¡O~tro capi! (léase con el ritmo de la canción Locomía xD)
Bueno, he aquí el segundo: Rebelde. Tírenme los tomates que quieran, soy una mier...para los títulos xD Bastante me cuesta el de una historia, imagínense el de los capítulos. Aunque a veces es fácil xD
Antes que nada, no vayan corriendo al primer capítulo luego de leer esto, pero lo edité. No cambié casi nada. Agregué y corregí palabras, frases, cosas que quedaban mal. Por ejemplo, dije que Hidan y Nagato estaban dentro de un cuarto, pero no dije que hubiera un baño en él, pero más adelante puse que ese baño no tenía ducha. No siempre los cuartos tienen baño propio ;)
No sé, son detallitos xD Debe ser que me apuré tanto al escribirlo que no los percibí a la primera.
Cada vez que yo edite uno o varios capítulos, sólo los resubo cuando estoy por publicar el nuevo (por lo general, a veces en cuanto descubro algún error lo arreglo)
Gente, Hidan está como una especie de protagonista, al igual que Nagato. No sé si ponerlos como personajes sin emparejarlos entre ellos. Digo, pareja bizarra, pero mi idea no es que sean novios xDD Son bien machitos de pecho lampiño bien heteros (?)
Hablando en serio, Hidan está en esta historia. Lo hice un poquito...apreciador de la naturaleza y la paz. Seguirá insultando, así que esperen ver algún que otro improperio de su parte.
Tampoco estoy segura si el disclaimer debe ir en todos los capítulos. Lo pondré y les dejaré que me digan ustedes qué piensan.
Naruto ni sus personajes me pertenecen. Forman parte de la obra de Masashi Kishimoto.
Lula me pertenece.
Y antes de dejarles con el capítulo necesito un favor de ustedes, al menos de uno que me diga en los comentarios. Ya arriba dije que reedité y subí el capítulo uno, así que les pido de favor que me digan si, quien me tiene en favoritos o follow, que me digan si les llegó una o dos notificaciones sobre esto. Quiero saber qué ocurre cuando resubo un capítulo, si les una notificación o no.
Muchas gracias :)
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Capítulo 2: Rebelde.
—"Podemos hacerlo de la manera fácil o complicada".
Eso recitaba Hidan por novena vez en la mañana, con una voz aniñada y burlona, estallando por novena vez en risas. Se encontraba bajando las escaleras mientras acomodaba su camisa negra con un estampado de alguna banda de rock considerada "satánica". Recitó una vez más esa frase mientras se adentraba en la cocina y rió con ganas, menos que la primera vez, que fue cuando despertó. Se dirigió al refrigerador y tomó la primera lata de gaseosa que encontró para sacarse ese desagradable y pastoso sabor a sushi de la boca, que ni el cepillado nocturno ni diurno le habían quitado.
La fiesta de la empresa Marpoly había sido un gran éxito la noche anterior. Tras Nagato prestarle una corbata rayada en rosado suave y plata, se vio obligado a ir mientras la "nueva adquisición" se atrincheraba en un cuarto. Le pareció estúpido que un chico rudo como ese hiciera tal cosa, y más teniendo la edad que tenía, pero quién era él para juzgar. Después de todo, con trece años, ¿él no había hecho lo mismo siendo que se consideraba aún más rudo?
Tras beber toda la soda y apretujar la lata en su mano, se juró no volver a comer el sushi ese, ¿cómo era? ¿Igirisushi? ¿Nururisushi? ¿Nigirisushi? ¡Pero qué carajo importaba! No volvería a llevarse salmón a la boca mezclado con arroz si ese era el asqueroso efecto secundario.
Revolvió su cabello despeinado y volvió a las escaleras para subirlas y regresar a su descanso. Esa porquería le había sentado fatal al estómago, junto a su adicción por mezclar casi todo con vino y martinis...Debía replantearse su dieta.
