Uzumaki Naruto siguió a su hermano mayor, Deidara, por el amplio vestíbulo del Akatsuki Resort & Spa, sintiéndose como un gorrión en una jaula de oro, fuera de su elemento y rodeado de una opulencia que le era completamente ajena. Convencido de que jamás volvería a pisar un hotel tan exclusivo, asimilo todo, desde las plantas exuberantes y la decoración neutral hasta la fuente grande que dominaba el centro del vestíbulo.

En cambio, Deidara iba a casarse con un hombre rico y se había acostumbrado a gastar dinero. Naruto había aprendido desde muy joven a ser frugal y a economizar. Después de años de severidad y ahorro, de ser pragmático con sus compras, se había convertido en un estilo de vida para él. En ese momento, incluso con veintitrés años, no era capaz de derrochar cientos de dólares en una habitación de lujo, cuando una habitación en el Suna Inn cumpliría la misma función.

Pero los siguientes tres días no tenían nada que ver con lo que él habría preferido. Ese fin de semana estaba dedicado a su hermano y a su muy anticipado matrimonio con Uchiha Itachi. Y tanto la boda como la recepción tendrían lugar en el Akatsuki, gracias a la infinita generosidad de los Uchiha y sus inagotables recursos financieros.
Como Itachi era el primogénito de la familia, los padres habían insistido en celebrar una boda lujosa, por no mencionar pagarlo todo, incluido lo que debería haber corrido por cuenta de la familia del rubio. Muertos sus padres, y sin parientes cercanos, la familia del rubio, es decir, Naruto, carecía de dinero para pagar algo tan lujoso.

- ¿Quieres dejar de pensar en lo que va a costar todo y, simplemente, disfrutar del fin de semana?- pidió Deidara mientras apretaba el botón del ascensor.

Desde luego, Naruto no podía discutir hacia donde se habían desviado sus pensamientos. El hábito de cuidar el dinero estaba tan arraigado en el que no valía la pena negarlo.

- No te preocupes, tengo la plena intención de pasármelo bien mientras estemos aquí- Le aseguro con una sonrisa indulgente.

Deidara se rió.

- Y como juegues bien tus cartas, puede que tengas suerte este fin de semana-

Cuando iba a interrogarlo por el tono de voz malicioso que había empleado, las puertas del ascensor se abrieron y entraron. El interior era tan elegante como el resto del hotel, con un suelo de mármol y unas paredes de espejo con rebordes dorados. Al ver sus reflejos juntos, volvió a notar las pequeñas diferencias que había entre ellos y que iba más allá de los seis años que los separaba. A si como ambos tenían el pelo rubio y los ojos azules, el cabello de Deidara era largo y con volumen, sin un estilo definido, mientras que el suyo era corto y alborotado, de un aspecto indomable y en pico, sin contar las curiosas marquitas que tenía en sus mejillas que parecían un adorables bigotitos. Su hermano llevaba siempre ropa de moda que se adaptaba a la actitud efervescente que exhibía, mientras que él prefería un aspecto más sencillo, reflejo de su personalidad.

Aunque había que reconocer que a los quince años él había adoptado el papel de padre y madre con Deidara, mientras su padre trabajaba, y había hecho todo lo que había estado a su alcance para que su hermano de veintiún años no recibiera el tipo de presión, responsabilidad y preocupaciones que Naruto había asumido a la muerte de su madre, dado que su hermano se había encontrado estudiando fuera de la ciudad. En muchos sentidos, había tratado a Deidara más como un hijo que como un hermano, sin importarle que él fuera el menor, en un intento de cerciorarse de que disfrutara de una vida tan despreocupada como lo permitiera el estilo de vida tan poco convencional que llevaban. A juzgar por el hombre vivaz y radiante que se había convertido Deidara, supo que había hecho bien su trabajo.

Cuando el ascensor comenzó a subir, se volvió a su hermano, reacio a dejar pasar el anterior comentario sin tratar de averiguar qué había detrás de esas palabras crípticas.

- ¿Qué querías decir con "tener suerte" tebayo?

Los labios rosados y brillantes de Deidara esbozaron una sonrisa inocente.

