Disclaimer: Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, pertenecen a la novelista Kyoko Mizuki y/o Toe Animación...Esta historia y sus personajes son diferentes de la versión original del anime o la versión de la manga. Algunas de sus personalidades y característica fueron tomadas pero con la variación de mi imaginación...espero la disfruten...
¿Podré Amarla?
By: Keila Nott
Capitulo Dos
Presente, Pasado y Futuro
*- Candy – Pov-*
Me levante muy tarde esa mañana sintiendo como cada parte de mi cuerpo dolía, casi no había podido dormir durante la noche pensando ¿Por qué Albert había traído a Terry después de tantos años?... Creo que yo misma tenía la respuesta a esa pregunta. Sin embargo, como podría siquiera pensar que yo aun amaba a Terry?, después de tanto tiempo. Ahora todo se había complicado, me puse a analizar la noche anterior.
No podía creer lo que mis ojos veían, él se encontraba en la mansión, esperando por mí en el jardín, y era Albert... precisamente él, quien me llevaba a las manos de Terry. Mi cara de sorpresa no paso desapercibida, no pude dejar de darle una mirada de reproche a Albert. Sorprendida con la visita, pensé que al menos serviría para arreglar las cosas con Terry, y así fue. Ahora podíamos ser verdaderos amigos, sin rencor, y sin tener que pensar en lo que pudo ser y no fue.
Durante la cena, no pude dejar de mirar a Albert, sus ojos azul cielo me hipnotizaban, aunque él no me mirara de la misma manera. Al retirarme a mi habitación, y después de darles las buenas noches a todos, vi como los dos se encerraban en el estudio de Albert, los nervios me invadieron con tan solo imaginarme de lo que hablarían los dos.
Al siguiente día no podía esperar a ver a Albert, la ansiedad que sentía era grande. Sin embargo, justo cuando me preparaba a tomar un baño, escuche el toque en mi puerta, era Dorothy, quien al entrar en la habitación me entrego una nota que Albert me había dejado, también me informo que Terry había salido temprano. Agradecida, y preocupada a la vez, entre en el baño, muy cuidadosamente y sin mojarme las manos me senté en la tina, donde empecé a leer la nota de Albert.
Pequeña,
Tuve que irme a Lakewood debido a que deje algunos asuntos pendientes, y sin resolver, por favor atiende a Terry, yo regresare en tan solo unos días.
Te quiere,
William Albert Andrew
Candy suspiro fuertemente al terminar de leer la nota, si tan solo la quisiera como ella deseaba, si tan solo él la amara como ella lo amaba, pero tenía que ser paciente, tenía que llevar las cosas con calma, eso fue lo que la tía abuela y Annie le habían aconsejado, quien se iba a imaginar que de todas las personas que habían estado presentes en su vida, era precisamente la tía abuela quien la hubiera descubierto. Gracias a su ayuda había logrado convertirse en una dama, una señorita digna de estar al lado de un hombre como Albert. Ahora, lo demás, estaba en sus manos si quería conquistarlo.
Su cuerpo se había relajado con el agua tibia y su mente la llevo a todo lo que había sucedido en esos últimos años. ¿Como ocurrió?... Ni ella misma lo sabia...Cuando Albert la dejo en el apartamento después de haber recuperado la memoria su corazón no solo sintió dolor por el abandono, pero algo más que en ese momento no supo explicar.
Cuando ella recibió ese paquete dándole la dirección de Albert en Rockstown, no lo pensó dos veces, hizo su maleta y tomo el primer tren para buscarlo. Lo extrañaba, lo extrañaba muchísimo. Al llegar a la dirección que estaba en el paquete descubrió que se trataba de un teatro, y a pesar de parecerle extraño entro de todas maneras, sin saber que para su mayor sorpresa a quien encontró fue Terry. Si Terry, el hombre que amaba, o eso ella creyó, porque ahí, parada en medio de la función, empezó a ver a Terry con diferentes ojos. Fue la primera vez que no se sintió desfallecer al verlo.
