¡Muy buenas! Ya regresé para traerles un poco de ilegalidad a sus vidas :v Así que disfruten de los problemas que se vienen en camino. Y por cierto, gracias a mis fieles seguidoras a las que no les importa irse al infierno conmigo leyendo cosas que no deberían ser plasmadas en un documento de word (owo)9
II
Amiability
—¡¡Yuki-chan, es hora de comer!! —se escuchó aquel grito tan escandaloso por todo el pasillo. Así era como solía hacer que la Yato abandonara su cuarto y se dirigiera al comedor. Sin embargo, no sucedió aquello—. ¿Yuki-chan, estás ahí? —pegó su oreja a la puerta de madera para escuchar.
—Ya comí hace rato por lo que no tengo hambre —respondió la chica desde el interior.
—¿Todo bien? —su instinto maternal le decía que algo no marchaba como debería.
—Creo que sí.
—¿Puedo pasar? —su respuesta la obtuvo al escuchar cómo la puerta era abierta—. Me sorprende que sigas en la cama a esta hora —la pelinegra sólo se había parado para dejar pasar al moreno e inmediatamente después se había metido bajo las cobijas.
—Hoy no tengo ganas de hacer nada —sacó su cabeza para mirar al mayor—. No pude dormir bien, así que no estoy de ánimos para nada.
—¿Algún idiota pervertido te hizo enojar ayer?
—No.
—¿Estás en esos días difíciles de la mujer?
—Tampoco.
—Sabes que le puedes contar todo a Kon-chan —expresó en un tono agudo, casi femenino.
—Mmm...—ella meditó su propuesta y evaluó los pro y los contra de hablarle de su dilema—. Lo que pasa es...—era innegable que necesitaba desahogarse y contarle a alguien lo que la aquejaba. Y obviamente aquel gorila era su mejor opción—. Pero no vayas a decírselo a nadie.
—Mi boca es una tumba —proclamó.
El relato dio inicio tras su promesa. Y la conclusión del mismo llegó en unos cuantos minutos.
—Así que conociste a Maiko-chan —por esa forma tan familiar con la que se dirigía a la castaña, dejaba en claro que él la conocía tanto como el pelinegro—. Ha venido algunas veces aquí a cocinarnos y a divertirse un rato con nosotros, especialmente con Toshi —ella sólo torció el entrecejo ante lo mencionado—. Creo que ha llegado el momento de que hablemos sobre eso.
—¿Sobre "eso"? ¿A qué te refieres?
—A los sentimientos que tienes hacia Toshi —las pupilas de la Yato se dilataron ante sus palabras y de su boca no emergió palabra alguna. Ese tema era demasiado personal y demasiado puntiagudo—. Sabes que nada me alegraría más en este mundo que verlo feliz porque se lo merece después de todo lo que ha pasado. Pero...
—Yo no estoy buscando nada de eso —se apresuró a decir antes de que él terminara la oración—. Yo...sé mejor que nadie que esto no es más que un afecto platónico que se quedará únicamente en eso y nada más —él sabía lo madura que podía llegar a ser pero nunca dejaba de sorprenderlo con sus cavilaciones—. Sé que jamás podrá ser. Ya me he resignado a ello desde hace un tiempo —salió de su mundo de tela, dejando ver su oscura cabellera totalmente libre, resaltando entre el tono azul pastel de su pijama—. Quiero que sea feliz pero él tampoco lo está dejando nafa fácil… He venido aquí en los últimos tres años mentalizada con el hecho de hallarle con alguien y todo termina en lo mismo…—suspiró con una mezcla de frustración y pena.
—Yuki-chan…—tal vez el hecho de que ya era padre le pegaba más duro al contemplarle pasándola mal por algo que no podía cambiar. También estaba el hecho de que la había visto crecer.
—Pero el hecho de que no pueda ser, no significa que dejaré que cualquiera venga a campar a sus anchas —Kondo rio un poco ante sus palabras de firmeza—. Hijikata-san merece a alguien confiable y no a alguien que quiera matar el rato.