- Bueno, es el fin de semana de San Valentín y alguien especial va a estar presente – respondió de forma significativa – Y como tú eres mi padrino, y él es el de Itachi, van a pasar mucho tiempo juntos. Es un escenario perfecto para que Cupido actúe sobre dos personas que necesitan amor y pasión en sus vidas – suspiro con gesto soñador.

Sabía muy bien de a quién se refería su hermano y dudaba que Sasuke Uchiha, uno de los solteros más deseados y ricos de todo Japón, tuviera problemas en encontrar amor o pasión.
Movió la cabeza ante las esperanzas caprichosas de Deidara.

- Eres demasiado romántico, Deidara- y el demasiado práctico como para creer en un personaje mítico como Cupido.

- Uno de los dos ha de serlo – agito una mano- Has dedicado estos años a criarme y a abandonar tu vida personal en el proceso, cuando debía haber sido yo el que lo hiciera. ¿Es tan negativo por mi parte querer que encuentres el amor y la felicidad?

El enorme diamante de tres quilates que lucía en el dedo anular capto la luz del ascensor y a punto estuvo de cegar a Naruto con su centello.

Su hermano tenía un corazón de oro, pero si creía que Sasuke Uchiha era su caballero andante, estaba muy equivocado. Ese hombre podía tener la capacidad de desbocarle las hormonas siempre que estaba cerca, pero no era la imagen que tenia del compañero perfecto. Eran de la misma edad y dedicaba los días en los videojuegos. Si, había ganado millones como experto en ellos, pero despilfarraba el dinero en las cosas más frívolas y sibaritas. El estilo de vida despreocupado que llevaba chocaba con la actitud modesta y pragmática de Naru. Aparte de la intensa atracción física que había, no encajaban.

- Lamento decepciónate, Dei- empleo el apodo que le había dado de pequeño- pero mi príncipe azul bajo ningún concepto es ese Teme tebayo.

El ascensor se detuvo. Cuando las puertas se abrieron en silencio, salieron y fueron hacia la izquierda, donde estaba situada la habitación de Deidara.

- Tienes que reconocer que mirarlo es como un sueño- comento sobre el hermano menos de su prometido- Y, desde luego, no podría ser más obvio el interés que siente por ti.

Naruto se río, porque durante los tres años en que su hermano había salido con Itachi, había aprendido que Sasuke había convertido el coqueteo en una forma de arte. No podía negar que lo tentaba y provocaba con sus comentarios sexys siempre que sus caminos se cruzaban, pero era lo bastante inteligente como para saber que el interés que mostraba por él no era exclusivo. En todo caso, disfrutaba con la emoción de la caza y sin duda él había resultado un desafío para el azabache.

El hombre era un playboy consumado, y sus breves y conocidas relaciones con otras mujeres y hombres demostraban que estaba más interesado en pasar un buen rato que en establecer una relación importante o duradera.

- Sasuke está fascinado con cualquier cosa que se mueva delante de él y crea poder llevar a la cama tebayo- comento con ligereza- creo que jamás lo he visto dos veces con la misma persona.

Esa observación no pareció preocupar a su hermano.

- Bueno, este fin de semana viene solo.

Pero Naruto no buscaba ser el sustituto de quien fuera durante el fin de semana.

- A Sasuke solo pienso ofrecerle mi brazo durante la boda- le dijo a su hermano, mientras se cruzaba de brazos, con un puchero en el rostro- y hasta ahí se acabó.

- Te estás volviendo demasiado tedioso con los años – le dijo Deidara preocupado- Necesitas vivir un poco, Naru. Destierra esa actitud de madre que adoptaste desde que falleció mamá.

Convertirse en una figura materna para su hermano de 21 años había sido una transición necesaria para él, y luego una costumbre que no pudo romper. Su padre, Minato, había trabajado para una empresa de repuestos de fontanería que lo obligaba a viajar a menudo, lo que había hecho que él estuviera a cargo de la casa, no solo de ayudar a Deidara, sino cocinar, limpiar e incluso encargarse de las finanzas. Y no había tardado mucho en descubrir que su padre gastaba más de lo que ganaba.

