Kiyaku
Por Aomine Daiki.
Dedicado a RizelHolmes quien siempre me motiva con sus palabras
Ya era de noche, aún cuando las estrellas habían empezado a brillar mucho después de que el sol terminara de ocultarse, y la limpieza del auditorio todavía no terminaba. A Murasakibara le dio por ponerse de malhumor al no haber podido comer nada durante y al final del entrenamiento. Haciéndolo notar al instante con un puchero mientras trataba de quebrar las cerdas sintéticas de una de las escobas.
"Detente. La vas a romper"
La orden dada por Midorima no surtió efecto alguno. Atsushi solo arrugó la frente y acentuó el puchero en sus labios. Como si estuviese a punto de ponerse a llorar.
"Cállate, Midochin"
Eso obtuvo como respuesta el que Shintarou adoptara un color rojizo y que las venas de sus sienes saltaran de coraje. La forma de hablar de Atsushi no había sido la indicada, no al menos para aquella situación que se encontraban viviendo.
"¿Qué dijiste?"
Disgustado, Midorima empujó el puente de sus lentes, enmarcando en sus ojos una ira restringida capaz de liberarse en cualquier instante. Su mirada amenazaba con no permitirle semejante majadería a Murasakibara, pero este, por igual, no se dejaría. La tensión y cansancio los estaba conduciendo hacia una situación peligrosa. Kise desde su lugar les observaba en silencio, algo malhumorado, mientras que Akashi, respirando agitado, le echó un vistazo a Nijimura que continuaba aseando.
"Capitán"
Esta vez Seijuurou le habló de manera respetuosa, marcando las diferencias de rangos y edades con su tono. Shuuzou no pasó desapercibido ese gesto pero continuó fregando el suelo. Para cuando Shintarou recibió una segunda réplica que le crispó los nervios fue que Shuuzou detuvo lo que hacía para volverse a ellos.
"Van a dejar ese tono o aquí lo único roto serán sus espaldas"
La amenaza tuvo efecto, Shintarou y Atsushi se detuvieron, cada uno muy a su estilo. Órdenes eran ordenes, y debían ser acatadas, más por de quien provenían y la entonación que fue dada. Shuuzo sin reparo dejó escapar un lánguido suspiro, ser responsable de esos mocosos que día a día crecían a pasos agigantados y amenazaban con superarlo no resultaba tarea fácil.
"Esto es una mierda"
Para sí mismo y echándose el fregador al hombro se dijo.
Por su parte Ryota empezó a sentirse angustiado, apretando en desesperación el mango de su propia escoba. Aomine y Kuroko llevaban alrededor de media hora sin aparecerse, era lógico pensar que algo estaba sucediendo entre ellos y eso solo traía dudas y temores a la mente de Ryouta. Por ello, sin importarle otra cosa más que darle alivio a sus dudas, le pidió a Nijimura lo siguiente:
"¡Capitán!, Aominecchi ya se tardó demasiado. Será mejor que vaya a buscarlo"
"¿Es así?"
Shuuzou sabía, mejor de lo que esos mocosos pudiera hacerlo, lo que ocurría entre ellos. Al final solo tenía un grupo de niñas queriendo ser notadas y amadas. No existían prejuicios, pero admitía que la tenían jodida. No pudo evitar pensar en qué había fallado o sí su guía debió extenderse más allá de un acondicionamiento físico apropiado.
Kise y sus grandes ojos repletos de angustia le dijeron que no debía dejarlo ir. Que si iba encontraría verdades que lo desmoronarían y que hiciera lo que hiciera, ese niño transparente jamás le correspondería. Pero pese a todos los contras, sería mejor que la desilusión viniera rápida, para que el tiempo empleado en su superación fuese mayor.
"Diez minutos, sino, tu y Aomine se quedaran sin cenar"
"¡Sí!"
Para cuando Ryouta abandonó el gimnasio corriendo, Shuuzou quiso detenerlo pero ya era tarde. Después de todo ese lado enfermamente paternal que le obligaba a consentirlos le había ganado por completo.
Haciéndole arrepentirse.
Kuroko por su parte, ajeno a todo, desconocía con exactitud cuánto tiempo había transcurrido ya desde que Aomine le llevó a los vestidores. Pero suponía que era lo suficientemente tarde como para que las tenues luces de los faros de la escuela estuvieran encendidos y alcanzaran a rosar las puertas todavía abiertas del lugar.
Daiki se hallaba dormido sobre su regazo, después de haber terminado de llorar contra su pecho.
Nunca, desde el tiempo que llevaba en el club y siendo amigo de Aomine, le había visto llorar de esa manera. Tetsuya siempre pensó en él como una persona fuerte e incapaz de romperse, pero al parecer esa idea era errónea y las lágrimas de aquella tarde se lo hicieron ver. Daiki era un niño, igual que él.
"Es tarde. Me pregunto si ya terminaron con el entrenamiento"
Acariciándole los cabellos a Aomine volvió la cabeza en dirección de la entrada semi abierta de los vestidores que conducía al pasillo. Buscó incorporarse con sumo cuidado para no despertar a su amigo. Cuando pensó que lo había conseguido algo lo detuvo.
"¡¿Ah?!"
"Quédate"
Ese algo no se trataba de otro más que de Daiki ya despierto. Su mirada profunda y la seriedad en sus palabras le hicieron temblar de pies a cabeza. Y de pronto Tetsuya sintió que el mundo se abría en presencia suya.
