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Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, por más que me guste la idea

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2

Hermione revolvió en su mochila hasta encontrar los apuntes de Física, los cuales dejó sobre la mesa del salón. Sacó dos vasos del aparador de la cocina, la bolsa de cubitos y el recipiente de limonada casera que preparaba su madre, lo dejó todo en la encimera y se fue a sentar en las escaleras del hall a esperar a su nuevo alumno.

Allí la cosa no mejoró en absoluto. Sus pies golpeaban inquietos el parqué, sus dedos tamborileaban sobre el peldaño en el que estaba sentada y no hacía más que echar fugaces vistazos al espejo que había en el recibidor.

Cuando hubieron pasado 10 minutos de las cinco, el timbre sonó insistentemente. El ladrido del mastín le produjo un raro presentimiento de inseguridad pero lo ignoró. Hermione se levantó de su improvisado asiento, se intentó alisar la falda como pudo y se acercó hasta la puerta para abrirla.

El chico que aguardaba afuera no esperaba nada de lo que sus ojos iban a admirar. No esperaba que los milagros fueran a realizarse en alguien imposible.

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Esa tarde, Draco había adoptado una suma pereza ante cualquier salida al exterior de su casa. Pero no sin rabia, recordó que tenía que ir a la casa de su vecina para poder aplicarse en Física.

Se puso el primer chándal que vio en el armario y se marchó de casa sin siquiera haberse peinado.

La casa de los Granger era igual de amplia que la suya, no por algo ambas eran contiguas. Tenían un bonito parterre lleno de rosas, y un pequeño porche, donde un viejo columpio se balanceaba a causa del viento.

Se acercó hasta la puerta delantera donde dos figuras de gnomos hacía el amago de un baile. ¿Toda la familia era igual de hortera que la pequeña Hermione?

Sus ojos bajaron automáticamente hasta el felpudo donde un rancio "welcome" lleno de florituras saludaba a los recién llegados. Primera señal de mal gusto.

Cuando dirigió su dedo hasta el timbre, pudo atisbar la segunda señal de mal gusto: el timbre tenía la forma de la cabeza de un enorme mastín, y sin mucho esfuerzo, logró deducir que no era el convencional sonido de siempre, sino un ladrido estridente que ponía los pelos de punta.

La puerta se abrió chirriante y ante él apareció una chica preciosa que le miraba provocadoramente.

-¿Perdón? – dijo asustado. Echó un vistazo al número y comprobó que era el siguiente al suyo.

-Ni siquiera has traído tu cuaderno de Física, por lo que veo – farfulló Hermione – Pasa, no tengo toda la tarde.

Draco vaciló antes de cruzar el umbral.

-¿Qué sucede? – Preguntó Hermione con el ceño fruncido – Ya que te estoy haciendo este grandísimo favor, deja a un lado los prejuicios y entra de una maldita vez.

El chico tragó saliva y siguió los pasos de la morena, aún petrificado.

¿Dónde estaba la verdadera Hermione Granger¿Quién le había enseñado ese carácter atrevido y desafiante? Y lo más importante¿qué era de aquella chica fea y hortera?

Hermione le señaló una de las sillas que había en el salón, y le invitó a sentarse con un gesto de la mano.

-Ahora mismo vuelvo – susurró.

Se dirigió hasta el espejo del recibidor por vigésima vez aquel día. Se sentía extraña. No era la Hermione de siempre la que le devolvía la mirada, era una Hermione totalmente distinta. Su pelo abundante y enmarañado había pasado a la historia. Ahora su pelo era completamente liso y le llegaba a mistad de la espalda, ya no tenía ese característico volumen que hacía parecer que siempre le acompañaba un ventilador a la espalda. Le hicieron una limpieza de cutis, y le depilaron las cejas minuciosamente; incluso le maquillaron para que fuese cogiendo costumbre.

Las uñas de Hermione también sufrieron la transformación, una impecable manicura francesa lucía en sus manos.

El tipejo de Holden tiró todas las camisetas de publicidad (excepto la de Volkswagen que se empeñó recelosamente en conservar) y la mayor parte de las faldas (la otra minoría la entregó a una residencia de ancianos, donde procuró dejar claro que podrían usarlas como limpia cristales). El hombre ni siquiera dudó en tirar todo el zapatero al contenedor.

La llevó de compras y Hermione no se sentía satisfecha con nada, así que Holden optó por decidir él, y llevarse mitad de cada tienda.

Tampoco se olvidó de pasar por la clínica óptica, donde se encargaron de destruir las horrendas gafas que la habían acompañado durante toda su vida, y proveerle con lentes de contacto.

Por eso, cada vez que visitaba el recibidor no podía evitar quedarse embobada ante su reflejo al menos durante cinco minutos. Se fascinaba ella misma.

Lo peor de todo era que Holden asistía todas las mañanas a la hora del desayuno para aprobar el vestuario que Hermione elegía.