—Ciertamente ya no está en edad para que pueda juguetear con todas las mujeres que se le crucen en el camino. Esos buenos años murieron junto con sus niveles bajos de colesterol —ambos terminaron riendo ante lo último mencionado.
—Así que creo…que puedo ayudar a esa mujer. Si es que acudió a mí para pedirme ayuda es porque va en serio.
—Yuki-chan, ¡eres tan buena y dulce! —y ahí estaba el hombre, abrazándola, cubierto en lágrimas. Estaba más que conmovido—. Cuando todo esto acabe iremos a buscarte un buen hombre.
—¿A quién vas a buscarle un hombre? —ambos se quedaron totalmente helados en cuanto vieron quien había entrado sin anunciarse; es que ellos estaban bien metidos en su momento fraternal y de repente se encontraban siendo asediados por era mirada con muy mala leche.
—Ah… ¿Dije hombre? Yo hablaba de fiambre… ¡Verdad, Yuki-chan? —decía con nerviosismo para quien ahora se había vuelto su cómplice.
—Es que me ha dado un hambre tremenda de repente. Y ya que ambos somos amantes del fiambre, pues decidimos ir por un poco después de que arreglara mi cuarto —nada como adornar la mentira del otro.
—Ey Oyuki —la pelinegra sintió un cierto temor en cuanto vio esos ojos en ella—, ¿por qué no fuiste al entrenamiento de esta mañana?
—Eso tiene una explicación, no muy lógica pero la tiene…—ella sentía la presión en su mirar—. La verdad es que yo…
—Toshi, no deberías de ser tan insensible —su comentario desconcertó a los dos, logrando que enfocaran su atención en su persona—. Yuki-chan está pasando por un momento delicado al que toda mujer llega tarde o temprano. Por lo que necesita espacio, cariño y comprensión —y es que hasta estaba cubriendo a la Yato entre las sabanas como si fuera un tamalito—. Por lo que hoy estará indispuesta para cualquier actividad física.
—Ah….—fue en ese momento en que se arrepintió de haber preguntado por su ausentismo—. Bueno, creo que iré a seguir con lo mío —y antes de que pudieran agregar algo, se marchó. Era mejor escapar de ahí antes de enterarse de cosas que era mejor no conocer.
—Con eso nos dejará en paz y podremos planear sin problema alguno cómo ayudar a Maiko-chan para que logre conquistar a Toshi —ella por su lado tomó asiento sobre su futón para escucharle y atenderle mejor.
—Podrían empezar con una salida a cenar, en un restaurante poco concurrido. Y evitando a toda costa que Hijikata-san pida su platillo especial —y todo lo que decía se encontraba anotándolo en una pequeña libreta que había sacado de debajo de su cama—. Ahora que lo pienso no tengo ni la más remota idea de qué clase de gustos tenga en mujeres.
—Mmm…Me supo9ngo que le van las mujeres sinceras, de buen corazón, que siempre estén sonriendo —enumeró como puntos positivos—. Él no es del tipo superficial, así que no creo que le importe mucho que la chica sea demasiado hermosa o no —y eso era un punto muy bueno en el samurái.
—Sí, suena completamente a él —expresó con una pequeña sonrisa. Ella mejor que nadie conocía los puntos buenos del Vice Capitán del Shinsngumi.
—Ahora tenemos otro problema en manos.
—¿Cuál? —quiso saber.
—Su trato con las mujeres —sentenció seria y sombríamente.
—No me digas que es un pervertido como todos —es que desde su punto de vista era imposible que él fuera de esa forma, pero tal vez a causa de su encantamiento hacia su persona había pasado ese detalle por alto.
—No. De hecho no sabe cómo lidiar bien con las mujeres… Es algo tímido.
—Resulta difícil de creer considerando su personalidad —y es que una faceta como la que describía no combinaba ni por asomo con la que ella conocía del pelinegro— En ese caso tendrá que ser ella la que tome la iniciativa con todo.
—Estoy seguro que Maiko-chan no tendrá problema alguno con ello.
—Ahora lo que tenemos que hacer es poner el día y la hora a la cita romántica —pensó sobre qué hora sería la indicada para romancear—. Podríamos hacerlo este viernes.
