Hola queridos lectores, aquí está el segundo capítulo de esta historia. A partir de este capítulo comienzo a introducir un poco del SxS así que espero que aunque sea una sección algo corta de la historia sea de su agrado. Muchas gracias por tomarse su tiempo para leer, comentar y dejar su comentario. Me hace muy feliz escuchar sus notificaciones.

-Pepsipez : Gracias por tu interesante observación. Espero que te siga agradando la historia y te pido disculpas por ese error que cometí, he estado buscando donde se encuentra con el objetivo de arreglarlo. Pero espero seguir recibiendo tus observaciones como siempre. Siempre me alegra recibir tus reviews, me animan y ayudan mucho.

Isaalm: Me alegro que te gustara. Espero que sigas enganchado con la historia y que me sigas dando tu opinión.

-Annelisse: Efectivamente Tomoyo es una de las principales figuras en esta trama, tanto por el hecho de ser una Amamiya como por el parecido con Nadeshiko (que no es tan casual como parece). La figura de Tomoyo causa muchos sentimientos en cada uno de los personajes y causará aún más en el futuro. Así que espero que me des tu valiosa opinión a medida que la historia vaya tomando forma.

-Lin lu lo li: Qué bueno que te gustara. En realidad es una apuesta arriesgada porque este tipo de historia no son del todo populares, pero amo tanto este personaje que no pude resistirme a escribir algo sobre él. Espero que sigas la historia y me dejes tus observaciones. Y con respecto a la descripción de Touya ¡También amé esa parte!

Por ultimo los personajes no son míos sino que pertenecen al grupo Clamp.

Los Amamiya.

Capítulo 2: Reflexiones

Fujitaka miró disimuladamente a su hijo por el rabillo del ojo. El moreno que yacía sentado a su lado comía más silenciosamente que de costumbre, se le veía reflexivo, perdido en sus pensamientos. Aquella conversación con Masaki en serio había provocado un dilema mental en Touya. Salvó el "bien" que se había limitado a decir cuando le preguntó como le había ido con Masaki no había dicho ni una sola palabra desde su llegada, estaba tan perturbado que ni siquiera había molestado a Sakura como de costumbre. No podía negar que ya se estaba preocupando.

Después de escasos minutos, con el plato aún a medio terminar, Touya se puso de pie de repente y llevó las vasijas hasta el lavabo mientras su padre lo seguía con la mirada, vertió el sobrante de su cena en el basurero de la cocina y sin mirarlos dio las buenas noches mientras salía de la cocina con dirección al segundo piso.

-¿Te dormirás tan temprano Touya?

-Hoy ha sido un día largo. Estoy cansado.- Se limitó a responder antes de perderse en las escaleras. Ya fuera de la vista de los otros dos ocupantes de la casa caminó con pesadez hasta su habitación y una vez hubo cerrado la puerta se dejó caer sobre la cama de espaldas.

"Lunes 10:00 am".

Escuchaba a su mente repetirle una y otra vez aquella fecha mientras veía el papel que contenía la dirección del lugar al que había sido citado. Conocía bien el edificio, después de todo era una de las estructuras más impresionantes que había en el centro de Tokio. Cada vez que iba a la universidad se veía obligado a fijar su mirada en aquel enorme complejo que no podía pasar desapercibido, pero lo único que pensaba en esos momentos era en la considerable suma de dinero que debía valer aquel activo fijo de los Amamiya. "Seguramente lo suficiente para dar de comer a un país en hambre", bufó entre dientes mientras fruncía el ceño.

Desde niño había detestado el hecho de que mientras algunos tenían que quemarse las pestañas trabajando de sol a sol para tener solo lo básico, otros que habían tenido la fortuna de nacer en cuna de oro, tenían a su alcance la posibilidad de hacer todo lo que desearan sin necesidad de esforzarse demasiado. Aquellos seres prepotentes y soberbios según su perspectiva, miraban al mundo por encima del hombro y vivían vidas llenas de excesos y opulencia, mientras otros tenían que conformarse con lo que la vida le pusiera en las manos por su duro trabajo. Los Amamiya estaban a la cabeza del primer grupo. Conociendo su punto de vista, su padre le daba constantes sermones enfatizando una y otra vez la importancia de la familia y de pasar por alto los errores pasados de los demás. Claro que valoraba la familia más que nada en el mundo y por los mil demonios que comprendía que todos merecen una oportunidad para vindicar sus errores, pero los actos de los Amamiya a sus ojos eran tan despreciables, malvados y crueles que cruzaban por mucho la brecha de lo que él consideraba un simple error. Por su culpa había conocido la pérdida a muy temprana edad... por ellos había tenido que criarse sin más familia que su hermana y su padre… por su falta de interés su madre había muerto.

