Seguir sin ti...

Disclaimer: Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada.

Esa noche Eurídice hubiera preferido dormir pero no lo logro, los quejidos de dolor por parte de la anciana helaban la piel de la joven. Ella se mantenía firme hundida en sus cobijas para no ver el sufrimiento de la señora y contenía su llanto porque esa noche sabía que era el final.

Al escuchar los alaridos con más potencia decidió acercarse lentamente, observando el sudor en la frente de la anciana.

Tomo su mano como consuelo y trato de escuchar lo que podía susurrar:

—Euridice, pequeña, quiero decirte que encontrarte fue lo mejor que me ha pasado, eres tan noble y leal, tienes mucho que hacer aun, así que quiero que me prometas que aunque me vaya seguirás adelante.

—No diga eso porfavor, usted es todo lo que me queda y no se que hare si me deja, así que no lo haga—contesto la rubia con un nudo en la garganta.

—Mi niña llego el momento, perdóname, cuidate mi niña cuídate...

La señora suspiro por última vez dejando su último susurro ante la joven que dejaba liberara su dolor a través del llanto, cuando se dio cuenta que no respiraba la anciana, tomo su mano agitándola para esperanzarse:

—Abuela, respóndame...Abuela...—preguntaba la chica con la voz en un hilo y su rostro marcado por las lágrimas, para después aferrar el cuerpo de la anciana al suyo.

La chica sintió un vacio en el pecho, era un dolor que le recordaba que se había quedado sola, sin familia, sin nada. Esa noche la lluvia la acompaño, parecía que el cielo se había puesto de acuerdo con ella para llorar y el cuarto se llenaba del calor de la vieja chimenea.

Pronto los primeros rayos de sol habían salido e iluminaban su cara. Toda la noche la había pasado llorando hasta que el cansancio la durmió, tallo sus ojos hinchados que le volvían a la realidad para después hacer lo propio y llamar a los pobladores encargados de las fiestas fúnebres. La gente noto la tristeza de la hermosa rubia, era tan delicada que cualquiera la hubiera consolado, sin embargo, lo único que ella quería era estar sola.

Dejo la habitación, no quería pensar en lo que sucedió por lo que empezó a caminar hacia donde creyó podía despejar su mente.

Siguió uno de tantos senderos rumbo al Santuario, el mismo donde conoció a Orfeo, acompañada del aire que movía su cabello al desplazarse. Su mirada estaba perdida, pero el paisaje era reconfortante, así que caminando algunos metros hacia el horizonte decidió sentarse a observar la tranquilidad del lugar que le permitía contagiarse de ella.

Orfeo pasó esa mañana muy impaciente, esperaba después de ver al Patriarca ir rumbo a Rodorio para encontrarse otra vez con esa mirada alegre que deseo toda la noche.

Así que al terminar sus actividades matutinas, salió hacia el Santuario.

Mientras caminaba sintió un pequeño cosmos triste, le era familiar que se detuvo a observar su alrededor y justo en el fondo del lugar, sentada en una roca vio a quien tanto estaba esperando.

Una sonrisa se dibujo en el caballero, pero noto que el cosmos estaba lleno de nostalgia, por lo que se detuvo a escasos metros y comenzó a tocar una melodía armoniosa en forma de consuelo, una canción que solo seria de ellos después.

La joven miro a su espalda de donde provenían unas notas de música y se giro a observar.

El caballero sabía como tranquilizar el dolor y alegrar a un corazón. El ambiente se lleno de armonía y serenidad, la joven de repente se olvido de su problema y sintió la calidez en la música observando lo complacido del caballero al tocar para ella.

Al finalizar, las palabras sobraron pues un silencio profundo les guardo .Orfeo se acerco lentamente a donde estaba la rubia y se sentó a su lado, mientras ella trataba de que el caballero no mirara sus ojos enrojecidos:

— ¿Qué puede ser tan malo como para que tu pierdas tu sonrisa?—dijo el caballero mientras giraba el rostro de la chica hacia el delicadamente.

—Caballero, todo lo que tenia se ha ido con la noche y ahora no tengo a nadie, no se que hacer—contesto la joven mientras lentamente sus mejillas se llenaban de agua salada.

—Cuentame, ¿Qué es lo que te pasa? Libérate de la tristeza que tienes guardada, vamos—decía él mientras secaba sus mejillas suavemente.

