INOCENTE O CULPABLE?

Después de la derrota de Voldemort, durante meses la Orden del Fénix unió fuerzas con el Ministerio para atrapar a los mortífagos que habían logrado huir y a sus aliados, ya que Kingsley Shacklebolt había sido nombrado formalmente Ministro de Magia.

Tanto los aurores como los miembros adultos de la Orden trataron de disuadir al joven Griffindor de persistir en la lucha, pero fue inútil. Aunque no le informaran, el joven aparecía cuando estaban en plena batalla, o a veces en zonas que tenían bajo vigilancia, y para ser francos, era su presencia la que intimidaba a los mortífagos y muchas veces decidía el curso de la batalla.

Su poder llegó a ser tal, que su simple escudo podía derribar por tierra a los mortífagos que le atacaban, y al parecer, la Maldición Asesina ya no le afectaba como a todos, le causaba dolor si, pero rebotaba contra su ejecutor, matándolo en la mayoría de los casos, por lo que los Mortífagos, pronto dejaron de usarla contra él.

Pero aunque la gente no era consciente de ello, el Griffindor simplemente no podía dejar de luchar. No conocía otra cosa. Lo intentó, ciertamente, anhelaba secretamente la paz, pero había demasiados fantasmas en su pasado, y estos, clamaban una venganza que el joven solo podía darles uniéndose a ellos.

Se lanzó a la lucha, sin miedo, sin ataduras, fuera del alcance del mundo, su magia cada vez más salvaje. De hecho, en esos momentos la muerte la hubiera supuesto una liberación placentera, que le fue denegada una y otra vez, como si una mano invisible le protegiera. Se estaba volviendo loco de remordimiento, lentamente, y la única manera que su mente encontró para liberarse fue volver a lanzarse al peligro. Esa ausencia de cuidado, su despego de todo y de todos, le hizo muy peligroso, y hasta sus amigos fueron dejados a un lado, cuando intentaron detenerle, en una peligrosa espiral hacia la autodestrucción, mientras se llevaba por delante a cuantos mortífagos podía.

Las cosas llegaron a tal extremo, que finalmente, al cabo de más de un año, toda la agresividad y beligerancia del Griffindor se volvieron en su contra. Fuera de todo control, inasequible y oculto en las sombras, seguía luchando a su propia y desesperada manera, con brutales ataques frontales que a veces desmontaban vigilancias cuidadosamente establecidas para obtener más información. Él, mantenía su propia guerra, no luchaba con los aurores, ni con la Orden, y ellos no compartían sus planes con él tampoco, y por último, una noche, su intervención, provocó daños y pérdidas humanas entre los aurores, al echar por tierra un plan cuidadosamente trazado durante meses e instigar una cruenta batalla no prevista.

Le acusaron de sabotear una operación del Ministerio y todos y cada uno de los errores de las operaciones anteriores le fueron achacados, justa o injustamente, olvidando que había a capturado o derrotado más mortífagos el solo que cualquier auror o miembro de la Orden del Fénix. Fue detenido allí mismo, herido como estaba y en estado de shock, y contenido con un poderoso hechizo entre todos los aurores y sometido al veritaserum, en cuanto le llevaron al Ministerio, para averiguar como había podido obtener la información, y la poca estabilidad mental que mantenía se rompió. Riendo como un perturbado, se limitó a contestar todas y cada una de las preguntas que le hacían, pero en parsel, dándoles aun más motivos para desconfiar de él.

El Griffindor había estado usando a las serpientes para obtener la información. Serpientes pintadas en los cuadros del ministerio, ocultas entre flores o arbustos, o en su propia casa de Grimauld Place, para obtener la información que le negaban. Serpientes reales que espiaban para él en parques y jardines. Serpientes que se introducían en los refugios de los mortífagos...

Un pequeño comité formado por la Élite de la Orden y Ministro de Magia Kingsley Shacklebolt, y el jefe de Aurores, Gawain Robards, fueron sus jueces y su jurado. Finalmente, decidieron que era demasiado poderoso, incontrolable e inestable para todos, que era un peligro para la sociedad y que evidentemente se estaba alejando del lado correcto, que estaba volviéndose peligrosamente loco. Cambiaron la memoria del incidente de todos los implicados y ellos hicieron una promesa inquebrantable de nunca revelar lo realmente sucedido con Potter ni su paradero. Le encarcelaron en Azkaban, sin juicio, sin condena, simplemente, le encerraron y tiraron la llave. Y en ese momento fue cuando la vida de Harry Potter definitivamente se fue a pique.