Limpió sus ojos con aspereza mientras se reprendía a sí mismo por las lágrimas traicioneras que amenazaban con salir de sus ojos al pensar en su madre. Aún no entendía porque después de 15 años de lo ocurrido cada vez que aquel recuerdo golpeaba su memoria sentía como su corazón se ahogaba en la tristeza.

Su padre se había esforzado por que sus hijos recordaran a su esposa como la mujer hermosa y sonriente de las fotos que colocaba cada día en la sala, que la recordaran como la persona que era cuando aun su salud estaba intacta, pero a pesar de eso él aún tenía vivo en su memoria el doloroso recuerdo de la ultima vez que vio a su madre con vida: su tez pálida, su rostro desmejorado, su cuerpo delgado hasta el extremo, sus fuerzas llegando a su límite… Era tan descorazonador, tan injusto, tan doloroso, era ella consumida por aquella terrible enfermedad que le provocaba tanto dolor mientras poco a poco acababa con su vida, mientras se robaba su esplendor, su alegría, su esperanza. Y ellos… ellos que decían ser su familia, que decían amarla más que a nadie, ellos podrían haber hecho algo, ellos pudieron haberla ayudado, Masaki Amamiya pudiera haber aceptado recibir a aquel niño que llegó empapado frente a su puerta para suplicarle que salvara a su madre, que no la dejara morir, pudo haber gastado unos pocos centavos de su fortuna en pagar aquel costoso tratamiento, pudo haber demostrado que para él Nadeshiko era más importante que su maldito orgullo… pero no lo hizo. Solo lo ignoró.

"Porque diablos tendría que aceptar algo tuyo ahora Amamiya"- Musitó con amargura mientras estrujaba aquel papel y lo aventaba a la basura con furia. Cubrió su rostro con sus manos mientras intentaba serenar sus emociones. No debía derrumbarse, no debía dejarse consumir por el dolor. Prometió a su madre que no dejaría que aquellos recuerdos tristes robaran su felicidad, que ayudaría a su padre a salir adelante y cuidaría de su pequeña hermanita, que se aseguraría de que ellos no sintieran demasiado su ausencia, que se encargaría de ayudarlos a sobrellevar el dolor. Ese era su objetivo en la vida y ninguna sombra del pasado lo haría fracasar en ello.

-Hijo ¿Puedo pasar?- Escuchó detrás de la puerta después de ligeros toques. Se incorporó de inmediato y volvió a su expresión de siempre, aquella que usaba para ocultar su dolor.

-Está abierto.- Anunció mientras fingía haber estado sentado frente a la computadora durante todo aquel tiempo y examinaba algunos estados contables que estaban colocados en el escritorio del computador.

-Te traje el postre. Te marchaste tan deprisa que no alcancé a dártelo.

-Gracias.- Dijo con simpleza sin apartar su rostro de la pantalla. Fujitaka se sentó en el borde de la cama justo detrás de Touya y examinó rápidamente el archivo en el que su hijo "trabajaba". Sonrió traviesamente.

-Masaki me ha dicho que te ofreció una entrevista de trabajo para el lunes. ¿Irás?

-No lo sé.- Contestó tratando de aparentar desinterés mientras para sus adentros condenaba a su padre por haber recibido la vejez con el pasatiempo de mantener tertulias acerca de él con el abuelo godzilla. Podría aprovechar el momento para reclamarle por la información confidencial que había filtrado a líneas enemigas pero sabía que una discusión con su padre era algo que simplemente no ganaría. Fingir indiferencia y obviar el tema parecía ser su mejor carta en ese momento.

