Bueno… gracias por todos los reviews mandados por el primer capítulo.
Como lo dije antes la idea de Shady 10 me gusto tanto que la hice… mi amiga tiene buenas ideas para este tipo de cosas. Para la gente que intentó adivinar a la enfermedad a la que me refería solo hubo una ganadora del caramelo virtual… y la ganadora fue…. Tammy!
Como lo supiste? Tienes bola de cristal? Estudias medicina? Hahahahhaah Para la gente que aún permanece en la ignorancia y todavía no tiene ni una idea de lo que pueda ser entonces lean este capítulo donde esclarezco algunas de esas dudas… y aún no estoy segura de dar el nombre de la enfermedad pero tal vez lo ponga…. Es cuestión que lean XD
Una sugerencia… o más bien es una advertencia… este capítulo me ha salido algo más grande de lo usual… aconsejo que lo lean con tranquilidad y mucho antes de ir a dormir por que sino les va a dar sueñito y con los ojos medio cerrados no se puede leer esto. Si tienen a facilidad de tener una laptop la comodidad de una cama sería precisa sino cojan una almohadón bien grande y confortable, una mantita por si les da frío, un ventilador por si se mueren de calor como yo, alguna golosina por si les da hambre, algún pañuelo por si están sensibles… y vayan al baño antes… solo por si las dudas XD
Bueno ahora si a la historia!
… y no se olviden de dejarme muchos reviews! Pieces
Capítulo 2: What I used to call live… (Parte 1)
Me dolía un poco la cabeza de solo pensar que él se podría llegar a enterar. ¿Pero que podía hacer? Por ahora solo quería dormir para recuperar fuerzas ya que la caminata me había agotado lo suficiente como para no querer mover ni un dedo. Con los ojos cerrados y escuchando su voz desaparecer poco a poco detrás de las puertas era más fácil recordar. ¿Por que las cosas no podían ser como eran antes?
Cuando abandoné este país hace tres años creía que las cosas podían mejorar para mí. Ya no me era tan difícil hacerle el habla a alguien ya que había aprendido a sociabilizarme más y a no ignorar a la gente como si fuesen simples objetos móviles sin ningún valor. Todo fue sencillo al principio.
Me alegraba el día escribirle para contarle todas las cosas que había hecho, sentía como si lo tuviera al frente mío y estuviéramos en su bicicleta paseando por las calles. Le hablaba de la gente nueva que había conocido y que todos me trataban bien y que no tenía ningún problema pero si había algo en lo que pensaba cada vez que empezaba alguno de esos relatos era que jamás encontraría gente como ellos.
La rutina en mi casa tampoco había variado mucho. Mi mamá salía a trabajar temprano y regresaba por las tardes casi de noche. Mi papá como siempre se quedaba en casa y de cuando en cuando se le ocurría asistir a algún club para hacer lujo de sus habilidades con la raqueta y de paso ver a las chicas que también iban a jugar. Era un tonto.
Mi hermano casi nunca estaba en casa. Como había ingresado a la universidad se había mudado con un grupo de chicos a unos departamentos cerca de su facultad. Según yo su vida era muy relajada por que solo tenía clases por las tardes y las noches; cada vez que mamá lo llamaba él estaba durmiendo. En ocasiones también lo invitaban a jugar en otras ciudades y estados. En otras palabras era feliz por que eso le permitía conocer chicas. Si, había heredado el lado lujurioso de oyaji.
Yo por otra parte seguía envuelto en mi rutina. Me levantaba, iba al colegio, salía y me iba al club a jugar y de vez en cuando buscaba alguna cancha o regresaba a la casa para jugar contra la pared o con oyaji si es que lo encontraba despierto.
Ya por la noche nosotros tres nos juntábamos para comer algo ligero e ir a dormir. Yo no podía dormir sin antes haber acabado mis tareas por que si bajaba el promedio mis privilegios, aunque pocos, se verían cortados.
Mientras intentaba concentrarme para hacer la tarea era el mejor momento para escribirle a Momo y contarle todo. Siempre le escribía, nunca deje de hacerlo. Hasta que llego cierto día.
Cierto día regresé del colegio hacia mi casa. La verdad es que me iba a ir al club a jugar pero me había quedado algo corto de efectivo y necesitaba monedas para comprarme mi Ponta y no morir de sed después del entrenamiento. Entré a la casa corriendo y subí a mi cuarto a buscar algo de plata. Por lo general escondía mis monedas debajo de mis libros para evitar que mi papá hiciera uso de ellas. Le encantaba desestabilizar mi economía, pero para mi mala suerte parecía que él ya había encontrado mis monedas. Me las iba a pagar.
Baje corriendo a buscarlo a la sala pero no estaba, intenté en la cocina pero tampoco estaba ahí. Si no estaba durmiendo o comiendo entonces debía estar en el jardín tomándose una siesta o jugando un poco, las dos cosas eran parte de sus grandes pasatiempos.
Salí al jardín y lo encontré apoyado en una de las mesas veraniegas. Por alguna extraña razón se estaba cogiendo el estómago. Seguro se había comprado algo con mi plata y le había caído mal. Se la tenía merecida por coger plata ajena y en especial si era de su hijo.
-"¿Que te pasa? ¿Te cayo mal la comida?" – le pregunte con afán de fastidiarlo antes que el comenzara a hacerlo conmigo.
-"!Ayyy! !Hijo malagradecido! !Me duele muchoooo!" – su actuación estaba mejorando pero aún así le faltaba mucho para convencerme y con aquello no lo iba a hacer.
-"¿Que comiste? ¿O mejor dicho que te compraste con el dinero que tena en mi cuarto?"
-"!Pedazo de mocoso! !Me muero de dolor! ¿Puedes llamar a una ambulancia por favor?" – su dolor parecía real. Al principio no era para creerle pero cuando lo vi tirarse al piso y revolcarse un poco comprendí que esto no era una broma cualquiera. Era real. Pero si hubiese sido una broma de parte suya sería una de muy mal gusto. – "¿Que esperas? !Llama a la ambulancia!" – me quede tieso. Nunca había estado cerca de una situación parecida a esta. ¿Cual era el número de la ambulancia? ¿A donde podía llamar?
