¡Hola! Pues aquí está el segundo cap. Muchas gracias a los que me leéis y me dejáis comentarios, en serio, me hacéis feliz, GRACIAS ^^ Espero que os guste el cap, hep. Disfrutad amores.


-Está bien, si os fue más fácil moveros durante la noche partiremos hoy mismo en cuanto –David fue cortado por Emma, que entró apresurada a la reunión. –Emma llegas tarde.

-Sí, sí, lo siento, yo… -La rubia busco la mirada de Regina que estaba senada al final de la mesa de reuniones y cuando la encontró habló con total seriedad. –Yo también voy a ese viaje.

Regina bajo la vista negando con la cabeza, aquello no podía ser verdad. El silencio se hizo en la sala y cuando Emma miró a su padre supo que no le gustaba la idea e intentó buscar apoyo en su madre, cosa que no fue así.

-Emma ¿estás loca? No vas a venir, no. -Snow negó severamente, no iba a permitir que su hija se pusiese en peligro sin necesidad alguna. –No estás preparada, solo has estado allí unos días y casi no lo contamos.

-Además, ¿quién va a cuidar de Henry y del pueblo? –Todas las miradas se centraron en la rubia, que seguía de pie delante de la puerta.

-¡Venga ya! –Emma no podía creer lo que estaba escuchando.- Se defenderme perfectamente y lo sabéis. En este pueblo nunca pasa nada, y de los pequeños asuntos puede encargarse Ruby perfectamente. Y Henry… -Emma miró a Regina de nuevo un segundo.- Henry puede quedarse con su padre, cuantos más vayamos antes limpiaremos ese lugar y antes volveremos con él.

-Está bien, ven con nosotros. –Emma miró a su padre agradecida, con una sonrisa. –Pues hasta aquí todo, por favor sed discretos y nos vemos esta noche en el pozo.

Mulán y Felipe se despidieron y se marcharon a prepararse. Snow se acercó a su marido y a su hija para regañarles, pero mientras ellos discutían Emma solo estaba pendiente de Regina, que recogió sus cosas despacio y salió sin mirarla.

-Emma ¿me estás escuchando? –Snow la miraba enfadada y Emma la miró disculpándose.

-Lo siento, nos vemos luego..

-¡Pero Emma!

Antes de que su madre pudiera decirle algo más Emma ya había salido de la sala de reuniones para alcanzar a Regina. Aceleró el paso y cuando la mujer salía del ayuntamiento Emma la alcanzó.

-Regina espera. –La morena aflojó el paso y Emma caminó a su lado, bajaron media calle en silencio hasta que Regina la miró de reojo.

-Así que tú puedes ir pero yo no, qué bonito. –Emma la miró un momento, considerando si aquello iba en serio.

-¿Estás de coña? –Regina negó suavemente y luego la miró por primera vez en todo el camino. La rubia puso los ojos en blanco y resopló. –Si voy a ese maldito mundo es por ti, porque no voy a dejarte sola en ningún momento. Ya puedes usar tu magia o encadenarme a un árbol o lo que se te ocurra, pero mientras mi corazón siga latiendo, nada va a impedirme estar a tu lado para protegerte. Ahora llámame idiota si quieres. –Emma suspiró, a veces sentía que Regina no quería darse cuenta de que ya no estaba sola y eso la agotaba.

Regina se paró, habían llegado hasta la entrada de su jardín sin darse cuenta. No sabía que decir, lo que Emma le había dicho había hecho que su corazón latiese con rapidez y los nervios no la dejaban pensar. Ambas se miraron un momento y Emma se dio la vuelta para irse, no tenía nada más que hacer allí, pero antes de que le diese tiempo a alejarse Regina la sujetó del brazo.

-Espera… -Emma se giró y Regina la abrazó, pasando los brazos por su cuello. –Gracias. –La rubia le rodeó la cintura, acercándola más a ella. Regina le dio un suave beso en los labios y ambas se sonrieron juntando sus frentes.

-Siento haberme enfadado. –Regina negó y volvió a besarla despacio. –¿Quieres que te ayude a preparar lo que vayas a llevar al otro lado? - Regina la miró y rió divertida, confundiendo a Emma.

-¿Al otro lado? Ni que fuésemos a visitar a los muertos, querida. –Ambas rieron suavemente y la rubia cogió la mano de su novia, caminando de nuevo para entrar en la gran casa.


-¡Henry! –Emma le llamó desde los primeros escalones de la gran escalera. –Henry, baja, tenemos que hablar.

La rubia dirigió a la cocina a esperarle junto a Regina que daba vueltas cual gato encerrado. Se apoyó en la encimera y abrió sus brazos y envolvió a Regina en ellos, susurrándole un 'tranquila'.

-¿Qué pasa? –Ambas se separaron y miraron a su pequeño.

-Siéntate, tenemos que contarte algo. –El niño obedeció, sentándose en uno de los taburetes y las miró a ambas interrogante. –Sabes que tu madre ha estado intentando abrir un portal con el señor Gol y tus abuelos ¿verdad? –El niño asintió ante las palabras de Emma.