Principalmente porque no podía hacer otra cosa.

- Voy a casarme e irme de nuestro departamento en cuanto vuelva de mi luna de miel con Itachi- continuo Deidara con su sermón fraternal- Por primera vez en tu vida, vas a estar solo, y ni siquiera tienes un novio o novia que te haga compañía, Diablos, se puede decir que no has salido con nadie en los últimos cinco años.

- No he encontrado a nadie con quien mereciera la pena salir- se encogió de hombros con indiferencia- Hay un chico en el departamento de contabilidad del hospital que me ha invitado un par de veces. Quizás después de este fin de semana vaya a cenar con él y compruebe a donde vamos desde ahí tebayo.

- Ooooh, eso suena excitante y arriesgado – su hermano puso los ojos en blanco- mientras cenan, podrán hablar de la política de facturación del hospital.

- Konran es un chico agradable- lo defendió de forma automática.

Deidara extrajo una tarjeta de plástico de su bolsillo.

- Estoy seguro de que es muy agradable, pero si se gana la vida haciendo cálculos, mi conjetura es que es muy aburrido… igual que los demás chicos con los que has salido- añadió en voz baja.

Konran era estable, responsable y de fiar. Aunque no esperaba que su hermano comprendiera la necesidad que tenia de encontrar a un hombre con las calidades y rasgos que le habían faltado a su padre. Se había afanado en proteger a Deidara de las duras realidades de su vida tras la muerte de su madre, de modo que jamás llego a ser consciente de las erráticas juergas de despilfarro de su padre, que terminaron por sacar a subasta su casa y que él tuviera que declararse en quiebra. Si lo hubiera sabido, podía jurar que Deidara hubiese abandonado sus estudios y sueños, sin importar los esfuerzos que había hecho para lograr entrar a la academia de artes.

Deidara había llevado una vida alegre, sin tener que preocuparse jamás por el dinero porque él se había encargado de que su hermano tuviera siempre lo que necesitara. Pero para él, la pérdida del único hogar que había conocido había sido devastadora. A pesar de que su padre había muerto de un ataque al corazón hacia 4 años, aquel acontecimiento había cimentado la profunda determinación de asegurarse no volver a hallarse en esa situación financiera. Y eso significaba encontrar a una persona que supiera cómo manejar el dinero.

Deidara abrió la puerta y Naruto lo siguió dentro del interior de la habitación. Una vez más miro en silencio maravillado de la opulencia de la suite, desde el elegante mobiliario, pasando por la rica y fina tapicería, hasta la decoración de aspecto opulento. Por doquier había flores frescas en jarrones de cristal y su perfume embriagador llenaba la estancia.

- Desde luego, la familia de Itachi no ha escatimado gasto alguno en la suite nupcial. ¿Verdad tebayo?

- ¿quieres parar ya?- dijo con exasperación al dejar las llaves sobre una mesa de cristal.

Naruto sonrío zorrunamente.

- Eh, tú has tenido tres años para acostumbrarte a llevar esta clase de vida tebayo.- paso el brazo por el de su hermano y lo guío hacia la terraza. Ante la barandilla de hierro forjado, disfrutaron de una vista perfecta del impecable jardín que tenía abajo, al igual que del ondulado campo de golf- Bueno, ¿Qué tienes en tu agenda para esta tarde tebayo?- pregunto esperando que dispusieran de algún tiempo a solas antes de la locura de la boda.

- He quedado con la madre de Itachi para repasar unos detalles del último minuto con el organizador.- Repuso con expresión de disculpa- No tengo ni idea de lo que nos llevara.

- Esta bien- acepto, tragándose el nudo que sintió en la garganta al pensar que iba a perder a su hermano- lo entiendo

- Gracias- Deidara pareció aliviado- En mi ausencia, necesito que me hagas un favor, si puedes

Apretó la mano de Deidara

- Lo que sea, ya sabes- indico con absoluta sinceridad. No había nada que no hiciera por su hermano.