Mi papá seguía revolcándose en el piso y yo no podía moverme ni un centímetro hasta que por fin llego a mi mente un número pequeño pero sumamente útil en casos de emergencia. Esto era una emergencia muy grande. El problema ahora era que estaba lejos del teléfono pero si corría y hacía la llamada rápido podía regresar con él y vigilarlo hasta que viniera la ambulancia. Corrí hacia la casa y a medio camino recordé algo muy importante. !Yo tenía el celular en mi bolsillo!
-"¿Alo… 911 cual es su emergencia?"
-"Mi papá esta mal. Parece que comió algo que le cayó mal y ahora se retuerce en el piso como una lombriz. !Necesito una ambulancia por favor!" – al otro lado del auricular podía escuchar que la chica que me estaba atendiendo tecleaba de manera sumamente rápida y analizando mi situación.
-"¿Hay alguien más contigo?"
-"Solo yo y mi papá"
-"Pregúntale a tu papá que le duele."
-"¿Que te duele? !Oyaji!" – Papá no paraba de moverse y eso me preocupaba bastante. Después de un rato me señalo de nuevo su estómago. – "Parece que le duele su estómago. No me dice nada"
-"¿Que parte esta señalándote?" – eso era una buena pregunta. ¿Que parte sería esa? Yo nunca había prestado mucha atención a las clases de Biología o anatomía. ¿Que demonios tenía uno en ese parte del cuerpo? – "Sigues ahí?"
-"Ehhh… no se que parte exactamente me esta señalando pero es cerca al estómago. ¿Quizás sea su hígado? La verdad no lo sé" – el no saber me ponía nervioso y cuando estaba nervioso no atinaba a ser muy coherente o a dar las respuestas deseadas. ¿Donde estaba mamá en estos momentos?
-"Esta bien. Dame la dirección de tu casa para mandarte una ambulancia." – mi dirección. ¿Cual era mi dirección? Se me paso por la mente la puerta de mi casa, la casa de California, en templo en el que vivíamos en Japón pero en ningún momento se me venía la dirección de esta casa.
-"Mi dirección es… es… no recuerdo mi dirección"
-"Tranquilízate chico y piensa rápido. ¿Cual es la dirección de tu casa? ¿Donde estas en estos momentos con tu papá?" – la pregunta la había entendido perfectamente lo que no podía era recordar la dirección de mi casa… !que frustrante!
-"!Dale la dirección que me muero!" – pero no podía hacerlo y más ahora que me decía que se moría. Tenía una mujer medio histérica esperando a que le diera la dirección de mi casa al otro lado del teléfono, tenía a mi papá que no hacía nada más que quejarse de dolor y repetir constantemente que se moría. Y si mamá se enteraba de esto y papá se moría me iba a matar. Y si Ryoga se enteraba de esto se burlaría de mí por el resto de mis días. - "Avenida… Hillside… cerca al Silver Lake Park… número 123… Staten Island." – al escuchar la dirección pude recordarla pero me costó un poco reproducirle toda esa dirección a la operadora.
-"La ambulancia ya esta en camino. Trata de tranquilizarte y si sucede algo dímelo ¿Esta bien? Yo te puedo asistir en algunas cosas hasta que venga la ambulancia." – pero esperar con ella la llegada del vehículo no fue necesario por que a lo lejos ya las podía oír llegar…
Cuando llegaron la operadora colgó la llamada y los paramédicos entraron a mi casa hasta el jardín donde asistieron a mí papá. Al parecer el dolor venía del hígado y según la cara de los enfermeros su condición no se veía del todo buena. Al final lo cargaron y lo subieron a la ambulancia para ir a hacerle una serie de chequeos. Con todo ese problema yo también fui arrastrado hacia el móvil del hospital.
En el camino pude ver como le preguntaban cosas acerca de cómo se sentía y trataban de averiguar por síntomas que cosa podría ser. Yo por mi parte no podía hablar. Estaba sentado en la esquina del carro tan silencioso como un gato asustado pero pendiente de todo lo que pudiera entender. A veces los términos médicos eran demasiado complicados.
Ya cuando llegamos al lugar me di cuenta de algo importante que fue una de las cosas que debí haber hecho en primera instancia. Llamar a mamá. Ella se preocuparía mucho si llegara a la casa y encontrara el desorden y sobre todo no vernos ahí para explicárselo.
-"Mamá. Tengo algo que decirte pero no te pongas nerviosa ¿si?"
-"¿Dime que paso?" – su voz de un tono amable y normal había pasado a uno completamente alterado e imperativo. – "¿Ha pasado algo malo? ¿Te accidentaste? ¿Donde estas?"
-"!Tranquilízate mamá! Yo estoy bien…"
-"¿Que hizo tu papa? ¿Esta bien? !Habla rápido!" – ella me corto la parte de la que le interesaba saber más.Creo que en vez de calmarla la había alterado más de la cuenta. Yo no era bueno para transmitir este tipo de noticias.
-"Estoy en el hospital pero no sé exactamente que tiene él. Parece que tiene algo que ver con el hígado pero a mi no me quieren decir nada. Mejor ven rápido. !No sé que pasa!" – por primera vez era conciente que había tenido que afrontar algo duro y solo por primera vez en mi engreída existencia.
-"Ya. Tranquilo. ¿Dime de una vez donde estas?" – mamá pareció notar mi estado y trato de llamar a mi calma. Otra vez me di cuenta que no sabía donde estaba, es decir no sabía a donde me había llevado. Tuve que salir con mi celular hasta la puerta para ver el nombre por que en el momento tampoco se me ocurrió preguntarle a alguna de las enfermeras que cuchicheaban al lado de la mesa de recepción.
Mamá tomo nota de la dirección y me prometió que no tardaría mucho. Me encargo que buscara a papá por que cuando lo bajaron de la ambulancia se lo llevaron tan rápido que lo perdí de vista. Una vez que se termino la llamada me puse en acción.
Las enfermeras encontraron muy cómico el hecho que hubiera perdido a papá de esa manera y luego me dijeron donde podía ubicarlo pero tendría que llenar unas hojas ya que yo era el único familiar en ese momento.
Me pareció muy tonto que me obligaran a llenar la ficha médica cuando yo era menor de edad y alguien como yo que con las justas sabía el nombre de mis padres. ¿Como iba a saber yo la edad de oyaji? Se veía viejo pero no parecía tanto. Si no sabía su edad mucho menos sabía su año de nacimiento y si la casa era propia o alquilada. ¿Profesión? Hacer deporte toda la vida era profesión?
