Azul marino y Celeste.

Capítulo 1: Castillo Arco iris

El cielo seguía azul, las nubes esponjadas…y el sol se ocultaba en el horizonte como una despedida a la mañana y saludaba a la pronta noche…a la luna que se demostraba en el oeste, el filo anaranjado del sol iluminaba el increíble grupo de altas montañas. En el centro de las montañas, pájaros, abejas y mariposas bailaban alrededor de las hermosas flores que rodeaban la magnífica mansión, como si dándole la bienvenida a su amo se tratara.

Un joven alto, de ojos dorados con un puntiagudo cabello azul marino salió del auto azul oscuro que se estacionó en frente de la gran mansión. Sonriendo ampliamente, ofreció su mano a la puerta aún abierta para asistir a la joven señorita de largo cabello celeste y ojos azules oscuros. La joven sonrió agradecida tomando la mano que se le ofreció y también salió del auto.

-Arigatou, Ren-kun- Murmuró ella, sorprendiéndose al mirar toda la gloria que la rodeaba -…Que hermoso es.- Declaró.

Ren se encogió de hombros, siguiendo a los ojos de Pilika que admiraba el paraíso en el cual nació y creció. -No es gran cosa.- Dijo silencioso. -Solo es…mi hogar.- Dijo cruzándose de brazos y alzando su mirada al puesto sol.

-Aún así…- Comenzó Pilika dando algunos pasos, parándose a su lado, -Debió ser una experiencia haber crecido en un lugar así.-

Una risa seca. -No tienes idea.- Más que nada, recordar su infancia le traía más dolor que alegría, considerando que en realidad nunca había experimentado la niñez con la cual debió ser criado. A temprana edad, fue obligado a entrenar, estudiar, aprender…forzado a responsabilidades, negándole la infancia que es un privilegio para los niños.

Suspirando, alejó esos pensamientos de su cabeza, recordándose que tenía una visita y tenía que evitar ponerse triste y amargado en frente de ella. Especialmente si su invitado era una mujer…y no solo cualquier mujer, la única que amaba desde que tenía 17 años. Una mujer que había amado durante 6 años.

-Ren-kun?- La voz femenina irrumpió en sus pensamientos. Volteando su cabeza hacia ella--a Pilika, dueña de sus actuales pensamientos. -Estas bien?-.

-Estoy bien.- Dijo Ren rápidamente manejando una sonrisa pequeña.

La preocupación se fue de su rostro. -Que bueno.- Dijo asintiendo con su cabeza. Luego le miró curiosa. –Parecías estar pensado en algo muy intenso.- Sonrió. -Te importa contarme?-

-…Oh. Eso- Agitó su mano sin darle importancia. -No es nada, solo recordaba un poco, eso es todo…- dándole una ligera sonrisa.

-Estas seguro?-. Lo miró dudosa.

-Si-. Asintió. -Como sea… entremos, ne?- Ofreciendo su brazo a ella

Pilika sonrió ampliamente, tomando el brazo que le ofrecieron. -Hai!- Se dirigieron hacia la puerta de entrada.

Después de avanzar unos pasos, Ren se detuvo abruptamente por unos 30 segundos, dirigiéndose al chofer y el maletero del auto. -Están encargados de llevar nuestras pertenencias a la mansión.- Les ordenó. -Está claro?-.

-…Hai, Ren-sama-. Ambos hombres uniformados hicieron una reverencia y asintieron.

Sonriendo con satisfacción, llevó a Pilika hacia las enormes puertas del frente de la mansión, todos esos amargos pensamientos acerca de su niñez se olvidaron temporalmente.

-Ren-sama!-. Un hombre apurado en sus 30, con un cabello castaño oscuro, y llevando ropas formales se acercó a ellos por las puertas haciendo una reverencia cortés a Ren.-Bienvenido otra vez.-

-Kang,-. Saludó Ren a su secretario viendo la forma que vestía curiosamente -…No hay necesidad de que te vistas así cuando estas en la mansión, sabes.-

El hombre asintió con la cabeza en señal de entendimiento. -Ren-sama, ya lo se, pero…- Observando cuidadosamente a su alrededor, y bajó el tono de su voz. -Su Padre, En-sama, le pidió a todos que usaran sus uniformes, al menos, solo por hoy. Debe ser a causa de su llegada…-. Miró a Pilika interesado. –Konnichiwa,- El hombre hizo una reverencia ligera, luego miró a su jefe preguntándose. -Ren-sama, ella es acaso…?-.

