RECUERDALO TÚ LE AMAS

Capitulo 2: Instituto Shinsengumi

Por: Okashira janet

Cansada de golpearse la cabeza contra los barrotes de su cama a ver si así podía despertar de su pesadilla (que no era tal cosa) Misao soltó un suspiro y giró la vista a su alrededor, después de horas de asedio toda la gente que estaba en su habitación por fin se había marchado y ella se sentía tan perdida como un pez fuera del agua, incluso había llamado en murmullos a su abuelo pidiéndole ayuda pero nada, parecía que el maldito anciano la había dejado sola.

-Estupidos muertos- la chica levantó una ceja enfadada, la primera vez que había visto un fantasma había sido a los cinco años, luego a los diez, otra ocasión a los catorce y a los dieciséis años había visto a Hannya cuando Kamatari le había quebrado las costillas en el Aoiya, sí, los fantasmas de repente ayudaban pero la mayoría del tiempo se la pasaban empalmándola.

Por que a ver ¿Qué demonios podía hacer ella en el 2009?, por kami que de seguro que en esa fecha hasta Yahiko estaba muerto y bien enterrado, ¿Qué no se suponía que para cambiar el destino de alguien se tenía que regresar al pasado?, la chica estaba que rabiaba y ahora ¿Cómo desharía semejante enredo?

-Abuelo- la joven esperó unos momentos en busca de una respuesta –Abuelo, la has cagado mandándome al futuro- nada, el fantasma como si no le hablara.

-A-BUE-LO- la chica entonces se incorporó en su camilla, esa cama era muy incomoda, estaba toda dura y las sabanas blancas le daban escalofríos como si estuviera por morir.

-¡Abuelo!- gritó ahora si enojada -¡Me mandaste al 2009, sácame de aquí ahora, vamos, movidito!-

-¿Abuelo?-

-¡Ah!- la chica dio un respingo, la puerta de su habitación se había abierto y desde el quicio la observaba una mujer con unos enormes y hermosos ojos verdes, piel blanca y cabello largo y oscuro.

-Tú debes ser Misao-

-¿Me va a hacer más preguntas?- la chica entrecerró los ojos –Ni se le ocurra volver a apuntarme con esas luces cegadoras porque le juro que…-

-Eres malhablada- la mujer sonrió y cerró silenciosamente la puerta tras ella –Pero al parecer le has llamado la atención a mi esposo-

-¿Quién es usted?- Misao alzó una ceja, no conocía a esa mujer, bah, sí sería idiota, estaba en el 2009 por supuesto que no conocía a nadie.

-Mi nombre es Tokio-

-¿Cómo la capital?- Misao parpadeó.

-Si como la capital- la mujer se sentó en una esquina de la camilla –Y vengo a hacerte una propuesta-

-¿Qué quiere?- la chica entrecerró los ojos y la mujer sonrió complacida, esa muchacha era desconfiada, grosera, impertinente y un montón de cosas más pero sin embargo tenía la extraña virtud de caerle bien.

-No yo, mi esposo-

-¿Quién es su esposo?- la muchacha nuevamente frunció el ceño.

-Por ahora no importa mucho- la mujer sonrió y muy a su pesar Misao tuvo que admitir que le inspiraba confianza.

-Bueno, que quiere su esposo-

-Para saberlo tendrías que acompañarme-

-Eh…- Misao parpadeó y se observó a si misma, llevaba puesta una extraña cosa blanca (bata medica) que no habían alcanzado a hacer bien porque estaba abierta de la espalda y se cerraba con unos tirantitos blancos, si salía con esa cosa se arriesgaba a que medio mundo le viera el trasero al aire.

-Entiendo que te sientas perdida- la mujer de ojos verdes ladeó la cabeza –Según parece tienes una fuerte amnesia y alucinas pensando que vienes de otra era-

-Vengo de otra era- la joven entrecerró los ojos.

-No recuerdas a nadie-

-Ya le dije que eso es porque no conozco a nadie-

-Pero como tampoco nadie te ha venido a reclamar lo más seguro es que te encuentres sola en este lugar-

-Ah, hasta que dice algo lógico- la chica soltó un suspiro.

-Y es por eso mismo que le has llamado la atención a mi esposo-

-No entiendo-

-¿Vendrás conmigo?-

-Bueno, no tengo nada mejor que hacer- la muchacha bajó lentamente los pies de la camilla y hasta ese instante notó que estaba descalza ¿Acaso había caído desnuda del cielo?, que vergüenza, que bueno que en esos instantes estaba inconsciente.

-Te daré ropa para que te cambies- la mujer le tendió una bolsa de plástico que la ninja aceptó parpadeando –Pero tenemos que salir con mucho sigilo de aquí porque como eres algo así como una celebridad se notara en seguida tu ausencia-

-¿Qué es una celebridad?- Misao empezaba a abrir la bolsa oteando en el interior.

-Pues tú- la mujer le pegó en la nariz con un dedo y salió del cuarto para darle un poco de intimidad, de verdad que parecía que esa chiquilla venía del pasado, seguramente se había dado un fuerte golpe en la cabeza capaz de trastornarla hasta ese grado.

-Que remedio- Tokio giró a ver el reloj que llevaba en su muñeca, según lo que le había dicho su esposo tenía veinte minutos para secuestrar a la muchacha y huir por la puerta trasera del hospital antes de que alguien notara su ausencia y se armara la gorda y lo malo es que ya había perdido quince minutos en dar con la habitación de la chica.

-Oiga- Misao salió de la habitación vistiendo un short negro corto, una playera blanca algo holgada, los calcetines y los tenis desamarrados -¿Qué es esto?- Tokio enrojeció, la muchacha llevaba el sostén en una mano y le daba vueltas con su dedo.

-¿Cómo que, que es?- la mujer estuvo a punto de tirarse por la ventana, esa muchacha si que estaba mal, pero ya no tenía tiempo de explicaciones -¡Ven, vamos corre!-

-¿Por qué?- Misao se dejo arrastrar por unas escaleras.

-Debo sacarte de aquí sin que lo noten- la mujer se pegó a una pared poniendo un dedo sobre sus labios, había oído unas pisadas.

-Lo oigo y no viene para acá- Misao frunció el ceño -¿Por qué no nos deben ver?, ¿Usted es mala?-

-No, claro que no- Tokio volvió a jalar a la muchacha por el brazo y Misao se vio de pronto en un lugar oscuro y tenebroso (el estacionamiento subterráneo).

-Oiga… Tokio-san, ¿Por qué me esta secuestrando?- los ojos verdes de la mujer relampaguearon.

-Bueno, se podría decir que te estoy secuestrando pero es para un buen fin-

-Bueno, pero si intenta algo extraño voy a patearla, esta advertida- tentada estuvo la mujer de reír pero se contuvo las ganas para cuando estuvieran a salvo y nerviosamente abrió con sus llaves tintineantes la puerta de un automóvil rojo.

-Entra- Misao alzó una ceja.

-¿Por qué quiere que nos escondamos ahí?, es muy pequeño-

-No quiero que nos escondamos- la otra la empujó y cerró la puerta, de verdad que esa chiquilla parecía vivir fuera de la realidad, empezaba a creer que su esposo se había equivocado con ella.

