Clan 2: Como la tierra, aprendiendo a vivir
A Toph le toma menos de dos días aprender que está en medio de una zona hostil, la primera evidencia debió de ser clara cuando un niño de tu edad te amenaza de muerte… pero ella en contra todo pronóstico fue optimista algo que casi le cuesta la vida.
Sobrevive para morir, fue su pensamiento más común durante el transcurso de esa semana de ajuste.
No sabe que colores lleva de ropa, otra capa de mugre se instala en su piel pálida a pesar del baño hecho unos días atrás y en un mes Toph piensa no ha escuchado su voz en ingeniosas frases… extraña a su equipo y el dolor a veces es insoportable.
Pero ella es tierra… es firme y terca dejando detrás todo pensamiento negativo continua por ese sendero al que los espíritus la han arrojado.
Vaga entre el silencioso bosque con sus sentidos agudos en todas direcciones para no ser tomada por sorpresa por esas personas que brincan en los árboles, es difícil perderlos pero lo logra cuando no tiene suerte de eludirlos… se entierra entre raíces sin salir durante horas.
No hay dobladores… hay cosas peores y las acusaciones del único pueblo del que la han corrido comienzan a tener sentido.
Toma nota, escucha y espera asegurándose un día más de vida.
Encuentra una manera de no morir de hambre, algo tortuoso cuando no puedes robar a bandidos cuando lo único que vaga en el bosque son esos hombres peligrosos… también es difícil cocinar sin fuego pero encuentra la manera… en ocasiones vaga en la facilidad que tenía con Zuko o Katara para proveer fuego y agua limpia.
Cuando pasan dos meses se anima a acercarse a un pueblo en sus bordes, se sienta en una roca a escuchar los susurros y se informa un poco de la dinámica de esta sociedad… la tristeza es un sentimiento que no tiene rastro en su gesto plano, Toph niega conforme se empapa de historias dichas de uno a otro sin ningún atisbo de justicia… simple resignación.
Huye de una guerra para terminar en otra, un amargo sentimiento en la maestra tierra crece en su pecho al alejarse del pueblo civil en la penumbra de un bosque peligroso… pero nunca se arrepiente de haberse escapado de casa aun a estas alturas.
Porque sabe que ella es tierra… simple y llanamente es la manera de consolarse al darle la espalda a la civilización nuevamente.
En el cuarto mes encuentra una masacre, fue sin buscarlo cuando sus pies descalzos sienten algo pegajoso en la tierra, entonces el aire trae consigo el aroma del acero… la sangre… no evita vomitar el poco contenido de su estómago y sus ojos lloran por la desesperación de la muerte.
Agradece ser ciega, no ver la cruda imagen y piensa secamente que Katara o Aang nunca lo superarían si estuvieran en su lugar.
Pero se amordaza, puede escucharlos venir y mira el entorno indeciso de lo que hay que hacer… aprieta el puño, dobla las rodillas y pisa el suelo con fuerza haciendo de la tierra su voluntad… es la primera de muchas tumbas que levantaría en los próximos meses.
No sabe lo que causa en los clanes con su pequeña muestra de humanidad, nadie exhuma cadáveres de ahora en adelante y muchos acusan que el bosque está tomando cartas en el asunto… solo hay un niño en el clan Senju que puede sospechar sobre esto, pero no dice nada a los adultos.
Toph solo siente que se cansa conforme más de estos panoramas se abren paso en su rutina, era algo que ya sabía de este lugar y al parecer la suerte de nunca toparse con esto se acabó… solo les puede dar un entierro honorable y trata de no adivinar las edades de los que entierra.
Ya no hay dolor, como los pueblos solo resignación.
En una noche tranquila Toph elige uno de los arboles más grandes para dormir entre sus raíces frondosas… mueve las grandes piedras en lugares al azar mientras una le sirve de tapadera… se acurruca entre tierra blanda para descansar, fue durante esta jornada que se despierta en el sonido del acero.
Otra pelea al otro lado de la roca que sirve de puerta.
Aprieta el agarre en sus brazos mientras más escucha… aprieta la quijada conforme los insultos vuelan del otro lado tan claro para su oído agudo, cierra los ojos cuando es obvio que solo hay un sobreviviente de uno de los bandos.
Lo oye llorar, siente que es un niño tan joven y es cuando Toph se rompe.