-El único papel que hay en el cesto de la basura me dice que ya tomaste una decisión.- Señaló el hombre de mirada avellana interrumpiendo el análisis estratégico de su hijo. Sonrió satisfecho al ver al moreno tensarse ante su observación. Definitivamente ya lo tenía acorralado.

-¿Viniste para decirme que acepte la entrevista papá?- Indagó el moreno con cansancio mientras giraba la silla de su escritorio para poder mirar a la cara a su progenitor. En momentos como esos en serio odiaba que lo perspicaz lo hubiera heredado de el hombre de mirada gentil y sonrisa cálida que tenía frente a él. Cuando se tenía un padre como el suyo mentir siempre era una mala opción.

-Sólo vine para sugerirte que no rechaces de plano esa oferta.- Comentó encogiéndose de hombros. - Has estado esperando una oportunidad como esa hace tiempo, no sería sensato rechazarla sólo porque no has podido perdonar a la familia de Nadeshiko.

-¿Que te hace pensar que no los he perdonado? Que yo sepa hoy estuve en casa de Amamiya y hasta tuve una conversación con él. ¿Cómo llamas a eso?

-Ser civilizado.- Respondió con simpleza. Touya desvío la mirada mientras lanzaba un bufido. ¿Ser civilizado? Ser civilizado era no escupirle a la cara cada vez que veía su rostro, no decirle todo lo que llegó a su mente cuando lo tuvo frente a él. Comparado con esas cosas, la hazaña de ese día lo hacía sentir como un santo. Un suspiro lleno de cansancio de parte de su progenitor lo sacó de su reflexión y lo llevó a dirigir su mirada nuevamente en su dirección. Fujitaka colocó las manos sobre los hombros de Touya mientras lo miraba con infinita ternura, a veces odiaba que su hijo fuera tan terco, pero sabía que detrás de esa actitud impenitente había un hombre lleno de amor y entrega.

– Sabes que has perdonado cuando puedes recordar el pasado sin sentir dolor. Tú, hijo mío, tienes mucho dolor atascado aquí.- Le explicó mientras señalaba el corazón del moreno con sus dedos como si estuviera explicándole a un niño de 5 años que ser generoso no era lo mismo que darle a regañadientes el pedazo más pequeño de una galleta a su hermana. Touya se quedó aturdido por la profundidad de aquellas palabras. "Pensar en el pasado sin que sintiera dolor".

-Si eso es lo que significa perdonar pues creo que jamás podré hacerlo.- Aseguró mientras fruncía el ceño y sostenía la mirada de su padre, recibiendo a cambio una sonrisa del amable Señor.

-Claro que puedes. Solo necesitas darle una oportunidad. Y no hablo de ir a su casa y llamarle abuelito... Podrías comenzar con ir a esa entrevista.

El moreno bufó. – Después de todo si viniste a convencerme.- Acusó mientras se recostaba del respaldo de la silla.

-Tómalo como un empujoncito paterno, así como los que te daba cuando estabas aprendiendo a montar bicicleta.

-Tch. Cada vez que hacías eso, terminaba estrellándome contra el piso, nunca fuiste bueno para medir tu fuerza.

-Tienes razón. – Reconoció mientras rascaba apenado su cabeza.- Qué bueno que tu fuiste quien enseñaste a Sakura a montar.

El moreno lanzó una carcajada mientras veía a su padre actuar como un niño aprehendido. Aveces en serio se preguntaba cual de los dos era el padre en aquella relación que tenían. Fujitaka sonrió satisfecho al ver a su hijo más animado.

-¿Entonces irás?

-Sólo si prometes que ya no andarás de boca floja con Amamiya. – Propuso mientras extendía su mano a su padre para sellar el trato.

-De acuerdo.- Aseguró mientras estrechaba la mano de su hijo y la apretaba con firmeza. – Aunque sabes que ya casi estoy en mis 60, a veces olvido por accidente algunas promesas. Pero se que podrás perdonar a un pobre viejito senil.

-Por favor padre. Tienes memoria de elefante y apenas acabas de entrar a los 50.- Aseveró con fastidio mientras entornaba los ojos. Su padre caminó hasta la puerta mientras fingía ignorarlo. Como dijo antes ganar una discusión contra su progenitor era algo imposible.