-¿Qué es esto?- Misao no se podía estar quieta dentro del auto, pegaba la mano al cristal, jaloneaba el cinturón de seguridad, picaba los botones del radio –Parece una maquina extraña-

-Eres un caso perdido- Tokio metió la llave dentro del compartimiento y al instante el carro ronroneó para arrancar creando un suave movimiento.

-¡Se mueve!- Misao chilló y encogió los pies para gran susto de Tokio pero el momento de terror le duro poco a la chica quien al instante abrió con sorpresa los ojos, una expresión de genuina alegría y desconcierto se pintaba en su cara -¡Se esta moviendo!-

-Por supuesto- Tokio echó la reversa y fijó los ojos en el camino –Es un auto-

-¡Pero no tiene caballos!- la muchacha pegó la nariz al vidrio –Hace un par de años escuche que alguien planeaba hacer una carroza que se moviera sin necesidad de la fuerza de los caballos sino con un combustible pero pensé que eso era imposible-

-Eso sucedió hace un siglo- Tokio frunció el ceño pero luego su rostro se volvió risueño, la muchacha a su lado estaba así de perdida porque se había golpeado la cabeza pero de cualquier manera estar con alguien que no recordaba nada moderno era divertido, sobre todo estando en la cuna de la modernidad, Japón.

-¡Más carruajes!- Misao parecía loca de emoción girando su cabeza hacía todos lados, había carruajes muy diferentes y todos hacían ruidos como si un animal estuviera agonizando, si un carruaje se le atravesaba a otro sonaba el ruido, si los carruajes no avanzaban sonaba el ruido ¡Era una locura!

-No son carruajes, son automóviles- Tokio le sonrió –Hay muchas variedades-

-¡Y colores!- nuevamente la ninja pegó la nariz al vidrio, en el 2009 las calles ya no eran de tierra ahora había una cosa gris sobre ellas y por todos lados veía tiendas y mas tiendas.

-Oye Misao…- Tokio dudó un momento -¿Recuerdas que estabas haciendo antes de caer del cielo?-

-Estaba asistiendo a un velorio- de pronto toda la alegría y el animo de la chica se esfumaron –Mi mejor amiga murió frente a mi-

-Lo siento- la de ojos verdes sujetó con ambas manos el volante -¿Recuerdas donde fue?-

-Aquí en Tokio-

-¿El panteón?-

-Pues el único que existe- Misao ladeó la cabeza pero Tokio frunció el ceño, había como diez panteones en Tokio y sus alrededores.

-¿Recuerdas que día era?-

-No-

-…¿El año?...-

-1893- la chica soltó un suspiro y apoyó la barbilla en su mano, eso ya lo había dicho muchas veces frente a las otras personas preguntonas en el hospital y entonces los muy groseros habían dicho frente a sus narices con esos palitos que hacían más fuerte la voz que esa era una prueba convincente de que la chica (osease ella) había sufrido un trauma cerebral sorprendente.

-Ah…- Tokio pisó a fondo el acelerador para alcanzar a pasar un semáforo que empezaba a tintinear amarillo y Misao volvió a saltar sorprendida.

-¡Vaya!, ¿Puedes hacer que el carruaje vaya tan rápido como quieras?-

-Auto- la mujer la corrigió –Y sí, más o menos, aunque algunos corren mucho más rápido, tenemos a un muchacho en la escuela que conduce a cientos de kilómetros por hora en las carreras-

-¿Los carruajes tienen carreras?- había tal perplejidad en la pregunta que Tokio soltó una carcajada, de verdad que el golpe que esa chiquilla se había llevado en la cabeza le había borrado la memoria.

-Hay carreras de casi todo y en nuestra escuela se encuentran los mejores-

-¿Carruajes?-

-¡Muchachos!- Tokio sin quitar la vista del camino le dio a la jovencita un empujoncito con su dedo –El Instituto Shinsengumi se complace en decir que tiene a los mejores jóvenes del planeta-

-¡¿Instituto Shinsengumi?!- Misao se fue para atrás sin remedio ¿Estaría hablando esa mujer del sanguinario grupo Shinsengumi?, ¿Los lobos de Mibu?, ¿Japón estaba en guerra?

-¿Te suena?- la mujer disminuyó la velocidad frunciendo débilmente el ceño, parecía como que a la muchacha el nombre de la escuela la había atemorizado.

-¡Claro que me suena!- Misao saltó –Si el Shinsengumi esta en activo eso quiere decir que la era Meiji peligra, ¿Los Tokugawas quieren volver al poder después de tanto tiempo?-

-Ah…- los ojos verdes se entrecerraron –No me estas entendiendo, nuestra escuela se llama "Instituto Shinsengumi" en honor a aquellos hombres pero nada más-

-¿Nada más?- los ojos de Misao se veían afligidos.

-En realidad fue una manía de mi esposo, es adicto a las espadas-

-¿Quién es su esposo?- aún algo contrariada Misao observó a la mujer pero el rostro de esta se iluminó cuando estacionó el carro frente a una elegante entrada.

-Ya llegamos- Misao parpadeó y observó delante de ella, ese era un castillo ¿La escuela era un castillo?

-¿Aquí?- la chica bajó del auto después de forcejear un buen rato con la palanca para como acto final salir por la ventana ante la mirada desaprobatoria y medio perpleja de Tokio.

-Te explicare adentro pero primero ponte el sostén que es inadecuado que andes así-

-No se como se pone- Misao tomó la prenda de ambos lados y la estiró, ¿Qué no sabía como se ponía?, ¡Ni siquiera sabía en que parte del cuerpo iba!, por un momento la idea fugaz de ponérsela sobre la cabeza le pasó por la mente pero pensándolo bien era un sombrero grotesco.

-De verdad eres un caso ridículo- las manos expertas de Tokio se dirigieron hacía su espalda y Misao se puso roja al instante cuando esas mismas manos recorrieron su piel acomodando y abrochando el mentado sostén por debajo de su playera.

-¿Qué hace?- sus mejillas no podían estar más rojas.

-Es un simple sostén y sirve para eso ¿Pues que usaban en 1893?-

-Vendas- la ninja pasó saliva y en el rostro de Tokio se dibujó una maternal sonrisa, la muchacha había hablado con tal tono de candidez que era imposible no creerle, aunque, bueno, empezar a creer que venía del pasado era ridículo.

-Bueno Misao, como te dije antes éste es el instituto Shinsengumi y da asilo a los mejores jóvenes del planeta, los más destacados y que necesiten de nuestro apoyo para seguir con lo que mejor saben hacer-

-¿Vienen de todo el planeta?- los ojos de Misao parpadearon sorprendidos.

-No en realidad, por ahora todos son nacidos en Japón- la mujer soltó una risita –Digo que son los mejores del planeta porque son campeones mundiales e internacionales-

-¿Cómo lo sabe?- Misao frunció el ceño, esa mujer empezaba a portarse muy creída y según la amplia experiencia que la ninja había adquirido a lo largo de su vida podía llegar a la conclusión de que por muy bueno que fueras siempre podía haber alguien mucho mejor al otro lado del mundo.

