Me siento triste y decepcionada T.T ni un review me dejaron. Igual, como soy buena chica escribí otro capítulo. Espero que lo disfruten, y disculpen si mi forma de narrar no es buena. Aún estoy aprendiendo.

InuYasha no me pertenece, solo Riko y Hitori.

Pd: no me hago cargo del cáncer visual que pueda causar mi horrografía.

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-FlashBack-

-¿Perdiste a alguien muy importante para ti, no?-

Luego de haber salido de su parálisis, InuYasha, la miró unos segundo con asombro. No se lo podía creer ¿En que momento? Quizas cuando...

-S-si ¿C-cómo lo supiste?- la voz del mitad-bestia salió con sierto temblor, ¿Miedo quizas? A las hermanas no le sorprendía, normalmente todos le temían.

-Tus ojos me lo revelaron- dijo la mas joven con sencillez -¿Sabías que los ojos son un portal al alma? Es asombroso lo que puedes descubrir con solo mirarlos- una sonrisa asomó por sus labios al ver la reacción de InuYasha, este parecía no entender ni una palabra, como si le estuvieran hablando en una lengua desconocida.

-Riko, calla- dijo Hitori en tono de advertencia. Sus ojos miraron severamente a su hermana menor en modo de advertencia. Había un secreto, y el híbrido lo descubriría.

-Bueno, niñas ¿Quieren instalarse en la aldea?- preguntó Kaede, para bajar la evidente tensión.

Las palabras de esa chica rondaban por la cabeza de InuYasha, "¿Sabías que los ojos son un portal al alma? Es asombroso lo que puedes descubrir con solo mirarlos"

-Fin del FlashBack-

Era medianoche e InuYasha aún no lograba consiliar el sueño. Otra noche sin dormir,otra más entre muchas. Salió a caminar por los alrededores, eso seguramente lo despejaría.

Kagome... cuanto la extrañaba. No había un día en el que no pensase en ella. ¿Que hubiera pasado? ¿Que hubiera pasado si ese día ella se hubiera quedado en casa? ¿Que hubiera pasado si él hubiese estado mas atento a ella? ¿Que hubiera pasado si... él la hubiese salvado? InuYasha sabía que pensar en el "hubiera" era inútil, nadie podía devolverle a su dulce Kagome. Sabía por experiencia que los muertos eran muertos, no se podía revivir a alguien sin consecuencias.

Mientras caminaba en la oscuridad escuchó el sollozo de una chica, se oía a lo lejos pero el joven no dudó ni por un segundo en ir a ver lo que sucedía. Cuando llego, sus ojos se abrieron como platos al ver la escena.

-¡Mamá!- una joven se encontraba abrazando, aferrandose como un niña pequeña, a alguien que la miraba con ternura y compasión. Las lágrimas de Riko no cesaban, y cada vez abrazaba con mas fuerza a esa persona.

¿Será la madre de las hermanas? No lo sabía. Pero Hitori no estaba de la misma manera. Ella se encontraba tranquila, recostada contra un árbol, ajena a la emotiva escena. ¿Por qué? InuYasha no entendía la indiferencia de Hitori hacia las cosas, hacia el amor.

-Riko, cariño, debo irme.- dijo la mujer con dulzura, el rostro de Riko de repente se ensombreció, como si le hubieram dado la peor moticia de su vida. Las piernas le comenzaron a temblar y pronto le fallaron. Estaba en el suelo, llorando con sollozos incontrolables, a InuYasha le entraron ganas de abrazarla y contenerla. Se veía tan inofensiva, tan pequeña, tan perdida en un mundo desconocido ¿Quien no se sintió así alguna vez?

La mujer miró a su hija mayor con una sonrisa, sus ojos reflejaban duda pero también reflejaban amor, ese que solo una madre puede brindar. -¿Hitori? ¿No te despedirás de mi?- pero ella solo veía a su hermana en el piso, sollozando. ¿Qué pasaba? Los instintos de hermana mayor salieron, y rapidamente Hitori abrazó a su hermana. InuYasha supuso que le susurraba palabras de consuelo, Riko pareció calmarse con la precensia de la chica. Entonces, al ver eso, InuYasha supo que el vínculo que tenían esas hermanas no era normal.