—Un viernes por la noche. Suena bastante bien —porque él ya se encontraba poniendo una marquita en el calendario—. Yo me encargo de convencer a Toshi. Así que despreocúpate.
—¿De qué se supone que me vas a convencer, Kondo-san? —¿es que ya nadie tocaría la puerta antes de entrar? ¿Por qué justamente tenía que haber regresado ese hombre? ¿Cómo podrían planear una cita perfecta si se las vivía interrumpiéndoles?
—…De que mañana Yuki-chan tampoco podrá asistir al entrenamiento. Ya sabes que está en esos días delicados del mes —nada como usar de excusa barata el infierno que vivía una mujer cada veintiocho días.
—A-Así es. Por lo que me disculpo completamente —tenía que seguirle el juego al gorila o podrían ser descubiertos y no iba a terminar nada bien.
—Toma —¿qué es lo que contenía esa bolsa plástica que entregó en las manos de la Yato? —. He escuchado que les gusta comer esto cuando se encuentran así —su voz se mantenía tan áspera y ronca como era usual, sin embargo, se le podía apreciar un poco de pena—. Comételo todo, ¿entendido? —sentenció.
—Lo haré —respondió por mera inercia y cortesía—. Gracias.
—Kondo-san, será mejor que te pongas a trabajar y dejes de incordiar a la gente —miró al hombre que no hacía más que vaguear y salió de allí sin agregar nada más.
—¿Y qué es lo que se supone que te trajo?
—La amabilidad también puede ser vista como un defecto. Incluso puede llegar a ser dolorosa —en sus manos se encontraba un botecito de helado y dentro de la bolsa se apreciaban unas tabletas de chocolate amargo—. Menta con chispas de chocolate… Mi favorito —sonreía con enternecimiento, pero también con tristeza y cierta alegría—. Hagámoslo para que al fin pueda irme tranquila de aquí.
La plática con Kondo dio por terminada después de que los últimos detalles del plan quedaron afinados. Así que ahora tenía el resto de la tarde para descansar en su habitación y asimilar todo lo que había pasado y lo que había decidido.
Y toda aquella introspección provocó que su estómago demandara por una ingesta calórica. Y aunque había terminado con ese delicioso helado y aquellas barras de chocolate, todavía era insuficiente; así que no tuvo más remedio que conducir su humanidad hacia el comedor y rogarle por algo de comer a la jefa de cocina.
—No es lo que esperaba, pero es mejor que nada —sobre su charola solamente había una gran cantidad de espagueti con salsa de tomate y fantasmas de carne molida; y para colmo estaba completamente frío—. Creo que mejor debí de haber ido afuera y comprarme algo decente —resignación era lo que debía tener mientras comía en silencio la desabrida pasta.
—Creí que estarías encerrada en tu habitación —a la pobre se le fue chueco el último bocado por lo que estuvo a nada de conocer al gran creador antes que el resto.
—Por un momento creí ver una luz, guiándome a un mundo mejor —era un hecho, no continuaría comiéndose eso; más que nada porque estuvo a punto de morir mientras lo ingería.
—La buena comida se acabó hace horas —el hombre tomó asiento y estuvo a punto de prender su cigarrillo cuando sintió la mirada de la Yato y optó porque no era ni el lugar ni el momento para hacerlo—. ¿Todavía tienes hambre?
—No. Ya no. Con eso terminé de llenarme —rogaba para que el chillido de sus tripas no la delataran—. Y ya le dije que a su edad no debería estar fumando —sí, a su edad. El hombre que tenía frente a ella fácilmente le triplicaba la edad y no obstante, el paso de los años parecía haber sido gentil con él. Tal vez por ello todavía llamaba la atención de las mujeres de vez en cuando. Tal vez era como los buenos vinos que entre más añejos mejor sabor poseían.
—Ya me quitaste la mayonesa y ahora quieres arrebatarme esto —él suspiró y tiró la cajetilla a la basura antes de que ella la destruyera entre sus manos.