Dios todo ese papel era tan complicado. Se me ocurrió llamar a mamá para que me pasara las respuestas como si fuera un examen del colegio pero quizá ella también estaría tan nerviosa y desconcentrada como yo, lo mejor era llenar los espacios conocidos así no tenía pierde.
Poco después que empecé por suerte llego ella para ayudarme a acabar con los procedimientos y luego juntos nos fuimos a ver a oyaji que estaba en un cuarto bastante mejor que como lo había visto hacía solo un par de horas. Mamá dejo su cartera en una silleta solitaria en la esquina del cuarto y se acerco a su cama para verlo mejor. Yo por otra parte preferí quedarme en la esquina solitaria esperando a verle alguna reacción. No sabía por que pero de pronto no los quería incomodar.
-"¿Ya te sientes mejor?" – mamá le pregunto con tono de preocupación, yo la entendía muy bien. Papá jamás se había enfermado antes y menos de esa manera tan escandalosa. Bueno, de por sí él era escandaloso pero esto fue de verdad y no como la mayoría de las bromas que él sería capaz de hacer.
-"No fue nada. Algo me cayó mal eso es todo"
-"No mientas oyaji. Si te hubiera caído mal la comida te dolería el estómago y no el hígado como dijeron los enfermeros"
-"!Quieres callarte que vas a preocupar a tu madre! No le hagas caso Rinko, ese chiquillo esta otra vez hablando estupideces."
-"No creo que Ryoma este mintiendo. De todas maneras ahora me voy a enterar cuando vea al doctor y me diga que rayos te pasó. ¿Ahora se pueden quedar aquí los dos solos sin pelear por un instante mientras voy a ver al doctor?" – mamá decía eso en voz de juego pero en medio de todo sus advertencias tenían algo de razón, la cara de oyaji parecía querer fastidiarme. Mamá salió del cuarto y yo me quedé solo con él. Al principio estuvimos en silencio. Todo estaba bien pero yo no me sentía cómodo en ese lugar. No me gustaba ir a visitar a alguien al hospital y mucho menos estar ahí por que alguien cercano como oyaji estaba enfermo. Todo ese ambiente me fastidiaba demasiado.
-"Para la próxima es mejor que te quedes callado por que después la vas a preocupar más. Es lo que aprendí al vivir con ella. Espero que te sirva como lección de vida."
-"No veo para que. Yo no soy de ocasionarle problemas a menudo. Y tu siendo el adulto responsable que se supone eres tampoco deberías hacerlo. La próxima vez aguántate para no asustarla." – era muy fresco de su parte pedirme que no la preocupara más aunque en medio de todo mis palabras si la habían puesto más preocupada de lo que estaba cuando llego.
Una vez afuera del cuarto caminé hacia el pasillo principal para mirar por la ventana. Adentro del hospital todo era horrible, en especial era un ambiente demasiado pesado pero viendo la calle la situación cambiaba un poco.
Afuera era un mundo completamente diferente. Los árboles estaba verdes y el viento pasaba entre las ramas haciendo que el perfume de algunas flores se colara por la ventana, pero ese perfume no podía remediar la situación de adentro.
Sentí un ruido rápido que se acercaba hacia mí. Una camilla con un chico de apariencia normal iba en el, al parecer lo iban a operar por que su mamá lo seguía de cerca tratando de tranquilizarlo pero la preocupación en su cara era igual a la de mi mamá. Había una habitación abierta que mostraba a algunos familiares de quien sabía quien que visitaban a un señor de edad. Mas allá gente que salía de visitar a alguien, unos llorando, otros riendo, flores de recuperación, coronas de defunción. Este lugar esta lleno de cosas pero por sobre todo de muerte.
-"Estabas aquí, te estuve buscando. ¿Que hacías?"
-"¿Papá esta bien? ¿Ya nos podemos ir? Este lugar me enferma"
-"Bueno, aún no nos podemos ir. Lo de tu papá parece ser algo serio pero los doctores no están del todo seguros. Le harán algunos exámenes mañana a primera hora así que tendré que venir con él"
-"¿Y estos resultados cuando estarán?"
-"Depende de cuantas pruebas tengan que hacerle. Pero máximo será una semana. Por mientras tu papá se quedara acá." – que papá se quedara en el hospital por mientras significaba dos cosas.
La primera era que estaría solo en casa sin él fastidiándome a cada rato. Eso era bueno. Lo segundo era que yo me tendría que hacer responsable ahora de las cosas que hacía papá. Felizmente él no hacía mucho. Pero sin ser malo y todo había algo que no me gustaba para nada y eso era tener que venir a visitarlo hasta que le dieran de alta. Yo quería salir de ese hospital para siempre y no tener que regresar. Suena egoísta pero así me sentía.
Mamá y yo volvimos al cuarto para acompañar a papá hasta que entró el doctor.
-"Bueno señor Echizen por el momento usted tiene algo que califica como hepatitis pero pensamos que podría ser algo más por lo que los exámenes para descartar otras posibles enfermedades los tomaremos a partir de mañana" – papá aceptó de mala gana. Le dieron algunos medicamentos y lo dejamos a pasar la noche solo o al menos eso pensé yo.
Mamá me llevo de regreso a la casa. Yo me fui a mi cuarto para avanzar con las tareas por que no podía bajar las calificaciones. Cuando bajé a servirme un poco de leche me encontré con mi mamá y un gran maletín con ropa.
-"Que bien que bajas. Mira me voy a pasar la noche con tu papá y mañana trataré de regresar antes de que salgas al colegio. Te dejo plata para que mañana almuerces algo por que no voy a tener tiempo de cocinar. Sería bueno que comieras y te vayas a hacer tus tareas al hospital de paso que mantienes acompañado a tu padre. Otra cosa estuve llamando a tu hermano pero no me contesta. ¿Puedes volverlo a llamar en el transcurso de la noche y contarle todo? De repente el puede venir también mañana para acompañarte con tu papá" – mamá había dejado por un segundo de dar las indicaciones respectivas para respirar un poco. – "Cuando estés con tu papá trata de no hacerlo enojar mucho, no se puede enojar con nada, no le des la contra, y no lo hagas rabiar demasiado… ¿si?"
