When your heart its not yours anymore.
—Me cago en tu amor. — dice él, con la voz inmersa en la impotencia y el rencor. —¡Me cago en tu puta mierda de amor! — grita Tony, una vez más, con los ojos hinchados del llanto y el rostro rojo y húmedo de la rabia, la tristeza y el rencor. Lo cierto es que no puede más de esta mierda, hace mucho tiempo había pasado su límite; hace mucho tiempo había empezado a odiarlo de esta manera tan inmensa que nunca pensó hacerlo alguna vez. Y menos con él.
James lo está mirando fijamente, con los ojos abiertos de la impresión. Y a Tony le importa una reverenda mierda. Sus manos tiemblan, lastimadas, impotentes, en dirección al morocho. Tony no puede más. Las lágrimas caen a raudales de sus enrojecidos ojos, y lo peor de todo, es que no puede dejar de hacerlo. No ha podido dejar de llorar como un idiota desde que todo se empezó a ir a la mierda con James. Todas sus promesas, todas sus palabras, todo su supuesto amor. Bien, pues ¡Se caga en todo eso y más! ¡Se caga en toda esa mierda! —¡Maldita sea, te odio James! — farfulla, con la voz entrecortada. Su pecho sube y baja repetidamente, mientras James se encuentra pétreo en su lugar. La verdad, es que está exhausto de toda esto. De esta relación, de James y de él mismo. Maldice el día en que se entregó completa y totalmente a James. Jamás lo había hecho y nunca pensó que lo haría alguna vez. Lo amaba demasiado como para no hacerlo. Dios, nunca había sido tan sincero en toda su puta vida desde que empezó una relación con él.
Pero todo se fue a la mierda. Lentamente.
Y hoy, el mismo Barnes que está frente a sus ojos, no es de quién se enamoró.
Sus ojos ya no lo reconocen. Ya no sabe quién es esta persona que está frente a él. Puede que tengan el mismo aspecto, pero después de un año, ya no es el mismo James. Tony traga amargamente saliva, mientras se restriega con violencia el rostro para intentar dejar de llorar como un imbécil. Maldito James. Maldito el día en que se le ocurrió confiar en algún como un idiota, como una quinceañera. Pero, ¿Qué más esperaba? ¿Ser la excepción a la regla del "juntos para siempre" "nunca te voy a mentir" "nunca te haría daño"? Que idiota, Tony Stark. Cayó como un tonto a esas boberías. Por supuesto que iba a hacer todas esas cosas y más. Aún recuerda vívidamente en su cabeza las palabras de James; cada una de ellas. Desde sus promesas de amor y su: "¡Cambié por la rutina, Tony! ¡Nuestra rutina de verte todos los días! ¡De pasar tiempo contigo! ¡Quiero estar solo!" hasta los: "Amo pasar el tiempo contigo. Jamás me aburriría. Amo que seas parte de mi día a día, amo saber que estás para mí cada día. Nunca lo cambiaría"
—¡Me mentiste tantas veces! ¡Me mentiste tantas veces, maldita sea! ¡Te odio, James! ¡TE ODIO POR LA MIERDA! — grita desconsolado. Ya no le importa si es un viejo cuarentón que se enamoró como un adolescente. No le importa, porque el dolor es tan grande que tiene ganas de vomitar, el dolor es tan grande que no lo puede soportar. Llena su cuerpo como una energía que no sabe cómo liberar, y únicamente le queda tirar de sus cabellos y golpearse lo más fuerte que puede la cabeza, el rostro, la cabeza, el rostro, una y otra vez. Obviamente a James no le sorprende. Ya han tenido este tipo de conflictos desde hace una temporada atrás. Pero la verdad es que Tony, esta vez, no puede más.
Ahora sí es verdad.
—Kotenok…
—¡No me digas así! — lo odia, lo odia, lo odia. —¡Me das asco! — Tony escupe un poco, apoyándose al borde de la cama. Jamás había sentido este tipo de dolor. Nunca. Las heridas que les hizo James son profundas, enormes, y abundantes. —¡NO ERES LA PERSONA DE LA QUE ME ENAMORÉ MALDITA SEA! ¡TE ODIO POR TODO! ¡TE ODIO! — y lo peor de todo, es que sabe que no podrá cerrarlas, por más que lo intente. Ojalá fuera una persona resiliente, ojalá pudiera tener ese no sé qué para ser capaz de perdonar a James Barnes por todas las heridas que le ha causado. Pero no puede, ni tampoco cree que quiera. No, no es sano. Pero, ¿qué saben los demás de este dolor? ¿de estas heridas? Ojalá fuera tan fácil de superar. Porque lo haría. Estaría dispuesto a hacerlo, porque desea ser feliz de una puta vez. Algo se lo imposibilita, sin embargo. Y es que Tony no puede olvidar. James hizo todo lo contrario a lo que le prometió. Rompió todas esas promesas, todo ese amor, toda su confianza. Y él cayó como un idiota pensando que nunca iba a pasar. Decidió confiar en él. ¡Qué idiota! ¡Rhodey se lo advirtió! Y él, tan altivo y orgulloso como siempre, no quiso escuchar.
Porque, por esos momentos, fue feliz con James. Diablos, había sido tan feliz. Lástima que la mierda paradisíaca del amor se acaba.
Lástima que el amor se acaba.
—¿Me odias? — Responde James, con los ojos húmedos, y ligeros sollozos. Tony no va a caer en sus manipulaciones otra vez. —Kotenok, sigo siendo el mismo, por favor…
—¡NO ME DIGAS ASÍ! — exclama enardecido, furioso, mareado por el asco que le causa ese apodo. —¡ÁNDATE A LA MIERDA, JAMES! ¡ÁNDATE A LA PUTA MIERDA!
No, Tony no quiere nada con él. Después de un año de relación, recién ahora, puede decir que ya no lo ama a él, sino a su recuerdo. Recién ahora, puede y hace el esfuerzo de dejarlo ir. Porque la verdad es que antes no había podido. Lo amaba demasiado, lo ama demasiado. Sin embargo, no es suficiente. Maldito sea el día en que se convirtió en esta persona tan dependiente de él.
Porque, aunque el dolor sea tan grande, Tony no se imagina la vida sin James. Y, mientras solloza desconsoladamente, con el corazón roto y el alma destrozada, sabe que no quiere a otro.
Lo ama solamente a él, y a nadie más.
Cuando el amor es una mierda.
Saludos, personitas.
G.L.