—La salud es primero —fue su justificación para su extremista actuar—. De ese modo no sólo vivirá más, sino que tendrá una gran calidad de vida —dijo para quien no terminaba de tragarse aquel cuento—. A su futura conquista no le alegrará estar con un hombre que apeste a cigarrillo y que tenga un par de neumáticos en vez de abdomen —sentenció para quien le puso mala cara.
—¿De qué conquista hablas? Kondo-san te ha vuelto a meter ideas locas en la cabeza, ¿no es verdad? —en cierto modo era así—. Ignora lo que te diga… Está obstinado en conseguirme una cita desde hace años.
—¿Y por qué no ha aceptado ninguna?
—¿Eh? ¿También vas a fastidiarme con eso? —justo lo que le faltaba, que ella también empezara a joderlo por su soltería.
—No busco molestarlo. Solamente me sorprende que no se haya dado la oportunidad de conocer a alguien. De haberlo hecho tal vez ahora tendría una hermosa familia —y con eso ella se hubiera ahorrado muchas complicaciones innecesarias con las que debía lidiar en el presente.
—No necesito algo como eso —siempre se mostraba arisco cuando se tocaban temas personales y ese no iba a ser la excepción.
—Eso no lo puede saber con certeza —¿qué quería decirle? —. Mi padre por ejemplo no deseaba tener lazos sentimentales de ningún tipo. Mucho menos una familia, pero conoció a la mujer correcta y entonces aquello que consideraba como impensable, sucedió —la vida solía ser demasiado irónica en algunas ocasiones—. Tal vez usted aún no conoce a esa mujer.
—Tu padre y yo somos casos muy aparte —técnicamente eran como el agua y el aceite—. Pero entiendo la idea.
—Eso sonó como un "ni lo pienses que lo haré".
—Oyuki, no deberías preocuparte por lo que un viejo como yo haga o deje de hacer de su vida personal —si tan sólo fuera tan fácil como decirlo—. Enfócate más en ti misma, en encontrar algo que te haga feliz —era un gran consejo. Y para ella era mucho más significativo de lo que él se imaginaba.
—Tómelo como una manera de pagarle todo lo que ha hecho por mí durante estos años —él olvidaba que era una chica astuta—. Yo ya soy feliz. Mi mundo no es el ideal, pero me encuentro conforme con él. Así que no tengo nada que ambicionar por el momento —tal vez sí lo había, pero era un sinsentido. Ese algo ni siquiera debería de contemplarse ni como anhelo.
—Siempre he pensado que eres una chiquilla extraña —ella suspiró ante la percepción que tenía de su persona—. Tus hermanos andan allá afuera poniendo al universo en aprietos mientras comandan peligrosas tripulaciones mientras tu hermana se encuentra cazando seres peligrosos a la par que va conociendo todo tipo de planetas. Y sin embargo, tú estás aquí, en la Tierra, queriendo ser de los buenos… Creo que ahí pasó algo raro —soltaba con clara burla. Ella por su lado le dedicó una muy mal mirada.
—Me gustan los sitios tranquilos y también me agrada la vida en la Tierra. Su comida, su gente…Supongo que también se debe a las pláticas que tenía constantemente con mamá. Ella nació aquí, así que es su lugar favorito y lo convirtió en el mío también —confesó con naturalidad—. No me gustan las injusticias ni esa clase de cosas… Aunque prácticamente toda mi familia son piratas espaciales —mencionó antes de dar un largo suspiro—. Bueno, podría decirse que soy un poco más complicada que el resto de los Yato.
—Si eres feliz de esa manera, no creo que haya mayor problema. Solamente procura no matar a nadie con tu súper fuerza a menos que sea necesario —sus labios dibujaron una media sonrisa. En cierto modo se encontraba satisfecho. Probablemente porque él ayudó un poco a guiar el camino de la Yato hacia un futuro menos sanguinario y un poco más lleno de normativa judicial.
—Ey, jamás he asesinado a nadie —replicó—. No he tenido la necesidad de ello.
—Y así es mucho mejor —aquello parecía decirlo por otro motivo que se encontraba más allá del conocimiento de la pelinegra.
