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Sakura deseaba poder retroceder hasta esta mañana y empezar de nuevo. Habría hecho cualquier cosa para cambiar las últimas horas, pero estar deseándolo no iba a salvar su vida… ni su cordura. En lugar de eso, siguió corriendo, aunque su costado dolía y sus pulmones ardían.

Esquivó un árbol y casi tropezó con una raíz. Tropezó, torciéndose el tobillo, pero logró seguir adelante. El miedo era tan devorador que apenas notó el dolor. Moriría más rápido si se rendía, pero no quería echar un vistazo en vida.

El sonido escalofriante de pies golpeando venía de atrás, cerrando la distancia. El terror la inundó. Si no estuviera sin aliento, el grito que quería escapar podría haber salido. Pero como lo estaba, solo pasó por sus labios un suave gemido.

Podrían haberla capturado ya. Sabía que eran más rápidos, pero estaban jugando con ella, y eso lo hacía mucho peor.

¿Qué clase de juegos retorcidos iban a jugar con ella una vez que la atraparan?

Sus doloridos músculos, el dolor en su costado y la constante lucha para empujar aliento dentro y fuera de sus pulmones, que ardían por el uso excesivo, hacían difícil seguir adelante incluso en nombre de la supervivencia. Así que la mente de Sakura vagó para mantener su atención fuera de su agotado cuerpo.

Se despertó a las cinco y metió su bolsa dentro del coche. El viaje que había planeado debía durar cinco horas. Su mejor amiga, Ino, la había invitado a pasar el fin de semana. Iban a ponerse al día, a hacer algunas compras y simplemente disfrutar de su compañía mutua.

Las cosas fueron mal cuando Sakura se detuvo a repostar gasolina en la ciudad de Konoha. Había sido el peor maldito lugar para detenerse. Había estado llenando su tanque en la pequeña y solitaria gasolinera cuando una camioneta se acercó detrás de ella para utilizar el otro dispensador. Miró con curiosidad al otro vehículo y a los dos hombres que estaban dentro. Después les ignoró cuando vio a los hombres mirando hacia atrás.

Estaba cerrando la tapa del depósito de combustible cuando un par de brazos la envolvieron. Sakura gritó y pateó, pero el hombre que la sostenía era demasiado fuerte. La levantó fácilmente de sus pies, llevándola a la puerta lateral abierta de la furgoneta blanca en cuestión de segundos. Aterrizó fuerte en un suelo de metal cuando aquel tipo la arrojó dentro y cerró de golpe la puerta corredera.

Sakura se quedó atónita y sin aliento por varios minutos, pero cuando se puso alerta comenzó a gritar de nuevo. Incluso cuando trató de encontrar una forma de salir, hizo ruido, esperando que la oyera alguien que pasara por allí. Estaba dispuesta a saltar de un vehículo en marcha, quería salir, pero las puertas traseras no se abrían y tampoco lo hacían las laterales. Había una pared parecida a una jaula entre la parte trasera y la delantera de la furgoneta. El hombre que la había agarrado se había subido al asiento del pasajero. Trató de recordar detalles sobre él, con la esperanza de vivir lo suficiente como para identificarlo ante la policía.

Estaba sobre el final de sus veinticinco años, tenía el pelo castaño y una cicatriz le corría por la barbilla. Se había vuelto y la miraba a través de la jaula, con una mueca con labios finos, cuando salieron de la gasolinera.

Sus ojos parecían fríos. Le dirigió una mirada lujuriosa, mirándola como si fuera un trofeo, y de alguna manera podía sentir la promesa de dolor y horror en su futuro. Eso había sido lo que primero había sacado los gritos fuera de ella… el terror crudo que causaba una mirada.

Los hombres de delante ignoraron sus fuertes y aterrorizados gritos.