-Bien, pues lo he conseguido, ya podemos cruzar al Bosque Encantado pero…

-¿Qué? –El niño las miraba maravillado.- ¿En serio podemos ir?

-No, no, a ver… escúchame. –Emma le miró seria.-Nadie puede saber esto, ¿vale? –El chico asintió.

-Henry, vas a tener que quedarte unos días con Miss Lucas, nosotras sí que vamos a ir y no puedes venir porque es peligroso… -Regina buscó a Emma con la mirada para que le ayudase un poco.

-Volveremos antes de una semana y bueno, no vamos solas, claro.

-Pero yo quiero ir… ¡No podéis dejarme aquí! –Henry las miró suplicante.- Pensaba que éramos una familia, no es justo.

-Cariño irás, te lo prometo, pero antes tenemos que asegurarnos de que es un sitio seguro. –Emma asintió ante las palabras de Regina y su hijo las miró dubitativo un momento y luego se rindió.

-Está bien… me quedaré con Ruby. –Hizo una mueca de disgusto, no porque Ruby no le gustase, sino porque no le habían dejado ir. –Pero prometedme que volveréis pronto y que no os pasará nada. –El niño se acercó hasta Regina y la abrazó. –Cuida de Em, no le dejes meterse en problemas.

-¡Hey, que sigo aquí!

Emma se unió al abrazo y los tres rieron, las dos mujeres deseaban levar a su hijo con ellas, pero no podían arriesgarse a que le pasase algo, en el pueblo estaría seguro y ellas no tardarían en volver.

-Anda chico, prepara las cosas que necesites para un par de días, le daremos una llave a Ruby por si tardamos algo más. –Henry asintió y salió corriendo hacia su habitación. –Le he pedido que le recoja antes para que pasemos por mi casa antes de irnos, tengo que coger algunas cosas ¿te importa? –Regina negó suavemente.

-¿Estás segura de que no prefieres quedarte aquí con él? Yo estaré bien Emma…

-Cállate ya. –Y antes de que Regina pudiese contestarle Emma la besó, abrazándola por la cintura.


-Llegáis tarde. –David miró a Regina que le puso los ojos en blanco y luego a su hija. - ¿Dónde vas con esa mochila?

-Llevo algunas provisiones, ¿vosotros no lleváis? –Sin contestarle todos comenzaron a andar por el sendero hasta el puente. Emma se acercó a Regina y la miró algo enfadada. –Cuando necesitéis, qué se yo, un cuchillo, algo de comer o una sudadera no os lo pienso prestar.

-Como digas querida. –Regina rodó los ojos y comenzó a andar también.

Ambas iban vestidas más o menos iguales, deportivas, vaqueros elásticos y un jersey cómodo arriba. La poca diferencia es que Emma llevaba una enorme sudadera de algún gimnasio y bueno, la mochila llena de cachivaches que también llevaba la rubia.

Emma se quedó unos segundos mirando al grupo delante de ella, Regina y Gold no llevaban nada más que lo puesto, David llevaba su pistola y Mulán y Felipe sus espadas. Se dio cuenta de que su madre no estaba con ellos, lo prefería así, ella se encargaría del pueblo y de Henry.

Anduvieron alrededor de cinco minutos y después Regina deshizo el hechizo para ellos. Todos se pararon frente al pozo, ninguno quería decirlo, pero se notaba la tensión. La última vez que habían cruzado uno de esos en barco no había ido demasiado bien. Se miraron unos a otros y Gold fue el único que se atrevió a romper el silencio.

-Nos vemos al otro lado. –Antes de saltar por el agujero se volvió hacia todos.- Si por alguna razón no acabásemos todos en el mismo lugar… -Emma le miró frunciendo el ceño.- Nos vemos en el castillo de nuestra querida Regina. –Le giñó un ojo a esta y desapareció.

-Está bien, nos toca. –Felipe asintió ante las palabras de Mulán y se despidió con un gesto. Ambos se cogieron de la mano y se dejaron caer sin soltarse.

David miró unos segundos a Emma en silencio y luego la abrazó. Cuando se separaron se dirigió a Regina.

-Por favor, si por alguna casualidad Gold tiene razón… -Volvió la vista hacia su hija y luego miró a los ojos a la morena. –Por favor, cuida de ella.

Regina asintió con sinceridad, no hacía falta que le pidiese aquello, estaba dado por hecho. El hombre se dirigió hacia el portal y saltó igual que los otros tres. Emma se dio la vuelta y miró a su novia, Regina se abrazó a ella y susurró.

-Te lo preguntaré una última vez, ¿estás segura? Aún puedes quedarte aquí. –Emma la separó un poco de sí misma para poder mirarla a los ojos y luego le dio un suave beso en los labios.

Al romper el beso Ambas entrelazaron sus manos y se acercaron también a aquel portal. Las dos rogaban en su interior con todas sus fuerzas para que no se separasen, cada una queriendo cuidar de la otra. Un último beso y Regina musitó un '¿Lista?' al que Emma asintió. Un momento después ambas saltaban cogidas de la mano, sin saber bien donde acabarían ni como, solo esperaban seguir juntas.