Ella es tierra, ella escucha y espera… pero ha esperado demasiado cuando azota su pie en su posición sentada haciendo que la tierra en el exterior se levante en los lugares de los hostiles que oye jadear de sorpresa, aprieta su puño y los tiene encerrados.
Se acerca a la piedra para doblarla en un agujero pequeño cuando siente que el niño sigue en el lugar paralizado -Huye- le susurra con impaciencia ya que siente el vibrar del forcejeo de los capturados, su postura es tensa apretando el agarre… los chicos son fuertes pero gracias a los espíritus, el mocoso se marcha lastimosamente entre los árboles.
No suelta el agarre, sonríe maliciosa y se siente bromista… deja que los abusivos vean como ordena la tierra para tragar los cuerpos en una de las tumbas sin nombre, casi suelta una carcajada al sentir su ritmo cardiaco saltar de golpe.
Por ultimo no está a salvo en este punto por lo que abre la tierra bajo sus pies y escapa en una profundidad respetable para no ser rastreada… solo hasta sentirse a salvo suelta la tierra pero sabe ya no había nadie.
Solo espera que el niño este a salvo.
Salva a Senju Itama sin darse cuenta.
Toph abre un agujero al exterior cuando siente que no hay nadie a la mañana siguiente… espera hasta que está muy segura para salir y cierra su túnel fácilmente…. La noche no fue muy bondadosa con su espalda, piensa amargamente al estirarse con cuidado pero se divirtió un poco con el ligero roce con los hombres de los árboles.
Escucha un rio cercas, cree que aunque no es su gusto necesita un baño al olfatear su ropa… frunce el ceño algo indecisa pero mejor toma el descanso, uno nunca sabe cuándo tendrá la oportunidad.
Da un pisotón satisfecha de no haber nadie a la redonda, agudiza su oídos para rastrear cualquier sonido de entre los arboles… se libera de la primera capa de ropa dejándose en lo más sencillo y con mucha fuerza talla escuetamente con el agua para quitar lo más sucio, esto lo repite varias veces para colgarlos en una rama cercana.
No es mucho, seguro a la vista es una vergüenza de tela manchada pero es un beneficio ser ciega.
Está satisfecha jugueteando un poco con el agua, su diadema se deja de lado para dejar caer su cabello en cascada oscura… ríe imaginando al resto del equipo en la orilla, Katara seguro estará vuelta loca al verla poco decente enfrente del resto de los niños… Sokka se burlaría y Aang solo saltaría al rio… Zuko quizás estaría con una mueca mirando al costado de una fogata y Suki suspiraría cansada de entrenar.
Antes la vida era fácil aun con la guerra contra la nación del fuego, medita al detener su fantasía… no es nada como es ahora… Toph resopla su cabello del rostro mojado y su gesto se vuelve en blanco con la mirada gacha con el sonido del agua corriendo por sus pies.
-¡EY NIÑA!- alguien grita obligándola a saltar en su lugar en una posición defensiva, maldice el agua y su mente por vagar en un campo tan abierto.
-¡Quien es!- espeta con un tono de voz grave, el desuso es notable pero la maestra tierra trata de ocultarlo con su mueca rígida.
Escucha un chapoteo, ella se tensa al no tener con certeza una imagen de este posible enemigo… la presencia se acerca.
-Soy Hashirama- saluda jovial a unos pasos de ella.
Toph parpadea confundida debajo de su cabello desastroso que oculta sus ojos, no viene un ataque… se escucha joven y se deja llevar por la inquietud que ahora gobierna al sentir la presencia alzarse encima de ella.
Si, quizás estaba siendo confiada sabiendo que hay niños asesinos por ahí, pero su curiosidad gano.
-qué demonios- murmura al palmear el rio con firmeza, encuentra los pies que mueve sus dedos plantados firmemente en la superficie del agua… puede escuchar ahora el latir del corazón del niño con curiosidad pero dejándola hacer -¿estas parado en el agua?- pregunta confundida.
Esto era nuevo.
Siente agacharse, el niño hace un sonido inquisitivo -no puedes verme- pregunta sospechoso moviendo la mano delante de los ojos ocultos de la niña.
Ella golpea, resopla y se niega a levantar la cabeza para tratar de llegar a la orilla con la desesperación y desconfianza, siente al desconocido seguirla fácilmente -eres uno de ellos- acusa apuntando donde cree que esta el rostro.
