Situación Compleja
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Kagome temblaba de pies a cabeza, el rubor de sus mejillas no hacía más que aumentar a causa de su vergüenza. ¡Sesshomaru había oído! ¿Cómo era eso posible?
La muchacha no sabía qué decir, las palabras no fluían de su boca. Su aliento estaba contenido a mil, esperando que un milagro pasara, o qué la tierra se la tragara.
Inuyasha deslizó a Tessaiga -.¿Qué haces aquí, Sesshomaru? –gritó con desconfianza.
Aquel demonio galante se limitó a mirarlo en silencio, analizando, calculando la situación. Sesshomaru no pretendía hablar a su medio-hermano, aún no. Avanzó tres pasos hacia la humana, cuando un fogón rojo se interpuso, cómo una ráfaga de aire azotando su camino.
-¡No te atrevas a acercarte a Kagome! –gruñó el hanyou.
Y aquel comentario le hizo perder perder los estribos.
-¿No es tu mujer quién se ofreció a concebir un hijo mío? -levantó una ceja expectante.
Inuyasha perdió la voz, el shock de nuevo se hizo presente dejándolo en frío. Sesshomaru esbozó una sonrisa cruel, mirándolo fijamente. Su medio hermano era tan predecible. Sin duda había herido su orgullo.
Kagome miraba la situación con incredulidad, tratando a de asimilar lo que Sesshomaru había dicho. El hanyou, quién se había quedado sin habla, recobró la compostura con fuerza. Una de sus cejas temblaba con impaciencia.
-¡No digas tonterías! -aulló tensando la espada.
Sin embargo Sesshomaru se mantuvo sereno, con una cruel mirada enmarcada en su rostro. Su atención no estaba dirigida al hanyou, si no a la humana, quién estaba detrás de éste.
La azabache quedó flechada por unas de sus miradas potentes, el ámbar de sus ojos poseía un brillo extraño, uno que reflejaba maldad y muy en el fondo una pizca de diversión y burla. Aquellos varoniles labios se abrieron con un gesto indiferente.
-Humana, repite lo que has dicho hace unos momentos.
Y así fue otro golpe al orgullo de Higurashi.
Fin
