Y ahora aclaraciones del capitulo
El review siempre se agradece para estimular el proceso creativo(?)...en el proximo capitulo, un poco de convivencia TYB&TYL. A 18 TYL lo conoceremos como Kyoya y al TYB llamemosle Hibari(?) Me gusta aplicar la modalidad drabble-imagen es como, ponerme en situación, sobre todo cuando me falla la creatividad y no puedo empezar de cero...que no significa que tampoco pueda...
La imagen de este capitulo es esta
.com/albums/y317/Sasori_
A disfrutarlo~
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La forma de echar abajo las murallas del distanciamiento y unirse por otro medio completamente opuesto al choque épico acostumbrado de inexpugnables de fuerzas respaldadas por montañas de orgullo, obstinación, avariciosa gula iracunda y mórbida no tiene otro calificativo que infamia, su nombre es beso. En la intimidad se hacen uno...
(tipo de intimidad de una mirada totalitaria puesta en reto, y una fortuita pared, el peor amortiguador y su más acérrima enemiga. Esa privacidad egoísta aislada del resto de la realidad donde se encierran al batallar y se rompe exclusivamente cuando han terminado. Es característico. Son esos minutos, segundos u horas en los que puede pasar de todo y el resto desaparece)
...tornándose infinitos por instantes, instantes lentos comparados a su ferocidad, luchando por mas premura de la que pueden dar si lo que pretenden es lacerarse escrupulosamente. Lo bien echo necesita su tiempo, y el pequeño disciplinario no esta amedrentado por ese desafío, todo lo contrario, lo excita el dolor y el elixir bermejo que extrae a dentelladas de la fruta acariciándole la traquea por dentro. Es un sabor satisfactorio. Se le eriza la piel. Quiere morder mucho más, extenderse, desangrarlo, cumplir literalmente su idiosincrática amenaza. Sí. Y esta tan a merced. Y su pulso esta latiéndole en los oídos, ¿o es el suyo acelerándose? Ese retumbar dicta lo mismo que sus deseos. Morderlo hasta que expire. Se le hace agua la boca. Entonces brega para librarse, sin embargo la coacción necesaria para mantenerlo allí es insultantemente nimia y eso lo percibe e irrita. Esa vacuidad profunda tras la carne fina de los labiales, esa que es usada para denigrar, socavar y lastimar, verbal o tangiblemente, profiriendo o mordiendo derrama en su mejor amalgama el licor corrosivo de su veneno, obligando a beberse los ósculos, uno tras otro, los empuja bruscamente, domina la juvenil cavidad hambrienta, como si quisiera que aquello nunca llegase a ser delicioso para esa pequeña bestezuela que no hace más que cerrar los dientes en todo lo que siente deslizarse entre estos fúrico, hasta que la sangre es tanta que resbalan sus labios fluidamente, friccionando en cada intento por morderse, meciéndose al compás de dos tercos probando un ángulo diferente a ver si así son capaces de acertarse con la dentadura decentemente.
Quizás se besen pero nadie dice que deban dejar de vigilarse, da igual el rojo de la falta de aire y la aparente languidez de parpados entornados contra una cruda fijeza inalterable, destella de algo que para otro hubiera sido aterrador. Bajar la guardia es inaceptable.
Hibari termina por aferrarse a los anchos hombros del mayor. No quiere perder así que lo hace con brío; sus zapatos han dejado de tocar el suelo a esas alturas.
Inmoviliza al chico que posee la más insolente boca
Devora el toxico néctar de la injuria desbordado del cáliz
Disciplina con sangre el atrevimiento de su lengua
Despedaza la ignorancia que enumera argumentos inútiles.