Antes de echarse a la cama prefirió ir al baño a cepillarse de nueva cuenta los dientes, las encías, la lengua, y si fuera físicamente posible y no vomitase en el intento, el fondo de la garganta. Hizo gárgaras y tras escupir se observó en el espejo. Su imagen era saludable, musculosa, atractiva; de no ser por la diabetes se consideraría un puto dios soberano entre los hombres atrayentes, porque esa maldita enfermedad, decía él, le quitaba vigorosidad y belleza.
Y no es que fuera un Narciso ni mucho menos un metrosexual, pero le gustaba mantener la línea y todo en su lugar. Verse bien, y ya no volverse a sentir una escoria asquerosa que nació en algún mugriento basurero.
Separó los labios para observar su hermosa dentadura blanca. Abrió la boca para mirar su mejilla interna. Tenía un corte con la forma de sus molares, provocado por su pelea con el morocho el día anterior. "Podemos hacerlo de la manera fácil o complicada" y se volvió a reír. Ignoró la enorme marca en su cuello que le dejó la noche pasional del día anterior, así como cuando ignoró a esa chica cuando le dijo su nombre. Apagó las luces del baño y se dirigió a su cama, rascando sus zonas bajas ante una maldita picazón. Como esa zorra le haya contagiado algo la demandaría por todo lo que tenía y lo que le faltaba.
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Itachi se encontraba en su habitación, recluido a la esquina más alejada de la puerta. Permanecía sentado despreocupadamente en ese lugar, rascando las costras de su rodilla derecha provocadas una semana atrás cuando cayó en un piso de grava tras robar algo de comida. Cuando arrancó la cuarta y ver por primera vez la sangre brotar, la lamió aburrido y succionó la herida. Torció la boca como si el dolor no importara y observó a su alrededor por segunda vez.
Era un cuarto mediano con una cama, un escritorio, una cómoda y al lado de ésta un espejo de cuerpo completo. Algunas mesillas y luces de noche, tanto para estar sobre muebles como de pie. La puerta de madera al lado de la cómoda debía ser la del armario, dedujo, pues no se había molestado en curiosear nada que no fueran las ventanas.
Apretó los dientes. Las cámaras de seguridad estaban muy bien escondidas para escapar a su ojo crítico. Pateó con fuerza la pequeña mesa a su lado, echando abajo el jarrón que allí había y se levantó, caminando cual león enjaulado por todo el cuarto. Se miraba la mano vendada fijamente, gruñendo para sus adentros, cojeando ligeramente debido a su tobillo vendado.
Había escapado de la policía un sin fin de veces; escapó de un incendio; escapó de una balacera. Escapó de narcos, drogados, ladrones y del servicio social. ¡¿Cómo era posible que sólo un chico que no era ni dos años mayor que él lo hubiera noqueado así de fácil?! Ahora estaba preso en ese lugar, y vaya uno a saber qué harían con él. ¿Entregarlo a la policía? ¿Venderlo? Le daba asco pensar que estaría a manos de un sujeto que podía hacerle cualquier tipo de perversiones con tan sólo pagar un par de papeles verdes. ¿Lo mandarían a un prostíbulo? Muerto antes que cualquiera de las opciones anteriores...
No, muerto no. Lucharía por su vida. Lo había jurado. Se lo había jurado a su propio cuerpo.
Volvió a analizar en qué falló, llevándose una mano al mentón, parándose en medio de la habitación y observando un punto indefinido del suelo.
Su patada había sido perfecta; su puño también. Su embiste con el vidrio no había tenido ni el más mínimo titubeo y su cabezazo había sido, si bien bajo, preciso. Sin embargo, ese joven violento de cabello blanco y ojos rosáceos había bloqueado la patada con la pierna, aunque no consiguió salvarse del puñetazo. Le sujetó y dobló la muñeca para que soltara el vidrio, obligándole a arrodillarse, quedando a sus espaldas. Itachi no había dudado al momento de cabecear la entrepierna de ese sujeto y tratar de huir.