La mujer les susurró algo y ambas miraron a InuYasha. Riko olvidó su tristeza y lo miró, al instante, sonrió con la misma sonrisa dulce y amable de siempre. Hitori solo lo miraba friamente, como siempre lo hacía. Un leve viento levantaba suavemente sus cabellos, y ellas solo miraban fijamente a InuYasha, esto les daba un aura escalofriante. Este sintió en su interior una sensación de que estaba en un gran peligro ¿Que le harían?

-Riko, ya sabes que hacer- la mencionada sólo asiente y saca algo de su precario bolso, un frasco. InuYasha pudo reconocer, por el olor, que era polvo de hadas. Esto no era bueno, nada bueno. Esa cosa te hacía tener fuertes alucionaciones, confundiendo de lo que es real de lo que no. Además, quedas a completa merced de quien te lo hace inhalar.

Riko, sin dejar de sonreir, sopló un poco de polvo en dirección al híbrido. Este trató de resistirse, pero pronto sus pulmones se llenaron de ese aroma embriagador. Una sensación de felicidad y alegría lo inundó. Y las alucinaciones no tardaron en llegar. Por supuesto, Kagome y Kikyo eran parte de ellas. El polvo de hadas te hacía alucinar con lo que mas amabas. Pero de una manera dolorosa y angustiante.

-Duerme- le susurró Hitori al oido, e InuYasha, al instante, cayó en brazos de Morfeo. Las hermanas se despidieron de su madre, cada una a su manera, y transladaron al que se encontraba dormido en el piso a la aldea. Se encargaron de que nadie las vea. Un mitad bestia infectado de polvo de hadas podría traerles problemas,y lo que menos deseaban era eso. Hitori miró a Riko con severidad.

-¿Te das cuenta que si no somos cautelosas no podremos volver a ver a mamá?- le dijo a la mas joven, y esta se limitó a asentir con tristeza. Su cabello castaño estaba desordenado por andar por el bosque. Pero Hitori no tenía un cabello fuera de lugar. Es lógico, penso Riko, ella es bastante hábil y cautelosa.

-Al día siguiente-

-InuYasha,despierta- lo llamó por sexta vez la anciana Kaede. No entendía que le había sucedido. En la madrugada lo encontró desmayado en frente de su hogar. Miroku le había ayudado a hacerlo entrar. Y ambos trataron, aunque con un fracaso rotundo, de despertarlo y hacerlo entrar en razón.

-Que lindos pajaritos~- deliriaba InuYasha. Kaede y Miroku se miraban preocupados, esto no era bueno. Esperaban que el efecto se le pasase rápido. El afectado no entendía de que hablaban, escuchaba sus voces lejanas. Sólo se concentraba en las alteraciones que sucedían a su alrededor. Veía animales, inofensivos y tranquilos, pero para él parecían la peor amenaza del mundo. Había repetido en su cabeza las muertes de Kagome y Kikyo una y otra vez, también las había visto morir de distinta manera. Pero claro, en ninguna pudo hacer algo para salvarlas. No tenían noción del tiempo, así que no sabía cuanto tiempo había pasado hasta que entraron esas hermanas. Riko y Hitori. InuYasha no paraba de pensar que debía decir algo respecto a ellas... pero se había olvidado que.

-¿Polvo de hadas? Eso no es muy lindo- oyó decir a Riko a lo lejos - Si reposa unas horas se le irá el efecto. O bien puedo prepararle una medicina- no podía distinguir muy bien a la joven, InuYasha pensó que estaban a metros de distancia cuando enrealidad la tenía al lado. Esta droga era muy fuerte, hasta para él.

Riko les dijo que para la medicina le hacián falta unas bayas, y Kaede y Miroku fueron a su busqueda. Aunque antes de irse, el joven monje las miró con sierto recelo. No confiaba en ellas, y no quería que se quedasen solas con InuYasha sabiendo que este estaba bajo los efectos del polvo.