Falla, pero no sabe… Hashirama la ve extrañamente pero sonríe a consciencia -¿soy uno de ellos?- pregunta inclinando la cabeza.
-Uno de esos hombres espeluznante de los arboles- describe torpemente, puede que haya escuchado historias pero el nombre aún no se pega en su memoria... odia cuando llega a la orilla subiéndose torpemente para tratar de dar un aspecto más firme al que todavía está en el agua.
-¿Shinobi?- inserta otra voz, Toph no lo sintió venir y solo escucha el agua moviéndose a esta nueva presencia.
Empieza a odiarlos más, no solo pueden correr por los arboles sino que ahora también el agua.
La maestra tierra ahora acepta su tonta actitud porque sabe que no puede luchar contra dos de ellos de frente, no importa lo jóvenes que se escuchen… la edad no es un impedimento, se castiga cuando ella misma se indignaba en el pasado por ser subestimada por lo mismo.
-Madara- saluda el chico jovial ignorando la crisis de la niña en tierra firme -pensé que te habías marchado- aseguro conversacional.
Un bufido pero no hay respuesta del nuevo chico, ella siente que la están viendo y se niega a dar un paso hacia atrás a pesar del miedo de ser atacada, pero aún siguen sin armas… sin preguntas severas ni intensiones de matarla.
-Estas muy lejos del pueblo más cercano- la voz del recién llegado es clara, quizás el inicio de un interrogatorio y ella está lista para saltar a cualquier oportunidad.
Toph intenta parecer casual pero no hay respuesta para esa pregunta que fuera creíble, así que dice la verdad -vivo en el bosque- inserta escupiendo en el suelo por pura necesidad de parecer dura.
-¿En el bosque y ciega?- Hashirama parece extasiado, fácilmente impresionable.
Ella bufa sin contestar dispuesta a seguir esta engañosa calma, siente la tierra debajo de sus pies y calcula el tiempo para correr a los árboles o atrapar a esos chicos-¿Quién eres?- pregunta con valor, no sabiendo si correr o seguir aprendiendo.
Espera y escucha dice su elemento.
-Te dije, soy Hashirama- responde el chico con un tono depresivo -Oh ¡Este es Madara!- lo siente voltearse y señalar al otro chico obviamente olvidando que no puede ver.
No es como si no hubiera escuchado, pero era mejor eso que el tenso silencio de lo incierto.
-¿Son hombres de los arboles?- regresa al tema principal, sabe que es redundante que es obvio lo que son esos niños… pero tiene el impulso de confirmar.
-Shinobis- resopla el más serio para corregirla nuevamente -pero si- dice con un tono seco.
Un viento pasa helado para alguien que intento bañarse, la maestra tierra recuerda sus días de persecución y la matanza de la noche anterior no evitando tragar un nudo de temor… un niño con un cuchillo en su garganta sin miedo a arrebatarle la vida es otra memoria presente.
-No te haremos daños ¡lo juro!- Hashirama salta en protesta, puede sentirlo haciendo ademanes pero Toph solo se endereza dispuesta a doblar la tierra a cualquier amenaza -vamos ¡estabas jugando en el agua! Déjanos unirnos-
-¿No me mataran?- ella pregunta mordazmente, está siendo ruda pero este mundo es engañoso además no puede leer bien sus intenciones si no están en tierra.
-¿Eres un civil? - la voz plana dice de repente.
Arquea la ceja, su cabello es una molestia pero cubre su rostro y chasquea los dientes -No soy un hombre de los arboles-
-Shinobi- vuelve a corregirla, ella le saca la lengua y sabe que es infantil pero no detiene el impulso.
Un sonido inquisitivo, imagina que está haciendo un gesto de fastidio -solo nos tiene miedo- finalizo el más serio con resolución.
El frio del aire se cuela en su poca ropa, pero se niega a amedrentarse -Me han dado motivos- ella hace su cabello hacia atrás a estas alturas prefiere tener los ojos cerrados para evitarse problemas.
-Vamos- el chico Hashirama ruega acercándose a tierra, Toph ahora puede "verlo" quizás de su edad o más joven -quiero saber que juegan los civiles- su curiosidad es tan obvia, para ser uno de los hombres de los arboles es muy emocional.