-Es por los torneos- jalándola suavemente de la mano Tokio la condujo por un sendero de piedrecillas con césped y árboles alrededor –Se efectúa un torneo nacional, luego uno internacional y finalmente uno mundial en donde lo mejor de lo mejor se da cita para arrojar un campeón-

-¡¿Es en serio?!- la chica saltó, entonces de seguro que en el 2009 ella podría saber si era la mejor ninja de todos los ninjas, bah, no podía pensar en eso, tenía que contactar a su abuelo y pedirle que la mandara al pasado para así poder arreglar la vida de sus amigos que era lo que había querido hacer desde un principio.

-Sí- alentada por la curiosidad de la chica Tokio continuó hablando –Tenemos campeones mundiales de kendo, karate, Tae Kwon Do y Kung Fu, campeones internacionales de remo, básquetbol y fútbol, campeones nacionales de zumo, algunas estrellas en la música y un par de genios-

-Ah…- Misao abrió la boca impresionada pero luego entrecerró los ojos como si justo en ese momento se le hubiera ocurrido una idea -¿Y por que me trajo aquí?-

-Por mi esposo- Tokio bufó y la soltó –Te vio en televisión y dijo que le dabas buena espina que te trajera y viera en que eras buena-

-¿Cómo?- se leía cierta ansiedad en la mirada de la chica.

-No lo sé, ¿En que eres buena?, ¿Algún deporte que te guste practicar?- los ojos grandes y azules de la ninja no le dieron a Tokio ninguna señal de alerta pero en realidad Misao se sentía completamente perdida ¿Qué demonios era un deporte?, que ella recordara nunca había echó algo como eso, que tal si le decía "Bueno soy una gran ninja" ¿Eso era un deporte?

-Esto… ¿Tienen ninjas por aquí?- la jovencita se pasó una mano tras la cabeza y en ese instante los ánimos de Tokio empezaron a desfallecer, si su queridito esposo la había echó arriesgarse para secuestrar a esa niña amnésica para nada lo iba a ahorcar.

-No Misao- se llevó una mano a la cintura –Los ninjas dejaron de existir hace muchos años-

-Ah- no notó la de ojos verdes que la mirada de Misao se volvía hueca, que sus labios temblaban y sus puños se apretaban.

-Bueno…- Tokio pareció cavilar –En realidad creo que mejor dicho los ninjas cambiaron de nombre, ahora se les llama espías y trabajan para el gobierno o para empresas, hacen su trabajo con un nivel elevadísimo de tecnología-

-Que bueno- Misao volvió a sonreír contenta y Tokio enarcó una ceja, que preguntas y reacciones tan raras que tenía esa chica.

-Entonces ¿Algo bueno que recuerdes hacer?- la mujer aún con la ceja levantada observó a Misao y la ninja se cruzó de brazos y alzó los ojos al cielo por un instante.

-Bueno… tengo buena puntería, salto alto, mi kenpo esta bastante bien- ¿Qué más podía decir a su favor?, no podía comparar sus artes ninjas de hace tantos años con las cosas que de seguro hacían en esa época.

-Vamos probando primero con la puntería- una especie de sonrisa se formó en el rostro de la mujer y entonces sintiéndose nuevamente perdida Misao fue arrastrada hasta un extraño campo donde le fue entregado un arco y unas flechitas que nada tenían que ver con las enormes flechas que ella recordaba de sus tiempos.

-Soy maestra en tiro al arco- sosteniendo con fuerza el arco y afinando la puntería Tokio hizo un tiro perfecto que lanzó su flecha al centro del círculo que decía "100"

-Ah…- Misao aún con su propio arco en las manos parpadeó extrañada -¿Y que es lo que quiere que haga?-

-Intenta darle a ese circulo- la de ojos verdes puso ambas manos sobre su cintura –Tal vez no logres darle en tu primer intento, es natural porque…-

-¡ZAM!- Misao ni siquiera observó bien el circulo, sus manos se movieron por inercia, la flecha dio justo en el 100 atravesando a la de Tokio por la mitad.

-Vaya- la joven ninja bajó el arco y ladeó la cabeza –Esto es mucho mas fácil que lanzar kunais-

-No, no…- Tokio pasó saliva –No puedo creerlo-

-¿Lo hice mal?- genial, al parecer había sido mala idea eso de romper la otra flechita que ya estaba en el circulo.

-No, no es eso, hazlo de nuevo-

-Bien- de nuevo sin poner mucha atención, de nuevo como si no le costara gran esfuerzo y ¡Zam! La flechita de nuevo partía a la otra a la mitad y daba en la diana.

-¡Pero esto es increíble!- Tokio sujetó a Misao por los hombros y la chica puso cara de circunstancias, mira que emocionarse por algo tan tonto -¡Lo traes en las venas!-

-Tokio-san, no se de que me habla-

-¡Si tiras siempre así ganaras en las Olimpiadas!-

-¿Olimpiadas?- algo de su educación como Okashira le hacía recordar unas bárbaras celebraciones que se celebraban en Grecia, los competidores eran todos hombres y andaban desnudos… no le agradaría ganar en un evento así…

-¡Sí!- pero Tokio parecía presa de un loco frenesí -¡Vamos ahora mismo con tu futuro director!, nunca debí desconfiar de mi lobito-

-¿Ah?- entrecerrando los ojos Misao fue jalada nuevamente pero ahora por unos hermosos pasillos, para donde volteara la joven podía ver cosas extrañas, una nueva arquitectura, al parecer las puertas de papel habían pasado a la historia.

-Misao, ya verás, ni siquiera necesitare entrenarte- bien, esa mujer estaba loca de remate, ahora más que nunca deseaba que su abuelo se le apareciera y la mandara de regreso al pasado.

-¡Llegamos!- Tokio tocó a la puerta y Misao ladeó la cabeza, la puerta de madera tenía un letrero que en rótulos muy grandes decía "Instituto Shinsengumi, Dirección"

-Adelante- una voz varonil se dejo escuchar y Misao frunció el ceño ¿Dónde había escuchado esa voz antes?

-¡Tenías razón!- fue cosa de un instante, Tokio abrió la puerta gritando, Misao fue jalada atrás y entonces lo vio, sentado tras su escritorio, fumando un cigarrillo, con los ojos dorados que parecían divertirse, con su camisa blanca y una corbata azul, tal y como lo recordaba, como en los buenos tiempos.

-¡SAITO!- la joven ninja gritó, un nudo extraño formándose en su garganta, no podía creerlo, ahí estaba él, con su desquiciante sonrisa cínica, con una pierna cruzada formando un cuatro con la otra, con el humo escapando de sus labios.

-Chiquilla que cayó del cielo- el de ojos dorados se incorporó extrañado en su asiento descruzando su pierna -¿Me conoces?-

-¡¿Cómo que chiquilla que cayó del cielo?!- Misao estaba tan exaltada que no podía ponerse a reflexionar -¡Soy Misao!, la molesta comadreja, la chiquilla gritona, la Okashira del Oniwabanshu a la fuerza, la damisela del cubo de hielo- la joven rememoró en un instante todos los apodos que él solía usar con ella, en un instante se le vinieron a la mente todos los momentos agridulces que había pasado en la comisaría de Kyoto, las misiones que habían llevado a cabo juntos y todas las veces que ese hombre y ella estuvieron a punto de matarse por "diferencia de intereses" en el pasado.

