Capítulo 2: No, no era un sueño.
Durante esa semana, Edward se mantuvo distante. Su dolorosa indiferencia me recordó un episodio acontecido hacía casi un año atrás.
Temía que volviera a abandonarme.
Esta vez intenté habar con Alice para que ella me aconsejara, pero no obtuve demasiadas respuestas de su parte.
-No se de que hablas –aseguró el lunes siguiente, cuando decidió hacer una visita a mi casa.
-Por favor, Alice, tú siempre lo sabes todo.
-No puedo ayudarte, Bella. Tu misma lo oíste, no hay nada que pueda hacer.
-Alice –comenzaba con la escena de súplicas en las que mi rostro se volvía rojo y mis ojos se empañaban-, realmente tengo miedo.
Ella me abrazó al tiempo que yo oprimía con fuerza sobre su pecho. De haber sido otra la situación, se hubiera enfadado conmigo por arrugar su blusa.
-Él desistirá de esta idea, Bella. Confía en mí.
Alice siempre tenía razón, pero algo en su tono de voz me aseguró que estaba mintiendo. Alcé el rostro para observar con detenimiento sus ojos. Ahí estaba la verdad. Él no iba a cambiar de opinión.
Esa noche, cuando terminé de arreglarme antes de ir a la cama, cerré la ventana de mi cuarto.
No estaba dispuesta a sentir la intriga de saber si vendría o no y la desilusión de la mañana siguiente cuando comprobara que no había aparecido.
Las primeras horas fueron demasiado largas y tediosas. Eran recién las 2 de la madrugada cuando desistí de conciliar el sueño. Me levanté de la cama, buscando algo que hacer que me distrajera del dolor.
Arrimé la vieja mecedora a la ventana y me senté para contemplar el exterior.
¿Qué iba a hacer ahora?
A medida que me planteaba todas las alternativas posibles, mis ojos se perdieron en un mar de lágrimas.
Tenía que convencerlo de que convertirme era la única salida viable para nosotros. Que no estaba dispuesta a pasar mi vida mortal junto a él. Que no me casaría con él, a menos que cumpliera con su palabra.
Aun con la vista empañada logré divisar un manchón blancuzco moviéndose a una velocidad inimaginable.
Mi debilidad por él derritió todo en mi interior y me obligó a abrir la ventana antes de perderlo de vista.
-Edward –murmuré, sabiendo que aun así podría escucharme. No me sorprendí de que mi voz sonara tan ronca y ahogada.
En el instante en el que lo vi acercarse a la casa me arrepentí de haberlo llamado; si no podía verlo pasar por mi calle sin dejarlo entrar, ¿Cómo haría si tuviera que dejarlo para siempre?
Estaba regresando a la cama cuando sentí sus ojos clavados en mí. Me acosté sobre uno de mis lados, dándole la espalda. Ya era suficiente con que escuchara mi voz, no me permitiría que también contemplara mi rostro y comprobará lo destrozada que me sentía.
-¿Qué es lo que vamos a hacer?
No contestó.
Sentí su peso a mi lado en a pequeña cama que nunca teníamos problema en compartir. En ese momento la sentí más grande que nunca. Lo sentía a él demasiado lejos como para creer que se encontraba a mi lado.
-¿Edward? –nuevamente, silencio. Tomé eso como una invitación a seguir hablando-, si no piensas convertirme, y no vas a dejar que nadie mas lo haga ¿Qué se supone que haré yo el resto de mi vida?
-Lo que te plazca –contestó sin siquiera pensarlo.
Sus palabras me molestaron y me ofendieron de una forma en que creí él nunca podría hacerlo. Últimamente iba descubriendo más y más de ese Edward. Y no me gustaba.
-¿Lo que me plazca? ¿Qué clase de respuesta es esa? ¿A ti te parece que toda esta situación me deja hacer algo que me plazca? –sentía mi vista nublarse por la ira. Todo sentimiento era remplazado por el mayor de los enojos y por un momento olvidé toda consecuencia que podrían tener mis palabras- ¡Edward, me estás diciendo que no quieres pasar el resto de tu existencia conmigo! ¡Que, después de todo lo que hemos pasado, me estás rechazando! ¿Realmente crees que me dejas alternativas para hacer algo que me plazca?