Se arrojó contra las puertas traseras, con la esperanza de soltarlas, incluso si eso significaba caer sobre el asfalto. Volvió a probar las manijas. Luchó con la puerta lateral y no dejó de gritar. El conductor nunca giró la cabeza mientras salía de la carretera, lejos de la pequeña ciudad y dirigiéndose hacia el bosque.

El miedo de Sakura se intensificó al ver los arboles cada vez más densos, sabiendo que ahora no habría nadie que la oyera.

Dejó de gritar. Su garganta se sentía seca y en carne viva. Tosió por la tensión. Temblando, se acurrucó en la esquina trasera de la furgoneta rezando por un milagro. Alguien tenía que haber visto su secuestro.

Su coche permanecía en el dispensador, su bolso en el asiento del conductor con la puerta abierta, ya que había puesto su tarjeta de crédito en el cajero automático para pagar por la gasolina. Las llaves estaban en el contacto.

Esperando, rezando, rogando por la salvación, escuchaba deseando oír las sirenas de la policía, pero no se oía sonido alguno… solo el silencio ensordecedor de la inminente condena que resonaba como el fuerte ritmo de los latidos de su corazón.

Entonces la furgoneta se detuvo, y Sakura pensó que realmente podría vomitar ante ese entumecedor terror. Todo tipo de horribles posibilidades habían estado pasando por su mente y quería detener todo esto, antes de que se hicieran realidad, pero estaba atrapada y totalmente impotente.

Observó con temor mientras ambos hombres salían de la parte delantera de la furgoneta. Se puso de pie al instante, a la defensiva. No iba a dejar que la violaran sin pelear. Había visto sus rostros… y ellos lo sabían. Podría identificarlos si sobrevivía a cualquier crimen que estuvieran a punto de cometer contra ella. Estos hombres no iban a dejarla vivir, pero moriría luchando.

La puerta lateral se abrió y Sakura gritó, utilizando el elemento sorpresa para atacar a su secuestrador. Utilizando la plataforma más alta de la camioneta para su ventaja, salió un poco para chocarle apresuradamente, lo que hubiera hecho sentirse orgulloso a su hermano, antiguo jugador de futbol. El golpe acertó contra las facciones del hombre mientras su cuerpo se estrellaba contra el suyo.

El choque contra el suelo fue desagradable y el tipo gruñó por el impacto cuando Sakura aterrizó encima de él. Fue en busca de sus ojos con las uñas. Le arañó despiadadamente, sintiendo una aguda sensación de satisfacción cuando él gritó.

Unas manos la agarraron por detrás, tirando de ella. Después estaba en el aire cuando fue apartada del hombre al que había atacado. Aterrizó duro, rodando sobre la tierra, y forzando el aire fuera de sus pulmones. El dolor explotó a través de su cuerpo por el violento aterrizaje sobre su costado y jadeó, luchando por respirar. Sakura trató de recuperarse, la batalla por respirar tomaba toda su energía.

El hombre que estaba en el suelo maldijo en voz alta. Cuando apartó las manos de donde se agarraba el rostro, vio los profundos rasguños en sus parpados y alrededor de sus ojos. Le había clavado las uñas, pero no tan fuerte como esperaba. Quería cegar permanentemente a aquel hijo de puta.

Sangrando y jadeando fuertemente, él curvó hacia atrás su labio y le gruñó. Literalmente gruñó como un perro. El sonido era tan extraño que la conmocionó.

Todavía estaba boquiabierta cuando una mano le cerró los puños en la base del cuello. Solo pudo emitir el sonido de un gemido cuando el desconocido levantó dolorosamente a Sakura, haciéndole sentir como si su pelo acabara de ser arrancado de la raíz.

Empezó a pelear contra el doloroso agarre que tenía en el pelo, pero se detuvo cuando vio a los otros dos hombres que habían salido del bosque. Mientras miraba fijamente, un tercer hombre se detuvo en la zona con su coche.