¿Lo amaba? Si era cierto debía de sentir algo, pero no, en lo único que podía pensar era en encontrar a Albert...¿Dónde estaba?...¿Porque me habría dado esta dirección?... ¿ Porque me abandono?...Fue solo en ese momento que me di cuenta que él lo había hecho a propósito, él quería que yo me encontrara con Terry. Él quería que yo fuera feliz. Pero no podía, no sabía que me pasaba...¿Por qué no corría a donde Terry estaba?..¿Por qué no le gritaba que aquí estaba yo y que lo amaba?...La respuesta vino a mi tan rápido que me sentí mareada.
Di un último vistazo a donde Terry se encontraba, y casi en un susurro me despide: - Adiós Terry, fuiste tú mi gran sonrisa de llegada, y mi lágrima de adiós. Salí de ahí sin mirar atrás, cuando estuve a punto de llegar a la estación del tren me encontré con su mamá. Eleanor Baker, ella quiso detenerme, ella quiso que ayudara a Terry a recuperarse del estado en que se encontraba, y yo, yo por primera vez en mi vida me sentí egoísta, me fui, no podía, no quería, solo pensaba en Albert, en el porqué de todo esto.
Al final, todo fue mi culpa, porque yo me aferre a Terry por tanto tiempo que hice a Albert participe de mi llanto, y de mi dolor. Ahora él se había marchado, dejándome sola, muy tarde comprendí todo lo que estaba sintiendo realmente por él.
Al llegar a Chicago empecé nuevamente mi rutina en el hospital, mis días eran vacíos y triste, había perdido no solo a mi mejor amigo, pero también al hombre que se llevo mi corazón. Días más tardes se presento un chofer de los Andrews en mi puerta por orden de la tía abuela. Al llegar a aquella mansión la orden dada por ella solo me lleno de rabia, era lo último que me faltaba, casarme con Neil Leagan. Que le pasaba a esta familia. Sin pensarlo, tan pronto pude escaparme me encontré con George, quien entendió mi agonía y me llevo directo a donde el tío abuelo William se encontraba.
Mayor mi sorpresa cuando lo vi ahí frente a mí, Albert...Albert era el tío abuelo William, mi padre adoptivo, mi amigo, mi confidente, el hombre al cual le debía tanto...¿Y ahora que voy a hacer?... Me pregunte mientras mis piernas me temblaron cayendo de rodillas frente a él...Albert vino hacia mí de inmediato preguntándome si me sentía bien?..Qué ironía, si me sentía bien?..Me compuse y él me ayudo a levantarme.
Pasamos ese día juntos. Mientras Albert me contaba todo, del porque me adopto, de sus responsabilidades, y el porqué de su secreto con todos nosotros, yo le pregunte del porque quería casarme con Neil Leagan, porque dio esa orden. Él dijo que nunca daría una orden como esa, asegurándome también que no me preocupara, él lo resolvería todo, y yo le creí, como siempre lo había hecho.
Por fin todo se había solucionado, me había ido a la colina de Pony a pasar unos días. Necesitaba pensar...¿Qué podía hacer yo ahora?...Albert era inalcanzable...lo veía tan grande... él era el Patriarca del Clan Andrew, él magnate más poderoso de América, y yo, yo era su hija adoptiva. Me sentía muy deprimida. La señorita Pony y la hermana María organizaron una pequeña reunión en el hogar donde todos mis amigos estaban invitados.
Todo estaba listo así que decidí tomar un respiro y recordar todo lo vivido durante mi vida, quizás me daría un nuevo prospecto de que hacer de ahora en adelante. Algunos minutos después de haber llegado al padre árbol empecé a escuchar los sonidos de una gaita, pero no eran unas notas cualquiera, eran las mismas que escuche cuando apenas era una niña. Ahí nuevamente estaba Albert, vestido con sus ropas escocesas y su gaita.
