Los personajes no me pertenecen, son obra de Rumiko Takahashi. La canción es propiedad del grupo musical Sukekiyo.


"Jugué inocentemente en una caja de arena por ti.

Danzamos. Danzamos juntos en paz, y contigo miré las flores que oscilaban.

No te olvido. Te quiero olvidar"

Sukekiyo-Aftermath.

Capítulo extra. Aftermath

El paisaje vacío, silencioso… Los humanos lo llamaban montaña sagrada, guardaban cierto respeto por ella, sin saber que en ella habitaban varias de las creaturas sobrenaturales que quedaban. A él poco le importaba, había terminado ahí porque era lo más cercano a la época en donde su raza dominaba y atemorizaba a los humanos. Tampoco tenía energía para moverse y le daba lo mismo buscar algo que le diera fuerza al cuerpo, igual ya no había alimentos dignos de ser llevados a su boca.

El sol daba de lleno sobre su rostro, cegándolo, molestándolo. Obligándolo a cerrar los ojos. El camino había sido largo, mucho, tantas pérdidas en el camino, ningún lugar donde encajar. Ni siquiera algo en lo que se interesara. Ya no le quedaba nada.

Hacía tiempo que incluso la compañía del viento lo había dejado, porque él mismo había querido que así fuera. En ese momento deseó no ser egoísta y dejo ir a esa alma.

Pero ahora, se arrepentía. Cometió el error de permitir la compañía por demasiado tiempo, convirtiéndola en lo único que le quedaba. Si tan solo su memoria se arruinara.

¿Cuándo llegaría el final? Veía la sombra de la muerte sobre él desde que el cuerpo le negó levantarse de ahí. De eso hacía mucho…

Sus sentidos seguían alerta, ningún otro ser sobrenatural se había atrevido a acercarse, y no lo harían. Ninguno lo haría, y prefería que así fuera.

Los recuerdos llegaban de golpe a su mente ¿Por qué no podía olvidar? Los pocos días que vivió junto a los que ya no eran más que polvo, las sonrisas tiernas y los halagos hartantes. Todo eso se había desvanecido. Incluso la sangre en sus venas se había quedado sin lazo alguno, y si había algo de ella que aun quedará mezclada, ya no tenía nada que ver con él.

La efímera ráfaga que había cambiado algo dentro de su ser había intentado aferrarse a ese mundo sólo para no dejarlo solo. Pero era imposible. Le hizo compañía, incluso le susurraba ideas tontas de lo que hubiera pasado. De nuevo erró, al escucharla.

Esas tonterías le llenaban la cabeza. Hacían que su mente, insistente en ver un panorama diferente al que sus sentidos percibían, proyectara las posibilidades de forma vívida, tan nítida.

Podía ver el cabello negro, ondeante entre sus garras. Los labios carmín sobre sus labios. La vida que nunca existió, que nunca tuvo posibilidades.

Se sentía tonto, molesto consigo mismo. Pero esas imágenes eran el único consuelo que tendría.

La espera estaba siendo larga, agónica. Y aun así era consciente de a donde fuera que iría, no sería el mismo lugar que el de la sombra de sus recuerdos. Incluso en el vacío estaría entre extraños.

Al fin, su aliento se cortaba, la oscuridad lo envolvía. Era sólo eso, oscuridad y silencio.

Una mano suave se posó en su mejilla ¿aún estaba vivo? Maldijo antes de abrir los ojos, pero ninguna palabra salió de su boca en cuanto pudo ver al frente.

—Cuanto tiempo has tardado…


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