- Hay una tienda nueva de caramelos a unas manzanas de aquí en Kyuubi Street que prepara unos chocolates y confituras más increíbles- dijo Deidara con expresión arrobada- Cuando estuve aquí la semana pasada, les hice unos pedidos especiales para el coctel familiar de esta noche. Esperaba que pudieras ir a recogerlos por mí y así quitarme una cosa de las que preocuparme hoy.

Naruto supuso que hacerle ese recado a su hermano era mejor que estar solo en la habitación del hotel hojeando una revista durante las próximas horas.

- Considéralo hecho tebayo.

Deidara la abrazo con calor y entusiasmo.

- La tienda esta justo calle abajo y lo bastante cerca como para ir a pie, o si lo prefieres puedes tomar un taxi.

- Creo que paseare tebayo- no pensaba pasar por alto la oportunidad de perderse un día tan maravilloso y soleado- ¿Cómo se llama la tienda?

- Dulce Pecado. Y te puedo asegurar que está a la altura de su nombre.

El comentario de su hermano, su curiosidad despertó. Así como no era tan fanático del chocolate como Deidara, disfrutaba de algún dulce esporádico.
Bajaron juntos hasta el vestíbulo y luego se despidió con un gesto de la mano de su hermano, saliendo del hotel y yendo por el sendero que conducía a las calles principales. Sin prisa por llegar hasta la tienda, fue a un ritmo pausado, disfrutando del sol cálido sobre la piel y de la ligera brisa que le revolvía el pelo.

Al llegar a Kyuubi Street giro ala derecha tal como le había indicado su hermana. Paso por delante de boutiques, la terraza de una cafetería curiosa y otros locales atractivos. Al llegar al escaparate, vio los chocolates y las confituras de aspecto más delicioso que jamás había visto.

El nombre negro y dorado en los cristales le confirmo que había alcanzado su destino. Entro en el local y al instante quedo envuelto en el intenso y dulce aroma del chocolate. Estaba rodeado por una exposición de dulces tentadores, incluidos cajas de diferentes tamaños en forma de corazón para el día de San Valentín y docenas de chocolates en envoltorios coloridos expuestos en una mesa en el centro de la tienda.
Todo en la tienda parecía Dulce Pecado y olía perversamente delicioso.
Aparte de un rápido "enseguida voy" procedente de la parte de atrás de la tienda, Naruto estaba solo, algo que no desaprovecho. Cerró los ojos y respiro hondo y despacio, inhalando el olor embriagador del chocolate. Eso solo resultaba un afrodisíaco para cada uno de sus sentidos.

Asombroso.

Volvió a inhalar, sin poder evitarlo. Había algo en ese sitio que lo hacía sentirse sensualmente cargado y se preguntó que si era posible que una persona tuviera un orgasmo solo con el olor opulento y decadente del chocolate. En ese caso, él era el principal candidato.

- Bienvenido a Dulce pecado.

La voz suave de un hombre a su espalda lo devolvió al presente. Abrió los ojos y se dio la vuelta, recuperando la compostura… al menos por fuera.

- Gracias- sonriendo, se acercó al mostrador y estudio el expositor que exhibía más delicias de chocolate- tienen un local fantástico, y el olor es maravilloso tebayo.

El apuesto caballero de tez morena sonrío encantado mientras se alisaba el mandil blanco que llevaba.

- Bueno, personalmente puedo garantizarle que los productos saben aún mejor de lo que huelen. Empleamos los mejores ingredientes disponibles y nos ha llevado años perfeccionar cada producto que ofrecemos.

Y Naruto noto que había docenas de los cuales elegir

- ¿O sea que están hechos de recetas secretas?- pregunto con curiosidad.

- Bueno…

- Si, así es- respondió un hombre mayor antes de que el moreno pudiera acabar su frase. Apareció desde una puerta que conducía al cuarto de atrás con una bandeja de fresas recién bañadas de chocolate, que deposito en el mostrador delante de él- Todas nuestras recetas son máximo secreto. Clasificadas solo para nuestros ojos. ¿No es así Iruka?

El hombre llamado Iruka le sonrío

- Así es, Kakashi.

Este le dio un beso afectuoso en la mejilla y miro a Naruto.