Pronto se encontró con un inmenso dolor en la nuca y un fondo gradual a negro. Lo siguiente que recordaba era estar en la cama tras despertar gracias a una alarma ruidosa en el cuarto de al lado y los gritos de ese muchacho agresivo, hablando algo sobre ir a una fiesta. Se había sujetado la cabeza y caminado, inspeccionando el lugar. Casi por un impulso semiinconsciente caminó a la puerta y justo al tomar el picaporte, decidió echarle cerrojo. Luego encontró confort en una esquina y se olió la ropa: cloroformo. ¿Quién y cuándo habían preparado un paño con cloroformo para dormirlo? El hombre mayor se veía capaz de ello, el pelirrojo no; incluso pudo ser el de cabello cano, pero recuperarse de un cabezazo por aquellas zonas no era fácil, y menos si la intensión había sido herir.
Salió de sus pensamientos rápidamente cuando escuchó las carcajadas de ese sujeto agresivo, que poco a poco se fueron acallando. El reloj al lado de su cama indicaba que eran las cinco treinta y tres de la mañana. ¿Qué hacía despierto a esa hora? Bueno, no interesaba, debía estar alerta. Dedujo que ese individuo volvería a dormir y entonces intentaría huir. En el resto de la casa no había movimiento alguno, ni ruidos. Sabía que había mucamas pues le habían llevado la cena la noche anterior, depositándola en bandeja frente a su puerta.
Seguro la habrían retirado tras dos horas de esperar que él la buscara. No era estúpido, no saldría a caer directo a una trampa tan obvia.
Escuchó la risotada de ese hombre, luego el chasquido de la puerta y tras eso el correr del agua. Sólo cuando hubieron cinco minutos consecutivos de silencio, y verificar la hora en el reloj, supo que había una mínima de posibilidad de escapar. Seis menos cuarto abrió la puerta y se mandó a carrera lenta escaleras abajo. Agudizó su oído y al llegar a una bifurcación eligió la derecha. Se sentía orgulloso de su sentido de orientación, pero demonios que esa casa era grande.
Un momento, ¿eso era un acuario?
Frenó y se quedó observando un cardumen de peces ángeles. Por su vista pasó un pez globo y una pequeña tortuga marina. ¿Pero dónde estaba metido? ¿Qué clase de loco tiene un acuario de piso a techo y que ocupaba el largo completo de un hall? Decidió seguir camino hasta que vislumbró una puerta allá a lo lejos. Corrió como mejor podía. Su libertad estaba cerca. Nada lo detendría...
Bueno, salvo un pez payaso.
Se quedó observándolo en una gran pecera que simulaba perfectamente un arrecife de coral. Había un pequeño grupo de peces payaso bailando entre las anémonas rosadas, o entre los corales. Convivían con otra especie, había una fina estrella de mar pegada a uno de los costados de la pecera y estaban esos peces limpiadores.
— ¿Te gustan los peces payaso?
El morocho giró sorprendido a ver a ese hombre tras él. ¿Cómo podía un hombre de casi dos metros de altura ser tan silencioso? Dio pasos atrás, directo a la puerta, siempre mirándolo y a la defensiva. No iba a confiar en ese sujeto por más que tuviera una increíble colección de vida marina en su casa, y más con su especie favorita.
El señor, como había escuchado Itachi decir a las mucamas para referirse a ese extraño hombre de piel azulada, separó los labios para hablar. No pensaba esperar nada, ni una letra. Eligió salir corriendo por la puerta y antes de darse cuenta se encontró en medio de un inmenso jardín, como aquellos que había visto un par de veces en revistas de famosos.
Miró ansioso a los costados. Si se tenía que escapar debía hacerlo ahora, aunque le extrañaba que ninguna alarma estuviera sonando. Se lanzó contra una estructura de madera en la pared, que permitía una ascendencia cómoda a las plantas trepadoras. La subió como si se tratara de una escalera y saltó al otro lado. Cuando había decidido hacer todo eso poco le importaba dónde terminaría, pero por suerte se encontró fuera de la casa. Bufó para recuperar el aire y continuó huyendo.
La casa se encontraba en mitad de la ciudad, lo sabía porque en una ocasión había llegado a robar por allí cerca. Y aún con todas las casas, tiendas y edificios rodeándolo, halló el camino de regreso a "El destierro"... donde le esperaba un grupo de hombres en traje negro cerrando el paso. Itachi retrocedió con cautela antes de ser visto. Se ocultó momentáneamente; intentaría trazar un plan para evadirlos y volver a su anterior vida.