—Lo sé. Pero de ser necesario lo haré y no lo dudaré—no había ni la más pequeña duda en su hablar. Él sabía que estaba hablando en serio y eso le provocaba cierto desagrado.
—A veces para proteger lo que más nos importa tenemos que mancharnos las manos de sangre —él lo sabía mejor que nadie. Sus manos se encontraban manchadas desde hace mucho tiempo atrás.
—Exactamente. Usted me entiende a la perfección —asintió un par de veces ante ello—. Ay no puede ser…—oh sí, su estómago decidió irrumpir en la conversación para manifestar que estaba insatisfecho y requería ser alimentado—. Esto es muy vergonzoso…—se hizo pequeña al mismo tiempo que sus mejillas se volvían tan rojas como las fresas.
—Te dije que hacer dieta no es bueno.
—No estoy haciendo dieta —objetaba con cierto enojo—. Es sólo que…se me hizo tarde…y pues terminé sin comer nada —sí, había perdido tiempo fraguando un plan para amarrarlo con la cocinera de anoche.
—Ya que no hay nada por aquí, vayamos a comprar algo —se puso de pie y empezó a caminar con dirección a la salida.
—¡E-Espere! —se apresuró a alcanzarlo por lo que ambos pronto se encontraron fuera del cuartel, caminando en dirección hacia el centro de la ciudad—. Si de comida buena se trata deberíamos ir al restaurante de anoche —era momento de aprovechar las oportunidades que la vida le daba—. La comida de Maiko-chan es de lo mejor.
—Hoy tengo antojo de algo diferente.
—No va a comer esa bomba de colesterol —tenía que alejarlo de esos pensamientos y dirigirlo hacia donde ella quería que fuera—. Un poco de verduras salteadas le hará bien.
—Estaba pensando en comer algo de carne —se detuvo de golpe, logrando que quien le seguía se estampara contra su espalda de golpe—. Hoy es quincena y puedo darme ciertos lujos.
—Al menos es mejor que su arroz bañado en mayonesa…
—Oye te gustaba de niña —eso se escuchaba como un bonito reproche.
—Sí. Pero en esa época toda esa grasa salía de mi cuerpo con enorme facilidad… A esta edad ya debo cuidarme o todo se irá a mis muslos —cierta vanidad existía en ella.
—Pero si ni siquiera estás gorda.
—La báscula no piensa lo mismo que usted —Hijikata no entendía esos dilemas femeninos, pero sabía que meterse con el peso de las mujeres era lo peor que podría hacer; a menos que lo que estuviera buscando fuera morir prematuramente.
—Sigamos —y de nuevo comenzaron a moverse.
—¿Qué tal este lugar? —ambos estaban parados frente a un establecimiento de fachada tradicional pero que contaba con un fino letrero que entintaba sus letras en dorado mientras su oscuro fondo le proporcionaba más vida—. Es de los lugares que mejores críticas tienen en la ciudad. La carne de aquí es de primera.
—Luce un poco costoso —tenía pasta pero no la suficiente para despilfarrar.
—Yo puedo poner la mitad de la cuenta, así que no se preocupe.
—Mmm —estaba meditando la oferta. No estaba bien que dejara que ella pusiera dinero cuando el adulto responsable con salario fijo era él—. Está bien. Pero sólo por esta vez —es que de verdad tenía antojo de un buen trozo de carne.
—Entonces entremos y no perdamos más tiempo —ella tampoco despreciaría un buen corte.
Las puertas eléctricas se abrieron en cuanto fueron detectados por el sensor de movimiento. Y para cuando estuvieron adentro no pudieron más que maravillarse por el exquisito sabor que recorría cada parte de su ser; olía endemoniadamente bien.
Sin mayor titubeo se movieron en busca de una mesa libre, pero no parecía haber alguna disponible. Aunque lo peor es que al fondo había una gran conmoción; los meseros no dejaban de ir y venir con charolas llenas de comida, y lo peor es que había una gran cantidad de mujeres merodeando el sitio con rostros sonrojados y expresiones de lo más bobas.