-"Esta bien" – me resigne a volver al hospital. Durante toda la semana fui a verlo y a hacer mis tareas a su lado. Me di cuenta que en ese tiempo yo era su único entretenimiento. Hablarme cuando intentaba estudiar, pedirme que le trajera cosas justo cuando iba a empezar a escribir en mi cuaderno, ayúdame a pararme, pásame el agua, llama a la enfermera, llama a tu mamá, dile a tu hermano que venga a verme, estoy aburrido, entretenme. No culpaba a Ryoga de no venir por que en medio de todo el tenía la excusa que se le venían exámenes muy fuertes e ir desde donde vivía hasta el hospital para que encima papá no le dejara estudiar no era su mejor opción.
Ya para cuando termino esa larga semana de espera tuve que quedarme una vez más con papá mientras era mamá quien iba a hablar con el medico. A mi me hubiera gustado entrar con ella para no quedarme más rato con él y para enterarme de una vez cual era la situación por que papá me fastidiaba para que fuera a espiar y contarle las cosas antes de tiempo.
-"Si voy prometes no fastidiarme más?"
-"Eso es imposible. !Tu eres mi hijo y te fastidiare hasta el día que me muera! Ahora ve y averigua de una vez por todas que le dice el doctor a tu mamá"
-"Creo que muerto no fastidiarías tanto. Esta bien iré. Pero quiero que no me fastidies por lo menos en lo que resta del día. ¿trato?" – un apretón de manos selló el trato y salí a investigar.
Cuando llegué a donde estaba el consultorio empuje despacito la puerta para tratar de oir pero la puerta era una mantequilla y podía oír todo lo que pasaba al otro lado.
-"Señora le hemos hecho muchos exámenes a su marido tratando de revisar si tenía algo más como lo sospechamos un poco al principio. Al principio todo parecía ser una simple hepatitis pero un colega mió me sugirió que le hiciera más exámenes de los que yo mismo tenía planeado para descartar algo más"
-"Me esta poniendo nerviosa… puede darme los resultados de una vez por favor?" – mamá estaba estrujando un papel en sus manos mientras el doctor trataba de buscar alguna palabra para tranquilizarla. A estas alturas mamá y yo sabíamos que no eran noticias nada buenas…
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-"¿Y? ¿Que averiguaste? !Dime, no te quedes callado!" – papá estaba impaciente pero yo no sabía como contarle lo que había podido oír. Ni si quiera yo podía asimilarlo bien.
-"No llegue a tiempo para lo que él doctor le dijo a mamá. Ella ahorita esta en el baño. Ahora yo tengo sueño. Me voy a dormir en la silleta y si mamá viene y me dice para irnos me despiertas ¿si?" – lo ignoré por completo y me senté en una silleta de respaldo duro y de brazos de madera. En ese pequeño espacio traté de hacerme tan pequeño como pude, quería desaparecer en ese sillón.
-"A mi no me engañas. !Tu has oído algo y no me quieres decir!" – papá intentó ponerse solo de pie pero si lo hacía se podría caer. Yo había escuchado algo del peligro de las caídas. No podía dejar que se parara. No perdí mi tiempo y me paré para sostenerlo pero papá era más pesado y se me vino encima. Con mi cuerpo traté de frenarle el golpe así me doliera más a mí. – "!Dime de una vez! ¿Cáncer?" – Negué con mi cabeza mientra esl seguía apretándome con su peso – "¿Hipertensión arterial?" – Seguí moviendo la cabeza como un loco – "¿Cirrosis? ¿Pancreatitis? ¿Apendicitis? ¿Evola? !Dime de una vez que tengo!" – comenzó a agarrarme de los hombros y zarandearme contra el piso.
-"!Deja a tu hijo en paz!" – mamá había aparecido en escena y a mi rescate. Me pare como pude y me fui al carro. No quería volver a entrar a ese hospital nunca más. O al menos hasta que papá mejorara si es que eso era posible.
Esperé fuera del carro por un rato hasta que mamá bajo con los ojos hinchados. Abrió el carro para que pudiera entrar yo y los dos nos quedamos sentados un buen rato sin hacer nada y en silencio. Me gustaba estar en silencio pero en este momento el no escuchar algún otro sonido además de nuestras respiraciones lograba hacerme pensar más de la cuenta.
-"¿Que tanto escuchaste?"
-"Solo lo que me pidió papá, solo sé lo necesario, Nada más…" – mamá parecía preocupada por algo más. Cogió su celular y marco un número antes de volver a hablar. – "Hola Ryoga. ¿Mañana tienes tiempo?" – Mamá sacó una agenda para apuntar lo que le decía Ryoga. – "Muy bien. Los resultados de tu papá salieron ya y no son muy favorables, al menos para él. Por eso necesito que me ayudes mañana y tanto tu como tu hermano vayan a hacerse ese examen. ¿A que hora puedes pasa por tu hermano?" – ¿examen? ¿Yo también?
-"¿Mamá… yo también?" – esa parte no la había escuchado. El labio me comenzó a temblar.
-"Bien. Pasa a recogerlo mañana y yo te explico cuando regreses. Nos vemos mañana hijo" – Mamá tomo una respiración profunda y guardo su teléfono en la cartera. Luego se volteó como para hablar conmigo. Se notaba que hacía un gran esfuerzo para no llorar. – "La enfermedad que tiene tu papá es genética. Hay posibilidades que se le haya pasado a uno de ustedes o a los dos. Como ustedes al parecer no presentan ningún síntoma aún se pueden tratar para que puedan resistir más. Es mejor ahora que después." – mamá encendió el carro y comenzó manejar hacia la casa.
Cuando llegamos ella una vez más me dejo en casa y alisto sus cosas para pasar la noche en vela al lado de papá. Me imaginaba que a estas alturas el ya sabía lo que tenía. Yo en su lugar no vería a nadie, ni siquiera a mi hijo. Pasé la noche solo pensando y buscando en Internet un poco más de esa enfermedad. No se veía tan trágica al principio pero conforme más información llegaba a mí me dí cuenta que era algo que no me gustaría tener. Si tenía eso mi vida se iba a acabar. Al menos mi vida como la solía vivir…
Para hacer un resumen de ese día Ryoga me recogió tal y como había quedado con mamá. Yo no quería hacerme las pruebas por miedo a que me dijesen los mismo que papá. Por eso en todas las pruebas me pase tenso cuando había la necesidad de pincharme para sacarme sangre mis venas trataban de desaparecer por lo que la experiencia se volvía un poco más dolorosa por que tenían que pincharme varias veces y las enfermeras no eran tan delicadas después de todo.