Claro, podría rodear e intentar por otras rutas, pero su sexto sentido le indicaba que sería completamente inútil, que todas las calles iban a estar en las mismas condiciones. Se mordió la uña con fuerza, maquinando qué hacer.
— ¡Mami! ¡¿Me compras ese juguete?!
Itachi se asomó apurado de su improvisado escondite, que sólo era un pequeño callejón con enrejado al final. Los dos contenedores de basura le daban a entender que se trataba de la parte trasera de un restaurante. El niño que había gritado le llamó la atención, desconcentrándolo. Vio al pequeño entrar a la tienda junto a su madre y entonces una idea surgió en su mente.
Fue a lo más profundo del callejón esperando encontrar alguna puerta para esa tienda, pero al encontrarse con la mala suerte y un muro sin salida, su plan se vino abajo. Miró hacia arriba preguntándose cómo escalar aquella pared para llegar al techo y escaparse por las demás azoteas, y fue cuando la vio. Una ventana. No era muy grande, pero podría entrar y salir con calculada habilidad.
Lo siguiente que se escuchó en las calles fue el estruendoso ruido del local siendo víctima de la delincuencia y los gritos de la gente dentro. Mujeres y niños abandonaron el lugar corriendo mientras los hombres, y alguna que otra mujer, se abalanzaban sobre el joven de cabello negro con tal de detenerlo.
Itachi era más rápido que todos ellos. Esquivaba, o les devolvía los ataques con palos de escoba o bates de juguete hechos de un duro plástico. Tiró casi todas las estanterías y fue cuando escuchó al grupo de hombres de traje, que él ignoraba eran hombres de Kisame, ingresar al local tras oír semejante escándalo. Sonrió y dio por finalizada la misión de distracción, escapando por la misma ventana por la que había ingresado.
A toda velocidad pasó por la barricada de autos y de los pocos hombres que se habían quedado vigilando, y finalmente se perdió dentro de "El destierro".
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—Lula, ¿dónde se encuentran el señor y Hidan?
—Salieron aproximadamente a las seis y diez, Nagato.
La mucama se encontraba dándole la espalda a pelirrojo mientras guardaba la ropa ya doblada en los cajones, a pesar de las negativas de Nagato de poder hacerlo él. Ella sabía que el joven era capaz de hacerlo perfectamente, pero para algo le pagaban. Además, el pelirrojo le había caído bastante bien. En sus momentos de descanso y en compañía de un buen libro, Nagato siempre la frecuentaba con una sonrisa y material de lectura. Sólo hacía año y medio que trabajaba en la casa, luego de la jubilación de la más anciana de las mucamas, pero en esos casi dos años se sentía cercana al chico, quien era apenas seis años menor que ella.
—Qué temprano. ¿Qué pueden hacer durante hora y media? —se preguntó mientras se colocaba una camisa y abrochaba los botones. Le gustaba madrugar, pero eran casi las ocho y si no era por Lula seguiría envuelto en las sábanas. La noche anterior lo había fusilado comer tanto y tomar poco más de la cuenta, acompañado del incesante parloteo de la amiga de la hija del jefe de Marpoly. La muchacha heredera lo había dejado plantado en mitad de la fiesta para irse con un chico, dejándole a él a esa molesta muchacha.
Había despertado con un horrible dolor de cabeza y picazón en los ojos, observó a Lula abrir las cortinas permitiendo que todo el sol entrara de golpe. Le preguntó que a qué hora habían llegado a casa, porque no recordaba el camino de vuelta.
—A usted lo trajeron ya dormido —le había respondido con una sonrisa, alcanzándole un vaso de agua y algo de comer. También un analgésico, imaginando la resaca que traería—. Hidan se encargó de desvestirlo y colocarle la ropa de noche. Eran como las dos de la mañana.
Se imaginaba que la joven sabría de ello por boca de Kisame, de Hidan, del ama de llaves o simplemente por las cámaras de seguridad.