-Esta medio loquita ¿No?- aún medio divertido el hombre se giró a ver a su esposa quien le sonrió en respuesta.

-Es extraño que sepa tu apellido cariño-

-¡Entonces tú eres Tokio Saito!- la chica señaló con el dedo a la mujer que la había secuestrado de tan mala forma del hospital –Nunca te pude conocer en el pasado-

-No se de que habla- Tokio se encogió de hombros y Saito soltó una sonora carcajada como si se burlara de su suerte.

-¿Es buena en algo no?-

-Ganara en las Olimpiadas con tiro al arco, te lo aseguro- los ojos verdes de Tokio se veían inusualmente brillantes y su esposo sonrío de medio lado, hacía muchos años que su esposa no tenía un alumno bajo su cuidado.

-Más le vale-

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Misao caminó por un solitario pasillo girando la vista hacía todos lados, después de una extraña reunión con Saito la habían dejado sola después de indicarle su nueva habitación y hacerla que se cambiara nuevamente de ropa, ahora Misao se sentía extraña, Tokio le había dicho que ese sería su nuevo uniforme desde ese momento y que siempre que estuviera en la escuela debía de llevarlo excepto en fines de semana u ocasiones especiales, estaba bien, Misao entendía el concepto del uniforme, por muchos años ella había llevado orgullosa el uniforme del Oniwabanshu.

¡Pero la cosa que traía puesta en esos momentos era ridícula!, por la blusa blanca al estilo marinero y el saco de manga larga azul no se quejaba, es más hasta le había causado gracia que en el futuro las chicas pudieran usar sacos como los hombres, los zapatitos negros escolares después de calarlos un momento le habían resultado cómodos, incluso flexibles si se tenía que correr, las calcetas blancas hasta la rodilla le recordaban sus cintas azules que usaba allá en el Aoiya para afianzar su calzado ¡Pero la falda!, eso no era una falda ni era nada, era un pedacito de tela tableado que apenas le alcanzaba a cubrir la ropa interior ¿Qué se pensaban es ese lugar que era ella?, si en el Aoiya la regañaban por usar tan cortos los shorts imagínense si la vieran ahora con esa cosa.

¡Pero que demonios!, echando a correr con su trenza ondeando a su espalda Misao se dio cuenta que la falda era cómoda, hasta la hacía sentirse de alguna extraña manera libre, no tenía nada que ver con los estrechos kimonos ni con los pesados vestidos extranjeros, la falda era como ella, pequeña y volátil… quizás por lo de volátil debiera preocuparse un poco… Tokio le había explicado calmadamente que ese uniforme se llamaba "Sailor Fuku" y que todas las estudiantes de Japón lo utilizaban, así que bueno, se había perdido un poco de moral en el 2009 si se ponía a reflexionar, que bueno que ella nunca había sido muy conservadora.

-Pero…- deteniendo repentinamente su loca carrera la joven se encontró en un inmenso jardín, Saito le había advertido que la escuela era enorme y que no se alejara mucho o se perdería, tonterías, ella era una ninja podía regresar cuando quisiera, aunque eso sí, el lugar era majestuoso y no había podido ver ni un solo estudiante, Tokio había dicho que los muchachos estarían en clases o en su entrenamiento y que lo más probable es que no vería a ninguno hasta que empezara a anochecer.

-Pues ya anochece…- aún caminando Misao se pasó las manos tras la espalda y frunció el ceño, ahora que se había encontrado a Saito las cosas empezaban a dar vuelta en su cabeza ¿Por qué estaba el lobo en el futuro?, ¿Existía entonces la reencarnación?, esto era complicado y ella nunca se había distinguido por su buena cabeza, en momentos como ese le entraban ganas de chillar y llamar a su adorado Aoshi-sama para que fuera a ayudarla.

Pero Aoshi estaba muerto, todos estaban muertos, por eso ella había pedido a su abuelo hacer algo por ayudarlos, pero entonces ¿Por qué estaba ahí?, alzando la cabeza aún con el semblante preocupado Misao vio una figura cansada caminar hacía ella, bueno, no hacía ella exactamente sino al edificio a sus espaldas.

-Recuerdo…- la chica se hizo visor con la mano y entrecerró los ojos, el sol languideciendo enfrente no le ayudaba en mucho pero la figura era indudablemente familiar, una chica, llevaba algo al hombro, su espalda ligeramente encorvada, se notaba cansada… un chispazo, una idea y luego a correr.

Kaoru regresaba cansada del entrenamiento con Hiko-sensei, definitivamente ese no había sido su día, se había quedado más tiempo que sus compañeros entrenando, le molestaba no estar a la altura de los demás y a pesar de que con su sonrisa galante su maestro le repetía una y otra vez que para ser mujer su nivel estaba mas que bien ella no quería eso, ella no quería él "para ser mujer" quería realmente ser una digna competidora para sus compañeros varones, quería sobresalir en ese mundo repleto de chicos sobresalientes.

Estaba ocupada pensando en que al día siguiente le echaría mucho más ganas al entrenamiento cuando una bola compacta de cabello azabache se estrelló sobre ella abrazándola y tirándola hacía atrás en el proceso.

-¡Kaoru!- Misao gritó con todas las fuerzas de sus pulmones y se abrazó a su amiga riendo, casi llorando de la emoción, hace apenas un día la había visto morir y ahora ahí estaba, de nuevo como a los diecisiete años, con los ojos azules chispeantes de vida, con el cabello largo azabache en su inconfundible coleta, cierto que el uniforme escolar la hacía lucir algo rara e incluso medio irreal pero ahora más que nunca se veía realmente hermosa.

-¿Te conozco?- Kaoru tragó saliva con fuerza, en el impacto su mochila se le había caído y había rodado hacía atrás, además ahora esa chica extraña estaba sobre ella y o mucho se equivocaba o en la posición en la que estaban (además de verse medio fea para mentes perturbadas) se les veía la ropa interior.

-¡Kaoru como me dices eso!- Misao infló los cachetes infantilmente y entonces los ojos azules de la joven kendoka resplandecieron como recordando algo.

-Tú eres la chica que cayó del cielo- con trabajos la joven se quitó de encima a la otra aunque de manera amable.

-Misao, soy Misao- de pronto le dolió que su mejor amiga no la recordara, era tonto, ahora lo entendía, sus amigos, sus conocidos, nadie de ese mundo la recordaba porque en realidad nunca la habían conocido, pero… de todas maneras dolía.

-A bueno Misao- Kaoru se sobó el trasero haciendo una mueca graciosa en su cara con lo que planeaba suavizar la situación –Mi nombre es Kamiya Kaoru… aunque creo que eso ya lo sabías-

-De cierto modo- Misao seguía en el suelo, con las piernas dobladas hacía dentro y cara de profunda desolación.

-¡Bueno!- la joven kendoka no sabía que pasaba pero lo mejor en todo caso era empezar con el pie derecho con esa chica -¿Saito-san te ha traído aquí?-

-¿Saito-san?- los ojos azules de Misao parpadearon (nunca hubiera esperado que su ruda amiga llamara tan respetuosamente al lobo sarnoso) –Sí, sí, me secuestro… su esposa… del hospital-

-¡Tokio-san!- Kaoru sonrió feliz y ayudó a la otra a pararse -¿Es cierto que no recuerdas nada?-

-No es que no recuerde, es que vengo de otra época- con gesto resignado la de trenza se sacudió la falda, bueno, al parecer sus amigos estaban en ese lugar pero debía de dejar de esperar que alguien la reconociera.

