Capítulo 1

Shizuru bebía calmadamente su té recién hecho. Normalmente disfrutaba con deleite el sabor del té. Pero hoy no era uno de esos días. Sus ojos rojos, impasibles, no daban a conocer lo que estaba pensando, pero no era nada agradable. Miró a su padre con una sonrisa falsa, y movió la cabeza de arriba abajo, asintiendo. Al fin y al cabo, fingir era su forma de ganarse la vida. A pesar de ser una rica heredera, se decidió por la carrera de actriz. Desde luego, belleza no le faltaba, y tampoco talento. Pronto saltó de los anuncios de champú a ser protagonista de infinitud de comedias románticas. Su lista de fans era interminable, empezando por su fan número uno, Tomoe Marguerite.

Pero volvamos a la escena que se desarrollaba en la mansión Fujino. Shizuru contestó a su padre, con respecto a las últimas nuevas que él mismo le había comunicado.

- Claro, padre. Haré lo que se espera de mí.

- Gracias por comprenderlo. – Dijo Hiroshi con cara de pena. La verdad es que no podían haberle dado una peor noticia. Sus abogados le habían dicho que el documento era legal, y que si no aceptaba las condiciones, perdería su compañía y toda su fortuna a favor de Akio Kuga, además de ir a la cárcel.

Hiroshi amaba a su hija, y quería que experimentara lo que él había sentido con su madre: un gran amor. Sin embargo, no podía hacer mucho en estas circunstancias. Al menos esperaba que la tal Natsuki, así se llamaba la hija de Kuga, fuera respetuosa con su hija, y, si no era capaz de amarla, al menos sí le diera la libertad suficiente para que fuese feliz.

Shizuru, por su parte, entendía que jamás podría vivir con la culpa de perder toda la compañía y la libertad de su padre. Realmente, su tatarabuelo bien podía haber apostado su riñón, en vez de un matrimonio.

Aunque por fuera parecía calmada, por dentro tenía una miríada de sentimientos encontrados. Por un lado, furia hacia su ancestro. Por otro, pena por su padre. También, expectación por saber quién y cómo sería la susodicha Natsuki. Desde luego, si no era respetuosa con ella, le haría la vida imposible. Shizuru podía ser muy retorcida cuando se lo proponía, y si la señorita Kuga no se comportaba, se vería viviendo un infierno en vida.

Al menos, no era un hombre. Eso la alivió. Decidió hacía ya mucho tiempo que los hombres no eran de su gusto, al menos en lo que a materia amorosa se refería. Adoraba a Reito, su amigo de la infancia, pero descubrió que no era lo que quería cuando intentó besarla una vez, después de una fiesta adolescente, con demasiada bebida de por medio. Para infortunio de Reito, no la suficiente bebida como para que su amiga le dejara besarla. La bofetada que recibió fue de antología.

En todo caso, Shizuru estaba más que disgustada por su situación. No sólo por la imposición de otra persona en su vida a la fuerza, sino porque ella dependía en gran medida de su imagen pública. Desde luego, tendría que pensar seriamente cómo iba a dar la noticia de su boda al gran público. Después de conocer a su futura esposa, y ver qué pensaba de todo esto, debería hablar con sus amigas Haruka y Yukino, que hacían las veces de su manager y publicista, para darle un enfoque beneficioso, o al menos no perjudicial, para su carrera.

Cuanto más lo pensaba, más enferma se ponía. ¿Cómo alguien querría casarse con otra persona sin al menos conocerla? Sin duda la tal Natsuki o bien era una cazafortunas, como parecía haberlo sido su tatarabuelo, o no tenía ni la más pizca de personalidad, y hacía todo lo que su padre le decía. Al menos ella tenía una buena excusa: jamás dejaría que su padre fuera a la cárcel, ni que perdiera la gran fortuna y la compañía que tanto le había costado conservar. Ciertamente, Hiroshi se había enfrentado al mal manejo de la compañía por parte de su padre, y tuvo que levantarla de sus malos dividendos. En fin, Shizuru tenía una buena excusa. ¿Cuál era la excusa de Natsuki?

En otra parte de la ciudad, se desarrollaba una escena parecida, aunque con un tono de voz más elevado.

- ¡Me niego! ¡Rotundamente no! – Gritó una peliazul con vehemencia. Desde luego, su padre había perdido la poca cordura que alguna vez hubiera podido tener.

- ¡Natsuki! ¿No ves que es una oportunidad irrepetible? Tu tatarabuelo se jugó su libertad a cambio de una unión con la familia más rica de todo Japón. ¿No ves que seremos inmensamente ricos? – Su padre no entendía cómo no podía darse cuenta de la gran suerte que tenía.

- No me voy a casar por dinero, padre... – dijo Natsuki gruñendo.

- No es sólo dinero, es también poder y posición social...

- Corta el rollo. No me voy a casar y punto. – Dijo Natsuki en un tono que no daba lugar a dudas.

- Entonces te desheredaré. – Dijo Akio impasible.

- Menuda amenaza. – a Natsuki no le importaba nada su herencia. Tenía un medio de vida, y jamás necesitaría a nadie. Era buena en su trabajo, después de todo.

- Y jamás volverás a ver a Alyssa. – Dijo Akio con una sonrisa. Sabía que era su baza ganadora.

- ¡No podrás impedírmelo! – Natsuki no se esperaba que la amenazara con eso.

- Por supuesto que sí. Soy su padre, después de todo, y haré lo que quiera con ella. Nos iremos lejos, y jamás volverás a verla.

Natsuki estaba furiosa. Adoraba a su hermana pequeña, y de ninguna manera dejaría jamás de verla. En realidad era su media hermana, por parte de padre, pero igualmente la quería con locura.

¿Cómo podía ser tan rastrero su padre? Sabía muy bien que cumpliría su promesa. Su padre no tenía escrúpulos, después de todo. No es que las hubiera maltratado, pero no era una persona con la que tendría trato de no haber sido su padre. Era todo lo que más odiaba en el mundo: egoísta, avaro, déspota e hipócrita. Cómo era su hija, aún no lo sabía. Su vida hubiera sido muy diferente si su madre no hubiera muerto en aquel accidente. Seguramente se hubiera divorciado enseguida.

Natsuki dejó de lado los pensamientos sobre su madre. Al fin y al cabo, el pasado no se puede cambiar. Se concentró en el presente. Finalmente llegó a una conclusión: debería seguirle el juego, o nunca jamás vería a Alyssa.

- Está bien. Si me lo pides tan amablemente, tendré que aceptar. – Dijo Natsuki con ironía.

- Sabía que eras una persona razonable, después de todo. – Contestó Akio con igual ironía.

A Akio le aparecieron los signos de dólar en los ojos. Por fin podría disfrutar de una vida relajada y atestada de dinero.

Mientras tanto, Natsuki ya comenzaba a planear la manera de librarse del matrimonio. Seguramente la tal Fujino acabaría harta de ella en menos de un parpadeo, y tendrían que divorciarse en menos que canta un gallo. Natsuki podía ser muy maleducada cuando se lo proponía.

Natsuki había absorbido la información que su padre le había proporcionado sobre su futura esposa. El hecho de que Shizuru fuera actriz de películas románticas le daba nauseas. A ella lo que le gustaba eran las películas de acción, no las cursilerías ésas. Sin duda, la tal Shizuru debía de ser una cabeza hueca esperando a su príncipe azul. Pues se tendrá que conformar conmigo, se dijo Natsuki, sonriendo para sí.


NA: Gracias por los comentarios. Siempre le alegran a una, jajaja!