Para ese momento, me encontraba sentada frente a él, con el rostro hirviendo por el enojo y la garganta desgarrada por el llanto y los gritos.
Él no parecía alterado en lo más mínimo. Estaba segura de que, aun si pudiera, no estaría llorando. Eso me hizo sentir aun más frustrada.
No me miró cuando decidió soltar algunas palabras. Sabía que no era lo que quería escuchar.
-Deberías bajar la voz. Vas a despertar a Charlie.
Lo observé detenidamente. Con la cabeza en alto y la vista gacha, parecía que estuviera durmiendo.
Sentí mi cuerpo entumecerse y mi corazón enfriarse hasta el punto de no sentir nada.
-Márchate –fueron las únicas palabras que mi boca pudo articular.
Sus ojos se posaron en mí por primera vez en la noche. Me sentí desvanecer cuando el brillo de sus obres me atravesó como la más filosa de las dagas. Todas las emociones que las palabras no querían explicar, sus ojos las gritaban para mí. Tristeza, compasión, cariño, ternura, amor.
Antes de que pudiera romper en llanto, nuevamente, y rogarle por que se quedara, desapareció de mi vista, cerrando la ventana tras él.
No me preocupé mucho por arreglarme a la mañana siguiente. Simplemente no encontraba una razón para hacerlo.
Me despedí con tristeza de Charlie, quien no había escuchado ninguno de mis gritos por la noche, y me subí al monovolumen.
Llegué temprano a la escuela, por lo que no me sorprendió encontrarme el estacionamiento prácticamente vacío.
Aparqué el auto en uno de los lugares más cercanos a las puertas del edificio y me dediqué a esperar dentro de la cabina hasta que los Cullen llegaran.
No estaba segura del porque de mi decisión. Quizás él –cuyo nombre dejaba de pronunciar paulatinamente, como preparándome para un inminente fin- me había "contagiado" su lado masoquista, y solo quería verlo pasar junto a mí.
Relacioné todo con las palabras que vinieron a mi mente cuando lo dejé entrar a mi cuarto por la noche: "si no podía verlo pasar por mi calle sin dejarlo entrar, ¿Cómo haría si tuviera que dejarlo para siempre?".
Me obligué a mi misma a salir del auto y entrar en el instituto. Ese martes hacía demasiado frío como para quedarme en una de las bancas de afuera.
Mi alma cayó hasta mis pies cuando entré en el laboratorio de biología y Edward no estaba. La campana sonó para iniciar la clase y tampoco apareció.
Debo admitir que una parte de mi ya esperaba que algo como eso ocurriera, pero me negaba a creer que me estaba abandonando de nuevo.
En el almuerzo me percaté de que ninguno de los Cullen se hallaba en la escuela.
No dudé ni un segundo cuando salí corriendo de la escuela para volver a mi casa.
Tirada sobre mi cama, observé al exterior para darme cuenta de que unos finos rayos de sol se asomaban entre las nubes. Esa era la excusa.
Pero, a pesar de sentirme relajada porque no se habían marchado, me di cuenta de que no podía desmoronarme cada vez que algo pasara. Debía ser fuerte. Y las cosas debían ser justas. Si él no iba a convertirme, yo no iba a casarme.
En mi arranque de valor decidí tomar el anillo de compromiso e ir a su casa.
No me sorprendí a notar que estaba vacía, pero no me detuve ante eso.
Deje el anillo en el suelo, debajo del umbral del la puerta, a sabiendas de que nada le pasaría y que Alice vería que lo había hecho.
Cuando entré en la cabina le eché un último vistazo a la mansión antes de poner el motor en marcha y salir de ahí.
HOLA!
BUENO, PERDÓN POR LA TARDANZA, PERO DURANTE MUCHO TIEMPO LA PÁGINA NO ME DEJÓ SUBIR LOS ARCHIVOS, ASÍ QUE....
BUENO, ESPERO QUE ESTÉN TODOS MUY BIEN Y QUE HAYAN DISFRUTADO EL CAPÍTULO DE HOY.
PROMETO ACTUALIZAR CON MÁS FRECUENCIA.
SALUDOS A TODOS!
DEJEN REVIEWS!