-¿De otra época?- los ojos azules de Kaoru brillaron y entonces Misao volvió a observarla parpadeando, esa mirada, no podía equivocarse, era la misma mirada sincera y amigable que Kaoru había tenido siempre, esa muchachita que tenía adelante era su amiga solo que en un lugar diferente.

-Vengo de la era Meiji- Misao le guiñó un ojo sintiéndose repentinamente alegre –Al parecer llegue aquí por causa de un viejo tonto y fofo pero ya le daré su merecido cuando lo vuelva a ver-

-Tu historia, es como de cuento de hadas o de un manga- la kendoka le sonrió –Suena interesante-

-Ya lo creo- la ninja sacudió la cabeza –Pero no entiendo muy bien como funcionan las cosas y me siento medio perdida-

-Así estaba yo hace una semana- Kaoru ladeó la cabeza amigable –Acabo de llegar a esta escuela, mi padre murió hace poco y yo me había quedado sola, de hecho justo en estos momentos no tengo a nadie, ningún familiar ni nada, en cierto modo creo que estamos en condiciones parecidas-

-A.. sí, eso creo- pero mientras caminaba a su lado mientras Kaoru hablaba algo acerca de que después de todo ese lugar no estaba tan mal Misao pensaba que las condiciones que rodeaban a Kaoru en el futuro eran las mismas que en el pasado, sería posible… quizás… ¿Qué su abuelo no se hubiera equivocado al mandarla a ese año como ella había creído?

-Ay- ni siquiera lo notó, iba tan distraída en sus pensamientos que chocó con alguien que venía de frente, un muchacho, uno muy alto y atlético, el ruido de su cabeza golpeando con su pecho fue apenas un "tac"

-¡Lo siento!- Misao cerró los ojos y dio un paso atrás apenada pero en ese instante Kaoru la sujetó de un brazo y la jaló impidiéndole ver al afectado.

-¡Oye Misao!, ¿Y donde pusieron tu habitación?, ojala y este cerca de la mía-

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Kenshin, Sanosuke, Enishi y Aoshi eran amigos, solían andar juntos en sus ratos libres que no eran muchos y ya ninguno recordaba como se habían conocido.

En la televisión habían dado la espeluznante noticia de que tal como había llegado la chica misteriosa caída del cielo había desaparecido, ya se empezaban a forjar muchas ideas, algunos decían que era magia, otros decían que la joven había escapado pero la gran mayoría apostaba porque la habían secuestrado, eso después de que se supiera que alguien había visto a la chica con una mirada perpleja siendo jalada por una mujer de la cual no se obtuvieron mas señas.

-Apuesto a que es algo así como para expedientes secretos X- Sanosuke despatarrado en un banco de la escuela observaba con gran emoción el cielo –Se la llevaron para hacerle estudios ¿Sabían ustedes que sus huellas dactilares no estaban registradas en ningún lado?, hicieron el examen por televisión, la chiquilla no existe-

-Sanosuke amigo- una gota de sudor resbaló por la frente del pelirrojo –Si nosotros la vimos en vivo y en directo eso quiere decir que existe, solo que no esta registrada-

-Yo digo que la veremos pronto- Enishi que en esos momentos llevaba unas gafas negras y parecía más dormido que despierto echó la cabeza para atrás como si estuviera desmayado sobre la banca de metal.

-¿Tu que piensas Aoshi?- Sanosuke levantó una ceja pero no obtuvo respuesta por parte del de ojos azules, por alguna extraña razón desde que se había sabido de la desaparición de la muchacha Aoshi se había encontrado callado, mas taciturno de lo normal y sus ojos lucían medio tormentosos, claro síntoma de que estaba molesto y preocupado.

-¡Imposible!- Enishi meneó una mano al aire –Nuestro buen cubo de hielo esta…- pero cortó la frase para incorporarse observando algo y tal actitud hizo que los demás también giraran la vista hacía donde una chica con una enorme trenza azabache con reflejos azules cruzaba el patio corriendo para finalmente caer encima de otra muchacha con un gran abrazo que las mando a las dos al suelo dejándole de ganancia a los cuatro caballeros presentes la imagen perturbadora de ropa interior blanca y otra de corazoncitos.

-¡Ah!- tanto Aoshi como Kenshin giraron la vista con las mejillas levemente sonrojadas pero Sanosuke y Enishi se pasaron los brazos por los hombros sin dejar de ver.

-¡Que bombón!- Sanosuke sonrió –Esa Jou-chan no me había comentado que tuviera una ropa interior tan sexy-

-Ni a mi- sin dejar de ver Enishi dejo escapar una ligera risita pero luego enarcó una ceja –Oye… ¿No es esa la chica que cayó del cielo?- ahora si los cuatro presentes volvieron la vista de nuevo al frente, las chicas empezaban a pararse terminando el espectáculo de ropa interior, pero era cierto, esa larga trenza y ese cuerpecito menudo parecía solo poder pertenecerle a la chica de la tele.

-¿Para que la habrá traído Saito-san?- Kenshin enarcó una ceja –Trae el uniforme de la escuela así que supongo que va a quedarse-

-¿Será deportista?- Sanosuke se cruzó de brazos –Parece muy débil para algo así-

-¿Tu que crees Aoshi?- tanto castaño como pelirrojo giraron la vista pero solo pudieron encontrarse con un peliplateado que tendido en la banca como si fuera un vil borracho observaba el cielo.

-Se fue hace un momento, de verás que son lentos-

Sí, Aoshi Shinomori había salido disparado hacía el edificio central al ver a la muchacha, no podía equivocarse, era la chica de la tele, la que él había sujetado en brazos hace apenas unos días, la que había caído del cielo con una extraña ropa antigua y un olor a cerezos que se le había metido desde aquel instante bajo la piel.

-¡Shinomori-kun!- una voz alegre se dejo escuchar y entonces el joven giró con respeto hacía donde lo llamaban.

-Tokio-san-

-¿Ya viste mi nueva adquisición?- la mujer sonrió apuntándose a si misma –Saito me pidió que la trajera pero a ser sincera fue tú interés en ella lo que me animó al final-

-No estoy interesado en ella- el joven pasó saliva medio nervioso, que diablos, él era Aoshi Shinomori, él no perdía la cabeza por las chicas, las chicas lo hacían por él.

-Lo que digas, por cierto, le dije que el muchacho que la había salvado de matarse estaba en esta escuela pero como me dijiste que no querías que se enterara de quien eras no le dije tu nombre-

-Ah…- se moría de ganas de preguntarle que había dicho ella pero por fuera seguía tan impasible como siempre.

-Cuando le dije que preferías permanecer anónimo ella sonrió y me dijo que te agradeciera de todo corazón que te pagaría mil veces lo que habías echo si algún día te encontraba y eso fue todo-

-Ah…- ¿Era la única cosa que sabía decir o que?, bueno, siempre había sido muy seco, eso no iba a cambiar de la noche a la mañana.