Albert era el príncipe de la colina...como no lo pude ver antes, su cabellos rubios, sus ojos azul cielo, y él era un Andrew y yo...yo había mantenido su insignia cerca de mi corazón todos estos años...ahora si sentí que se me bajaba la presión, buenos mal que yo era enfermera por si me daba un ataque al corazón. Ese día paso más rápido de lo que esperaba y lo último que pude hablar con Albert fue de sus planes, tenía un largo viaje planeado por Europa, debía de presentarse ante el resto de los clanes en Escocia, y lo único que me dijo al final antes de irse fue te escribiré.
Pase un tiempo en la colina de Pony, las cartas de Albert llegaban y yo enviaba las mías sin mencionarle absolutamente nada acerca de mis sentimientos. Pensé que era lo mejor, seguramente ese sentimiento que tenia se esfumaría con el tiempo. Pero eso no pasó, al contrario lo extrañaba mucho más.
Había regresado a la ciudad de Chicago y como todo se había solucionado, trabajaba para el hospital nuevamente, en mi cumpleaños número 19 recibí una visita muy especial, Albert había regresado de sus largos viajes, y con él muchos regalos. Me sentí muy feliz ese día, tuve que mantener mis emociones bajo control, aunque fue muy difícil de hacerlo.
Mi dios, Albert estaba realmente guapo, nunca lo había visto de esta manera, se había cortado sus largos rubios cabellos, vestía de manera elegante, y para mí él simplemente lucia divino, imposible de resistir a la vista, sin embargo, yo para él, me imagino que lucía como siempre, su amiga con la quien era dulce, cariñoso, compresivo. Suspire resignada mientras me llenaba con su fragancia, estaba soñando, y gracias a dios que pronuncio palabra, porque yo estaba en una nube.
Quería que me fuera con él a vivir a la mansión, como yo era su única heredera, según él tenía que ocupar mi lugar a su lado, si por supuesto que si quería ocupar mi lugar a su lado, pero no de la forma que me lo estaba pidiendo. Durante todo este tiempo yo lo había pensado, no podía seguir siendo su hija adoptiva, no con todo lo que yo estaba sintiendo, y aunque él no me correspondiera, lo mejor era alejarme, pero nunca espere que reaccionara de esta manera, se puso furioso conmigo porque le pedí que me quitara el apellido, le explique mis motivos, pero no mis verdaderas razones, así que después de un tiempo, por fin era libre. Libre de sentirme culpable por este sentimiento, libre de amarlo aunque fuera en mis sueños.
La boda de Annie y Archie ya tenía fecha, y fue la primera vez después de tanto tiempo que regresaba a la mansión en Chicago, Albert siempre me venía a visitar y yo simplemente me deleitaba al verlo...las cosas con la tía abuela también habían mejorado, al punto que de vez en cuando me invitaba a tomar el té o a ir de compras con ella, al principio me negué pero la tía abuela me pidió perdón por todo el daño causado y yo me sentí feliz, al fin ella sabia toda la verdad y Albert también le había dicho quien lo había cuidado cuando él no tenía ni dinero, ni familia...
Desde que los Leagan se habían casi evaporado de nuestras vidas, todos vivíamos en armonía, ese día Annie y yo habíamos salido con la tía abuela quien en conjunto con los Britter estaban organizando su boda, así que faltaba mi vestido como madrina que era y pequeños detalles que terminar según ellas...Annie me seguía preguntando acerca de mis sentimientos por Terry y yo seguía contestándole que ya lo había olvidado...Al parecer la tía abuela nos había estado escuchado porque pregunto quién era él y no tuve otra alternativa que contarle...
Finalmente el día de la boda había llegado, Annie estaba súper feliz y yo solo pude sentirme feliz por ella, Albert era el padrino y yo la madrina para completar, durante la ceremonia no pude evitar dejar de ver a Albert, quizás algún día él se casara y entonces que puesto ocupare yo en su vida?.. El de la novia?... el de la madrina? O simplemente no estaré aquí para verlo...La boda fue muy elegante, Annie no podía esperar más para irse directo a su luna de miel.