Después de eso pasé una semana bastante intranquila y más cuando supe que Ryoga no podría venir el día en el que habíamos quedado para ver los resultados por lo que retrasamos nuestra cita un par de días. Ese par de días extra me hizo estar más intranquilo que nunca tanto así que no me pude concentrar en nada y eso incluía el colegio y estar con papá en casa ya que recientemente lo habían dado de alta.
Me di cuenta que era incapaz de esperar un día más a Ryoga y decidí ir yo solo por mis resultados al día siguiente después del colegio. Después de clases tome un bus hasta el hospital y me senté en una de las silletas fuera del consultorio. El doctor demoró un rato en salir de ahí despidiendo a una señora que salió algo apresurada del lugar pero con paso firme y la cabeza bien erguida.
-"Hola. ¿Tu debes ser Echizen verdad?" – el doctor se dirigió a mí pero con su mirada parecía buscar a alguien más – "Entremos al consultorio" – se hizo a un lado para dejarme espacio por la puerta y luego que entramos cerró la puerta – "¿Tu debes estar aquí para recoger los resultados verdad? Pero déjame decirte que no te los puedo dar. Tu no pareces ser mayor de edad."
-"Bueno, mi hermano no va a poder venir hasta dentro de un bueno tiempo así que me pidió que viniera a recogerlos. ¿Puede ser?"
-"¿Y tu mamá? ¿Ella no puede venir por los resultados?" – el doctor parecía no querer entablar una conversación conmigo
-"Ella también se encuentra demasiado ocupada para venir a recoger los resultados por eso todos me mandaron a mí. Si piensa que me desmayaré si tengo noticias desfavorables esta pensando mal. No soy de los que se ponen a llorar ni intenta morirse. Por mi no se preocupe" – traté de infundirle confianza para que me los dijera de una vez y al parecer lo convencí aunque a duras penas.
-"Esta bien. La verdad los resultados no los he visto por que estoy acostumbrado a verlos con el paciente a mi costado pero no hay problema. Trataré de explicarte lo mejor posible para que le puedes contar a tu hermano sus resultados aunque de todas manera preferiría que se diera un tiempo para venir a verme. Bueno, tu sabes" – con el tu sabes se estaba refiriendo a si es que el tuviera la enfermedad o como había escuchado decir a mi papá "el ticket premiado".
Yo miraba impaciente como él doctor me daba la espalda para buscar en su gaveta los informes que le habían enviado. De pronto estaba sentado frente a mí con dos sobres Manila perfectamente sellados intentando abrirlos. Para abrir los sobres el doctor requirió abrir el cajón de su escritorio y saco algo parecido a una daga pero era especial para abrir correspondencia sin malograr el contenido del empaque. Miró los primeros paquetes y luego me mostró su cara por encima de ellos
-"Bien. Ryoga al parecer tú eres perfectamente sano y no has heredado la enfermedad. !Eso es bueno!"
-"Mi hermano mayor se llama Ryoga. Mi nombre es Ryoma" – por lo menos mi hermano había salido bien librado de este asunto. El doctor pidió disculpas por no revisar el mió primero así que para la segunda vez que uso la daga lo hizo con mayor habilidad pero sobretodo con rapidez. Una vez más escondió su cabeza detrás de los papeles pero a diferencia de la primera vez ahora reviso papel por papel. Mis dedos no se podían cruzar más esperando a que mi buena suerte llegara para acompañarme y hacer que todo este bien conmigo. ¿Por que no?
-"Me gustaría hablar mejor con tus padres o con alguien mayor de edad. ¿No puedes llamar a alguien?" – si el doctor había accedido a darme mi informe médico y ahora no quería decirme nada solo significaba una cosa.
-"Nada le cuesta decírmelo a mí. Si estoy enfermo mejor dígamelo de una vez, no necesito la compasión de nadie. Además aunque no lo crea puedo tomar esto con madurez. Total no es para morirme ¿verdad?" – sabía que esa enfermedad era cosa sería pero si me lo acababan de detectar significaba que no era mortal, se podía tratar.
-"No es que no lo tomes con madurez es que estas cosas se conversan mejor entre gente adulta, eso es lo acostumbrado…" – me lo quede mirando esperando a que cambiara de opinión - "Esta bien. Te lo diré pero por favor que conste que quise hablar de esto con tus padres, tu te encargaras de informarles."
Trate de permanecer impávido esperando a que terminara de decirme todo lo que me tenía que decir. Mamá me había pintado la enfermedad de manera bastante más bonita de lo que por si era. La vida después de ese día nunca sería igual al menos para mí.
Salí de su consultorio bastante serio aunque por dentro me sentía mal. Caminé un rato por las calles antes de ir a mi casa. No quería darle explicaciones a nadie. Subí a mi cuarto y esa noche me acosté sin comer nada. Después de todo las cosas que me gustaban era preferible dejar de comerlas. Mamá estaba preocupada por mí pero no podía decirle nada aún por que si se lo decía se pondría más triste de lo que ya estaba además de enojarse conmigo.
Permanecí en el más absoluto silencio por más de una semana. Fue una semana en la que con las justas tenía ganas de comer, de todas maneras iba a clases en el colegio y no bajaba mi nivel de entrenamiento aunque mi falta de concentración no me dejaba ser tan bueno como de costumbre. Un día llegué a mi cuarto con la firme intención de decirle a mi mamá lo que me carcomía el cerebro pero me quede dormido en mi cama y solo me desperté cuando ella abrió la puerta de golpe y se sentó a mi lado con sus manos en mis hombros tanto de despertarme. Estaba llorando.
-"!Dime que no es verdad! !Dime que no lo sabías! !Dime que no es verdad!" – traté de pensar rápido para adivinar de que se trataba todo esto. Pero después adiviné. Ryoga estaba algo agitado parado en el marco de mi puerta ahora abierta de par en par esperando quizá oír lo mismo que quería oír mamá.
-"Creo que no tuve tanta suerte. Quise decírtelo antes pero no te ví de humor para otro problema más. No te preocupes mamá, todo va a estar bien. No es del todo malo,no me siento mal, estoy bien." – pero a quien quería engañar, no estaba bien… por dentro quería quedarme dormido eternamente o despertar de este mal sueño. Yo no quería vivir así.