-Es buena en el tiro con arco ¡Que digo buena!, es excelente, nos vemos Shinomori-kun- la mujer se alejó canturreando alegremente y entonces Aoshi se dio la vuelta olvidando que era lo que iba a hacer, olvidándolo hasta que ese cuerpecito delgado chocó con el suyo.

-Ay- el quejido ni siquiera fue fuerte, por un instante los ojos azules de Aoshi se abrieron con sorpresa inimaginable, el cuerpo delgado de ella pegándose al suyo, su boca haciendo contacto por una fracción de segundo con su pecho, luego ella que se separaba de él, que le sonreía hermosamente cerrando los ojos, sin verlo, dejándole el aroma de su perfume de cerezos de recuerdo.

-¡Oye Misao!, ¿Y donde pusieron tu habitación?, ojala y este cerca de la mía- y luego esa chica que la jalaba, que se la llevaba, que le robaba el momento, pero le dejaba su nombre "Misao" se llamaba Misao y de pronto al oírlo le entró mucha nostalgia, como si recordara algo, el resto del día por alguna extraña razón se sintió anormalmente feliz.

………

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..

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-Bueno te contare- Kaoru estaba sentada con las piernas dobladas sobre la cama de Misao, la chica por su parte estaba en idéntica manera frente a ella, pasaban de las nueve de la noche pero ellas seguían hablando animadamente, después del choque inicial (y lo del "choque" era literal al menos para Kaoru) la joven kendoka se había dado cuenta de que aunque estuviera amnésica y medio perdida la joven que decía ser ninja era una persona realmente agradable.

-El instituto Shinsengumi se encarga de darle asilo, educación y apoyo a los mejores estudiantes, deportistas y talentos japoneses que no tengan los recursos suficientes o ya de plano no tengan familia que por lo general es el caso de todos los que estamos aquí-

-Ah- Misao frunció el ceño -¿Y Saito es el director?-

-Sí de hecho es el que desembolsa todo el dinero, se porta abominable y nos muele la vida con sus ideas raras pero creo que lo hace porque en el fondo es bueno pero no quiere que nadie lo note, dice que solo nos ayuda porque cuando ganemos millones de yens nos va a quitar la mitad para cobrarse- la joven soltó una carcajada –De hecho yo creo que si le vamos a dar el dinero pero eso será porque estamos agradecidos-

-Bueno…- la ninja meditó un momento –En ese caso no es tan diferente al Saito que yo conocí-

-A cierto- Kaoru entrecerró los ojos nerviosamente, se le olvidaba que Misao decía venir del pasado y que ya la había conocido a ella y a Saito.

-¿Y que más hacen aquí?-

-Mañana tenemos que asistir a clases- Kaoru alzó un dedito explicativo –Empiezan a las nueve pero nos levantamos a las siete para bañarnos, hacer el almuerzo y la comida porque después no puedes volver a la cocina-

-¿Cada quien se hace su propia comida?-

-No- la kendoka dejó caer fatídicamente la mano –En realidad entre los alumnos se forman equipos de cuatro o cinco y se rolan para esas tareas-

-¿Tienes equipo?- Misao la observó con curiosidad.

-¡No!- la joven gimoteó –Acabo de llegar a esta escuela pero de cualquier manera cocino pésimo, moriría de vergüenza estando en un equipo-

-Ah…- en la frente de la ninja surgió una gota de sudor, había cosas que nunca cambiaban.

-¡Pero en el equipo de Yukishiro-kun dicen que las cosas son un sueño!- los ojos azules de la chica se iluminaron –Yukishiro-kun viajo algún tiempo por el mundo, sobre todo China y Estados Unidos y sabe muchas recetas de otros lugares, todas las chicas sueñan con probar su comida o estar en su equipo-

-¿Yukishiro?- Misao se adelantó con los labios entreabiertos y expectante pero luego sacudió la cabeza, claro que no era el mismo Yukishiro que ella recordaba, eso sería demasiada coincidencia.

-Sí, es compañero mío en la clase de kendo, a veces da algo de miedo pero la mayoría del tiempo es algo serio-

-Suena como el que recuerdo- Misao sonrió algo tristemente pero luego volvió la energía a su cuerpo –Kaoru si quieres podemos hacer equipo, yo cocino y tú haces las demás cosas como lavar la ropa o limpiar la habitación-

-¡En serio!- los ojos de la kendoka parecían dos bolitas brillantes y Misao sonrió recordando esa misma expresión hace tantos años.

-Sip- la chica alzó un dedito y entonces Kaoru se mordió el labio, ahora que estaban en eso quizás debería explicarle a su nueva compañera el asunto de los baños comunitarios que de seguro no le iba a agradar nada.

………..

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..

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Día dos en ese instituto… su abuelo aún no aparecía… en el 2009 había cosas extrañas, como esa maquina del demonio que Kaoru le había dejado para que se despertara, de repente se había puesto a chillar como loca y asustada por no saber como callarla la joven ninja la había tirado al suelo y le había acortado la vida pateándola con todas sus fuerzas hasta desconchinflarla, Kaoru había dicho que se trataba de un "despertador" pero era una cosa del demonio y Misao no iba a volver a usarla.

Luego se le había ido el tiempo en jugar a prender y apagar la luz, Kaoru también le había explicado eso, un tal Edison que había creado luz artificial, era genial y la luz no era débil como la de los candelabros e iluminaba toda la habitación como si fuera de día, era casi magia y todo funcionaba con un botoncito.

Claro que su entretenimiento se había acabado cuando corriendo Kaoru la había sacado casi a rastras con su uniforme en brazos, una toalla y la mochila en un hombro, Misao ni siquiera sabía que era lo que llevaba ese extraño morral adentro, Kaoru le había preparado todo la noche anterior.

Y así se encontraba ahora ella en la solitaria cocina, Kaoru le había dicho que por lo general nadie empezaba a cocinar tan temprano pero Misao no quería tener que bañarse frente a todas las demás chicas, era pudorosa. En calcetines, con el short negro y la camisa holgada del día anterior la joven ninja empezó a curiosear por la cocina, era muy grande y tenía muchos ingredientes pero casi todo estaba metido en bolsas de plástico y había muchas maquinas que no tenía ni idea de cómo se utilizaban, además no veía el fogón por ningún lado ¿Sería que en el 2009 no tenían?, ¿Pero entonces como cocinaban?

-Clack- un ruido a sus espaldas y entonces Misao giró la vista con los ojos medio sorprendidos porque no había escuchado a nadie acercarse, pero sin embargo ahí estaba, descalzo, con solo los pantalones puestos, el pecho al desnudo resaltando sus músculos y el cabello plateado cayendo en desorden sobre su rostro.

-Yukishiro Enishi…- esta vez dijo el nombre bajito, casi murmurándolo, no podía creerlo pero era real, el ex cuñado de su amigo Himura estaba frente a ella, mirándola con extrañeza con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.

