La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la adaptación.

Como podéis ver he podido subir pronto el siguiente capítulo, espero que os guste.

CAPÍTULO 2

CPOV

Mi mente solo era capaz de registrar un solo pensamiento mientras volvía a mi apartamento: matar a Katherine…lenta y dolorosamente.

Estaba…cansada. Cansada de que por años me viera involucrada en situaciones incómodas y humillantes gracias a la pequeña mujer que se decía llamar mi hermana, una hermana normal me entendería y dejaría todo por la paz pero no Katherine, ella no va a parar hasta que me mate o la mate y en estos momentos es un empate aunque mi mente empieza a tomar partido por la segunda opción.

Sinceramente esto es el colmo y lo peor de todo es que sigo cayendo en sus juegos mentales. Maldita Katherine y su cara de perro apaleado. Es imposible negarle algo, hasta un ciego caería en esa trampa. Y cuál es la consecuencia: yo caminando totalmente enojada de vuelta a casa tratando de mantener la poca dignidad que me es posible, siempre es el mismo final una y otra vez, volver a casa enojada después de pasar una serie de eventos bochornosos y que es lo que Katherine hace al respecto…pues seguir exponiéndome a tal humillación como si fuera lo más divertido del mundo y hasta he llegado a pensar que Katherine en serio encuentra entretenido hacerme miserable.

Sé que en el fondo tiene buenas intenciones, desde que conoció a Elijah y se hicieron novios se ha empeñado en que yo también encuentre y disfrute de la felicidad que se siente al estar con el hombre de tu vida. Pero la mujer se lo ha tomado como una mantra personal, no importa mis negativas y resistencias, cuando Katherine visualiza su objetivo no descansa hasta alcanzarlo. Su objetivo: hacer que deje mi eterna soltería. Su hipótesis: el hombre ideal no se encuentra, se busca. Su método: hacerme salir en penosas citas una y otra vez con cuanto soltero conozca en San Francisco y sus alrededores. Su resultado obtenido: una hermana a punto de cometer homicidio y si…soltera.

De un tiempo para acá le ha resultado más difícil hacer que salga con alguien y ha recurrido a tácticas más complejas y elaboradas para que yo caiga, como la de hoy, ya sabía que su invitación para tomar el almuerzo con ella y Elijah era totalmente inesperado y extraño, pero la muy astuta supo cómo armar bien la coartada usando su discurso "el amor de hermanos y convivir en familia" y yo caí redondita y sin meter las manos. Todavía la muy descarada me hace cocinar, así que ahí voy yo a complacer a la enana con refractarios en los brazos, bajando escalones, cruzando calles y subiendo más escalones del edificio del diablillo, tentando a mi precaria suerte y todo para que…para encontrarme con la sorpresa que el almuerzo no era para tres sino para cuatro personas, ahí en la sala del apartamento de Katherine y Elijah estaba sentado sin pena ni gloria un hombrecillo del cual solo alcance a ver que era moreno antes de dar media vuelta y salir corriendo en una abierta invitación para que mi torpeza hiciera acto de presencia pero no me importó, en esos momentos prefería sufrir cualquier golpe, torcedura, esguince, contusión, etc. a soportar otro intento de Katherine la casamentera. Los gritos de mi hermana llamándome mientras escuchaba sus pasos apresurados atrás de mi para darme alcance no se hicieron esperar y siendo ella muchísima más ágil y coordinada que yo no le tomó mucho tiempo lograrlo. Recuerdo perfectamente su desfachatez al hablarme.

-¡Caroline! Que desconsiderada, no puedes irte, que falta de respeto, que va a pensar Jesse, no es bueno dejar una mala impresión en la primera cita…-Katherine iba despotricando mientras yo seguía mi avance hacia la puerta del edificio.

