo antes de desaparecer del mapa.

—¿Por qué le dijiste Kiki? —reclamó Aries —Ahora tendremos que limpiar la casa solos.

Muy arriba, Saori estaba limándose las uñas. —Miraba complacida su obra, por fin un día sin peleas en el santuario, no se escuchaban estallidos, ni se veían luces saliendo de los techos de las casas, pero el día todavía no terminaba.