Yo en cambio me la pase con el corazón en la boca. Todas las señoritas invitadas a la fiesta no dejaban ni respirar a Albert, pareciera que sus padres estaban desesperados por casarlas, y no con cualquiera, pero con mi Albert. No había un gramo de decencia con ellas, la forma en que estaban vestidas, realmente me tenía sorprendida...-¿Podre yo algún día vestirme de esa manera?, parecía que eso deleitaba a todos los caballeros concurrentes. Me sentí tan pequeña como una hormiga, y aunque Albert bailo conmigo unas cuantas piezas, él como todo caballero que era también bailo con el resto.
Cuando no lo pude resistir mas, salí corriendo directo al jardín, a esconderme, y a que nadie me encontrara, no era la primera vez que sufría por amor, pero esto era diferente, me dolía mucho y directo en el alma, él nunca me vería como la mujer que soy o siente, para Albert siempre seria su pequeña. Sin darme cuenta que tenia a alguien detrás mío, empecé a llorar sin parar hasta que escuche esa voz llamarme, en ese momento pedí que la tierra me tragara, sabía muy bien quién era.
-Candice!... —llamo la tía abuela nuevamente.
Me gire secando las lagrimas con mis manos y la tía abuela estaba como siempre, su cara tan seria que si no fuera porque ahora la conozco un poco mejor me hubiera asustado, así que le respondí.
- Si tía abuela..
-Porque saliste de la Fiesta de esa manera, una señorita de tu edad tiene que aprender a comportarse, aunque te duela ver a William bailar con otras damas.
Me quede fría, seria que yo era tan transparente que la tía abuela se había dado cuenta de mis sentimientos por Albert?... no eso no era posible...
- Lo siento tía abuela, solo salí a tomar un poco de aire, no me siento muy bien... — fue la mejor excusa que paso por mi mente.
-Candice porque me mientes?, crees que acaso no me he dado cuenta de cómo miras a William?... o de como suspiras por él cada vez que escuchas sus pasos?...quizás sea una vieja, pero no una tonta como para no darme cuenta muchacha alocada que está enamorada de él...
Ahora si se me bajo la tensión, el cuerpo me temblaba de los nervios que sentía, trate de pensar en que decirle antes de abrir mi boca, porque siempre que lo hacia delante de ella metía la pata...Si la tía abuela era capaz de ver mis emociones por Albert, seguramente hasta el mismo Albert lo habría notado...dios y ahora? que podía yo decirle a la tía abuela, no le podía mentir a ella, ya me había descubierto y además tenía que decirle a alguien, tenía que confesarle a alguien todo lo que me estaba pasando, aunque la tía abuela no era la primera en mi lista que mas daba, me arme de valor, valor que no sentía por ninguna parte de mi cuerpo, y le respondí con la cabeza mirando al suelo.
-Lo siento tía abuela...yo estoy luchando fuertemente para que Albert no sepa esto que estoy sintiendo por él...y..y... — suspire hondo antes de continuar..-Ya sé que no es correcto, yo se que él fue mi padre adoptivo y que es una persona muy importante a la de quien no debería nunca de mirar. — dije esas palabras con lagrimas derramándose por mis ojos, no las pude contener, pero era demasiado tarde la tía abuela las había visto, me quede esperando por sus reprimendas, seguramente después de esta confesión me mandaría a otro país para que yo no estuviera cerca de Albert, como hicieron con los Leagan. Sentí como la tía abuela me escrudiñaba con sus ojos antes de pronunciar mi nombre.
- Candice!...Porque en vez de luchar con todas tus fuerzas para que William no sepa de tus sentimientos, usas todas tus fuerzas para que él se enamore de ti...En vez de malgastar tus energías escondiendo tu amor por él, úsalas para que él te ame... — dijo la tía abuela en un tono que no supe cómo distinguir.
Levante lentamente mi cabeza para mirar a la tía abuela, a lo mejor yo estaba alucinando, si eso era, mi mente estaba jugando trucos conmigo y yo creía que la tía abuela estaba hablando conmigo, no había otra respuesta, no era posible que la misma tía abuela me estuviera aconsejando a luchar por Albert.