—La única persona que se preocupaba por mí y con quien contaba murió, ahora no se como seguir aquí, nunca había sentido este vacio.

—No sabes como lo lamento, pero no pienses ahora en que estas sola, porque ahora me tienes a mi—consoló el chico sosteniendo firmemente su mano.

— ¿A que se refiere caballero?

—Ahora seré tu incondicional, cuando te sientas sola ahí estaré para escucharte y si estas triste tocare algo para alegrarte, si tu me lo permites —sonrió.

—Caballero, no sabe como me ayudara eso, gracias—rió ligeramente la rubia.

— ¿Por qué no vamos a caminar, te parece? —dijo mientras se levantaba—Así te ayudare a olvidarte por un momento de tu dolor—acerco su mano para llevar a la rubia, cuando ella lo tomo de la mano y lo acompaño.

Al caminar, la chica despejaba su mente mientras escuchaba la varonil voz del caballero que le formulaba preguntas sin recordar sus compromisos con el Patriarca. La joven respondía como si el tiempo no importara y caminaba a la par del chico de cabello azul embriagándose de sus ojos tanto su nerviosismo lo ocultaba con una sonrisa tímida. Las hojas amarillentas del otoño les escoltaban con su crujido al avanzar junto con el viento travieso que revolvía sus cabellos y su distracción era tal que desde hace tiempo viajaban en círculos.

— ¿No te parece que estamos caminando en el mismo lugar desde hace rato?— interrumpió la joven mientras le sonreía.

—Yo no me he percatado de eso —se detuvo desconcertado el caballero— Y también que ya es tarde.

—Siento como si te conociera desde hace años y con todo lo que me haz compartido ya te siento parte de mí —sonrió la chica mientras un extraño ruido proveniente del estomago de ella interrumpía.

—Creo que tienes hambre, perdóname he perdido la cuenta del tiempo, vamos a comer algo y te acompaño después a tu casa.

—Lo lamento—avergonzada contesto Eurídice—vamos.

Caminaron juntos hasta Rodorio donde se detuvieron a comer algunos bocadillos unas casas antes de donde vivía Eurídice. Al terminar Orfeo acompaño a Eurídice a su chozuela.

Al principio ella no deseaba entrar en aquella pequeña cabaña, la nostalgia la invadía de nuevo pero se sentía tranquila con la presencia del caballero ante aquel lugar estaba lleno de vacio y penumbra.

—Me siento culpable por no haber ido al funeral—comento Eurídice.

—Hiciste bien si no te hubieras lastimado mas, debes seguir adelante como lo deseaba tu abuela—se acerco el caballero que estaba observando el lugar y la abrazo suavemente.

—Gracias Orfeo por ser como eres, estas aquí sin conocer mucho de mi, apoyándome.

—Y así será, ya te dije que no te dejare sola, ahora cuentas conmigo—contesto el caballero.

— ¿Oye te quedas esta noche a cenar?—invito la joven al caballero alejándose.

—Solo déjame ir a ver a alguien y regreso te lo prometo.

—Amm, no sabia que tuvieras novia, seguro se enojara mucho por el tiempo que haz perdido hoy.

—No tengo novia—se sonrojo el caballero—es un asunto en el Santuario.

—Perdona entonces nos vemos en la noche—despidió la chica cerrando la puerta suavemente.

El caballero de plata se despidió y se dirigió al Santuario, sabia que había faltado a su mandato como caballero de estar al pendiente de los asuntos de la seguridad y que por un momento se olvido del tiempo a lado de la rubia pero estaba dispuesto a recibir su castigo, era algo que ni el mismo podía entender y no es porque el no deseaba hacerlo si no porque empezaba sentir el maravilloso sentimiento de amor del cual había escuchado pero jamás sentido.

Al internarse en el Santuario sintió la proximidad de alguien que lo llamaba, era un guardia común del lugar:

—Mi señor Orfeo que bueno es encontrarlo—agitado comentaba el guardia—El Patriarca lo ha estado buscando todo el día y ordeno que si se le veía que se presentara lo mas pronto posible.

—Enseguida estaré ante su presencia, gracias—termino el caballero, a pesar de lo que significaba, ahora el músico tenia una razón para enfrentar con valor cualquier contrariedad.

Continuara...

Espero que les haya agradado unos minutos de su tiempo, gracias...