-¡Caroline, detente! –me dijo jalándome el brazo pero no logró su cometido-. Te juro que Jesse es muy buena persona, esta vez sí escogí bien, le gusta leer además es guapo…

-¡Katherine, BASTA! –le grité girándome para encararla-. ¡Ya basta! No puedes… ¡simplemente ya basta! –gruñí.

Katherine se veía en shock jamás había dirigido ese nivel de enojo hacia ella, ni siquiera cuando me arrastraba de compras cada vez que le apetecía.

-Caroline, por favor date la oportunidad…

-¡No! –la volví a interrumpir-. No quiero ese tipo de oportunidades, deja ya de obligarme a hacer algo que no quiero.

-Yo solo quiero ayudarte –susurró bajando la mirada.

-Y me ayudas en muchas cosas, ¡pero no puedes hacerme esto! Te lo he dicho infinidad de veces, Katherine. ¡No me gusta por favor entiéndelo ya! –le contesté, todavía víctima de la furia.

-Lo siento Care, yo solo…Elijah y yo somos tan felices…yo pensé…-empezó a balbucear, respiré profundamente para calmarme un poco dejando salir un largo suspiro.

-Se lo que piensas Katherine, pero por favor para con esto, estoy feliz de que tengas a Elijah y sé que tú quieres lo mismo para mí…pero yo soy feliz así como estoy, jamás te di indicios de que fuera una soltera amargada o deprimida llorando por los rincones ¿o sí?

-No –dijo rodando los ojos-. Pero Care, debes abrirte a las opciones que tal que…

-¡Nada Katherine! Lo añoro y lo sabes, también me gustaría vivir la experiencia de tener a alguien conmigo pero sé que llegará en el momento indicado, tratar de forzar las cosas no hará ninguna diferencia, cuando sea mi momento…pasará, así como tú y Elijah o Stef y Lexi…totalmente espontáneo e inesperado.

Por un momento pensé que Katherine lo había entendido cuando vi un atisbo de comprensión en sus ojos hasta que una mueca apareció en su cara y supe que esta discusión era caso perdido, como todas las demás que hemos tenido al respecto anteriormente.

-Pero Caroline…

-¡NO KATHERINE! –la corté exasperada-. ¡No es NO! Entiéndelo ya.

Me giré y volví mis pasos hacia mi edificio con el pensamiento homicida de compañero. Recordar lo sucedido hace unos momentos solo sirvió para incrementar mi ira, bufé desesperada muy cerca de la entrada del Post Street, mi vista periférica pudo registrar un camión de mudanzas estacionado enfrente pero simplemente no le di importancia, la mayoría de mis vecinos eran unos completos desconocidos para mí.

Entré apresurada al edificio por si a Katherine se le ocurría seguirme y en el peor de los casos con el tal Jesse de compañero, al menos dentro de mi departamento iba a estar más segura, o eso quería pensar, con Katherine nunca se sabe que esperar, esa loca hiperactiva no conoce límites.

Aun sintiéndome aventurera apresuré más mi paso, en esos momentos ya daba igual si me caía o no, cuando me dirigí hacia las escaleras escuché al Sr. Cooper despedirse de alguien pero ni siquiera se me ocurrió a voltear la mirada, subí las escaleras entre trastabilladas, pérdidas de equilibrio y una torcedura de tobillo…pero subí en una pieza y eso para mí ya constituye una hazaña.

Intenté abrir mi apartamento balanceando mis dos refractarios en un brazo y abrir con el otro, empecé a escuchar pequeños pasos apresurados por la escalera y entré en pánico, provocando que tirara las llaves, ya podía imaginarme a la condenada de mi hermanita hecha una rabia subiendo las escaleras. Tomé una bocanada de aire para recuperar la postura y mi mente y cuerpo volvió a agilizarse producto del mecanismo natural de sobrevivencia. Me agaché extremadamente rápido para recoger las lleves, sorprendida de que no tiré los recipientes, cuando escuché el ruido sordo característico de cuando un objeto cae al suelo, seguido de un ruido aún más familiar para mí…palmas de las manos chocando con el piso. Giré mi cabeza rápidamente hacia donde había escuchado el impacto y me sorprendió ver a una pequeña niñita en sus cuatro y libros alrededor de ella. Aun víctima de la adrenalina por pensar que Katherine me había seguido, dejé los refractarios en el piso y corrí a ayudar a la pequeña.