—El nuevo inquilino, el chico que trajeron ayer, escapó por la mañana antes que sonaran todas las alarmas y el señor se encargó de mandarlo a buscar junto a Hidan.
—Eso tiene más sentido —respondió con una sonrisa, observándose al espejo mientras alisaba su camisa. Se revolvió el cabello con las manos y luego lo corrigió, dejando que su mechón lacio cayera sobre su ojo derecho. Volteó a verla—. ¿Qué hay para desayunar?
La mujer cerró el cajón y tomó el cesto, girando a verlo. Le sonrió amablemente, como siempre hacía con todos. Su castaño cabello recogido en dos grandes rodetes rebotó con gracia, y entonces acomodó mejor la diadema que mantenía su flequillo controlado.
—Han preparado un desayuno americano. Puede acompañarlo con pan francés, pan tostado o el pan normal —respondió humilde, con los pies juntos, recta y sosteniendo el cesto frente a su cuerpo.
—Francés, por favor.
Nagato mantenía su calmada actitud desde siempre. Se sentía bien que alguien le tratara con algo de respeto, pero había dejado en claro a toda mucama y mayordomo con quienes cruzó palabra que no le hablaran con tanta sumisión. Le gustaba que lo llamaran por su nombre, a secas, porque "señor Nagato" le recordaba a como llamaban a su padre mientras éste aún vivía. No quería sentirse superior a nadie. Ya había estado en el otro lado de la barra y que traten a uno como a alguien inferior no era agradable.
—Nagato, ¿me permite algo?
—Claro. Y tutéame, ya te lo he dicho.
Lula asintió, dejó en el piso el cesto y se dirigió al pelirrojo mientras tomaba algunos agarradores de pelo que sostenían sus rodetes. Nagato elevó una ceja, confundido. Ella apartó el mechón de su rostro y lo sujetó contra su sien. No era demasiado complicado, debía agacharse un poco nada más. Le provocaba ternura que la altura máxima de un muchacho de la edad de Nagato fuera hasta sus clavículas, aunque también puede que los tacones y de por sí su metro setenta y nueve influyeran en semejante diferencia.
Nagato se miró en el espejo y sonrió avergonzado.
—Parezco mujer —rió ligeramente.
—Puedo quitárselos si lo desea.
—No, está bien. Tendré un cambio de aires —le sonrió y ella asintió, caminando al cesto y levantándolo—. Gracias, Lula.
—Por nada —finalizó y salió, cerrando la puerta.
Pasaron algunos minutos hasta que, ya cambiado, bajó. Desayunaría e intentaría terminar ese libro de misterios que lo atrapó desde el primer momento. Le faltaban tres capítulos para llegar a la última hoja, y corriendo iría a tomar la continuación. La historia de un delincuente que tras provocar diversos asesinatos se entregó histérico a la policía le parecía cliché, puesto que el homicida escuchaba gritos en la casa; las voces de sus víctimas, sollozos. Paralelamente, un policía retirado era llamado para resolver estos múltiples asesinatos junto al caso de brotes psicóticos que el pueblo más cercano a la ciudad sufría, y que estaba dentro de su jurisdicción.
Nagato esperaba que la segunda entrega no arruine la historia. Había dejado tantas sagas abandonadas por eso mismo: la asquerosa continuación. Sólo un segundo libro le agradó tanto como para llegar al tercero, que abandonó porque era eso o volverse un idiota al leer tanta incoherencia.
— ¡Volvimos!
Justo antes de entrar a la cocina escuchó la voz de Hidan y fue a recibirlo al comedor. Venía tan activo como siempre, con Kisame atrás. Esperaba ver al jefe trayendo consigo al niño fugado pero no hubo suerte.
Nagato saludó amablemente con un leve asentimiento de cabeza y retomó el rumbo a la cocina, mientras Hidan corría a darle alcance y embadurnarlo de todas las hazañas que había hecho para recapturar al morocho. Claro que no llegó a decir ni la mitad, que Nagato lo acusó de mentiroso y él a risotada suelta se dio por descubierto.
Después de todo era su mejor amigo.