- A mi esposo le gusta alardear sobre nuestros chocolates exclusivos, pero una vez que los hayas probado, estoy seguro de que estará de acuerdo en que son los mejores que jamás haya probado. Lo difícil es decidir cuales probar.

Naruto empezaba a pensar que esas fresas recubiertas de chocolate tenían un aspecto estupendo en ese momento. La idea de comer una hizo que le aleteara el estómago.

- ¿Ha venido a buscar algo para esa persona especial para el fin de semana de San Valentín?- pregunto Iruka

- No- movió la cabeza- No hay nadie especial tebayo

- Ah, es una pena- repuso el moreno, adelantándose a Naruto- pero estar soltero y sin compromiso lo hace elegible para la competición que vamos a celebrar en San Valentín. ¿Ve esa mesa con todos los chocolates envueltos en celofán?

El rubio asintió

- Si

- Bueno, pues cada uno es una mitad de un corazón de chocolate, con un mensaje dentro- Explico Iruka con entusiasmo- La mitad naranja se les da a una mujer u hombre soltero, como usted, y la mitad azul es para algún hombre o mujer afortunado. Si los dos logran encontrar a la otra persona con el mensaje concordante antes del día de San Valentín, recibirán un premio romántico de Dulce Pecado, que incluye una cena para dos en el Rassengan y cien corazones de chocolate.

El concepto de conocer a alguien a través de un "juego de parejas" era decididamente fascinante, pero el momento no era el propicio. Además, tampoco vivía en la zona, sino a más de ciento cincuenta kilómetros de Konoha. Si conocía a alguien allí, la distancia no ayudaría a desarrollar una relación duradera. ¿Por qué empezar algo que no podría acabar?

- Suena divertido, pero solo estaré en la ciudad durante unos días para una boda en el Akatsuki. Odiaría decepcionar a alguien que podría estar buscando en serio un corazón afín, cuando yo no dispongo de tiempo para hacer lo mismo tebayo.

- ¿No cree en el destino, querido?- pregunto kakashi- Si tiene que ser, encontrara al hombre que tenga la otra mitad de su corazón.

- Lo pensare- dijo, ya que no quería ser grosero, pero sabiendo que lo más probable era que se marchara de la tienda sin tocar uno de esos corazones- Mientras tanto, he venido a recoger un pedido para mi hermano, Deidara Uzumaki.

- Ahh, los petits fours – Iruka asintió- Están listos, pero hay que ponerlos en cajas, lo que requerirá unos diez minutos.

- Esta bien.

Iruka desapareció en el cuarto de atrás, pero kakashi se quedo.

- ¿Desea algo mientras finalizamos su pedido?- indico el expositor de cristal con diversas creaciones.

Mordiéndose el labio inferior, el rubio volvió a observar esas fresas bañadas en chocolate. Prácticamente lo llamaban por su nombre y descubrió que no podía resistirse a la tentación.

- Tomare una de esas fresas

- Excelente elección- con un gesto de asentimiento, kakashi eligió la pieza más grande de la bandeja y luego se la entregó en una taza pequeña de papel antes de marcarla compra en el caja registradora- Tenga la libertad de mirar lo que quiera en la tienda mientras aguarda su pedido.

- Lo hare- pero primero iba a disfrutar de esa fresa.

Aguardo hasta que kakashi se reunió con Iruka antes de centrar su completa atención en la delicia que acababan de entregarle.
Llevándose la fresa a la boca, mordisqueo la punta. Un chocolate suave y de gran textura se derritió de inmediato en su lengua y un calor trémulo se extendió por su cuerpo.

El sabor era embriagador. Excitante. Se sintió mareado y sensual, como si el chocolate hubiera disparado un ansia en él que tenía poco que ver con la confitura y todo con un deseo sin extinguir.

La sensación que corrió por su interior fue extremadamente agradable, incitándolo a dar un mordisco a un mayor. Cerró los ojos y gimió cuando los sabores más suculentos llenaron su boca. Anhelando más de ese sabor exquisito, dejo que los labios se deslizaran más sabré la capa de chocolate y succiono los jugos de la fruta.