-Hey, ¿estás bien? –le pregunté inclinándome para levantarla, ella no me respondió ni siquiera me volteó a ver, simplemente gritó.

-¡Niiiiiiiiiikk! –alzó su carita, unos ojos azules brillando por las lágrimas que amenazaban por salir.

-Tranquila, déjame ayudarte –volví a decirle acercando mis manos lentamente a ella para no asustarla.

La niñita era hermosa, increíbles ojos azules, su boca chiquita con labios llenos formaban un perfecto corazón, sus cachetitos eran adorables y su cabello era de un tono rubio que jamás había visto antes y estaba hecho una maraña en lo que suponía era una cola de caballo. La niñita me vio y le sonreí para infundirle confianza, ella se quedó observándome fijamente, una lágrima salió por su ojito.

-Hola soy Caroline, ven vamos a levantarte, ¿cómo te llamas?

La niñita me sonrió tímidamente y me tendió sus manitas, yo las cogí suavemente asegurándome de que no tuviera alguna herida considerable, cuando la levantaba vi que la hermosa niñita abría su boca para contestarme pero volvió a cerrarla abruptamente cuando otra voz, una masculina increíblemente suave se escuchó proveniente de las escaleras.

-Bekah te dije que no corrieras en las…-la voz se detuvo repentinamente bastante cerca de nosotras, volví mi cabeza para encontrarle forma a la maravillosa voz y casi pierdo el aliento ante la visión.

Un hombre bastante agitado, no mucho mayor que yo e increíblemente guapo, cabello de color rubio igual de desordenado y hermoso como el de la niña, la cual supuse era Bekah. Sus facciones se podían calificar por perfectas, tenía la mandíbula apretada y sus fosas nasales se abrían demasiado rápido a causa de su evidente carrera por las escaleras, sus ojos se enfocaron brevemente en la niña antes de volver la mirada hacia mí impidiéndome seguir con mi escrutinio, no solo por la pena que me invadió en el momento sino por la intensidad de su mirada, sus ojos azules diferentes a los de la niña pero igual de hermosos sino es que más, tenían un brillo que jamás había visto más que en la televisión gracias a las maravillas de la tecnología y efectos especiales. Él me seguía viendo con la misma intensidad, solo había pasado segundos pero me pareció toda una vida, acerté en sonreírle tímidamente consciente del maldito rubor que inundaba mis mejillas. Sentí las manos de la niña moverse y eso me obligó a desviar la mirada hacia ella.

-¿Nik? –la niña habló dirigiéndose hacia el hombre parado a escasos pasos de nosotras. Nik pensé que nombre más interesante.

-Bekah, enana, ¿estás bien? –reaccionó Nik acercándose a ella, haciendo que yo perdiera el agarre de la niña. Él la revisó minuciosamente buscando alguna herida, el parecido entre los dos era increíble…entonces me golpeó.

Claro, es el padre…

Casado. Debe ser casado…

Genial… simplemente genial, como ningún soltero me gusta ahora parece que voy a desarrollar interés por hombres prohibidos…eso es todo Caroline, ahora si me superé.

-Estoy bien –dijo Bekah a su padre, después sorprendiéndome con sus actos ya que volteó a verme, me sonrió y se aventó a mis brazos-. Gracias, Caroline, me llamo Bekah.

-Rebekah…se llama Rebekah –corrigió Nik poniéndose de pie.

-Oh –fue mi brillante respuesta mientras volvía a colocar a la niña en el piso y me levantaba.

-Gracias por ayudarla –dijo de nuevo Nik sonriéndome.