La maestra tierra no evita arquear la ceja pero es Madara quien resopla al plantarse en la orilla distrayéndola de su burla pues ahora también puede "verlo", son de la misma edad y puede sentir su curiosidad… son niños… como ella… y cuando no están peleando quieren explorar.
-Vamos, muéstranos- Hashirama implora con un tono esperanzador tan cercas de Beifong -ningún civil nos enseñara ni nos deja acercarnos- llora, algo que es natural considerando la fama de los shinobi entre la población.
Hay sospecha, puede sentirlo en sus corazones pero parecen dejar pasar el tema de su aparente ceguera y supervivencia en el bosque… le extraña estos dos y por consecuencia, vuelve a interrogarse por qué no se aleja.
-A menos que los amenaces- agrego casualmente Madara atrayéndola a la realidad.
-No los estaré amenazando Madara- grita Hashirama prontamente, Toph ríe divertida pero lo oculta con una tos mal disimulada.
Quiere un poco de normalidad, se da cuenta cuando no se mueve de su lugar… suspira y deja caer sus hombros rendida, rogando a los espíritus que su cordura no sea afectada con esta elección… pero ella recuerda que no juzgaría a todos con la misma vara, conoce a Zuko que es un ejemplo de esto.
Solo por eso cede y admite su derrota.
-Bien, pero si me matan… los perseguiré- espeta muy gruñona al apuntarlos altivamente, falla pero no sabe y los otros no están por corregirla.
-Cuál es tu nombre- fue Madara quien exige antes de dar cualquier paso, puede sentir su desconfianza y natural sospecha algo que es normal para el tipo de personas que son los hombres de los árboles.
Toph sonríe recordando una presentación distante, puede verse a sí misma en la arena como campeona invicta -Soy la bandida ciega- levanta el puño triunfador.
Hashirama la voltea a ver, su ritmo cardiaco es de choque y jura que lo imagina con la boca abierta -ese no es un nombre- acusa exageradamente.
-Tiene que ser- asegura con un aire de suficiencia Toph, quitándose la cerilla de los oídos y tirándola al aire con ausencia.
-No te estaré llamando de esa manera- jura Madara con mordacidad cruzándose de brazos, no es fácil de leer… tiene un control en sus emociones, Toph aún puede sentir su corazón y esto la tranquiliza.
-Bien, como quieran chicos de los arboles- Toph puede haber accedido a este intercambio, pero todavía está lejos de la comodidad aunque no lo parezca.
-Tenemos un nombre- replica Hashirama con un aire depresivo -¿en serio no nos darás tu nombre?- pregunta como un cachorro apaleado.
-Toph… puedes llamarme Toph- se rinde, la maestra tierra está jurando en lo alto por su debilidad-pero en serio, pies ligeros… si muero los perseguiré-
-Soy Hashirama- replica deprimente el niño.
-Pies ligeros será- Toph sonríe victoriosa pero la imagen de Aang está ahí, puede sentir que lo está remplazando -creo que te quedas como Hashi- dice después de un segundo, se corrige con un nudo en su garganta por casi cometer la tontería de regalar los preciados apodos de sus amigos.
-¿sin honoríficos?- pregunta Madara con un tono incrédulo por la falta de respeto, aunque ahora que lo recuerda Hashirama tampoco lo usa.
Toph lo mira, arquea la ceja al no saber a qué se refiere -Qué es eso, Mada-
-No soy Mada, Madara- espeta el chico con ira mal disimulada.
-Tienen nombres raros- razona simplemente la maestra tierra.
-El tuyo también lo es- dice indignado Madara señalándola acusadoramente.
-Por mí no hay problema- asegura Harashima quitado de la pena, da un salto y se instala al lado de Toph en un instante -ahora ¿vamos a jugar? ¿Qué juegan ustedes? ¿Son muy débiles?...- una mano se estampa en su boca.
-Para… - Toph es la culpable del repentino silencio, da un paso hacia atrás incomoda.
-No tienes que ser tan ruda- dice Hashirama lamentándose en cuclillas.
Ella arquea la ceja, en toda la conversación lo ha sentido pasar de emocionado a depresivo en instantes pero ignora esto para dejar en claro algo -en primera… se respeta mi área personal…- hace un ademan de circulo en su entorno -en segunda ¡no hagan cosas espeluznantes de hombres arboles!-
-Shinobis- corrige automáticamente Madara, casi piensa que ese será algo de todos los días.