-Ella es Pilika.- Confirmó sonriendo afectuosamente mientras Pilika le regresaba la reverencia, y apretando su mano, guiándola hacia adentro. -Ya la habías visto antes, Kang- Le recordó al otro hombre.

Kang le sonrió, antes de regresar a su jefe con una mirada confundida en su rostro. -De verdad? Donde?-. Se rascó su cabeza. -Extraño…No lo recuerdo…- Les dijo mirándoles avergonzado.

Ren volteó sus ojos exasperado a su secretario por ser tan olvidadizo. -Olvídalo. Solo dime, que ha pasado desde que me fui de aquí? Qué han hecho?-. Miró alrededor. -Donde está el viejo?-.

El secretario miró curioso a Pilika otra vez, antes de sacudir su cabeza derrotado, dejando de adivinar quien y donde había visto esa joven. –En este momento está en su estudio, pero imagino que estará en camino para saludarle. He alertado a todos apenas usted ha llegado-. Respondió. -…Su madre y su abuelo estarán aquí también-.

-Que bien.- Él y Pilika siguieron al hombre llevándolo por el pasillo que dirigía a la sala principal del primer piso de la mansión. -… Pilika?- Se detuvo de repente y se dió la vuelta al sentir que la mano de Pilika se resbaló de su agarre. -Que sucede?-.

Ella estaba parada en frente de unos cuadros y jarrones, y obviamente se había distraído por los raros objetos que decoraban su casa. -…Eh? Ah- Algo sorprendida, le dio una pequeña sonrisa de borrego. -Lo siento-. Inmediatamente corrió a su lado. -Solo veía los jarrones y las pinturas y todo… tienes esas cosas que yo he buscado por todo Tokio…no puedo creer que Oniichan nunca me dijo que tu los tenías cuando estuvo aquí…- murmuró con rencor. -Gomen ne. Me distraje un poquito…-.

Una risa. -Si, ya me di cuenta.- Volvió a tomar su mano y juntos, caminaron. -Estamos cerca del salón Principal. Mantente cerca de mí hasta que lleguemos.- Hizo una pausa. -Es muy fácil perderse por aquí- Agregó con una sonrisa forzada.

-Ren-sama,- dijo Kang de repente. -…ahora recuerdo que…- Llamó a un sirviente, quien le dio un importante-vistoso grueso, muy apretado envoltorio. -Su padre me dijo que le diera estos documentos en el momento en que usted llegara-, le dio el objeto a su jefe.

Ren miró dicho objeto curiosamente, pero no hizo amago de recibirlo. -Trabajo?-. Protestó con desagrado. -A esta HORA? Es casi noche, Kang-. Hizo a un lado la mano del hombre, al mismo tiempo que saludaba a los demás sirvientes que pasaban por ahí. -Lleva eso a mi oficina. Los atenderé mañana-.

-Pero Ren-sama, su padre específicamente me dijo que le diera esto enseguida.- El otro hombre insistió.

-KANG-, Ren hizo una pausa mientras le veía mordaz. -Exactamente para QUIEN le trabajas: a él o a MI?-.

-U…usted, por supuesto-, dijo el hombre. -Pero Ren-sama, su padre me ordenó que- -.

-Que? Darme esa cosas o YA VERÁS?- Dijo secamente, su voz se oía irritada. -NO ME IMPORTA. Déjalos en mi escritorio, o déjalos por ahí, no importa-.

-Pero Ren-sama…esto contiene asuntos importantes del Clan!- Dijo Kang, el horror se cruzó en su cara cuando su jefe dijo tal sugerencia. -No podemos dejarlos ahí no mas…además…En-sama dijo que era muy urgente-

-No me IMPORTA que tan urgente sea, RAYOS- Espetó Ren furioso -No tiene ningún derecho en darte órdenes. Y no tiene derecho en decirme que hacer. NINGÚN MALDITO DERECHO- Le dio una oscura mirada a su secretario y se fue a paso impresionante.

Kang hizo amago de seguir a su jefe -R…Ren-sama-- - Se detuvo abruptamente así como el shaman chino hizo una pausa y advirtió alzando su mano.

-Lanza esos documentos en mi escritorio. Me IMPORTA un maldito bledo acerca de lo que el viejo diga. NO revisaré ninguno de esos papeles esta noche. Fin de la discusión.- Se fue pisoteando con ira, olvidando por completo que Pilika estaba con él, y en el proceso dejándola atrás.