-No fue nada –murmuré, la cara me ardía para esos momentos aun así traté de devolverle la sonrisa.

-Nik vamos ya a la casa –interrumpió la niña, me llamó la atención que no lo llamara papá, papi, padre o cualquier otra cosa por el estilo como cualquier niño haría, supuse que era una familia moderna.

-¿Eh?...si, si…recoge tus cosas –le dijo sin apartar la mirada de mí-. Niklaus Salvatore, pero llámame Nik, un gusto en conocerte… -extendió su mano hacia mí, la cual tomé con un poco más de entusiasmo que el debido.

-Caroline –dije rápidamente-. Caroline M…

-¡Niiikk! –una voz infantil interrumpió mi ansiosa y patética presentación, el aludido volteó su cabeza y vi como abría sus ojos exageradamente como si la visión lo hubiera impactado, soltó rápidamente mi mano para bajar corriendo las escaleras. No me pasó por alto el cosquilleo que sentí en mi palma ante la pérdida de contacto.

-Demonios, Kol. Pero que estás pensando, te dije que cuidaras las cosas no que las cargaras.

Mis ojos se enfocaron en el que supuse era Kol, otro niñito igualmente guapo, pero con los ojos marrones, tenía el cabello castaño igual de desordenado, casi me rio al ver que esta familia tenía serios problemas con el cabello. El niñito parecía bastante agitado y estaba sudando y terriblemente rojo de la cara por su evidente esfuerzo al cargar las dos cajas que tenía bajo sus bracitos, obviamente era demasiado peso para sus pequeños músculos.

-Pero tardabas mucho –se defendió Kol-. Solo te estaba ayudando.

Nik le quitó rápidamente las cajas.

-No me ayuda en nada que te gane una hernia, Kol.

-Una que –respondió confuso.

-Nada, Kol. Vamos a casa a que descanses.

-Estoy bien, no estoy cansado, te quiero ayudar.

-Ya me ayudaste y ahora te necesito con Bekah.

-Pero…

-Basta, Kol –dijo Nik serio-. ¿Te sientes bien?

-Estoy bien –repitió el niño.

-Vamos a que te sientes y tomes agua… ¿dónde está la otra caja?

-La dejé abajo, en el otro piso –contestó Kol mientras terminaba de subir todos los escalones.

-Voy por ella –respondió Nik y se volteó a ver a sus hijos-. Sentaros aquí –señaló el último escalón-. Quedaros quietos, no tardo.

Y con eso Nik bajó las escaleras murmurando algo que no alcancé a escuchar, los niñitos obedecieron, se veían tan lindos ahí sentados con las piernecitas juntas y las manos en las rodillas, no sé de donde saque las agallas para ir y sentarme junto a ellos, pero había algo en esos niños que me atraía y ni hablar del padre…

-¡Oh! Caroline –dijo sonriente Bekah-. Kol mira ella es Caroline.

Kol me vio serio durante unos minutos, le sonreí y extendí mi mano hacia él, el niño la tomó inmediatamente y sonrió, al parecer le gustó el gesto.

-Hola, Caroline. Soy Kol –me respondió educadamente, me dio la impresión de estar enfrente de una personita adulta.

-Hola Kol –contesté mientras soltaba su mano, inmediatamente Bekah agarró la mía con sus dos manitas.

-Eres muy bonita –dijo ella haciéndome sonrojar.

-Gracias, tú eres preciosa.

-¿Vives aquí? –me preguntó Kol.

-Si, en la puerta de allá –dije apuntando con la mano-. Ese es mi apartamento. Y vosotros, ¿a qué apartamento os mudáis?

-No sabemos, Nik no nos ha dicho –contestó Kol mientras Bekah solo negaba con su cabeza.

La mención de Nik no pudo ser más oportuna ya que me hizo sacar el tema como quien no quiere la cosa.