La ciega se encoge de hombros -como sea- espanta desinteresada.
Ambos niños se miran cuando la ven alejarse, saben lo que piensan y al parecer no parecen dispuestos a dejar en evidencia sus sospechas… es conocimiento común que los estándares shinobis son muy bajos de supervivencia… para un civil con discapacidad y mujer en un bosque enorme es menos.
Pero algo es claro, no es un shinobi y con el ligero entrenamiento que mostro tampoco del todo un civil… pero lo dejan pasar, después de todo tanto Madara como Hashirama- han inaugurado este punto como neutral.
Toph siente el silencio en sus pies, le extraña y trata de actuar normal así que cuando llega a su ropa y no hay armas en su cuello suspira… resopla al sentirla mojada todavía -ey alguien de ustedes puede secar esto ¡lo necesito!- agita las prendas arrugadas.
-Acabas de decir que no hagamos cosas espeluznantes- replica Hashirama desde su lugar inclinando la cabeza, no juzga pero sabe que esa ropa es de niño y en su mayoría de una edad mayor.
Con los ojos cerrados se encoge de nuevo de hombros -Bueno ahí llegamos a la tercera regla… solo cuando lo diga- Toph dice con arrogancia.
-Genial, una niña tirana- Madara replica rechinando los dientes ¿Por qué sigue en ese lugar? Se cuestiona duramente.
-Escuche eso- gruñe Toph y puede sentir la diversión de los niños.
-Es tarde- asegura Madara repentinamente, mirando los arboles con cuidado… Hashirama se tensa y Toph resopla indiferente con su petición lanzada al aire.
-¿Mañana?- pregunta esperanzador Hashirama.
-Como quieras- murmura Toph sin comprometerse aunque la decepción es una sorpresa amarga para ella.
Se marchan al instante, cada uno al lado del rio y ella se queda ahí torpemente en su ropa blanca marchitada y prendas mojadas… trata de no sentirse vacía cuando apenas conoció a los chicos, se castiga por eso.
Son chicos de los árboles, se recuerda al acostarse esa noche para no aguardar esperanzas de volver a verlos… escucha el bosque lleno de diferentes sonidos de batalla y no sabe que la lleva a esperar en la orilla del rio al siguiente día.
Puede sentirlos acercándose desde los arboles a través de ligeros sonidos, tan entrenados como esa gente y duda de recibirlos… solo su terquedad no se mueve de su lugar sentada en una roca con sus ojos firmemente cerrados.
Uno sale de su lado del rio… el otro parece venir a través del otro punto aterrizando delante de ella con lo que asume sonrisas brillantes (de Hashirama, por alguna razón Madara parece de las personas que no sonríen a lo tonto).
No sabe cómo empezar, pero el chico entusiasta rompe el silencio con sus preguntas tontas sobre la forma de vivir de los civiles -¿tienen que caminar en el suelo?- dice incrédulo decidiendo por bienestar mental, no contestar esa pregunta.
Toph acepta al llegar a cierto punto que no tiene experiencia jugando como los civiles pero terminan en una guerra de lodo donde ella no puede eludir la masacre inminente… se abstiene de usar tierra control y se da cuenta de su cruel desventaja en el minuto de ser aplastada.
Parece patética, lo sabe cuándo Hashirama la ayuda a levantarse -gracias Hashi- muerde escupiendo lodo en el suelo, el sabor amargo de la derrota pero se niega a llorar clemencia.
-Las niñas no deberían jugar así- Madara replica pero tiene una sonrisa presuntuosa (ella puede sentirlo y desea patearlo).
-Silencio, Mada… que este encanto término en lodo por tu culpa- rechina Toph agitando sus brazos adoloridos, casi deseando romper su voto de abstinencia y enterrar al chico vivo -son unos monstruos- se rinde a acusar.
-Te falta condición- asegura Hashirama consolador con ligeras palmaditas, la regla del espacio personal es olvidada por ambos -quizás un poco de entrenamiento- sugiere siempre amable.