— ¿Y en dónde se encuentra ahora el chico ese? ¿Sabemos ya cómo se llama?
Tras minutos en silencio Nagato se dignó a preguntar aquello. Habían estado diez minutos desayunando en silencio, mientras algunas mucamas llegaban a comenzar sus labores y otras tomaban un ligero descanso. El ama de llaves había organizado las tareas del día y enviado por fax a Kisame la hoja donde estaba anotado todo, ya que ese día se despertó con un dolor insoportable de espalda y náuseas.
—No, no sabemos —Hidan miró a Nagato con media tostada francesa en la boca—. Y respecto a donde está: lo llevamos al hospital para que lo atiendan. ¿Recuerdas el corte que tenía en la mano? Mientras corría el muy idiota, se quitó el vendaje y se abrió la herida al caer.
— ¿Volviste a ponerle cloroformo para atraparlo? —preguntó no muy sorprendido. El morocho parecía de la actitud arrogante que se desharía de cualquier vendaje con tal de no parecer débil.
—Sí —respondió orgulloso—. El crío es como el agua: se te escapa de entre los dedos. Era más fácil dormirlo, y estoy seguro de que lo ataron a la camilla.
—Iré a recogerlo más tarde —intervino Kisame tras agradecer el huevo frito matutino a una de las mucamas—. Creo que será más complicado que con ustedes. No parece dispuesto a bajar la guardia y lo único que hace es herirse a sí mismo cada vez que intenta escapar.
—Algo debe calmarle la rabia. Sólo hay que averiguar si le gustan los choques eléctricos o los latigazos, para hacer lo otro y no darle el gusto a ese sádico pervertido.
Hidan se recargó en su silla al acabar de arrasar con el desayuno que le habían dado. Bebió de una el jugo de naranja recién exprimido y levantó sus cosas, llevándolas al fregadero donde una mucama le sonrió y dijo que ella lavaría.
El joven de cabello cano se había acostumbrado rápidamente a vivir de esa manera. Le gustaba, pero tal como a Nagato, se le hacía extraño. Hacía unos meses había decidido valerse más por sí mismo, manteniendo mejor el orden y limpiando lo que ensuciaba cuando no había una de las contratadas cerca.
Tomó un libro de un estante y volvió a su asiento, donde se dedicó a la lectura. Prefería ignorar esa mirada irónica de su compañero, quien se la estaba lanzando tras el último comentario. ¿Y qué si él era medio masoquista? Quién sabe si a ese morocho también le gustaban esos tratos rudos. Si no, ¿por qué se lastimaría como lo hacía?
Kisame observó a Hidan tras su frase. ¿Calmar la ira del chico? No sonaba mal, lo había hecho en un par de ocasiones, ¿pero y ahora con qué hacerlo? Ese chico era hoja en blanco: envió a sus empleados a registrar gran parte de "El destierro" y no encontraron nada que identificara a muchacho; en el hospital mandó a buscar archivos de jóvenes de la edad del morocho para ver si era de la ciudad. La única esperanza que le quedaba eran los resultados ordenados de la sangre de ese chico.
Tras pensarlo por un momento sonrió, agradeció la comida y se retiró. Ya tenía una idea de qué darle al nuevo.
Hidan fue el siguiente en levantarse. Disfrutaba de leer en soledad ese libro de costumbres y rituales, entre otros temas, de todo mundo, y su lugar favorito para ello era el balcón sur. Se negaba a admitir el porqué escoger ese sitio. Él decía que "porque es el lugar más cómodo y silencioso, y ahí me puedo encontrar conmigo mismo sin que me toquen las pelotas". Si bien tan falsa no era esa afirmación, realmente disfrutaba de la vista y estar rodeado de las trepadoras con flores rosadas. Se sentía marica al pensar en eso, pero mientras no lo dijera no sería real.
Nagato se encontró solo. Había sido el último en terminar el desayuno, agradecer e irse. Caminó tranquilo hasta el salón, se acostó en el mullido sillón de gruesa tela y relleno suave, abrió el libro y no le llevó demasiado acabar los capítulos restantes. De debajo la mesilla de centro sacó la secuela. En verdad que esperaba no le aburriera.