-Por cierto hijo… Si vas a fingir que trabajas en la computadora deberías elegir un archivo reciente. Ese que tenias es de hace 6 meses. – Señaló mientras cerraba la puerta tras de sí, soltando la carcajada que había estado reteniendo al escuchar un "rayos" de la boca del moreno. Sabía que estaba mal, pero amaba sacar de la cara de Touya algo más que esa simple expresión de desinterés que tenía como marca personal. Le resultaba muy divertido.

"Lo perdonarás. De eso estoy seguro"- Susurró mientras caminaba hasta la cocina donde había dejado a Sakura hablando por teléfono con Tomoyo. Escuchó un grito emocionado de parte de la castaña y supo que había recibido muy buenas noticias de parte de la amatista.

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Después de mantener una lucha interna consigo mismo acerca de si era o no prudente llamarla tan tarde, Shaoran marcó su número con cierta ansiedad. En momentos como ese en el que sentía que el estrés y el hastío lo ahogaban, sólo escuchar aquella dulce voz conseguía calmar sus inquietudes. Sino escuchaba al menos un somnoliento y perezoso "Hola" de la castaña antes de irse a la cama estaba seguro de que no podría conciliar el sueño.

-Hola Shaoran. Que gusto que llamaras.- Escuchó en voz baja detrás de la línea telefónica. Tal como esperaba con solo oír su dulce voz una gratificante sensación de calidez llenó su corazón.

-Perdona por llamar tan tarde. ¿Te desperté?

-No. Aún estaba despierta. He perdido la noción del tiempo mientras hablaba con Tomoyo. Apenas acabo de colocarme la piyama.

-Pues debo agradecerle a Daudoji por mantenerte despierta, hubiera sido una lástima no hablarte hoy como te prometí.

-¿Tuviste que trabajar hasta tarde hoy también?- Preguntó con cierto pesar en la voz.

-Si. Ya sabes, la universidad... el trabajo…

-Si. Estas muy ocupado últimamente. -Comentó sin poder ocultar incomodidad por aquella situación que se había vuelto una rutina. Desde su partida a China, Shaoran tenia un horario tan lleno que llegaba a lo exagerado. De hecho con el choque de horarios, las obligaciones seglares y los quehaceres de cada uno, hallar un hueco para hablar con él era toda una travesía.

-Sakura… ¿Estas molesta conmigo?

-¡No, claro que no! ¡¿Porque preguntas eso?!- Exclamó ligeramente azorada.

-Te has quedado callada de repente y suenas algo decepcionada. Se que no he estado tan presente para ti como te había prometido pero te aseguro que…

-No Shaoran. No tienes que darme explicaciones. Se que estás muy ocupado. Es decir, estás aprendiendo a dirigir la empresa de tu familia, aparte estás estudiando mucho para terminar tu carrera en el menor tiempo posible, sin contar tus demás responsabilidades y quehaceres. A pesar de todo eso, no pasa un día sin que contestes mis mensajes o me des los buenos días. Se que te estás esforzando mucho y estoy muy orgullosa de todo lo que haces, es solo que... No consigo acostumbrarme a tenerte tan lejos. Me haces mucha falta.

-Yo también te extraño Sakura… - Decir que la extrañaba no definía con exactitud ese sentimiento que carcomía sus huesos. - Rayos… No te imaginas todo lo que daría por estar allí contigo en estos momentos… – Si estuviera allí con ella la estrecharía entre sus brazos, besaría sus dulces labios, deslizaría sus manos por su cabello, acariciaría cada centímetro de ella, disfrutaría de cada segundo a su lado.

-¿Shaoran?

-Si.

-Te has quedado callado de repente.

-Lo siento, solo pensaba…- Lanzó un suspiro lleno de resignación.- pensaba muchas cosas. La castaña estuvo a punto de preguntarle acerca del tipo de cosas que pensaba cuando escuchó como tocaban imperativamente a la puerta de su habitación.

"Monstruo que haces al teléfono tan tarde. Es casi media noche y tienes que ir a la universidad mañana. ¿Con quien rayos hablas? Espero que no sea con ese mocoso pervertido."- Vociferó Touya sin dejar de tocar la puerta con insistencia. Sakura hizo un puchero mientras musitaba entre dientes miles de insultos hacia su insoportable hermano. Siempre era lo mismo, sin importar lo bajo que intentara hablar al teléfono si estaba ligeramente pasada de hora su hermano armaba la misma cantaleta.