Al ver que Candy continuaba viéndola con cara de incredulidad, la tía abuela le dijo una vez más. -Vamos Candice, limpia tu cara de esas lagrimas, no quieres que los invitados te vean así y mucho menos William, tenemos que hablar hija y este no es el lugar apropiado.
Caminamos hasta la habitación de la tía abuela, durante el camino ninguna de las dos pronunciamos palabra, evitando a los invitados, al llegar la tía abuela llamo a una de las mucamas para que nos trajeran una bandeja con té, también le pidió que no dejara que nadie nos interrumpiera.
Nos encerramos en su habitación, mientras la fiesta seguía en el gran salón de la mansión, la tía abuela tomo su taza de té tomando un sorbo y observándome cuidadosamente para luego dirigirse a mí.
- Candice, dime hija amas de verdad a William?
- Yo...yo...si yo lo amo tía abuela... — le conteste dejando salir un fuerte respiro...la tía abuela continuaba viéndome así que tome un poco de té, calmando los nervios que estaba sintiendo...Ella continuo:-
- Entonces, piensas pasarte el resto de tu vida llorando por él o piensas hacer algo al respecto?
- Que puedo hacer yo tía, es obvio que él no siente nada por mí, él solo me ve como su amiga o su hermana.
- Llorando no vas a conseguir que William se enamore de ti Candice, llorando no vas a hacer que él te vea como una mujer... — reprimió la tía, con algo de dureza en su voz mientras continuaba diciéndome:- Primero: no te comportas como una dama y aunque debo de admitir no es algo que a mi sobrino pareciera importarle, no te haría nada mal comportarte como una de vez en cuando. Recuerda que mi sobrino es el Patriarca del Clan Andrew, y su futura esposa necesita poseer cierta distinción.
- Segundo: la imagen que proyectas Candice, ante sus ojos tu eres solo una niña y a tu edad muchas señoritas ya están casadas tienes que dejar de usar esas coletas que te hacen ver tan infantil, y tus vestidos también tienen que cambiar ya tienes 20 años y puedes usarlos diferentes.
La verdad es que yo nunca había pensado en nada de eso, quizás ella tenía razón.
- Yo se que William es un poco complicado de entender, yo misma he tratado de que él siente cabeza y se case, pero ha sido en vano...el también ha sufrido mucho durante toda su vida y eso lo ha encerrado a cualquier tipo de amor. Con él Candice hay que ir despacio, y para mi tu ya estas a mitad de camino. Yo nunca he visto a William proteger con tanta pasión a nadie como él lo hace contigo...
- Hasta inclusive yo llegue a pensar que te amaba, porque ni siquiera acepto que los miembros del consejo le impusieran una esposa que había sido seleccionada para él...—dijo la tía con un tono confidente.
Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar esa afirmación. Las palabras de la tía abuela me daban un poco de esperanza, esa taza de té realmente me había calmado...¿Podría yo llegar a enamorar a Albert?, podría hacer que me viera como una mujer y no como una niña que necesitaba de su protección pero de su amor.
Respire hondo y le pregunte a la tía abuela: -¿Qué debo hacer tía?...¿Por dónde debo empezar?.. ¿Me ayudaría a ser una dama?..
-Por supuesto que te ayudare hija, esta pobre anciana que cometió tantas injusticias contigo y con el mismo William necesita asegurarse que el jefe del Clan Andrew se case con alguien que lo ame por sí mismo, y no por su nombre o fortuna, aunque sé que te lo he dicho muchas veces Candice deseo enmendar todos los errores que cometí contigo en el pasado, estaba tan ciega. Yo no podría elegir una mejor mujer para mi sobrino que tu ... — contesto la tía abuela casi con lagrimas en sus ojos.
No pude resistir ver a la tía abuela en ese estado, deje mi taza en la mesita del té y llegue a donde la tía abuela estaba sentada, tome sus manos y le dije:- Gracias tía por dejarme entrar
también... — Ella no era muy buena demostrando sus sentimientos así que carraspeo y me dijo.