Pilika se quedó mirando a su novio con espanto, pensado en que lo habría hecho explotar así de repente. Hace unos momentos, eran tan felices, incluso en el avión…pero al instante en que aterrizaron en China, entrar en el auto de los Tao y dirigirse al frente de la mansión, había estado muy melancólico, triste…y a veces, perdido en sus pensamientos y sin emociones. Y justo ahora, estaba lívido, molesto por algo. O, para ser más correctos, con alguien.

Al lado de ella, oyó un fuerte suspiro. Volteó ligeramente su cabeza para encontrar al secretario de Ren mirándola con remordimiento. -Lo siento, no debí haberle traído estos asuntos- Su voz estaba llena de arrepentimiento. -Su padre,…En-sama…siempre a sido un tema muy delicado para Ren-sama- Negó con su cabeza. -Debí haber esperado hasta que ustedes dos descansaran de su largo viaje antes de decirle, pero es que… En-sama lo dejó bien claro…-.

Pilika asintió en señal de comprensión. -No fue su culpa.- Volvió a voltearse y fijar sus ojos en la forma tan furiosa de caminar del shaman chino. Ren no se dio cuenta que se alejaba cada vez más de ella. -La situación con su padre…he oído mucho de ello de parte de mi hermano. Oniichan me dijo todo acerca de ello.- Agregó apurando su paso y asegurarse de no perderlo de vista.

-Su hermano?- Kang caminó un paso detrás de ella.

-Ajá.- Sonrió nostálgica. -Horo-horo Oniichan. El ya había estado aquí antes.- Le informó -…Hace como una década. Eso creo-.

-Ah-. Razonó el despistado secretario -…Creo que lo recuerdo, el chico cabello de pinchos celestes con su snowboard… no es así?-.

-Hai!- Pilika sonrió.

-…Por eso es que te me hacías familiar.- Meditó. -Y…hace 6 años!- Chasqueó sus dedos, sus ojos se ensancharon cayendo en cuenta. -Usted era la increíblemente hermosa jovencita quien capturó el bouquet el la boda de los Asakuras-sama. Era usted.- Proclamó -Usted…y esa liga…y Ren-sama- le dirigió una sonrisa significativa. -Pilika-sama…acaso Ren-sama y usted…?-.

-Uhm…- se sonrojó profundamente, mirando alrededor para escapar de la mirada del secretario. -Más vale apurarme y alcanzar a Ren-Kun.- Dijo veloz evitando a propósito su pregunta. -…Fue muy lindo conocerle Kang-san.- Hizo una reverencia y corrió velozmente hacia Ren antes de que el secretario pudiera decir mas.

-Ren-kun…- Pilika se aproximó al shaman chino quien se había detenido en la esquina apenas oyó su voz. Estaban a tan solo unos pasos del salón principal. Tentada posó su mano en el hombro del chico. -Estas bien?-.

Un suspiro. Y luego se giró ligeramente, alzó su mano…y tomó la mano de Pilika fuertemente, al mismo tiempo que este forzaba una sonrisa. -Estoy bien- Dijo calladamente. -Lo siento. Es que a veces…es solo que…quiero decir…- Agitó su cabeza desesperado. -Es solo que…a veces, me enfurece tanto que tiendo a olvidar todo y a todos los que me rodean…- Dijo con voz vacilante.

Ella le dio una pequeña, pero confortante sonrisa, así como su otra mano se alzó a tocar su rostro, sus dedos acariciando ese increíblemente oscuro y triste rostro. -No dejes que te domine- Murmuró sutilmente. -Tu padre…a lo mejor solo…trata de hacer lo que el piensa que es mejor-- -.

-MEJOR- Bufó amargamente. -…Si. Lo mejor para mí, o lo mejor para ÉL?- Negó con su cabeza -…Siempre desde que era muy joven, ha intentado controlar mi vida, y hace mas de una década, cuando finalmente lo vencí justamente con la ayuda de Yoh, tu hermano y Ryu… pensé que finalmente iba a dejar de tratarme como un robot que puede manipular a su antojo personal. Creí que finalmente iba a dejarme… y a Neesan… vivir nuestras vidas, hacer nuestras propias decisiones.- Suspiró resignado. -Al parecer me equivoqué. Él nunca a cambiar. Está en su naturaleza, el manipular a las personas.- Se apoyó en la pared como si toda su fuerza le abandonara. Luego le dio una sonrisa llena de disculpas. -Lo siento…creo que no fue tan buena idea después de todo el traerte aquí…-.