-¿Eres la chica que cayó del cielo, verdad?- En ese instante el peliplateado la observó de arriba abajo, la jovencita tenía un aire inocente, con la trenza deshecha en algunas partes dejando mechones sueltos cayendo sobre sus ojos y unas sandalias-pantuflas que le quedaban muy grandes

-Misao- después del breve desconcierto la chica volvió a rehacerse –No chica que cayó del cielo, tengo nombre-

-Lo que digas- el joven entonces se rascó una oreja y avanzó hacía ella, Misao por un momento se puso en guardia sin saber que planeaba hacer el joven pero él simplemente pasó de largo y abriendo un cajón extrajo una bolsa de arroz.

-¿Ha?-

-Hoy me toca cocinar- el peliplateado sopesó la bolsa en su mano como para darle veracidad a sus palabras –Supongo que a ti también-

-A… sí, pero no encuentro el…-

-Oí que dices venir de otra época-

-Vengo de 1893- ¿Por qué todos le preguntaban como si no le creyeran?, ya estaba hasta el copete.

-En ese caso…- los ojos negros de Enishi brillaron con maldad pero ella no lo notó así que cuando él le hizo señas para que lo siguiera ella lo obedeció, de ahí en adelante todo fue sorprendente, Misao se maravillo con la lumbre que surgía mágicamente con solo girar una perilla, una maquina podía moler las verduras con solo echar las cosas adentro y darle vuelta a una perilla, otra cosa batía por si sola lo que quisieras ¡Era todo mágico! Y ella no podía parar de gritar ¡Fantástico!, ¡Increíble! Y ya ni siquiera le importaba que a cada nueva exclamación Enishi alzara una ceja como si estuviera completamente desquiciada, al final entre los dos prepararon la comida para sus compañeros y viendo que aún no llegaba nadie la joven ninja se sentó sobre un banco muy feliz mientras Enishi empaquetaba la comida en unos extraños trastecitos con tapa de algo que él aseguraba se llamaba "plástico".

-¿Con quien haces equipo?- la voz del muchacho surgía desinteresada y medio atemorizante pero Misao ya estaba tan acostumbrada a ese tono de voz que ni siquiera lo tomo en cuenta.

-¡Con Kaoru!-

-¿Con Kamiya Kaoru?- los ojos del joven se volvieron dos rendijas.

-Sip- pero Misao no lo notó porque estaba demasiado entretenida preguntándose como una caja podía estar fría, Enishi le había presentado amablemente al "señor refrigerador" que era una caja fría donde vivía Santa Claus, aunque eso de Santa no lo había entendido para gran desencanto del peliplateado.

-Ya vienen los demás- tomando sus trastes y la mochila que llevaba su ropa Enishi partió a grandes trancos de la cocina jalando a su paso la muñeca de la muchacha.

-¿A dónde vamos?- Misao lo siguió dócilmente, la verdad estaba tan perdida sin Kaoru que no le hubiera importado que el mismo Shishio la guiara por ese lugar.

-El agua caliente de los baños dura de las 7:00 a.m a las 8:30 a.m- el chico frunció el ceño –No me importa bañarme con agua fría si así no tengo que ver el cuerpo de otros hombres desnudos-

-Ah…- Misao parpadeó –A mi tampoco me agrada eso de bañarse todos juntos-

-En fin- el peliplateado la soltó –Como ya son las 8 van a empezar a llegar los alumnos a la cocina y al comedor, desde ahorita te lo digo, no soy muy sociable, no me gusta relacionarme con gente tonta, para eso ya existe ese idiota de…-

-¿Y por que estas hablando conmigo?- Misao lo cortó, sus ojos azules observándolo con curiosidad, él se paso la lengua por los labios.

-Podrías serme útil- y entonces la chica entrecerró los ojos, si algo debía reconocerle a Enishi es que estuviera en el año que estuviera seguía siendo igual de sincero.

-¿En que podría ayudarte?-

-Por ahora no lo entenderías- el joven observó a los lados como si estuviera nervioso de que alguien los viera pero Misao que no sabía de que iba la cosa se deleitó mirándolo, siempre le había gustado admirar la belleza masculina y fuera como fuese Enishi siempre había sido muy guapo, aunque eso sí, nadie le ganaba a su Aoshi-sama, aunque ahora que lo pensaba el Enishi que tenía frente a ella no lucía como el Enishi del pasado, bueno sí, claro, era igualito, pero un poco más joven de cómo lo había visto por primera vez en el dojo Kamiya.

-¿Cuántos años tienes?- el joven alzó una ceja.

-17 ¿Y tú?-

-Treinta y…- estupida ¿Cómo que treinta y uno?, su abuelo la había vuelto a cuando tenía diecisiete, era el acuerdo -¡Diecisiete!- terminó su frase sonriendo nerviosamente, vamos que por poco y la regaba.

-De seguro ya son las ocho y media- el peliplateado la volvió a tomar del brazo y guiándola de mala manera la condujo a los baños.

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Sanosuke y Kenshin almorzaban en la mesa pegada a la vidriera conversando animadamente acerca de la nueva adquisición del joven luchador "Death Note" se habían desvelado viendo el capitulo número veinte y justo en esos momentos hacían apuestas sobre si Light volvería a ser Kira o si L terminaría con el cuaderno en su poder.

Pero aunque Aoshi estaba sentado a su lado no los oía, por lo general el joven no era muy platicador pero prestaba atención a sus tontas charlas, pero ese día no era el caso.

Se había bañado a las 6:30 con el agua más fría que si se hubiera echado encima una cubeta de hielos (ese Saito era un sádico) y todo eso solo para verla, se había sentado frente a los baños fingiendo que se entretenía con su laptop pero en realidad no paraba de enviar miradas inquisidoras a la puerta que conducía al baño de las mujeres, necesitaba verla, era una urgencia extraña, no lo entendía y se desesperaba por ese motivo, él siempre había sido lo que las mujeres llamaban como "galán" estaba consciente de su propia belleza y de la atracción que provocaba en las mujeres, quizás por ese mismo motivo nunca hasta la fecha había tenido novia, le parecía que todas ellas eran falsas, que solo veían el exterior y les valía un bledo sus sentimientos siempre y cuando él fuera lo suficientemente guapo para presumirlo.

Y entonces había llegado ella, cayendo del cielo como un regalo, dormitando tiernamente en sus brazos, era una chica delgada, de baja estatura, con el cabello mas largo y sedoso de toda la escuela, no era una mujer hermosa, era más bien simpática, se podría decir que linda, pero a él lo había trastornado, sentía el urgente deseo de protegerla, como si le debiera algo pero al mismo tiempo le inspiraba sostenerla en sus brazos y no soltarla nunca ¿Sería eso lo que los demás llamaban amor?, nunca lo había sentido así que no estaba seguro, por eso quería verla una vez más, para sacarse de dudas, pero por más que espero hasta que el agua caliente de las duchas se terminó ella no llego y ahora estaba ahí, con sus dos amigos discutiendo encarnizadamente acerca de si la justicia verdadera estaba del lado de L o de Light, Kenshin se inclinaba por el primero y Sanosuke decía que se le debía dar crédito al segundo, honestamente Aoshi pensaba que su buen Tori-Atama había pasado mucho tiempo con Saito y su "El malo debe morir" así que medio frustrado el de cabello negro pasó a comerse su segunda bolita de arroz del día, de verdad que Enishi si que sabía cocinar pero esa vez se había lucido.

……….

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..

