SALADO
Un pasado similar había sido precedido por destinos muy diferentes. La vida no había sido justa con Gaara. Tampoco con Naruto, pero él, con su sonrisa perenne y su hasta irresponsable entusiasmo, había sabido sobreponerse a las circunstancias y salir airoso de todas ellas. Naruto era encantador a su insoportable manera, era imposible no quererlo, todos lo querían. Pero a Gaara… a Gaara sí que no lo quería nadie y, cuando creyó que alguien lo apoyaba, sufrió el duro golpe del desengaño, que no iría a dejar cardenal en su piel sino en su alma, y dolería profundamente y latería tortuosamente durante mucho tiempo. No sería capaz de hacer frente a aquello él solo.
¡Gaara!
Lloraba desconsolado, siempre lloraba, lloraba de pena, lloraba sólo en soledad, lloraba como si el vacío pudiese llenarse con lágrimas, y parecía mentira que todavía le quedasen para derramar.
¡Gaara!
Tanta gente. Tantas miradas. Tantas palabras sobre él, y ninguna para él. Asfixiante, ardiente, insoportable. ¿Por qué nadie se acercaba a él? ¿por qué huían? ¿por qué nadie quería jugar con él? Solo era un niño… Ayuda. ¿Nadie podía ayudarlo? ¿Nadie podía escuchar su llamada silenciosa, el llanto mudo y el caer de sus lágrimas que mojaban la arena?
¡GAARA!
¿De quién era esa voz? ¿Cómo sabía su nombre? Tenía miedo de abrir los ojos y no encontrar a nadie, otra vez. Unas suaves manos en sus hombros lo reconfortaron, y finalmente consiguió reunir el valor necesario para abrir los ojos.
El Kazekage parpadeó varias veces, con sorpresa, encontrándose a Naruto frente a él. Lo tomaba de ambos hombros y parecía muy agitado.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó el rubio con nerviosismo, casi podría jurar que estaba asustado.
— Sí… —fue la única respuesta, y Naruto lo soltó, suspiró aliviado y se apoyó sobre el cabecero de la cama.
¿Había sido un sueño? Le escocían los ojos. Gaara se relamió levemente los labios. Sabía a lágrimas. Sabía salado.