- Cielos, haces que desee ser esa fresa- dijo una voz muy masculina…

… destrozando el momento eufórico.

Estuvo a punto de atragantarse con el néctar que goteaba por su garganta y a duras penas logro tragárselo. Dios, reconoció esa voz ronca y sexy y supo exactamente a quien tenía detrás.

No era otro que Sasuke Uchiha.

Había estado tan cautivado con el manjar que no lo había oído entrar. Avergonzado de que le hubiera sorprendido disfrutando de forma tan íntima la fresa abañada en chocolate, pensó que no había manera de evitarlo.
A pesar del rubor que invadió sus mejillas y del modo en que su miembro se había contraído ante el sonido de esa voz seductora, giro y miro a Sasuke, arrebatador con una camiseta, vaqueros y una cazadora negra de piel. Llevaba el pelo azabache peinado en punta de la parte trasera y con uno mechón a ambos lados de su rostro.

Debía de haber llevado uno de los varios deportivos descapotables que tenía el hotel para el fin de semana. Los ojos, del color de la noche, completamente oscuros, se veían velados, encendidos y llenos de lujuria… como si de verdad hubiera imaginado que era la fresa y que sus labios habían estado cerrados en torno a él.
Otra descarga de calor se sentó debajo de su vientre mientras se preguntaba cuanto tiempo había estado mirándolo lamer la fresa jugosa, al tiempo que se imaginaba un escenario provocador.

Él se acercó y clavo la vista en su boca.

- Mmm. Parece jugosa y dulce- ¿Cuándo se había vuelto tan ronca su voz?

El esbozo una leve sonrisa y en su mejilla izquierda apareció un hoyuelo.

- Quizá yo mismo debería probarla.

El pulso de Naruto se disparó, y entre el chocolate que acaba de consumir y los comentarios seductores de Sasuke, lucho por mantener la compostura.

- Adelante- señalo la bandeja que Kakashi había dejado en el mostrador – Hay un montón de donde elegir tebayo

El azabache alzo la mano y lo sorprendió con la caricia cálida y atrevida que realizo con el dedo pulgar sobre su labio inferior.

- No hablaba de las fresas, dobe.

El deseo y la necesidad le causaron un nudo en el estómago. Quería probar… no, devorar… su boca, que parecía electrizada por el contacto. Se sintió tentado de ceder finalmente a la atracción que vibraba entre ellos y dejar que lo besara, como ya había fantaseado en secreto en los últimos años. Tanto que entreabrió los labios y se inclinó hacia el de forma casi imperceptible.

- Bienvenido a Dulce Pecado- saludo Iruka alegremente a Sasuke.- ¿Puedo ayudarlo a elegir algo?

Atónito por su comportamiento descarado, de inmediato estableció una distancia respetable con el azabache. Agradeció que uno de los dueños del local hubiera aparecido en ese momento; de lo contrario estaba seguro de que habría dejado que Sasuke hiciera lo que quisiera con él allí mismo.

Santo cielo. Se preguntó qué diablos le pasaba. Lo achaco al entorno y al chocolate, ya que jamás había actuado con semejante temeridad.
La mirada de Sasuke lo abandono y se centró en Iruka, a quien sonrío con absoluta inocencia y encanto.

- Solo estaba echando un vistazo para ver que tenía

Iruka ladeo la cabeza con curiosidad mientras estudiaba con ojos especulativos.

- ¿Ustedes dos se conocían?

Sasuke asintió

- Mi hermano se casara con su hermano.

- Ahh, la boda. ¿Y ustedes son…?

- Solo amigos- repuso con rapidez Naruto, queriendo dejar bien claro el asunto desde el principio.

Iruka miro a Sasuke, quien se encogió de hombros y repitió esa sonrisa cautivadora.

- Lo que él diga.

Iruka no pareció convencido, pero abandono el tema.

- Bueno, sigan mirando lo que quieran. Ya casi tenemos listo su pedido, así que volveré en unos minutos.

- Estupendo – "cuanto antes, mejor", pensó el rubio.