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Misao salió del baño tiritando, con los labios morados, con el cabello chorreándole en la espalda, envuelta en una toalla y temblando como si no fuera a haber un mañana, los baños del 2009 eran horribles, nada de meterte en una calida y confortable tina, no, tenías que bañarte parado, abrías una llavecita y entonces un montón de agua helada te caía encima como si estuviera lloviendo, en ese instante la joven ninja había gritado de la impresión, era horrible y para acabarla todas las chicas se bañaban juntas en ese lugar, ¿Dónde había quedado el pudor y la intimidad?

Aun sacudiendo la cabeza y sintiendo que le iba a entrar hipotermia Misao levantó la mirada y se encontró con un Enishi perfectamente vestido con unos pantalones azules, unos zapatos negros bien boleados, el saco de la escuela y el cabello plateado aún mojado peinado hacía atrás, él a su vez al verla frunció el ceño como si algo no le pareciera y le hizo seña para que lo siguiera.

-Las muchachas por lo general se ayudan a vestirse allá dentro para no mojarse la roa pero viendo que estas sola…- el joven le señaló un pequeño cuartito oscuro donde había dejado la ropa de la chica (Que Misao inconscientemente había dejado olvidada en la cocina).

-¡Ah!- la chica saltó –No me puedo cambiar contigo aquí-

-No voy a ver- el muchacho se cruzó de brazos –Solo te voy a cubrir, menuda ocurrencia- el chico entonces la soltó y extendió una toalla frente a ella haciéndole casita –Apúrate que no es normal que yo haga de buen samaritano-

-Ni que lo digas- la joven entonces no receló más, total si Enishi se atrevía a verla lo golpearía, ahora que eran de la misma edad no le podía ir tan mal, además había notado que en el 2009 nadie llevaba espadas consigo.

-He notado que eres bonita- Enishi se cruzó de brazos molesto mientras Misao se ponía apresuradamente los zapatos.

-¿Y eso es malo?- la joven parpadeó.

-Quizás- el muchacho dejo escapar un suspiro –Deja las toallas aquí, las recogeremos después de clases, he descubierto que estamos en el mismo salón así que corre al edificio 3 y sube al salón 17, tenemos clase de música-

-¿No podemos ir juntos?- y no es que quisiera pasar más tiempo con él sino que era una tontería darle esas indicaciones a alguien que acababa de llegar y no conocía el lugar.

-No te perderás, corre, tienes cinco minutos para llegar- el joven entonces tomó su mochila y partió en sentido opuesto y Misao lo maldijo en cuatro idiomas diferentes (que le debía a sus clases de Okashira) para luego correr a buscar el mentado salón.

Después de correr mucho, seguir carteles confusos, detenerse a analizar un croquis y ver en que dirección iba el aire Misao pudo llegar al salón, se había echó la trenza en el camino pero su cabello seguía mojado, la mochila la llevaba arrastrando porque si se la echaba al hombro se le resbalaba, total que echa un completo caos la jovencita entró al salón, la puerta estaba por atrás así que veía a todos de espalda y por lo visto aún no empezaban las clases porque todos platicaban amenamente.

-¡Misao!- parándose y agitando la mano Kaoru llamó a su nueva amiga -¿Dónde estabas? Yukishiro-kun me entregó nuestro almuerzo y la comida pero no te pude encontrar después de eso- la ninja bufó, ese canoso del demonio se las iba a pagar.

-Yo…- la chica empezó a caminar pero entonces salido de la nada un joven rubio con el uniforme del instituto y un ojo cerrado y el otro abierto se plantó frente a ella apuntándola.

-¡Chica que cayó del cielo!-

-¡Me llamo Misao!- la joven saltó enfurecida, cual ¿Chica que cayó del cielo?, solo Cho era tan idiota de gritarle así.

-¡Chica que cayó del cielo!- Cho volvió a gritar apuntándola y entonces todos los rencores del día se acumularon en una fuerza poderosa que se resumió en una patada furiosa como en los días de su juventud (que ahora estaban de vuelta) que mandó al rubio a estrellarse con la pared.

Y quiso el destino que en ese justo instante dos castaños y un joven de ojos azules cruzaran el umbral de la puerta viendo el desastre causado.

-Caray- Sanosuke parpadeó, esa muchacha sería buena para el Karate.

-¡Vaya!- Shiro sonrió feliz, esa chica sería una buena adquisición para el Tae-Kwon-Do.

-Misao…- los labios de Aoshi se entreabrieron, si lograba que esa muchacha se metiera en el club de Kung Fu o de Kenpo podría pasar más tiempo con ella pero… otra vez le había visto la ropa interior… era rosita.

Notas de Okashira Janet: ¡Hola! Estoy de vuelta luego de unos días muy locos, estar sin mi mamá estos días me hizo tener nuevas alitas, me he enterado que soy una excelente cocinera aunque mi vida a dado un vuelco porque antes me despertaba y pensaba "¿Escribo de Personalidades o de Inocente y cruel infancia?" y hora era de "¿Hago el cocido hoy o mañana?, ¿Pongo a cocer la pechuga de pollo o hago salsa de queso?" además como estaban poniendo el techo en mi casa me tuve que ir a trabajar en el otro negocio y entonces sí, nada de computadora.

Pero vamos con lo que nos interesa.

AGRADESCO A: Rinoa Shinomori, Natsumi Niikura, Bruja, Shumy, Haro kzoids, gabyhyatt y tommy-hiragizawa

Me agrada ver nombres conocidos, nuevos y hasta los que vuelven después de tanto tiempo, a ser sincera me alivio mucho que le dieran una oportunidad a esta historia porque bueno, será la primera vez que me aventure en algo como esto. La verdad escribir la historia en el futuro ha sido de lo más relajante, aunque como Misao se emocionaba con todo pensé que nunca iba a acabar, la imagen de Misao cuando se para a cocinar, con el cabello revuelto, calcetines y sandalias je,je, así cocino yo, medio dormida, es que le tengo que echar lonche a todos porque ya no nos vemos hasta la cena.

En fin me largo, aunque no sin antes dar una noticia al estilo Misao de parte de Bruja y Natsumi Niikura.

…………………

-¿Qué dices?- la joven ninja levantó una ceja, Enishi y ella esperaban a que la última chica saliera de usar los baños.

-Que Japón no esta en guerra pero otros lugares sí-

-¿Cómo lo sabes?-

-Por la tele-

-¿Qué es la tele?-

-Olvídalo, solo te diré que hay guerra en Gaza, aunque ya las cosas empiezan a calmarse-

-¿Por qué pelearon?-

-Ni yo sé, pero mucha gente murió y las casas están destruidas-

-Que feo-

-Bueno así somos los humanos-

-Por cierto, cuando estaba en el hospital me dijeron que si quería suicidarme por la crisis mundial-

-Ah sí- Enishi se rascó una oreja –Estados Unidos se va a pique y el mundo se va con él, me pregunto si el pobre de Obama podrá hacer algo para salvarnos-

-¿Quién es Obama?-

-El nuevo presidente, mira ya salió la muchacha, métete a bañar- el peliplateado le dio un aventoncito.

-¡Ya voy!, que grosero-

…………..

Capitulo anormalmente largo. Ahora sí Ciao

22 de Enero del 2009 Viernes