Una vez que se fueron la habitación quedo en un silencio abrumador, las hermanas revisaron de que no haya nadie cerca, pues no querían que las atrapasen. Ambas asintieron en silencio, sus expresiones eran frias y tranquilas. Ningún hombre o mujer sobre esta tierra querría conocer lo que ellas harían solo para mantener su secreto a salvo. Pero, para no levantar sospechas, esta vez harían algo simple. Y que no deje testigos de lo ocurrido anoche.

Riko sentó a InuYasha como indio, y lo hizo mantener los ojos abiertos. Hitori se sentó en frente de él y empezó a mirarlo fijamente, creando una barrera invisible entre ellos y el mundo. Solo ellos dos. Había algo que le impedía bajar la mirada a InuYasha, la chica no era intimidante pero su mirada era muy fría, y era raro ver a una joven de su edad así. Sin presentar emociones.

-InuYasha- lo llamó en una voz calma - dirás que aspiraste polvo de hadas cuando caminabas por el bosque, esta bien? -tras sus palabras el híbrido asintió, y ella suspiro algo aliviada. No sabía si funcionaría en él. -Y en cuando chasquee los dedos te olvidarás de todo lo que viste ayer- luego de que InuYasha asintiera nuevamente, Hitori chasqueó los dedos y este se quedó profundamente dormido. Un problema menos, no podían permitir que la gente ande sabiendo sus secretos.

Cuando Kaede y Miroku regresaron, la hermana menor se dedicó a prepararle la medicina a InuYasha. Mientras que Hitori, con una paciencia absoluta, se dejó interrogar por el monje.

-¿De donde vienen?-

-Una aldea vecina-

-¿Cuales eran sus nombres?-

-Yo soy Hitori y mi hermana es Riko-

-¿Por qué vinieron aquí?-

-Porque resibimos un aviso de que la anciana Kaede necesitaba ayuda-

El monje no creía nada de lo que decían, por mas que esa chica era una experta mintiendo el sabía que algo ocultaban. Cansado de no poder sacarle información a Hitori, Miroku se fue a cuidar de sus críos. En poco tiempo Riko terminó la medicina y se la dió de beber a InuYasha, este poco a poco fue recuperando la consiencia.

-InuYasha ¿Quién te dió el polvo de hadas?- preguntó Miroku, mirando de reojo a las hermanas 《Las atrapé pensó, y esbosó una sonrisa de satifacción y arrogancia. InuYasha lo miró, al principió confundido, pero luego su rostro pasó a ser uno avergonzado.

-Supongo que lo habré aspirado en el bosque. No me dí cuenta- contestó con simpleza, se notaba a leguas que no quería hablar del tema. El monje miró a la nada, bastante frustrado. Estaba seguro de que las hermanas habían tenido que ver en esto. Pero no sabía como probarlo.

-¿Estás seguro?- volvió a insistir el monje. Kaede lo miró mal, no podía creer que sea tan desconfiado. Ella conocía a Riko y Hitori, y sabía que nunca le harían mal a nadie

-Exelencia ¿Por qué esta tan empecinado en que estas chicas hicieron algo?- le preguntó Kaede molesta. Las hermanas agradecían en secreto la precencia de la anciana, no soportaba que las interrogen.

-Nosotras iremos a descansar, no queremos causar molestias- dijo Hitori. Ambas hicieron una leve reverencia, por pura cortesía, y se retiraron de la sala. Al fin libres, debían callar a ese monje. Igualmente sería fácil, todos tienen un precio. Y si se resistía podían hacer que conozca su mundo.

Miroku se quedó charlando con la anciana Kaede. Ella le explicó, con toda su santa paciencia, que las chicas se quedarían a su cuidado por un tiempo. Esto, obviamente, no le cerró a Miroku, así que la miró extrañado y le preguntó -¿No debe cuidarlas la madre? ¿Dónde está esa mujer?-

-Su madre...- Kaede suspiró con tristeza, como si no quisiera remover los cajones de los recuerdos -Está muerta.-

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Y hasta aquí llegue *tiene sueño* los próximos capítulos trataré de contar la historia de las hermanas. El por qué cada una es como es y bla bla bla. Espero que les haya gustado. Y no me enojaré en absoluto si dejan review, es mas, los amaré! Nos leemos la próxima!