Ese día le había encomendado ponerse una minifalda vaquera y unas extrañas mallas llamadas leggins, además de entallarla en una camiseta de tirantes con un escote bastante sugerente.

Hermione apoyó la frente en el espejo y cerró los ojos suspirando. No sabría cuánto tiempo podría resistir jugando el papel de chica dura, algo que nunca había hecho.

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Draco por su parte parecía haber entrado en una especie de enajenación. No era consciente de otra cosa que no fuese que Hermione Granger estaba jodidamente buena.

Repasaba mentalmente una y otra vez el momento en el que ella había abierto la puerta, y él se quedó embelesado con la resurrección de una diosa.

¿Acaso era un espejismo o alguien se había esmerado en cambiar a esa chica?

Mientras cavilaba en las dispares posibilidades, Hermione ya había entrado en el salón con los vasos de limonada y se había sentado a su lado.

-¿En qué necesitas ayuda primordialmente?

-En todo – dijo Draco a duras penas, sin poder evitar que sus ojos bajaran directamente a la unión de los pechos de la chica.

Hermione resopló mientras buscaba el primer tema en el libro.

-Empecemos entonces.

A medida que avanzaba la tarde, Hermione pudo darse cuenta que el gran Draco Malfoy era un completo idiota en lo que se refería a problemas de física.

-A ver, Malfoy, si un coche va a 20 m/s y tiene una aceleración de -3 m/s²¿cuántos metros recorrerá hasta detenerse?

-No tengo ni idea – susurró Draco abatido – Creo que por hoy me ha sido suficiente. No…estoy demasiado concentrado.

-Eso ya lo he podido comprobar – dijo Hermione pasándose una mano por la cabeza.

-¿Te puedo hacer una pregunta?

La chica asintió mientras repasaba el último ejercicio que el rubio había escrito en el folio.

-¿Qué te ha ocurrido? Ayer eras…bueno, como siempre y de repente…

-Decidí sacar provecho – contestó ella mirándole a los ojos – a todo lo que durante años había ocultado.

-¿Qué te llevó a hacerlo?

-Necesito vengarme de alguien…-mintió con descaro.

Draco se aclaró la garganta.

-¿Ah sí¿Quién es?

-Harry Potter – ronroneó Hermione. Es cierto que Potter le gustaba, pero por nada del mundo querría vengarse de él – Estoy completamente enamorada de él y pasa de mí¿puedes creerlo? Por eso en tu fiesta…daré el golpe de gracia…

Draco sonrió con regocijo. Ese tal Potter ni siquiera estaba invitado a la fiesta, y no lo estaría.

-¿Cuál es tu plan?

-Voy a seducirle – dijo de forma resuelta ella – Y después, le plantaré.

-Es bueno pero puede resultarte algo difícil con la reputación que tienes en el instituto – concluyó Draco.

-¿Tú podrías ayudarme?

-Claro que sí. Puedo empezar por darte algunos consejos para que logres atraer la atención del sector masculino.

-¿En serio? – Tal vez esto podría ayudarla a conseguir salir con algún chico.

Draco asintió.

-Pero esto significa que va a haber un trueque de favores. Tú me das clases, yo te doy consejos – Extendió la mano para que ella pudiese estrecharla - ¿Qué me dices?

Hermione sonrió de lado.

-Acepto – sentenció tomando su mano.

-Pasaré a buscarte mañana en el desayuno. Es bueno que nos vean yendo juntos a clase, como buenos vecinos.

-Te esperaré – repuso Hermione levantándose y acompañándole hasta el recibidor– Y estudia algo, por favor. Haz que tus neuronas aprendan cuál es la diferencia entre el espacio recorrido y el desplazamiento.

Draco encogió los hombros indiferente.

-Hasta mañana, Hermione – dijo justo antes de desaparecer por la puerta y que ésta diese un portazo tras él.

¿Hermione¿Hermione¿Hermione?

¿La había llamado por su nombre?

Todo comenzaba a ser tan extraño…que la cabeza le daba vueltas, mientras un sentimiento empezaba a acomodarse en su interior: la felicidad de haber encajado con su entorno por fin.


¡Hola!

Bueno, hasta ahora habéis podido comprobar que los capítulos son más bien cortitos, y es porque la historia no es demasiado compleja, y prefiero ir poco a poco, a hacer unos capítulos espesos que aburran al lector. No sé si la historia está gustando…de momento no es demasiado atractiva a mi parecer. Pero tiempo al tiempo.

Si queréis que sonría apretad a mi amigo Go! Aunque sea para felicitar el año nuevo, cosa que se me olvidó hacer en el primer capítulo (Feliz año 2007 D).

Muchos besos y gracias por leer, en especial a: Sakura Granger, Lizirien, beautifly92, afroditacoral y Lado.Oscuro.

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Anitta Felton