-"¿Que te dijo el doctor chibisuke?" – pregunto Ryoga que no parecía terminar de creer toda esa racha de mala suerte que de pronto había cubierto nuestra casa.
-"Lo mismo que a papá. Aunque lo mio es algo más favorable por que en medio de todo soy más joven" – no sabía como lograba hablar normalmente pero tenía que hacerlo por que con eso estaba logrando calmar a mamá de a pocos. – "Me dijo que me harán unas pruebas más para ver en que nivel voy pero que no sería nada serio"
-"No me engañes Ryoma. Tu no estas bien, por eso casi no has estado comiendo durante toda la semana aquí encerrado en tu cuarto, con las justas te veía" – mamá si se había dado cuenta después de todo.
-"Bueno. ¿Es natural no? Si estoy enfermo no voy a hacer una fiesta." – no se dijo más en mi cuarto. Mamá salió y me quedé con mi hermano ahí dentro.
-"No deberías cerrarte tanto chibisuke. La gente solo te quiere ayudar. Tus amigos de allá harían lo mismo" – Ryoga también me dejo solo en mi cuarto. Tenía razón. Ellos estaban preocupados por mí y yo a veces era algo duro. Por otra parte había recordado en ese momento algo importante. Con todas estas cosas que habían pasado me había olvidado por completo de escribirle a Momo para contarle como estaba pero no podía hacerlo.
Primero que nada todos se preocuparían por mí. No pararían de escribirme y de compadecerme. Además no tenía ganas de escribir. ¿Que le podría escribir? "!Hola Momo! !Sabes estoy enfermo y si no me cuido me puedo morir!" No eso sonaba demasiado dramático y no parecía venir de mí… lo mejor era esperar a que se me fuera este mal humor para escribirle de otras cosas y para evitarles preocupaciones… a estas alturas del año Momo debería estar preocupado por sus exámenes finales en vez de por un amigo ingrato que se encontraba muy lejos de él ahora.
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OK… el tiempo pasó un poco más y mi ánimo hacía lo posible para cambiar e intentar escribirle algo simpático a Momo pero no pasaba nada. Mi vida desde que recibí la noticia había comenzado a cambiar. Ya no me dejaban hacer todo lo que hacía antes y los hábitos alimenticios en mi casa tuvieron que cambiar a la fuerza.
Mi mamá se vio obligada a botar y alejar de nosotros implementos cobrizos. Mis primeras medallas fueron a parar a una caja grande encima de un estante enorme muy lejos de mi alcance en la cochera. Mamá tenía antigüedades con cobre en toda la casa y como yo era quien la ayudaba a limpiar tenía que hacer uso de unos guantes gruesos y un pañuelo en la cara para evitar el contacto.
Pero no era lo único a lo que estaba privado. Me llego la noticia que cada vez que tuviera sed no era recomendable que tomara agua del caño. A cambio de eso solo podía tomar agua destilada que sabía raro y no me parecía tan rica.
Lo horrible de mi vida era que no podía comer la comida japonesa que tanto me gustaba. ¿Por que? Estaba prohibido de comer pescado, mariscos, a salsa de soya, solo podía comer pocos condimentos para no irritar mi hígado. Pero cada vez que una prohibición aparecía yo era quien terminaba irritado.
Nada muy cítrico. Adiós a la mayoría de las gaseosas. Nada con demasiados preservativos. Adiós Ponta. Nada de chocolates. Adiós vida. Nada con mucha grasa. !No puedo comer nada rico! Mi vida era un asco pero por lo menos me quedaba el deporte.
Me habían dicho que podría seguir jugando pero no en exceso. Eso lo podía soportar pero había quien no. Mi papá como estaba con la hepatitis no lo dejaban moverse ni un centímetro. El no podía jugar y muy raras veces lograba escaparse para verme por la ventana. Al principio eran solo eso, miradas que no hacían daño a nadie pero después la situación se agravó un poco más para él.
Yo acostumbraba ir al colegio y regresar a la casa. Hacia las tareas y me ponía a jugar un rato para perder el tiempo en lo que llegaba mi mamá de su trabajo pero un día mamá se iba a demorar en regresar por que todas las vías estaban congestionadas por la lluvia en cierto sector de la ciudad. Yo había regresado del colegio y después de mis tareas como de costumbre quise salir a jugar pero no encontraba mi raqueta.
-"¿Buscas esto?"
-"Si. !Dámelo!" – ¿papá se veía medio raro o era mi impresión?
-"Te lo doy siempre y cuando tu me des la mía. Yo sé que tu sabes donde la esconde tu mamá."
-"¿Estas loco? Tu no puedes salir, mucho menos jugar. !Ahora dame mi raqueta y vete a descansar!" – me puse serio como siempre lo hacía cuando discutía con él, por una fracción de segundo pensé que eso había sido una mala idea y la verdad es que tenía razón. Papá sin más ni más golpeó la raqueta contra una de las mesas de centro de la sala y le pego con toda su fuerza a un florero. Todo se hacía añicos.
-"!Juega conmigo! !Es una orden!" – papá nunca me había gritado de esa manera. Me daba miedo.
-"Acuérdate que el médico te ha prohibido jug…" - intenté decirle pero otro golpe y un cenicero pasaron a mi costado callándome en el acto.
-"!JUEGA!" – donde estaba mamá cuando la necesitaba? Lo mejor en ese momento era huir… mis pies fueron retrocediendo de su presencia poco a poco hasta que se dio cuenta de mi intención pero ya era tarde, yo estaba corriendo a toda velocidad hacia mi cuarto. Felizmente Karupin estaba en mi camino y yo solo lo cogí en mi huida y le puse seguro a mi puerta.
Los sonidos que hacia papá al otro lado de mi puerta eran intolerables. ¿Sería a causa de la enfermedad? ¿La enfermedad traía locura? Yo no quería terminar así por nada del mundo. Estaba tan perdido en mi cabeza que ni siquiera me di cuenta cuando comencé a llorar del miedo. No me ocurría esto desde que era niño.