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Itachi se sentía extrañamente cómodo. Hacía algunos meses no se sentía así de reconfortado. Se sentía incluso...limpio. Abrió los ojos con dificultad, pues éstos estaban llenos de lágrimas y sus pupilas dilatadas. Se encontró con un techo blanco e iluminado, y con ello le llegaron punzadas al cerebro. Miró lentamente a los costados, abrumado por el aroma pulcro del aire. Los bip...bip... de las máquinas lo confundían. ¿Acaso era un hospital?
Intentó incorporarse rápidamente y se encontró atado por las muñecas y tobillos. Jaló más fuerte, apretando la mandíbula por el enojo. ¿Otra vez había caído en el truco del cloroformo? ¿Cuándo?
Se serenó y observó su brazo izquierdo. Tenía una intravenosa. Siguió el tubo hasta la bolsa que goteaba lentamente para pasarle el suero. Podía llegar a ser que haber perdido sangre durante su huída lo haya debilitado, pero no tanto como para tener una aguja clavada al brazo. Debía relajarse si no quería que parte de eso se quebrara y, posiblemente, se quedase rondando por su sistema circulatorio para finalmente matarlo.
Toda su atención estaría en el brazo derecho; lo iba a liberar fuera como fuera. En su forcejeo notó la rodilla envuelta en vendas y también que sus pesqueros no estaban. Giró los ojos al ver ese delantal verdecillo que casi todos los hospitales daban a los pacientes. Lo único que podía agradecer es que le hayan limpiado. Su pelo no estaba en el mejor estado, aún así, pero el resto de su ser estaba fresco.
— ¡Hermano!
Perdió el aliento, paralizándose. Sus ojos se llenaron y gotearon nuevamente, sin forma de limpiarse. La impotencia le podía más que la fuerza para liberarse. Así que, simplemente, se dejó llorar.
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¡Waa! ¡Dos capítulos en dos semanas! Al parecer las actualizaciones serán semanales o cada dos. Lo siento, pero no lo sé realmente...Pero créanme, quería subirlo hoy.
¿Cómo va quedando? ¿Gusta? Recuerden que cualquier cosa me dicen :D Sé que no tiene mucha acción, pero ya pensé en una escena de pelea. He pensado en otras tantas sacando ideas de otros fics, arriesgándome un poco a "dramas" que no acostumbro. Mi idea es parar un poco con el cliché, poner más drama y hacer que la trama avance lenta. Puede que ya haya pensado un final para la historia, pero no hay nada confirmado.
Para un par de referencias, el nombre correcto del sushi que Hidan comió y le asqueó tanto se llama Nigirisushi, la tercera opción que pensó antes de que le importe una miércole xD
Había algo más...pero al parecer mi mente troll no lo recuerda (?) Debió ser un comentario mío, nada influyente xD
Bueno, me voy despidiendo. Quiero agregarles algo personal mío que no tiene nada que ver con la historia.
Es la primera vez en toda mi vida que no quiero que acabe un año. 2007 y 2011, esos años me pasaron volando, apenas pude disfrutarlos. El 2012 fue un poco más lento. Pero este año, 2013, no sé si porque inicié la universidad o porqué, pasó muy rápido. No lo disfruté y eso me desespera y angustia mucho.
No sé, quería comentárselos xD A ver si por ahí hay algún psicólogo (?)
Pasen un muy feliz año nuevo lleno de comida y bebida tradicionales. Hablando del lado de Argentina y mi familia, con sidra, pan dulce, carne y vitel tone.
Un beso a todos, y gracias a Ayumi y Sol por sus RW, y a Lykox comentario y fav :D Me alegro que les guste como se vio el primer capítulo. Espero no les haya mareado :) ¡Y gracias a sam . alexander 311 (lo separo porque sino lo borra -w-)!
¡Y no puedo creerlo! ¡Tengo visitantes de muchos lados! ¡Argentina, México (una de ellas fue obligada por mí xD), España, Chile, Uruguay, Brasil y Perú! ¡Muchas gracias!
¡Feliz año nuevo!
Martes 31/12/13