-Iie-. Ella negó con su cabeza vigorosamente y le sonrió ampliamente. -Ren-kun, yo acepté una invitación. Vine porque yo quería estar contigo. Quiero conocerte mejor. Quiero saber todo acerca de ti--lo bueno. Y también lo malo.- Se acercó más a él tomando su rostro en sus manos -No quiero verte triste, molesto o herido…pero hay otra razón por la cual estoy aquí… así te podré ayudar con esos sentimientos negativos.- Presionó un beso en su frente. -…Eso es lo que significa amor, no?- Murmuró. -Tomamos todo, aceptamos todo, no importa cuan deprimente sea.- Posó su frente en la de él, mirándole profundamente a los ojos. -Ne?-.

Ren suspiró, luego, soltó una suave risita, sintiendo que toda su tristeza fue arrasada tan solo por una mera sonrisa de ella. Levantó su mano acarició gentilmente su cabello. -Sabes…si no hubiese sido tan cobarde, puede haberte tenido conmigo hace mucho tiempo.- Acarició su mejilla dulcemente. -No se como pude sobrevivir a 6 años sin ti…- Se inclinó hacia delante y rozó un suave beso a sus labios.

-…Que fue lo que te hizo tardar, entonces?- Murmuró ella sobre sus labios, suspirando contenta así como el deslizaba sus brazos alrededor de su cintura atrayendo su cuerpo hacia él.

-Agallas-. Dijo con una ligera risa al mismo tiempo que la besaba. -Adquirir algunas agallas primero- Sus labios se pasearon hacia el mentón de la chica. -…Tomó mas tiempo de lo que esperaba, estoy seguro de que tu lo sabes.- Agregó secamente. -Creo que todos nuestros amigos lo sabían.-

-Éramos tan obvios?- Dijo ella rodeando con sus brazos el cuello de Ren, suspirando así como los labios del chino descendían más. -Quiero decir, yo estaba muy segura de que no…-.

-Creo que yo tampoco.- Acordó en un murmuro besando su cuello. -Como sea…había una persona que estaba AL TANTO de nuestros sentimientos y no podía dejar de transmitirlo a todo el mundo- Dijo secamente. -Y creo que tu sabes quien es.-

-Hao-san.- Dijo Pilika -Él siempre cree que lo sabe todo.- Alzó su cabeza y le dio una mirada cuestionante. -Verdad?-.

Ren se encogió de hombros –Probablemente.- Volteó sus ojos. -Además, el fue una de las claves para mi confesión, así que creo…- Hizo una pausa. -Creo que es algo por lo cual debería estar agradecido con él- Finalizó entre dientes.

Ella sonrió. -Algo por lo cual ambos deberíamos estar agradecidos- Dijo ella conduciéndolo abajo para otro beso.

-Ahem.- En algún lugar del pasillo, alguien se aclaró su garganta.

-Ahem- Otra voz, masculina esta vez, gruesa, sonaba vieja.

El par continuó besándose, obviamente inconscientes de las dos voces que pedían atención.

La dueña de la primera voz, una mujer de edad media, con un largo cabello azul marino y usando ropas chinas tradicionales, volteó sus ojos al techo parada con gracia al lado de un bajito y calvo anciano vestido en túnicas amarillas--dueño de la segunda voz. El por otro lado sonreía asombrado a la escena que estaba presenciando.

-Mi nieto ha traído a una hermosa jovencita con él.- Le susurró a la mujer en Mandarín.

La mujer sonrió y asintió vigorosamente. -…Así es-. Aceptó -Y creo-- -.

-REN.- Una fuerte voz resonó interrumpiendo el final de su oración y sorprendiendo a Ren y a Pilika, quienes apenas al oír la voz, se separaron inmediatamente, sus rostros extremadamente sonrojados.

Recobrando su compostura, Ren los miró sorprendido –Hahaue- le arqueó una ceja a su madre.

Tao Ran avanzó unos pasos y envolvió a su hijo en un cálido abrazo –Ren- Le sonrió con amabilidad a Pilika, quien le devolvió la sonrisa.

-Ha…Hahaue…ya me puedes soltar.- La cara de Ren se tornó de un oscuro color rojo luchando contra el fuerte abrazo de su madre.

Ran soltó una risita, acariciando su cabello. -Gomen ne, es solo que te he extrañado mucho. Te has ido por mucho tiempo.- Soltándolo le dirigió una mirada cuestionante. -Donde está tu hermana?-.