Toda esta bulla habrá durado por lo menos unos diez minutos. Cuando deje de sentir los ruidos quise salir para investigar las cosas pero tenía miedo de salir. Pero si me quedaba allí y mi mamá llegaba iba a ver todo ese desastre sería preocuparla más y eso no era conveniente. Me arme de valor y salí de mi cuarto. Bajé las escaleras con cuidado y encontré a papá tirado en un sofá durmiendo como si nada hubiese ocurrido. Limpie lo que pude rápidamente y recogí los pedazos de las cosas rotas. Supuse que podría echarme de la culpa esta vez. La sanidad mental de mamá era lo más importante. No podía tener dos papas enfermos.
Para cuando ella llego todo estaba como si nada hubiese pasado. Papá para mi sorpresa no recordaba nada en lo absoluto y mamá se veía más tranquila. Por mi mente cruzó contarle a mamá que a papá se le había zafado un tornillo pero era una noche tranquila. La mejor en mucho tiempo.
Pensé que eso que había pasado podía haber sido una broma muy pesada por parte de papá y ya estaba comenzando a olvidarlo cuando se volvió a repetir solo que esta vez no tuve tanta suerte y me agarró a pelotazos. Me dolió si pero felizmente nada de eso me dejo moretones. Por mi mente volvió a pasar eso de decirle a mamá pero esta vez no pude por que se había ido de la ciudad para cerrar un negocio, hoy yo estaba a cargo y no podía mantener al margen a mi propio padre. El único escondite a salvo que encontré fue un árbol. El no podía trepar para mi suerte.
Pera cada vez que pasaban estas cosas no tenía a quien contarle. Quizá lo mejor era no presenciarlas por lo que opté por ir al colegio y quedarme ahí lo más tarde que pudiera. La biblioteca se convirtió en un santuario. De paso aprovechaba para hacer las tareas. Lo malo era que cuando llegaba papá estaba más que aburrido. Me acusó con mamá que venía tarde por lo que tuve que decir la verdad a medias 'me quede en la biblioteca estudiando'.
Pero no tenía salvación para siempre. Las vacaciones llegaron y yo no tenía a donde huir por que tenía que cuidar de él. Comencé a lamentar la falta de labores extra curriculares de mi vida estudiantil. Durante la semana de mis vacaciones le estuve huyendo entre que tenía que hacer un 'trabajo' en casa de alguien o que tenía que ir a comprar o un profesor que había dejado mucha tarea o alguna cita con el médico.
Papá no era ningún idiota en esta materia y varias veces trato de detenerme pero yo salía corriendo apenas lo veía con intenciones de jugar. Jugar. A mi también me hubiera gustado volver a jugar contra él pero no podía. Mamá me mataría si se enterara que lo hice.
Al final de mis vacaciones recibí una noticia que la podía tomar como buena. Ryoga vendría a casa por una semana ya que su departamento iba a ser fumigado. Si el venía entre los dos podríamos mantenerlo a raya y ya no tendría la necesidad de estar saliendo de mi propia casa para estar más tranquilo.
Ese día desperté temprano y despedía a mamá en la cocina mientras tomaba mi leche, único placer que podía seguir disfrutando después de una dieta sin cobre. Papá aún dormía lo que me daba tiempo a jugar un rato en el patio. Según mamá Ryoga no tardaría en llegar pero conociéndolo yo si decía a las 9 entonces llegaba 9 y media. Hacía tiempo no jugaba así, antes había tenido un cargo de conciencia hacerlo por lo mismo que papá podía verme pero mientras dormía no había problema.
Pero jugué desde las 8 y media hasta las 10 de la mañana y Ryoga no llegaba. ¿Habría tenido algún problema? Tomé un poco de agua y me sequé con la toalla antes de entrar a la casa para bañarme. Si tenía suerte papá estaría dormido. Entré por la puerta de la cocina y deje mi termo en el repostero. Caminé hacia la puerta para subir a tomar un baño pero la puerta que conectaba la cocina con el resto de la casa estaba atracada. No la podía abrir.
Hice presión en ella hasta que escuche que la otra puerta se cerraba también si motivo aparente. La puerta que quería abrir no estaba atracada, había sido cerrada.
-"Vamos a jugar. No me puedes decir que no por que sé que no tienes ningún plan para hoy por que vas a esperar a Ryoga. Ya tengo una de tus raquetas. No es como la mía pero me las puedo ingeniar. ¿Vamos?"
-"Abre las puertas y déjame ir a tomar un baño. Yo ya termine de jugar y ahora estoy cansado. Además tu no puedes jugar" – lo último lo dije en voz muy baja pero aún así pareció como que me pudo escuchar.
-"¿Por que no quieres jugar conmigo? !JUEGA!" – papá volvió a perder los papeles y comenzó a perseguirme por toda la cocina con la raqueta en la mano. Si me llegaba a alcanzar tendría que defenderme. ¿Pero como? No le podía devolver el golpe por que me habían advertido de eso también. Papá aparte tenía que evitar caídas y esfuerzo. ¿Corretearme por la cocina no era un esfuerzo?
Corría y esquivaba golpes además de objetos voladores que rozaban mi cabeza. Lo único malo de esquivarlas era que caían al piso y eso me dificultaba correr. En una de esas terminé cayendo y todas las ollas me cayeron encima. Me asusté cuando abrí mis ojos y el estaba arrodillado a mi costado. Me temblaba el labio.
-"!Si no quieres jugar entonces mejor muérete!" – las últimas palabras de papá se dijeron a medida que sus manos se iban cerrando alrededor de mi cuello con fuerza. Yo trataba de sacarme sus manos de encima y de paso, si tenía suerte respirar un poco por que no podía respirar bien. – "Te veré en el infierno pequeño monstruo! !¿Por que no te mueres de una vez?!" – era una pregunta que me era difícil responder por que ni yo mismo lo sabía.
-"!Papá! !Detente!" – esa voz… !Ryoga ya había llegado! – "!Suelta a chibisuke! !Lo vas a matar! !Suelta a Ryoma!" – pocas veces Ryoga se dignaba a decir mi nombre, por lo general eso era cosas de extrema urgencia como la de ahora. Pero las palabras de mi hermano no provocaban ninguna reacción en mi papá.
-"!No te dejes engañar Ryoga! !Este monstruo se ha disfrazado de tu hermano! !Tu hermano sigue en el colegio estudiando!" – Ryoga no esperaba hacerlo reaccionar a la primera así que se acerco y logró hacer que soltara mi cuello por un momento – "!Se va a escapar! !No dejes que se escape! !Hay que matarlo!"