—¿Acaso habrá venido alguna estrella famosa? —erala conclusión a la que había llegado Toshirou.
—Lo peor es que no nos van a dejar nada —a ella le importaba un bledo si se trataba del mismísimo rey que estuviera allí, ella tenía hambre y quería comer.
Lo siguiente que se escuchó fue un grito de terror y a la gente saliendo corriendo a toda prisa. El causante de tal alboroto había sido fraccionado en dos gracias a la celeridad y filo de aquella espada. ¿Es que quién dispara dentro de un establecimiento lleno de civiles importándoles un pepinillo lo que podría suceder?
Hijikata chasqueó la lengua en cuanto hizo contacto visual con el perpetrador.
—Ese disparo fue limpio y de lo más acertado, y sin embargo has logrado suprimirlo con enorme facilidad —el claro celeste de sus pupilas era tan vívido y llamativo, tanto como lo era su pálida piel y el pelirrojo que coloreaba sus lacios cabellos—. Tendré que hacerlo mucho mejor la próxima vez.
—A un samurái como él no podrás darle nunca con una bala. Al menos no fácilmente y menos si hablamos de Hijikata —esas altivas pupilas carmesí se posaron en quien no estaba nada feliz de verlo. Y al darse cuento de ello, sonrió—. Ya desde el año pasado que no nos veíamos —su revoltosa cabellera era tan oscura como la noche y lo suficientemente larga como para requerir que una alba cinta la mantuviera controlada—. Oh, hermana que grata sorpresa el vernos de nuevo —le saludó con entusiasmo.
—Hermanos —miró a ambos con notable felicidad. Y es que hasta corrió hacia ellos para abrazarlos—.Kyohei, no deberías dispararle a Hijikata-san solamente porque te gusta ponerlo a prueba con el uso de su espada —el pelirrojo levantó los hombros, restándole importancia a su acto—. ¿Qué es lo que están haciendo aquí? Pensé que continuarían trabajando en aquella misión.
—Nos fastidiamos por lo que implementamos el plan B —pronunciaron a la par. No cabía duda de que eran de lo más unidos.
—¿Y ese plan es…?
—Liberamos a todas las mascotas de nuestra madre. Por lo que barrieron con todo en cuestión de minutos.
—Nos ahorramos tiempo y las mascotas de mamá ahora están satisfechas —finalizaba el pelinegro.
—Olvidaba su mal hábito de terminar las cosas usando las mascotas de mamá —miraba a ambos de manera inquisidora pero a ellos esa clase de cosas se les resbalaba como la mantequilla—. Mínimo finjan que se arrepienten de ello.
—Y bien, ¿cómo han estado las cosas por el Shinsengumi? —el de ojos carmesí ya se encontraba a un lado del mayor.
—Mucho mejor desde que se llevaron a ese maldito sádico con ustedes.
—Su sadismo nos ha sido de gran ayuda —porque el pelirrojo también estaba junto a Toshirou—. No le quedaba opción si es que quería mantener a nuestra tía y sus tres pequeñas bendiciones.
—Pero creo que es feliz matando todo lo que se le cruce en el camino.
—Más les vale que no estén pensando en hacer alguna locura en la ciudad —no iba a permitir que cometieran vandalismo alguno.
—Claro que no —que lo dijeran a la vez le restaba credibilidad.
—¿Por qué no se sientan con nosotros y comemos un poco? La carne siempre es buena para el corazón —obviamente había heredado algo más que el físico de su progenitor.
Ninguno tuvo tiempo de objetar porque ya habían sido trasladados hasta la mesa que ellos ocupaban. Justo la que tenía locas a esas mujeres que de seguro deseaban que esos dos volcaran su feroz apetito en ellas.
—Esto es tan suave… Siento cómo se derrite en mi boca —la Yato ya se encontraba comiendo muy feliz de la vida. Quien estaba sentado a su lado no tenía ese mismo espíritu.
—Hijikata, ¿has estado cuidando bien de mi hermanita? —el policía sabía que ambos eran protectores con sus hermanas. Sin embargo, el pelinegro era el peor de los dos.
—Claro que sí.