-Así que…Nik…eerr…es su…mmm…digo, tenéis un papá muy joven –tartamudeé tratando de buscar la forma de ser sutil y fracasando inútilmente.

Los dos niños se me quedaron viendo como si de momento me hubiera salido un tercer ojo para después estallar en carcajadas. Confundida por su actitud en serio llegué a pensar que tenía algo en la cara y me pasé la mano nerviosamente sobre ella, como no noté nada raro volteé a ver a los niños que seguían soltando risas histéricas, los dos estaban rojos de la cara y lágrimas en los ojos…seguía sin entender el chiste y empecé a preocuparme de que les diera un ataque o algo.

-¡Hey! ¿Por qué tanta risa? –preguntó Nik divertido mientras subía las escaleras con tres cajas en los brazos. Como los niños parecían incapaces de contestar, es más hasta dudaba que lo hubieran escuchado, yo le respondí.

-No tengo ni idea -dije honestamente, poniéndome de pie-. Estamos hablando y de momento…-dejé la frase sin acabar y solo señalé a los pequeños, Kol estaba recargado en la pared sosteniendo su estómago con sus manos y Bekah estaba prácticamente en el suelo con una de sus manos sosteniendo otra de Kol.

-Nunca los había visto reír tan fuerte, sobre todo a Kol –dijo Nik mientras colocaba las cajas en el suelo-. No sé si alegrarme o asustarme.

-Pues no sé tú, pero yo estoy preocupada ya llevan un buen rato así, les debe faltar el aire.

Nik asintió levemente, sus ojos me vieron con curiosidad unos cuantos segundos y luego ante mis ojos vi como una increíblemente sexy sonrisa que mostraba sus hoyuelos se formaba en sus labios dejándome aturdida para después dirigir su atención a los niños.

¡Dios! Casado. Casado. Casado…

-¡Hey! Enanos –les dijo inclinándose hacia ellos y los levantó sin esfuerzo alguno, los niños seguían sacudiéndose pero parecían más tranquilos-. ¡Hey! Calmaros ya, respirad hondo.

Bekah recargó su cabecita en el hombro de Nik mientras él le tallaba gentilmente la espalda. Kol también se apoyó en Nik poniendo su mano en su otro hombro y tomaba grandes bocanadas de aire. La escena de los tres juntos quitaba el aliento, hasta sentí un golpe en mi pecho al ver la expresión de Nik…simple y pura adoración por sus hijos. No me pasó en alto que hasta ese momento la madre de los niños no se había aparecido. Divorciado pensé la mujer los abandonó. Suspiré pesadamente, si ese fuera el caso, algunas personas no saben valorar lo afortunadas que son, uno añorando con encontrar aunque sea un poco de la escena enfrente de mí y ella simplemente lo tira.

-¿Caroline? –dijo Nik distrayéndome de mi desvarío-. ¿Estás bien? –su mirada era tan penetrante que me dejó en blanco ni siquiera sé cómo pude ser capaz de registrar que los niños ya estaban tranquilos.

-Oh, sí perdón –murmuré sonrojándome para no perder la costumbre, Nik me sonrió ligeramente.

-Y bien…-les dijo a los niños-. Que fue lo que os causó tanta gracia.

Sintiéndome también curiosa por su respuesta, traté de controlar mis emociones y poner atención.

-Caroline cree….-empezó Kol soltando pequeñas risitas.

¡Oh, oh! ¿Esto tiene que ver conmigo? Me estrujé mi cerebro tratando de encontrar lo que fuera que dije que provocó esa reacción en ellos. Nik me volteó a ver rápidamente antes de incitar a Kol para que continuara.

Yo ya no estaba tan segura de querer saber la respuesta.

-Ella piensa…-continuó Kol.

-Que eres nuestro papá –terminó Bekah sonriente.

-¿Qué? –dijo Nik incrédulo antes de reír amargamente y murmurar un "típico" por lo bajo.