La sensación de temor casi la abrumó cuando él salió del vehículo, porque sabía que ahora ningún policía vendría a buscarla. No había pruebas de que se había ido de la gasolinera. Tardarían días en encontrar su coche abandonado en el bosque.

Miró alrededor hacia el camino de tierra y los árboles que la rodeaban, haciéndola sentir sola y aislada.

El hombre al que había intentado dejar ciego se puso en pie y la atacó con pura rabia grabada en su rostro ensombrecido. Sakura trató de correr instintivamente, pero el tipo que la sujetaba, le agarró la cabeza con tanta fuerza que le palpitó el cuello. Atrapada, se encogió ante el ataque, pero uno de los recién llegados, un hombre de unos cuarenta años, saltó en el camino.

"No, Hidan. No puedes matarla" gruñó las palabras con dureza. "Si quieres hacerla pedazos, entonces lo harás cuando te ganes el derecho."

Hidan apuntó con rabia hacia su rostro, su voz era más un gruñido que cualquier otra cosa.

"¡Mira lo que me ha hecho esta perra!"

El hombre mayor asintió con la cabeza, vagamente impresionado.

"Para de llorar. Se curará esta noche. Tiene que luchar por ella misma. Eso es bueno. Queremos una como ella. Hará de la caza un desafío mayor. Trabajar por ello, hace que la victoria sepa mejor."

¿Caza?

El terror invadió a Sakura.

¿De qué diablos estará hablando este hombre mayor?

Sabía que la respuesta no era algo que realmente quisiera saber.

Estudió a los cinco hombres reunidos en aquel pequeño claro. Cuatro de ellos la miraron de vuelta, con algo oscuro y siniestro girando en sus miradas. El hombre mayor se volvió lentamente y Sakura se encontró con un par de fríos ojos verdes. Tenía cicatrices en la cara. Era alto, más de metro ochenta, y llevaba pantalones de chándal.

Se dio cuenta de que todos llevaban sudaderas y camisetas mal emparejadas, lo cual era tan extraño como todo lo demás que había sucedido.

"Le daremos una ventaja de quince minutos." dijo el hombre mayor mientras miraba a los ojos de Sakura, evaluándola como si fuera un trozo de carne más que un ser humano. "Después comienza la cacería. El primero en capturarla se queda con el asesinato. Estamos aquí para dejar un mensaje a los malditos Nightwinds. Ser despiadados. Rasgarla en pedazos. No solo os la comáis, separar las partes de su cuerpo alrededor, pero dejar su cabeza intacta. Necesitan saber que era una mujer. Quiero que miren su rostro. Cuando hayáis terminado, recordad dirigíos hacia el sur y cruzad el río con cuidado para no dejar un rastro que puedan seguir hasta nuestra casa. Limpiaré ésta área y nos reuniremos donde acordamos. No ensuciéis alrededor más de lo que sea necesario. Estad fuera del bosque mucho antes de que oscurezca. Desde nuestro servicio de inteligencia, ninguno de la manada debe salir así hasta el anochecer. Ellos la encontraran cuando vayan a correr en manada."

Sakura casi se desplomó de rodillas pero el hombre que sostenía su cabello lo hizo imposible. El shock la atravesó.

¿Iban a cazarla? ¿Cómo a un animal? ¿Quién demonios eran esos locos bastardos?

Estaban enfermos, eran retorcidos y estaban locos.

¿Comérsela? ¿Rasgarla en pedazos?

Quería empezar a gritar, pero la bilis se elevó en su garganta.

"¿Por qué quince minutos?", preguntó un joven y desgarbado hombre adolescente mientras miraba fijamente los pechos de Sakura.

"Es humana. Será lenta. No queremos que esto sea demasiado fácil. También es un ejercicio de aprendizaje. Algunos de vosotros habéis olvidado vuestros instintos de caza, obligados a vivir en la ciudad. Habéis crecido lentamente y nuestra manada ha recibido demasiados golpes para permitirse vuestra pereza. Un ser humano para perseguir os motivará a recordar qué demonios sois, y os enseñará a usar vuestras habilidades naturales para rastrearla. Este territorio nos pertenecerá, una vez que saquemos a esa maldita manada."