-De vuelta en la pensión.- Contestó secamente. -No se si vendrá tarde o temprano. Pero no te preocupes--está a salvo. Debo llamarla después de la cena. Jiisama.- Hizo una reverencia a su abuelo.

-Ren.- Tao Ching tocó la mano de su nieto. Luego le sonrió amable a Pilika. -…Y quien será esta bella jovencita?-.

Ren sonrió -Su nombre es Pilika. Es la hermana menor de Horo-horo…seguro lo recuerdan- Hizo una pausa. -Y también es mi-- -.

-REN.- La fuerte voz volvió a resonar, cortando su oración. Tao En lo miraba de manera severa, sus ojos tan fríos como siempre su oscuro cabello y bigote mostraban débiles signos de edad que indicaban sus cabellos blancos en su flequillo.

Con un suspiro, Ren se dio la vuelta. –Padre.- Reconoció, inclinando su cabeza, sus ojos dorados se pusieron al mismo nivel con los del hombre mayor ambos permaneciendo en silencio. Parecían tener una competencia de miradas o de ver quien parpadeaba primero. Ren era como de la altura de su padre solo que él era joven, más alto...y hasta más intimidante e insensible cuando el quería.

Por los momentos el era el más alto, con una presencia dignamente inconcebible, un orgulloso guerrero, se enfrentó a los ojos de su padre, sin ningún rastro de miedo en sus ojos. Mostraba desafío y valentía a través, impávido no obstante duro, retándolo, burlándose de la mirada de su padre.

Hasta que al fin, En se dio por vencido, apartando su mirada. -…Bienvenido a casa hijo.- Habló en fluente Mandarín. Observó a su hijo, criticante, analizándolo de cabeza a los pies. Antes de asentir con satisfacción.

Ren inclinó su cabeza respetuoso. -Es bueno volver a estar en casa, Padre- Dijo también en Mandarín. Buscó por la mano de Pilika y la puso en frente de él. -Ella es Pilika.- Dijo esta vez pero en japonés sonriéndole y apretando su mano cariñosamente a la joven. -…Ella es japonesa, de la tribu Ainu de Hokkaido. Horo-horo es su hermano. Padre, como recordarás- Le dijo a En haciendo énfasis. -Nos visitó hace ya mas de una década, con otros amigos míos- Sonrió serenamente a su madre y a su abuelo, y arqueó una ceja a su padre.

Ran juntó sus manos elegantemente y asintió. -Ya me acordé.- Dijo alegremente caminando hacia la jovencita de cabello celeste…y la envolvió en un abrazo, para la sorpresa de la chica. –Bienvenida- Murmuró. -…Querida hija- Lo último lo dijo en mandarín.

Pilika le devolvió el abrazo visiblemente aturdida, pero se sentía cálida y encantada. -G…gracias, uhm…- Dijo, buscando por la manera correcta de dirigirse a la mujer adulta…mujer quien era ser la madre del hombre a quien amaba. -Uh-- -.

-Ran-hahaue.- Le susurró Ran con una ligera sonrisa. -Puedes llamarme así.- Dijo alejándose de ella colocándose al lado de su esposo, sonriendo amable.

Pilika se sonrojó un poco a la sugerencia, pero asintió. -Arigatou, R…Ran-hahaue-, susurró vacilante, luego se volteó a mirar al anciano calvo, e hizo una reverencia cortés. -Es un placer conocerle…-

-Ching-jiichan- Pidió alegremente el anciano, tomando la mano de la joven. Estudiando su rostro, recordó, -En realidad se parece mucho a Horo-horo.- Sonrió a su nieto.

Ren contuvo un gruñido, golpeando la palma de su mano en su frente. -Argh, ya lo sé, jiisama. No me lo recuerde.-

-Hm- Ching le dio una sonrisa sabihonda, antes de voltearse a En expectante, quien, desde que había saludado a su hijo, no habló mas, y veía a Pilika en silencio, con una inevitable mirada negra en su rostro. -…En?-.

-Así que la encontraste en Hokkaido, no es así?- Inquirió En, ignorando a su padre por completo dirigiéndose a su hijo observando por el rabillo del ojo a la joven de cabello celeste.

Ren volteó sus ojos al techo. -La conocí en Funbarigaoka hace once años, padre- Dijo con un dejo de impaciencia. -…Ya te lo dije. No me oíste? Ella es la hermana menor de Horo-horo- Agregó haciendo énfasis.