-"!Ryoma enciérrate en tu cuarto y no salgas hasta que yo te diga!" – a duras penas me paré y corrí lo más rápido que pude a mi habitación. Aún así la prisa logró hacerme chocar con varias cosas y desde el segundo piso podía oír que mi papá decía cosas horribles sobre mí. La más suave de todas era su deseo inmenso por verme muerto.
Hice lo que mi hermano me dijo, me encerré en mi cuarto y no salí de ahí. Me eché en mi cama de tanto esperar a que viniera a buscarme pero ya se estaba demorando. ¿Habría pasado algo malo? ¿Debería bajar a ver si mi hermano tenía problemas igual que yo? ¿Papá le habría pegado? Abrí la puerta despacito y sin hacer bulla salí a mirar como estaba la situación. La casa se oía pacíficamente callada, camine por el pasadizo temiendo hacer mucho ruido y caminé hasta la escalera pasando por el cuarto de mí papá que parecía que había estado durmiendo con los ojos abiertos.
-"!Regreso el monstruo!" – comenzó a gritar y se paro de su cama como buscando algo pero lo primero que encontró a la mano fue la lámpara de su velador. Ya me la iba a lanzar cuando Ryoga le agarró la mano.
-"!Te dije que no salieras de tu cuarto! !Regresa ahí!" – di media vuelta y regresé a mi refugio. Ya había pasado bastante tiempo como para que se le quitara eso de llamarme monstruo de la cabeza. Esa situación comenzaba a preocuparme.
Después de ese incidente preferí no volver a salir de mi habitación y preferiblemente tratar de evitarlo lo más posible. A mamá no le gustaría mucho esa situación pero era lo mejor para la casa. Me saqué mi polo para ponerme mi ropa de dormir, de pronto me habían dado ganas de dormir. Pasé frente a mi espejo y por primera vez me di cuenta que tenía unas enorme marcas de dedos alrededor de mi cuello. De puro instinto me las toque. Me dolía. Me senté en mi cama una vez más pero antes abrí la ventana. Karupin me maullaba desde el árbol continuo a mi ventana.
o-o-o-o-o-o-o
-"¿Ryoma? ¿Te sientes mejor?" – a lo lejos podía oír una voz femenina que me despertaba. Tenía que ser mamá. Abrí mis ojos y me senté. Automáticamente olvide lo que había estado soñando y un dolor de cabeza me vino de pronto. – "Todavía tienes algo de fiebre. Mejor te quedas en cama. Tu amigo te traerá los deberes más tarde seguro"
-"↕Quien?"
-"El chico que vino ayer contigo. El de los pelitos parados. ¿Lo recuerdas?"
-"La verdad que no… ¿como se llama?"
-"No me dijo su nombre. Pero si me acuerdo de él. Te ibas con él al colegio hace tiempo. Su nombre empieza con M creo" – eso no me hacía recordar nada en lo absoluto. – "Si no lo recuerdas por que no revisamos tu álbum de fotos o tu historia!" – mamá tenía la costumbre que cada vez que no recordaba algo me mostraba un libro garabateado varias veces… - "¿Por que no lo vas viendo mientras traigo tu desayuno?"
-"Hai" – abrí el libro pero no encontré nada acerca de algún chico cuyo nombre comenzara con M… Habían páginas cortadas y otras garabateadas pero no encontré nada de mucho valor. Agarre el otro libro. Esta vez era un álbum de fotos, miles de caras bailaron delante de mis ojos y solo algunas me parecían conocidas otras solo las recordaba como si hubieran ocurrido hace miles de años.
Mamá regreso poco después con mi desayuno, siempre comía tostadas y leche.
-"Ryoma, me tengo que ir a trabajar. Tu prima vendrá a recoger tu bandeja en un rato por que ahora se esta terminando de bañar. Nos vemos en la tarde cariño" – se acercó a mi con su boca pintada y me dio un beso en la frente – "Aun estas calenturado pero para la tarde ya deberías estar mejor" – ella salió de mi cuarto dejándome solo y aburrido sin nada que hacer. Necesitaba a alguien con quien jugar.
TBC
Bueno… este capítulo me ha salido demasiado largo la verdad así que he decidido cortarlo. La otra mitad ya la tengo hecha y lista para lanzarla para que ustedes la lean… obviamente la explicación de toda esta enfermedad esta en la segunda parte del capítulo pero aquí hay algunas pistas extras.
La segunda parte lo sacare tan pronto consiga veinte reviews por este último capítulo... XD
Cualquier tipo de comentario ya sea constructivo como destructivo es bien recibido y si ya adivinaron de que enfermedad se trata y tienen algún dato extra que me pueda ayudar a terminar este fic será bien recibido. Raquetas, pelotazos, alcohol, piedras… lanzen todo lo que quieran.
Shady 10: aki esta el siguiente capitulo.. te gusto?
Sayume: Yaoi? Bueno… no se si lo dije antes pero yo voy a poner escenas… si tu quieres ver yaoi en ellas es cosa de tu imaginación aunque no lo dire directamente por que hay gente que no le gusta XD
Nimtri: te gusto? Adivinas que enfermedad puede ser?
neonsan: No te hago esperar mas… has tus capítulos mas largos pes… son muy cortitos!
Tammy H. de Kinomiya: la ganadora del caramelo virtual… lastima k no exista eso XD
Micaela Hime: Me alegra que te haya gustado la idea (incluyo a Shady por eso XD) como has notado aki hay algunos fragmentos de lo que le paso en los tres años… pero para la otra mitad hay mas muahahahahhaa!
Hae Uchiha: aquí tienes muchas mas pistas… si con esto no lo adivinas entonces espera esta la segunda parte donde ya confirmare las sospechas k tengan XD
Viridiana: a ver… sakuno me cae bien… pero es muy tonta. EN cuanto a lo de la relación entre Momo y Ryoma es solo de amigos asi que no te preocupes… no te traumes por favor!
Keru-chan-kitsunne: gracias por los miles de aplauso XD Aki hay pov de ryoma que creo k esta lioso también pero Lara la segunda parte lo entenderás mejor XD
anni-fer: me alegra que te haya gustado
Javiisi: aca hay algunas cuantas cosas aclaradas… espero te haya gustado
Nasaki:no es tuberculosis pero aki tienes mas pistas… espero te haya gustado este capitulo
Kirei Gorak: aki esta la continuación.
See ya! Y no se olviden de dejarme mi review plis!