El tipo más joven parecía sombrío, como si Sakura se hubiera convertido de un deporte divertido en una obligación.

"Bien." respondió.

Entonces se levantó y se quitó la camisa. Sakura luchó contra el impulso de vomitar cuando los hombres empezaron a quitarse los zapatos y la ropa mientras su sádico maestro cruzaba los brazos sobre el pecho, molesto e impaciente.

El que tenía el pelo de Sakura sujeto, la soltó y dio un paso atrás mientras también comenzaba a desnudarse. Ella sabía que debía correr, pero repentinamente estaba congelada de terror. El hombre mayor la miró, con una sonrisa maligna tirando de sus labios.

"No te muevas hasta que yo te lo diga. Después, es mejor que corras como el viento, Rosadita." Su sonrisa se ensanchó. "No es que tengas la oportunidad de escapar, pero quizás si corres rápido y lo suficientemente lejos, te matarán en un ataque de rabia en lugar de violarte. Cuanto más rápido corras, más carnal será, y más te parecerás a un animal indefenso en lugar de parecerte a un pedazo de culo caliente con el que jugar."

Sakura miraba horrorizada a los cuatro hombres totalmente desnudos, ahora listos para cazarla. Esto tenía que ser una pesadilla. Silenciosamente oró para que alguien la despertara. Mierda como esta no sucedía, pero todo era sorprendentemente real.

Se quedó con la mirada fija, atónita, mientras los hombres desnudos cayeron sobre sus manos y rodillas.

¿Qué iban a hacer ahora?

Fue como un ritual satánico cuando inclinaron la cabeza y arquearon las espaldas, como si estuvieran rezando al diablo, eran lo suficientemente crueles y dementes como para adóralo realmente.

Esto no podía estar sucediendo… estaba teniendo alucinaciones.

Sakura retrocedió y se habría caído de culo si el hombre mayor no la hubiera agarrado, forzándola a parar de moverse. Sus dedos se enredaron en su pelo mientras su otra mano sujetaba su brazo detrás de la espalda, manteniéndola inmóvil. Él se rió junto a su oído mientras ella parpadeaba rápidamente.

Debían de haberle dado drogas. Lo que estaba viendo no podía estar sucediendo. Su mente gritó en silencio que eso no era posible.

"Oh, sí, es real." El hombre se rió. "El pelaje. Los huesos rompiéndose y desplazándose. La forma en la que sus caras están cambiando y sus cuerpos se están transformando. Estas viendo un milagro de la naturaleza. Mira cómo se transforman totalmente en lobos."

Tiro fuerte de su cabello.

"Los Hombres-Lobo son reales."

Su voz bajó a un estruendo aparentemente divertido.

"Sorpresa."

Sakura tropezó y retrocedió hacia un árbol cuando él la soltó. Se quedó boquiabierta ante los cuatro juegos de ojos clavados en ella, astutos y hambrientos, haciéndola sentir como una presa. Dos de los lobos desnudaron sus dientes de aspecto feroz y le gruñeron. Ella los miró con la boca abierta. Un gemido estrangulado se deslizó por sus labios, resonando sobre el latido del miedo que recorría todo su cuerpo junto con la adrenalina inducida por el terror.

"Corre, rosadita." le gritó el hombre mayor. "¡Corre por tu vida!"

Lo miró durante unos segundos. Eso fue lo que la llevó a darse cuenta de que había hablado con ella.

La 'rosadita' era ella. Algo para perseguir, atacar y matar, sin remordimientos.

En ese momento, comprendió plenamente el alcance completo de su horrible situación y se forzó a sentir a su cuerpo entumecido y tembloroso. Se volvió y corrió como si los sabuesos del infierno estuvieran tras su trasero… porque realmente lo estaban.

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