II: Confusión: ¿Realidad o engaño?

Ya han pasado dos semanas y a Lisbon le preocupaba la comodidad con la que se había acostumbrado a este nuevo estilo de vida.

-Ya llegué. –gritó entrando a la enorme casa mientras escondía el arma y la placa en la cartera.

-¡Estoy en la cocina! –Respondió Jane.- he preparado la cena ojala te guste.

-Gracias. –recibió el beso en los labios y se volvió a recordar que no era real, que no debía involucrarse.

-Debemos hablar.

-Dime. –dijo sirviendo las bebidas. Él la rodeó por la cintura y le besó el cuello.

-Has estado algo distante desde que salí del hospital. –le quitó los vasos de la mano y la giró hacia él, poco a poco, logró acorralarla contra la pared.

-No es cierto.

-Si lo es.

-No.

-Sí.

-¡No!

-Extrañaba esa chispa de fuego en tus ojos.

-Pues come, si no esa chispa se convertirá en incendio.

-Por mi bien.

En momentos como estos, ella odiaba no haber preguntado más sobre su esposa. ¿Cómo demonios iba fingir ser alguien que no conocía? Gracias a Dios Patrick, le estaba dando pistas sin saberlo.

- ¿Qué haces en el CBI?

- ¿Qué? Eh… soy víctima.

- ¿De qué?

- Mmm… Me robaron.

- ¿Por eso no usas el collar que te regalé?

- Sí exacto. –dijo metiendo un trozo de comida en su boca rápidamente buscando una excusa para no hablar.

- ¿Estás bien? ¿Te hizo daño? ¿Cuándo sucedió? –era ese pequeño detalle, el desorden de emociones, le indicaba a la agente que su asesor aún no estaba recuperado del todo, si no hubiera sido tan testarudo con los doctores tal vez le habrían recetado algo para eso, o siquiera conocer una causa más profunda, pero no, el muy cabezón se conformó con saber que tenía una contusión… ¡Aún estando dos semanas en coma!

-Estoy bien. Fue hace unos días cuándo venía del supermercado.

-¿Por qué no dijiste nada?

-No quería que te preocuparas.

Después de un momento de silencio:

-Amor –ronroneó él- ¿Sabes qué estaba pensando?

-Ni que fuera vidente. –bromeó.

-Nuestra hija no volverá en un tiempo, es decir, que tenemos la casa libre para nosotros. –ignoró la pequeña broma y le sonrió con picardía.

Ella le devolvió la sonrisa preocupada, temió esas palabras desde que decidió hacerse pasar por su esposa.

-Ajá.

-¿Entiendes que quiero decir?

-¿Qué… quieres jugar a las… escondidas?

-Me parece bastante obvio que…

¡Ring! Salvada por la campana, nunca mejor dicho.

-Aló. –contestó Lisbon el teléfono.

-Jefa, tenemos un cadáver en la quinta con Roosevelt. Necesitamos que venga, éste es uno de los grandes ¿Está libre? –preguntó Rigsby.

-Ya me inventaré algo. –colgó el teléfono y se dirigió a Patrick- Tengo que irme.

-¿Por qué? –dijo con su carita de cachorro abandonado.

-Ha llegado el vestido que ordené, si no voy a buscarlo lo venderán.

- Que desconsiderados.

-¿Te estás burlando?

- No. ¿Para qué se te debe ocurrir algo?

- Mmmm… para… usarlo. La dependienta me preguntó para qué iba usarlo y yo le dije que ya se me ocurriría algo para… -calló de inmediato, para haber actuado tan bien aquella vez en las oficinas del CBI, ahora lo estaba haciendo pésimo.

¡Por amor a Dios! -se dijo- Soy una terrible mentirosa, y lo peor es que debo mentir a cada minuto por el bien de Patrick. Lo observó antes de tomar sus cosas, él sonreía perdido en sus pensamientos, la miró asintió y ensanchó su sonrisa. Ella sonrió falsamente y se vio en la necesidad de irse rápidamente si seguía así Patrick lo descubriría todo sin siquiera recordarlo. Se despidió de su falso esposo y montó en su mustang en camino a la escena del crimen.

