Capítulo 2: La muerte es sólo la suerte con una letra cambiada.

"Los seres humanos querrán hacerte daño, y cuando ese momento llegue, tendrás que correr muy lejos" me dijo mi madre. ¿Acaso ella no corrió? Salía un líquido rojo de su hocico, y un macho humano la cargaba. Deseé con todas mis fuerzas que despertara, pero no lo hizo.

-¡Mamá! – fue lo último que grité antes de largarme de ese nefasto sitio.

-¡Espera! – me dijo eso a lo que llamaban "Korra", pero no logró detenerme. Sin embargo, salió corriendo detrás de mí, mientras que los demás le decían que no lo hiciera.

Esa niña era algo completamente diferente al resto de los humanos de ese grupo. Cuando los otros asesinaron a mi madre, ella deseaba estar conmigo. ¿Por qué? Aún así no sentía malicia en sus acciones. Quizás tendría mi edad en ese entonces. Sus intenciones eran buenas, aunque mi madre me dijo que no me fiara del actuar humano.

Ya estaba lejos de los demás. No obstante, Korra seguía persiguiéndome.

-¡¿Qué quieres de mí? – exclamé tan fuerte que la misma tormenta debió estremecerse con mi voz -. ¡¿Quieres hacerme lo que los de tu especie le hicieron a mi madre?

No podría entenderme; lo pensé después de un rato, pero venía hacia mí sin miedo a nada.

-Yo no te quiero hacer daño – me dijo –. Si mi mami muriera, los destrozaría con el poder de los elementos en ese momento. Sé por lo que pasas, y ellos no debieron matar a tu mami. Yo puedo cuidar de ti. Yo tengo a mis papis, pero no los veo mucho; estoy entrenando todos los días para convertirme en el mejor avatar.

Mi mamá contaba que el espíritu y la forma más poderosa entre todos los seres era el avatar; el maestro de los cuatro elementos, el que mantenía la paz entre los humanos, nosotros, las plantas, los espíritus y todo lo que tuviera vida.

-Ven conmigo, amiga – venía hacia donde estaba e intentó tomarme, mas me resistí y la sacudí hasta que salió volando por los aires. Aproveché para alejarme, y después de unos minutos me detuvo una roca que me hizo caer. ¡Era una humana demasiado terca!

-¡Podemos ser amigas! – gritó allá a lo lejos –. ¡Yo no soy tu mami, pero habrá quienes te quieran! ¡La maestra Katara seguro te querrá!

¿Hablaba en serio? Es posible. ¿Por qué el avatar era demasiado amable conmigo? Nunca había tenido un amigo humano, y menos una hembra. Mis hermanos habían terminado hechos añicos en manos de un macho alfa de la manada de Korra, y mi madre había muerto hoy.

La olfateé, y supe que no mentía. Incluso tenía una especie de brillo en su cabeza donde veía la conexión entre ella y gran parte de los seres vivos. No me infundía miedo; me daba un aire de confianza. Me extendió sus patas delanteras y enseguida fui hacia ella.

-¿Amigas? – pregunté

-Te llamaré Naga – contestó justo antes de montar en mi lomo.

"Las crías de humano son las más inútiles de todas" solía decir mi mamá. Le creí, y era cierto. Esa cachorrita se veía indefensa, y con un diminuto golpe de mi pata podría salir volando. Aunque tenía un ímpetu digno de reconocerse, algo completamente diferente. Cualquier cachorro de humano hubiese salido corriendo en el momento de verme.

-El avatar tiene una conexión especial con los animales. Una vez que crea un vínculo con un ser salvaje, quizás sea un amigo para toda la vida – les dijo una hembra de edad avanzada. Los padres de Korra parecían no estar de acuerdo con la nueva amistad que habíamos entablado la cría y yo. Estábamos sentadas las dos viendo cómo los líderes resolvían el conflicto de mi llegada.

-p…pe..p..p…pero ¡Es un perro oso polar! ¡Son salvajes! – comentó el padre de mi amiga Korra.

-Dime, Tonraq, ¿Te ha hecho algo este adorable animal? – cuestionó la anciana en tanto acariciaba mi cabeza. Ella tampoco me daba miedo y parecía no sentirse incómoda conmigo.

-pues…no realmente. ¿Y si se come a Korra?

-Les aseguro que Naga no le hará nada a su hija. Korra es el avatar. Los animales ven cosas que nosotros no podemos ver. Es un avatar en crecimiento; apenas tiene siete años. Pero es poderosa, y su espíritu está conectado con todos y cada uno de nosotros. Ambas se eligieron para acompañarse por el resto de sus días.

Esa amigable hembra les sonrió a los padres de la cachorra.

-Entonces…

-Sí, Korra. Te puedes quedar con Naga – contestó su madre

Korra saltó mucho esa noche, y ambas dormimos en su cuarto. Era el avatar; no sería como convivir con cualquier cachorro de humano.