—Es bueno escucharlo —esa sonrisa que le dedicaba podía ser tan real como falsa. Con él no podía bajar la guardia porque no podía leerlo en su totalidad—. No me gustaría que fuera acosada por alguno de los miembros del Shinsengumi.
—Eso no va a suceder —él era un hombre recto y no tenía condolencia cuando actos como esos ocurrían.
—Hermano, no creo que debamos seguir preocupándonos —mencionaba el pelirrojo para el otro—. Hasta deberíamos de darle algo a cambio de su buen trabajo.
—Oh, eso me recuerda el licor que compramos antes de venir para acá —Kazuya sacó una pequeña botella de cerámica de la mochila que tenía a un costado suyo—. ¿Por qué no tomamos un trago?
—Aun eres menor de edad y no deberías de tomar —le recordó.
—Según las leyes de la Tierra, sí, pero bajo las normas del espacio exterior, no —fue el magnífico argumento que ofertó para el mayor—. No beberé nada, así que no pongas esa mala cara que ahuyentarás a las mujeres —tomó un vaso y vertió el contenido del recipiente. Ahora la bebida estaba en las manos del policía—. Kyohei lo probó y dice que sabe muy parecido a eso que ustedes llaman como sake. Por lo que me supongo que será de tu agrado.
—No le hemos puesto veneno así que deja de mirarlo con desconfianza —alegaba el otro hermano.
—Con ustedes uno se puede esperar cualquier cosa —su desconfianza hacia los hermanos mayores de Oyuki no había aparecido sin fundamento.
—Ve esto como una oferta de paz… Un nuevo inicio para que podamos empezar las cosas con el pie derecho —expresó antes de seguir comiendo del enorme tazón de arroz con carne del que se había adueñado—. Además, el alcohol es bueno para la digestión.
—No sé cómo es que traen locas a la mayoría de las adolescentes de nuestra tripulación cuando son capaces de comer de esa manera —la Yato veía a ese par que pese a que poseían modales a la hora de comer, ingerían cantidades inhumanas que aterrorizarían a cualquiera—. Son como papá a la hora de comer.
—Si tan sólo hubieran sacado ese parecido con tu padre no habría problema alguno —miró el traslúcido líquido y olfateó su esencia; el aroma era delicioso, por lo que denotaba la calidad de aquella bebida—. Al menos tienen buen gusto para la bebida —ya no quedaba nada en su vaso. Se lo había bebido todo de jalón.
—Nos alegra que te haya gustado. ¿No es así Kyohei?
—Por supuesto.
—Ustedes están siendo demasiado amables y eso no es normal —conocía a ese par y sabía que existían motivos ocultos tras su repentino buen comportamiento—. ¿Qué es lo que están planeando ahora?
—Nada —expresaron al unísono.
—¡…! —el arrepentimiento llegó a él en cuanto sintió el gorgoteo de su estómago. ¿Es que estaba experimentando agruras o ese par le habían colocado algo parecido a un laxante? ¿Por qué empezaba a sentir su pulso cardíaco en aumento? —. ¡¿Pero qué demonios me está pasando?! —¿estaba fallándole el oído? Porque sólo eso justificaba que percibiera su voz diferente—. ¡¿Qué es lo que está pasándome?! —miraba la palma de sus manos; temblaban y simultáneamente también comenzaba a verlas mucho más menudas.
—¡¿Hijikata-san?! —Oyuki miraba con espasmo al pelinegro, como si fuera incapaz de creer lo que sus ojos le dictaban que era su actual realidad—. ¡¿Pero qué rayos…?! —en definitiva tenía que estar soñando o tal vez había consumido demasiadas proteínas que ahora se encontraba alucinando—…U-Un…niño… ¡¿Hijikata-san es ahora un niño?! —profirió sin despegar su atención de quien la veía con el mismo anonadamiento.
—Kyohei, nos hemos equivocado de poción.
—Te dije que teníamos que haberlas rotulado.
—Bueno, ahora el ilegal es él —emitieron cantarinamente los dos Yato. A ellos la vida misma les tenía sin cuidado.