"El capitán dijo que regresaras"
Los dedos de Aomine empezaron a enredarse en su muñeca y a jalar de ella. Kuroko no se resistió, al contrario, se dejó guiar. Intentando en todo momento mantener fijo sus ojos en los azules de Daiki quien igual a un felino no dejaba de observarlo.
"No quiero"
"Ya estoy mejor"
"No es verdad"
Aomine le rodeó con los brazos, hablándole al oído y recorriéndole el rostro con la punta de su nariz. Ronroneando por lo bajo o esa impresión le dio a Kuroko. Disfrutando en medida las suaves caricias que comenzaron a quemarle poco a poco.
"Aomine-kun"
"¿Hmph?"
"¿Qué estás haciendo?"
Daiki se detuvo, tomándole entre las manos su faz. Mirándole con extrañeza, ladeando la cabeza en ese gesto cotidiano cuando parecía no entender lo que decía.
"Quiero hacerlo, con Tetsu"
La confesión sincera, natural, le produjo un mareo que bien le valió la pérdida de sus pocas y recuperadas energías. Sentía la cara ardiendo, seguramente estaba sonrojado hasta las orejas. Procuró esconder el rostro en la curvatura del cuello y hombro de Daiki pero éste no se lo permitió.
"Hablo enserio"
La seguridad en él siempre poseía un aura apabullante, capaz de doblegarle el temple y hacerlo sucumbir a los deseos de Aomine.
"Tetsu"
Aguantándose lo que hubiera sido un sonoro gemido cuando a Daiki le dio por apretarle las nalgas firmemente. El choque eléctrico de ese toque le hizo perder energías, dejándose caer en el abrigo del poderoso abrazo de su luz.
"Quiero ponerlo aquí"
Aún con el uniforme encima, los dedos índice y medial marcando círculos a nivel de su recto le llevaron pronto a un sutil delirio. Daiki no se la estaba poniendo fácil. Sus caricias, esos ojos y sus palabras llenas de ternura y deseo eran algo con lo que Kuroko no podía luchar. Pero el lugar no se prestaba para ello, tampoco el momento. Desde que empezaron con esa clase de relación las ansias de Aomine por llevarla a un nivel más allá de simples besos o caricias en el cabello, se hacía más fuerte y Tetsuya ya no se sentía con la confianza suficiente para detenerlo.
"Aquí nghno"
"Baja la voz"
"Por fanghvor, piensa un poco donde estamos"
"Tetsu"
Se quedó en silencio, los dedos de Aomine cesaron de moverse, y atento Tetsuya se concentró en la repentina quietud rota en ocasiones por el palpitar de su corazón.
Los puños de Daiki se endurecieron, las cejas oscuras se doblaron junto a su frente y la sonrisa ya deformada por un signo de impotencia, le dieron la imagen de un joven derrotado, miserable y suplicante. Y Kuroko quiso llorar.
"Me gustas, y por ello quiero hacerlo. Contigo, solo contigo y nadie más"
Los iris marinos de Aomine se desbordaron en un brillo cobalto, los rayos de las tormentas los enmarcaron y el profundo azul del océano se arremolinó allí adentro. Sus labios danzaron a un son encantador y las notas de sus palabras cantaron una hechizante canción. Daiki le besaba, con ternura, las manos, subiendo a sus muñecas sin ir más allá de estas. Esperando su respuesta. Presionándolo sin desearlo con su paciencia.
Decir que no ansiaba lo mismo habría sido mentirle y mentirse, sin embargo no quería que fuera allí, quizás por mero capricho o algo más que no sabía cómo explicar.
Cerró los ojos, apretando los parpados y aferrándose al tiempo a las grandes pero aún finas manos de Daiki.
"Y-yo también, yo también quiero hacerlo con Aomine-kun"
Aomine le observó atónito, llenándosele la vista de una alegría incrédula. Levantándose de inmediato para posar ambas palmas a cada lado de su cabeza y soltar una risa nerviosa, trabada por su propio entusiasmo que no supo dirigir. Mientras que él, Tetsuya, lloraba entre carcajadas silenciosas, secundando a Daiki en su euforia. Hablaron tendidamente acerca de las cosas que harían juntos, de ganar cada uno de los torneos que existieran, de comer hasta reventar y dejar de jugar una vez que el sol se extendiera.
Jurándose compañía eterna. Sin saber que existían personas que aunque les apoyaban su unión era una espantosa tortura. Siendo Kise una de ellas.
Este se quedó al otro lado de la puerta, mordiéndose los labios de manera tosca, importándole poco herírselos hasta hacerlos sangrar. Guardando silencio y desmoronándose al tiempo en que las palabras de aceptación de Kuroko se elevaban entre el mutismo del momento. Esa noche no les interrumpió. No le dijo nada al capitán y cedió su cena a Aomine para que Tetsuya no lo hiciera, por celos, desánimo, ambas o ninguna. Nunca lo supo.
Y muy en el fondo deseo que eso aquello que escuchara jamás hubiese sucedido.
Ignorando que Daiki y Tetsuya nunca pudieron concretar lo prometido. Porque un destino prometedor se apoderó de Aomine, volviéndolo frío, indiferente, vacío, a cambio de un poder apabullante. Alejando a Kuroko de él, de Ryouta, del equipo y su querido baloncesto.
Continuará…
N/A. No entiendo cómo siempre me pasa que la historia se me va de las manos, tampoco cómo siempre le cambio la forma de narrar y así. Orz, me siento muy fail, pero prometo Rizel-san que en el último (donde irá la acción) trataré de mantener un estilo y no brincar de uno a otro.