-Lo primero que debes hacer es mudarte a la mansión con nosotros, si quieres convertirte en una dama tendrás que sacrificar parte de tu trabajo en el hospital, pues vamos a necesitar tiempo para educarte y a parte de mi habrán otros profesores, pero esto no se aprende de la noche a la mañana, tendrás que tener mucha paciencia y sobre todo poner mucha atención...
Iba a decir algo cuando sentimos como tocaban la puerta, la tía abuela dio el adelante mientras yo me levantaba de la posición en que me encontraba, era Albert que nos estaba buscando
Por su cara pude ver lo sorprendido que estuvo al vernos juntas, y la tía abuela solo le respondió que se sentía un poco cansada y me había pedido que la acompañara, pero que ahora me podía retirar. Yo solo asentí, me imagine que nuestra conversación no había terminado y que había mucho que planear.
Albert y yo salimos de la habitación juntos, los invitados se habían ido ya a altas horas de la noche, por fin reinaba el silencio en la mansión, me sentía mucho más relajada después de haber tenido esa conversación con la tía abuela.
Entendí finalmente que ya era hora de dejar de huir, ya era hora de luchar por el hombre que amaba, y esta vez no dejaría que el amor se escapara de mis manos, el camino a recorrer era largo y tenía que empezar de una buena vez. Albert me acompaño hasta la puerta de mi habitación y antes de que se fuera...lo detuve y le dije: -Acepto Albert...
Él se quedo mirándome extrañado por un momento. Yo sabía que él no tenía ni idea de lo que yo estaba hablando así que continué: -Acepto mudarme y vivir en la mansión... — él me sonrió y me abrazo, yo recibí su abrazo gustosamente llenándome de su aroma, mientras me decía lo feliz que lo hacía.
Una semana después, ya estaba viviendo en la mansión, había hablado con el director del hospital, solo haría guardias en la mañanas, así podría ocupar el resto del tiempo en lo que la tía abuela habría dispuesto. Al principio no le dijimos nada a Albert pero no lo pudimos esconder por mucho tiempo, Annie había regresado de su luna de miel y me atreví a contarle todo, después de todo ella era mi mejor amiga estaba emocionada y me dijo que me ayudaría también.
Al Principio fue un poco difícil, la tía abuela era demasiada estricta, se me había olvidado lo severa que podía ser. Pero peor fueron los tutores, especialmente la de protocolo, quien me ponía una pila de libros en mi cabeza para que según ella mejorara mi postura con cada paso que daba, a veces veía a Annie y Archie de reojo riéndose detrás de las puertas, este par nunca cambiaria.
Cuando Archie y Annie empezaron a viajar por razones de negocios, solo éramos Albert, la tía abuela y yo...y eso hacia las cosas un poco más difícil para mí, tenía que quitar la cara de idiota que ponía cuando veía Albert, al menos cuando íbamos a ver a los niños en el hogar de Pony, me sentía libre y hasta de vez en cuando subía al padre árbol.
Al cabo de ocho meses a la tía abuela se le había ocurrido poner a prueba nuestro avance, así que invitaba a numerosos caballeros con la excusa de que ellos querían cortejarme, el resultado fue muy poco alentador al darnos cuenta de que a Albert le daba igual, incluso podría jurar que esperaba que yo me enamorara de alguno. Lamentablemente no habíamos hecho ningún progreso en ese ámbito.
El agua fría de la tina la saco de sus pensamientos, se seco con la toalla y salió a vestirse, mientras revisaba el armario, veía de cerca toda la lencería y los nuevos vestidos que Annie le había traído de sus viajes a Europa, supo que ya era hora de empezar a usar aquellos que no se había atrevido a usar...y la lencería ¡Oh, mi dios!...ella pensaba que eran un poco atrevidos, pero con la última sorpresa que Albert le había dado trayendo a Terry después de tantos años, ya era hora que pusieran en marcha la segunda parte de su Plan...
No podía permitir que Albert la siguiera viendo como una niña, tenía que enseñarle la mujer que vivía en ella sin perder su dignidad en el proceso. Tenía que sacar la uñas como le había dicho Annie, tenía que utilizar sus encantos, después de todo ser coqueta no era un pecado.
Continuara...
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