Madara le da un gesto apático, pasa su mano por el cabello lleno de barro -Es un civil-
-Ey estoy aquí- señala Toph indignada, antes se molestaba porque la subestimaran por ciega un punto que parece poco importante a estas alturas pero ahora parece que ser catalogada como civil seria su piedra en el camino -y estoy segura que puedo entrenar con ustedes… monstruos-
Se burla al mirarla de arriba abajo -debiste de empezar más joven- Madara recrimina recibiendo un montón de lodo que elude fácilmente, pero el segundo no puede ya que viene de otro punto -¡Hashirama!- protesta.
-Eres mi favorito, Hashi- asume Toph pasando una mano por los hombros del niño que trata de no mirar los fulminantes ojos de su otro amigo por confabularse en su contra.
-¿Podemos planearlo?- se ilumina Hashirama con una sonrisa conspiradora, mirando a la niña llena de lodo -así esto será más justo ¡si te enseñamos!-
-¿Enseñamos? Somos shinobis, no enseñamos civiles- Madara no está del todo entusiasmado, apenas conoce a la mocosa como para influirla en el camino ninja… además no estaba del todo planteado que los civiles soporten.
-Sigo aquí- replico Toph sin emoción sacudiéndose el polvo con indiferencia -no quiero ser un hombre árbol… solo quiero poder patearles el trasero- asegura con un tono altanero.
-Shinobis- corrige Madara prediciendo un dolor de cabeza por la terquedad de estos dos niños que no sabe porque mantiene a su lado (son de la misma edad pero él se siente maduro).
-Sera divertido- sugiere Hashirama compartiendo ese aire conspirador, Toph sabe que esos chicos tienen un entendimiento solo por este corto convivio pero no tiene la intención de involucrarse en sus asuntos de hombres árbol.
Después de todo no están cuestionándola por su ceguera, estado de civil y refugiada de los árboles con una dudosa supervivencia (sabe que esta delgada, pero no puede ver cuánto aunque tiene pescado últimamente).
Madara resopla con un chasquear de lengua -Es tarde- replica seriamente interrumpiendo la conversación.
La maestra tierra afirma secamente, los siente apartarse pero antes de marcharse le lanzan un paquete cada uno tomándola por sorpresa -ey que es esto- exige aunque algo aliviada que no sea un arma, ha bajado la guardia se lamenta.
-Pensamos lo mismo- asegura Hashirama muy engreído, Madara no dice nada solo cruzándose de brazos mirando el horizonte -ropa y cosas de ese tipo… no hay muchas niñas en casa pero puede servirte algo de eso- explica.
Toph abre la boca ofendida -No quiero limosna- protesta.
-No es limosna… piénsalo como un pago por el daño a tu ropa- Madara murmura ociosamente -acéptalo o quémalo, es tu problema- se despide con un escueto "dos días" para desaparecer.
Ella mira confundida -no podemos vernos seguidos- dice Hashirama con esa seriedad poco probable en un niño, Toph se recuerda en qué mundo vive de golpe y baja la cabeza -en dos días- se despide al desaparecer.
Los niños son raros que por poco se le olvida que son asesinos, piensa cuando está sola y aguarda como una estatua cualquier movimiento a la redonda sin detectar nada fuera de lo común… toma los regalos con aprecio y no evita una sonrisa tonta iluminar su rostro ¿Cuándo fue su cumpleaños? No lo recuerda, los días pasaron y no se dio cuenta.
Debe aprender a vivir, piensa por primera vez en estos meses que solo se ha dedicado a sobrevivir y nota que su personalidad bulliciosa se ha erosionado… debe corregirlo antes de llegar a un punto sin retorno… con esto en mente toma los dos paquetes en sus brazos y se escabulle entre las sombras de esos árboles a la orilla del rio.
Solo una semana después, se da cuenta que ha hecho un hogar de este punto y que puede o no esperar las visitas de sus amigos.
XXXXX
Fin del capitulo.
Como el titulo dice… Toph está aprendiendo en esta nueva realidad, debe ser duro y aunque ya sobrevivió a una guerra debe ser crudo enfrentarse a otra de un tipo muy diferente de crueldad.
Dio la inspiración para una actualización de esta historia... considerando que tengo mas.
Tratare que sea semanal aunque depende de mi musa y el trabajo (escribo durante la hora laboral que es el unico momento en que estoy en una compu).
Gracias por sus favoritos, reviews y lecturas.
Neah20 fuera...