Para esos momentos sentía mi cara y cuello arder de seguro mi nivel de rojo de mi rubor sobrepasaba mi marca personal.

Vergüenza…sentía vergüenza y asombro y…alivio. No es casado pensé no son sus hijos, al menos.

-Lo siento –murmuré pesadamente haciendo que las palabras apenas se escucharan.

-Está bien –respondió Nik secamente-. Todos piensan lo mismo, es la impresión que damos, no te disculpes…vamos chicos.

Nik tomó la mano de los niños y empezó a caminar, no dio ni dos pasos cuando lo paré.

-Nik, no está bien –dije nerviosamente-. No debí hacerme conclusiones ni juzgarlos cuando no los conozco, disculpadme no quería incomodarte.

-Estamos acostumbrados, no te apures –dijo en el mismo tono molesto, era claro que estaba batallando por mantener su enojo a raya.

-Lo siento…en verdad lo siento –susurré de nuevo y me dirigí a mi puerta, por algún motivo que no comprendía su actitud hizo que me dieran ganas de llorar.

-Caroline –me llamó Nik, volteé instintivamente y mi mirada se cruzó con la suya, sus ojos reflejaban tristeza, remordimiento y dulzura. Estaba a punto de hablar para preguntarle que quería o disculparme de nuevo, aun no me decidía, cuando sentí dos bracitos alrededor de mis piernas. Bajé la mirada para descubrir que era Bekah.

-No llores –me dijo cuándo alzó su cabecita para verme, sus ojos conteniendo sus lágrimas. Fue entonces cuando me di cuenta que mis mejillas estaban húmedas a causa de las mías. La abracé de vuelta, por extraño que parezca sus bracitos resultaron ser los que me confortaron en ese momento.

-Caroline…-dijo Nik suavemente-. Discúlpame, fue rudo de mi parte la forma en que te contesté, solo que no esperaba que tú…

-No –lo interrumpí-. No tienes que disculparte, estás en todo tu derecho de enojarte, yo fui desconsiderada.

-Simplemente me tomase por sorpresa –admitió-. No estoy enojado, disculpa si te di esa impresión.

-Eso no quita que me sienta igual de arrepentida, no debí…

-Caroline –me cortó-. Que te parece si los dos nos dejamos de testarudeces y aceptamos las disculpas…o mejor aún, olvidamos que esto ocurrió, ¿ok?

Nik me sonrió cariñosamente y no pude más que regresarle la sonrisa.

-De acuerdo –dije aliviada-. Lo siento.

-Caroline –me advirtió divertido.

-Ups, lo siento…digo… ¡ahs! –dije frustrada.

Frustración que se evaporó cuando escuché la risa de Nik, no la risa forzada de hace rato, sino una risa libre, melodiosa y simplemente perfecta.

-Bueno –dije tratando de ganar compostura-. ¿A qué apartamento os mudáis?

-Al 303 –me respondió aun sonriendo.

-¿En serio? –Nik asintió con la cabeza-. Entonces no solo compartiremos edificio sino también piso, yo vivo en el 304 –dije alegre.

-¡Siiiii! –gritó Bekah después de que Kol le susurrara algo al oído-. ¡303 y 304 son números seguidos!

Nik rodó los ojos ante el comentario y yo reí alegremente, si fuera más desinhibida también hubiera gritado entusiasmada.

-¡Pues, bienvenidos vecinos! –Nik volvió a darme esa adorable sonrisa que mostraba sus hoyuelos, Bekah estaba parada junto a él y dejó caer su cabeza para apoyarla en la pierna de Nik, tenía la sonrisa de oreja a oreja y sus ojitos brillaban mientras me veía con extremo entusiasmo. Kol estaba junto a ella tomándola de la mano y aunque su actitud reflejaba tranquilidad sus ojos brillaban con el mismo entusiasmo que su hermana.

No pude más que sonreír ante la imagen. Definitivamente ellos iban a ser por mucho mis vecinos favoritos.