-Una pareja lo ha encontrado hace unas horas, no lo hemos identificado aún, el forense viene en camino para hacer una prueba con las huellas digitales. –le dio la bienvenida Rigsby.

-No es necesario.

-¿Por qué? ¿Lo conoce?

-Sí, es el hombre que me llevó a la trampa de Red John.

-¿Está bien jefa? –preguntó Van Pelt, en muy pocas ocasiones salía de la oficina por lo que se le había visto con una resplandeciente sonrisa antes de la declaración de la pelinegra.

-Sí –fingió- Ahora debo comprar un vestido elegante.

-¿Perdón?

-Esa ha sido la excusa que le di a Patrick.

- Bueno, puedo llevarla a algunos sitios que se que están abiertos a ésta hora…

-Ve tú. Conoces mi talla, elige algo bonito que no me haga ver ridícula y que le guste a Patrick –notó que la pelirroja se le quedo viendo- ¿Qué?

-Que ya no le dice Jane. –respondió dejando la escena. Ninguno de los otros hizo algún comentario, cosa que agradeció profundamente.

-Confirma que su identidad sea la de Michael Facelli, aunque estoy segura de que es él. –Ordenó a Rigsby- Cho, intenta controlar la prensa, lo único que falta es que Pa… Jane se entere de todo. Yo entrevistaré a la pareja.

Ya había tomado las declaraciones correspondientes cuando Van Pelt llegó con un guardapolvo en las manos.

-Fuiste rápida. –dijo sorprendida acercándose a ella.

-Apenas lo vi supe que era perfecto.

-Pruébeselo. –dijo entregándoselo.

-No, tú sabes que no me gustan éstas cosas.

-¡Por favor!

-Bueno. –sintió que se estaba metiendo en la boca del lobo; la última vez que accedió a algo que Van Pelt le pedía, terminó como su dama de honor.

-En aquel edificio hay un baño –señaló la pelirroja. Francamente no entendía cuál era su entusiasmo por un vestido que no llegaría a usar. Siguió las instrucciones del mesonero y una vez sola en el tocador, sacó el vestido del guardapolvo. En cuanto lo tuvo en sus brazos logró entender un poco, pero sólo un poco, la emoción de Grace.

Dejó que la suave tela negra acariciara su piel, el escote en la espalda y en el pecho dejaban poco a la imaginación, las aperturas en la cintura y en las piernas hacían que por poco se ruborizara al pensarse mostrándoselo a Patrick. Se arregló la apertura de la falda intentando que le cubriera aunque sea los muslos. Se soltó el cabello y enderezó las finas cintas que le sujetaban el vestido, después de todo, si iba a hacer el ridículo mejor que fuera por completo. Dejó el establecimiento bajo las miradas curiosas de los hombres que minaban el local, probablemente sorprendidos porque la pinta no le pegaba con los botines negros o porque llevaba el arma y la placa en una mano y un guardapolvo en la otra.

-¿Contenta? –preguntó la agente senior arreglándose el escote al llegar junto a la joven agente- se sincera ¿Éste vestido hace que mis senos luzcan pequeños? –susurró.

-No, está perfecto.

-Definitivamente. –intervinieron Cho, Rigsby y el sheriff.

-Déjame arreglarte ahí. –la agente le subió la tela en el frente y le susurró al oído- Bonita pieza, pero me parece que al vestido no le hace falta sostén. La aludida se sonrojó- Ahora gire queremos verla mejor. –sintiéndose como un payaso, Lisbon dio una vuelta lenta ante la mirada atenta del equipo.

-Muestre más las piernas, no sienta vergüenza que no tiene nada que envidiar –intervino el ayudante del sheriff- para eso es ésta abertura –se arrodilló frente a ella y separó la tela dejando al descubierto la mayor parte de sus piernas. –Todos incluyéndose a ella misma, lo miraron sorprendidos.- Vivo rodeado de mujeres –explicó.- no te preocupes cariño, que entre tu y yo estamos entre mujeres. –le susurró al oído a la sorprendida mujer.

-¿Mejor? –preguntó ella.

-Sí. Pero se ha dejado puesta la alianza. –respondió Cho.

-Salí rápido. –improvisó a modo de respuesta. Escondiendo el verdadero motivo, se empezaba a acostumbrar a tenerla puesta.