-Ya veo- En arqueó una ceja. -Y que hace ella aquí, exactamente?-.

-Yo la invité.- Dijo Ren con fastidio -…Neesan y yo lo hicimos. Como cabecilla del Clan, se me permite tener visitas cuando yo quiera- Le dio a su padre una mirada aguda. -No es cierto?-.

Su padre gruñó. -Muy cierto- Agregó gruñendo. -…Muy bien entonces,- Dándole a Pilika una mirada evaluadora, llamó a un grupo de sirvientes. -Tengan lista la cena. Tendremos algo especial esta noche en honor a la llegada de mi hijo-.

-…Y en honor a su invitada- Agregó Ran, sonriendo a Pilika.

-Hmph-. Gruño En. Dirigiéndose a su hijo. -Descansa. Serás llamado cuando la comida esté lista. Kang!- Hizo una seña con su mano ordenando al secretario de Ren.

-H…hai, En-sama?- Le dirigió una mirada a Ren, y asintió con la cabeza a su jefe.

-Lleva a la invitada de Ren a uno de las habitaciones extras de este piso. Asegúrate de que ella-- -.

-Espera.- Interrumpió Ren, dándole una mirada advertiente a su secretario. -Pilika se quedará en las habitaciones que queda enfrente de la mía, padre.- Le dijo firmemente. -Kang, asegúrate de que nuestras cosas sean dejadas ahí. Yo me encargaré de ella.- El tono de su voz dejó ningún espacio para más argumentos.

-H…hai, Ren-sama!- Dijo haciendo otra reverencia a ambos padre e hijo y salió rápidamente a realizar lo que le mandaron.

En miró de manera oscura a su hijo, quien apenas y le devolvió la mirada, como si se atreviera a contradecir sus palabras. -…Has lo que te plazca.- Dijo al final dándole un última mirada de desprecio a Pilika antes de dar la vuelta. -Ren, ven a mi estudio terminada la cena. Hay ciertas cosas que necesito discutir contigo.- Antes de que su hijo pudiese protestar, se fue, dando a entender que el tema de conversación fue acabado.

Ran sonrió apenada a Pilika debido a la actitud tan dura de su esposo. -Los veremos dentro de un rato, Ren…Pilika-chan.- Asintió ligeramente así como seguía a su esposo.

Ching tocó la mano de su nieto una vez más. -Perdona la conducta de tu padre, Ren-.

-…No es nada Jiisama.- Le dio una sonrisa tranquilizante. -Ya estoy acostumbrado.- Volteó a ver a la joven que estaba a su lado. -…Pilika? Pasa algo? Has estado muy callada- Agregó con preocupación. Cuando no obtuvo respuesta, apretó su mano ligeramente para ganar su atención.

-Huh? Oh…bueno…no es nada-. Pilika sacudió su cabeza, plasmando una pequeña sonrisa en su rostro para su provecho. Se había sentido muy bien con la calidez y amabilidad de Tao Ran y Tao Ching. Estaba muy feliz, al igual que Jun que la trataran como de la familia…pero no podía decir lo mismo de En Tao. Obviamente el padre de Ren no agradaba de ella, incluso en ese momento en que le fue presentada, no demostró respeto hacia a ella, incluso si lo hiciera no hubiese cambiado esa mirada oscura. La verdad, es que apenas si podía verlo--de verdad le temía--pero uno no necesariamente necesita ojos para darse cuenta del desagrado de las personas. Solo se siente. Y ella lo sintió--en el tono de su voz cuando se dirigía a ella… y cada vez que la miraba, la analizaba…el silencio se hacía visible y palpable, con extrema desaprobación revolviéndose alrededor, haciéndola sentir que no era bienvenida.

-Bueno, será mejor que los siga también.- La voz de Tao Ching la alejó de sus pensamientos, asintiendo alegremente, se encaminó a la dirección que su hijo y yerna habían tomado. -Nos vemos!- dijo antes de desaparecer en la esquina.

-Pilika, vámonos, te llevaré a tus habitaciones, vamos.- Ren le sonrió jalando su mano.

Espantando esas preocupaciones, Pilika sonrió dejando que él la llevara por los grandes salones de la Mansión Tao. Caminaron juntos, mirando a todas la pinturas que pasaban, sus ojos deleitándose con los bellos colores al mismo tiempo que disfrutaba de la maravillosa seguridad cálida de su mano contra la suya, haciéndola olvidar ese sentimiento de hundimiento en el instante que conoció a En Tao.