-En realidad es muy tarde Sakura. Es mejor que le hagas caso. - Señaló Shaoran tratando de disimular su fastidio, porque sí, Touya estaba hablando tan fuerte que se oía del otro lado de la línea. Su querido cuñado podía ser un verdadero dolor de muelas cuando se lo proponía. Si no colgaba seguramente rompería el cerrojo y tomaría el teléfono para amenazarlo como en otras ocasiones.

-Mi hermano es tan molesto.- Bufó Sakura con exasperación.

-Si lo es, pero no quiero causarte problemas, hablamos mañana.

-Espera Shaoran… - Solicitó mientras contemplaba con pesar el inminente fin de su conversación. Había sido tan poco tiempo, aun tenía tanto que contarle, pero enloquecería si seguía oyendo a su hermano gritar fuera de su habitación. - Te quiero mucho.- Susurró resignada mientras apretaba con fuerza el teléfono.

-Yo también Sakura.

"¿Aún están hablando?"

-¡Ya colgué hermano, deja de gritar!- Mintió Sakura mientras aún se resistía a cerrar la llamada. -"Que tengas dulces sueños."- Susurró lo más bajito que pudo aunque sabía que con el hermano que tenía nunca era lo suficientemente bajo.

"¡Te escuché monstruo! Más te vale que cuelgues en 3... 2…"

La castaña gruñó asteada y colgó la llamada mientras caminaba con furia hasta la puerta, en cuestión de segundos la planta alta de la casa se llenó de gritos y pisotones. "Ya todo volvió a la normalidad". - Pensó Fujitaka divertido mientras se apresuraba a subir las escaleras para evitar lo que parecía el inminente fin de su querido hijo.

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Escuchó el sonido de la llamada cortándose, a la vez que Sakura gruñia exasperada, maldijo a su inoportuno cuñado y deseó al cielo que los pisotones que le daría la castaña aquella noche le dolieran por una semana. La próxima vez que viajara a Tomoeda se encargaría de ajustar cuentas con él.

"Viajar a Tomoeda"

Con solo pensar en aquello su corazón se saltó un latido. Si todo seguía bien esa sería la última vez que tendría que esperar a que llegara alguna fecha para ver a su amada novia.

"Sólo espérame un poco más Sakura." Musitó al aire mientras cerraba los ojos dispuesto a hacer lo único que le daba paz durante las noches.

Soñar con ella.

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Bueno, bueno, a partir de aquí entramos en materia, se están cocinando muchas cosas que añadirán condimentos a la trama. Fujitaka consiguió convencer a Touya para que fuera a la entrevista, pero ¿qué le esperara cuando ponga un pie en ese lugar?, aparte tenemos la primera aparición indirecta de la amatista quien tiene buenas noticias entre manos, ¿De que se tratará? Y por último a nuestro querido castaño que tiene grandes planes para su próxima visita a Tomoeda. Todo eso afectará directamente a Touya ¿pero positiva o negativamente? Espero que me acompañen a descubrir todo esto y que me vayan dejando su opinión. Con respecto al guiño de el capítulo pasado, efectivamente se trataba de Tomoyo, esa manía de captar en cámara los momentos que considera importantes lo heredó nada más y nada menos que del abuelito. Jajá.

Tal y como mencionó Pepsipez en su revisión, la historia girará en torno a la temática del perdón, pero como aclaró el mismo Fujitaka no el perdón superficial sino el completo que elimina todo rasgo posible de rencor, algo un poco difícil de lograr pero no imposible. ¿Qué tal le irá al moreno en este aspecto?

Por cierto una acotación más que olvidé señalar en el capitulo anterior, Touya tiene la manía de ponerle nombres despectivos a las personas que causan algún tipo de sentimiento en él, como

Shaoran= Mocoso (disgusto)

Sakura= Monstruo (Cariño)

Y ahora Masaki= Abuelo Godzilla (Disgusto)

Si lo sé, Touya es todo un personaje. Pero por eso me cae tan bien. Espero que a ustedes también le agrade. Lo dejaré hasta aquí para no aburrirlos más y hasta la próxima.

Besos

Leah05