Para su alivio, Sasuke se acercó a la mesa que contenía los corazones de chocolate envueltos. Leyó el cartel que anunciaba la competición para el día de San Valentín, y fue a otra sección de la tienda donde se exponían cajas de golosinas.
Negándose a terminar la fresa, coloco la mitad que quedaba en el pequeño recipiente en que se la habían entregado para terminarla después.

- ¿Qué te trae por aquí?- pregunto con indiferencia, tratando de no mirar como los vaqueros moldeaban su trasero perfecto- No das la impresión de ser un adicto al chocolate tebayo

El miro por encima del hombro

- Desde luego, el chocolate tiene su momento y su lugar. En cuanto te vi comer esa fresa desee con fervor algo dulce y delicioso.

Los dos sabían que se refería a algo más que al chocolate.

- Pero al ver que se me ha negado ese manjar en particular, tendré que ceñirme al motivo original que me llevo venir aquí.

- ¿y cuál era?

Bajo una de las cajas de terciopelo rojo con forma de corazón de la estantería que tenía delante y leyó el contenido.

- He venido a comprar varios regalos para San Valentín.

No uno, sino varios. Lógico en él.

- Y, ¿Cada una de esas amigas tuyas conoce la existencia de la otra?

Él se volvió con tres cajas de corazones en las manos.

- ¿Amigas? – Pregunto, momentáneamente desconcertado por la pregunta – Al comprenderlo, en sus ojos bailo un destello de diversión – OH, no son para ninguna amiga. Son para mi madre, mi prima y mi abuela. Siempre les mando chocolates en el día de San Valentín.

El gesto parecía muy dulce, y Naruto no supo si creerlo o no.
Sasuke dejo las cajas sobre el mostrador.

- Es verdad – dijo al ver el escepticismo en la expresión del rubio- Y para que quede constancia, no tengo ninguna amiga, de modo que si estas interesado…

- ¿Puedo solicitar el puesto?- enarco las cejas.

- No, no es necesario. La atracción entre nosotros dos es innegable, y ya sé que serias el "amigo" perfecto. En todo los sentidos.

Aparto un mechón de pelo que le había caído sobre la mejilla y con gentileza se lo acomodo detrás de la oreja antes de bajar lentamente los dedos por su cuello.

- Bien, ¿Qué dices, Naru? ¿Quieres ser mi amigo?

Su tono era burlón, pero sus ojos eran muy serios al mirarlo. Se sintió hipnotizado y el impulso de decir que si fue una tentación poderosa y abrumadora. Que experiencia sentir el efecto pleno de ese deslumbrante atractivo sexual de Sasuke. Aunque fuera una aventura temporal.

- Aquí tiene sus petits fours – dijo Iruka al regresar. Se detuvo bruscamente al percibir el modo íntimo en que Sasuke aun lo tocaba. – ¡Oh, perdón! No era mi intención interrumpirlos.

Naruto se apartó de Sasuke y trato de desterrar el hechizo sensual que con tanta facilidad él había urdido a su alrededor.

- No ha interrumpido nada tebayo – le aseguro el rubio. "De hecho, acaba de salvarme de cometer un error colosal".

Sucumbir ante un play boy como lo era Sasuke, no era lo que quería para un hombre pragmático y responsable como lo era Naruto.
La situación proyectaba un "corazón roto" por los cuatro costados.
Como su hermano había pagado por adelantado el pedido, ya no había razón para que continuara en el local.

- Gracias Iruka- acepto la bolsa que le entrego el moreno- Estoy seguro de que los petits fours serán un éxito en el coctel de esta noche.

Se dirigió a la puerta.

- ¡Aguarde!- Exclamo Iruka- ¡Se olvida la mitad de su corazón naranja!

A pesar del deseo de correr, se detuvo, giro y forzó una sonrisa mientras Iruka elegía un corazón y luego se lo plantaba en la mano.
Realmente, no quería tener nada que ver con el certamen de Dulce Pecado, pero la cortesía lo impulso a aceptar la golosina.
Luego salió de la tienda, lejos de Sasuke y de la influencia que estaba ejerciendo sobre su sensatez tanto chocolate embriagador.